Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.

4 de septiembre de 2016

CAMILLE CLAUDEL: Víctima de Rodin















Francisco Baldacchino
CAMILLE CLAUDEL
"Tras apoderarse de la obra realizada a lo largo de toda mi vida, me obligan a cumplir los años de prisión que tanto merecían ellos..." Estas palabras fueron escritas por Camille Claudel al cumplirse el séptimo año de su encierro en un manicomio.
Lo que desconocía entonces es que al final de sus días, 23 años después, se encontraría en ese mismo lugar, el sanatorio mental de Montdevergues, y del mismo modo, encerrada.
La suya es una historia donde se entremezcla el talento con el amor y la locura con el arte. El nombre de Camille Claudel, que nació en Villeneuve-sur-Fère el 8 de diciembre de 1864, ha trascendido al tiempo, muy a su pesar, más por ser musa y amante del escultor Auguste Rodin que por su talento artístico. Pero a diferencia de otros dúos musa-artista (Gala y Dalí, Modigliani y Jeanne Hébuterne), éste contaba con un ingrediente que lo hacía más apasionado si cabe: ambos eran creadores.
Hasta no hace mucho las sombras oscurecían las razones por las que Camille, tiempo después de romper con el gran amor de su vida y tras un periodo de enfermedad y encierro, pasó los últimos 30 años de su existencia internada y aislada del mundo a petición de su propia madre.
Recientemente han salido a la luz unos documentos encontrados en el sótano de un asilo de París en 1995 por Philippe Versapuech, investigador en historia psiquiátrica. En ellos consta el diagnóstico realizado en su día por los doctores que observaron en la paciente delirios paranoicos. Pero entre esos papeles también se encuentran cartas de la propia Claudel que denuncian con extraordinaria lucidez la dureza de su confinamiento, su soledad y el odio creciente hacia quien fue su maestro y amante.
Auguste y Camille se encontraron por primera vez en 1883 cuando el escultor, entonces con 43 años, visitó el taller donde ella, de 19, trabajaba.
A Camille le había costado mucho esfuerzo que sus padres aceptaran su vocación artística en un tiempo en que las cosas no eran fáciles para una mujer, y menos si pretendía dedicarse a la escultura. Su madre se oponía duramente a lo que considera una desviación radical de las reglas que regían la vida burguesa en la sociedad del momento. Solo encontró consuelo en su hermano Paul, quien se convertiría en un célebre escritor.
En 1881 la familia se traslada a vivir a París, al barrio de Montparnasse. Camille siente pasión por la escultura y se matricula en la Academia Colarossi, que estaba dirigida por el escultor Alfred Boucher. En 1882 Camille se independiza y alquila un apartamento junto a unas amigas inglesas.
El primer encuentro con Rodin, rodeada de figuras a medio terminar, el polvo flotando en el aire, y vestida con el amplio jubón que utilizaba para esculpir, fue impactante para el ya maduro artista de barba rojiza y ojos miopes. Camille le deslumbró. "Una frente espléndida sobre unos magníficos ojos de un azul tan extraño que difícilmente se encuentra fuera de las portadas de las novelas", diría de ella su hermano, el poeta Paul Claudel, en 1951.
Pero no sólo fue su belleza, sino que le fascinó su obra. Nada más ver sus yesos descubrió en ella un alma gemela, alguien que como él vivía por y para los perfiles. Alguien que, como él, se zafaba del academicismo para liberar las figuras, dotarlas de movimiento y emoción, transformando poses clásicas en nuevas formas de poderosa vitalidad.
No pasó mucho tiempo antes de que Rodin le propusiera trabajar en su taller. Era la única mujer entre sus alumnos, y rápidamente se convirtió en objeto de guiños y sonrisas, desde que se hizo evidente el magnetismo que ejercía sobre el maestro. Su rostro, su talle, sus formas, pronto fueron reconocibles en las esculturas de Rodin, para escándalo de su familia. Antes musa que modelo y amante.
La obra de la escultora, muy cercana a la de su maestro, no es nunca una mera copia. Se produce entre ambos un clima de colaboración y enfrentamiento que enriquece la labor mutua. Frecuentan juntos los ambientes artísticos y culturales más importantes del París de la época y pasan juntos largos períodos fuera de la ciudad, pero Rodin está unido sentimentalmente a otra mujer, Rose Beuret.
En 1888 Camille realiza uno de sus mejores trabajos: Sakountala (en mármol blanco), que encierra además un gran significado personal. Esta basada en un drama hindú escrito por Kalidasa, y representa al rey Dusyanta de rodillas pidiéndole perdón a su amante, la bella y pura Sakountala, por no haber cumplido su promesa de reconocerla a ella y a su hijo. La pieza forma una unidad sólida y firme, de gran cohesión y sencillez plástica.
El Vals, una escultura en bronce de la que logra arrancar un dinamismo sorprendente. La pareja de bailarines que la constituyen apenas se sostienen. Casi salen del espacio virtual de la escultura rompiendo sus ataduras con la roca para alejarse a danzar libremente por el salón imaginario. La tensión aumenta por el modo en que en un juego de ilusión perfecto los rostros de ambos amantes se entre tocan.
Rodin y Claudel robaban tiempo a sus vidas, quedándose un poco más tarde que los demás en el taller para poder estar solos, hasta que en 1886 Rodin alquiló la casa conocida como Le Clos Payen. Allí establecieron un taller privado que, sin embargo, nunca fue un hogar común. Él nunca abandonó, quién sabe si obedeciendo a la ternura, al amor o a la culpabilidad, a quien fue su paciente y fiel compañera, Rose.
En su pequeño reducto de creación, ambos trabajaban de igual a igual. Pero fuera de esas cuatro paredes, ella era sólo la alumna de Rodin, o peor aun, su amante. Cada vez que Camille exponía llegaban a sus oídos los comentarios de quienes veían detrás de sus creaciones la mano del maestro, pues no la creían capaz de crear por sí misma, pese a las palabras del artista: "Le he enseñado dónde encontrar oro, pero el oro que encuentre le pertenece a ella".
En general, las críticas fueron positivas, pero no vendía, no recibía encargos. Todo lo contrario que Rodin: en su taller los cinceles de sus ayudantes no descansan, es nombrado caballero de la Legión de Honor, expone junto a Monet, le piden un monumento a Victor Hugo y otro a Balzac...
Camille se sentía humillada, oscurecida por el genio de su mentor; quería demostrarse a sí misma y a los demás que era una mujer, sí, pero también una gran escultora. En 1894 se inicia un progresivo distanciamiento de la pareja que se convierte en una ruptura definitiva a finales de 1898. Ella era presa de los celos, artísticos y amorosos. Era consciente de que Rose siempre se interpondría entre ellos porque Rodin ni siquiera se planteó dejarla cuando estuvo embarazada de un hijo que nunca llegó a nacer.
Se estableció por su cuenta. "Se me reprocha (¡espantoso crimen!) haber vivido sola", escribiría en 1917. Pasó así unos años de febril dedicación a la escultura en los que apenas salía de casa, abandonada de sí misma y sufriendo penurias económicas.
De 1898 es uno de sus trabajos más ambiciosos, el grupo escultórico La edad madura (en bronce), realizado en el momento de su definitiva ruptura con Rodin. Es una alegoría que consta de tres figuras, y muestra a un hombre que es llevado por una anciana, alejándolo de una mujer joven arrodillada e implorante, es evidente el sentimiento de abandono ante la separación de su amante. Pero más allá de su historia personal, Camille Claudel realiza una obra simbólica que invita a una meditación sobre las relaciones humanas. El grupo puede interpretarse como una alegoría del tiempo que conduce inexorablemente al hombre de la juventud perdida para siempre a la vejez anunciadora de la muerte.
En 1905 realiza su última gran escultura, titulada El abandono (en bronce), donde retomaría el tema de Sakountala. A simple vista ambas parecen casi iguales, sin embargo son muy diferentes, no solo porque El abandono es de menor tamaño, sino porque se aleja de Sakountala en su solidez y cohesión. Esta vez, algunas partes parecen no respetar las proporciones geométricas y el espacio virtual de la escultura. Mucho menos la proporción de la figura humana. A Camille ya no le interesa respetar a su maestro, ya no cree en su amante, se siente perseguida, finalmente, por su Deseo.
Ya se encuentra enferma. Comenzó a sentir miedo, apenas comía por temor a ser envenenada y destruyó a martillazos buena parte de sus propias obras. Eran los primeros síntomas de una demencia que tenía como blanco de sus iras a Auguste Rodin, al que tanto había amado. Era presa de ideas paranoicas acusando a Rodin de haberle robado sus ideas y de planear una conspiración para asesinarla.
El 3 de marzo de 1913 moría su padre, Louis-Prosper Claudel, la única persona de su familia en la que Camille encontró algo de comprensión aparte de su hermano, que por esta época estaba de diplomático en China.
Una semana después, el 10 de marzo, fue arrastrada fuera de su apartamento e introducida en una ambulancia. Su madre, Louise, había firmado los papeles para internarla en el sanatorio de Ville-Evrard ante la opinión médica de que sufría severos trastornos mentales que la hacían peligrosa para sí misma y para los demás. "Triste sorpresa para una artista, eso fue lo que obtuve en lugar de una recompensa, suelen ocurrirme semejantes cosas", escribiría ella después.
Hoy se sabe que en su primer día de ingreso, el doctor Truelle le diagnosticó "una sistemática manía persecutoria" y "delirios de grandeza" por los que se creía víctima de "los ataques criminales de un famoso escultor", como consta en los documentos recientemente hechos públicos, desmintiendo así la idea, en cierto modo romántica, de que su encierro fue ordenado por su familia para evitar el escándalo.
"En el fondo, todo eso surge del cerebro diabólico de Rodin. Tenía una sola obsesión: que, una vez muerto, yo progresara como artista y lo superara. Necesitaba creer que, después de muerto, seguiría teniéndome entre sus garras igual que hizo en vida", llegó a escribir, en un ejemplo de cómo la pasión se tornó en odio y paranoia.
Rodin continuó con su labor creativa y cedió gran parte de su obra al Estado, donación con la que se creó el Museo Rodin que abriría sus puertas en 1919 y que en la actualidad conserva la mayor colección de las obras de Camille Claudel, 15 esculturas.
El 29 de enero de 1917, Rose y Rodin se casaban después de compartir 53 años de sus vidas. Ella murió 16 días después de la boda y él en noviembre de ese mismo año. Reposan juntos en Meudon (Francia), coronada su tumba por El pensador.
Camille vivió en la más extrema soledad ("Necesito ver a alguna persona que sea amiga"), ya que su madre solicitó que no se le permitiera recibir visitas ni mantener correspondencia. Así, en total abandono, con la mayor parte de su obra destruida por sus propias manos y olvidada por todos, murió en el sanatorio de Montdevergues (al que había sido trasladada en 1914) el 19 de octubre de 1943.
"No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida engrosando el número de recluidos en un sanatorio, merecía algo más".

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