Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.

5 de mayo de 2018

El bicentenario de Carlos Marx y los desafíos del presente. Por Olga Fernández Ríos

Hace doscientos años, el 5 de mayo de 1818, nació en Tréveris, Alemania Carlos Marx quien desde mediados del siglo XIX, junto con su amigo y colaborador Federico Engels, generó una tradición de pensamiento filosófico capaz de correlacionar teoría y práctica, interpretación y transformación de la sociedad. Más allá de sus importantes aportes en el campo del conocimiento, con impactos en el posterior devenir de la ciencia y de las ciencias sociales en particular, debe recordarse que Marx no fue solo un teórico de extraordinario calibre, sino un activo revolucionario involucrado en disímiles formas de lucha a favor de los trabajadores y en la organización de la clase obrera desde una perspectiva internacionalista. Con ese enfoque desarrolló una profunda teoría anticapitalista no superada aún y una  prospectiva del cambio social a favor de la sociedad comunista con capacidades para movilizar a obreros y trabajadores, a otros sectores de la sociedad y a intelectuales.
A pesar de esos valores y otros que no hemos reflejado, teniendo en cuenta el tiempo transcurrido, pudiera preguntarse: ¿Tiene sentido y perspectiva la obra de Marx en el siglo XXI a pesar  de ser una concepción que surgió en las condiciones del siglo XIX?
La respuesta es positiva con dos acotaciones: 1) ni en la obra de Marx, ni en la tradición de pensamiento que él generó encontraremos todas las respuestas para enfrentar el análisis del complejo panorama de principios del siglo XXI; 2)  En su concepción del mundo y la sociedad sí encontraremos muchas respuestas, por lo que no es posible realizar ese análisis eludiendo a Marx. Tampoco pueden ignorarse su método de interpretación de la realidad - que se nutre de los datos que la historia brinda-, y las claves que aporta para la  transformación revolucionaria a favor de una sociedad más justa y equitativa.
Entre las razones que ratifican la vigencia del marxismo en las condiciones contemporáneas, de momento mencionemos dos: la reproducción ampliada de las lógicas del capital que han sido determinantes en la dominación imperial hasta nuestros días, confirmando tesis planteadas por Marx, y la validez del paradigma marxista a favor de un nuevo tipo de sociedad que barra con los vicios y contradicciones que el capitalismo ha generado.
Una mirada al  capitalismo hoy
En los años 90 del pasado siglo, como consecuencia del derrumbe del socialismo de Europa del Este y la URSS, en muchos lugares apresuradamente se dictó sentencia de "muerte del ideal socialista" y el triunfo definitivo del capitalismo, mientras que el debate sobre el marxismo se centró fundamentalmente en la llamada crisis de esa concepción, ignorando las complejidades y desviaciones que condujeron al retorno al capitalismo en aquellos países. Con más racionalidad y serenidad hoy sabemos que la precaria realidad en que  viven más de dos terceras partes de la humanidad aporta muchísimas razones para continuar inspirándonos en la  obra de Marx y para refutar los cuestionamientos de su vigencia y las dañinas versiones esquemáticas de que fue objeto o que se desarrollaron en su nombre.
El contexto socioeconómico actual muestra por sí mismo la vigencia del marxismo cuando el capitalismo real mantiene la lógica de desarrollo analizada por  Marx y Engels que incluye el expansionismo de los intereses de la burguesía denunciado en el Manifiesto Comunista (1848). En ese texto se denuncian las razones por las cuales la burguesía...“obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir a hacerse burguesas. En una palabra se forja un mundo a su imagen y semejanza”.
Como nunca antes el capitalismo se ha mundializado con los negativos efectos que provoca el predominio del mercado y el crecimiento de la exclusión social que perjudica a seres humanos y a países considerados de segunda categoría  impedidos de alcanzar altos niveles de desarrollo. Sin acudir a estadísticas, a simple vista se observa la creciente degradación que sufre el capitalismo que cada vez más apela a la violencia para mantener sus intereses transnacionales, lo que se ha acrecentado desde la segunda mitad del siglo XX.
Nuestra mirada al capitalismo contemporáneo tiene en cuenta dos vertientes. La primera se refiere al mantenimiento de las lógicas del capital analizadas por Marx, lo que también nos lleva a revisitar importantísimas tesis de Lenin sobre la conversión del capitalismo en imperialismo. La segunda se relaciona con el despliegue de mecanismos de dominación con un mantenido y creciente uso de la violencia, sin olvidar que el capitalismo ha atentado simultáneamente contra los dos pilares de la vida en este planeta: la naturaleza y el ser humano,  lo que ha sido visible desde los procesos de colonización cuando se destruyeron territorios, recursos naturales y pueblos originarios.
Hay innumerables evidencias que muestran que el desarrollo del capitalismo a lo largo del siglo XX no ha logrado erradicar la pobreza extrema, ni las desigualdades sociales. Tampoco ha logrado racionalidad en el uso de los recursos naturales y energéticos, graves problemas que no pueden desvincularse del sistema en el que se han desarrollado. El panorama actual muestra cómo el capitalismo, en su forma neoliberal,  fragmenta cada vez más a las sociedades, ahonda las brechas socioeconómicas entre seres humanos y entre países; reproduce las lógicas violentas de la dominación, incluyendo un perverso uso de la ciencia y la tecnología contribuyendo a una situación internacional muy compleja en la que no han faltado el terrorismo de Estado, la ideología del fascismo, y la reafirmación del individualismo más exacerbado, a la vez que los grandes centros del capital son los alimentadores fundamentales del tráfico de drogas internacional.
Teniendo en cuenta ese escenario, las razones de la vigencia de la obra de Marx están, en primer lugar, en la propia existencia del capitalismo cuando, independientemente  de nuevas fórmulas técnico-organizativas y de dirección y otros cambios dentro del propio sistema, sus contradicciones, lejos de solucionarse, se han acentuado. Sus relaciones mercantiles hoy incluyen  el trasiego de órganos vitales del ser humano y recursos naturales, así como los logros de la ciencia y la técnica, los avances de las comunicaciones y de las técnicas de información.
Pero también hay que reconocer que el capitalismo tiene otras formas de actuar. Junto con la violencia y  la barbarie, tiene la capacidad de presentarse con un rostro atractivo que transita a través de la cultura de la imagen y la palabra que le acompaña durante siglos, de forma tal que todo lo que es funcional logra imponerse, de una u otra forma, como práctica cultural que llega a penetrar a millones de seres humanos en todo el planeta. Con gran habilidad se ha promocionado una cara bonita de ese sistema con símbolos en la  cultura del entretenimiento, en los medios masivos de comunicación, en la moda y en la difusión de una ideología a favor del modo de vida capitalista que, para millones de seres humanos en todo el planeta, no deja de ser más que un ideal irrealizable.
No hay que esforzarse mucho para mostrar que la cultura de mercado que tiene su centro en EEUU como negocio e instrumento de dominación y de exclusión social, ha generado espacios de silencio en la sociedad y formas de sumisión sostenidos por el miedo, que lamentablemente puede funcionar como un elixir paralizante: miedo a la represión, a las guerras, al desempleo, a enfrentar las consecuencias del endeudamiento, o a enfrentar los desplazamientos identitarios que el sistema ha generado en forma de las llamadas tribus urbanas, mafias, pandillas juveniles o a través del crecimiento de la violencia  hacia mujeres y niños. Pero lo más atroz de esa anticultura, es que trata de opacar la violencia económica y bélica inherente a la naturaleza del capitalismo, lo que de hecho trae aparejado discriminación y violencia contra los pobres y los sectores considerados marginales, que pasan a ser los grandes culpables a castigar, ocultándose la verdadera causa que los hacen marginales: la desigualdad e inequidad social. Es como un círculo vicioso del que nunca habrá salida si no se escarba en sus causales.
Lo cierto es que la dominación capitalista cada vez más trata de realizarse también desde lo cultural para opacar el lado de la violencia y la barbarie, por lo que también debe enfrentarse desde lo cultural, a pesar de que eso entraña  muchos desafíos e interrogantes. En esa dirección arribamos a una perspectiva que suma a favor de la vigencia del legado de Marx: la contraposición de dos polos opuestos, la cultura de la desesperanza, la violencia y la guerra y la cultura de la esperanza, de dignificación humana, de justicia, solidaridad, internacionalismo, resistencia y autoestima de los pueblos.
La primera trata de doblegar la ira y la esperanza popular para  lograr un mundo más justo; apuesta al desmontaje de los paradigmas y de los símbolos  asociados a cambios emancipatorios, profundiza en las debilidades y no en los logros de los países que han decidido realizar procesos antiimperialistas o socialistas.  El segundo polo cultural a favor de la dignificación humana, es en el que se inserta el legado de Marx, con la peculiaridad de ser capaz de articularse con las más avanzadas corrientes de pensamiento y de tradiciones nacionales progresistas. También porque no entra en contradicción con  valores fundamentales de esas tradiciones y porque expresa lo intercultural frente a las lógicas de la colonialidad propias del capital.
La necesaria relectura del pensamiento de Marx sobre la nueva sociedad
Este es un plano del análisis imposible de soslayar, mucho menos desde Cuba donde desde hace cerca de 60 años se despliega un proceso de transición socialista en condiciones muy adversas, entre otras razones por la multifacética y permanente agresividad e injerencia de sucesivos gobiernos de Estados Unidos. Se trata de un proceso que nos ha obligado a repensar la teoría y la práctica socialista  del siglo XX. Muchos debates se han suscitado en los que se ratifica con fuerza la continuidad del socialismo despojado de interpretaciones esquemáticas.
En la obra de Marx y en la tradición de pensamiento que generó, se revelan las contradicciones que surgen entre teoría y práctica cuando, si bien la primera resulta indispensable para la transformación revolucionaria, mal concebida o mal administrada, puede convertirse en una traba  al desarrollo de la sociedad anti capitalista. Al igual ocurre si las decisiones coyunturales pierden de vista el ideal de sociedad al que se aspira.
Lo cierto es que la transición socialista requiere de fundamentos teóricos, de una teoría abierta y crítica como lo es el marxismo, capaz de  explicar la dialéctica entre interpretación, proyección y transformación de la sociedad, lo que es fundamental en los procesos de ruptura revolucionaria con el capitalismo.
En la obra de Marx hay una concepción de la nueva sociedad, científica y políticamente fundamentada, con claves vigentes que no son “recetas”  sobre una u otra forma de realizar la transición hacia un nuevo tipo de sociedad. Hay una concepción global, pero no encontraremos modelos, sino fundamentos que aportan a la identidad de ese proceso. En ninguna obra  se exponen detalles o fórmulas específicas que debieran adoptarse, no hay indicaciones, ni precisiones que solo pueden trazarse a partir de los contextos históricos específicos.
En otras palabras, el marxismo va a las esencias y no a las formas en que se produce la transición socialista. Precisamente esa acertada combinación de aportar un nuevo proyecto de sociedad sin moldes preconcebidos, hace que la obra de Marx sea una importante arma científica, ideológica y política. No cabe la menor duda que en las condiciones del mundo actual debe emprenderse una tarea gnoseológica con relación a los fundamentos marxistas del proyecto socialista, teniendo en cuenta que siempre, de una u otra forma esa sociedad tendrá cauces inéditos, o al menos muchos de sus componentes y contradicciones, serán inéditos.
En este  aspecto hay aportes de importancia estratégica cuando se concibe la nueva sociedad como cambio civilizatorio y cultural que no se inicia dentro del capitalismo, sino que requiere de un contradictorio período que desde sus inicios debe construir un sistema de emancipación integral que favorezca al ser humano individual y a la sociedad en toda su multiplicidad. Se trata de un proceso en el que deben gestarse las nuevas relaciones de producción y transformarse las correlaciones entre intereses individuales y sociales,  entre realizaciones materiales y espirituales, cultura, ética y valores.
Una idea clara atraviesa la concepción de Marx sobre la nueva sociedad cuando señaló que el comunismo “no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente”. Esta tesis encierra un valor metodológico como corresponde a un concepto científicamente fundamentado. Se trata de la terrenalidad del ideal de sociedad que se levanta a partir de las condiciones históricas, de las contradicciones  e intereses que marcan un contexto social determinado.
  1. Son temas que atraviesan  la obra de Marx y Engels en la que se identifica comunismo como proceso de emancipación y recuperación humana cuyas coordenadas apuntan a lograr transformaciones pensadas por y para las masas populares. Mientras el capitalismo cultiva posiciones  que favorecen el exclusivismo de la política a favor de élites de poder, convertidas hoy en partidos con fines electorales, el marxismo contribuye a la construcción de subjetividades, reivindica el derecho de que todos seamos actores políticos, sujetos de la política y ese es un importante reto de la transición socialista en cualquier lugar.
Dos comentarios finales:
1.- En las circunstancias creadas por el capitalismo y exacerbadas en la actualidad, todo apunta a reconocer la imposibilidad de ese sistema para eliminar el deterioro medioambiental, la pobreza extrema, la explotación económica y  las grandes brechas de desigualdad social, por lo que sigue en pie la propuesta de Marx encaminada a la búsqueda de un nuevo paradigma de desarrollo de la sociedad opuesto al capitalismo.
2)  Hoy son millones los que sienten el efectivo poder de las ideas y aportes  de Marx y Engels que significan un acumulado de pensamiento y acción revolucionaria a favor de la búsqueda de un mundo mejor. Es un pensamiento que algunos consideran como punto de no retorno que Antonio Gramsci  entendió muy bien cuando señaló que Marx inició intelectualmente una era histórica que probablemente durará siglos; Jean Paul Sartre la concibió como irrebasable filosofía de nuestros tiempos y Fidel Castro lo incorporó en sus concepciones reconociendo que ... "Mientras más madura mi conciencia política, más admiro a Marx, porque él vio la solución con el corazón, con la inteligencia, con la ciencia y con la conciencia".


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