Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.

14 de junio de 2018

Presidenciales de Colombia 2018: humanismo o barbarie


El resultado electoral de la primera vuelta para la elección del presidente de la República de Colombia (2018-2022) expresa el antagonismo entre dos cosmovisiones: de una parte, la defensa del status quo, esto es, la sociedad tradicional, herencia de la conquista y el pasado colonial que se reproduce de manera violenta y excluyente hasta nuestros días; de otra, el país que aspira a integrar la postmodernidad del siglo XXI, respetuosa de la dignidad humana, la pluralidad y la convivencia pacífica, la libertad y la democracia, promotora de la armonía economía-naturaleza y del conocimiento creativo asociado a la cuarta revolución industrial.
Disrupción. Los conflictos sociales son una característica de la vida social. A la base de estos conflictos se encuentran los choques entre sistemas de diversos valores.
El resultado electoral de la primera vuelta para la elección del presidente de la República de Colombia (2018-2022) expresa el antagonismo entre dos cosmovisiones: de una parte, la defensa del status quo, esto es, la sociedad tradicional, herencia de la conquista y el pasado colonial que se reproduce de manera violenta y excluyente hasta nuestros días; de otra, el país que aspira a integrar la postmodernidad del siglo XXI, respetuosa de la dignidad humana, la pluralidad y la convivencia pacífica, la libertad y la democracia, promotora de la armonía economía-naturaleza y del conocimiento creativo asociado a la cuarta revolución industrial.
Esta disyuntiva histórica, frente a la cual la sociedad colombiana debe tomar una decisión definitiva en la segunda vuelta (17 de junio de 2018), hace presente que “los proyectos políticos de izquierda y derecha continúan vigentes; no sólo como una suma de emociones, sino como una colección de valores”1. Así quedó registrado en los resultados electorales del 27 de mayo de 2018 (Gráfico 1).
Esta jornada electoral develó cuatro tendencias disruptivas:
  • Por primera vez, la izquierda colombiana es opción de gobierno con los 4,9 millones de votos que la favorecieron en primera vuelta.
  • Tradicionalmente, la hegemonía de los partidos de derecha (en la primera vuelta obtuvo el 25% del potencial electoral) se ha sustentado en prácticas consuetudinarias de corrupción, fraude, clientelismo, magnicidios, guerras y miedos. Ahora, en contraposición, emerge una nueva generación en el seno de una comunidad trabajadora, decente, educada e informada, menos parroquial y más independiente y consciente; ésta se expresó a través de la elección de las opciones políticas  de izquierda y centro (el voto por Petro, Fajardo y De la Calle sumó 27% respecto al potencial electoral de 2018).
  • Las anacrónicas maquinarias políticas comenzaron a ser derrotadas (evidente, esta vez, en los resultados electorales de Vargas Lleras). En Colombia, tradicionalmente en la localidad o municipio, el gamonal o cacique maneja la clientela, distribuye subsidios, controla el gasto y puestos de trabajo públicos, acumula votos y domina la estructura de poder. La arquitectura política colombiana descansa sobre esta geometría piramidal: su engranaje asciende hasta el vértice superior, esto es, la presidencia de la República.
  • La cantidad de colombianos que se manifestaron en las urnas superó por vez primera al abstencionismo. El espíritu democrático y la responsabilidad cívica se fortalecieron; la participación política alcanzó 53,4% del potencial electoral. El fin del conflicto armado contribuyó a esta evolución ciudadana. El abstencionismo cayó 13 puntos porcentuales respecto a las elecciones presidenciales anteriores (2014: 59,3% y 2018: 46,6%).
El voto expresa orientaciones de valor más que un conocimiento real del proceso político y del modo como éste condiciona o afecta los intereses particulares. El comportamiento electoral refleja preferencias por partidos más que por programas. En los períodos álgidos del antagonismo de clases, de crisis política o económica, las elecciones adquieren una importancia mayor y en tales circunstancias se ven implicados o amenazados los sistemas de valor. En Colombia, el porcentaje de personas de 18 años que consideran muy importante la elección de Presidente de la República en 2018 es 65%2.
El núcleo problémico entre el mundo político y el sistema social está constituido por la interdependencia entre las  nociones de poder y valor. El poder político se identifica con la fuerza socio motriz, esto es, la capacidad de hacer que funcione la sociedad de acuerdo con los fines, objetivos y metas establecidos por el partido vencedor. Tanto para filósofos como para economistas, un sistema de valores es la regla usada por un individuo para escoger entre acciones mutuamente excluyentes. Estas preferencias expresan el sistema de valores de la sociedad. La integración de los valores en el sistema de la personalidad se realiza por un proceso de interiorización que transforma el valor en una motivación suplementaria de la acción. El ambiente es el conjunto de acciones disponibles, incluidas la abstención o la opción en blanco, las cuales se escogerán en ausencia de una elección positiva.
Potencia y acto. La población habilitada para los comicios electorales de 2018 suma 36.783.940 de connacionales: 51,7% mujeres y 48,3% hombres.
El 95,3% del potencial electoral se concentra en Bogotá (15,7%) y cuatro regiones (Caribe, Central, Oriental y Pacífica). En el sector rural están habilitadas para votar 6.601.684 personas (18,2% del total); a diferencia de las zonas urbanas, en el campo los hombres superan porcentualmente a las mujeres: 51,6% y 48,4%.
Por rangos de edad, en Colombia el potencial de población votante se concentra en el intervalo de 26 a 64 años, lo cual representa el 71% del total (32,6% de 26 a 40 años y 38,3% de 41 a 64). En el rango de 18 a 25 años se encuentra el 17% de los potenciales votantes; en los mayores de 65 y más el  otro 12%. La adhesión con las plataformas o programas de la izquierda es superior al promedio nacional en las personas con edades entre 18 y 40 años (13%). La posición ideológica de derecha tiene un grado más elevado en los mayores de 40 años (23% en los de 41 a 64 años y 27% en los de 65 y más).
El gráfico 2 ilustra los ciclos de violencia en la historia nacional durante el último siglo y los porcentajes de votación por la izquierda y el abstencionismo.
El voto por la izquierda nunca ha logrado traspasar el techo de cristal del 25%  de cooptación de la votación efectiva. La abstención representa un promedio de 54% por ciento durante la historia de las elecciones directas en el país. La violencia afecta negativa y particularmente a los proyectos políticos y democráticos de las organizaciones populares y de izquierda. No obstante la esperanza no ha sido derrotada: i) el abstencionismo empieza a ceder, cae a 46,6% en 2018; ii) la violencia homicida y clasista se desploma: la tasa de homicidios por 100.000 habitantes alcanzó un valor de 79 en el año 1991 y en los recientes años del posconflicto se mantiene en 24; iii) durante las últimas tres décadas los movimientos y partidos de izquierda ganan presencia en las principales ciudades y se constituyen como fuerza política alternativa real.
En Colombia, la localización geográfica del voto es factor determinante de las fuerzas de los partidos. En la primera vuelta, la izquierda ganó en 9 departamentos y la derecha en 23. La izquierda triunfó en las ciudades de la Costa Caribe, la alianza de centro en Bogotá y la derecha en Medellín  (Mapa 1)
La magnitud de lo arcaico, en la relación líder-masa, expresa la configuración de un perverso fenómeno psicosocial: la idealización del líder, dotado de cualidades cuasi religiosas por la fantasía popular. La masa obedece al caudillo y vota por el candidato que él diga. Son muchas décadas de esta constante, fracturada en parte en las grandes ciudades, pero no así en las entidades territoriales de mentalidad tradicional y reaccionaria, controladas por partidos de derecha.
Las ideologías religiosas registran un vínculo directo con la participación política. Prelados, curas y pastores evangélicos, de las diferentes iglesias y sectas, contribuyen a configurar la estructura de poder y a reproducir un orden social providencial, sumiso, fanático y reaccionario. El vínculo religioso tiende a  influir en el voto más que la clase. Según crece el nivel de implicación religiosa aumenta la propensión a elegir los partidos de derecha. En 2018, todas las iglesias y sectas religiosas dieron su apoyo irrestricto al candidato presidencial de la extrema derecha, Iván Duque.
Existe una relación entre posición de clase y comportamiento del voto. Este concepto clasista del voto se encuentra asociado a la idea de los partidos como expresión de las clases sociales y a la imagen de las elecciones como traducción democrática de la lucha de clases.
La fuerza de trabajo se caracteriza por la alta informalidad, bajo nivel organizativo, insuficientes ingresos, precariedad e inestabilidad laboral. De acuerdo con el Censo Sindical 2017, realizado por el Ministerio de Trabajo, la clase trabajadora organizada en sindicatos es de 1.424.048 afiliados (55% hombres y 45% mujeres), equivalente al 6,5% del total de la fuerza de trabajo (la cifra de la población ocupada en el país es de 22,1 millones y 2,3 millones se encuentran desempleados). El sindicalismo independiente y clasista concentra el 40,6 de los afiliados y, por lo general, vota por los partidos de izquierda; las demás organizaciones sindicales prefieren a los partidos del  establishment.
En el lado opuesto, el interés principal de los empresarios es proteger el capital, pagar pocos impuestos, obtener dadivas del Estado, reprimir a los trabajadores y contar con ventajas comparativas para acrecentar las ganancias. En consecuencia, votan por programas autoritarios, conservadores y excluyentes: su fidelidad es con los partidos de derecha.
Tradición versus cambio social. La dignidad se define como calidad o estado de ser valorado o respetado, y es la base filosófica y fuente doctrinaria de los derechos humanos. El prólogo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, escrito desde la experiencia inmediata de un pasado atroz, humillante y sanguinario, sugiere que cuando el ser humano pierde el sentido de la dignidad, que merece todo miembro de la especie, la caída en la barbarie, en la sinrazón, en la noche de terror y la deshumanización, es una posibilidad más que probable.
Derecha e izquierda no significan sólo ideologías. La izquierda es igualitaria, plural y democrática; confía en la convicción de que la mayor parte de las desigualdades que atentan contra la dignidad humana son socio-políticas y, como tales, eliminables. La derecha es proclive a lo no igualitario y a la exclusión; defiende la convicción opuesta: las desigualdades son naturales y como tales ineliminables. En resumen, una política igualitaria se fundamenta, de una parte, en la universalidad de los derechos humanos y la democracia, y de otra, por la tendencia a remover las inequidades que amenazan la dignidad de hombres y mujeres3.
Pese a los profundos cambios que la comunidad colombiana promueve y experimenta durante el último siglo, sigue siendo en su esencia una sociedad tradicional y conservadora: tiende a regularse según relaciones consuetudinarias,  a ser jerárquica, autoritaria y discriminante, machista, clasista, dependiente económicamente de la dotación natural y escasamente productiva.
La dupla Uribe-Duque, del partido derechista “Centro Democrático”, son expresión de los valores asociados a “Tradición, familia y propiedad”. La ideología doctrinaria de este partido es nostálgica de la guerra, el negocio de la violencia lo favorece y ,en consecuencia, anima el conflicto armado y promueve su retorno y permanencia. Fiel a Uribe, su mentor, Duque promete restablecer la opresión y el sistema de espionaje masivo sobre la población: “Necesitamos un sistema de denuncias y seguimiento modernizado con herramientas de big data y sistemas de monitoreo electrónico para potenciar la efectividad de las autoridades”. Duque se propone reformar la justicia; proyecta eliminar la Corte Constitucional y volver a la organización de la Constitución de 1886, de una sola corte suprema, dotada de salas especializadas y controlada por el Ejecutivo, al servicio de la persecución de la oposición. El modelo económico de Duque se enmarca en la protección de la propiedad privada, la eliminación de impuestos al capital, la expoliación de los recursos energéticos, la entrega de la economía a las transnacionales y la primacía del mercado; sistema que favorece el dominio del más fuerte, sin velar convenientemente por los más vulnerables. En síntesis, Uribe-Duque acentúan los rasgos psicosociales orientados por valores «masculinos»: el principio del “todo vale” inherente a un individualismo egocéntrico y una megalomanía enfermiza, el éxito como fin sin importar los medios, la capacidad de logro social expresado en un consumo obsesivo e irresponsable, la dureza y la sobrevivencia del más fuerte, el dinero y el poder como bienes supremos por encima de cualquier consideración ética.
La Colombia Humana, representada por la formula Gustavo Petro y Ángela María Robledo, propone implementar “un nuevo pacto social y político, con amplia participación de todos los sectores y ciudadanías, para superar definitivamente la guerra, para edificar una justicia autónoma y al alcance de la gente, para vencer la corrupción”. Apuestan a la universalidad de los derechos humanos como garantía de la dignidad humana, a la democracia social en beneficio de las mayorías excluidas y convocan a toda la sociedad para cambiar el modelo de desarrollo extractivo por uno productivo e incluyente, que valorice el trabajo por encima del capital, los servicios estatales por encima de los negocios privados en la salud y la educación, la construcción de paz con una reforma rural integral, la defensa del ambiente y el uso de energías renovables no contaminantes.
El pueblo colombiano deberá elegir próximamente al presidente que lo represente durante 2018-2022. Optará entre el humanismo o la barbarie.

  1. Bobbio, Norberto. (1996). Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política. Santillana S.A. Tauros; Madrid, p. 19 ↩
  2. Este artículo utiliza la encuesta de Cultura Política, aplicada por el Dane en 2017, respecto a las percepciones y prácticas que sobre  el entorno político tienen las personas de 18 años y más que residen en las cabeceras municipales del territorio nacional. ↩
  3. Bobbio, Norberto. (1996). OP. Cit., p. 16. ↩

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