Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

2 de julio de 2026

Sismo en Venezuela: solidaridad (y mezquindad)

 

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De prensabolivariana en julio 2, 2026

Es casi como un reflejo: algunos ‘periodistas’ escuchan la palabra ‘Venezuela’ y de una vez se les activa el impulso de empezar a hablar del ‘rrrégimen’ iniciado por Hugo Chávez. No importan las circunstancias, es algo casi automático, como los perritos de Pávlov que comenzaban a salivar cuando el científico ruso hacía sonar una campanilla. Con perdón de los perritos por la comparación, que ellos no tienen culpa de las bajezas de otros mamíferos.

Hemos podido comprobarlo tras el devastador evento sísmico que ha sacudido al país caribeño. Casi que ni había terminado de temblar el 24 de junio, y ya varios medios salían a afirmar que buena parte de la catástrofe —por no decir toda— era culpa del sistema político que rige los destinos de la nación desde 1999. Por ejemplo, al día siguiente de la trágica jornada, ese medio argentino de línea editorial estadounidense llamado infoBAE titulaba que «pese a ser un país sísmico, Venezuela no estaba preparada para el doble terremoto que golpeó Caracas y La Guaira».

De la noche a la mañana surgieron miles de personas autopercibidas como expertas en geología y arquitectura, que afirmaban tajantemente que el terremoto fue especialmente devastador por causa de las acciones de los gobiernos chavistas.

El diario español El País no quiso ser menos y —también mientras el polvo de concreto aún flotaba en el aire— se destacó con una columna de opinión donde su autor se atrevía a utilizar la palabra ‘karma’ en el titular y, ya en el cuerpo del texto, confirmaba que su uso, lejos de ser involuntario, era plenamente intencional.

También dentro de España —y aunque a menudo se lo considera como un medio antagónico al anterior, en su enfoque sobre Venezuela se parecen igualito—, en el diario ABC trataron de establecer un vínculo entre vivienda social y tragedia sísmica, titulando «Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como castillos de arena». Afirmación que no solo es especialmente ruin dadas las circunstancias, sino además falsa, como veremos más adelante.

En parte espoleados por la prensa hegemónica y en parte por sus propias e insanas dinámicas, en redes sociales se vieron enfoques y expresiones en la misma línea, pero hiperbolizados a peor. Animados por la impunidad que ofrecen esas plataformas, de la noche a la mañana surgieron cientos de miles de personas autopercibidas como expertas en geología, arquitectura, rescate y primeros auxilios, quienes afirmaban tajantemente —sin pruebas ni fuentes sólidas— que el terremoto fue especialmente devastador por causa de las acciones de los gobiernos venezolanos del año 1999 para acá, que las construcciones públicas fueron las que peor resistieron el sismo, que el país no cuenta con rescatistas ni equipos ni capacidad organizativa para estas circunstancias y bueno, que todo lo malo que le suceda a las víctimas es culpa de las autoridades venezolanas del último cuarto de siglo.

La realidad frente a la manipulación

Sin embargo, la realidad es que —independientemente de la simpatía o antipatía que cada quien tenga al chavismo— el evento sísmico del 24 de junio fue algo fuera de lo normal, afirmación con la que cualquier geólogo serio y, sobre todo, real estaría de acuerdo. Los dos temblores de magnitud superior a los 7 puntos, separados además por menos de un minuto, constituyen lo que se conoce como «terremoto doblete«, un evento poco común y excepcionalmente destructivo.

El más reciente ejemplo de este tipo de fenómenos fue en 2023 en Turquía y Siria, que tuvo una magnitud algo superior, pero separada por unas nueve horas, catástrofe que dejó alrededor de 60.000 muertes. Por sus características, la capacidad destructora del reciente doblete sísmico de Venezuela es, en la escala de Mercalli, similar a la del terremoto de México de 1985 o el de Japón en 2011, que están entre los más recordados a nivel global de los últimos 40 años.

Por otro lado, no hay ningún estudio mínimamente serio y en profundidad —oficial o particular— que muestre alguna correlación entre viviendas sociales y derrumbes por el reciente evento sísmico en Venezuela. Algo así lleva tiempo y, sobre todo, estar desprendido de bajos intereses politiqueros. Por lo que se ha visto en estos días, entre las edificaciones derribadas hay de diversos tipos: de construcción pública y privada, destinados a vivienda o alojamiento hotelero, de este siglo y del anterior, de baja altura y de alta…

Lo que sí puede agravar muchos de los problemas que surgen ante una catástrofe de esta magnitud son los efectos de una década de sanciones de EE.UU. contra Venezuela.

Si las edificaciones de la Gran Misión Vivienda Venezuela fueran tan endebles como afirman tajantemente algunos, la cantidad de edificios convertidos en escombros sería infinitamente mayor, puesto que estos están presentes por todo el país. Es más, hasta en la foto elegida por el ABC para graficar su artículo sobre dizque «castillos de arena», de fondo se ve un inmenso edificio de estas viviendas sociales en perfecto estado tras el temblor.

Tampoco —pese a los rumores mediáticos y en redes— hay ningún aluvión de rescatistas venezolanos o extranjeros que hayan denunciado que no puedan realizar sus labores, que estas sean obstaculizadas por maldad o ineptitud de las autoridades ni nada que se le parezca, como para andar tratando de imponer la consabida narrativa de «abandono estatal de un cuarto de siglo».

Lo que sí puede agravar muchos de los problemas que surgen ante una catástrofe de esta magnitud son los efectos de una década de sanciones de EE.UU. contra Venezuela. Sanciones que, no está de más recordar, siguen vigentes en su mayoría, pese a la tragedia y sin visos de cambio, ni siquiera por la compleja situación de chantaje en la que se encuentra el país tras el bombardeo estadounidense de principios de año y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

La cara humana más amable

Compleja situación con más que matizables escalas de grises, como demuestra la llegada del Comando Sur a territorio venezolano en estos días en paralelo con la siempre heroica labor de médicos cubanos en el terreno, que nunca se fueron de Venezuela ni se les pidió que lo hicieran.

OPINIÓN

Y es que, pese a la ruindad de algunos, la solidaridad se ha volcado con los afectados dentro y fuera del país. Dentro de Venezuela, miles de personas, tanto en sus roles oficiales —funcionarias, bomberos, rescatistas, militares, doctoras— como por fuera de ellos —transportistas, cocineras, deportistas, vendedores informales—, se han esforzado en poner todo de su parte para ayudar a que el país supere esta tragedia cuanto antes y al menor costo.

A lo que hay que sumar la llegada de rescatistas y ayuda material desde numerosos países, con gobiernos de todo tipo de signo ideológico. Señal de que, pese a la mezquindad de algunos, todavía quedan motivos para no perder la fe en la humanidad.

Y claro que el pueblo venezolano es alegre, bondadoso y agradecido con sus amigos, especialmente con quienes les echan una mano en momentos difíciles. Pero tampoco olvidará fácilmente cómo le tocó rescatar a sus supervivientes, atender a sus heridos y llorar a sus muertos mientras algunos solo se esforzaban en tratar de darse la razón a sí mismos, instrumentalizar la desgracia ajena y sacar provecho politiquero de la peor tragedia natural que ha azotado Venezuela en los últimos dos siglos.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ‘¡Ahí les va!’, escrito y dirigido por Mirko Casale.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

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*Mirko Casale.Guionista, presentador y director del programa de humor político ‘¡Ahí les va!’, que transmite RT con gran éxito en países de habla hispana desde hace cinco años. Nació en Buenos Aires en 1976, de padre argentino y madre yugoslava. Mirko ha trabajado toda su vida en los medios de comunicación. Su carrera comenzó en Venezuela, donde entre 2006 y 2016 se desempeñó como director creativo del Ministerio de Comunicaciones e Información, y como responsable de nuevos contenidos en el canal estatal ViVe. En esos años creó, dirigió y coordinó numerosos proyectos audiovisuales: videos promocionales, animados y otros, casi todos con un enfoque humorístico y político. 

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Venezuela y el doble terremoto: consecuencias sociales, económicas y geopolíticas

 

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De prensabolivariana en julio 2, 2026

El doble terremoto que sacudió a Venezuela el miércoles 24 de junio proyecta un impacto sociopolítico incalculable en múltiples direcciones, poniendo en riesgo variables críticas de la vida política y social del país. Más allá de las imágenes apocalípticas divulgadas durante la emergencia, resulta indispensable contextualizar y delimitar la magnitud real del evento sísmico.

Según cifras oficiales, hasta el momento se contabilizan más de 2.000 fallecidos, aunque todas las proyecciones estiman una cifra exponencialmente superior. El coordinador residente de la Organización de Naciones Unidas, Gianluca Rampolla, informó que el organismo internacional está adquiriendo 10.000 bolsas para cadáveres destinadas a apoyar al país, mientras que la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estima que unas 50.000 personas continúan desaparecidas, sumadas a un altísimo número de damnificados.

Aunque varios estados, y sobre todo la capital, sintieron con rigor el sismo —en ella algunos edificios colapsaron—, la ciudad no perdió su operatividad y los puntos neurálgicos no se han visto afectados. La peor parte de esta catástrofe la ha sufrido el estado La Guaira, la entidad federal con menor superficie del país, donde los daños materiales y humanos son todavía incalculables. Al drama colectivo se suma el hecho de ser un territorio marcado por desastres socioambientales previos, como la tragedia de diciembre de 1999 —un evento de flujos de lodo— y las severas vaguadas del año 2006.

Sin embargo, el evento actual se perfila como la peor tragedia que ha sufrido no solo ese estado costero, sino la nación entera en toda su historia, debido al impacto fulminante sobre cientos de edificaciones de gran altura y la alta densidad residencial en urbanizaciones, escenario que se vio potenciado por el día de asueto y la vocación turística de la región.

Impacto en el tejido social y el Estado actual

A las claras, la primera gran afectación recae sobre el tejido social. El elevado número de víctimas humanas ocurre en un contexto socioeconómico ya complejo, lo que dificulta no solo la resiliencia de la población afectada —muchos de ellos beneficiarios de políticas públicas de vivienda tras desastres anteriores—, sino también la respuesta del Estado venezolano, que históricamente operó como el principal agente de protección civil ante las emergencias naturales del pasado.

La capacidad operativa actual del Estado es incomparable con la de 1999, 2006 o 2010, épocas en las que ocurrieron deslaves masivos provocados por lluvias intensas, pero en las que el país no experimentaba la crisis económica ni las sanciones internacionales que enfrenta hoy.

El elevado número de víctimas humanas ocurre en un contexto socioeconómico ya complejo, lo que dificulta no solo la resiliencia de la población afectada —muchos de ellos beneficiarios de políticas públicas de vivienda tras desastres anteriores—, sino también la respuesta del Estado venezolano, que históricamente operó como el principal agente de protección civil ante las emergencias naturales del pasado.

En este momento, la sociedad venezolana —una vez que se supere la fase inicial de emergencia y se consolide el balance de fallecidos, heridos y damnificados— se verá obligada a reconstruirse sin el auxilio de la antigua bonanza petrolera. En su lugar, se enfrenta a un aparato estatal financiera e internacionalmente limitado, que aún arrastra las secuelas de años de asedio económico por parte de EE.UU. y posee reservas internacionales severamente diezmadas.

Situación política y geopolítica

Bajo estas premisas, es probable que proliferen las críticas contra el Gobierno debido a la escasez de recursos y la magnitud de la tragedia. A esto se añade la particularidad de que las autoridades interinas actuales son derivadas de la intervención militar estadounidense del pasado 3 de enero, por lo que hay tensiones institucionales y alta presión extranjera sobre sus estructuras.

Se trata, por tanto, de una gestión que debe maniobrar con una intensidad extrema utilizando los limitados recursos reales a su disposición. A su favor cuenta con la vasta experiencia acumulada en eventos similares, en los cuales las administraciones previas de corte chavista supieron sortear las crisis e incluso salir fortalecidas políticamente, gracias a una atención integral y directa a las víctimas.

Por consiguiente, en medio de la parálisis provocada por el desastre natural, el gobierno interino cuenta, a diferencia de sus adversarios, con una oportunidad estratégica para obtener una relegitimación mediante la gestión de la emergencia.

Sin embargo, el gobierno venezolano no es el único que se encuentra en una encrucijada; Washington también está en el foco del debate internacional

EE.UU. ha ofrecido una asistencia humanitaria de 300 millones de dólares, una cifra que analistas consideran marginal si se contrasta con los ingentes volúmenes de petróleo que ese país está extrayendo del subsuelo venezolano, según declaraciones del propio Donald Trump.

EE.UU. ha ofrecido una asistencia humanitaria de 300 millones de dólares, una cifra que analistas consideran marginal si se contrasta con los ingentes volúmenes de petróleo que ese país está extrayendo del subsuelo venezolano, según declaraciones del propio Donald Trump. Por otra parte, aunque Washington flexibilizó ciertas licencias específicas para facilitar las labores de rescate y asistencia, el esquema punitivo general de las sanciones económicas se mantiene intacto.

De este modo, el panorama idílico con el que Trump suele describir la situación de Venezuela tras su intervención podría perder viabilidad si las condiciones económicas se deterioran aceleradamente y las comunidades damnificadas no reciben respuestas oportunas de un Estado asfixiado financieramente por la potencia del norte.

¿Mantendrá la Casa Blanca el régimen de sanciones económicas en medio de una catástrofe humanitaria de este calibre? ¿Permitirá que el colapso de un país con estructuras institucionales debilitadas derive en una crisis militar, social y política de gran magnitud que termine entorpeciendo el flujo, la producción y la comercialización segura de los hidrocarburos? Estas son las interrogantes cruciales que deberá responder el gobierno de EE.UU. en los próximos días o semanas.

Por su parte, la opositora María Corina Machado trata de aprovechar la tragedia para intentar entrar a Venezuela con mensajes insurreccionales, lo que podría azuzar aún más la conflictividad política y social. Según algunas informaciones de medios internacionales, Washington habría impedido su ingreso, lo que genera contradicciones adicionales en el ‘establishment’ estadounidense sobre cómo operar en Venezuela.

Así las cosas, el doble terremoto no solo ha fracturado la infraestructura física de Venezuela, sino que ha acelerado las tensiones de un tablero político y geopolítico profundamente complejo. La catástrofe somete a una prueba de fuego la capacidad de maniobra de un Estado financieramente restringido, al tiempo que redefine los intereses estratégicos de Washington en el control de recursos clave y expone las limitaciones de una oposición fuera del país que intenta mantener su relevancia.

Más allá de la urgente y necesaria asistencia humanitaria a las víctimas, el desenlace de esta crisis multisectorial determinará si el país avanza hacia una estabilización institucional o se encamina hacia un nuevo ciclo de conflictividad, que podría tener un impacto en el suministro energético de la región.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

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*Ociel Alí López. Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América latina.