Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

2 de septiembre de 2026

Las claves para entender el acuerdo petrolero EE.UU.-Venezuela que sacude la región

 


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De prensabolivariana en septiembre 2, 2026

En medio de muchos ruidos, el presidente estadounidense Donald Trump anunció un acuerdo «histórico» de explotación petrolera con el gobierno chavista de Venezuela, su otrora «enemigo íntimo». ¿Cómo llegamos hasta aquí?

La encrucijada del Gobierno venezolano respecto a la gestión energética y el aprovechamiento de sus cuantiosas reservas de hidrocarburos no comenzó con los acontecimientos del 3 de enero de 2026, cuando EE.UU. bombardeó Caracas y secuestró al presidente Nicolás Maduro. El deterioro estructural acumula al menos una década, signado por una crisis institucional en Petróleos de Venezuela (PDVSA) —que incluyó la sucesión y judicialización de cuatro de sus presidentes—, el impacto global del petróleo de esquisto en la baja sensible de los precios y una contracción macroeconómica caracterizada por hiperinflación.

A este escenario debemos sumar quizá el peor de los aditivos: el régimen de sanciones financieras dictado por el Departamento del Tesoro de EE.UU. a través de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) entre 2017 y 2019, el cual aceleró la caída tendencial de la producción, desde niveles históricos de 2,4 millones de barriles diarios (bpd) en 2015 hasta mínimos «apocalípticos» cercanos a los 350.000 bpd en 2020, cuando sucedió el bajón mundial del comercio energético producido por la pandemia.

La imposibilidad de colocar crudo en canales formales (debido al miedo de las empresas comercializadoras a sanciones de Washington), desplazó las operaciones hacia el mercado de descuento (o negro), aplicando rebajas de entre 20 y 30 dólares por barril respecto al marcador Brent. Esta dinámica mermó de forma severa el margen de rentabilidad y alcanzó un punto crítico a finales de 2025, cuando la Armada estadounidense comenzó a interdictar y decomisar buques tanqueros de diversos países con crudo venezolano en aguas internacionales.

Tras los eventos de enero de 2026, la alianza estratégica en materia energética entre Caracas y Washington tampoco se traduce aún en una recuperación sustancial. A pesar del repunte en el comercio bilateral de hidrocarburos, la economía local no percibe un impacto directo: la tasa de extracción no muestra una expansión decidida ni se registran ingresos extraordinarios significativos para el fisco nacional, contrarrestando la narrativa pública de Trump sobre los volúmenes extraídos y la «felicidad» de los venezolanos.

La alarma

En paralelo, EE.UU. atraviesa una coyuntura crítica vinculada al agotamiento de sus reservas estratégicas de petróleo, las cuales cayeron a sus niveles más bajos desde 1983, sumado al riesgo de desabastecimiento provocado por la inestabilidad en Medio Oriente y lo que, después de seis meses, puede ser considerado la debacle iraní.

La guerra con Irán empezada por la Casa Blanca —en contraposición con las prioridades trazadas en sus documentos de seguridad nacional, publicados por este gobierno, y orientados al control privilegiado del continente americano—, ha generado una alta volatilidad y el repunte de los precios de los derivados del petróleo, elevando el galón de gasolina por encima de los 4,50 dólares en el mercado interno a pocos meses de las elecciones parlamentarias de «medio término», en noviembre de 2026.

EE.UU. atraviesa una coyuntura crítica vinculada al agotamiento de sus reservas estratégicas de petróleo.

La perturbación en los pasos marítimos clave, no solo Ormuz sino también Bab el-Mandeb, desestabilizó el mercado global. Ante este panorama, la Administración estadounidense giró su estrategia hacia Venezuela en busca de un acuerdo de emergencia que flexibilice las sanciones mediante licencias generales. El objetivo apunta a contener la cotización del combustible en el mercado doméstico ante el descontento del electorado por los precios del combustible y enviarle un mensaje de seguridad energética en medio del peor momento de riesgo de abastecimiento seguro y estratégico.

En ese marco se inscriben las declaraciones de Trump al anunciar el denominado Acuerdo Marco Energético Bilateral, aseverando que su administración ha asumido el control operativo e indirecto sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas sin costo para el contribuyente norteamericano. Por su parte, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, matizó tales afirmaciones al confirmar que la titularidad soberana de los yacimientos no está en negociación. Precisó que el instrumento establece un marco de vigencia de 25 años y contempla la meta de elevar la extracción por encima de 1,5 millones de bpd, atrayendo inversiones estimadas en 100.000 millones de dólares e ingresos proyectados para la nación superiores a 209.000 millones de dólares.

Rodríguez detalló que el ingreso neto en efectivo por barril para la nación podría situarse en torno a los 19 dólares, en un escenario donde el precio promedio ponderado del crudo se cotice en 65 dólares. Aún no se divulga cómo se distribuiría el resto de la ganancia ni las empresas específicas que estarán presentes en la operacionalización del acuerdo. Si bien se especuló sobre la llegada de grandes multinacionales, pareciera que el esquema planteado, tan acelerado y exigente, prevé la incorporación de empresas independientes de mediano alcance.

Aunque hay dudas sobre las cláusulas operativas y de auditoría, el mercado local y la opinión pública mantienen expectativas positivas ante la urgente necesidad de atraer capital para reflotar la infraestructura petrolera deteriorada y, lo más importante, para recomponer la generación y distribución de electricidad.

Perplejidad ante el acuerdo

El anuncio reconfiguró el debate político e institucional. La tradicional polarización entre el chavismo y la oposición está desdoblada: sectores de ambos espectros han convergido tanto en críticas hacia la retórica de Washington como en la valoración pragmática de las oportunidades comerciales que abre el acuerdo. Viejos conservadores que pidieron incesantemente la intervención militar de EE.UU., hoy se «rasgan las vestiduras» atacando a Trump y al secretario de Estado, Marco Rubio, sus antiguos mentores. Por otro lado, sectores oficiales autodeclarados efusivamente como «antiimperialistas», hoy respaldan el pacto energético.

Diversos actores coinciden en que la flexibilización representa la vía más expedita para reactivar la industria petrolera y estabilizar la infraestructura energética.

En el ámbito productivo nacional, diversos actores coinciden en que la flexibilización representa la vía más expedita para reactivar la industria petrolera y estabilizar la infraestructura energética, en momentos de severa fragilidad en el sistema eléctrico nacional que afecta a amplias regiones por medio de largos apagones diarios.

A escala regional, el caso venezolano proyecta un mensaje complejo para América Latina. Histórico referente del ciclo progresista y poseedor de las mayores reservas probadas del planeta, el país evidencia los estrechos márgenes de maniobra de las economías emergentes para sostener esquemas de resistencia prolongada frente a presiones geoeconómicas de gran escala.

A pesar de todo esto, es menester recordar que atrás quedaron esos tiempos en los que una «periferia» conflictiva se contraponía a una metrópolis plena, y es que en los momentos que vivimos la agitación e incertidumbre se viven a escala planetaria. Esto quiere decir que los cambios, tanto en EE.UU. como en Venezuela, siempre están sobreviniendo y este acuerdo en firme podría sufrir, tan pronto como pasen las elecciones de noviembre, modificaciones sustanciales.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

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*Ociel Alí López. Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América latina.

LA VENEZUELA BOLIVARIANA NO HA TRAICIONADO

 

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De prensabolivariana en septiembre 2, 2026

Antes que me digan que las comparaciones no son apropiadas les diré…pero ayudan, cómo ayudan! Nixon, el presidente que debió renunciar por el watergate, tuvo sin embargo importantes méritos en mejorar las relaciones tanto con la URSS como con China. Los chinos se presentaban entonces como los verdaderos revolucionarios, para los chinos, los rusos eran REVISIONISTAS por la desestalinización promovida por Kruschev. Kissinger fue el artífice, del 21 al 28 de febrero de 1972, Richard Nixon viajó a Pekín, Hangzhou y Shanghái. Estuvo una semana en China, se reunión con Mao y Chou en Lai.

Nixon traicionó a Chiang Kai Chek. Claro, USA tenía una agenda oculta, aprovecharse de ese inmenso mercado de mil millones de chinos. Las reformas en China, conocidas oficialmente como la política de Reforma y Apertura, comenzaron el 18 de diciembre de 1978 bajo el liderazgo de Deng Xiaoping. Mi amigo Ernesto Con es un puntarenense de origen chino, que vive en California, maoísta radical, que nunca estuvo de acuerdo y en consecuencia criticó y nunca aceptó esas reformas en China, las consideraba traición al legado de Mao Zedong. Por cierto el fue quien observó que yo me quedaba turulato cuando en el Foro de la Nación me atacaban aduciendo las maldades de Stalin y me fue proveyendo de información muy importante acerca de los gestores y el por qué de la campaña contra ese líder de estatura mundial que salió victorioso de la ll guerra mundial al derrotar al nazi fascismo.

Ernesto no estaba de acuerdo con que en China estuvieran aboliendo las comunas, me mandó mucha documentación acerca de la única comuna que estaba quedando en China, la comuna de NANJIÉ. Me pidió encarecidamente que se la hiciera llegar a Hugo Chávez, cosa que hice a través de la embajada de Venezuela en Costa Rica, nunca supe si se la entregaron. Pero tiempo después me enteré que precisamente la construcción de comunas era el baluarte de la Revolución Bolivariana, impulsada por Chávez y el PSUV…sin comuna no hay revolución, sin comuna no hay socialismo. Ernesto Con se desilusionó de mí, cuando comencé a señalarle que, contrariamente a lo que él predicaba, yo estaba observando grandes logros en la construcción del socialismo con características chinas.

No volvió a escribirme por Email, único medio por el cual nos comunicábamos en aquello años.. Traigo a colación esta historia cuando veo que algunos desde la izquierda han tomado la actitud derrotista y pesimista de que en Venezuela todo se derrumbó, como dice la canción, cosa que yo considero no es así y nuestra tarea debería ser ayudar para que no sea así. En Venezuela siguen vivos el PODER POPULAR, las COMUNAS, el PSUV está gobernando, las FANB siguen fieles a su juramento constitucional, la AN es mayoritariamente bolivariana y chavista. Alguna personas de izquierda de países que ni siquiera tienen petróleo, opinan con gran ligereza sobre explotación y comercialización petrolera sintiéndose superiores a los ingenieros o economistas de PDVSA, a propósito del convenio petrolero firmado con USA.

En China no hubo traición a Mao Zedong, el fue más bien quien tuvo la visión y el resultado es que hoy China es la segunda potencia mundial, muy cerca de ser la primera. Mao es hoy mas que nunca el líder indiscutible, no era contrarrevolucionario negociar con el imperio. La gran tarea hoy de quienes hemos apoyado la revolución bolivariana es la solidaridad para lograr la liberación de Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de Venezuela y su esposa la diputada Cilia flores, condenar al neofascismo imperialista de Donald Trump presidente de Estados Unidos y esclarecer la verdad sobre lo que sucede en Venezuela frente a tanta confusión y desinformación.

De la CELAC, la ONU o el creciente número de gobiernos de ultraderecha de países empoderados por Trump en América, no podemos esperar nada. Enarbolando crítica sin el fundamento debido, lo que algunos están haciendo es sembrar el desaliento, desencanto, la sensación de impotencia, el derrotismo. El gobierno encargado de la Revolución bolivariana no tiene esa condición de traidores que le atribuyen. – jf

♦♦♦

**Juan Félix Montero es profesor pensionado, articulista costarricense y referente de la izquierda en Costa Rica. Destaca como luchador social y dirigente en diversas plataformas ciudadanas y sindicales en Costa Rica. Su línea de pensamiento y análisis está vinculada a causas del movimiento obrero, los derechos laborales, la soberanía latinoamericana y la crítica a las políticas exteriores injerencistas. Colabora activamente con análisis históricos y sociopolíticos en medios y plataformas digitales de pensamiento crítico costarricense, como SURCOS Digital.

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Los empresarios latinoamericanos y el desarrollo

 

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De prensabolivariana en septiembre 1, 2026

Para los neoliberales y más aún para los libertarios anarcocapitalistas, los empresarios son verdaderos “héroes” y “benefactores sociales” (Javier Milei). Bajo esos supuestos concluyen que de ellos depende el desarrollo de América Latina. Es una tesis históricamente falsa.

Empecemos por dos autores que están en las antípodas de las concepciones sobre la economía. Para Karl Marx (1818-1883), la “burguesía” jugó un papel históricamente revolucionario al destruir las relaciones feudales y crear “fuerzas productivas más abundantes y colosales que todas las generaciones pasadas juntas”. Además, el capitalismo revoluciona permanentemente la producción y “la burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas”. Pero ese incesante progreso se basa en la explotación al proletariado, mientras la socialización de las fuerzas productivas crea las bases materiales para el fin del capitalismo. En el otro extremo se halla Joseph Schumpeter (1883-1950), quien sostuvo que el empresario es un sujeto innovador, cuya esencia es revolucionar la economía creando métodos nuevos y dejando atrás a los antiguos, en un proceso de “destrucción creativa”. Sin embargo, advirtió que ese espíritu de arranque se ha ido perdiendo y el capitalismo se desintegrará por su propio éxito.

Los dos autores observaron y se referían al empresariado europeo de la era capitalista. En América Latina la realidad siempre fue distinta. Durante el siglo XIX las economías de la región se asentaron en la propiedad de las tierras (haciendas, estancias, plantaciones), la explotación de la fuerza de trabajo mediante esclavitud (hasta mediados de ese siglo) y variadas formas de servidumbre y trabajo no salarial o semisalarial. Junto a la clase terrateniente se formaron comerciantes y banqueros dependientes de las rentas. El control de estas clases sobre el Estado les aseguró tanto las propiedades como la sujeción de los trabajadores, en mercados internos estrangulados y casi sin inversiones extranjeras.

Aunque las primeras “burguesías” aparecen en México, Argentina y Brasil a fines del siglo XIX, en el resto de Latinoamérica las relaciones capitalistas se afirmaron a distintos tiempos y ritmos solo en el siglo XX, como tempranamente ocurrió en Colombia, Chile, Perú. Pero la mayoría de los países centroamericanos y en el sur Ecuador, Bolivia o Paraguay, solo entraron a la era capitalista en la segunda mitad del siglo XX. Además, si bien en México, por ejemplo, hubo empresarios “schumpeterianos” como el Grupo Monterrey, en Brasil el imperio económico de Francesco Matarazzo y hasta en Colombia el empresariado antioqueño del café y las manufacturas, se trata de casos aislados, que innovaron métodos, incorporaron maquinarias, desarrollaron infraestructuras. En el conjunto de la región, los empresarios no pasaron de ser clases rentistas, basadas en la explotación a los trabajadores, expoliadoras de la naturaleza (minas, recursos del mar, agroexportación de cacao, café, bananos, azúcar, etc.) y conjugadas con el poder político. En los distintos países los empresarios crecieron bajo las alas protectoras del Estado y no por una innovación que permitiera desarrollar las industrias o las nuevas tecnologías capaces de revolucionar las fuerzas productivas.

El espacio entre rentismo y la “destrucción creativa” no se ha aliviado con el modelo de empresa privada y mercados libres inducido en América Latina por el neoliberalismo a partir de la década de 1980 (en Chile una década antes). Las consignas por achicar el Estado, privatizar recursos y servicios públicos, flexibilizar el trabajo y abrir mercados externos, se han constituido en los mecanismos más eficaces para reforzar el rentismo y “reprimarizar” las economías, pero sin innovación industrial y tecnológica en la matriz productiva de los países. Cabe revisar los estudios de la CEPAL sobre este atraso estructural. El caso ecuatoriano es paradigmático: los sectores empresariales del banano, camarón y productos del mar, flores y otros bienes primarios, si bien han demostrado capacidades de crecimiento y expansión en el mercado externo, no encajan en el perfil schumpeteriano. De acuerdo con los estudios existentes, crecieron amparados por el Estado, con subsidios directos e indirectos, condonación o refinanciación preferencial de deudas, salvavidas financieros (sucretización, dolarización) y “ventajas competitivas” a costa de precarizar las relaciones laborales, afectar el medio ambiente e incluso expulsar de sus tierras a distintas comunidades. Si bien en estos sectores se han incorporado tecnologías contemporáneas en la gestión empresarial, eso no significa que hayan revolucionado las fuerzas productivas. La industria es secundaria (20.25% del PIB), subordinada y hasta atrapada entre el sector primario y los servicios (comercio, banca). Las consignas neoliberales no han modificado los términos del subdesarrollo, ya que se reproducen en el tiempo el desempleo, subempleo, vida precaria, educación insuficiente, salud en crisis y desinstitucionalización generalizada.

Desde luego, la inexistencia de burguesías schumpeterianas en América Latina tiene repercusiones políticas. Está plenamente comprobado que se refuerzan y mantienen lazos monopólicos y oligopólicos en una élite rica, que logra tener acceso al poder o influye en los gobernantes, determinando que la conducción del Estado se vincule, en forma privilegiada, con sus intereses. En la región ha ido creciendo el número de presidentes que provienen del sector empresarial y que, además, son millonarios: Luis Abinader (Rep. Dominicana), Sebastián Piñera (Chile), Mauricio Macri (Argentina), Horacio Cartes (Paraguay), Vicente Fox (México), Guillermo Lasso y Daniel Noboa (Ecuador). Para la sociología política ha quedado en claro que bajo esas circunstancias la “democracia” es oligárquica, sobre un capitalismo rentista, con el dominio de burguesías dependientes y gobiernos de ultraderecha.

No hay duda de que en el capitalismo el empresariado es una clase económica “necesaria”. Pero incluso la construcción del “socialismo con características chinas” también la considera. La empresa privada existe en China. De acuerdo con informaciones oficiales, el 96% de las empresas chinas pertenecen al sector privado (https://t.ly/YUCXb). Hay una élite de multimillonarios. Pero los empresarios y los millonarios chinos (o empresas extranjeras) no tienen el camino abierto al poder. Pueden participar en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, o también llegar al Congreso Nacional del Pueblo y en múltiples empresas hay células del Partido Comunista de China (PCCh). El conductor del gobierno nacional es este partido, que fija las políticas económicas y exige sujeción a sus planes. El poder político ha sido separado del poder empresarial privado, aunque ambos se necesitan, como postula el propio gobierno chino. De todos modos, los empresarios no pueden llegar al poder ni ocupar funciones de gobierno, pues su misión es impulsar el progreso económico bajo la conducción estatal del PCCh.

La experiencia de China podría servir en América Latina para evaluar un camino que frene la captura del Estado por grupos económicos y millonarios, que atienden exclusivamente a sus intereses relegando los de la población. Porque lo que interesa en el avance del siglo XXI es que la región logre el desarrollo con bienestar, con buen vivir, para dejar atrás el perverso modelo del mercado y la empresa privada “libre”, que ha dejado una experiencia histórica grave al perpetuar las condiciones sociales del subdesarrollo.

Blog del autor: Historia y Presente
www.historiaypresente.com

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*Juan José Paz-y-Miño Cepeda es un destacado historiador, investigador, profesor universitario y analista ecuatoriano, ampliamente reconocido por sus aportes al estudio de la historia socioeconómica y contemporánea de Ecuador y América Latina. Es Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Santiago de Compostela. Autor de numerosos libros, ensayos y artículos académicos centrados en temáticas como el desarrollo socioeconómico, el análisis político y las relaciones de poder en la región.