Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

4 de junio de 2026

Los Fascistas ya no usan uniformes

 


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De prensabolivariana en junio 4, 2026

José A. Amesty Rivera*

Durante décadas, cuando se habla de Fascismo, la imagen era bastante clara, Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, uniformes militares, propaganda del Estado abierta, censura directa y persecución sistemática de quienes se oponían.

Sin embargo, en el debate político actual ha surgido una pregunta cada vez más común en sectores críticos de la academia y la comunicación, ¿y si las formas de autoritarismo del siglo XXI ya no necesitan ese rostro clásico? ¿Y si hoy funcionan de maneras más difíciles de ver, más integradas en la vida cotidiana y, por eso mismo, más complicadas de identificar? ¿Y si su principal herramienta ya no es el ejército, sino la comunicación global?

No se trata de afirmar que exista un nuevo fascismo completamente definido o planificado, sino de una hipótesis de análisis, los sistemas de poder cambian de forma, pero no desaparecen.

En las últimas dos décadas se ha consolidado un fenómeno sin precedentes, la concentración de la comunicación global en manos de un pequeño grupo de empresas tecnológicas; plataformas como Facebook, Instagram, X, TikTok, YouTube, WhatsApp, Telegram, entre otras menos conocidas, se han convertido en la principal forma de acceso a la información para miles de millones de personas.

Desde una mirada crítica latinoamericana, esto no es solo un cambio tecnológico, sino una nueva etapa del capitalismo, conocida como capitalismo de plataformas o capitalismo de la atención. Su idea central es simple, la atención humana se convierte en un recurso económico, y este recurso se obtiene mejor a través de emociones intensas que mediante información compleja o reflexión profunda.

El resultado es que los contenidos que más se difunden no son necesariamente los más verdaderos o importantes, sino los que provocan más reacción. El miedo se expande, la indignación circula, la rabia se multiplica y la polarización crece; así, la esfera pública deja de ser un espacio de debate democrático y se transforma en un mercado de emociones. Veamos algunos autores que ya planteaban el problema en cuestión.

Antonio Gramsci explicó que el poder no se sostiene solo por la fuerza, sino por la construcción del consenso cultural, a lo que llamó hegemonía. Desde esta perspectiva, los medios de comunicación y hoy también las plataformas digitales no son neutrales, son espacios donde se disputa el sentido común de la sociedad.

Actualmente, esta disputa está atravesada por la concentración económica; no se trata solo de quién produce información, sino de quién controla los canales por los que circula.

Hannah Arendt, política y filosofa, judeo-alemana, advirtió que los regímenes autoritarios se fortalecen cuando se destruye la idea de una realidad compartida; la propaganda no solo busca imponer mentiras, sino debilitar la noción misma de verdad común.

En el mundo digital, este fraccionamiento es aún más profundo. Distintos grupos pueden vivir en universos informativos separados, donde los mismos hechos se interpretan de maneras completamente opuestas. Esto debilita la base mínima para el diálogo democrático.

Noam Chomsky y Edward Herman, con su modelo de propaganda, mostraron que los medios tienden a reproducir los intereses de las estructuras económicas que los sostienen.

Desde una mirada latinoamericana, esto es clave, la concentración mediática no es un accidente, sino una expresión del poder económico sobre la producción de ideas.

No hace falta un control directo, basta con la dependencia de la publicidad, la propiedad cruzada de medios y la lógica de la rentabilidad, el resultado es una agenda pública donde algunas voces se amplifican y otras quedan al margen.

Umberto Eco propuso la idea de un “fascismo eterno”, entendido como un conjunto de rasgos que pueden reaparecer en distintos momentos históricos, como el miedo a lo diferente, el culto a la tradición, el rechazo al pensamiento crítico, la obsesión con conspiraciones y creación constante de enemigos internos.

Desde esta idea, el fascismo no es solo un fenómeno del pasado, sino una posibilidad que puede reaparecer en distintos contextos sociales y tecnológicos.

Jason Stanley, filósofo estadounidense, sostiene que las democracias no suelen caer de golpe, sino de forma gradual, ante debilitamiento de la prensa, pérdida de legitimidad de la oposición, normalización del discurso de odio y creación de enemigos internos.

En América Latina, este proceso puede entenderse en continuidad con formas históricas de exclusión social, donde muchos sectores han sido incluidos formalmente en la democracia, pero excluidos en la práctica.

Boaventura de Sousa Santos señala algo similar, muchas democracias son formales, pero limitadas en lo social, es decir, la ciudadanía existe en teoría, pero el poder real está concentrado.

Una diferencia importante con el siglo XX es el papel de las grandes empresas tecnológicas. Estas corporaciones concentran poder económico, tecnológico y comunicacional al mismo tiempo, esto les permite influir en la política, la cultura y las elecciones a nivel global.

Desde una mirada crítica, esto representa una nueva fase de concentración del capital, ahora también sobre la información y la forma en que percibimos el mundo.

Además de Gramsci, Arendt, Chomsky o Eco, en América Latina contamos con pensadores que han ayudado a comprender cómo opera el poder en nuestras sociedades.

Paulo Freire, advertía que toda educación puede convertirse en una herramienta de liberación o de dominación, dependiendo de quién controla el conocimiento y para qué fines. Hoy esa reflexión cobra nueva vigencia cuando buena parte de la información que consumimos, llega filtrada por cifras que deciden qué vemos, qué ignoramos y hasta qué temas terminamos discutiendo.

Por su parte, el argentino Ernesto Laclau analizó cómo se construyen los discursos políticos capaces de articular demandas sociales diversas, mientras que el peruano Aníbal Quijano explicó cómo muchas formas de dominación nacidas durante la colonia, continúan presentes bajo nuevas apariencias. Desde esta mirada, la concentración mediática y tecnológica, no puede separarse de las relaciones históricas de dependencia que han marcado a América Latina durante siglos.

También el venezolano Ludovico Silva insistía en que la dominación ideológica no funciona únicamente mediante la fuerza, sino a través de mecanismos culturales que llevan a los pueblos a aceptar como naturales situaciones que en realidad responden a intereses de grupos de poder. Hoy, en la era digital, esta reflexión adquiere una actualidad sorprendente.

Si observamos nuestra región, encontramos ejemplos que ayudan a entender estas dinámicas. En Argentina, Brasil, México, Colombia, Chile, Perú, Ecuador y Venezuela, los debates políticos aparecen cada vez más atravesados por campañas digitales, noticias falsas, operaciones mediáticas y una creciente polarización que dificulta el diálogo. Cada país tiene sus particularidades, por supuesto, pero existe un fenómeno común, la lucha por controlar el relato público. Por ejemplo…

En Brasil,  las redes sociales jugaron un papel determinante en la expansión de discursos radicalizados durante los últimos años. En Argentina, la confrontación mediática se ha convertido en parte cotidiana de la vida política. En México, el debate sobre el papel de los grandes medios y las plataformas digitales continúa siendo un tema central. En Colombia, las redes han sido escenario de fuertes disputas narrativas sobre la paz, la seguridad y los movimientos sociales. Mientras tanto, en Chile, Perú y Ecuador se observa una creciente fragmentación informativa donde amplios sectores de la población reciben versiones completamente distintas de una misma realidad.

En Venezuela, esta situación adquiere características particulares debido al peso simultáneo de las sanciones económicas, la confrontación política interna, la presión mediática internacional y la intensa batalla comunicacional que se desarrolla dentro y fuera de las plataformas digitales. Allí puede observarse con claridad cómo la información se ha convertido en un terreno estratégico de disputa política.

Como diría cualquier persona de nuestro pueblo, ya no se trata solamente de quién tiene el micrófono, sino de quién controla el escenario completo, las luces, el sonido y hasta la entrada al lugar. Esa es quizás una de las transformaciones más profundas de nuestro tiempo.

El sociólogo brasileño Emir Sader ha señalado reiteradamente que las disputas contemporáneas no ocurren únicamente en el terreno económico, sino también en el campo de las ideas. Del mismo modo, el argentino Atilio Borón ha advertido sobre la enorme capacidad de los poderes económicos para moldear percepciones colectivas, a través de sistemas de comunicación altamente concentrados.

Por eso la discusión de fondo no es tecnológica, el problema no son las redes sociales en sí mismas; la cuestión es quién las controla, bajo qué intereses operan y qué consecuencias tienen para la democracia, que una parte tan importante de la conversación pública mundial dependa de corporaciones privadas que no rinden cuentas ante los ciudadanos/as.

Dicho en palabras sencillas, cuando unas pocas empresas pueden influir sobre lo que millones de personas ven, piensan, temen o desean, estamos frente a una concentración de poder que merece ser debatida con la misma seriedad, con la que antes se discutía el poder financiero, militar o industrial.

Tal vez por eso la pregunta sigue siendo tan vigente como incómoda, ¿estamos frente a nuevas formas de autoritarismo adaptadas al siglo XXI o simplemente ante viejos mecanismos de dominación vestidos con ropajes tecnológicos? La respuesta todavía está en construcción, pero lo que parece claro es que los pueblos de América Latina, no pueden darse el lujo de mirar para otro lado mientras esta transformación ocurre delante de sus propios ojos.

Asi mismo, un elemento común en muchos discursos políticos actuales es la construcción de “enemigos”, como los migrantes, feminismos, pueblos indígenas, movimientos sociales, intelectuales críticos, minorías sexuales o políticas, entre otros.

No importa tanto el grupo específico, sino la función, canalizar el malestar social hacia un “culpable externo”; el miedo cumple aquí un papel central, organiza apoyos, simplifica problemas complejos y debilita el análisis de las causas reales. Veamos estas ideas en otros paises y regiones concretas hoy:

En EEUU, diversos análisis han mostrado una fuerte polarización mediática y política, donde parte de los medios contribuye a una narrativa de confrontación constante, esto refuerza la idea de que la política es una batalla permanente más que un espacio de acuerdos.

En Europa, casos como Hungría muestran procesos de concentración mediática y cambios institucionales que varios organismos han descrito como retrocesos democráticos, aunque manteniendo elecciones formales.

En países como Francia y Alemania, el crecimiento de la extrema derecha ha ido acompañado por un aumento del enfoque en inmigración y seguridad, dejando en segundo plano temas como desigualdad o redistribución.

En América Latina, la concentración de medios ha sido históricamente una barrera importante para una democracia más profunda. Grandes grupos empresariales han tenido un rol clave en la formación de opiniones públicas y agendas políticas.

Hoy, además, las sociedades dependen cada vez más de plataformas digitales controladas por empresas globales. Esto crea una nueva forma de dependencia, no solo económica, sino también informativa y conocedora. La disputa por el poder ya no es solo territorial o productiva, sino también sobre la infraestructura de la comunicación.

No es necesario pensar en conspiraciones para entender este escenario, basta observar cómo coinciden ciertos intereses, como, plataformas que ganan dinero con la atención, actores políticos que se benefician de la polarización y estructuras económicas que se reproducen en contextos de desigualdad. El resultado no siempre es planificado, pero sí coherente en sus efectos.

Finalmente, tal vez estemos ante una nueva etapa de la crisis del capitalismo, donde la tecnología amplifica viejas formas de dominación, o tal vez estemos viendo el surgimiento de nuevas formas de autoritarismo que aún no sabemos nombrar.

En cualquier caso, la pregunta sigue abierta, ¿qué tipo de gobernanza es posible cuando la información, la atención y hasta la forma en que percibimos la realidad están mediadas por estructuras muy concentradas de poder económico y tecnológico?

Porque quizá el cambio más profundo no es que alguien nos obligue a pensar de cierta manera, sino algo más sutil, que las condiciones mismas de lo que creemos pensar libremente están siendo moldeadas, día a día, por fuerzas que operan más allá del control de nuestros gobiernos.

♦♦♦

*José A. Amesty Rivera es un teólogo, reverendo, escritor y analista político e internacional de origen venezolano, ampliamente reconocido en el ámbito del periodismo de opinión y el análisis geopolítico de izquierda en América Latina. Es un firme defensor de la Teología de la Liberación y de las causas sociales en la región. Es un activo colaborador y administrador de plataformas de comunicación alternativa como La Voz Bolivariana Internacional y la Red en Defensa de la Humanidad (REDH).Enfoca su cobertura crítica de los giros políticos en el Cono Sur y Centroamérica, analizando fenómenos que van desde el ascenso del neoliberalismo hasta las dinámicas de los procesos electorales regionales.

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Payaso

 

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De prensabolivariana en junio 4, 2026

No le expliques esto a Quiroz. No lo entendería. No por falta de inteligencia, sino por descaro.

 Luis Casado*

No. Esto no va de Javier Solís –el célebre cantante mexicano– ni de su éxito planetario homónimo. Pero pasa que en la letra hay versos que le van como un guante al payaso que ocupa La Moneda:

  • En cofre de vulgar hipocresía
  • Ante la gente oculto mi derrota…
  • Payaso, soy un triste payaso
  • Que oculto mi fracaso con risas y alegrías…

Con todo respeto, desde luego. A tal punto que –de los títulos que hicieron la fama de Javier Solís– me rehusé a utilizar Farsante, cuestión de no extralimitarme agotando los epítetos merecidos por los protagonistas de la presente parida.

Por razones que nadie ha explicado –y que hace pensar que los enanos que nos gobiernan practican la taqiya con un empeño y un denuedo dignos de mejor causa– el dream team encabezado por JAK le agregó un curioso sinónimo a la palabra deuda: de ahora en adelante la deuda es caca.

Como cualquier hijo de vecino servidor entendía –con la RAE– que una deuda es una obligación que alguien tiene de pagar o reintegrarle a otra persona, por lo común dinero. No sólo dinero visto que también existe lo que se conoce como deuda u obligación moral.

En este caso hay una condición: entender de qué va eso de la moral. Un economista dedicado a organizar colusiones –por ejemplo en los mercados de la carne de pollo, las farmacias, el asfalto o el transporte marítimo– no califica. Un bufón que –en virtud de imprudentes poderes– tuviese la peregrina idea de nombrarle ministro de Hacienda, por muy cómico que sea, tampoco.

Uno, que por razones de laburo se levanta temprano, comprende –con los economistas, los banqueros, los usureros y otros gangsters– que la deuda ES EL NEGOCIO.

Así, con mayúscula, visto que los bancos prestan dinero que no tienen, lo que hace que por baja que sea la tasa de interés el lucro tiende a infinito (para más señas sobre el infinito te recomiendo al profesor de Física Fabrizio Bucella, un belga de origen italiano, en You Tube).

Los Bancos Centrales crean dinero ex nihilo, es decir a partir de la nada. Esa creación monetaria va a parar a las ávidas manitas de la banca privada que se hace un placer y un NEGOCIO –ya se dijo– prestándole el billete a los gobiernos a cambio de una modesta tasa de interés. Todo lo cual contribuye a un fenómeno muy conocido: la inflación.

Razón que lleva a los Insumisos (Francia) a inscribir en su programa de gobierno la obligación para el Banco Central Europeo (BCE) de prestarle dinero directamente a los 27 Estados de la UE, sin pasar por los bancos privados. Resultado: tasa de interés igual a cero.

No le expliques esto a Quiroz. No lo entendería. No por falta de inteligencia, sino por descaro. JAK tampoco lo entendería: lo confundiría con una “metáfora”.

Lo cierto es que desde el día aciago en el que estos fascistas asumieron las riendas del gobierno con la voluntad visionaria de iniciar una reconstrucción nacional de urgencia, han ido mostrando sobre todo que se van quedando en pura agua de borrajas.

Después de declarar solemnemente “las arcas vacías”, asegurar que devolver los inmigrados a sus países de origen fue una “metáfora”, decidir un recorte presupuestario generalizado con pinta de emasculación a uña y proclamar que la deuda pública es como la caca de oca… he aquí que el Gobierno se ve en la obligación de solicitarle al Congreso un aumento de US$ 6.200 millones en el techo de endeudamiento…

En su fuga asintótica hacia la histeria crónica los economistas anuncian que eso complicará la tarea de mantenerse bajo el límite prudencial, sin explicar quién, cómo, cuando y dónde definió lo que es el límite prudencial, y creen “inevitable” que se sobrepase el umbral del 45% del PIB. ¡Alabao!

La presidente de la Sofofa advierte que superar las metas de deuda “lo termina pagando las personas”, como si alguna vez los empresarios se hubiesen metido las manos en los bolsillos para cubrir un déficit presupuestario. “Las personas”, como las llama Rosario Navarro, pagan todo incluyendo el lucro que constatan periódicamente las empresas. ¿O el lucro cae del cielo Rosario?

Todas estas luminarias adoran el neoliberalismo, el anarco-capitalismo, la “¡libertad carajo!” como dice Milei, el libre-mercado, la libre competencia, el individualismo o sea el cada-uno-para-su-santo porque la sociedad no existe (Margaret Thatcher).

Esas teorías no nacieron en Pichidangui, ni fructificaron al pie del volcán Llullaillaco.

Los chicago-boys… ¿te suenan? Milton Friedman, en sus memorias, escribe:

“En 1975, cuando la inflación aún azotaba a Chile y una recesión mundial desencadenó una depresión… El general Pinochet recurrió a los “Chicago Boys” y nombró a varios de ellos para puestos de poder en el gobierno.”

Desde entonces, hasta hoy, el modelo económico chileno sigue siendo el mismo, y ha sido profundizado incluso por demócratas, progresistas y otros renovados. Las ideas vinieron del norte.

Justamente… ¿dónde está el norte en materia de deuda pública? Para saberlo tienes que visitar a FRED, por Federal Reserve Debt, o deuda del Banco Central yanqui. FRED mantiene en línea un gráfico que da cuenta, minuto a minuto de la proporción de la deuda pública con relación el PIB de EEUU:

Como puedes ver, los mejores economistas del mundo, en el país más poderoso del mundo, se las han arreglado para mantener una deuda que supera con creces el 120% PIB anual. Son los mismos que formaron a la elite económica chilensis.

En el lote no están, por razones evidentes, los genios de la London School of Economics en la que ahora enseña otro super dotado: Andrés Velasco. ¿Cuál es la situación del Reino Unido en materia de deuda pública?

Actualmente asciende a unos 2,9 billones de libras esterlinas, mientras el déficit presupuestario – horror de horrores– gira en torno al 5,1% anual. De tal manera que la deuda, en proporción el PIB británico, representa un 101%.

Lo que acabo de mostrar es la realidad de los inventores del invento, los países a los que van a estudiar, o a enseñar, nuestros genios.

Lo cual nos permite, una vez más, plantear la cuestión central: ¿quién, cómo, cuando y dónde definió lo que es el límite prudencial en materia de deuda pública?

Aunque parezca empecinamiento de mi parte, terquedad y obstinación… te recuerdo que tal país como Japón, potencia asiática, ostenta una deuda de dios padre y señor mío.

La deuda pública de Japón es el monto total de dinero que el Gobierno de Japón ha contraído mediante la emisión de bonos por parte del Ministerio de Finanzas y otros organismos gubernamentales. A finales de marzo de 2025, la deuda bruta general del Gobierno japonés ascendía a 1.324 billones de yenes, lo que representa el 234,9 % del producto interno bruto del país, una de las más altas entre las naciones desarrolladas.

¿Alguna voz se ha elevado entre los eruditos que saben, para afirmar que en Japón se ha superado el límite prudencial?

Tú, pobre pringao desechable, consumidor sin deudas o con las mensualidades al día… ¿devolviste tu Toyota Yaris en señal de rechazo? Me refiero al buga que compraste en incómodas cuotas mensuales, dejándote con una deuda igual al 150% de tu salario anual. Para no hablar de la deuda en la que incurriste para realizar el sueño de la casita propia, que correrá durante los próximos 20 – 30 años, si es que de aquí allí aún tienes un laburo…

Sabiendo –es lo que publica lo que hay de prensa– que tendrás que “aumentar el pago mínimo de tus tarjetas de crédito en medio de la estrechez económica…”

Visto que “El uso de tarjetas de crédito se ha consolidado en el sistema financiero como uno de los medios de pago preferidos por la población, que muchas veces acude a este instrumento para diluir su carga financiera mensual y planificar el pago de sus deudas en varios meses.”

Lo que precede, en medio de proyecciones en caída libre: “Crecimiento de 2% en 2026 se ve lejano y aparece el fantasma de la recesión.” “La economía chilena acumula cuatro meses consecutivos de caídas, y todo indica que habrá un quinto.”

No lo digo yo, lo dice la prensa que le aviva la cueca al payaso. Me dirás que entre la prensa y la verdad media una distancia sideral medible sólo por un telescopio espacial y llevas razón.

Mientras que el Proyecto de Reconstrucción Nacional se parece al auto del tío Lucho, ese que no partía por razones ligadas al encendido, las bujías, la bobina, el distribuidor, cuando no por falta de combustible.

En fin, que otra cosa es con guitarra, y al dream team de JAK le fallan las cuerdas, el mástil, los trastes y el clavijero.

En eso estaba cuando Horacio me recordó las palabras de un socialista de verdad:

Nota: Alessandro Giuseppe Antonio “Sandro” Pertini fue un político italiano, socialista, guerrillero y periodista, que fue presidente de Italia entre 1978 y 1985. Cuando los partisanos capturaron a Mussolini, que intentaba huir hacia Suiza, el jefe del grupo llamó a Sandro Pertini para pedirle instrucciones… Sandro Pertini hizo un gesto muy italiano y le dijo qué hacer…

POLITIKA

♦♦♦

BLOG DEL AUTOR: Luis Casado
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