Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

22 de julio de 2026

Titular: Terremoto en Venezuela. La lucha por sobrevivir

 

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De prensabolivariana en julio 22, 2026

Por Guillermo R. Barreto*

El 24 de junio Venezuela celebraba dos importantes fiestas: 205 años de la Batalla de Carabobo, la batalla que selló la independencia, y la fiesta de San Juan Bautista, declarada por UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humandidad, una celebración con un profundo contenido espiritual, especialmente para los pueblos afrodescendientes de Venezuela. Un día de festividad que fue truncada a las 6:04 y 6:05 pm por dos sismos de magnitud 7.2 y 7.5 respectivamente separados 39 segundos el primero del segundo.

Al momento de escribir estas líneas la información oficial emitida por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, da cuenta de 1719 personas fallecidas, 5034 heridos, 15.866 damnificados, 855 edificios afectados de los cuales 189 colapsaron totalmente, 38 hospitales afectados y 1645 estructuras de otra índole como puentes y carreteras afectadas. Un nivel de destrucción sin precedentes en el país.

Los sismos que se vivieron ese 24 de junio constituyen un evento singular conocido como doblete sísmico. Se trata de la ruptura de una falla (en este caso la falla de Boconó) que a su vez activa la ruptura de otra (Falla de San Sebastián). Este fenómeno produce un campo de ondas altamente asimétrico, superpuesto y caótico. La ruptura se produjo de oeste a este y es la razón por la que los efectos mayores se evidenciaron hacia el oriente del epicentro. Lo que hace este “doble terremoto” tan letal es que las ondas producidas por el segundo se superponen al primero amplificando su poder destructor. El solapamiento también hizo que un sismo que normalmente tiene una duración de 30-40 segundos se extendió por 2 a 3 minutos provocando una “tormenta geodinámica perfecta”. Hasta ahora se han contabilizado 609 réplicas. Un monstruo ante el cual nadie podía estar preparado.

Inmediatamente, como aves carroñeras, medios de comunicación y los llamados “influencers”  iniciaron una campaña  para desestimar la respuesta del Gobierno venezolano, argumentar que los edificios colapsados eran aquellos construidos por la Misión Vivienda Venezuela, un programa único en el mundo que ha dado vivienda a más de 4 millones de familias (la realidad es que el 80% de las edificaciones colapsadas fueron construidas por el sector privado), y que los organismos de protección civil, bomberos y rescatistas no se habían hecho presentes tratando de generar más angustia e incertidumbre en la población.

Una campaña verdaderamente sucia que debería avergonzar a quienes, desde la comodidad de su computadora, monetizan con el dolor ajeno y a falta de propuestas serias critican a un gobierno, usando mentiras y provocando caos en una situación ya bastante delicada.

La realidad es que al 29 de junio se contabilizaban 30.000 rescatistas desplegados entre militares, policías, bomberos, protección civil y personal de la cruz roja, 75.238 familias han sido atendidas, 7.237.000 kilos de alimentos han sido distribuidos, 222.478 bolsas de comida han sido distribuidas en el estado La Guaira (el más afectado), 4200 personas han recibido asistencia médica, el 90% del servicio eléctrico ha sido restituido y aun luego de 5 días de la tragedia la labor de búsqueda de sobrevivientes se mantiene. Una tarea a la que se han sumado 10.834 voluntarios que han sido acreditados a fin de evitar un desorden que obstaculizaría las labores de rescate.

Importante tomar en cuenta que todo ese despliegue y esfuerzo se hace a pesar de las más de 1000 medidas coercitivas unilaterales (llamadas erróneamente sanciones) que el Gobierno de los EE. UU. ha impuesto sobre Venezuela y a las que se sumó la Unión Europea. Tanto los EE. UU. como algunos países de la UE ofrecieron “ayuda humanitaria” para enfrentar la tragedia, pero no podría haber mayor cinismo e hipocresía de quienes han sometido al país a penurias por más de una década con el único fin de producir un cambio de gobierno y lograr el saqueo de los muchos recursos que posee Venezuela, incluida la mayor reserva de petróleo del mundo. En efecto, las medidas coercitivas unilaterales están diseñadas para socavar la voluntad de los pueblos a través de ataques a la economía, restricciones que impiden el libre comercio con el exterior, la exportación de los productos del país y la importación de todo aquello que no se produce, pero se necesita, lo que incluye no solo repuestos y maquinaria sino también alimentos y medicinas. Es un hecho que, durante la pandemia, por ejemplo, Venezuela se vio obstaculizada para acceder al fondo COVAX para adquirir las vacunas lo que fácilmente podríamos calificar como intento de Genocidio.

Las medidas coercitivas unilaterales son un mecanismo perverso. Un reciente estudio publicado en la revista Lancet demuestra, utilizando técnicas estadísticas rigurosas y bases de datos de Naciones Unidas y Banco Mundial, que las medidas coercitivas, en especial las implementadas de manera unilateral por los EE. UU. (sin autorización de Naciones Unidas) tienen un impacto directo sobre la salud pública con un saldo de 564.258 muertes anuales, similar a las producidas por las guerras. Los EE. UU. han matado más de 28 millones de personas en los últimos 50 años a través de la imposición de medidas coercitivas unilaterales. Estas medidas son ilegales y violan el derecho internacional y la carta de Naciones Unidas. Un informe realizado en 2021 por la relatora especial de Naciones Unidas describe la grave situación que atravesaba Venezuela ese año producto de estas medidas coercitivas confirmando los resultados hallados en el estudio que acabamos de citar.

Es ese país golpeado por estas medidas ilegales y criminales, con hospitales y sistemas de emergencia vulnerados por años de ataques, el que hoy enfrenta una tragedia de magnitudes superlativas. Afortunadamente se ha contado con la solidaridad sincera de países como Cuba, México, Nicaragua, entre otros que aportan rescatistas, maquinaria, medicinas y mucho corazón y son un apoyo a la dura labor que llevan a cabo los equipos venezolanos. En cuanto a los EE. UU., país que el 3 de enero de este año bombardeó y secuestró al presidente, solo podría exigirles el retiro inmediato de las medidas coercitivas impuestas y la liberación del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores. La ayuda hipócrita que ofrecen no es bienvenida. En Venezuela, Gobierno, fuerza armada y pueblo organizado con ayuda de amigos de verdad están trabajando sin descanso para salvar todas las vidas posibles y recuperar lo más pronto posible la normalidad. Este artículo fue producido por Globetrotter

♦♦♦ Guillermo R. Barreto es venezolano, Doctor en Ciencias (Univ Oxford). Profesor jubilado de la Universidad Simón Bolívar (Venezuela). Fue Viceministro de Ciencia y Tecnología, presidente del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología y Ministro de Ecosocialismo y Aguas (República Bolivariana de Venezuela). Actualmente es investigador en el Instituto Tricontinental de Investigación Social y colaborador visitante del Centro de Estudio de Transformaciones Sociales-IVIC. 

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País Venezuela
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21 de julio de 2026

680 mil pesos…

 


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De prensabolivariana en julio 21, 2026

…una gran proporción de chilenos ni siquiera llega a fin de mes con su sueldo.

Quienes visitan nuestro país muchas veces se configuran una visión superficial de nuestra realidad coincidiendo en que en Chile existe un alto nivel de ingresos y consumo. Aprecian la vorágine de personas que repletan los malls, supermercados y restoranes, sin pensar que existe una gran proporción de chilenos que ni siquiera llega a fin de mes con su sueldo.

También en tiempos de la Dictadura, con muchos menos habitantes, se apreciaba un panorama así, cuando desde La Moneda se echaban andar programas de empleo para disimular los vergonzosos índices de desempleo.

Recientes cifras oficiales nos indican que sólo la mitad de los trabajadores percibe una mediana salarial de 680 mil pesos mensuales y que el promedio de todos los sueldos se sitúa en los 962 mil pesos al mes. En esta última cifra está incluido el 12 por ciento que percibe el salario mínimo que alcanza poco más de 553 mil pesos.

Otros indicadores recientes calculan que un arriendo en un barrio de clase media o modesta, de dos dormitorios y un baño, cuesta unos 300 mil pesos, sin considerar los gastos comunes, los que podrían sumar entre 50 a 90 mil pesos. Del mismo modo, se sabe que las cuentas de luz, agua y gas no bajan de unos 100 mil pesos y que en locomoción colectiva cualquier trabajador debe gastar como mínimo unos dos mil o tres mil pesos diarios. Asimismo, solo la alimentación individual debe superar los 80 mil pesos mensuales, excluidos todos los gastos en salud, educación y otros rubros.

Es cosa de suponer la imposibilidad de que con su propio salario el trabajador chileno pueda mantener a un cónyuge y al menos un hijo, de modo tal de constituir una familia. De allí que se explique la abrupta disminución de matrimonios y el nivel 0 que ha alcanzado nuestra tasa de natalidad, igualada solo por Corea del Sur y un puñado de naciones. A sabiendas que los que más nacen aquí son los hijos de los inmigrantes.

Las cifras son incuestionables y solo pueden ser explicadas si se considera el gran involucramiento del empleo informal más que precario en sueldos, así como el hecho de que miles de familias crecientemente involucradas en el narco y micro tráfico, son los principales protagonistas y víctimas de los hechos de violencia y delincuencia que asolan al país.

Es en la precariedad de los salarios que también se explican los miles de campamentos y ocupaciones ilegales a lo largo de todo Chile. A la vez del severo incremento de las deudas bancarias como de las elevadas cifras adeudadas a las compañías que otorgan los servicios básicos.

Entidades educacionales dan cuenta del creciente ausentismo escolar, así como otras nos señalan el nulo avance en superar la asimetría salarial entre hombres y mujeres, teniendo en cuenta, además, al 9 o 10 por ciento de desocupados los que, en realidad, son muchos más si se considera a quienes trabajan por horas o solo en algunos días a la semana.

Otro asunto que se debe tener en cuenta es que en estos promedios salariales señalados anteriormente se incluyen los millonarios ingresos de la clase empresarial y política, así como los elevados sueldos de algunos profesionales. Es decir, de ese millón o millón y medio de chilenos que vive hasta en el hartazgo dentro de una población que todavía no alcanza los 20 millones de habitantes.

Es en esta categoría donde debemos incluir a quienes repletan malls y restoranes, adquieren coches de lujo y suelen viajar en avión por Chile y hacia el exterior. Habida cuenta de que veranear fuera de Chile cuesta bastante menos que en nuestros propios balnearios.

No se entiende, en consecuencia, que el Parlamento apruebe una ley que rebaja el impuesto de primera categoría que pagan las grandes empresas, que el Estado haga poco o nada en controlar el precio de los combustibles y que la palabra “subsidio” esté tan desprestigiada entre los que toman las grandes decisiones económicas.

Tampoco se explica que para combatir la criminalidad se destinen crecientes recursos para las policías y las FFAA, pensando -seguramente- que la seguridad se resguarda con más agentes y armas que con mayor justicia social y equidad.

Tampoco se comprende que sea el aborto libre, y no la justicia social y la defensa de los DDHH, el caballo de Troya de ciertas agrupaciones y dirigentes de izquierda, en circunstancia de que China, Japón y otros pueblos del mundo implementan medidas para fomentar la natalidad, ante el inminente envejecimiento de sus naciones. Cuando de seguir todo igual tendremos un promedio de edad de sesenta o más años antes de una década.

Vergüenza debiera provocarnos como nación el empeño de las autoridades de ayer y hoy por derribar poblaciones y dejar a sus moradores a la intemperie en virtud del “sacrosanto” derecho de propiedad.

Así como la política oficial de impedir la inmigración y expulsar del territorio a quienes ya estaban avecindados aquí y que, por lo general, significan una enorme aporte a nuestra economía.

Las apariencias ciertamente engañan y nos llevan a mantener grados de soberbia ante países que hasta hace poco tiempo estaban muy por debajo de nuestro desarrollo, y que seguramente nos están superando con creces en cuanto a crecimiento, distribución del ingreso y niveles de felicidad.

POLITIKA

♦♦♦

*Juan Pablo Cárdenas Squella, es uno de los periodistas, columnistas y académicos más influyentes y respetados de Chile. Su trayectoria destaca por su férrea defensa de la libertad de expresión, especialmente durante la dictadura militar chilena. En épocas de censura, fue el fundador y director de la célebre revista opositora Análisis (donde su labor fiscalizadora y de denuncia le valió constantes persecuciones y detenciones), así como de la revista Los Tiempos y del diario digital Primera Línea. Fue director de la Radio Universidad de Chile y de su diario digital durante más de 18 años. Ha sido un prolífico columnista político, colaborando también con prestigiosos medios internacionales como el diario El País (España).

La Plancha Pi



En vísperas de unas nuevas elecciones profesorales al Consejo Universitario de la ULA, donde (como es tradición) el populismo y la demagogia suelen campear para engrosar la kakistocracia universitaria que tanto daño hace, vale la pena rescatar esta vieja anécdota, convertida en cuento corto.

La protagoniza el genial filósofo José Manuel Briceño Guerrero, una de las mentes más lúcidas e irreverentes que ha dado nuestra casa de estudios. Para quienes no tuvieron el privilegio de conocerlo, baste decir que su inteligencia era tan profunda como su sentido del humor, y que nunca separó el rigor académico de la ironía más fina.
La Plancha Pi
Hace ya unas décadas, un grupo de los académicos más brillantes de la ULA, liderados por el genial filósofo Profesor Manuel Briceño Guerrero, decidió presentar una plancha para las elecciones del Consejo Universitario. La idea era, por supuesto, llevar la inteligencia y la lucidez a los espacios de decisión.
Al momento de inscribirla, llegó el trámite inevitable: asignar un número de identificación para la boleta electoral.
El funcionario de turno, un burócrata fiel al manual, les esperaba con su formulario. El Profesor Briceño, con su calma característica, anunció:
—Muy bien. Nuestro número será Pi.
El funcionario palideció un poco.
—Disculpe,Profesor, no puede ser Pi. Tiene que ser un número.
—Pero Pi es un número —aclaró Briceño, amablemente—. Es un número irracional de los más famosos, aproximadamente 3,1416...
—No, no, señor —insistió el empleado, sudando ya la gota gorda—. Tiene que ser un número... normal. De los que salen en la calculadora.
Briceño, lejos de enfadarse, se divirtió. Le explicó que en el reglamento no se especificaba que el número debía ser natural, entero o racional. Era, sencillamente, un "número".
El funcionario, acorralado por una lógica superior, sacó su último argumento:
—¡Es que la gente puede escribirlo de distintas maneras! Unos pondrán la letra griega y otros "Pi".
Con una sonrisa, el Profesor tomó un papel y dibujó:
—Mire, eso mismo pasa con el siete. Unos lo hacen con un palito transversal —dibujó un 7— y otros solo con un ganchito —dibujó un 7 sin la línea horizontal—. No por eso se anula el voto.
Derrotado y exhausto, el funcionario soltó su última y triste objeción:
—¡Es que puede haber personas que no sepan qué es Pi!
Fue entonces cuando el Profesor Briceño Guerrero, con una mezcla de compasión y humor infinito, le dio la estocada final:
—No se preocupe, mijo. Nosotros no queremos que esa gente vote por nosotros.
Y se fue, dejando en el aire una lección perfecta: en la universidad, el conocimiento debe ser la moneda de cambio, no la simpatía vacía. Para aspirar a representar a los profesores, lo mínimo es saber que Pi es un número.
Luis Betancourt.
Julio, 2026

La "transición"

 

La reciente declaración del Presidente Trump, realizada junto al Secretario de Estado Marco Rubio, sobre la "transición" en Venezuela, no debe interpretarse como un acto improvisado, sino como la cristalización de una estrategia de tres fases que había sido delineada previamente por la administración. Este plan trasciende la anécdota política para situarse en el ámbito de la reingeniería geopolítica y económica de un Estado fallido, bajo la tutela directa de Washington.

El contenido estructural de esta transición, tal como ha sido comunicado por Rubio, descansa sobre un trípode conceptual: Estabilización, Recuperación y Transición. Sin embargo, es crucial observar que la secuencia y el énfasis otorgado a cada fase revelan una pragmática jerarquía de intereses, donde la esfera política queda subordinada a los imperativos económicos y de seguridad inmediatos. La primera fase, estabilización, se articula en torno al control de los recursos energéticos. La administración no busca una reconstrucción institucional ex nihilo, sino una "cuarentena" operativa que le permita hacerse con el flujo de petróleo venezolano, estimado en decenas de millones de barriles, para venderlo en el mercado internacional y controlar la distribución de sus ingresos. Esta medida, presentada como un mecanismo para "beneficiar al pueblo venezolano", es, en esencia, un instrumento de presión y administración directa que garantiza la influencia máxima de EE.UU. sobre el gobierno interino de Delcy Rodríguez.

En paralelo, la fase de "recuperación" económica se presenta como el puente necesario hacia la transición, pero su diseño estructural apunta a una reapertura de los mercados venezolanos para las empresas estadounidenses y occidentales. Esta etapa implica la creación de un marco de reconciliación nacional, que incluye la amnistía para figuras de la oposición y el retorno de exiliados, con el objetivo de reconstruir una sociedad civil que pueda legitimar el nuevo orden. No obstante, la condicionalidad es clara: la inversión y la estabilidad jurídica, elementos clave para la recuperación, exigen el establecimiento del Estado de derecho y el control de grupos armados, tareas que el gobierno interino deberá ejecutar bajo la supervisión estadounidense para demostrar su viabilidad.

La tercera fase, la "transición" política en sí misma, es la más definida en su objetivo, pero la más difusa en su cronograma. Rubio ha sido explícito al descartar elecciones anticipadas, argumentando que la inestabilidad y la falta de condiciones las harían inviables. La estructura de esta transición parece inclinarse hacia un modelo de gobernanza compartida, donde el reconocimiento por parte de EE.UU. de la Asamblea Nacional de 2015 como un actor legítimo, junto al parlamento actual, sugiere una vía institucional para la transición que no pasa necesariamente por María Corina Machado, a quien Trump ha restado apoyo explícito. La necesidad de reconstruir el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo apunta a un proceso largo, donde la democracia representativa se pospone en favor de una estabilidad gestionada desde el exterior.

La transición anunciada por Trump y Rubio es un proceso de administración tutelada. No se medirá por la inmediatez de las elecciones, sino por la capacidad de Washington para reinsertar a Venezuela en el mercado energético global como un socio dócil y estable, creando las condiciones para un cambio de régimen que, aunque no se materialice de inmediato, quedará institucionalmente encauzado. La estructura del plan revela que la prioridad no es la democracia per se, sino la orquestación de un cambio que salvaguarde los intereses estratégicos y de seguridad de Estados Unidos en la región, dejando la decisión final sobre el futuro político del país en manos de un proceso cuyo ritmo y dirección Washington se ha reservado el derecho de marcar.

20 de julio de 2026

19 de julio de 2026

Mercaderes del Miedo y la Amenaza

 


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De prensabolivariana en julio 19, 2026

Neo-macartismo gourmet

Mercaderes del Miedo y la Amenaza: la cumbre imperial que inventa un «terrorismo de izquierdas» para vendernos su guerra cognitiva

En una época en la que la fabricación de miedo y amenazas ha alcanzado niveles de sofisticación industrial, no resulta extraño que proliferen encuentros, congresos y cumbres imperiales donde el verdadero producto no sea la seguridad sino la invención de enemigoscuidadosamente administrada. Bajo el ropaje de preocupaciónestratégica, de la inteligencia preventiva o de la innovación tecnológica aplicada al orden público, se congregan mercaderes de la guerra cognitiva cuya principal mercancía consiste en modelar percepciones, colonizar imaginarios y convertir la incertidumbre en un recurso político extraordinariamente rentable. La lógica es sencilla: primero se inventan una amenaza mediante operaciones discursivas persistentes; después se ofrece el antídoto con el respaldo de consultoras, corporaciones militares, plataformas digitales, laboratorios de vigilancia y voceros especializados en dramatizar escenarios cuya consistencia empírica suele ser inversamente proporcional a la intensidad de su difusión mediática. Allí donde los hechos no alcanzan para justificar la expansión de mecanismos de control, la retórica del peligro cumple la función de suplir las evidencias ausentes.

En ese contexto, la invocación de un inexistente «terrorismo de izquierdas» adquiere el perfil de una categoría elástica cuya utilidad  política reside precisamente en su vaguedad. No se trata de describir un fenómeno verificable mediante criterios consistentes, sino de disponer de una etiqueta capaz de amalgamar protestas sociales, movimientos sindicales, organizaciones comunitarias, experiencias culturales críticas, reclamos estudiantiles o cualquier forma de disenso que cuestione privilegios consolidados. El procedimiento no es novedoso. A lo largo de la historia, los poderes imperiales han recurrido reiteradamente a la creación de enemigos difusos para justificar políticas de excepción, ampliar presupuestos militares, reforzar sistemas de vigilancia y desplazar la atención pública respecto de las causas estructurales de las desigualdades. Cambian los nombres de las amenazas, pero permanece inalterable la arquitectura del relato: una comunidad supuestamente amenazada necesita aceptar restricciones crecientes en nombre de una protección cuya eficacia rara vez se somete al escrutinio democrático.Como Douglas MacArthur. La guerra cognitiva representa un estadio particularmente refinado de esa tradición. 

Política

Ya no basta con controlar territorios, recursos naturales o infraestructuras estratégicas; resulta indispensable disputar la administración de las emociones colectivas, de las memorias compartidas y de los horizontes imaginables. El campo de batalla se desplaza hacia la conciencia social, donde algoritmos, campañas de desinformación, segmentación psicológica, propaganda emocional y producción sistemática de incertidumbre configuran un ecosistema destinado a erosionar la capacidad crítica de las sociedades. El ciudadano deja de ser considerado un sujeto de derechos para convertirse en un objetivo conductual susceptible de ser inducido, polarizado o disciplinado mediante estímulos cuidadosamente diseñados.

En semejante escenario, la seguridad deja de significar protección de la dignidad humana y pasa a designar la preservación de estructuras del capitalismo que encuentran en el miedo y la amenaza un instrumento de gobernabilidad dictatorial extraordinariamente eficaz.Las cumbres promovidas por esta industria del miedo suelen presentarse como espacios neutrales de cooperación internacional, cuando en realidad funcionan como vitrinas comerciales donde convergen intereses económicos, doctrinas geopolíticas y tecnologías de control social. Empresas dedicadas al espionaje digital, fabricantes de sistemas biométricos, desarrolladores de inteligencia artificial aplicada a la vigilancia, consultoras especializadas en gestión de riesgos y operadores  políticos encuentran allí un ámbito privilegiado para ampliar mercados mediante la amplificación permanente de amenazas. Cuanto más difuso sea el enemigo, mayor será la demanda de soluciones tecnológicas; cuanto más abstracto resulte el peligro, más ilimitada parecerá la necesidad de inversión en dispositivos de control. El negocio depende menos de resolver conflictos que de garantizar su reproducción simbólica.

Desde una perspectiva humanista, semejante arquitectura discursiva merece ser examinada con extremo rigor ético. La seguridad auténtica no florece allí donde se multiplican los dispositivos de sospecha, sino donde se fortalecen la justicia social, la igualdad de oportunidades, el acceso universal a la educación, la salud, la cultura y el trabajo digno. Ninguna sociedad alcanza una paz duradera mediante la estigmatización sistemática de quienes reclaman derechos fundamentales. La criminalización indiscriminada del pensamiento crítico constituye una forma de empobrecimiento democrático que deteriora el tejido cívico y debilita la confianza indispensable para la convivencia plural.

Cuando la discrepancia política comienza a ser descrita con el vocabulario de la guerra, el lenguaje deja de servir al entendimiento y pasa a convertirse en un dispositivo de exclusión. Las falacias imperiales encuentran terreno fértil precisamente allí donde el miedo desplaza a la razón. Se pretende hacer creer que la concentración del poder garantiza libertad; que la vigilancia y el espionaje permanente constituyen una expresión de cuidado; que el silenciamiento del disenso fortalece la democracia; que la expansión ilimitada de los aparatos coercitivos equivale a una inversión en paz. Sin embargo, la experiencia histórica enseña reiteradamente que las sociedades más libres no son aquellas donde la obediencia reemplaza al pensamiento, sino aquellas capaces de proteger simultáneamente la seguridad y los derechos, la convivencia y la crítica, el orden jurídico y la dignidad irreductible de cada persona. Ningún proyecto civilizatorio digno de ese nombre puede fundarse sobre la fabricación industrial de enemigos imaginarios ni sobre la explotación comercial de los temores colectivos. 

Política

Frente a los mercaderes de la guerra cognitiva, la respuesta más fecunda no consiste en reproducir la lógica de la confrontación permanente, sino en afirmar una cultura  política sustentada en el pensamiento crítico, el diálogo intercultural, la cooperación solidaria y el respeto irrestricto por los derechos humanos. Organización popular con planes de lucha emancipadores. Defender la verdad frente a la manipulación, la memoria frente al olvido interesado, la justicia frente a la arbitrariedad y la esperanza frente al negocio del miedo constituye una tarea profundamente emancipadora. Allí donde algunos pretenden convertir la conciencia en un mercado y la incertidumbre en una fuente inagotable de ganancias, el humanismo de nuevo género recuerda que ninguna tecnología, ninguna doctrina geopolítica y ninguna estrategia comunicacional puede sustituir la fuerza ética de una ciudadanía capaz de pensar con autonomía, deliberar con responsabilidad y reconocer en la dignidad del otro el fundamento irrenunciable de toda comunidad verdaderamente democrática.

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*Fernando Buen Abad Domínguez es un prestigioso intelectual mexicano, filósofo y escritor mexicano, nacido en 1956. Especialista en Filosofía de la Comunicación y la Imagen, es doctor en Filosofía y director de cine egresado de la Universidad de Nueva York. Su obra destaca por el análisis crítico de la semiótica, la estética y la comunicación para la emancipación de los pueblos. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad y del consejo consultivo de TeleSur. Ha publicado numerosos libros, entre los que destacan Filosofía de la comunicación y La guerra simbólica. Actualmente, ejerce la docencia e investigación en universidades de Argentina y México, promoviendo un pensamiento transformador. Su labor busca combatir la hegemonía mediática mediante el desarrollo de una conciencia crítica en la sociedad. @FBuenAbad

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