Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

25 de junio de 2026

América Latina entre Monroe y Bolívar: Las venas abiertas de la Patria Grande

 

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De prensabolivariana en junio 25, 2026

«Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba donde estaba la estatua de Bolívar». Así comienza el relato ‘Tres héroes’, con el cual José Martí inició su revista infantil La Edad de Oro. Era el primer número de aquella publicación nacida en Nueva York en 1889, mientras Martí estaba exiliado de su isla revolucionaria. En 1921 se recopilarían los cuatro ejemplares de la revista en formato de libro en Costa Rica. «Desde México hasta la Tierra del Fuego hay un inmenso continente donde la antigua semilla se fecunda y prepara la savia vital», decía el poeta nicaragüense Rubén Darío; y los tres héroes de Martí —Bolívar, Hidalgo y San Martín— recorrían ya para siempre esta tierra fértil de revolución.

«Una pena tiene La Edad de Oro; y es que no pudo encontrar lámina del Pabellón de Ecuador. Está triste la mesa cuando le falta uno de sus hermanos», con estas palabras terminaba el número tres de la revista de Martí, en referencia a la crónica para los niños de la exposición universal de París. Aquella tristeza de la mesa incompleta no era una imagen infantil, sino una lección política. Así se fue tejiendo un hilo a través de la voz de poetas, guerrilleros y libertadores; un hilo que, como canta el rapero argentino Daniel Devita, hoy podemos nombrar como «nacionalismo popular y Patria Grande»: la vieja intuición martiana que sigue vigente en un continente que se construye con voz propia.

Por eso ahora, en estos tiempos grises, cuando la isla revolucionaria de Martí está sometida a un cerco medieval por los de siempre; cuando la Venezuela revolucionaria está cercada, amenazada y con su presidente secuestrado; cuando el Cóndor pasa de nuevo, también se alzan otras voces. Voces que recuerdan el Congreso Anfictiónico de Panamá, del que se cumplen doscientos años. Porque si la mesa está triste cuando falta uno de sus hermanos, la tarea histórica de América Latina ha sido siempre la misma: volver a sentarlos juntos antes de que los de siempre vuelvan a reescribir la historia. Recordemos, entonces, de qué estamos hablando.

Estados Unidos respondió con una jugada propia: la Doctrina Monroe, «América para los americanos», que no significaba la defensa generosa de los pueblos liberados, sino la voluntad de dejar fuera a Europa para dejarle las manos libres a Washington.

A principios del siglo XIX, la América recién emancipada nacía en medio de una disputa feroz entre imperios viejos, potencias en ascenso y pueblos que apenas empezaban a construir su independencia real. En Europa, la Santa Alianza intentaba restaurar el viejo orden absolutista; Francia enviaba los Cien Mil Hijos de San Luis para aplastar la revolución liberal en España; y George Canning, ministro de Exteriores británico, veía en la posible recuperación española de sus colonias una amenaza a los intereses comerciales del Imperio británico. En ese escenario, Estados Unidos respondió con una jugada propia: la Doctrina Monroe, «América para los americanos», que no significaba la defensa generosa de los pueblos liberados, sino la voluntad de dejar fuera a Europa para dejarle las manos libres, completamente libres, a Washington. Frente a ese monroísmo naciente, Bolívar convocó en 1826 el Congreso de Panamá como un intento de levantar una estrategia colectiva de defensa, soberanía y unidad. Allí quedaron fijadas dos posiciones que aún hoy atraviesan el continente: la América como patio trasero o la América como Patria Grande.

Ya entonces hubo quien no entendió la premisa. O quizás la entendió demasiado bien y por eso la traicionó. Bolívar no murió solo en Santa Marta; también fue derrotado en las guerras caudillescas, en la ruptura de la Gran Colombia, en la conversión de los ejércitos populares de liberación en ejércitos oligárquicos nacionales, en la proliferación de patrias chicas levantadas sobre mitologías elitistas, racistas y profundamente dependientes. Con reticencias, con fogonazos, con Martí, con Rodó, con los pensadores que se negaron a entregar la palabra América al vecino del norte, parecía, sin embargo, que América Latina estaba muerta. Pero la historia, una vez más, no había terminado. La pequeña isla de Cuba, casi la última —salvo por el pobre Puerto Rico— en alcanzar su independencia formal, dio en 1959 un paso inmenso hacia la independencia real. La Revolución Cubana llevó América Latina al mundo y el mundo a América Latina. Muchos Vietnam, Che. La patria era cada vez más grande: en los barbudos de Sierra Maestra, en los sandinistas de Nicaragua, en los pueblos que alzaban la cabeza mientras el Cóndor pasaba por el sur, los golpes se sucedían, se alimentaba a paramilitares y se engordaba a traidores locales. Luego llegó la desintegración de la URSS, y Cuba quedó aislada, sola en apariencia, como buena isla revolucionaria en medio del temporal. Pero cuando algunos festejaban el ALCA, aquel tratado para la dominación total de Washington en el hemisferio, en la noche callada comenzaron a escucharse de nuevo los gritos de resistencia. Nunca el amanecer estuvo más cerca que cuando la noche fue más oscura. Y entonces llegó Chávez. Y nació el ALBA. Y comenzó de nuevo un ciclo revolucionario generalizado.

Y los hermanos se reencontraron al ALBA. Porque el ALBA no nació como un tratado comercial más, ni como una cumbre para la fotografía, ni como una declaración solemne destinada a dormir en los archivos de una cancillería. Nació como respuesta histórica al ALCA, es decir, como negación concreta del proyecto de anexión económica que Washington había diseñado para cerrar el ciclo abierto con Monroe. Frente a la América convertida en mercado cautivo, materia prima barata y mano de obra disciplinada, Fidel y Chávez recuperaron la vieja intuición bolivariana y martiana donde la unidad latinoamericana es la condición previa para cualquier soberanía posible. Alfabetización, médicos, petróleo, cooperación energética, medios de comunicación propios, diplomacia común, solidaridad entre pueblos. La construcción material de una frontera distinta.

Contraofensiva

La contraofensiva, por supuesto, llegó pronto. Ya en 2009, con el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras, quedó claro que Washington y las oligarquías locales no iban a permitir, sin guerra política, judicial, económica o militar, que el ciclo abierto por Chávez, Fidel, Daniel Ortega, Evo, Correa, Lula, o los Kirchner consolidara una arquitectura continental propia.

Frente a la América convertida en mercado cautivo, materia prima barata y mano de obra disciplinada, Fidel y Chávez recuperaron la vieja intuición bolivariana y martiana donde la unidad latinoamericana es la condición previa para cualquier soberanía posible.

Después vinieron los ‘lawfare’, los golpes blandos, la guerra económica, las sanciones, los bloqueos y la fabricación constante de enemigos externos e internos. Y ahora, en estos días oscuros, Perú y Colombia muestran hasta qué punto el continente se juega su futuro voto a voto, con la sombra de sus fantasmas más tenebrosos detrás: el fujimorismo en un país devastado por años de inestabilidad, y el viejo orden paramilitar colombiano intentando regresar bajo nuevos ropajes.

En Argentina, la virulencia de un Milei desatado confirma lo que nunca negó: que siempre fue contra el pueblo; y Bukele, sin pudor, parece asumir como programa político aquello que el grupo cubano Hoyo Colorao denunciaba en ‘Di que no’: «que todos los pobres somos enemigos». Pero no debemos consolarnos con la idea de que existe un imperio violento que pierde poder y por eso se vuelve más criminal que nunca. También hay que reconocer en la historia las herramientas para revertir este escenario.

Nada de esto sería posible sin una estrategia mantenida por ciertos sectores del progresismo latinoamericano: distanciarse de Cuba, Venezuela y Nicaragua; renunciar a la unidad; pedir aceptación a un sistema que jamás iba a aceptarlos. Brasil se la juega pronto también, y habría que formularle a Lula una pregunta clara: cuando decidiste aislar a Venezuela, bloquear su entrada en los BRICS y posicionarte con los enemigos de América Latina, ¿eras consciente de que las campanas también doblaban por Brasil? Estamos a tiempo. Porque, como dijimos antes, nunca el amanecer estuvo más cerca que cuando la noche fue más oscura. Y en América Latina, aquel amanecer se llamó ALBA.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

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*Carmen Parejo Rendón es una periodista, escritora y analista política sevillana, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Es reconocida internacionalmente por su labor como directora de la Revista La Comuna y su participación habitual en grandes cadenas como RT, Telesur e HispanTV. Su análisis se especializa en geopolítica, con un enfoque crítico sobre América Latina, Asia Occidental y los procesos de soberanía popular. Como autora, destaca su obra poética Arquitecturas y Mantras, además de su colaboración en medios de pensamiento como El Viejo Topo. A lo largo de su carrera, ha compaginado la información con la gestión cultural y la dramatización teatral juvenil. Su perspectiva se define por la defensa del antiimperialismo y el estudio de la multipolaridad global. Actualmente, es una de las voces más activas en la contrainformación y el análisis social desde España. Su perfil une el rigor académico con un compromiso firme hacia los movimientos sociales transformadores. Se ha consolidado como una referencia para comprender los conflictos internacionales desde una mirada alternativa y rigurosa.

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La ONU se moviliza tras los terremotos en Venezuela y coordinará equipos de rescate

 


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De prensabolivariana en junio 25, 2026

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas anunció que está «completamente movilizada» para apoyar al pueblo de Venezuela tras los terremotos que sacudieron al país el miércoles, y señaló que ya está coordinando un rápido despliegue de equipos de búsqueda y rescate urbano «de toda la comunidad internacional».

Además, la oficina ha enviado un equipo de respuesta rápida para reforzar al personal sobre el terreno, indicó este jueves en un comunicado el coordinador humanitario de Naciones Unidas, Tom Fletcher.

El jefe humanitario de la ONU añadió que ha hablado con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, para «evaluar con urgencia cuáles son las necesidades».

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Qué es el Anillo de Fuego del Pacífico y por qué concentra la mayoría de los terremotos del planeta

 


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De prensabolivariana en junio 25, 2026

Esta gigantesca zona geológica alberga cerca del 75 % de los volcanes activos del mundo.

El Cinturón de Fuego del Pacífico, también conocido como Anillo de Fuego, es una vasta franja geológica que rodea el océano Pacífico y concentra la mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Se estima que alrededor del 90 % de todos los terremotos ocurren dentro de esta zona, que además alberga cerca del 75 % de los volcanes activos del mundo. ¿Pero por qué toda esta actividad se concentra en este lugar?

A pesar de su nombre, no se trata de un círculo perfecto. Su forma se asemeja más a una herradura de unos 40.000 kilómetros de longitud. A lo largo de su recorrido se distribuyen aproximadamente 452 volcanes, que se extienden desde el extremo sur de Sudamérica, recorren la costa occidental de América del Norte, atraviesan la región del estrecho de Bering, continúan por Japón y llegan hasta Nueva Zelanda. La cadena se completa con varios volcanes activos e inactivos en la Antártida.

Las regiones más expuestas a los efectos del Cinturón de Fuego incluyen la costa oeste de Estados Unidos, Chile, Japón y numerosas naciones insulares del Pacífico, como las Islas Salomón. También se encuentran dentro de esta zona países como Rusia, Indonesia, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Canadá, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú y México, entre otros.

Volcanes, terremotos y tsunamis

La intensa actividad geológica del Anillo de Fuego ha sido responsable de algunos de los desastres naturales más importantes de la historia moderna. Entre las erupciones volcánicas más destacadas ocurridas en esta región figuran las del monte Tambora y el Krakatoa (Indonesia) en 1815 y 1883 respectivamente, el Novarupta (Alaska, EE.UU.) en 1912, el monte Santa Helena (EE.UU.) en 1980, el Nevado del Ruiz (Colombia) en 1985 y el monte Pinatubo (Filipinas) en 1991.

Asimismo, varios de los sismos más potentes registrados por la humanidad tuvieron lugar en esta zona, incluidos los de Colombia y Ecuador en 1906, Chile en 1960 y 2010, Alaska en 1964, Japón en 2011 y Rusia en 2025, varios de ellos calificados como megaterremotos (temblores de magnitud superior a 8,5) y acompañados de tsunamis.

La razón de su intensa actividad 

La formación del Cinturón de Fuego está estrechamente ligada a la tectónica de placas. La corteza terrestre está dividida en enormes bloques llamados placas tectónicas, que se desplazan lentamente sobre el manto terrestre. La mayoría de los terremotos y erupciones volcánicas se producen en los límites donde estas placas chocan, se separan o se deslizan unas contra otras.

Esta enorme estructura geológica marca el encuentro de numerosas placas tectónicas, entre ellas la placa del Pacífico, la Norteamericana, la placa Juan de Fuca y la placa de Cocos. En muchas zonas del Anillo de Fuego ocurre un fenómeno denominado subducción, mediante el cual una placa se hunde por debajo de otra. Este proceso favorece la formación de volcanes y la acumulación de tensiones que posteriormente pueden liberarse en forma de temblores de gran potencia.

Uno de los ejemplos más conocidos de esta dinámica es la falla de San Andrés, ubicada en California. Esta fractura geológica se extiende por unos 1.287 kilómetros y marca el límite entre la placa Norteamericana y la del Pacífico. El constante movimiento entre ambas ha provocado numerosos sismos a lo largo de la historia, incluido el devastador terremoto de San Francisco de 1906, que destruyó gran parte de la ciudad y dejó alrededor de 3.000 muertos.

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