Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

24 de junio de 2026

Lean este interesante trabajo de Miguel Posani: ¿PARA QUÉ LA UNIVERSIDAD?

 

«Sé que voy a herir muchas susceptibilidades románticas y me disculpo de antemano»

La universidad nació en occidente hace aproximadamente unos 1000 años como una promesa radical: construir y transmitir conocimiento al margen del poder eclesiástico y feudal. Sus fechas fundacionales marcan toda una época de esa rebeldía gremial en donde las prácticas sociales necesitaban de conocimiento acumulado y libertad de investigación.

– Bolonia (1088): primera universidad occidental organizada por estudiantes que contrataban a sus profesores.

– París (c. 1150): Modelo opuesto a Bolonia, gobernado por maestros. Cuna de la escolástica y las facultades.

– Oxford (c. 1096 – 1167): síntesis de enseñanza tutorial y colegios.

– Padua (1222): Fundada por académicos y estudiantes que se marcharon de Bolonia en busca de mayor libertad académica. Fue un refugio para el pensamiento científico. Galileo Galilei enseñó allí.

Como ya señalamos las universidades como invento tecnológico tienen unos mil años, no han sido eternas. Han sido estructuras institucionales con ciertos fines. La universidad se fundó sobre la premisa de la escasez, el conocimiento era un bien escaso, concentrado en bibliotecas, laboratorios y en la mente del catedrático. El aparato universitario administraba el acceso a esa escasez.

Se dirá: el mejor invento para transmitir el conocimiento han sido las universidades. Una máquina tecnológica auto perpetuante. La universidad toma el flujo caótico del pensamiento y la experiencia humana y lo codifica.

Organizó el saber en «disciplinas» (un término que ya delata control), dividió el tiempo en semestres, fragmentó el conocimiento en asignaturas y calificó el pensamiento mediante algoritmos de evaluación (notas del 1 al 20, o de la A a la F).

Es una máquina de estandarizar subjetividades para que los individuos sean «legibles» y funcionales para un sistema social o económico. Es más, la universidad decide qué es «conocimiento válido» y qué es «pseudociencia» o «saber profano». Al igual que un algoritmo de búsqueda de Google decide qué páginas indexar y cuáles enviar al olvido, la estructura universitaria actúa como el gran filtro tecnológico que programa la verdad de una época.

Pero como ya dijimos, no son eternas, como aparentemente se nos hace creer por una tendencia muy humana de tratar de naturalizar y perpetuar todo. Hoy esa forma de tecnología está en crisis. Las tecnologías digitales e híbridas no son meras herramientas que la universidad puede «adoptar», sino que son fuerzas que disputan su monopolio histórico sobre la verdad y el saber.

Hoy, el problema no es la falta de información, sino su exceso desmedido. La red satura la atención y crea un tipo de vacío paradójico: un ruido constante donde es casi imposible discernir lo sustancial de lo banal. Al democratizarse —y mercantilizarse— el acceso al dato bruto, el rol de la universidad como «proveedora» de contenidos queda obsoleto. Si un estudiante puede acceder al estado del arte de cualquier disciplina en segundos, la clase magistral basada en la mera transmisión de información se convierte en un anacronismo.

Y esta crisis se acentúa por varias vertientes, como por ejemplo el decreciente nivel intelectual (por ejemplo, incapacidad de leer y comprender un párrafo) con el que llegan los nuevos estudiantes, fruto de la constante exposición a las redes y a su entrenamiento en el entretenimiento. Mientras, los colegios se han vuelto en estacionamientos de cuerpos adiestrados a obedecer e interiorizar las normas del orden industrial.

Los modelos de IA y el flujo líquido de la red operan a una velocidad exponencial. Un campo del saber puede mutar por completo en cuestión de meses. Esto genera una brecha insalvable, para cuando una junta curricular aprueba un nuevo programa de estudios, la realidad tecnológica y social de la calle ya lo ha dejado obsoleto. El aparato analógico pierde la carrera de la actualización.

Durante estos mil años las universidades han mantenido funciones concretas y características sin que nadie se las discutiera, tenían funciones específicas que hoy han sido absorbidas por las redes digitales y por realidades específicas ligadas a trasnacionales: creación y transmisión de conocimiento, discusión y debate crítico, certificación de saberes, red de contactos intelectuales, y acceso a fuentes primarias. Hoy todo eso está cada vez más en las redes.

La red social o el foro especializado ofrecen hoy lo que antes solo daba la universidad: respuestas rápidas, pares que te corrigen, validación por reputación digital. Pero estemos atentos, esa competencia no es complementaria; es sustitutiva. Y está vaciando de funcionalidades a la universidad tradicional, dejándola con tareas que las redes todavía no hacen bien, (profundidad, rituales de iniciación y acreditación oficial) o que ya nadie demanda. Esto acerca a muchas de estas instituciones a la imagen de un mausoleo o museo. Un ejemplo son las bibliotecas universitarias que ya no aceptan donaciones porque no saben que hacer con tantos libros y consultas escasas.

A ese vaciamiento se suman fracturas internas:

– Masificación sin recursos: la universidad pasó de élite a multitud, pero mantuvo estructuras artesanales.

– Síndrome de la empleabilidad, ya no se pregunta “¿para qué sirve la universidad?”, sino “¿para qué título me contrata el mercado?”. Las especialidades agonizan sustituidas por la IA, así como la capacidad de lectura y comprensión también.

– Corrupción epistemológica, el “publica o perece” convirtió la investigación en métricas vacías. Hoy los datos se torturan hasta confesar. Además, con la disrupción de la IA se observa una estúpida cacería de brujas a través de su “prohibición” cuando es inevitable su uso. Se continúa el mecanismo de los trabajos y tesis escritas, que ya son una simulación, en vez de buscar otros mecanismos.

Las redes no solo compiten, han vuelto en muchos aspectos redundante el modelo presencial que tratan de mantener algunos, de forma romántica. Durante la pandemia vimos que un profesor grabado en YouTube y un foro o chat pueden reemplazar el 80% de un curso universitario. ¿Para qué trasladarse a la universidad si las funciones que definían a esta —transmitir, certificar, conectar, debatir— ya se hacen mejor, más barato y más rápido en internet?

La universidad ya no es el único lugar donde se aprende a aprender. Ya no es el único sitio donde se construyen redes profesionales. Ni el único espacio donde se accede a fuentes primarias. Cada una de esas funciones ha sido externalizada a plataformas sin muros, sin ritualidades, sin matrículas anuales y sin burocracia de sostén.

Es más, ya no se necesita pasar por el filtro institucional para obtener una síntesis de conocimiento o un diploma; la red te la provee a la carta. Esto hiere de gravedad al fetichismo del título y obliga a preguntarse: si la universidad ya no es el único árbitro de la verdad ni la única llave al empleo, ¿qué es?

Pero estemos claros no habrá apocalipsis universitario. Habrá metamorfosis.

Hoy aparecen al menos cinco rasgos:

– Fragmentación curricular. Ya muchas carreras son obsoletas frente a una realidad vertiginosamente cambiante.

– Deslocalización híbrida: 70% del aprendizaje en entornos virtuales.

– Fin de la particularidad académica. Hoy las corporaciones generan dentro de ellas sus centros de investigación y academias.

– Evaluación por evidencia: portafolios digitales, no exámenes memorísticos.

– Universidad como servicio, no como lugar, aparecen las redes de acreditación sin sede física.

Pero algo se pierde: la lentitud que madura el pensamiento, el encuentro casual, la corrección cara a cara, la socialización, el enraizamiento, la comunidad. Las redes, en cambio, son anónimas; rápidas pero superficiales. El duelo es inevitable. Un aspecto social de la interacción que se generaba en las universidades está desapareciendo y no hay sustituto.

La universidad que viene no será torre de marfil ni centro de formación profesional. Será otra cosa, más porosa, más modular, menos reverente. Para que no muera, tendrá que aceptar que su monopolio sobre la certificación y la transmisión del saber ya se disolvió en redes, foros y plataformas. Su nueva función será aquello que las redes no pueden hacer bien: garantizar profundidad, generar grietas y mantener los momentos de encuentros fortuitos, ofrecer tutoría humana presencial y preservar el espacio crítico fuera del algoritmo. Al menos esta es una ilusión positiva, optimista y romántica.

La mutación no es el fin. Es el parto de un híbrido. Dolerá, pero el cadáver del siglo XX apenas respira. Se ha convertido en una máquina de certificación de exámenes. Ya desde hace tiempo ha sido así y muchos no se quieren dar cuenta.

23 de junio de 2026

Delcy Rodríguez afirma que relación con EEUU ha sido «el camino correcto»(VIDEO)

 


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De prensabolivariana en junio 23, 2026

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguró este lunes que las relaciones con Estados Unidos avanzan de forma positiva, al considerar que ambos países han retomado el diálogo diplomático tras años de tensiones.

Durante un acto oficial en la capital, la mandataria señaló que el 3 de enero de 2026 representó un punto de quiebre en la política exterior venezolana, al abrir paso a un acercamiento con Washington luego de un prolongado período de confrontación.

Rodríguez, quien asumió la jefatura del Ejecutivo tras la salida de Nicolás Maduro, destacó que en pocos meses se han producido cambios que, a su juicio, no se anticipaban en 2025. En ese sentido, afirmó que ha sido el manejo de las diferencias a través de canales diplomáticos ha sido «el camino correcto».

La funcionaria también indicó que su administración trabaja en recomponer los vínculos bilaterales, históricamente marcados por desacuerdos desde la llegada del chavismo al poder en 1999. Según dijo, el objetivo es ir resolviendo progresivamente los conflictos acumulados entre ambas naciones.

El restablecimiento de las relaciones entre Caracas y Washington se produjo poco después de la transición política en Venezuela, que puso fin a la ruptura diplomática vigente desde 2019.

En este contexto, Estados Unidos mantiene el control sobre los ingresos derivados de la industria petrolera venezolana, una medida implementada tras la detención del exmandatario Maduro y que sigue influyendo en la dinámica económica del país.

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Cómo la nueva IA china golpea la ventaja de EE.UU. y cambia las reglas del juego

 

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De prensabolivariana en junio 23, 2026

El lanzamiento de GLM-5.2, el nuevo modelo de inteligencia artificial de la ‘startup’ china Z.ai, ha reavivado la carrera tecnológica entre Pekín y Washington, poniendo en cuestión la ventaja de EE.UU. y acelerando un cambio de reglas en la competencia global por la IA.

La competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo en el ámbito de la inteligencia artificial se vuelve cada vez más intensa. Un nuevo modelo chino de IA ya está generando un revuelo que el mundo no había visto desde el lanzamiento de DeepSeek R1, producto que, por primera vez, puso seriamente en duda el dominio estadounidense sobre los chatbots de vanguardia.

Y aunque el nuevo avance chino aún no puede considerarse un golpe devastador contra la posición de Estados Unidos, se convierte en otro serio desafío para toda la arquitectura del mercado estadounidense de IA.

La pregunta principal hoy ya no es quién es más fuerte, sino si la inteligencia artificial en sí se está volviendo más barata, más accesible y menos dependiente de la infraestructura estadounidense, en un momento en que los gigantes tecnológicos norteamericanos invierten cientos de miles de millones de dólares en esta industria.

¿Qué pasó?

La semana pasada, la ‘startup’ china Z.ai (Zhipu AI) presentó su nuevo modelo de lenguaje GLM-5.2, enfocado en tareas complejas de programación y sistemas de agentes autónomos.

El modelo cuenta con una ventana de contexto de un millón de tókenes, lo que lo coloca al mismo nivel que soluciones estadounidenses de vanguardia como Claude Opus 4.8 de Anthropic y GPT-5.5 de OpenAI.

Al igual que DeepSeek, GLM-5.2 se distribuye bajo licencia de peso abierto. Esto significa que los desarrolladores pueden descargar los pesos del modelo, ejecutarlos localmente y adaptarlos a sus propias tareas. A modo de comparación, la mayoría de los principales sistemas estadounidenses siguen siendo de código cerrado.

Los inversionistas reaccionaron de inmediato: las acciones de la empresa con sede en Hong Kong subieron un 42 % y su capitalización superó por primera vez el billón de dólares hongkoneses (128.000 millones de dólares estadounidenses).

China le pisa los talones a EE.UU.

El inesperado éxito de Z.ai desencadenó un debate público entre el fundador de la empresa, Tang Jie, y Elon Musk.

El motivo fue una discusión sobre cuándo China podrá crear un competidor de pleno derecho para el modelo insignia de Anthropic, Claude Fable 5, considerado por muchos hoy en día como la IA más avanzada del mundo. Musk sugirió que ello no sucedería antes del primer trimestre del próximo año. Tang respondió lacónicamente: «No tardará tanto».

«Anthropic se ha centrado, con razón, en maximizar la inteligencia útil, algo que no se refleja en las pruebas de rendimiento, pero que sin duda se refleja en los ingresos», escribió Musk. «Lo único que necesitamos es enfoque, en particular, enfocarnos en lo que realmente es la inteligencia…«, le contestó el empresario chino.

La carrera cambia las reglas

Según los expertos, la ‘startup’ china está cambiando la lógica misma de la competencia global en materia de IA.

«Puede que GLM 5.2 aún no sea la bola de demolición en sí, pero es otro golpe contundente contra el andamiaje de las valoraciones que sustenta el comercio de IA de EE.UU.», valoró el analista de inversiones Stephen Innes.

«La pregunta más importante es si la inteligencia se está volviendo más barata, más portátil y menos limitada geográficamente, justo cuando el complejo de hiperescaladores de EE.UU. está invirtiendo cientos de miles de millones en la construcción de una infraestructura cuyo precio se basa en la suposición de que la capacidad de vanguardia seguirá siendo escasa, diferenciada y altamente monetizable», agregó.

Según declaró a RT Anna Sytnik, directora general del Laboratorio de Coordinación de Rusia y profesora de la Universidad Estatal de San Petersburgo, Estados Unidos sigue manteniendo el liderazgo, pero la estructura misma de la competencia ha cambiado.

«China ya no parece ser solo una parte que va a la zaga. En el segmento aplicado, en los modelos abiertos, en el costo de implementación y en la velocidad de escalabilidad, las empresas chinas ofrecen con bastante éxito una arquitectura alternativa para el desarrollo de la IA», destaca la experta. 

«El último modelo chino de Alibaba, Qwen3-Max-Thinking, ha demostrado en varias pruebas resultados al nivel o superiores a los de los modelos occidentales más sólidos. Z.ai es, en general, se podría decir que es un nuevo DeepSeek: su modelo GLM-5.2 causó gran revuelo precisamente porque superó a los modelos líderes de Anthropic: Opus 4.8 en programación, y en Design Arena le quitó el primer lugar a Claude Fable 5. Es decir, la IA abierta china ya compite no solo en precio, sino también en calidad», explica.

Batalla de ecosistemas

Con el lanzamiento de Z.ai, ya no se trata simplemente de una competencia entre modelos, sino de una lucha entre dos arquitecturas de negocio diferentes.

Los gigantes tecnológicos estadounidenses apuestan por ecosistemas cerrados, lo que hace que gobiernos y empresas dependan constantemente de sus suscripciones. China, por su parte, ofrece una integración más económica, acceso abierto y la posibilidad de modificar los modelos de manera independiente, compara Sytnik.

«Qué modelo resultará más competitivo ya no depende solo de la calidad de los modelos en sí, sino también de qué alianzas tecnológicas y cadenas se formen a su alrededor», agrega la profesora, señalando que muchas empresas y entidades gubernamentales estadounidenses ya se han integrado a este ecosistema.

En su opinión, aunque para los países en desarrollo estas empresas también ofrecen un paquete aparentemente atractivo con acceso a modelos potentes, subvenciones y soluciones listas para usar en la administración pública, detrás de ello se esconde un riesgo evidente: «una nueva dependencia tecnológica, ese mismo colonialismo de la IA».

«Me gustaría creer que, al final, el modelo más ventajoso será aquel que tenga en cuenta el interés de los Estados por la soberanía tecnológica» 

«Por ahora, las empresas chinas son las que mejor interpretan esta agenda. Digámoslo sin rodeos: la Administración Trump no está contribuyendo a que los gigantes estadounidenses de la IA adopten enfoques similares», subraya Sytnik.

«No basta con que los países elijan entre el ecosistema cerrado estadounidense y el chino. Lo único que dará resultados es trabajar en sus propias arquitecturas, modelos, infraestructura computacional y soluciones aplicadas; es decir, no conectarse por completo a una IA ajena, sino desarrollar la propia», concluye la experta.

¿Quién gobernará Bolivia?

 


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De prensabolivariana en junio 23, 2026

Olivia Arigho-Stiles*

Los bloqueos en Bolivia son una colosal demostración del poder obrero e indígena contra un gobierno derechista impopular. Pero en tanto las movilizaciones no se unifiquen, el peligro del vacío político estará al acecho.

Bolivia está al borde del colapso. Durante más de cuarenta días, las ciudades de La Paz y El Alto, junto con las regiones de Oruro, Potosí y Cochabamba, han sido asfixiadas por bloqueos que impiden el paso de alimentos, mercancías y personas por las rutas. Los manifestantes exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz.

Los bloqueos son una colosal demostración del poder obrero e indígena contra un gobierno derechista impopular. Pero las movilizaciones distan de ser unificadas, y estas fricciones tienen el potencial de generar un perturbador vacío de poder y de escalar un clima político y económico peligrosamente inestable.

Mientras tanto, el gobierno recurre a tácticas cada vez más represivas en su intento de contener un conflicto que se está desplazando rápidamente fuera de su control. Noventa personas fueron detenidas y muchas resultaron heridas en los enfrentamientos. Se informó que dirigentes sindicales fueron secuestrados en la vía pública y varios de ellos encarcelados. En un comunicado público, la Central Obrera Boliviana (COB) denunció al gobierno por iniciar una «cacería» contra su dirigencia.

Se produjeron detenciones arbitrarias de dirigentes sindicales en todo el país, en particular de aquellos vinculados al evismo (en referencia al ex presidente Evo Morales). Por ejemplo, Yesenia Vargas, ex dirigente de la Federación del Trópico de Carrasco en Cochabamba, fue encarcelada esta semana. Vargas formaba parte de la delegación que viajó a El Alto para exigir la renuncia del presidente Paz.

Hace poco más de una semana, en las primeras horas del domingo, la Legislatura boliviana (de mayoría derechista) aprobó un proyecto de ley que le permitiría al presidente Rodrigo Paz declarar el estado de emergencia. Se teme que el estado de excepción sea invocado en breve y que se desplieguen fuerzas militares para desbloquear las rutas por medio de la violencia. En un punto crucial, Paz también cuenta con el apoyo incondicional del gobierno de Estados Unidos: el secretario de Estado Marco Rubio le prometió asistencia de emergencia al acosado presidente.

La localidad de San Julián, en Santa Cruz, hogar de grupos campesinos conocidos como Interculturales, fue la semana pasada escenario de un violento «desbloqueo» en el que el grupo paramilitar de extrema derecha Unión Juvenil Cruceñista, actuando junto a la policía, irrumpió en el pueblo y presuntamente utilizó munición real contra los bloqueadores. No obstante, los movimientos sociales declararon que no darán marcha atrás ni negociarán con el gobierno.

Detrás de los bloqueos

Los sectores que coordinan la mayor parte de los bloqueos contra Paz en el altiplano son quienes lo votaron en las elecciones del año pasado. El pueblo aymara fue anteriormente un pilar esencial de la base del Movimiento al Socialismo (MAS), al que Paz cortejó con promesas pragmáticas de un «capitalismo para todos», apelando a una creciente clase de sectores comerciales aymaras más acomodados, una lógica conocida como qamirismo, que deriva de la palabra aymara qamiri, utilizada para describir a alguien con dinero.

Una vez en el gobierno, Paz abandonó las promesas de continuar los programas sociales del MAS, y su base de apoyo principal se desplazó hacia los intereses empresariales revanchistas de Santa Cruz, un sector que ni siquiera lo había votado a él sino al ultraderechista Jorge «Tuto» Quiroga.

Roberto Pacosillo Hilari es un veterano dirigente político aymara y una figura clave en los bloqueos. Le dijo a Jacobin que Paz es el último de una larga tradición de políticos en Bolivia que extraen riqueza del pueblo sin darle nada a cambio. «No hay confianza con este hombre. Es un mentiroso. En aymara diríamos sallqa, que significa una persona que miente, un charlatán. Esta es la razón por la que queremos que renuncie».

La capitulación de Paz ante los intereses empresariales y de élite de la derecha es vista por los manifestantes como un retorno a un pasado en el que los pueblos indígenas eran sistemáticamente excluidos del poder y sus votos eran explotados para servir a los intereses de las élites que manejan el poder.

A medida que el conflicto con el Estado fue escalando, los bolivianos volvieron una vez más a las barricadas para ejercer presión. «El bloqueo», le dijo a Jacobin el antropólogo boliviano Pedro Pachaguaya, «es una tecnología política ancestral que transforma el control territorial en poder de negociación». Estos bloqueos son el resultado de procesos sociales colectivos. «El bloqueador no es el campesino atrasado que asedia a la ciudad moderna: es un ciudadano complejo que activa su pertenencia comunitaria cuando la asamblea así lo decide», agrega Pachaguaya.

Otro elemento clave de la protesta tiene que ver con la crisis estructural de la economía y el problema de larga data de la gasolina basura. El diésel de mala calidad ha estado arruinando los motores de los minibuses del transporte público, y la prometida compensación por los gastos a los conductores nunca se hizo efectiva. En consecuencia, el sector del transporte ha estado en huelga de manera intermitente durante meses. Los conductores hacen cola durante cinco días en sus vehículos para obtener combustible en El Alto y La Paz.

Paz no ha podido garantizar un suministro confiable de combustible, un problema que comenzó en 2023 bajo el gobierno del MAS de Luis Arce. Ante la ausencia de reservas de divisas debido al colapso de las exportaciones de hidrocarburos, Bolivia no puede importar combustible en cantidades suficientes. A pesar de haber obtenido préstamos y rescates de instituciones internacionales, la economía está en caída libre y los más pobres pagan un precio muy alto.

Viraje conservador

En abril de este año, ataviado con un poncho rojo tradicional, Paz pronunció un encendido discurso en Achacachi, el histórico bastión de los movimientos campesinos aymaras que lo habían votado de manera abrumadora en las elecciones del año pasado. Inicialmente atraídos por su promesa de un «capitalismo para todos» y por el atractivo de hombre del pueblo de su vicepresidente, Edman Lara, los achacacheños y otras comunidades campesinas e indígenas de todo Bolivia están ahora profundamente descontentos con la capitulación inmediata de Paz ante los intereses derechistas, empresariales y de la vieja élite.

El descontento comenzó con el intento de Paz de emitir el Decreto 5503 en enero de este año, antes de que masivas protestas lo forzaran abruptamente a cambiar de rumbo. Luego, en mayo, intentó aprobar la Ley 1720, que habría profundizado la mercantilización de las pequeñas parcelas de tierra, beneficiando al agronegocio a expensas de los pequeños agricultores campesinos.

Los movimientos campesinos e indígenas de las regiones amazónicas de Pando y Beni marcharon durante un mes a pie hacia La Paz para exigir la derogación de la ley. Finalmente tuvieron éxito, ya que la Legislatura votó para abandonar el decreto. Pero era demasiado tarde; los movimientos del altiplano, así como los sectores cocaleros del Chapare, se movilizaron y formaron bloqueos exigiendo nada menos que la renuncia de Paz.

En su afán por desacreditar la movilización, gran parte de los medios progubernamentales retrató a los bloqueadores como títeres del ex presidente Evo Morales, difundiendo una narrativa según la cual Evo está orquestando los bloqueos con miras a tomar el poder. Pero en realidad, el evismo es solo un elemento de una movilización multisectorial amplia y diversa, y hay pocas indicaciones de que Evo cuente con mucho apoyo más allá de su base central.

El líder de la COB, Mario Argollo, por ejemplo, se ha empeñado en distanciar a la movilización de la COB de Morales. «No hay ningún financiamiento externo en nuestras movilizaciones», sostuvo en una entrevista. «Le pedimos a Evo Morales que no se cuelgue de nuestra lucha». Argollo afirmó que las movilizaciones están siendo impulsadas desde las bases. «El pueblo ya no cree en el gobierno; hay mucha desconfianza», dijo. Y añadió: «No se puede tener un diálogo así. Pero eso lo decidirán las bases. Hasta este momento solo exigen la renuncia, pero nos reunimos constantemente y la situación será evaluada».

Pero también es cierto que los bloqueos no tienen apoyo universal dentro de las comunidades y que profundas divisiones atraviesan los movimientos. Quienes bloquean no comparten todos los mismos intereses ideológicos o de clase. Por ejemplo, algunos sectores de la confederación sindical campesina CSUTCB habrían condenado los bloqueos.

En las calles de El Alto también estallaron escaramuzas entre los bloqueadores y sus opositores. Las divisiones reflejan un fenómeno de paralelismo por el cual los movimientos se dividen en múltiples facciones superpuestas, lo que ha perjudicado la unidad de los movimientos indígenas y obreros desde los últimos años del MAS.

No se puede negar, por supuesto, el doloroso impacto de los prolongados bloqueos. Los hospitales advirtieron que no pueden realizar cirugías críticas porque no tienen suficiente oxígeno. Los informes sugieren que algunas personas murieron por no poder acceder a atención médica de emergencia. El gas y la carne son prácticamente inalcanzables en La Paz. Una pequeña cabeza de brócoli se vende en los supermercados de la capital a 6 dólares, y ante la ausencia de pollo o carne vacuna, se traen en avión cajones fríos de pollo desde ciudades vecinas.

Los aeropuertos permanecen abiertos, pero en El Alto muchos se han visto obligados a caminar kilómetros con sus maletas para sortear los bloqueos. Los gobiernos derechistas de Perú y Chile enviaron suministros en apoyo al gobierno para aliviar la presión de los bloqueos.

El economista Javier Gómez señala que los bloqueos corresponden a «una nueva cartografía del poder» que refleja los profundos cambios territoriales y económicos de las últimas dos décadas, incluida la expansión de las economías informales, el auge del extractivismo y la creciente penetración del capital ilícito en la sociedad boliviana.

Esta semana se celebró un gran cabildo en La Paz, convocado por sectores de clase media urbana disconformes que exigen un mayor uso de la fuerza por parte del Estado para desbloquear las rutas. Pero Paz será cauteloso a la hora de utilizar la fuerza militar para sofocar los bloqueos, consciente del riesgo de escalar el conflicto y abrir la puerta a violaciones de derechos humanos. Con pocos aliados, su control sobre el poder es débil.

En tanto los bloqueos no muestran señales de ceder, surgen preguntas difíciles e inevitables. Los movimientos exigen que Paz y Lara renuncien, pero no hay una figura obvia que reemplace a Paz ni una entidad electoral clara en torno a la cual movilizarse, aunque el evismo busca una oportunidad para que Evo Morales vuelva a presentarse como candidato. En las elecciones del año pasado, el MAS fue aniquilado como fuerza política, y prácticamente no hay presencia progresista o de izquierda en la Legislatura. Un peligroso vacío político acecha las protestas.

Las movilizaciones de esta semana son testimonio de la negativa de los trabajadores y las masas indígenas bolivianas a ser tratados como peones políticos, a ser instrumentalizados durante las elecciones y luego ignorados. Pero la fragilidad del ecosistema político de Bolivia es preocupante a medida que avanza hacia la era post-MAS, en la que los movimientos sociales exigen que el Estado represente sus intereses pero, en simultáneo, demuestran ser incapaces de reafirmar un control tangible sobre el poder estatal. Hay pocos ganadores en esta movilización, y Bolivia enfrenta un futuro sombrío e incierto.

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Olivia Arigho-Stiles es una investigadora interdisciplinaria especializada en historias indígenas y el mundo rural en Bolivia. Obtuvo su doctorado en Sociología en la Universidad de Essex en julio de 2022. Es licenciada en Historia por la Universidad de Oxford y tiene una maestría en Estudios Latinoamericanos por la UCL. Su proyecto doctoral aborda la cuestión de por qué y cómo los discursos sobre lo no humano adquirieron tanta importancia para los movimientos indígenas en la sierra boliviana durante el siglo XX. Su trabajo integra la teoría decolonial, la historia ambiental y el Antropoceno desde una perspectiva histórica. Actualmente trabaja en la elaboración de su tesis, que se convertirá en una monografía que explora la relación entre las políticas indígenas y ambientales en Bolivia durante el siglo XX.

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