Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

31 de octubre de 2026

El OIEA ayuda a los países a movilizar inversiones para ampliar servicios de radioterapia

 En un evento paralelo de la Conferencia General del OIEA, Estados Miembros y asociados financieros explicaron cómo gracias a una planificación estratégica, un firme compromiso nacional y enfoques de financiación innovadores se está logrando movilizar recursos nacionales e internacionales para hacer llegar tratamiento oncológico a más pacientes.

Ponentes en el evento paralelo de la 70ª reunión de la Conferencia General del OIEA titulado “Experiencias positivas respecto de la financiación para ampliar servicios de medicina radiológica”, 17 de septiembre. Fotografía: L. Viegas/OIEA

En un contexto en el que la demanda de atención oncológica va en aumento en todo el mundo, el OIEA está ayudando a los países a traducir sus planes de ampliación de servicios de radioterapia en proyectos concretos con capacidad para atraer financiación. En un evento paralelo de la Conferencia General del OIEA, Estados Miembros y asociados financieros explicaron cómo gracias a una planificación estratégica, un firme compromiso nacional y enfoques de financiación innovadores se está logrando movilizar recursos nacionales e internacionales para hacer llegar tratamiento oncológico a más pacientes.

En 2024, alrededor de 20,6 millones de personas recibieron un diagnóstico de cáncer y 9,8 millones murieron a causa de la enfermedad. Según los últimos cálculos del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, se prevé que el número de casos de la enfermedad aumente en la próxima década. A pesar de ello, muchos países de ingreso mediano y bajo siguen enfrentándose a importantes obstáculos para financiar el equipo, la infraestructura y el personal capacitado necesarios para ofrecer atención oncológica adecuada. 

En el evento paralelo titulado “Experiencias positivas respecto de la financiación para ampliar servicios de medicina radiológica”, representantes de Côte d’Ivoire, Fiji, Mongolia y Tanzanía presentaron sus enfoques para hacer frente a esos desafíos. A ellos se sumaron representantes de MedAccess y del Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional, que hicieron hincapié en la importancia de la planificación integral.

Aprovechando sus conocimientos técnicos especializados en los ámbitos del diagnóstico por la imagen, la medicina nuclear, la radioncología y la física médica, el OIEA presta asistencia a los países en la elaboración de documentos de viabilidad financiera en que se plantean cuestiones relacionadas con la inversión propuesta, por ejemplo, las necesidades clínicas a que responde, la infraestructura, el equipo, la dotación de personal, la seguridad y la sostenibilidad. Las conclusiones y recomendaciones basadas en datos científicos derivadas de las evaluaciones imPACT ayudan a los países a evaluar las necesidades de atención oncológica y definir las prioridades de inversión. 

Los países que han recibido este apoyo del OIEA han logrado movilizar recursos de presupuestos nacionales, organismos de desarrollo e instituciones financieras internacionales para ampliar la atención oncológica.

Establecer el sentido de identificación nacional como cimiento

Côte d’Ivoire, que en 2017 inauguró su primer centro nacional especializado en oncología médica y radioterapia, explicó la manera en que la marcada implicación del Gobierno ha contribuido a captar apoyo adicional para su Centro Nacional de Oncología Médica y Radioterapia (CNRAO). 

“Primero el Gobierno cumplió con su parte: se ocupó del edificio, el equipo, el personal y el presupuesto de funcionamiento —afirma Judith Didi-Kouko Coulibaly, Directora General del CNRAO—. Sobre esa base, nos pusimos en contacto con otros asociados, entre ellos el OIEA”. 

Por conducto de sus programas de cooperación técnica y salud humana, el OIEA sufragó becas y capacitó a radiólogos, médicos especialistas en medicina nuclear, radioncólogos, técnicos de radioterapia, físicos médicos y otros profesionales que en la actualidad desempeñan papeles protagónicos en el programa nacional contra el cáncer. 

Por su parte, los asociados participaron en la ampliación del tratamiento oncológico y de los servicios de apoyo a los pacientes tales como la asistencia nutricional, psicológica y social. “Para nosotros, la dignidad de nuestros pacientes es muy importante. No solo tratamos enfermedades, sino que cuidamos personas”, añade. 

Acercar el tratamiento a los pacientes

Mongolia está haciendo una inversión de 61 millones de euros para ampliar y descentralizar los servicios de oncología. La propuesta, que aprovecha los conocimientos técnicos especializados del OIEA en medicina radiológica y las recomendaciones de una evaluación imPACT efectuada en 2024, está en consonancia con la política de desarrollo a largo plazo del país y con el plan nacional de control del cáncer para 2025-2028. 

El proyecto incluye un centro regional de radioterapia, un segundo centro nacional de oncología y la ampliación de la capacidad de diagnóstico en la capital, Ulaanbaatar. “Este proyecto se traduce en un aumento drástico de nuestra capacidad para tratar a los pacientes con cáncer, reducir la mortalidad y mejorar la calidad de vida de miles de pacientes y de sus familias”, afirma Chadraabal Mavag, Jefe del Departamento de Tecnología Nuclear de la Comisión de Energía Nuclear de Mongolia. Según el Sr. Mavag, en la actualidad solo el 40 % de los pacientes con cáncer de diagnóstico reciente recibe radioterapia, a pesar de que se calcula que entre el 50 % y el 60 % la necesitan.

El documento de inversión se preparó mediante un proceso que implicó al gobierno en su conjunto, que estuvo coordinado por el Ministerio de Salud, que contó con la participación de los ministerios responsables de las finanzas, la construcción y la energía nuclear, y que recibió apoyo del OIEA. Este enfoque ayudó a garantizar que los componentes clínico, financiero y de infraestructura se tuvieran en cuenta conjuntamente. 

En el caso de Fiji, durante mucho tiempo la ausencia de servicios de radioterapia ha obligado a los pacientes a viajar al extranjero para recibir tratamiento. “Los pacientes que han necesitado radioterapia han tenido que buscar tratamiento en ultramar, lo que genera cuantiosas cargas financieras, organizativas y personales para los pacientes y sus familias”, señala Vakaoca Kedrayate, Funcionaria Principal del Servicio Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio Exterior. 

Fiji está trabajando para abrir su primer centro de radioterapia. En un documento de viabilidad financiera respaldado por el OIEA no se aborda únicamente lo referente a la infraestructura y el equipo, sino también el desarrollo de personal especializado, cuestiones de seguridad radiológica y aspectos de sostenibilidad a largo plazo. En estos momentos, los planes relativos al centro están avanzando con el apoyo del Banco Mundial, en el marco del Proyecto de Transformación de las Islas Saludables del Pacífico, y del Banco Asiático de Desarrollo, el Fondo contra Pandemias y el Gobierno de Australia. 

A través de la colaboración a largo plazo con el OIEA, Tanzanía ha fortalecido la atención oncológica por medio de la ampliación de los centros de oncología y la creación de capacidad entre los profesionales de la salud. Una evaluación imPACT ayudó a detectar deficiencias en el ámbito de la medicina radiológica, lo que fundamentó la estrategia de atención oncológica del país. “La colaboración con el OIEA abrió las puertas al progreso de la medicina radiológica”, afirma Omary S. Ubuguyu, Subdirector de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud de Tanzanía. 

Traducir necesidades en proyectos viables

Los oradores de las instituciones financieras destacaron que la demostración de una necesidad es apenas el primer paso para propiciar inversiones y subrayaron el valor de colaborar con organizaciones como el OIEA, que pueden proporcionar los conocimientos técnicos necesarios para ayudar a los países a elaborar un plan creíble.  

“Todos entendemos que hay enormes necesidades. Los asociados financieros siempre evaluarán si existe una vía clara para traducir esas necesidades en resultados concretos” —dice Evans Mburu, Jefe de Implementación de MedAccess—. Los documentos de viabilidad financiera, del OIEA, permiten entender las necesidades, el contexto normativo y el entorno de recursos humanos, y la manera en que estos evolucionarán a lo largo del tiempo”, añade.  

MedAccess está apoyando un modelo de pago por uso de equipos de radioterapia en Kenya y Tanzanía en el marco de un acuerdo de asociación firmado con el OIEA en 2025. En ese modelo, los países hacen una pequeña contribución inicial y pagan el equipo a lo largo del tiempo según el uso que le den, lo que incluye trabajos de mantenimiento y servicios de apoyo.

Lewnis Boudaoui, Directivo Superior para Países en el Fondo OPEP, destacó una inversión aprobada recientemente en la República Democrática del Congo de más de 75 millones de dólares que constituye la primera colaboración del Fondo con el OIEA en el marco de Rayos de Esperanza. 

“Desde el primer momento, es fundamental que haya coordinación con el OIEA para que se reúna toda la información necesaria para demostrar el impacto y la viabilidad financiera del proyecto”, afirma el Sr. Boudaoui. 

Al congregar a autoridades nacionales, expertos técnicos e instituciones financieras, el OIEA presta apoyo a los países en la elaboración de hipótesis de inversión en las que no solo se aborde la compra de equipo, sino también las cuestiones relativas a la fuerza de trabajo, la seguridad, la infraestructura y la planificación a largo plazo necesarias para prestar servicios de medicina radiológica sostenibles.

Volvió Por: Roberto Malaver

 


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De prensabolivariana en octubre 31, 2026

Memorias de un escuálido en decadencia

¡Ya está aquí! Después de tanto soportar la pena de estar anunciando su llegada a Venezuela, aterrizó en el santuario de la Divina Pastora, en Barquisimeto, estado Lara, la compañera María Sumate. Nosotros la estábamos esperando para el día anterior, donde anunciamos una marcha que no tuvo el grato olor del éxito que esperábamos, a pesar de que gastamos bastante dinero en eso. Sin embargo, hicimos todo el ruido necesario para hacer creer, como siempre, que la marcha había sido un rotundo éxito. Si se hubiese presentado en esa marcha, la noticia habría tenido más alma, vida y corazón, pero fracasamos. De esa manera, nuestra compañera volvió y aterrizó en el santuario de la Virgen de la Divina Pastora, porque esa fue la orden del comando de campaña: «Hay que utilizar los símbolos, y nada mejor que llegar a la iglesia de la Divina Pastora para ganarnos a los fanáticos religiosos. Esa es la moda, aunque seguro que los evangélicos se van a arrechar, porque no es bueno eso de estar adorando imágenes de yeso». Así nos dijo un compañero que se las da de Joe Napolitan de las campañas electorales. Otro compañero tomó la palabra con mucho respeto —porque nosotros somos así, respetuosos que jode— y dijo que le parecía que mejor llegara a la basílica de la Chinita. Y otro propuso que era mucho mejor llegar a la iglesia de la Virgen del Valle, en Margarita. En fin, que la cosa iba mucho por los lados de las vírgenes y se decidió por la Divina Pastora, porque después saldría la gran caravana del éxito rumbo a Caracas y en el camino meteríamos a todos los motorizados que pudiéramos pagar y alguno que otro compañero. De esa manera, la llegada a Venezuela se convertiría en el triunfo de una presidenta anunciada. Política venezolana

Aun así, hay que decirlo: la vaina no quedó como esperábamos, pero se notó que la compañera estaba contenta de volver, volver, volver al país otra vez. Y luego se preparó una visita a La Guaira, aunque, hay que decirlo, nosotros no aportamos un carajo después del terremoto. Sin embargo, es bueno visitar a la gente que pasó por los dos terremotos el mismo día. Con visitarlos es suficiente. Y la compañera se fue hasta allá, con mucha pena, penita, pena, pero de esa manera seguimos estando presentes allí, donde están las masas, como decía Lenin, que no es bueno nombrarlo, pero hay que citar a la gente que dice vainas ciertas. Hay que decir también que ese mismo día unos compañeros —pocos, muy pocos, por ahora— se presentaron en la esquina de Platanal, en la avenida Urdaneta (lo tenemos todo bien pensado) y armaron un peo para provocar a la policía y para que sepa la dictadura que nosotros no estamos de acuerdo con la paz que se vive en el país. Donde hay paz, ahí tenemos que estar nosotros para poner la guerra. Los que están activos que jode son los compañeros de las redes. Ahí somos unos campeones. Ahora tenemos que cuidarnos mucho porque hubo un diputado en Brasil, un tal Andre Janones, que en WhatsApp creó un ejército de Lula y le metió medio palo al Bolsonaro, quien salió, como el compañero Guaidó, huyendo para Estados Unidos, pero pasando primero por Argentina, gracias al compañero Milei. Hasta un juego inventaron en internet: ¿Dónde está el Bolsonaro? Ahora el pueblo no sale a la calle, sino que se queda en su casa viendo su celular, y ahí tenemos que estar nosotros, mintiéndoles con emoción, con mucha emoción. Las razones, que las ponga la dictadura; nosotros con las redes y la emoción vamos a triunfar.

El papá de Margot llegó emocionado al apartamento de la Misión Vivienda, donde vive, y dijo: «Ganamos una, carajo. Llegó la mujer. Y llegó a la iglesia de la Divina Pastora, en Barquisimeto. Empezó bien, porque esa santa ayuda a todo el mundo, y mucho más a ella, que anda desesperada por ser presidenta del país. Debe ser buena gobernando, porque no ha trabajado nunca y esta sería su primera vez, y toda primera vez es buena». Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: «¡Muérgano, hasta que no tumbes el edificio no vas a dejar de joder!».

—Todo al pasar es brillo de lucero, / cansancio de clamar palmas arriba… —me declama Margot.

♦♦♦

*Roberto Adolfo Malaver González. Periodista, escritor, humorista, publicista y profesor universitario venezolano. Estudió Estudios Internacionales y Periodismo en la Universidad Central de Venezuela (UCV).A lo largo de su trayectoria ha trabajado en el ámbito de la comunicación, la publicidad y la docencia universitaria. Fue profesor de la Escuela de Comunicación Social de la UCV y se desempeñó como articulista en diversos medios de comunicación.
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30 de octubre de 2026

EL REALITY SHOW FRENTE AL MAR DE MARÍA CORINA por Federico Ruíz Tirado

 


​Hay una metafísica perversa en el espectáculo actual, una suerte de geometría del absurdo donde las tragedias humanas no se miden por el peso de sus escombros, sino por el encuadre exacto del lente. 

Cortázar intuyó que el más crudo horror habita en la rutina intercalada con la fantasía. Sabato también lo sintió en esa soledad abrumadora donde la condición humana queda reducida a una farsa burocrática y estéril. 

Actriz de cartón 

​María Corina Machado, en ese interminable set de televisión al aire libre, asistió esta semana a otra de sus funciones estelares. ​La cronología del segmento presenta datos tan registrados que no necesitan adjetivos para otorgar a su espectáculo ni un milímetro de parafernalia: su sola existencia expone la grieta y para los pelos de punta a una masa un tanto inespecífica de esta Venezuela de hoy: un síntoma que no debería existir, pero sí, ahí está, como el dinosaurio de Monterroso. 

​La impuntualidad como método

Han transcurrido cuatro meses desde que la tierra se abrió. Cuatro meses de desamparo, de polvo asentado y de angustia acumulada. Lo califican como el "Doblete Sísmico". Es como esas pesadillas que no logran despertar a nadie.

Nada impedía su llegada, como se encargaron de precisar con fría precisión, portavoces del propio gobierno estadounidense. Pero la tragedia, como los buenos guiones, requiere que los actores principales elijan el momento de su entrada, y en su caso, que la Divina Providencia le moviera el corazón para colaborar en metálico con algunos habitantes de la Guaira que, sin ánimo para escuchar el cuento del gallo pelón del nobel de la paz, esperaban tal vez agua mineral o pintura multicolor.

Cuatro meses después, la escena finalmente consideró que el decorado estaba listo.

​El itinerario de las prioridades

Mientras algunas de las víctimas del terremoto aprendían a contar los días, su agenda pública demandaba compromisos de mayor envergadura internacional. Había que recoger un Premio Nobel y la platica que lo acompaña, alternar en las galerías del poder global, estrechar las manos de dignatarios y posar ante los reflectores del mundo.

La gestión de ayuda material para los damnificados, al parecer, resultaba un asunto demasiado vulgar para ser incluido en la maleta de viaje.

​El agua que no llegó: La visita a La Guaira completó la parábola. Se puede cruzar un territorio desolado e ignorar la sed de los sobrevivientes, lo que resulta insostenible es no llevar consigo ni una sola caja de agua mineral. Hay en esa omisión un rigor casi poético: la negativa a aportar lo indispensable para no arruinar la pureza del símbolo.

​Lo que ocurrió no fue una jornada de auxilio ni un acto de presencia "institucional".  Fue, en el sentido más técnico de la cinematografía contemporánea, una sesión fotográfica.

​El turismo de tragedia  que fascinaría a los teóricos del vacío— requiere de ruinas auténticas como fondo para resaltar la figura del visitante. El dolor ajeno deja de ser una realidad biológica para convertirse en la escenografía perfecta. La mirada no busca el rostro del que sufre, sino el ángulo donde la luz favorece la narrativa de la compasión abstracta.

​El teatro de lo absurdo

​No queremos habituarnos a vivir en una producción continua donde las necesidades humanas derivadas del sismo sean únicamente insumos de producción, ya basta María Machado. La tragedia no existe si no genera contenidos, las víctimas no importan hasta que sirven de extras en la toma final.

​Al final, queda el silencio de las ruinas y la certeza de que el espectáculo continuará mañana. Porque en esta tierra habituada a los milagros al revés, las promesas se evaporan tan rápido como el agua que nunca llegó, pero las fotografías, impecablemente editadas, permanecen para siempre en la galería de los simuladores.


The Doomsday Government: Preparing for the End of the World, Not the End of Power

 By John W. Whitehead and Nisha Whitehead

This time of year, there is no shortage of monsters to frighten us.

Hollywood has given us vampires, zombies, mad scientists, masked killers and creatures that emerge from the darkness to prey upon the unsuspecting.

But perhaps the most frightening monster of all is the government that has become so accustomed to wielding extraordinary power that it cannot imagine a future in which that power is diminished.

Enter the Doomsday Plan.

In what sounds like a plot lifted straight out of Stanley Kubrick’s Dr. Strangelove, the Pentagon has unveiled an initiative designed to keep the war machine running even if a catastrophic war devastates the country’s civilian infrastructure.

Under an initiative called FORTRESS, the military is preparing major installations across the United States to operate independently for at least 90 days in the event of a catastrophic disruption. The plan includes portable nuclear reactors, independent power grids, stockpiles of fuel and ammunition, backup communications systems and arrangements for civilian factories to switch over to wartime production.

The Pentagon calls this preparedness.

The rest of us might reasonably wonder: what good is a government that can survive the end of the world if the people it was created to serve cannot?

Of course, governments have a responsibility to prepare for emergencies. But there is a world of difference between preparing to protect the nation and preparing to preserve the power of those who govern it.

That distinction matters, especially when the same government that prepares for catastrophic war also helps create the conditions in which such wars become not only likely but imminent.

The Pentagon has been anticipating a future in which the military can continue fighting, even when the civilian infrastructure that sustains ordinary Americans may no longer function.

Consider the Pentagon’s chilling training video, Megacities: Urban Future, the Emerging Complexity, made public in 2016.

The video envisions a world of sprawling urban centers overwhelmed by poverty, disease, unemployment, overcrowding, failing infrastructure, environmental disasters and civil unrest.

It is a bleak portrait of the world as military planners fear it might look by 2030. In this vision of the future, cities become battlegrounds and the citizenry are viewed as the enemy.

As the video warns, there will be a need to “drain the swamps.” Only in this dystopian future, “we the people” risk becoming inhabitants of the swamp that military forces are preparing to clear out.

That is a dangerous way for any government to view the people it is supposed to protect.

It is particularly dangerous for a nation whose founders explicitly rejected martial law and enacted constitutional bulwarks to guard against the rise of a police state.

Yet this is where the country has been heading for years.

We’ve witnessed the steady militarization of domestic law enforcement, the expansion of surveillance networks, the deployment of military equipment into American communities, and repeated efforts to blur the line between policing and warfare.

Under the Trump administration, those boundaries have been tested even further through domestic military deployments, aggressive immigration enforcement and expansive claims of executive authority in the name of national security.

The message is increasingly unmistakable: the military is increasingly being presented as the solution to every domestic crisis.

Yet this is also why the Pentagon’s latest Doomsday preparations cannot be considered in isolation from the government’s longstanding continuity-of-government plans.

For decades, federal officials have maintained arrangements intended to preserve essential government operations during a catastrophic emergency, including secure facilities, alternate command centers, succession procedures and protected communications systems.

These preparations are hardly limited to military installations.

Even Trump’s controversial White House ballroom project includes plans for fortified underground facilities, bomb shelters, secure communications and medical facilities, ostensibly to ensure that the presidency can continue functioning during a national emergency.

The government is making elaborate preparations to preserve its leadership and military capabilities in the event of catastrophe.

Some of these measures are practical: a functioning government is essential to coordinating rescue operations, maintaining order and rebuilding after disaster. But continuity-of-government planning also raises a constitutional question that is too often overlooked: what exactly is being preserved?

The Constitution establishes a government of limited, divided powers, accountable to the people and constrained by law.

Preserving that government means more than ensuring that the president can issue orders, military commanders can communicate and federal agencies can continue operating. It means preserving the checks and balances that prevent power from becoming absolute. It means preserving Congress, the courts, due process, freedom of speech, freedom of the press and the right of the people to challenge government abuses.

It means ensuring that an emergency does not become an excuse to dispense with the very constitutional restraints that distinguish a republic from a dictatorship.

Otherwise, continuity of government becomes little more than continuity of power.

That is what makes the Pentagon’s doomsday planning so unsettling.

The problem is not that the military wants to keep the lights on during a national catastrophe.

The problem is what happens when keeping the machinery of war functioning becomes the overriding measure of national survival.

So where does that leave us?

President Trump and his self-serving administration of war hawks have squandered so much of our resources, our goodwill on the world stage, and our role as a champion for liberty and justice.  Now having pushed us to the apocalyptic brink of devastation, they’re building bunkers to save their own necks while the rest of us are left to fend for ourselves.

Enough is enough.

“We the people” should be demanding a government that works to prevent catastrophe, protects civilian life, respects constitutional limits and remembers that its continued existence is not an end in itself. And if they won’t march in lockstep with our expectations, throw the whole lot of them out.

Because as I make clear in my book Battlefield America: The War on the American People and in its fictional counterpart The Erik Blair Diaries, the danger comes when the government forgets that it exists to serve the people, not the other way around.

A government that survives by abandoning the people and the Constitution has not saved the country.

It has merely saved itself.

The Constitution was not written to ensure that the government would survive at any cost.

It was written to ensure that freedom would survive a tyrannical government.

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This article was originally published on The Rutherford Institute.

Constitutional attorney and author John W. Whitehead is founder and president of The Rutherford Institute. His most recent books are the best-selling Battlefield America: The War on the American People, the award-winning A Government of Wolves: The Emerging American Police State, and a debut dystopian fiction novel, The Erik Blair Diaries. Whitehead can be contacted at staff@rutherford.org.

Nisha Whitehead is the Executive Director of The Rutherford Institute. Information about The Rutherford Institute is available at www.rutherford.org.

They are regular contributors to Global Research.