“La sabiduría de la vida consiste en la eliminación de lo no esencial. En reducir los problemas de la filosofía a unos pocos solamente: el goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura”.
Lin Yutang
Cervantes
Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.
MIGUEL DE CERVANTES Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.
Otro terremoto (JUNIO -2026), encontrándonos nuevamente colonizados: Caracas destruida, el imperio amenazante, las hordas enloquecidas de los nuevos realistas pidiendo a Dios castigo por habernos rebelado contra el poder dominante. El odio frenético, incontenible, enfermizo y delirante, rabioso, de los opositores al chavismo alcanzando niveles catatónicos. Andan echando babas venenosas y volcánicas en sus escritos por las redes, quieren más muertes, aniquilación total de todos los chavistas, devastación total, inclementemente delirantes. Los templos se llenan de falsos cristianos que desean la muerte (¡fariseos e hipócritas!) de los que no piensan como ellos. Rezan y maldicen, rezan y maldicen…
Pero hermanos de la patria: No es hora de llorar, ni mucho menos de acobardarnos, de postrarnos… es hora de valor y de coraje. Es hora de meditación profunda. Es hora también de prepararse para nuevos y terribles combates. Esto que vivimos es parte de una lucha muy larga, después de haber padecido golpes de estado, paros petroleros, guerras económicas, guarimbas, bloqueos, asedios, pandemias, atentados e invasiones. Debemos estar curtidos y seguir curtiéndonos. Voy a citar un párrafo demoledor de Rufino Blanco Fombona: “¿Cuál fue el propósito de Bolívar? Realizar una obra ¿Qué obra era esa? Completar el equilibrio del mundo… Acomete Bolívar su empresa con ardor y nada lo detiene hasta cumplirla. Nada. Ni las mujeres, que tanto le gustan; ni la aclamación lisonjera de las capitales, en las que no permanece… Nada en efecto lo detiene. Nada, ni en los Andes, ni los desiertos, ni los caudalosos ríos del Trópico, ni los Océanos que se cruzan… Nada, ni los monstruos de la guerra a muerte; ni la opinión del país, contraria a la independencia; ni la testarudez heroica de los montañeses de Pasto, que preferían suicidarse a servir a la patria, ni la barbarie de los llaneros venezolanos que servían a Fernando VII y a Boves; ni la superstición ni el fanatismo de las masas, ni la catástrofe del terremoto de 1812”.
Nada lo detiene, sigue diciendo Blanco Fombona: “Ni la acusación de sus adversarios, ni la traición de sus colaboradores, desde Santander (vicepresidente Colombia) hasta Torre-Tagle (presidente de Perú). Nada. Ni la emulación platónica de San Martín, ni la de Rivadavia ni la repugnante de Riva-Agüero, ni la insumisión de sus más heroicos y populares tenientes, desde Piar hasta Mariño y desde Córdoba hasta Páez. Nada, ni la pobreza, ni la ignorancia, ni la enfermedad, ni la muerte, ni la superstición, ni la naturaleza ni la adversidad. Nada… Ha pasado por encima de todo. Con la sonrisa en los labios, o con las lágrimas o la imprecación en los labios, pero ha pasado. Todo se ha opuesto a su designio: él ha triunfado de todo. De la guerra extranjera, de la guerra civil, de la guerra social. De todo. También se ha dicho esto: que sólo él después de Dios, ha creado de la NADA”. ¿Y puede entonces, venir a creerse que tal como estamos en este momento, no es posible hacer NADA?
Nos recuerda Indalecio Liévano Aguirre que el día 26 de marzo, Jueves Santo como el famoso 19 de abril, un tremendo temblor de tierra sacudió las ciudades de Caracas, La Guaira, San Felipe, Barquisimeto y Mérida. “El día del terremoto —cuenta Bolívar—, yo llegué corriendo hasta aquí (la Plaza de San Jacinto) en mangas de camisa porque acababa de dormir la siesta; por cierto que no encontré otra cosa que un lamentable hacinamiento de ruinas (…). En el acto me puse a la obra de salvar víctimas, encaramándome sobre los escombros y gateando en dirección a los sitios de donde salían quejidos o voces de auxilio. Me hallaba en esta tarea, cuando di de manos a boca con el furibundo españolizante José Domingo Díaz, el que no hace más que verme y echarse a comentar con su acostumbrada sorna: — ¿Qué tal, Bolívar? Parece que la Naturaleza se pone del lado de los españoles (…). —SI SE OPONE LA NATURALEZA, LUCHAREMOS CONTRA ELLA Y LA HAREMOS QUE NOS OBEDEZCA (…) —le respondí iracundo.
José Domingo Díaz era un mulato, un horrible seguidor de los realistas, quien sin duda irónicamente quería escuchar la lengua de Bolívar hablándole de que el terremoto ocurría por castigo de Dios al estar rebelándose los criollos contra los españoles. Hoy tenemos millones José Domingo Díaz. Fue gracias a José Domingo Díaz que se conoció la célebre frase de Bolívar: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca», cuando el terremoto de 1812, palabras que el mismo José Domingo Díaz calificó de «impías y blasfemas», para acusar a Bolívar de herejía y ateísmo en su larga lucha ideológica contra los independentistas. Bolívar, indignado le pidió «… que regresara al África».
Aquel terremoto ocurrió el 26 de marzo de 1812 y para peores señales telúricas, ocurrió un Jueves Santo. Los patriotas en aquel momento se encontraban planificando una campaña contra la provincia de Guayana, aún dominada por el imperio capitalista español, a la vez que prepararse para contener la ofensiva enemiga que se desplazaba desde el oeste.Pero entonces contábamos con patriotas, Bolívar todavía no era conocido como el gran hombre que pronto conoceríamos. Hoy seguramente debe encontrarse otro Bolívar en algún lugar de Venezuela, y seguramente pronto lo conoceremos. ¿Hoy con quién contamos?
Aquel terremoto de 1812, fue de 6.2 y duró 26 segundos, éstos del pasado 24 de junio fueron, el primero de 7.2, seguido de otro de 7.5 El de 1812 comenzó a las 4:05 de la tarde y el del pasado 24 de junio, la primera remezón fue a las 6:04 de la tarde a 23 kilómetros de la ciudad de San Felipe, Yaracuy, a una profundidad de 20.3 kilómetros y con una magnitud de 7,2. El segundo con una magnitud de 7,5, 39 segundos después, a 28 kilómetros al sureste de la localidad venezolana de Yumare, y a una profundidad de 10 kilómetros. La duración total estimada del movimiento telúrico fue de unos 3 minutos aproximadamente.
En el de 1812 los grupos de sobrevivientes corrieron a la calle a suplicar de rodillas a cielo que no los castigara más, mientras otros removían escombros para rescatar a los familiares y amigos que gemían pidiendo ayuda. Cuéntase, que las mujeres pudientes, empezaron a cambiar sus vestidos elegantes por trajes humildes en señal de penitencia. Mientras que los hombres pudientes “dejaron sus trajes de gala para hacer procesiones usando únicamente una ancha correa, con los pies descalzos, sus barbas sin afeitar, en sus cuellos una cuerda sujetando una gran piedra y en sus espaldas cruces de madera. Iban a los cerros cercanos a las ciudades a implorar, hambrientos, clemencia divina y a besar reliquias de los santos”.
Hoy están entrando los gringos para planificar el plan que probaron en Haití, con un terremoto y fue 7.0, el cual dejó en 2010 al país totalmente devastado. Este terremoto dejó más de 200.000 muertos en Haití, y la repuesta de Estados Unidos fue profundizar el desastre con la denominada Operation Unified Response, liderada por la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Comando Sur de EE.UU.. En esa ocasión se desplegaron más de 20.000 efectivos militares y civiles para control de la población, entrega de ayuda y evacuaciones.
Photo : en mai 2026, la présidente par intérim Delcy Rodríguez inaugure le Centre de gestion des technologies et des données des hydrocarbures, conçu pour consolider la souveraineté sur le traitement des données de l’industrie pétrolière, gazière et pétrochimique nationale. La Banque de données y protègera plus de 800 téraoctets d’informations géoscientifiques critiques.
La réalité vénézuélienne née de l’enlèvement du Président Maduro et de la députée Cilia Flores, après un combat inégal qui a fait plus de cent victimes, se refuse à toute interprétation hâtive ou moralisatrice. Il s’agit d’un scénario ouvert de survie étatique où le pouvoir, la coercition et l’adaptation pragmatique redéfinissent les règles du jeu. La théorie politique de Hans Morgenthau offre un cadre d’analyse intéressant qui reconnaît « la portée morale de l’action politique » mais considère que « les principes moraux ne peuvent être pris en compte pour comprendre les relations entre les États. Ils changent dans le temps et dans l’espace: les États agissent toujours en fonction du principe moral suprême de survie nationale. ».
ÉTATS-UNIS : DE LA PRESSION MAXIMALE À LA POSITION TRANSACTIONNELLE
Entre 2014 et 2026, Washington a appliqué au Venezuela un processus structuré d’étranglement économique, d’intensité variable. Cependant, dès 2025, ce modèle d’étranglement a pris une dimension concrète : un blocus naval de facto, un déploiement militaire dans les Caraïbes et une opération sans précédent comprenant l’enlèvement et le transfert du président Nicolás Maduro aux États-Unis.
La menace a pris une dimension bien supérieure à celle de la décennie précédente, qui avait déjà fait des milliers de victimes en raison de l’effondrement des services publics et provoqué une migration économique massive. La matérialisation militaire a radicalement bouleversé les prévisions des années précédentes. La logique de la « pression maximale » s’est traduite par la criminalisation des dirigeants chavistes, affublés d’étiquettes telles que « chef du Cartel de los Soles » ou du « Tren de Aragua ». Depuis le décret d’Obama, la caractérisation du Venezuela comme « menace hémisphérique » construisant un récit qui légitimait, même dans son cadre unipolaire, un siège multidimensionnel. Mais les événements du 3 janvier ont constitué l’intervention militaire la plus brutale dans la région depuis un siècle, tant par son échelle que par la technologie déployées. Le Venezuela a été tactiquement surclassé. Washington a d’abord informé directement le gouvernement vénézuélien du décès du président Maduro et lui a présenté un dilemme simple : négocier ou s’exposer à l’anéantissement institutionnel. Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino López et Diosdado Cabello se sont déclarés prêts à subir le même sort, mais la confirmation que Maduro était vivant a ouvert la voie à la négociation.
Depuis, le discours criminalisant le gouvernement vénézuélien s’est estompé. Washington négocie désormais avec les mêmes acteurs qu’il qualifiait de « narcoterroristes » il y a quelques mois. Dans les faits, les États-Unis ont abandonné leur propre rhétorique et reconnaissent le chavisme comme une réalité objective ; ils le présentent même comme un exemple de gestion politique réussie. Le pétrole vénézuélien, auparavant immobilisé dans les zones de mouillage, afflue à nouveau vers les États-Unis et d’autres marchés, contribuant ainsi à stabiliser un contexte mondial bouleversé par la guerre contre l’Iran et le conflit pour le contrôle du détroit d’Ormuz.
Il n’y a pas eu de changement de régime, bien que Washington ait réitéré son « souhait d’un changement de régime », deux concepts qui ne sont pas synonymes. Pour l’administration Trump, le contrôle des hydrocarbures vénézuéliens poursuit un triple objectif : influencer la nouvelle orientation politique à Caracas, obtenir des gains économiques concrets et moduler la réaction des puissances extra-hémisphériques restées dans une position réactive depuis janvier.
Loin de favoriser une transition démocratique classique, un système de contrôle stratégique se met en place, où l’accès au pétrole brut, son exploitation et sa commercialisation constituent le principal instrument de pression politique. Les déclarations triomphalistes de Trump sur le Venezuela (comme sur l’Iran) sont essentiellement de la démagogie : elles visent sa base électorale, qui craignait un « nouvel Irak » dans les Caraïbes, mais pas la population vénézuélienne. Le président instrumentalise ce cas pour faire croire à sa « réussite permanente » en matière de politique étrangère.
La Maison-Blanche estime probablement qu’une intervention directe plus poussée mettrait en péril le statu quo. Une occupation ou une administration directe serait coûteuse et politiquement intenable. Elle préfère donc manœuvrer de manière conjoncturelle et maintenir une forme de pression à travers les « licences temporaires conditionnées » qui, malheureusement pour le Venezuela, subordonnent cette partie du commerce extérieur au Trésor états-unien, qui joue le rôle d’intermédiaire et de superviseur des flux de ressources.
LA DROITE VÉNÉZUELIENNE : FRAGMENTATION ET PERTE D’INFLUENCE
Depuis des années, le spectre de l’anti-chavisme demeure fragmenté en blocs, plateformes et leaders concurrents. Il n’existe pas d’opposition unifiée, mais plutôt de multiples factions aux agendas et tactiques divergents.
L’oligarque d’extrême droite María Corina Machado, bien qu’en représentant une composante importante, fut l’une des premières figures politiques neutralisées après le 3 janvier, jour même où Delcy Rodríguez accédait à la présidence par intérim. L’administration Trump a marginalisé Machado et sa plateforme ; ni son prix Nobel ni son transfert à la présidence états-unienne n’ont compensé sa perte d’influence opérationnelle. L’incapacité de ce courant à diriger les institutions vénézuéliennes a été mise en évidence, car elle ne correspondait pas au principe washingtonien de garantir la stabilité institutionnelle et la gouvernabilité à un moment critique.
Edmundo González, le président autoproclamé élu, s’est retiré de la vie politique. Il est retombé dans l’oubli après une campagne absente, pilotée par Machado, et a renoncé à toute ambition de « mandat » présidentiel, contredisant ainsi le discours de son camp depuis l’élection de juillet 2024. Le parcours de l’extrême droite a été complexe et contradictoire : Machado a annoncé à plusieurs reprises son retour au Venezuela, mais Washington conditionne sa décision ; des élections présidentielles ont été réclamées à court terme, mais des personnalités comme Marco Rubio ont repoussé cette éventualité en proposant un processus en trois phases, de grande envergure et progressif.
Certains dirigeants de cette droite se sont réunis au Panama, ont déclaré la carrière politique de González terminée et ont réaffirmé leur soutien à Machado. Ils ont annoncé une « négociation » avec le chavisme sous l’égide des États-Unis. Cependant, le gouvernement vénézuélien a officiellement exclu cette voie, et Diosdado Cabello, premier vice-président du PSUV, a indiqué qu’aucun dialogue n’avait été proposé avec ce secteur, à ce stade.
L’horizon politique de la droite est incertain. Aujourd’hui, elle est la grande perdante de ce réalignement stratégique. Avec la consolidation de la relation transactionnelle entre Miraflores et Washington, et l’institutionnalisation du contrôle des revenus pétroliers par le biais de licences et de comptes supervisés sur le territoire états-unien, sa capacité de projection est devenue inexistante.
C’est la conséquence directe de la soumission de son leadership, de ses ressources et de son discours au gouvernement états-unien pendant des années. L’ingérence extérieure, qui aurait dû servir de levier de renforcement, a finalement accéléré son affaiblissement systémique, organique et endogène. Elle est prise au piège d’un vide politique, incapable d’imposer une transition et contrainte d’accepter les règles imposées par des acteurs exerçant un contrôle territorial et financier.
Washington perçoit la transition vénézuélienne comme un phénomène continu visant à regagner de l’influence et à repositionner sa présence dans le pays comme dans le reste du continent (notamment face à la Chine), influence qu’elle avait elle-même érodée par ses sanctions et son auto-exclusion économique. Il n’y a pas de subordination de Caracas ; il existe plutôt une dynamique tendue, à la fois pragmatique et négociée selon les circonstances. La direction du chavisme perçoit cette transition comme un repositionnement stratégique : gérer les pressions, nouer des accords pragmatiques sur de multiples fronts – nationaux et internationaux. En témoignent les nouvelles lois protégeant les producteurs nationaux, la récente tournée de Delcy Rodriguez en Inde ou en Turquie, la réunion de la commission de haut niveau de coopération Venezuela-Russie lors du Forum Economique de Saint-Pétersbourg, et la signature de contrats visant à renforcer la capacité de production énergétique mais aussi à reconstruire les services publics détruits par le blocus occidental. Ainsi que le nouveau chapitre politique qu’incarne l’aministie de prisonniers impliqués dans les déstabilisations, ou les consultations nationales de tous les secteurs politiques et sociaux sur de grandes réformes comme celle de la Justice. Une partie de l’opposition y voit le signe d’un « changement de gouvernement » qui donnerait in fine le pouvoir à María Corina Machado. Mais elle manque d’influence réelle et de la structure nécessaire pour promouvoir cette option.
La dissonance entre ces trois visions est abyssale. À court terme, les acteurs capables d’influencer les dynamiques du pouvoir effectif l’emporteront. La droite reste présente, mais reléguée au second plan.
Photos : mai/juin 2026. 1 et 2) Au terme de sa visite de travail en Inde, Delcy Rodríguez s’entretient avec les chercheurs de l’Institut d’études supérieures Sri Sathya Sai, reconnu internationalement pour la qualité et la gratuité de son enseignement technique et scientifique de haut niveau. Au menu : des accords permettant le transfert de connaissances et des programmes bilatéraux de stages professionnels; 3) Réunion de haut niveau en Turquie avec l’équipe du Ministre de l’Énergie et des Ressources naturelles Alparslan Bayraktar.
Photos : 4) Conseil des ministres autour de Delcy Rodriguez pour évaluer et articuler les plans de développement national. 5) Rodriguez lance la Grande Consultation nationale sur la réforme de la Justice, un processus participatif destiné à transformer en profondeur l’administration de la justice pénale. 6) Réunion présidentielle avec 500 invités internationaux de plus de 50 pays au IIe Congrès international des entrepreneurs, à Caracas. 7 et 8) Lors d’une journée de mobilisation nationale contre les sanctions états-uniennes, Rodriguez dialogue avec les habitants de l‘autogouvernement communal « Emperatriz Guzmán » (état d’Anzoategui). Le débat a porté sur la continuité de l’Agenda économique bolivarien à partir des activités socio-productives communales.
LE GOUVERNEMENT BOLIVARIEN : ADAPTATION, PRAGMATISME ET RECONFIGURATION DU CHAVISME
Les dirigeants bolivariens ont adopté une position claire d’adaptation et d’assimilation au contexte. Ils reconnaissent les asymétries économiques, politiques et militaires existantes et négocient avec Washington en position de faiblesse, sans pour autant rester passifs.
Une transition est en cours, certes, mais il s’agit d’une transition du chavisme sur lui-même. Ce scénario s’est déjà produit : en 2006, avec la proclamation du caractère socialiste de la Révolution bolivarienne ; en 2013, après la mort d’Hugo Chávez et l’arrivée au pouvoir de Nicolás Maduro ; et en 2018, lorsque le blocus et les sanctions ont imposé des réformes économiques structurelles, notamment la loi anti-blocus promulguée par Nicolas Maduro et qui annonce la politique actuelle de Delcy Rodriguez. En 2026, le chavisme est à nouveau en pleine transition, avec des objectifs fondamentaux de survie et d’existence.
La structure du pouvoir chaviste demeure quasiment intacte, tant au niveau de sa direction et de ses postes clés que de sa cohésion institutionnelle. Il exerce le pouvoir formel, concentre le poids économique le plus important du pays et constitue un pilier de l’organisation sociale. Celle-ci continue de croître avec la multiplication d’autogouvernements populaires dans l’ensemble du pays. Le chavisme gouverne le Venezuela sur les plans matériel et existentiel.
Certes, il est confronté à une asymétrie de pression financière directe : l’octroi de licences conditionne les flux de revenus, ce qui constitue une violation manifeste et temporaire de sa souveraineté économique. Malgré cela, il surmonte cette situation en négociant des licences plus souples et en exigeant ouvertement, depuis le gouvernement et à travers des mobilisations populaires, la levée des sanctions comme garantie de son autonomie financière. Le gouvernement est convaincu que, par une gestion pragmatique, il peut assurer la survie physique de la République, repousser toute agression directe, maintenir le contrôle de l’État, promouvoir la cohésion nationale, préserver la paix intérieure et éviter un effondrement définitif. Ces conditions sont, en définitive, la protection de la population et la reconstruction de ses droits vitaux.
Cette approche ouvre de nouvelles perspectives : la production pétrolière et les recettes qui en découlent sont en hausse ; l’économie montre des signes de reprise plus vigoureuse, la croissance reste depuis quatre ans la plus forte de tout le continent (CEPAL/ONU) ; de nouveaux investissements affluent et la position internationale du Venezuela devrait s’améliorer. Le gouvernement octroie des concessions pétrolières ciblées qui constituent des incitations et des points de convergence avec Washington. Des secteurs tels que les mines, l’aviation commerciale, les services financiers et l’industrie légère regagnent en importance ou retrouvent leurs niveaux d’avant 2017. Et en 2026, pour la première fois, l’économie non-pétrolière est devenue le principal moteur de la croissance au Venezuela, représentant plus de 65 % du PIB.
Le gouvernement progresse également sur les mesures en suspens, reportées ces dernières années en raison de l’incertitude ou de choix stratégiques, comme le processus complexe de réforme du système judiciaire et certaines décisions économiques.
Caracas ne se contente pas d’exiger la levée des sanctions. Elle autorise l’implantation d’entreprises étrangères, notamment états-uniennes et européennes car, une fois établies, elles contribuent activement à l’amélioration du climat des affaires, malgré les contraintes liées aux licences. Le chavisme sait que le lobbying économique influence de nombreuses décisions à Washington. Les jugements fréquents, hâtifs, sur « le-Venezuela-bradé-aux-multinationales-par-Delcy-Rodriguez » procèdent d’une amnésie ou d’une idéalisation de l’histoire de la Révolution bolivarienne. Les présidents Chavez et Maduro ont toujours signé des accords du type « association stratégique », dans tous les domaines, avec des multinationales du monde entier, et notamment des Etats-Unis. Ce sont ces derniers qui se sont auto-exclus en déclenchant un blocus visant à renverser le gouvernement bolivarien. Aujourd’hui, la souveraineté sur les gisements de pétrole, de gaz ou de minerai reste vénézuélienne. Les accords visent à rétablir les infrastructures abîmées par des années de blocus et à acccroître la production. Pour les Etats-Unis, il s’agit de se repositionner par l’investissement, et de regagner le terrain perdu suite aux mesures coercitives qu’ils ont imposées au pays. Mais pour éviter l’échec et garantir des investissements substantiels et durables, il leur est nécessaire de démanteler progressivement le système de sanctions. Les dirigeants vénézuéliens sont parfaitement conscients de cette dynamique à la Maison Blanche.
Une partie de la stratégie bolivarienne vise à recouvrer une pleine autonomie sur l’acheminement des ressources pétrolières. Les fonds détenus sur des comptes états-uniens, soumis au pouvoir discrétionnaire des États-Unis, représentent un enjeu politique majeur. Ce mécanisme de contrôle, bien qu’auditable – et de fait audité par une entreprise mandatée par le Venezuela –, est intenable à moyen terme : il expose les dirigeants états-uniens à des conséquences politiques internes en cas d’irrégularités, et la dynamique du secteur des hydrocarbures exige des rentrées de trésorerie régulières pour couvrir les frais d’exploitation et assurer le développement des activités. Caracas en est consciente et gère la situation avec une patience stratégique.
Des phrases comme « gagner du temps », « préserver la République » ou « résister », scandées par le chavisme, ont un point commun : la survie. Celle-ci prend un sens concret au sein de l’État-nation en tant qu’entité socioculturelle, dans son intégrité territoriale et au sein de sa population.
Le sort du président Maduro, détenu et jugé, demeure flou. Bien que le gouvernement vénézuélien soit parvenu à convaincre Washington de l’autoriser à financer sa défense avec une équipe d’avocats de premier plan aux États-Unis, l’issue judiciaire et politique reste incertaine et ne semble pas près de se résoudre. La capacité du chavisme à appréhender un contexte intérieur, inédit et complexe est mise à l’épreuve. Au Venezuela, les événements se déroulent plus vite que les cadres d’analyse disponibles. Par conséquent, toute conclusion prématurée sera incomplète et sujette à erreur.
L’avenir est incertain. Le jeu est fait de paris, d’incitations, de risques et de coûts indéniables. Le gouvernement vénézuélien en est conscient et continue de percevoir, au sein des centres de pouvoir de Washington, des facteurs qui menacent sa continuité et aspirent à le remplacer. Rien n’a changé à ce sujet.
L’équilibre actuel, fonctionnel mais fragile, n’est pas permanent. L’architecture qui soutient le statu quo sera modifiée en fonction des aspirations, des erreurs et des réajustements de chaque camp. Elle est exposée à des chocs et à de nouveaux facteurs de complexité. À terme, Washington tentera peut-être une nouvelle agression, ou d’imposer un calendrier électoral et de trouver une solution institutionnelle au chavisme, mais le chemin pour y parvenir est lui aussi incertain. La situation actuelle est un jeu ouvert, où chaque acteur déploie son poids, son pouvoir et sa capacité à gérer la réalité.
Des empires médiatiques, qu’attendre d’autre que l’instantané humanitaire et les ruines apocalyptiques ? Après les campagnes de la dictature, du narco-trafic, de la trahison ou de la soumission aux États-Unis, voici les gros plans émotionnels de l’État failli, du vide de pouvoir, du mécontentement contre l’inaction du gouvernement. Avec, pour objectifs invariables, renforcer la campagne de l’extrême droite contre le gouvernement bolivarien et neutraliser l’opinion internationale en vue d’une intervention extérieure. La réalité est très différente. Vingt-cinq ans de construction d’une puissante organisation populaire, d’une unité civico-militaire voulue par Chávez et d’un État qui, malgré plus de 1000 sanctions et le blocus inhumains des USA et de l’UE, garde pour priorité les services publics, font la différence. Contrairement aux régimes néolibéraux, sans État, où les ONGs servent de relais à « l’impérialisme humanitaire », le Venezuela offre une réponse rapide et massive sur le terrain. La souveraineté alimentaire, et le grand nombre d’infrastructures publiques, ont permis de répondre aux besoins les plus pressants. L’ensemble des ministères, des forces armées bolivariennes, le réseau national des organisations populaires dont plus de 5000 autogouvernements communards, sans oublier la culture solidaire, anti-individualiste, des vénézuélien.ne.s, ont permis de sauver de nombreuses vies et de rétablir rapidement les services publics vitaux, pour passer à la reconstruction. Le personnel courageux de la solidarité internationale, venus de l’ONU et de 27 pays, dont la Chine, la Suisse, la France, Cuba, le Salvador, les Etats-Unis, la Colombie ou l’Inde représente un dixième de la mobilisation nationale.
par Cira Pascual Marquina et Chris Gilbert
Il n’existe pas de catastrophe purement naturelle, surtout dans un pays en état de siège. De même, la réponse à toute catastrophe est toujours conditionnée par des facteurs sociaux, politiques, voire géopolitiques. À la suite du tremblement de terre dévastateur de 1812, survenu pendant la lutte pour l’indépendance, Simón Bolívar déclara : « Si la nature s’oppose à nous, nous la combattrons et la ferons nous obéir. » Aujourd’hui, cette remarque peut paraître choquante — comme une étrange sortie anti-écologique —, mais ce que Bolívar voulait dire, c’est que le projet stratégique d’émancipation doit rester au premier plan et guider nos actions, même face à un défi naturel.
Il convient de garder cela à l’esprit lorsque l’on réfléchit aux séismes qui ont récemment frappé le Venezuela. Le fait naturel est simple : il y a eu un double mouvement de terre, d’abord une secousse de magnitude 7,2 suivie, quelques secondes plus tard, d’une autre de magnitude 7,5. Dans leur sillage, les destructions se sont produites le long de failles naturelles, telles que la faille de San Sebastián qui longe la côte de La Guaira, mais elles se sont également propagées le long de failles créées par l’impérialisme. Au premier rang de celles-ci figuraient les fractures au sein des infrastructures du pays, des capacités de secours d’urgence et du système de santé, causées par plus d’une décennie de sanctions paralysantes.
Ces sanctions, qui sont encore au nombre de plus de 1 000, ne se résument pas à de simples mots et à des intentions hostiles. Les recherches menées par Mark Weisbrot au CEPR à Washington ont estimé qu’elles avaient contribué à quelque 40 000 décès supplémentaires en l’espace d’une seule année. Pour ceux qui ne connaissent pas bien le système financier international, l’impact d’un régime de sanctions de ce type peut être difficile à comprendre. Cependant, le résultat net est que toute transaction internationale devient difficile. Le commerce ordinaire et les lignes de crédit s’effondrent, tandis que les entreprises, les banques et les gouvernements évitent les transactions, même lorsqu’elles sont techniquement légales au regard du régime de sanctions, car elles manquent de certitude et craignent des représailles futures.
Les conséquences touchent tous les aspects de la préparation aux catastrophes et des interventions en cas de catastrophe. Au Venezuela, des millions de personnes ont commencé à émigrer peu après la publication du décret présidentiel d’Obama en 2015, notamment des médecins, des secouristes, des ingénieurs civils et d’autres professionnels qualifiés. Il est devenu plus difficile de réparer les équipements de sauvetage lourds, car les pièces de rechange ne peuvent pas être importées. Les hôpitaux ont eu du mal à remplacer les équipements médicaux spécialisés. Les services publics ont reporté les opérations de maintenance en raison de l’assèchement des financements et de la crainte des fournisseurs de se voir infliger des sanctions secondaires. Même lorsque les transactions sont techniquement légales, les banques et les fabricants font souvent preuve d’un zèle excessif, refusant de participer et obligeant les institutions à improviser dans un contexte de pénurie permanente.
Une deuxième série de fractures s’est ouverte à la suite des attaques impérialistes du 3 janvier contre le Venezuela, au cours desquelles le président démocratiquement élu Nicolás Maduro a été enlevé lors d’une opération militaire qui a fait plus d’une centaine de morts et laissé de nombreuses autres personnes blessées et traumatisées. Bien que la Révolution bolivarienne ait réussi à conserver le pouvoir politique — élément essentiel à tout processus révolutionnaire —, elle a perdu le contrôle des ventes de pétrole du Venezuela (mais ni de la souveraineté sur ses gisements, ni du reste de l’économie) et a été contrainte d’introduire des « réformes » dans la législation très avancée du pays régissant ses ressources naturelles face au blocus occidental, en particulier le pétrole.
Tout cela signifie que le séisme qui a frappé le Venezuela, déchirant à tous égards, a été rendu bien plus meurtrier — tant par son impact immédiat que par ses conséquences à long terme — par des facteurs directement imputables à l’offensive continue et multiforme menée par l’impérialisme américain contre le pays et son peuple. Près de 1 500 décès ont désormais été officiellement recensés, et ce bilan tragique continuera d’augmenter dans les jours à venir. Le nombre total de victimes se fera sentir à plusieurs niveaux, et la lutte pour en atténuer les effets grâce à une réponse efficace, souveraine et coordonnée est désormais un champ de bataille, au cœur duquel se trouve la contradiction avec l’impérialisme américain.
Photo : Des collectes de nourriture, de vêtements, de médicaments et d’autres biens de première nécessité se sont multipliées à travers tout le Venezuela. Ici, des membres d’une commune de Trujillo organisent des dons pour les familles déplacées par le séisme.
Des réactions radicalement différentes
Lorsque le double séisme a frappé, il a été perçu comme une combinaison inquiétante de bruits assourdissants, de secousses prolongées et violentes, et d’un ciel aux couleurs étranges. Un témoin l’a décrit comme « un vent sans vent ». Les gens hurlaient et les chiens étaient pris de panique. Des immeubles entiers se sont effondrés en un amas de décombres, tandis que des fissures se sont ouvertes sur la plage où beaucoup s’étaient rendus pour passer le jour férié. Plusieurs jours après, des personnes restent encore prisonnières sous les décombres. La situation est particulièrement grave dans les villes et villages qui bordent la côte de La Guaira. Sur les réseaux sociaux, des centaines de photos et de noms circulent tandis que les familles recherchent désespérément leurs proches disparus.
Dans une telle situation, il est naturel d’apporter son aide sans penser d’abord à ses propres intérêts. C’est précisément ce qu’ont fait les populations de tout le Venezuela et des pays voisins. Le gouvernement de la présidente par intérim Delcy Rodríguez a également réagi avec rapidité et détermination, en mobilisant les moyens à sa disposition dans l’esprit centré sur le peuple qui caractérise la Révolution bolivarienne depuis trois décennies. Parallèlement à cette réponse officielle, des contributions spontanées massives ont vu le jour : des motos chargées à ras bord de fournitures ont afflué vers les zones sinistrées, tandis que des bénévoles se sont joints à l’immense opération de sauvetage menée par l’État, et que des équipes d’aide venues du Mexique, de Cuba et du Brésil sont rapidement arrivées avec une aide concrète.
Si la compassion anime la réaction du gouvernement vénézuélien et des peuples d’Amérique latine, on ne peut en dire autant de l’impérialisme américain, pour lequel le souci de l’humanité a cédé la place à des motivations de profit, d’expropriation et de domination, et qui a si souvent cherché à tirer profit du malheur d’autrui. Le lendemain du séisme, le secrétaire d’État Marco Rubio a froidement annoncé que le ministère de la Guerre, le SOUTHCOM et les marines joueraient un rôle central dans l’effort d’« aide » américain.
Nous avons déjà vu ce scénario se dérouler. À la suite du séisme dévastateur qui a frappé Haïti en 2010, le cheval de Troie à peine déguisé de l’« aide humanitaire » américaine est arrivé sous la forme d’un porte-avions et de quelque 20 000 soldats au sol. Dans le cas d’Haïti, cette occupation de facto a notamment entraîné une perte évidente de souveraineté, des cas avérés d’agressions et d’exploitation sexuelles, ainsi qu’une épidémie de choléra propagée par les forces d’occupation.
Face aux visées impérialistes, la voix du peuple révolutionnaire vénézuélien s’unit autour de trois revendications : les États-Unis doivent lever complètement les sanctions, débloquer tous les avoirs vénézuéliens et permettre au président Maduro et à Cilia Flores de rentrer au Venezuela. Si ces mesures ne sont pas prises, la présence américaine s’apparente fort à une simple occupation militaire — partie intégrante des ambitions de recolonisation exprimées par l’impérialisme « MAGA » de Donald Trump, avec sa résurgence grotesque de la doctrine Monroe.
À Caracas, tandis que les habitants attendent que leurs logements soient évalués, ils se réfugient soit dans des centres d’accueil, soit campent dans les rues. (Andrew Drum)
La bataille pour le contrôle du discours
La lutte pour défendre de manière globale le peuple vénézuélien, son avenir et ses projets se déroule également sur le terrain des médias et des réseaux sociaux. Des allégations fausses et malveillantes circulent, prétendant que le gouvernement ne réagit pas ou qu’il bloque l’aide humanitaire. Parallèlement, des vidéos provenant de catastrophes sans rapport avec le Venezuela, notamment des tremblements de terre en Turquie, ont été présentées comme des images tournées au Venezuela, accompagnées d’un flot de contenus générés par l’IA. Une grande partie de ces informations provient de l’opposition mécontente de Maria Corina Machado, qui se sent exclue des négociations engagées après le 3 janvier.
Ce qui est vrai, c’est que le grand nombre de conducteurs bien intentionnés tentant de rejoindre La Guaira a provoqué un engorgement de l’autoroute principale reliant Caracas à La Guaira, empêchant temporairement l’arrivée des engins de chantier et des ambulances. De même, tant de personnes, de voitures et de motos se sont rassemblées autour des sites de secours que les voix des personnes coincées sous les décombres étaient difficiles à entendre, ce qui a entravé les opérations de sauvetage. Les équipes de secours nationales et internationales ont demandé qu’on leur laisse de l’espace pour travailler. Le gouvernement a réagi en mettant en place un centre de coordination dans le complexe sportif appelé Poliedro de Caracas, où l’aide civile est collectée puis acheminée par camions là où elle est nécessaire. Au sein de ce centre, les bénévoles sont évalués afin de déterminer où ils peuvent être le plus utiles.
Si la pandémie de COVID nous a appris quelque chose, c’est que seule une réponse dirigée par l’État peut être efficace (1). Les acteurs non gouvernementaux et les particuliers sont les bienvenus, mais ils doivent s’inscrire dans un effort coordonné que seul un État souverain peut mener. Le « grand mensonge » le plus répandu actuellement par les médias étrangers est essentiellement le même que celui qui a toujours été utilisé contre la Révolution bolivarienne : selon ce mensonge, un niveau d’autorité étatique comparable à celui exercé par les gouvernements du Nord – et probablement plus faible – est qualifié d’« autoritaire » dès lors qu’il est exercé dans un pays du Sud. Parallèlement, certains affirment qu’il n’y a pas de réponse gouvernementale, ouvrant ainsi la voie à une intervention extérieure musclée.
Préparation révolutionnaire
Ce double séisme a frappé un pays affaibli par les sanctions, mais renforcé par la Révolution bolivarienne, vieille de 27 ans, qui a profondément façonné tous les aspects de la société vénézuélienne. Si les sanctions ont systématiquement affaibli les infrastructures matérielles du Venezuela, la Révolution bolivarienne a passé plus de deux décennies à cultiver un nouveau métabolisme social. Bien qu’encore en cours de formation, celui-ci est déjà devenu la plus grande source de résilience du pays. Les conseils communautaires, les communes, l’union civilo-militaire et les programmes de logement social ont tous contribué à la capacité du pays à répondre collectivement à la crise.
La révolution n’a cessé de renforcer le parc immobilier du pays. La Gran Misión Vivienda Venezuela, le programme de logement lancé par Hugo Chávez en 2011, a permis de construire des millions de « logements dignes » dans tout le pays. La plupart de ces bâtiments, construits par diverses entreprises chinoises, brésiliennes, biélorusses et vénézuéliennes, ont bien résisté au séisme. Lorsque des bâtiments sont devenus inhabitables – ce qui s’est produit principalement le long de la faille côtière –, ils ont eu tendance à s’incliner plutôt qu’à s’effondrer. Le fait de regrouper les populations dans des immeubles d’habitation plutôt que de les disperser dans des bidonvilles précaires à flanc de colline est également plus sûr, à la fois en raison de normes de construction plus strictes et parce que cela facilite l’action collective et la mise en œuvre de l’aide publique.
Un deuxième facteur est l’alliance civico-militaire promue par Chávez. Ce modèle, désormais intégré par l’ensemble de la population, est devenu le cadre de la réponse combinée du gouvernement, à la fois étatique et bénévole. L’alliance civilo-militaire, que Maduro a judicieusement élargie pour y inclure la police, a toujours été à la fois un dispositif institutionnel — incarné par la milice forte de six millions de membres — et une attitude politique plus généralisée, enracinée dans la conscience de classe tant des civils que des militaires. Son premier terrain d’essai fut la tragédie de Vargas en 1999, précisément là où le séisme actuel a frappé le plus fort. L’alliance civilo-militaire s’est montrée à la hauteur de la situation à l’époque, tout comme elle le fait aujourd’hui.
Enfin, c’est au sein des communes socialistes du pays que se dessine la réponse la plus visionnaire. Des équipes du réseau « Unión Comunera » se sont rendues à La Guaira pour participer aux opérations de secours. Dans la commune d’El Panal, à Caracas, outre l’évaluation de l’état des bâtiments du quartier, les communards ont mis en place plusieurs centres de collecte et sont en train de créer un refuge pour les personnes qui se sont retrouvées sans abri à la suite du séisme.
À l’instar des défis posés par les pénuries alimentaires du milieu des années 2010, les citoyens de tout le pays se tournent vers les communes pour résoudre collectivement les problèmes médicaux et existentiels auxquels ils sont confrontés et pour trouver une voie à suivre. Compte tenu de la force du mouvement communal du pays et de sa solide formation idéologique, il est possible que les communes redeviennent un catalyseur d’une prise de conscience politique renouvelée. En ces temps difficiles, elles pourraient s’avérer décisives pour rallier le peuple vénézuélien autour du projet socialiste, temporairement éclipsé par l’attaque du 3 janvier.
Des années de blocus et d’agression impérialiste ont sans aucun doute affaibli le Venezuela sur le plan matériel. Pourtant, la Révolution bolivarienne a engendré un nouveau métabolisme social qu’il ne sera pas facile de démanteler : un peuple organisé et un ensemble d’institutions capables de répondre aux crises. Si le tremblement de terre a mis à nu les vulnérabilités du pays, il a également révélé où réside sa véritable force : dans le peuple révolutionnaire et dans des transformations sociales et institutionnelles profondément enracinées.
Chris Gilbert est professeur de sciences politiques à l’Universidad Bolivariana de Venezuela, rédacteur collaborateur à Monthly Review et auteur de Commune or Nothing! Venezuela’s Communal Movement and Its Socialist Project (Monthly Review Press), entre autres ouvrages et articles. Avec Cira Pascual Marquina, il est fondateur et coanimateur de Escuela de Cuadros, un programme audiovisuel de formation en philosophie politique.