Mirad a Antígona
la más noble hija y hermana,
se hundió a propósito
miserablemente porque creyó
en nosotros y mantuvo sagrados
nuestros mandamientos.
!Mirad a la desconsolada Niobe!
Nosotros hemos matado a sus inocentes
hijos sólo para poder Acer un indecible
daño a la orgullosa madre.
A ver, quiénes dicen ésto?
Acaso Apolo y Artemisa,
que lamentable con lágrimas
ahora sus acciones?...
No.
Estos dioses olímpicos permanecen
silenciosos y amargos;
y qué mortales se atreverían
a desafiarlos?..
La estatua de Hermes en el Vaticano
exclama compungido: los dioses
griegos sin fijarse demasiado
en sus 'insuficiencias éticas",
sigue diciendo: así ha sido siempre
nuestro actuar. Sólo para nosotros
mismos hemos vivido,
y deparado dolor a todos los demás.
No fuimos buenos y, por esto,
tuvimos que perecer.
La historia tiene que revisar
la conjunción de Antígona y Niobe o,
más bien, la similitud de su destino.
Niobe, la hija de Tantalo,
'la extranjera de Frigia",- como Antígona
la llama- es invocada también por Electra
en la tragedia de Sófocles que lleva
su nombre:
"Sé de que muerte deplorable Niobe,
la noble hija de Tantalo , pereció
en la cuna de Sipilo, dónde como yedra
flexible la roca creciente la envolvió.
Y ahora expuesta a las lluvias, su cabeza
está cubierta de nieves eternas,
y de sus párpados se escapan lágrimas
que bañan sus senos, sin secarse jamás.
En la versión de Holderlin,
Antígona se compara con Niobe,
Y no sólo porque ha de ser enterrada,
como esta, en un sepulcro rocoso;
ella comprende que la hija de Tantalo
a pesar de su discurso genial
se ha convertido en un desierto debido
a los mortíferos años del sol.
(Helios- Apolo).
Holderlin, apartándose de estás líneas
de Sófocles resalta el hecho de que Niobe,
celebrada por su numerosos seguidores,
símbolo de la fecundidad de la tierra,
sufre el castigo , no solo de ser privada
de toda su descendencia, sino de ser
ella misma transformada
en una estéril roca,:
"He oído que ha devenido igual que a un
desierto, la pletorica de vida, la Frigia ,
criada en el regazo de Tantalo,
en la cima de Sipilo'.
Muchos intérpretes de la obra de Sófocles se apoyan aún en la estética de Hegel , según el cual el conflicto entre Antígona y Creonte se debe a un enfrentamiento entre el derecho de familia y el de Estado. Ambas figuras aparecen así justificadas, tanto la que proteje la polis como la que se niega a obedecer sus leyes porque se oponen a lo más sagrado .
Se puede ver también el choque entre el respeto a los mandatos divinos y la lealtad de los decretos profanos.
Reinhardt también descubre en la tragedia de Edipo Rey la oposición entre verdad y apariencia , la hybris, que consiste en no haber querido ver la verdad encarnada en Antígona.
Se sabe todavía que en ciertas comunidades rurales de la vieja Europa, la mujer que pierde un pariente de viste de negro y está de luto riguroso y no lo abandona nunca, porque a ese primer duelo siguen inevitablemente otros en la familia, de manera que ella mantiene " vivo" en el recuerdo los difuntos de la casa, es ella que se ha dedicado a amortajarlos, de velarlos, de llorarlos, y de llevar ofrendas a sus tumbas.
No es extraño pues, que el mundo subterráneo y los dioses que en él reinan sean para Antígona más venerables cc que los que, en el mundo de los seres vivientes, patrocinan las hazañas temerarias del hombre, de la cual la mujer queda excluida.
Eso no lo encontramos en el reino del Hades, la mentira la hayamos en el reino de los vivos, pues la muerte es quizás la única gran verdad que conocemos, mientras que aquí arriba, en la superficie lo más común es precisamente lo superficial, lo efímero, lo aparente, en una palabra, el error .
Los directores clásicos,
muestran en escena a Antígona inmortal,
reencarnación de la verdad,
opuesta a Creonte,
que permanece intacto
hasta la aparición de la maldición
del adivino Tiresias, en la apariencia;
sin embargo el combate característico
en Sófocles se trata de revelar
" la precariedad de toda Voluntad de poder".
Sin embargo Creonte lucha contra el coro,
lo amenaza . Trata de imponer su autoridad que se apoya en el temor que inspira
a sus súbditos.
Pero basta que la desgracia se apodere
de Creonte, para que desaparezca por completo.
No escucha a su hijo Hemon, el orgullo de su masculinidad no puede escuchar las súplicas de una mujer.
Eso produce la fatal decisión de enterrar viva a Antígona. Tampoco escucha por boca de
su hijo , lo que el pueblo dice a sus espaldas.
El quiere ser temido y arrogante.
Ni siquiera se inmuta cuando Hemon
desesperado se retira bruscamente
advirtiéndole que no lo volverá a ver jamás .
Freddy Antonio Torres González. Mérida 2026.


