Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

24 de junio de 2026

Iván Cepeda: «Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente»

 

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De prensabolivariana en junio 24, 2026

El candidato oficialista aceptó los resultados de la segunda vuelta presidencial en Colombia, pero denunció «prácticas que lesionaron la transparencia del proceso y que cuestionan la legitimidad del nuevo Gobierno».

El candidato presidencial oficialista Iván Cepeda informó este miércoles que ha decidido aceptar el resultado de la segunda vuelta electoral en Colombia, donde su contendiente, Abelardo de la Espriella, quedó en primer lugar.

«Como candidato del Pacto Histórico y la Alianza por la Vida, como lo anuncié oportunamente y en este estadio del escrutinio, he decidido aceptar el resultado que surge de dicho proceso y que señala que Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de la República», expresó.

Cepeda aseveró que aceptaba los resultados «como un acto de responsabilidad democrática» y «para contribuir a la convivencia, a la paz y al diálogo entre los colombianos». 

«Creemos profundamente en la democracia y estamos convencidos de que las diferencias políticas deben resolverse mediante la participación ciudadana, el respeto a las instituciones y la deliberación pública», dijo.

Injerencia de EE.UU. y «compra de votos»

El defensor de los derechos humanos hizo la salvedad de que aceptar el resultado electoral «no significa renunciar a la verdad ni guardar silencio frente a hechos que se consideran graves y que marcaron esta campaña presidencial».

Durante su alocución al país, Cepeda recordó que durante el proceso comicial denunció «la abierta e indebida injerencia extranjera en los asuntos internos de Colombia, particularmente las intervenciones realizadas desde el Gobierno de EE.UU., y en particular del presidente Donald Trump, a favor de la candidatura de Abelardo de la Espriella».

También se refirió a la denuncia que hizo sobre la «masiva compra de votos destinada a alterar la libre expresión de la voluntad popular y también advertimos que usó sofisticadas estrategias de manipulación mediante tecnologías de inteligencia artificial».

«No aceptamos esas prácticas que han lesionado la transparencia del proceso y que cuestionan la legitimidad del nuevo Gobierno».

Según el preconteo de la segunda vuelta realizada el domingo, De la Espriella obtuvo el 49,6 % de los votos (12.959.542), frente al 48,7 % de los votos (12.708.712) alcanzado por el candidato de la izquierda, Iván Cepeda. La diferencia es de solo 250.830 sufragios de entre más de 25,6 millones emitidos.

Tras los comicios, Cepeda anunció que impugnó 33.000 mesas de votación y que solo aceptará los resultados definitivos del escrutinio porque el preconteo «no es oficial ni vinculante».

Por su parte, Petro mostró un perfil más de confrontación, ya que denunció que Israel estaría detrás de un supuesto ‘hackeo’ del ‘software’ electoral para alterar los resultados en favor de De la Espriella.

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La estrategia de escalada de Trump 2.0 contra Rusia comienza a tomar forma.

 

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De prensabolivariana en junio 24, 2026

Estados Unidos se está preparando para intensificar radicalmente el conflicto ucraniano durante el próximo año.

La decisión de Trump de firmar la « Declaración conjunta de los líderes del G7 sobre cuestiones geopolíticas », que exige más armas para Ucrania y sanciones contra Rusia, indica que ahora optará por una estrategia de « escalada para desescalada » (E2DE) mediante una « guerra de desgaste » liderada por Ucrania. La UE respaldará esta campaña incondicionalmente, y el segundo Trump buscará obtener el control de las empresas rusas de recursos naturales como su principal objetivo, mediante la venta coercitiva de acciones, bajo la amenaza de que Ucrania, con el apoyo de la OTAN, continúe los ataques contra la infraestructura asociada si Putin se niega.

Los contornos de la estrategia E2DE de su administración comienzan a definirse. Casi dos semanas antes de firmar la declaración conjunta mencionada, la Cámara aprobó un proyecto de ley que proporcionaría más de mil millones de dólares en ayuda para la seguridad y la reconstrucción. Además, destinaría otros ocho mil millones de dólares a la defensa de Ucrania mediante préstamos. Al margen de la Cumbre del G7, Trump declaró que pronto reimpondría sanciones petroleras contra Rusia, lo que perturbaría el equilibrio de poder entre Putin y China .

Casi al mismo tiempo , “un grupo de senadores estadounidenses presentó un proyecto de ley que enmendaría la legislación vigente para permitir que Ucrania utilice activos confiscados al Banco Central de Rusia y otros activos soberanos rusos para comprar equipo militar”. Todo esto coincidió con informes de que el Senado también introdujo una cláusula en la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) de 2027 que solicita apoyo continuo de inteligencia a Ucrania durante todo el próximo año para ayudarla en su empeño por reconquistar su territorio perdido ( y posiblemente más ).

Para colmo, Zelensky expresó poco después su confianza en que Trump cumplirá con su interés explícito en permitir que las empresas estadounidenses fabriquen misiles de defensa aérea (y probablemente también otras armas) en Ucrania, lo que aumentaría enormemente las consecuencias si Rusia ataca estas instalaciones. Por supuesto, a Estados Unidos le llevará tiempo reponer su propio arsenal de misiles después del Tercer Reich. Golfo Guerra , pero todo está claro y se lee que Trump 2.0 se está preparando para intensificar radicalmente el conflicto ucraniano .

En concreto, se espera que su estrategia E2DE siga de cerca lo que el Wall Street Journal describió el otoño pasado y que se analizó aquí en su momento: ayudar a Ucrania a superar las capacidades de drones de Rusia, imponer más sanciones secundarias y provocar disturbios en Rusia. Para ello, las iniciativas de la Cámara de Representantes y el Senado reforzarán las capacidades de ataque de Ucrania (incluidos los misiles de largo alcance), mientras que la amenaza de sanciones de Trump abordará la segunda parte. Esta combinación podría generar disturbios en Rusia.

Para ser claros, es improbable que esa fase final se materialice, ya que el diverso pueblo ruso permanece unido debido a su profundo conocimiento de las implicaciones existenciales de este conflicto en lo que respecta a su gran objetivo estratégico de «balcanizar» su civilización-estado , además de que tampoco son propensos a protestar mucho. Sin embargo, Estados Unidos se prepara para intentarlo de todos modos, con la esperanza de generar al menos suficiente desaprobación del statu quo como para que el partido gobernante Rusia Unida se vea obligado a formar una coalición tras las próximas elecciones a la Duma en septiembre.

De cara al futuro, se están sentando rápidamente las bases para que un segundo mandato de Trump centre el próximo año en Rusia, y la posible recuperación del Congreso por parte de los demócratas, o al menos de una de sus cámaras, tras las elecciones de mitad de mandato de noviembre, podría facilitarlo. Si Rusia no logra sus objetivos antes de que eso ocurra o no llega a un acuerdo razonablemente justo para entonces, no habrá ninguna posibilidad realista de alcanzar dicho acuerdo hasta 2029 como muy pronto, lo que significa que solo la victoria o la derrota serían posibles antes de esa fecha. El tiempo se acaba.

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Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen” y “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.@AKorybko

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Lean este interesante trabajo de Miguel Posani: ¿PARA QUÉ LA UNIVERSIDAD?

 

«Sé que voy a herir muchas susceptibilidades románticas y me disculpo de antemano»

La universidad nació en occidente hace aproximadamente unos 1000 años como una promesa radical: construir y transmitir conocimiento al margen del poder eclesiástico y feudal. Sus fechas fundacionales marcan toda una época de esa rebeldía gremial en donde las prácticas sociales necesitaban de conocimiento acumulado y libertad de investigación.

– Bolonia (1088): primera universidad occidental organizada por estudiantes que contrataban a sus profesores.

– París (c. 1150): Modelo opuesto a Bolonia, gobernado por maestros. Cuna de la escolástica y las facultades.

– Oxford (c. 1096 – 1167): síntesis de enseñanza tutorial y colegios.

– Padua (1222): Fundada por académicos y estudiantes que se marcharon de Bolonia en busca de mayor libertad académica. Fue un refugio para el pensamiento científico. Galileo Galilei enseñó allí.

Como ya señalamos las universidades como invento tecnológico tienen unos mil años, no han sido eternas. Han sido estructuras institucionales con ciertos fines. La universidad se fundó sobre la premisa de la escasez, el conocimiento era un bien escaso, concentrado en bibliotecas, laboratorios y en la mente del catedrático. El aparato universitario administraba el acceso a esa escasez.

Se dirá: el mejor invento para transmitir el conocimiento han sido las universidades. Una máquina tecnológica auto perpetuante. La universidad toma el flujo caótico del pensamiento y la experiencia humana y lo codifica.

Organizó el saber en «disciplinas» (un término que ya delata control), dividió el tiempo en semestres, fragmentó el conocimiento en asignaturas y calificó el pensamiento mediante algoritmos de evaluación (notas del 1 al 20, o de la A a la F).

Es una máquina de estandarizar subjetividades para que los individuos sean «legibles» y funcionales para un sistema social o económico. Es más, la universidad decide qué es «conocimiento válido» y qué es «pseudociencia» o «saber profano». Al igual que un algoritmo de búsqueda de Google decide qué páginas indexar y cuáles enviar al olvido, la estructura universitaria actúa como el gran filtro tecnológico que programa la verdad de una época.

Pero como ya dijimos, no son eternas, como aparentemente se nos hace creer por una tendencia muy humana de tratar de naturalizar y perpetuar todo. Hoy esa forma de tecnología está en crisis. Las tecnologías digitales e híbridas no son meras herramientas que la universidad puede «adoptar», sino que son fuerzas que disputan su monopolio histórico sobre la verdad y el saber.

Hoy, el problema no es la falta de información, sino su exceso desmedido. La red satura la atención y crea un tipo de vacío paradójico: un ruido constante donde es casi imposible discernir lo sustancial de lo banal. Al democratizarse —y mercantilizarse— el acceso al dato bruto, el rol de la universidad como «proveedora» de contenidos queda obsoleto. Si un estudiante puede acceder al estado del arte de cualquier disciplina en segundos, la clase magistral basada en la mera transmisión de información se convierte en un anacronismo.

Y esta crisis se acentúa por varias vertientes, como por ejemplo el decreciente nivel intelectual (por ejemplo, incapacidad de leer y comprender un párrafo) con el que llegan los nuevos estudiantes, fruto de la constante exposición a las redes y a su entrenamiento en el entretenimiento. Mientras, los colegios se han vuelto en estacionamientos de cuerpos adiestrados a obedecer e interiorizar las normas del orden industrial.

Los modelos de IA y el flujo líquido de la red operan a una velocidad exponencial. Un campo del saber puede mutar por completo en cuestión de meses. Esto genera una brecha insalvable, para cuando una junta curricular aprueba un nuevo programa de estudios, la realidad tecnológica y social de la calle ya lo ha dejado obsoleto. El aparato analógico pierde la carrera de la actualización.

Durante estos mil años las universidades han mantenido funciones concretas y características sin que nadie se las discutiera, tenían funciones específicas que hoy han sido absorbidas por las redes digitales y por realidades específicas ligadas a trasnacionales: creación y transmisión de conocimiento, discusión y debate crítico, certificación de saberes, red de contactos intelectuales, y acceso a fuentes primarias. Hoy todo eso está cada vez más en las redes.

La red social o el foro especializado ofrecen hoy lo que antes solo daba la universidad: respuestas rápidas, pares que te corrigen, validación por reputación digital. Pero estemos atentos, esa competencia no es complementaria; es sustitutiva. Y está vaciando de funcionalidades a la universidad tradicional, dejándola con tareas que las redes todavía no hacen bien, (profundidad, rituales de iniciación y acreditación oficial) o que ya nadie demanda. Esto acerca a muchas de estas instituciones a la imagen de un mausoleo o museo. Un ejemplo son las bibliotecas universitarias que ya no aceptan donaciones porque no saben que hacer con tantos libros y consultas escasas.

A ese vaciamiento se suman fracturas internas:

– Masificación sin recursos: la universidad pasó de élite a multitud, pero mantuvo estructuras artesanales.

– Síndrome de la empleabilidad, ya no se pregunta “¿para qué sirve la universidad?”, sino “¿para qué título me contrata el mercado?”. Las especialidades agonizan sustituidas por la IA, así como la capacidad de lectura y comprensión también.

– Corrupción epistemológica, el “publica o perece” convirtió la investigación en métricas vacías. Hoy los datos se torturan hasta confesar. Además, con la disrupción de la IA se observa una estúpida cacería de brujas a través de su “prohibición” cuando es inevitable su uso. Se continúa el mecanismo de los trabajos y tesis escritas, que ya son una simulación, en vez de buscar otros mecanismos.

Las redes no solo compiten, han vuelto en muchos aspectos redundante el modelo presencial que tratan de mantener algunos, de forma romántica. Durante la pandemia vimos que un profesor grabado en YouTube y un foro o chat pueden reemplazar el 80% de un curso universitario. ¿Para qué trasladarse a la universidad si las funciones que definían a esta —transmitir, certificar, conectar, debatir— ya se hacen mejor, más barato y más rápido en internet?

La universidad ya no es el único lugar donde se aprende a aprender. Ya no es el único sitio donde se construyen redes profesionales. Ni el único espacio donde se accede a fuentes primarias. Cada una de esas funciones ha sido externalizada a plataformas sin muros, sin ritualidades, sin matrículas anuales y sin burocracia de sostén.

Es más, ya no se necesita pasar por el filtro institucional para obtener una síntesis de conocimiento o un diploma; la red te la provee a la carta. Esto hiere de gravedad al fetichismo del título y obliga a preguntarse: si la universidad ya no es el único árbitro de la verdad ni la única llave al empleo, ¿qué es?

Pero estemos claros no habrá apocalipsis universitario. Habrá metamorfosis.

Hoy aparecen al menos cinco rasgos:

– Fragmentación curricular. Ya muchas carreras son obsoletas frente a una realidad vertiginosamente cambiante.

– Deslocalización híbrida: 70% del aprendizaje en entornos virtuales.

– Fin de la particularidad académica. Hoy las corporaciones generan dentro de ellas sus centros de investigación y academias.

– Evaluación por evidencia: portafolios digitales, no exámenes memorísticos.

– Universidad como servicio, no como lugar, aparecen las redes de acreditación sin sede física.

Pero algo se pierde: la lentitud que madura el pensamiento, el encuentro casual, la corrección cara a cara, la socialización, el enraizamiento, la comunidad. Las redes, en cambio, son anónimas; rápidas pero superficiales. El duelo es inevitable. Un aspecto social de la interacción que se generaba en las universidades está desapareciendo y no hay sustituto.

La universidad que viene no será torre de marfil ni centro de formación profesional. Será otra cosa, más porosa, más modular, menos reverente. Para que no muera, tendrá que aceptar que su monopolio sobre la certificación y la transmisión del saber ya se disolvió en redes, foros y plataformas. Su nueva función será aquello que las redes no pueden hacer bien: garantizar profundidad, generar grietas y mantener los momentos de encuentros fortuitos, ofrecer tutoría humana presencial y preservar el espacio crítico fuera del algoritmo. Al menos esta es una ilusión positiva, optimista y romántica.

La mutación no es el fin. Es el parto de un híbrido. Dolerá, pero el cadáver del siglo XX apenas respira. Se ha convertido en una máquina de certificación de exámenes. Ya desde hace tiempo ha sido así y muchos no se quieren dar cuenta.