Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

13 de septiembre de 2026

¿Hasta dónde llegará Trump amenazando la integridad territorial del Reino Unido?

 


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De prensabolivariana en septiembre 13, 2026

Sus declaraciones sobre la disputa con Argentina y la reunificación irlandesa han causado alarma en Londres.

A principios de septiembre, Trump bromeó diciendo que Estados Unidos podría no acudir en ayuda del Reino Unido en caso de otra guerra con Argentina por lo que Londres denomina las Islas Malvinas y Buenos Aires considera las Islas Falkland, dado que no ayudó a Estados Unidos en la Tercera Guerra del Golfo . Poco más de una semana después, tras su reunión con el primer ministro irlandés en Dublín, Trump declaró que Irlanda se reunificará algún día y que «sería algo magnífico». Estas declaraciones, como era de esperar, enfurecieron a muchos británicos.

Puede que haya algo más detrás de estas declaraciones que simples provocaciones de Trump, como algunos especulan, o que simplemente muestren su descontento con el Reino Unido por no haber ayudado a Estados Unidos en la Tercera Guerra del Golfo. Es posible que su administración esté considerando una ruptura con el Reino Unido como parte de su Estrategia de Seguridad Nacional . Cabe recordar que condenó duramente a países europeos no identificados por su censura radical y las transformaciones demográficas impulsadas por la inmigración masiva procedente de países con culturas muy diferentes, dos aspectos relevantes para el Reino Unido.

Los tres factores —la falta de ayuda del Reino Unido a Estados Unidos en la Tercera Guerra del Golfo, su censura radical y su creciente divergencia cultural con Estados Unidos— podrían haber contribuido a que su equipo considerara seriamente el fin de la «relación especial» de su país con el Reino Unido. Si bien el Reino Unido ha contribuido a promover los intereses estadounidenses frente a Rusia, la reorganización del flanco oriental de la OTAN en bloques subregionales liderados por Suecia , Polonia y Turquía reduce la importancia de Londres, otorgando así mayor flexibilidad a Washington.

Quizás con esta flexibilidad en mente, Estados Unidos decidió presionar al Reino Unido mediante los comentarios mordaces de Trump sobre sus islas en disputa con Argentina, la reunificación irlandesa y, a principios de año, su acuerdo con Mauritania sobre las Islas Chagos . El Reino Unido ya sabe qué le disgusta a Estados Unidos, por lo que puede cambiar sus políticas (al menos aceptando ser el socio menor de Estados Unidos en todos los conflictos futuros en los que se vea involucrado) o enfrentarse a amenazas a su integridad territorial respaldadas por Estados Unidos .

Por supuesto, la coerción especulativa de Estados Unidos sobre el Reino Unido, antes mencionada, podría terminar si un demócrata regresa a la Casa Blanca, algo con lo que el Reino Unido podría contar y que podría ser la razón por la que no acataría las órdenes. Es demasiado pronto para saber qué hará, ya que Trump intensificó recientemente su retórica al abordar estos dos temas territoriales tan delicados en el contexto de las tensiones políticas bilaterales por la Tercera Guerra del Golfo. Sin embargo, el Reino Unido también podría desafiar abiertamente a Estados Unidos, quizás pensando que Trump está fanfarroneando.

Es una incógnita qué medidas podría emplear Estados Unidos para ayudar a poner fin al control británico sobre sus islas en disputa con Argentina e Irlanda del Norte, y es posible que un demócrata reemplace a Trump antes de que logre un progreso tangible en este sentido, pero el Reino Unido también tiene ases bajo la manga. Podría intensificar seriamente las tensiones con Rusia por múltiples medios, tanto directamente en el mar como indirectamente a través de sus aliados. El Bloque Vikingo ( especialmente Estonia ) y/o Ucrania , ya sea por venganza o para señalar tal intención como medida disuasoria.

Si bien podría parecer que el Reino Unido podría lograr que Estados Unidos reconsiderara su apoyo a las amenazas a su integridad territorial frente a Argentina e Irlanda, un acercamiento entre Rusia y Estados Unidos eliminaría la influencia de Londres. Por lo tanto, es posible que Trump no actúe conforme a sus amenazas implícitas hasta después de llegar a un acuerdo con Putin, pero dado que no se vislumbra tal acuerdo, es posible que no tome ninguna medida contra el Reino Unido si este se niega a subordinarse como socio menor de Estados Unidos en todos los conflictos futuros en los que Washington se vea involucrado.

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*Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen” y “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.@AKorybko♦

Utopías en disputa: capitalismo, socialismo y comunismo



El planteamiento toca un punto que suele pasarse por alto en los debates políticos: la confusión entre utopía como horizonte y utopía como programa de gobierno. Si el comunismo es la utopía, el socialismo sería apenas su antesala; pero muchos partidos que se llaman socialistas han convertido al socialismo mismo en la meta final, desplazando al comunismo a un lugar retórico o directamente abandonándolo. Vale la pena desentrañar esa tensión.

1. ¿Qué es una utopía?

La palabra nace con Tomás Moro en 1516 (Utopía, "no-lugar"). Desde entonces designa dos cosas distintas que conviene separar:

a) La utopía como horizonte regulativo: una imagen de sociedad perfecta que orienta la crítica del presente, pero que nunca se realiza plenamente. Kant la llamó "idea regulativa"; no describe lo que hay, sino lo que debería guiar la acción.

b) La utopía como proyecto técnico: un plano que se cree realizable paso a paso, con ingeniería social incluida. Aquí la utopía se vuelve peligrosa, porque justifica cualquier medio en nombre del fin.

2. El capitalismo como utopía

Es curioso llamar utópico al capitalismo, porque se presenta como lo contrario: realismo puro, "no hay alternativa". Sin embargo, su núcleo es utópico en un sentido preciso. Supone que el mercado autorregulado produce el bien común sin necesidad de virtud ni de coerción. Adam Smith hablaba de la "mano invisible"; Hayek hablaba del orden espontáneo; Friedman, de la libertad de elegir. En todos hay una fe: que la suma de intereses privados converge en beneficio colectivo. Esa fe tiene un componente claramente utópico. La competencia perfecta, la información simétrica, la movilidad de factores, la ausencia de poder de mercado. Nada de eso existe empíricamente. Es un modelo límite, un "no-lugar" económico. El capitalismo real, con monopolios, crisis cíclicas, desigualdad estructural y externalidades ambientales, es la aproximación imperfecta a esa utopía.

3. El comunismo como utopía

El comunismo, en Marx, no es un plan de gobierno, es una fase histórica que sucede a la superación de la propiedad privada de los medios de producción, con las siguientes características: abolición de clases, del Estado (que se extingue), del trabajo alienado, distribución según necesidades. Es, en términos estrictos, una utopía en el sentido de Moro, un no-lugar que sirve para criticar el presente capitalista. Marx fue explícito, no escribió "recetas para el futuro". El comunismo es el movimiento real que niega el orden existente, no un modelo a implementar. Eso lo distingue de los "socialismos utópicos" de Owen, Fourier o Saint-Simon, a quienes Marx y Engels criticaron precisamente por diseñar sociedades ideales en lugar de analizar las contradicciones del capitalismo.

4. El socialismo: ¿transición o utopía?

Aquí está el nudo. En la teoría marxista clásica, el socialismo es la fase inferior del comunismo. Todavía hay Estado, todavía hay distribución según trabajo, todavía hay desigualdad residual. El comunismo es la fase superior. Es decir, el socialismo no es utopía, es un periodo histórico concreto, con instituciones concretas (planificación, propiedad estatal o colectiva, dictadura del proletariado en la versión leninista). Pero en la práctica política del siglo XX y XXI, muchos partidos socialistas, socialdemócratas, laboristas, socialistas del sur global, abandonaron el comunismo como horizonte y convirtieron al socialismo en la meta. Ya no hablan de extinguir el Estado ni de abolir las clases; hablan de justicia social, redistribución, servicios públicos, regulación del mercado. Eso no es utopía en sentido fuerte, es un programa reformista dentro del capitalismo.

La pregunta incómoda es: ¿ese socialismo reformista sigue siendo una utopía, o es solo una versión más humana del capitalismo? Para los marxistas ortodoxos, es lo segundo: una gestión del capitalismo con rostro humano. Para los socialdemócratas, es lo primero: la utopía posible, realizable, sin los costos del comunismo histórico.

5. El desplazamiento de la utopía

La utopía se ha desplazado. En el siglo XIX, la utopía era el comunismo. En el siglo XX, tras los fracasos del "socialismo real" (URSS y China maoísta), la utopía se volvió el socialismo democrático. En el siglo XXI, muchos partidos de izquierda ya ni siquiera hablan de socialismo: hablan de "justicia social", "derechos", "transición ecológica". La utopía se ha vuelto mínima, defensiva. Esto tiene una explicación, el capitalismo ganó la batalla de la imaginación. Thatcher lo dijo sin rodeos: "no hay alternativa". Si no hay alternativa, la utopía se vuelve peligrosa, porque parece irreal. Entonces la izquierda se refugia en lo posible: reformas, no revoluciones. Pero hay una contrapartida, el capitalismo también tiene su utopía, y también es irrealizable. La diferencia es que el capitalismo no necesita realizarla para funcionar: le basta con que la gente crea que es el único sistema posible.

6. ¿Son realmente dos utopías?

La premisa de que existen dos utopías, capitalismo y comunismo, es discutible. Yo diría que hay tres. La utopía liberal-capitalista: mercado autorregulado, libertad individual, prosperidad general; la utopía socialista-reformista: justicia social, igualdad, servicios públicos, democracia económica; y, la utopía comunista: abolición de clases, Estado extinguido, distribución según necesidades.

Las tres son no-lugares. Las tres orientan la acción. Las tres, si se toman como proyectos técnicos, producen monstruos: el capitalismo produjo colonialismo, crisis y desigualdad masiva; el socialismo real produjo autoritarismo y burocracia; el comunismo nunca se realizó, pero sus intentos derivan en lo mismo.

El socialismo ha dejado de ser transición para convertirse en utopía para muchos partidos. Pero eso no es necesariamente una traición: puede ser una maduración. Quizá la utopía no deba ser un destino final, sino una brújula que orienta sin pretender llegar. El capitalismo y el comunismo comparten un pecado original: ambos creen que la historia tiene un final. El capitalismo lo llama "fin de la historia"; el comunismo, "sociedad sin clases". Ambos son relatos. Quizá la única utopía defendible sea la que renuncia a realizarse: la que sirve para criticar el presente sin pretender clausurarlo. 

Nuevo colonialismo y crisis en las resistencias por Raúl Zibechi

Cuando la fuerza armada permite a una potencia gobernar otros territorios y naciones, de forma directa o indirecta, y hacerse con el control de los principales recursos, despojando pueblos enteros de sus riquezas, estamos ante una relación colonial profundamente asimétrica que podemos calificar de vasallaje. Es el tipo de vínculos que Estados Unidos está imponiendo allí donde puede, para fortalecer su economía, contener a China y asegurarse la dominación del mundo occidental.

Lo que están haciendo desde el 3 de enero, cuando invadieron Venezuela y secuestraron al presidente y a su pareja, es toda una declaración de intenciones, un verdadero programa que anticipa nuevas intervenciones. Lo que han conseguido es tremendo: el control mayoritario de diecisiete campos petroleros venezolanos con 65.000 millones de barriles de reservas probadas, alrededor del 22% de las reservas totales. Aunque hay varias versiones, se trata de un acuerdo por 25 años (según Trump, por cien). 

Se menciona que habrá 100.000 millones de dólares en inversión y unos 209.000 millones de dólares en regalías e impuestos para el Estado venezolano en los primeros 25 años, a través del desarrollo de diecisiete campos petroleros estratégicos con un objetivo de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios. Hay discrepancias hasta en los años que duraría el acuerdo, porque la opacidad es lo que predomina, como en cualquier relación colonial asimétrica en la cual el patrón no tiene por qué dar explicaciones. Ni siquiera se han firmado contratos. 

El acuerdo se viabilizaría a través de North American Blue Energy Partners (Nabep), la sociedad mercantil que ha recibido los derechos de explotación de los pozos. El Gobierno de Estados Unidos tiene una participación accionaria del 35% en la matriz de Nabep, a través de la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra, y un 20% garantizado de la producción a precio de costo para el Departamento de Estado, además de derecho de primera opción sobre el 80% restante («El País», 3-IX-2026). 

Es increíble que la presidenta Delcy Rodríguez haya dicho que «Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre sus recursos». Más increíble aún es que quienes hicieron gala de un fuerte antiimperialismo verbal, poco después del secuestro de Maduro, la Asamblea Nacional, controlada por el chavismo, aprobara por unanimidad la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, que permite el ingreso del capital extranjero a Venezuela. 

El cambio es tan abrupto que reina el desconcierto en casi toda la izquierda continental. Este es un efecto activamente buscado y ampliamente deseado por la Casa Blanca y el Pentágono, ya que en medio del caos y la confusión es como mejor hacen avanzar sus intereses. Más confusión aún cuando el chavismo y la oposición, como buena parte de los venezolanos, están divididos, sin acertar a una lectura adecuada de la situación. El oficialista PSUV apoya a la presidenta y Diosdado Cabello, su máximo dirigente, que en diciembre de 2025 prometió «ni una gota» de crudo hacia Estados Unidos, hizo una pirueta difícil de explicar apoyando ahora la nueva relación de vasallaje con Washington. 

Todavía hay muchas personas honestas que aseguran que el chavismo en el gobierno está «maniobrando» ante una situación difícil, pero que mantiene enteros sus valores, mientras otra parte de la izquierda regional los considera «traidores» sin más. Sin embargo, no conozco una evaluación serena que permita comprender lo que está sucediendo, sin adjetivos y con argumentos razonados. Propongo varias cuestiones a tener en cuenta. 

La primera es que el Pentágono desató una ofensiva militar tan brutal, con complicidades internas, que muestra una impresionante asimetría en cuanto a capacidades de destrucción y de acción directa sobre el terreno. Esto puede explicar el repliegue de algunas personas, pero no alcanza para entender porqué se pasaron al campo vencedor. Resistir tiene un costo tremendo, pero todo indicaba que el chavismo estaba dispuesto a no dejarse porque, recordemos, según sus palabras, se trataba de una «revolución». 

La segunda es que el problema no puede haber comenzado el 3 de enero de 2026. Nadie cambia tanto en 24 horas. Esa necesario rastrear lo que venía haciendo la cúpula chavista desde años, y todo indica que ejerció una fuerte represión contra su pueblo y que sus principales cuadros vivían cómodamente, sin duda como consecuencia de una extensa y tolerada corrupción. De esto se habló mucho durante los años dorados de la «revolución bolivariana», pero no puede esconderse que la mayor parte de las izquierdas lo negaban. 

La tercera son las tremendas lecciones que esto nos deja. La principal es corroborar que los planes del imperio en su momento decadente lo están llevando a una guerra interminable contra los pueblos y los países del Sur Global. La intensidad de esa guerra de exterminio podemos apreciarla en Gaza y en Cisjordania, pero también en Irán y en Cuba, y nada indica que vaya a tener un final. Entre los analistas ya es un lugar común hablar de armas nucleares tácticas, que podrían ser usadas con el pueblo iraní y, quien sabe, contra aquellos que resistan al imperio. 

Pero también nos deja la lección de aprender a escuchar con cautela a los dirigentes, no a seguirlos de forma irreflexiva. En particular, cobra especial relevancia la necesidad de distinguir entre pueblos y gobiernos. Los primeros merecen nuestra solidaridad incondicional. Los segundos adquieren fácilmente un perfil represivo, sobre todo en estos momentos tan dramáticos. El caso de Irán, es muy claro: apoyar al sufrido pueblo iraní no implica respaldar a una teocracia que ha cometido crímenes y abusos. 

Nos está haciendo falta debatir y estudiar en serio, porque, en los momentos de confusión como el actual, no vamos a llegar muy lejos repitiendo viejas consignas. Por lo menos en este continente, vemos crisis en las organizaciones populares y confusión entre sus militantes. 

fuente: https://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/nuevo-colonialismo-y-crisis-en-las-resistencias

Así se forjo el narcotráfico: la primera y la segunda guerra del opio de Inglaterra contra China.

 


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De prensabolivariana en septiembre 13, 2026

La Compañía de las Indias Orientales se iniciaría en el negocio de los estupefacientes en 1715, pero ella no era la primera en hacerlo.

Siendo así entonces que, la Compañía de las Indias Orientales no entraría en grande al narcotráfico, sino hasta después de las victorias militares de 1757, puesto que ellas, le permitirían hacer de Bengala una colonia británica. Pero aún después de ello, la beneficiaria de la incursión en el comercio del opio no sería Gran Bretaña, ni siquiera la propia Compañía de las Indias Orientales.

Pese a que, la Compañía había sufragado los costos de la expedición militar de 1757, no obtendría ganancia alguna, puesto que el lucro del comercio del opio iba a dar a los bolsillos de los funcionarios de la Compañía que residían en la India. Así que, varias veces la Compañía tendría que solicitar al Parlamento que la rescatara.

Contexto en el cual, entraría en escena Lord Shelbourne, reorganizando la Compañía, hasta convertirla en un instrumento central de la explotación de estupefacientes para sustento del Imperio. Toda vez que, una vez concluida la guerra revolucionaria con las colonias americanas, la deuda nacional británica alcanzaría la suma de 240 millones de libras. Y dicha deuda, anualmente absorbería de Gran Bretaña más de la mitad de los ingresos del gobierno.

Situación que se agravaba, a partir de la Liga de la Neutralidad Armada, una alianza europea antibritánica formada durante la guerra, y a partir de la cual, Francia arrebataba a Inglaterra la mayor parte del mercado europeo en bienes tales como el lino, los textiles y la ferretería.

Hechos ante los cuales, Shelbourne propondría ampliar el tráfico de opio, así que, realizaría una alianza con la facción de la Compañía de las Indias Orientales que encabezaba Laurence Sullivan, cuyo hijo era subcontratista a cargo del monopolio privado del opio en Bengala y con Francis Baring, banquero anglo-holandés de mucho peso en el comercio atlánticoi.

Entramado dentro del que, en 1787, el Secretario de Estado británico, Henry Dundas, propondría que Gran Bretaña avasallara a China para crearle un mercado al opio. Mientras que, la Compañía de las Indias Orientales organizaba una red de subsidiarias que se encargarían de exportar el opio de India a China, en representación secreta de la Compañíaii.

Así, los narcotraficantes llegarían a China desde Gran Bretaña, imponiendo de la mano de la reina Victoria, la reina narcotraficante, el consumo de opio a cañonazos, convirtiendo a China, en una nación de drogadictos, en nombre de la libertad de comercioiii.

Luego de que, en 1833, el Parlamento le quita a la Compañía de las indias Orientales el Monopolio del comercio internacional entre Inglaterra y China. La East India Company, protegería su té y comercio de seda, trasladando sus operaciones de opio chino a contrabandistas independientes de drogas que compraban opio legalmente a la East India Company en Calcuta, y la contrabandeaban en China.

Contrabando que sería conocido como country trade (puede traducirse como «comercio autóctono»)iv y en el cual destacaría, el traficante William Jardinev , quien llegaría a posicionarse como uno de los narcotraficantes más importantes de la reina Victoriavi.

Ello, después de haberse unido Jardine, a la British East India Company en 1802, a la edad de 18 años, en el buque mercante de la compañía «Brunswick«. Y una vez trabajando ahí, aprovecharía la ventaja de los empleados de la Compañía de las indias orientales, de poder comerciar con sus propios bienes en su propio beneficio. Permitiéndosele a cada empleado llevar en el barco dos cestas, o cien libras de bienes de su propiedad.

Y, no obstante, su primer viaje fuera algo más que una simple aventura como marinero de la East India a Asia. Jardine conocería a dos hombres que serían clave en su desarrollo como narcotraficante. El primero de ellos sería Thomas Weeding (también colega médico), el segundo de ellos sería Charles Magniac quien había llegado a Cantón a principios de 1801. 

Así como, también se uniría al inversionista Framjee Cowasjee para trabajar en el comercio de opio y té; uniéndose en 1824 a la prestigiosa firma comercial de Hollingworth Magniac. En tanto que, otro de los negociadores de Jardine en Bombay, y que pasaría a convertirse en uno de sus amigos de toda la vida, sería Jamsetjee Jejeebhoyvii.

Siendo que, los viajes a China de Jamsetjee Jejeebhoy, tendrían como resultado una larga asociación comercial con la empresa con sede en Cantón Jardine Matheson & Co. Y de ahí, la conexión con Jeejeebhoy sería fundamental para que Jardine y Matheson construyeran su gran empresa.

Y, la firma Magniac & Co, se transformaría en Jardine, Matheson and Co, al asociarse James Matheson al Dr. Jardine en 1827. Convirtiéndose la compañía, el 1ro de julio de 1832, en Hong (firma exportadora británica en Asia) bajo el nombre chino «Yee-Wo» (Armonía feliz), funcionando así hasta 1833, cuando el Parlamento le quita a la Compañía de las indias Orientales el Monopolio del comercio internacional entre Inglaterra y China, con lo que, William Jardine se convertiría en el mayor agente comercial inglés en Asiaviii.

Después de eso, en 1834 el Dr. Jardine y Lord Napier, quien a su vez era Superintendente de Comercio del Imperio Británico, negociarían sin éxito en Cantón con el gobierno chino. Exigiendo que el tráfico de opio se expandiera en China, porque los chinos exportaban más seda y té, que el opio exportado a China por los comerciantes occidentales.

Obteniendo como respuesta del Virrey Chino, Lin Hse Tsu la orden de que las oficinas de Napier en Cantón fueran bloqueadas y que sus moradores permanecieran prisioneros como rehenes. Actos ante los cuales, Lord Napier exigiría viajar por barco a Macao, pero fue enviado por tierra y moriría al poco tiempo.

Mientras que, por su parte James Matheson, a principios de 1835, viajaría a Inglaterra para hacer lobby con partidos de todas las ideologías, tratando de convencerlos para comenzar una guerra con China porque los chinos “trataban de agredir a Inglaterra”. Y el lobby de Matheson con el Parlamento, llevaría a Gran Bretaña a la guerra, en menos de cinco años.

Entramado dentro del cual, el Primer Ministro inglés Lord Henry Palmerston, propugnaría por una guerra “justa y necesaria”; enviando a China una flota de 48 navíos de guerra con 4000 soldados a bordo, para dar inicio a la “Guerra del Opio” en octubre de 1840.

En tanto que, Jardine apoyaría con 19 veleros intercontinentales y centenares de embarcaciones menores que utilizaba para el comercio de cabotaje, y a partir de su amplio y profundo conocimiento de los puertos chinos y la navegación de sus aguas; suministraría al Almirantazgo británico, un plan estratégico de guerra, con mapas detallados, tácticas de combate y propuestas de requerimientos políticos e indemnizacionesix.

Además de que, Jardine se ocuparía de comprar, en Londres, a algunos influyentes escritores y periodistas, para crear un ambiente propicio a la guerra. De forma que, entre el best-seller Samuel Warren y otros profesionales de la comunicación soltarían una lluvia de folletos y de artículos, exaltando el sacrificio de los honestos ciudadanos que estaban desafiando el despotismo chino y arriesgaban la cárcel, la tortura y la muerte en aquel reino de la crueldadx.

De ahí, la flota inglesa atacaría a Cantón y otros puertos, saqueando y quemando todo lo que encontraron, con lo cual causarían más de 20 mil muertos a los defensores chinos, debido a la superioridad tecnológica.

Y, después de dos años de conflicto y múltiples negociaciones, se firmaría en 1842, el Tratado de Nangjin, aportando al gobierno inglés una cuantiosa indemnización, así como el libre uso de los principales puertos Chinos (Guanzhou, Xiamen, Fuzhou, Ningbo y Shangai), el derecho británico a obtener posesiones en territorio chino, así como la excepción de los británicos a someterse a las leyes chinas. Además de que permitiría crear la base militar y política de Hong Kong.

Acto que, Milton Friedman calificaría como un exitoso experimento económico, en el que Gran Bretaña, dictadora benevolente, aplicaba una política económica de libre mercado más liberal de la que desarrolló en casaxi.

Mientras que, tras tales eventos, el narcotraficante James Mathesonxii, volvería a Inglaterra desde China en 1841, con tanto dinero que a su regreso compró la isla de Lewis, en Stornoway, más allá de la costa occidental de Escocia, que le costara 329,000 libras esterlinas. Estableciendo su hogar en el castillo de Lews, para luego ser condecorado por la reina Victoriaxiii.

Pero no conformes con eso, dado que el tratado no legalizaba específicamente opio, los británicos lanzarían una segunda Guerra del Opio, que tendría igualmente como resultado la derrota de China y daría lugar al Tratado de Tientsin, en 1856, que legitimaría el comercio del opio y abriría a China a los extranjeros aún más.

Y, a medida que el opio y el comercio con China se ampliaron, el nuevo territorio británico de Hong Kong se convertiría en un importante centro comercial imperial. Donde los narcotraficantes de opio se reunirían para formar el Banco de Hong Kong y Shanghai, mismo que, ahora es conocido como HSBC-y que con el tiempo extendería su alcance en los campos de drogas de Oriente Medio e Iberoaméricaxiv.

Entramado dentro del cual, después de la Segunda Guerra Mundial, Hong Kong también se convertiría en uno de los puntos estratégicos del sureste asiático, a partir de la llegada de muchos refugiados, empresarios, y capital chino que huyeron del comunismo (como Miami, en los EE.UU.), así como a partir de ser un centro neurálgico de servicios financieros. Realidad que se mantendría hasta 1997, año en el que Margaret Thatcher acordará con Jiang Zemin el traspaso de la soberanía de la isla a la República Popular de Chinaxv.

i Resultando ser entonces que, con el dinero obtenido con el tráfico del opio y el padrinazgo de la monarquía, Shelbourne influiría totalmente a partir de 1783, en el Parlamento británico, hasta consolidar un poder financiero que rebasaría absolutamente el de las familias terratenientes que en la Revolución Gloriosa de 1688 tanto habían menoscabado la política oficial hacia las colonias americanas de Gran Bretaña.

El principal propagandista de Shelbourne era Adam Smith, funcionario a sueldo de la Compañía de las Indias Orientales, cuyo libro de 1776, “La Riqueza de las Naciones”, proclamó tanto la política británica de mantener a las colonias americanas en condición de retrógradas productoras de materias primas, cuanto el imperativo de incrementar el comercio del opio.

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ii Entre las primeras estuvo la empresa Jardine Matheson, hoy todavía en funcionamiento. Ya con el patrocinio y la protección de la Corona, Jardine Matheson y otras firmas fomentaron una fiebre de exportaciones de opio a China. Para 1830, el número de cajas de opio importadas por China se cuadruplicó, llegando a 18.956 cajas. En 1836, fueron más de 30.000 cajas. En grandes números, las cifras publicadas por los gobiernos de China y Gran Bretaña indican que entre 1829 y 1840 entraron a China un total de siete millones de dólares de plata, mientras que con el ascenso meteórico del tráfico de opio salieron del país 56 millones de dólares de plata.

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iii La Jornada. Eduardo Galeano. La paradoja andante. Jueves 3 de enero de 2008.

iv Para la introducción de los productos de plantación indios en el mercado chino y más concretamente, el opio, la EIC precisó de la implicación de terceros, tanto por las prohibiciones del opio en China como por los beneficios que la Compañía obtenía de esta delegación. Este comercio, el country trade (lo que en castellano podríamos traducir como «comercio autóctono») estuvo en la órbita de las actividades de las compañías privilegiadas en Asia desde la edad moderna, y se refería al comercio llevado a cabo entre los distintos puntos de las rutas asiáticas al margen de la metrópoli, desde el Golfo Pérsico hasta China, pasando por Filipinas. Al principio se aplicaba a los comerciantes del lugar, pero por extensión pasó a denominar a británicos y europeos en general implicados en el comercio asiático que escapaban del monopolio de las compañías privilegiadas: de este modo, se distinguía al grupo de los «privados» –o «particulares»–, referido estrictamente a los comerciantes británicos fuera del monopolio de la EIC.

Institut Universitari d’Història Jaume Vicens i Vives. LA PARTICIPACIÓN ESPAÑOLA EN LA ECONOMÍA DEL OPIO EN ASIA ORIENTAL TRAS EL FIN DEL GALEÓN. Por: Ander Permanyer Ugartemendia. TESIS DOCTORAL UPF / 2013.

v Jardine, nació en 1784, en una pequeña granja cerca de Lochmaben, Dumfriesshire, Escocia. Siendo uno de 5 hijos, su padre, Andrew Jardine, moriría cuando él tenía nueve años de edad, dejando serios problemas financieros. 

El hermano mayor de Jardine, David le daría dinero para completar su escuela, además de ayudar a su familia. Jardine empezado a la edad de 16 años, en 1800, ingresaría a la escuela de Medicina de la Universidad de Edimburgo. Tomó clases de Anatomía, en la práctica médica y obstetricia, entre otros. 

Mientras estudiaba, trabajó con un médico en la práctica de hospital con el dinero que su hermano, David le daba. Se graduó de la Escuela de medicina de Edimburgo el 2 de marzo de 1802, recibiendo el diploma completo del Colegio Real de Cirujanos de Edimburgo, por lo que decidió unirse la British East India Company en 1802, la edad de 18 años, en el buque mercante de la compañía «Brunswick». 

El 15 de marzo y después de cumplir con los requisitos, William Jardine recibido dos meses de adelanto de su salario como cirujano en el servicio marítimo de la East India Company, antes de hacerse la mar. Una ventaja de los empleados de la Compañía de las indias orientales era que se podía comerciar con sus propios bienes en su propio beneficio. 

Cada empleado se le permite traer en el barco dos cestas, o cien libras de bienes de su propiedad.

Wikipedia: William Jardine. 05-16-2020.

vi A pesar de que el gobierno chino había promulgado una ley anti-opio en 1729, los británicos hallaron que su venta representaba un nicho floreciente para sus negocios y pocas décadas más tarde (a finales del siglo XVIII), la East India Company (Compañía de las indias Orientales) obligó a sus colonos, a cultivar opio en el territorio hindú con el fin de “exportarlo” a China. Es así como a inicios del siglo XIX, se multiplicó por veinte la venta a los chinos, del opio producido por los ingleses en la India. De esa manera, las ventas pasaron de 300 mil libras en 1800 a seis millones en 1838, causando que entre 1832 y 1835 salieran de China, 20 millones de onzas de plata; cuestión que hizo subir los impuestos y causó una gran espiral inflacionaria, sobre el campesinado chino, cuyos productos bajaron drásticamente de precio.

Aporrea. El Dr. William Jardine, forjador del narcotráfico. Por: Luis Alfredo Mendoza | Martes, 28/01/2014.

vii Jejeebhoy nació en Bombay (ahora Mumbai) en 1783, hijo de Merwanjee Mackjee Jejeebhoy y Jeevibai Cowasjee Jejeebhoy. Su padre era un comerciante textil de Surat, Gujarat, que emigró a Bombay en la década de 1770. Ambos padres de Jeejeebhoy murieron en 1799, dejando al joven de 16 años bajo la tutela de su tío materno, Framjee Nasserwanjee Battliwala. A la edad de 16 años, habiendo tenido poca educación formal, hizo su primera visita a Calcuta y luego inició su primer viaje a China para comerciar con algodón y opio.

El segundo viaje de Jejeebhoy a China se realizó en un barco de la flota de la Compañía de las Indias Orientales.

En 1814, su cooperación con la compañía británica de las Indias Orientales le había proporcionado suficientes ganancias para comprar su primer barco, el Good Success, y gradualmente añadió otros seis barcos a este, que por lo general transportaban principalmente opio y un poco de algodón a China. En 1836, la empresa de Jejeebhoy era lo suficientemente grande como para emplear a sus tres hijos y otros parientes, y había acumulado lo que en ese período de la historia mercantil india se consideraba una riqueza fabulosa.

En 1818, formó la empresa comercial, comercial y naviera «Jamsetjee Jejeebhoy & Co.» con otros dos asociados Motichund Amichund y Mahomed Ali Rogay como socios comerciales de Jejeebhoy. Más tarde se le unió un Goan Rogério de Faria.

Jeejeebhoy continuó durante mucho tiempo como uno de los asociados cercanos que se desempeñó como asegurador de Jardine, Matheson and Company. Un tributo a su conexión existe incluso hoy en un retrato de Jeejeebhoy que cuelga en la oficina de Jardine en Hong Kong. Fue visto como el principal representante de la comunidad india en Bombay por las autoridades imperiales británicas.

Los servicios de Jejeebhoy fueron reconocidos por primera vez por el Imperio Británico en 1842 con la concesión de un título de caballero y en 1857 con la concesión de una baronetcy. Estas fueron las primeras distinciones de este tipo conferidas por la reina Victoria a un súbdito británico en la India.

A la muerte de Jejeebhoy en 1859, su Baronetcy fue heredado por su hijo mayor Cursetjee Jejeebhoy , quien, por una ley especial del Consejo del Virrey en cumplimiento de una disposición en la patente de cartas, tomó el nombre de Sir Jamsetjee Jejeebhoy como segundo baronet.

en.wikipedia.org › wiki › Jamsetjee…

viii Hasta que en 1833 se abolieran los monopolios comerciales de la Compañía de las Indias Orientales (East India Company), ésta controlaba todo el comercio y sus representantes se erigían en los únicos interlocutores, especialmente a partir del momento en que fijaron su residencia habitual en Macao y Cantón. No obstante, una vez que el papel de la Compañía pasó oficialmente a segundo plano, el Gobierno británico resultaría ser el primer interesado en garantizar la libre colocación de productos en tierras asiáticas.

Tapanco. Londres y el paracaídas de la monarquía. Publicado julio 28, 2012.

ix Matheson retornaría a China en 1836, mientras que, Jardine viajaría a Inglaterra, abandonando Cantón 26 de enero de 1839, para continuar la actividad sediciosa de Matheson.

El pretexto para la guerra lo tomarían los ingleses, el 10 de marzo de 1839, después de que, el Virrey Hse Tsu, llamado el diáfano; llega a Cantón para erradicar el opio por orden del emperador Daoguang. Hse Tsu prohibió el contrabando de opio y confiscó todas las existencias remanentes.

Aporrea. El Dr. William Jardine, forjador del narcotráfico. Por: Luis Alfredo Mendoza | Martes, 28/01/2014.

x Tapanco. Londres y el paracaídas de la monarquía. Publicado julio 28, 2012.

xii Vivió desde el 17 de octubre de 1796 hasta el 31 de diciembre de 1878. Fue uno de los fundadores del imperio comercial Jardine Matheson.

Naciendo James Matheson, en Shiness, cerca de Lairg en Sutherland. Su padre era comerciante en la India y James se educó en la escuela secundaria de Edimburgo y en la Universidad de Edimburgo.

Después de dejar la universidad, siguió los pasos de su padre y se convirtió en comerciante en la India. En 1828 se asoció con su colega escocés, William Jardine, para dirigir la empresa comercial establecida Magniac and Co.Esta resultó ser una asociación de gran éxito y el 1 de julio de 1832 formaron Jardine, Matheson and Company Ltd. con el objetivo de negociar opio, té y otros productos hacia y desde China, en estrecha colaboración con la Compañía Británica de las Indias Orientales. Al año siguiente, el Parlamento británico revocó los derechos de monopolio de la Compañía Británica de las Indias Orientales para realizar el comercio entre Gran Bretaña y China, y Jardine Mathesons los desplazó rápidamente como la empresa comercial británica más importante de Asia.

En 1841, Jardine Mathesons tenía 19 barcos clipper, los portaaviones intercontinentales de su época, en comparación con los 13 de sus rivales más cercanos. También poseían cientos de barcos pequeños, juncos y embarcaciones más pequeñas. Las áreas clave de negocios incluyeron el transporte de opio desde la India a China; comercio de especias y azúcar de Filipinas; y té y seda de China; actuando como agentes marítimos y de seguros y operadores de instalaciones portuarias.

En 1843 James Matheson sucedería a William Jardine, quien murió en febrero, como diputado por Ashburton en Devon. El 9 de noviembre de 1843 se casó con Mary Jane Percival. Al año siguiente compró la isla de Lewis por 190.000 libras esterlinas.

Entre 1847 y 1851, Matheson construyó el castillo de Lews, descrito como una mansión gótica de estilo Tudor, que hoy en día todavía domina Stornoway. En 1851 fue recompensado por sus esfuerzos al ser nombrado Sir James Matheson, primer baronet de Lewis. Dejó de ser diputado de Ashburton en 1847, y de 1852 a 1868 se desempeñó como diputado de Ross y Cromarty, siendo finalmente sucedido por su sobrino Sir Alexander Matheson.

xiii Nexos. El comercio del opio. 1 ENERO, 2017

xiv Investigaciones de Walter Graziano: Extractos DEFENSA BOLIVARIANA: ARTÍCULOS DE OPINIÓN Y DEBATE GENERAL.

xv La Razón. El narco, el británico y el nuevo imperio. Por: BORJA DE ARÍSTEGUI. 30-05-2020.

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Ramón César González Ortiz es sociólogo y maestro en Estudios Políticos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con estudios de doctorado en Ciencias Sociales por la UAM-Xochimilco. Ha ejercido la docencia universitaria y es especialista en geopolítica, movimientos sociales y relaciones internacionales en América Latina. Es autor de libros como Contrainsurgencia e intervencionismo Estadounidense en América Latina.

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