Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

5 de septiembre de 2026

VEl fin de una falsa dicotomía: hagamos posible lo imposible por Pedro grima Gallardo

 


Durante más de dos siglos, la humanidad ha organizado su pensamiento político alrededor de una coordenada aparentemente inamovible: derecha e izquierda. Esta dualidad, nacida en la atmósfera efervescente de la Revolución Francesa, ha guiado nuestras pasiones, votos y guerras. Sin embargo, como un instrumento de medición que ya no se ajusta al terreno que pretende cartografiar, el eje izquierda-derecha se ha vuelto obsoleto. No porque las diferencias ideológicas hayan desaparecido, en lo absoluto, sino porque la verdadera fractura de nuestro tiempo corre por un plano completamente distinto.

El pensador italiano Norberto Bobbio, en su lúcido análisis sobre la distinción política, defendió la vigencia de esta dualidad al identificar en la igualdad su estrella polar: la izquierda aspiraría a corregir las asimetrías sociales, mientras que la derecha asumiría las diferencias humanas como naturales e inevitables (https://www.clarin.com/opinion/izquierdas-vs-derechas-lejos-bobbio-cerca-rubio_0_B6UXA9O71x.html).

Pero incluso Bobbio reconocía que esta oposición es fluctuante, que admite múltiples posiciones intermedias y que puede dar lugar a perspectivas democráticas o autoritarias independientemente del campo del que provengan. El problema no es la existencia de diferencias en la concepción de lo social; el problema es haber reducido toda la complejidad política a una única coordenada, como si la realidad cupiera en un simple par de categorías excluyentes.

Para comprender por qué esta distinción ya no sirve, debemos desmontar sus presupuestos implícitos. La dicotomía derecha-izquierda presupone un escenario político en el que existen dos grandes proyectos de sociedad que compiten por el favor de una ciudadanía que, supuestamente, se sitúa entre ambas opciones. Este modelo, como bien señala el politólogo Jorge Verstrynge, corresponde a una época en la que los Estados-nación eran los actores centrales de la vida política y en la que las lealtades ideológicas se transmitían casi como herencias familiares (https://annas-archive.gd/md5/b434ea27f448a78d92114e158e9179c6?&check=1).

Pero ese mundo ha desaparecido. La caída del bloque soviético, la globalización financiera y la revolución tecnológica han transformado radicalmente el paisaje político. Como se ha señalado, describir el mundo con la dicotomía derecha e izquierda es una idea que atrasa al menos treinta años, teniendo en cuenta que el término "izquierda" acabó internalizando el concepto de colectivismo marxista, mientras que la derecha se asoció al liberalismo económico y al conservadurismo social. Hoy, sin embargo, tanto la nueva izquierda como el neoliberalismo han mutado hasta volverse irreconocibles: ni la izquierda es tan izquierdista ni el neoliberalismo es tan liberal.

La rigidez de esta clasificación se revela especialmente problemática cuando observamos los movimientos políticos contemporáneos. Asistimos a la aparición de populismos que toman elementos de ambos extremos: discursos antisistema que apelan al resentimiento popular, combinados con políticas económicas que benefician a las élites. Ex líderes de izquierda adoptan prácticas radicalizadas del campo conservador, demostrando que la necesidad de expresar la división social es más fuerte que la adhesión óntica a un discurso de izquierda o de derecha. La política se ha vuelto líquida, y nuestras categorías, sólidas.

El verdadero eje: verticalidad contra horizontalidad

La segunda razón por la que la dualidad izquierda-derecha ha perdido su utilidad es que no da cuenta de la verdadera estructura de poder en el mundo contemporáneo. Si el siglo XX fue el escenario de un conflicto horizontal entre clases sociales, proletariado contra la burguesía, el siglo XXI ha visto emerger un conflicto vertical: una pequeña élite global (aproximadamente el 1% de la población) que concentra la mitad de los recursos del planeta, frente a un 99% que lucha por sobrevivir en un escenario de desigualdad creciente.

Este fenómeno trasciende cualquier frontera ideológica tradicional. No es un problema de izquierda o derecha: es un problema de concentración de poder. La vieja idea de una izquierda representante del proletariado oprimido contra los intereses de las grandes empresas y la burguesía es cosa del pasado. Hoy, las grandes corporaciones tecnológicas, los fondos de inversión y las élites financieras operan en una dimensión supranacional, escapando al control de los Estados y desafiando cualquier intento de regulación que provenga de una perspectiva política tradicional.

Esta nueva estructura de poder genera una paradoja: tanto los gobiernos autodenominados de izquierda como los de derecha, una vez en el poder, tienden a aplicar políticas muy similares en lo sustancial. La discusión entre el capitalismo liberal y el comunismo ha perdido vigencia teórica y práctica; lo que vemos en su lugar es una competencia por gestionar las contradicciones de un sistema que favorece a unos pocos en detrimento de la mayoría. Ni la izquierda ni la derecha, en su formulación clásica, ofrecen respuestas a esta nueva realidad.

 

La trampa de la polarización y el llamado a la razón

¿Por qué persiste esta dualidad si ya no sirve para interpretar el mundo? Porque la polarización política se ha convertido en un mecanismo de control social. Al simplificar la complejidad social en una lucha binaria entre constructores virtuosos y destructores resentidos, la política abdica de su función mediadora y se convierte en una cruzada existencial. Cuando el oponente deja de ser un rival ideológico y pasa a ser un enemigo civilizatorio, lo primero que se destruye no es la izquierda ni la derecha, sino la democracia misma.

Esta dinámica se ve amplificada por la arquitectura de las redes sociales, que premia la simplificación y la confrontación. Las ideologías de izquierda aparecen asociadas a la falta de higiene, a los trastornos sexuales y al comunismo, mientras que las de derecha se vinculan a la tortura y el genocidio. En medio de esta guerra ideológica de caricaturas y memes, la posibilidad del diálogo racional se desvanece, y con ella, la esperanza de encontrar soluciones colectivas a nuestros problemas comunes.

Hacia una nueva imaginación política

El presente requiere el desarrollo de una imaginación filosófico-política vigorosa, fruto de la reflexión crítica y la investigación social empírica, capaz de idear soluciones creativas a problemas concretos y vislumbrar nuevas posibilidades para la vida humana. Esta nueva imaginación debe combatir los esencialismos políticos y reconocer que hay muchas izquierdas, muchas derechas y muchas formas de acción política. Debe trascender la falsa dicotomía y abrirse a combinaciones inéditas que puedan responder a los desafíos de nuestro tiempo.

La distinción política fundamental de nuestro tiempo no es entre izquierda y derecha, sino entre democracia y autoritarismo. La falta de sentido histórico nos hace olvidar que los extremos políticos y morales se tocan. Lo crucial hoy es primero ser demócratas y luego orientarnos hacia las diversas corrientes del espectro político. Una nueva imaginación política podría concebir nuevas izquierdas y derechas democrático-liberales, capaces de sostener entre sí diálogos inteligentes y desacuerdos racionales, capaces de forjar alianzas en defensa de las instituciones democráticas y de combatir el autoritarismo.

La política como espacio de encuentro

La superación de la dualidad derecha-izquierda no significa la eliminación de las diferencias. Significa, más bien, la apertura a un espacio político más complejo y más rico, donde las alianzas puedan tejerse en torno a problemas concretos y no a lealtades ideológicas heredadas. Donde la defensa de la igualdad (el valor fundante de la izquierda) pueda conciliarse con la defensa de la libertad (el valor fundante de la derecha) a través de instituciones que encarnen ambos principios en políticas públicas concretas.

La humanidad necesita una nueva gramática política, un nuevo vocabulario que nos permita nombrar nuestras diferencias sin reducir nuestra humanidad a una etiqueta. Necesitamos comprender que el verdadero conflicto de nuestro tiempo no es entre izquierda y derecha, sino entre la inmensa mayoría de la humanidad que aspira a una vida digna y la pequeña minoría que se beneficia de un sistema que genera desigualdad y sufrimiento.

El desafío es enorme, pero la alternativa es aún más sombría: seguir atrapados en una dicotomía obsoleta mientras el mundo se transforma a nuestro alrededor, dejando que el péndulo de la historia oscile entre los mismos polos sin ofrecernos nunca una salida. La política, como bien lo expresó Bobbio, es la ciencia de lo posible. Es hora de hacer posible lo imposible: una política que trascienda sus propias categorías y se reencuentre con su propósito original, que no es otro que la búsqueda del bien común.

Aryna Sabalenka, jugando con el olor de la marihuana al lado

 

Avatar de prensabolivariana

De prensabolivariana en septiembre 5, 2026

Mi palabra

«El mal uso de las drogas no es una enfermedad.
Es una decisión,como pararte enfrente de un coche en movimiento.
Podrás llamarlo un error de juicio»

K. Dick

Por costumbre y ahora por la facilidad, que ofrecen los medios, me mantengo, como se dice, al día en los deportes, así, como no dejo de leer y escuchar buena música, y además estimulado por un pensamiento del fallecido médico Pediatra, Pastor Oropeza, el padre de la Pediatría en Venezuela, quien decía: «Llegar a viejo sin el hábito de la música y la lectura debe ser bastante aburrido» al cual, yo le agregaría, el deporte; una de las actividades que en mi época de joven, me permitía la camaradería, con nuestros semejantes, contribuyendo para estar pendiente de nuestros ídolos del momento, quienes salían de las barriadas, porque no requerían grandes gastos para la práctica, hasta cruzar nuestras fronteras en defensa del tricolor nacional: boxeo, beisbol y el atletismo. 

SancionesEEUU

A la edad, que estoy transitando –77– no me acuesto sin revisar las páginas deportivas de mí preferencia, y precisamente en una muy conocida ESPN deportes del cual dejo la dirección URL *, me conseguí una noticia muy curiosa, porque deja muy en claro la descomposición social en los Estados Unidos, extendida en el mínimo rincón y por eso el currículo del actual mandatario, el cual está cargado de la muestra más cruda y evidente de la inmoralidad, sigue en el cargo a pesar de todas las críticas y denuncias por las distintas vías, ya que, él, es pieza muy importante del capitalismo salvaje por imposición de las grandes corporaciones, que lo mantienen en el cargo, para tratar de sostener la hegemonía del imperialismo, el cual se viene desmoronando en un peligroso y vertiginoso descenso con su lógico pataleo, pero sin poder esconder ni hacerle frente al desbordamientos de los vicios, empezando por las drogas, que son parte de una sociedad crónicamente enferma.

En estos momentos, en los Estados Unidos, se está realizando el abierto de tenis, precisamente en New York, llamado el US OPEN, uno de los grandes torneos del año en el mundo y para sorpresa de muchos aficionados y de la misma jugadora, Aryna Sabalenka, quien es la número uno del ranking, y diría, que aprovechando ese puesto, tuvo la valentía de parar mientras se enfrentaba a Kamilla Rakhimova, a la que finalmente venció en dos sets y el motivo parece curioso, sin llegar a la incredulidad, porque en un país, con 32 millones de adictos a las drogas, es como saber, que en cualquier sitio se presenta el sol alumbrando, pero en un estadio de tenis, que una jugadora tenga que parar para reclamar, porque no aguanta el olor a la marihuana, es como sentir la candela en sus propios pies y lanzar el alerta para que tomen los correctivos.

Lo que hizo, Aryna Sabalenka, creo que nunca se había visto y de qué manera: «Alguien está fumando marihuana. ¿Le importa? Porque es muy fuerte» fue su primera expresión al mirar al palco, para después acercarse al árbitro. Luego en la rueda de prensa de manera muy calmada adornada con una sonrisa, dejó un comentario, el cual demuestra el grado de descomposición de la sociedad, que hasta hace poco atraía por su supuesto bienestar y prosperidad de los que lograban enganchar –Los migrantes con el sueño americano– con la facilidad y la fuerza de un imán gigantesco: «Chicos, pueden hacer lo que quieran, fumar lo que quieran y relajarse todo lo que puedan, pero, por favor, no lo hagan cerca de las canchas de tenis. Es un poco complicado lidiar con ese olor cuando intentas competir al máximo nivel»

Todo quedó en la «simple» curiosidad de la noticia, pero permite ahondar en el grado de responsabilidad de los organizadores del evento; porque sin ser un experto en investigación, de esos, que presentan en los culebrones de Hollywood, nos podemos dar cuenta y asegurar, que todos los aficionadas a ese deporte y por añadidura abarrotan las instalaciones, corren el riesgo de una mala pasada por un desquiciado mental, que entre armado, como pasa a cada momento en los Estados Unidos, pero además podemos señalar sin ningún temor de equivocarse, que cada día el deporte profesional en los Estados Unidos, es propiamente élitesco y más, porque hasta hace poco lo llamaban el deporte «blanco» haciendo referencia a sus aficionados cuando llenan los estadios, porque primero parece algo imposible, que puedan asistir personas de la barriadas por los alto costos de las entradas –159 dólares juegos de eliminatoria y la final masculina alrededor de los 18000 mil, dijera un amigo, ni en galería – y la indumentaria que lucen, ya que, a simple vista es de caché y no se compra con cashea. Eso es parte del extinto sueño americano, pero la descomposición sigue y a qué precio

♦♦♦

*Narciso Torrealba es un escritor, cronista, profesor y analista político venezolano. Es ampliamente reconocido en el ámbito del periodismo de opinión y la comunicación alternativa en Venezuela por sus agudos artículos de análisis social, histórico y político. Su trabajo se sitúa firmemente dentro del pensamiento crítico, la izquierda latinoamericana y el apoyo a las causas populares. Sus textos suelen abordar de manera abierta la defensa de la soberanía nacional frente a las presiones internacionales y la necesidad de profundizar los procesos de transformación social en la región. Correo: narciso_t_29@hotmail.com

Acuerdo petrolero: más allá del anuncio


Avatar de prensabolivariana

De prensabolivariana en septiembre 5, 2026

A finales de agosto, en paralelo, Donald Trump y Delcy Rodríguez anunciaron un acuerdo petrolero entre EE.UU. y Venezuela. Según el mandatario, sería «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial», lo que era de esperar viniendo de alguien que califica así sus acciones hasta cuando sale del baño.

El pacto de crudo (o crudo pacto, según a quién pregunten) pondría a EE.UU. en una posición mayoritaria de cara la explotación de 17 campos petroleros venezolanos con potencialidad para extraer alrededor de 65.000 millones de barriles. Esta cantidad es equivalente, aproximadamente, a una quinta parte de las reservas probadas de Venezuela, que son, por cierto, las mayores del planeta.

Esos datos son, digamos, de momento, los más duros e incontrovertibles que se conocen. Sin embargo, otros todavía generan cierta incertidumbre. Por ejemplo, mientras medios estadounidenses hablan de una duración de un siglo, la presidenta encargada de Venezuela se refirió a 25 años en su alocución al respecto.

El anuncio, por muy grandilocuente que suene, tiene mucho más de anuncio que de realidad tangible de efecto inmediato

Delcy Rodríguez puso como objetivo elevar la producción en estos campos hasta el millón y medio de barriles diarios, lo que requeriría una inversión extranjera –principalmente estadounidense- de unos 100.000 millones de dólares. Según cálculos de su Administración, esto reportaría más de 200.000 millones de ingresos al Estado venezolano, repartidos a lo largo de ese futuro cuarto de siglo de acuerdo. Es decir, casi 20 dólares por barril extraído. O, en otras palabras, unos 30 millones de dólares diarios, cuando se alcance ese nivel de producción.

La cosa es que ese nivel de producción no se alcanzará mañana ni pasado mañana, sino, según varios cálculos de expertos, llevaría casi una década. Eso suponiendo -que es bastante suposición- que los inversores lleguen en los números y tiempos previstos. Hay que tener en cuenta, además, que, de los 17 campos mencionados en el pacto, apenas la mitad de ellos están hoy activos. Los demás son lo que en jerga petrolera se denomina «campo verde», es decir, una zona virgen en la que hay cero infraestructura y prácticamente todo por hacer.

Como ven, el anuncio, por muy grandilocuente que suene, tiene mucho más de anuncio que de realidad tangible de efecto inmediato. Y, por tanto, sus consecuencias, sean las que sean, no tendrán un impacto real pronto o, en una situación geopolítica global tan cambiante como la que vivimos últimamente, quizá lo tengan en mucho menor medida o, directamente, no lleguen a tenerlo nunca. Esto hay que tenerlo muy presente a la hora de analizar el anuncio.

Un debate innecesariamente extremo

Lo que ocurre es que, desde el 3 de enero de 2026, muy comprensiblemente, todo lo que sucede o deja de suceder en Venezuela es escrutado al detalle tanto dentro como fuera del país. Y, también en el marco de este acuerdo, volvemos a insistir en la importancia de ponerse en el lugar del otro antes de señalar o, en el sentido inverso, antes de reaccionar a señalamientos.

Por un lado, la agresión estadounidense y el secuestro de su presidente dejó al país, desde el punto de vista militar, en la encrucijada de, o bien lanzarse a una resistencia armada frontal (sin las capacidades, experiencia ni tradición de, por ejemplo, Irán), con un inmenso saldo sangriento en contra (a EE.UU. le basta con bombardear desde lejitos para causar decenas de miles de bajas militares y civiles sin mayor esfuerzo ni poner un pie en el país) y muy escasas posibilidades de éxito, o bien someterse como quien tiene las manos atadas y una pistola pegada al cráneo, en espera de algún momento propicio para zafarse.

Por supuesto, someterse implica hacer concesiones dolorosas (en ocasiones nauseabundas) y créanme que yo, como muchos, personalmente, siento ese dolor (y esas náuseas) más a menudo de lo que me gustaría.

Por todo esto, obviamente, este sometimiento no es del agrado de muchas personas, tanto dentro como fuera del país, pero –les hablo personalmente otra vez- yo no sería capaz de juzgar o criticar ese sometimiento sin antes dar el ejemplo y no sé, mínimo ir a la Embajada estadounidense más cercana y pinchar los cauchos de los vehículos de sus diplomáticos, por decir algo, para contagiar ánimos de resistencia a costa de enfrentar las consecuencias que sean.

Por el otro, quienes están de acuerdo –así sea porque no ven alternativa- con esa estrategia de someterse en espera de oportunidades mejores tienen que entender que van a recibir muchas más pedradas que flores por eso, particularmente entre amigos o amigos decepcionados. Porque el recorrido histórico de la Revolución Bolivariana atrajo a personas (dentro y fuera de Venezuela) precisamente por su indomable negativa a someterse.

Lógico que surjan suspicacias y acusaciones de todo tipo; lo raro hubiera sido que no surgieran. Y obvio que es desagradable escuchar todo tipo de críticas –muchas de ellas extremadamente hirientes- pero toca capear el temporal y hacer el poco agradecido esfuerzo de explicar -las veces que haga falta- la propia postura antes que responder a las ofensas con otras ofensas.

En estos días, a raíz del anuncio del acuerdo, las cuentas en redes sociales de partidarios, semipartidarios y expartidarios de Caracas se convirtieron en un hervidero fratricida de insultos, acusaciones, señalamientos, sacada de trapos sucios y demás que no aportan nada, a excepción de diversión para quienes siempre se mostraron hostiles a la Revolución Bolivariana.

Dicho todo esto, y subrayando una vez más que son perfectamente comprensibles ambas posturas (respecto a este acuerdo en concreto y a la senda venezolana desde la agresión gringa en general), este análisis, con cabeza fría y el corazón en una frecuencia aceptable de pulsaciones (que es como hay que analizar la geopolítica), busca poner el ojo en aspectos que, por momentos, parecieran perderse en la batalla de redes.

Ni tan bueno para EE.UU. ni tan perjudicial para Venezuela

Y es que, comparando con otros pactos petroleros presentes hoy en el mundo o acordados por Venezuela en el pasado, lo acordado –de momento apenas verbalmente- entre Washington y Caracas no es ni tan maravilloso para el que sostiene la pistola ni tan perjudicial para quien tiene el cañón pegado al cráneo.

Sí, en los últimos años de Hugo Chávez en el poder existía un marco petrolero mucho más beneficioso para los intereses del país, pero en sus primeros años en Miraflores –cuando no gozaba de una correlación de fuerzas favorable- jugó con las reglas de juego impuestas desde la Casa Blanca. El presidente Nicolás Maduro nunca se negó a que petroleras estadounidenses volvieran a trabajar en territorio venezolano (de hecho, Chevron nunca dejó de hacerlo) y luchó por ese objetivo, lo que implicaba el levantamiento de sanciones, impuestas progresivamente desde tiempos de Barack Obama.

Su secuestro fue una jugada sucia y criminal de Trump para asegurarse de que ese regreso fuera en los términos más favorables a las petroleras estadounidenses. Y encima ese objetivo está bastante en ‘veremos’. No olvidemos las caras largas de varios CEO petroleros compatriotas suyos cuando los sentó para invitarlos a invertir en Venezuela después de que el propio bipartidismo gringo hubiera sancionado la industria del país hasta dejarla pendiendo de un hilo.

Que ahora Trump diga que las reservas estadounidenses aumentaron en 65.000 millones de barriles de la noche a la mañana tiene el mismo valor que cuando dice, como viene diciendo a diario desde febrero, que derrotó a Irán y controla el estrecho de Ormuz: ninguno.

Un futuro aún por escribir

Y es que, si miramos más allá, el acuerdo anunciado no demuestra tanto la fortaleza del presidente estadounidense como, más bien, su debilidad. Desde enero para acá, más allá de anuncios grandilocuentes, Trump no ha logrado ninguna mega inversión petrolera ni mucho menos ninguna megaextracción en Venezuela, que produce menos crudo que en 2018 (cuando ya estaba con las sanciones encima). La desesperación trumpista ahora es tratar de bajar los precios de la gasolina antes de las elecciones de medio término de noviembre, disparados a causa de su otra aventura criminal, lanzada contra Irán.

Su pomposo anuncio sobre Venezuela ha tenido cero impacto en los mercados, por un lado porque esos 100.000 millones de inversión no han aparecido y segundo (y más importante), porque como comentábamos al inicio, el efecto de estos acuerdos, de llegar a sentirse alguna vez, no se sentirá hasta dentro de unos 7-8 años, para cuando Trump esté muy probablemente fuera de la Casa Blanca y quién sabe si hasta dentro de un cajón de madera. Y, geopolíticamente hablando, es en esa debilidad y desesperación en lo que hay que poner el centro del análisis en este caso.

OPINIÓN

La historia nos enseña que los procesos libertadores están inevitablemente compuestos de avances y retrocesos y así como los avances no son siempre sinónimo de victoria definitiva, los retrocesos no son necesariamente equivalente de derrota sin paliativos.

De momento, el dizque «mayor acuerdo petrolero de la historia mundial» no es más que un anuncio y pasarán años hasta que tenga posibilidades de convertirse en algo más que eso. De modo que puede pasar cualquier cosa: que se implemente más tarde de lo esperado, más pronto, en mayor medida, en menor… o que no se implemente en absoluto. Lo que digan sus más furibundos detractores y sus más apasionados defensores no cambia esa realidad. Porque el futuro nunca está escrito y esa verdad, que siempre ha sido verdad, hoy es más verdadera que nunca.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ‘¡Ahí les va!’, escrito y dirigido por Mirko Casale.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

♦♦♦

*Mirko Casale.Guionista, presentador y director del programa de humor político ‘¡Ahí les va!’, que transmite RT con gran éxito en países de habla hispana desde hace cinco años. Nació en Buenos Aires en 1976, de padre argentino y madre yugoslava. Mirko ha trabajado toda su vida en los medios de comunicación. Su carrera comenzó en Venezuela, donde entre 2006 y 2016 se desempeñó como director creativo del Ministerio de Comunicaciones e Información, y como responsable de nuevos contenidos en el canal estatal ViVe. En esos años creó, dirigió y coordinó numerosos proyectos audiovisuales: videos promocionales, animados y otros, casi todos con un enfoque humorístico y político. 

BLOG. AUTOR:  Mirko Casale
Siguenos en X: @PBolivariana
Telegram: @bolivarianapress
Instagram: @pbolivariana
Threads: @pbolivariana
Facebook @prensabolivarianainfo
Correo pbolivariana@gmail.com
País  Venezuela
ABB8C43D -FEF69F

La IA descubre señales sísmicas ocultas que conducen a 6 regiones desconocidas de la Tierra


Avatar de prensabolivariana

De prensabolivariana en septiembre 5, 2026

Los científicos analizaron más de 2 millones de registros sísmicos y lograron detectar señales que antes pasaban desapercibidas.

Un equipo de investigadores elaboró un mapa global de señales sísmicas extremadamente débiles, conocidas como ‘ondas precursoras PKP’, y localizó seis irregularidades hasta ahora desconocidas en el límite entre el manto y el núcleo de la Tierra, a unos 2.900 kilómetros de profundidad, informó este jueves el Instituto de Geología y Geofísica de la Academia China de Ciencias.

Estas ondas, que llegan a los sismógrafos unos segundos antes que las ondas principales PKIKP, habían pasado desapercibidas durante años porque su intensidad era demasiado baja para los métodos tradicionales de análisis.

En un estudio publicado en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth, los científicos analizaron más de 2 millones de sismogramas correspondientes a 4.859 terremotos registrados entre los años 1990 y 2024. Para ello utilizaron un modelo de inteligencia artificial que permitió detectar unas 175.000 señales precursoras PKP y construir el catálogo más amplio hasta la fecha sobre este tipo de dispersión sísmica en el límite núcleo-manto.

Estructuras ocultas

A partir de esos datos, el equipo identificó seis nuevas zonas de dispersión de alto potencial que se extienden desde el Atlántico Norte hasta la Antártida. Se trata de regiones profundas donde las ondas sísmicas se comportan de forma anómala, lo que indica que el material allí presente dispersa la energía de manera poco habitual.

Según los investigadores, estas irregularidades podrían influir en procesos geológicos como los penachos del manto, los terremotos, los tsunamis o las erupciones volcánicas. Determinar su ubicación ayuda a comprender mejor cómo circulan el calor y los materiales en el interior del planeta.

El equipo concluyó que estas estructuras a pequeña escala podrían estar asociadas a restos de placas tectónicas hundidas, zonas de fusión parcial o cambios en la composición de los minerales a grandes profundidades.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!

♦♦♦