Introducción
La Universidad de Los Andes se encuentra inmersa en un
proceso electoral que trasciende lo meramente administrativo para convertirse
en un auténtico drama político-institucional. Después de casi dos décadas de
una misma gestión al frente del rectorado, encabezada por Mario Bonucci, la
comunidad universitaria se prepara para decidir su futuro en las urnas el
próximo 11 de noviembre de 2026. Sin embargo, lo que hace particularmente
fascinante este proceso es la paradoja que lo atraviesa: varios de los principales
candidatos a rector han sido parte activa de la estructura de poder que ahora
aspiran a reformar o, en su defecto, a continuar. Esta aparente
contradicción—presentarse como si nunca hubiesen "roto un plato"
después de décadas de gestión—no es un mero accidente retórico, sino la médula
misma del debate político universitario.
Este ensayo propone analizar cómo los tres candidatos
principales—Patricia Rosenzweig Levy, Pedro Grima Gallardo y Manuel
Morocoima—construyen sus discursos desde la experiencia, pero la resignifican
de manera diametralmente opuesta. Lejos de ser un obstáculo, la larga
trayectoria institucional se convierte en el principal argumento de campaña
para todos, ya sea para afirmar la necesidad de continuidad, para diagnosticar
la crisis desde el conocimiento interno o para presentarse como la alternativa
de cambio desde las entrañas mismas del sistema. La cuestión de fondo no es si
los candidatos han estado o no al frente de la ULA, sino qué lectura política
hacen de ese tiempo compartido y cómo proyectan su futuro.
El contexto de la elección: Dos décadas de gestión Bonucci
Para comprender la singularidad de este proceso electoral,
es imprescindible situarlo en su contexto histórico. La gestión de Mario
Bonucci al frente del rectorado de la ULA se ha extendido por casi veinte años,
un periodo excepcionalmente largo para cualquier universidad pública
venezolana. Esta prolongada permanencia ha generado, como era previsible, un
desgaste natural de la imagen institucional y un creciente malestar entre
diversos sectores de la comunidad universitaria que reclaman renovación.
La ULA, como muchas universidades autónomas venezolanas, ha
vivido durante estas dos décadas profundas transformaciones—y crisis—en el
contexto nacional: cambios en la política educativa, recortes presupuestarios,
migración de talentos, deterioro de la infraestructura y una creciente
precarización de las condiciones laborales de profesores y personal
administrativo. En este escenario, la figura del rector y su equipo directivo
se convirtió en el principal referente—tanto para la alabanza como para la
crítica—de la gestión de la educación superior.
El proceso electoral actual, entonces, no es un relevo
generacional natural, sino el primer intento real de alternancia en casi veinte
años. Las reglas del juego, definidas por el Reglamento Transitorio de
Elecciones, buscan garantizar un proceso democrático con voto universal, libre,
directo y secreto, que incluya a todos los sectores de la comunidad
universitaria. Pero más allá del aspecto formal, lo que está en juego es una
disputa por el relato de esas dos décadas: ¿fueron años de gestión eficiente
frente a la adversidad o de estancamiento y falta de renovación?
Patricia Rosenzweig Levy: La experiencia como credencial de
gestión
La Dra. Patricia Rosenzweig Levy es quizás el ejemplo más
elocuente de cómo la larga trayectoria institucional puede convertirse en el
principal activo político. Actual Vicerrectora Académica de la ULA, cargo que
ocupa desde 2008, Rosenzweig ha sido parte del equipo directivo de Bonucci
durante la mayor parte de su gestión. Anteriormente, ejerció como Decana de la
Facultad de Ciencias, lo que le otorga un conocimiento profundo no solo de la
estructura administrativa central, sino también de la vida académica en los
niveles más operativos.
Lo más notable del discurso de Rosenzweig es su absoluta
ausencia de ambigüedad respecto a su trayectoria. Lejos de minimizar su paso
por la gestión, lo presenta como su principal aval. En sus propias palabras: su
aspiración se basa en "hechos concretos, reales, porque proyecto que he
propuesto, proyecto cristalizado, es decir, existe la capacidad de trabajo que
no se rinde ante los obstáculos y hay obras palpables en mi transcurrir por los
espacios ulandinos". La elección del verbo "cristalizar" es
reveladora: sugiere un proceso de maduración natural, de algo que estaba en
estado potencial y que ella logró convertir en realidad tangible.
¿Cuáles son esas "obras palpables"? Rosenzweig
menciona la construcción del edificio de la Facultad de Ciencias, un hito que
simboliza, en su narrativa, la capacidad de gestionar recursos en contextos
adversos. También alude a la creación de nuevas carreras, lo que evidencia una
visión de crecimiento académico. Su discurso se construye sobre la premisa de
que la ULA requiere "capacidad de trabajo que no se rinde ante los
obstáculos", y ella se presenta como la encarnación de esa perseverancia
institucional.
En esta lógica, los casi veinte años de gestión de la que ha
formado parte no son un lastre sino un aprendizaje continuo. Rosenzweig, en su
calidad de vicerrectora, ha sido copartícipe de las decisiones que han moldeado
la ULA en el siglo XXI. Pero su propuesta no es de continuidad acrítica, sino
de profundización: sostiene que, con una gestión más ágil y con el conocimiento
adquirido, se pueden resolver los problemas que la universidad aún enfrenta. Su
mensaje implícito es que la experiencia no solo es valiosa, sino insustituible:
después de tantos años, ella sabe mejor que nadie cómo funciona—y cómo debe
funcionar—la Universidad de Los Andes.
Pedro Grima Gallardo: La experiencia al servicio del
diagnóstico crítico
El Dr. Pedro Grima, candidato de la fórmula "Horizonte
ULA", representa la otra cara de la moneda. También es un profesor de
larga trayectoria en la institución y un investigador reconocido. Sin embargo,
su lectura política de la experiencia es radicalmente diferente a la de
Rosenzweig. Para Grima, la larga permanencia en la ULA no es una credencial de gestión,
sino una credencial para el diagnóstico: conoce la universidad desde dentro, ha
visto sus aciertos, pero también sus fracasos, y precisamente por eso puede
señalar lo que debe cambiar.
El momento más revelador de su campaña fue durante el acto
de postulación, cuando lanzó una andanada crítica contra el rector Bonucci y la
gestión que él mismo ha conocido durante años. Grima calificó el largo periodo
de Bonucci como una "insólita dictadura rectoral de casi 20 años, jamás
vista en ningún lugar del planeta por universidad alguna". La carga
semántica de la palabra "dictadura" es imposible de ignorar:
establece una ruptura tajante con el relato de Rosenzweig y la gestión saliente,
y posiciona la elección como una suerte de liberación.
Pero la crítica de Grima no se queda en lo retórico. Al
aludir a la documentación que la gestión actual deberá entregar como
"incuantificable", sugiere una opacidad administrativa y un desorden
que solo alguien que conoce la casa puede denunciar con autoridad. Su
estrategia discursiva consiste en usar el conocimiento interno—ese que solo se
adquiere con años de permanencia—como herramienta para deslegitimar a quienes
han estado al frente. En sus palabras, su trayectoria no es una prueba de
complicidad con el status quo, sino de conciencia crítica: ha visto los
problemas, ha sufrido sus consecuencias y ahora se siente moralmente obligado a
encabezar la transformación.
Este movimiento retórico es especialmente efectivo porque,
al igual que Rosenzweig, Grima no puede ser acusado de "venir de
fuera". Su conocimiento de la ULA es tan profundo como el de su rival. La
diferencia radica en la interpretación de esos años compartidos: para
Rosenzweig, son años de logros; para Grima, años de deterioro. Es la misma
materia prima—la experiencia—interpretada a través de dos lentes políticos
opuestos.
Manuel Morocoima: La continuidad como proyecto
El profesor Manuel Morocoima, candidato de la plancha
"La ULA Avanza", ocupa una posición intermedia pero igualmente
reveladora. Actual Secretario de la universidad y con el respaldo explícito del
rector Bonucci, Morocoima representa la continuidad directa del proyecto
actual. Su trayectoria institucional es, como la de los anteriores, larga y
vinculada al equipo directivo saliente.
Lo interesante del caso de Morocoima es que su campaña no
busca disfrazar la continuidad como cambio. Al contrario, "La ULA
Avanza" asume el legado de Bonucci y propone profundizarlo. Su mensaje es
que, si bien ha habido dificultades—reconocidas por todos—la gestión actual ha
sentado bases que no deben desperdiciarse. La experiencia, en este caso, es
garantía de estabilidad en un momento de incertidumbre.
Este discurso de continuidad tiene sus propios dilemas.
Primero, está el desgaste natural de casi veinte años de gestión, que genera en
amplios sectores de la comunidad un anhelo de cambio que Morocoima debe
administrar con cuidado. Segundo, está el hecho de que, al asumir el legado de
Bonucci, también asume sus críticas y la percepción de estancamiento. Su
campaña, por tanto, debe equilibrar la defensa de la gestión saliente con la
promesa de una renovación dentro de la continuidad.
Morocoima encarna el personaje del "hombre de
confianza" que, después de años de trabajo en la sombra, da el paso al
frente. Su candidatura es una apuesta por la confianza en el equipo conocido,
en la experiencia compartida, en la capacidad de quienes ya han demostrado
saber gestionar la ULA. En su narrativa, la estabilidad es un bien en sí mismo,
y la experiencia es la garantía de que no habrá sobresaltos ni experimentos
riesgosos.
Análisis de la paradoja: ¿Todos rompieron platos?
La pregunta que subyace al análisis de estas tres
candidaturas es inevitable: ¿cómo es posible que personajes que han ocupado
cargos de alta responsabilidad durante años en la ULA se presenten ahora, en
sus respectivos discursos, como si la situación que critican o defienden fuera
ajena a su responsabilidad?
En el caso de Rosenzweig, la paradoja se resuelve mediante
la afirmación de la propia eficacia: ella no ha "roto platos"; al
contrario, ha sido parte de la solución. Su trayectoria, lejos de ser
cuestionable, es su principal logro. La paradoja se disuelve en el elogio de la
gestión compartida.
En el caso de Grima, la solución a la paradoja es más
compleja. Él ha sido parte de la ULA, pero no necesariamente de la toma de
decisiones centrales. Su larga trayectoria como profesor e investigador le
permite señalar con legitimidad los problemas sin cargar con la responsabilidad
directa de las políticas que critica. Es la figura del crítico interno, del
disidente que conoce el sistema porque lo ha vivido, pero que no se ha
beneficiado de él. Así, la paradoja se resuelve mediante la separación entre
"estar en la universidad" y "estar en el poder".
En el caso de Morocoima, finalmente, la paradoja ni siquiera
se plantea como tal. Su candidatura es explícitamente continuista, y su
experiencia es la credencial que lo acredita para continuar el proyecto. No hay
contradicción porque no hay aspiración a presentarse como un cambio radical.
Implicaciones para la democracia universitaria
Más allá de las estrategias particulares de cada candidato,
la paradoja de la experiencia en estas elecciones tiene implicaciones profundas
para la vida democrática de la ULA. El hecho de que casi todos los aspirantes
al rectorado sean figuras de larga trayectoria revela un problema estructural:
la dificultad de la universidad para renovar sus cuadros directivos y para
abrir espacios a nuevas generaciones.
Esta situación no es casual. La gestión prolongada de
Bonucci ha creado un ecosistema en el que la experiencia acumulada en la cúpula
directiva se convierte en el principal capital político. El resultado es que la
alternancia, si llega, será una alternancia entre figuras que ya han navegado
las aguas del poder durante mucho tiempo. La novedad, en todo caso, será más
simbólica que real: un cambio de caras, pero no necesariamente de métodos o de
enfoques.
Sin embargo, también es posible leer esta situación con
optimismo. El hecho de que la ULA esté celebrando elecciones después de casi
veinte años es, en sí mismo, un triunfo de la democracia universitaria. La
participación de candidatos con experiencia en la gestión puede garantizar que
la transición, si se produce, sea ordenada y que el conocimiento acumulado no
se pierda. La paradoja de la experiencia, en este sentido, no sería un defecto
sino una virtud: la universidad elige entre opciones que conocen bien la casa,
lo que podría traducirse en políticas más realistas y ejecutables.
Conclusión
Las elecciones al rectorado de la ULA de 2026 presentan un
escenario político inédito en el que la larga trayectoria institucional de los
principales candidatos se convierte en el núcleo de la disputa electoral. Lejos
de ser un punto ciego o una contradicción insalvable, la experiencia se
resignifica en tres registros distintos: como credencial de gestión eficaz
(Rosenzweig), como herramienta de diagnóstico crítico (Grima) y como garantía
de continuidad estable (Morocoima).
La paradoja de que estos candidatos, habiendo estado al
frente de la ULA durante años, se presenten ahora como si nunca hubiesen
"roto un plato" se resuelve mediante la construcción de narrativas
políticas que interpretan de manera radicalmente diferente el mismo periodo
histórico. Para unos, esos años fueron de logros; para otros, de deterioro;
para otros más, de preparación para un relevo ordenado. La experiencia, en
todos los casos, no es un accidente biográfico sino el argumento central.
En definitiva, lo que está en juego en estas elecciones no
es solo quién ocupará el rectorado, sino cómo la comunidad universitaria
interpreta su propia historia reciente. La larga gestión de Bonucci ha dejado
una huella que los candidatos intentan administrar de manera diversa. La
universidad, a través del voto, decidirá no solo un nombre, sino también un
relato sobre sus últimas dos décadas.
La democracia universitaria venezolana, golpeada por años de
crisis nacional y de desinversión estatal, encuentra en este proceso electoral
una oportunidad de renovación. Pero esa renovación, como muestran estas
candidaturas, estará inevitablemente marcada por la sombra de la experiencia
acumulada. El péndulo de la trayectoria sigue su curso, y la ULA, después de casi
veinte años, se dispone a elegir entre distintos modos de recordar el camino
recorrido y proyectar el que viene.