Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

1 de agosto de 2026

La ‘Odisea’ de Nolan y el colapso de la Edad de Bronce

 

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De prensabolivariana en agosto 1, 2026

Este mes de julio de 2026 se estrenó la interpretación de Christopher Nolan de la ‘Odisea’ homérica. Las polémicas en torno a la película han sido numerosas y, en la mayoría de los casos, superficiales. Sin embargo, parece haber quedado en un segundo plano la verdadera apuesta del director, que recorre toda la obra de manera persistente.

Hay dos elementos que atraviesan la historia: las referencias a los llamados pueblos del mar y la importancia de la ley de Zeus, es decir, de la ‘xenia’. Dos elementos con los que Nolan construye una interpretación propia sobre el derrumbe de una civilización.

Cabe destacar que en la ‘Odisea’ no se habla de los pueblos del mar. La expresión procede de las fuentes egipcias y de los intentos de los historiadores posteriores por reconstruir la crisis que sacudió el Mediterráneo oriental al final de la Edad de Bronce. Aquella crisis supuso la desaparición del Imperio hitita, el derrumbe de los centros palaciales micénicos y tuvo graves consecuencias también para el Egipto de los faraones. Aunque, naturalmente, este colapso no puede explicarse a través de una única causa.

Las invasiones, los conflictos internos, las alteraciones comerciales, las crisis climáticas y el agotamiento de las estructuras políticas y económicas debieron combinarse de diferentes maneras.

Aquella crisis supuso la desaparición del Imperio hitita, el derrumbe de los centros palaciales micénicos y tuvo graves consecuencias también para el Egipto de los faraones.

El otro gran elemento de la película, este sí central en la ‘Odisea’, es la ‘xenia’: la hospitalidad entendida no como un simple gesto de cortesía, sino como una ley sagrada protegida por Zeus y cuyo incumplimiento amenazaría los propios fundamentos que hacían posible la convivencia. Nolan presenta así la ruptura de la ‘xenia’ como uno de los síntomas de la descomposición de la civilización. Cuando desaparecen las normas que permiten reconocer al otro, recibirlo y negociar con él, la violencia deja de ser una excepción y se convierte en el lenguaje dominante, dejando de aceptar cualquier límite a su propia fuerza.

En la película, Nolan convierte el caballo de Troya en la violación definitiva de la ley de Zeus: la utilización de un gesto de confianza para destruir al adversario desde dentro. Así, cualquier posibilidad de pacto queda anulada y la relación con el otro se convierte definitivamente en engaño, humillación y exterminio.

Hoy, en 2026, el mundo que se relaciona entre sí es mucho más amplio que el del Mediterráneo oriental. Pero la historia nos enseña que el derecho internacional, algo así como la ‘xenia’ actual, nunca ha supuesto ninguna garantía, ya que su aplicación ha estado siempre condicionada por la correlación de fuerzas y no por una convicción moral compartida.

Con todo, incluso ese marco desigual establecía ciertos límites, reconocía espacios de negociación y obligaba, al menos formalmente, a justificar la violencia. Lo que caracteriza a nuestra época, en ese sentido, es que parece que incluso esas formas comenzaron a abandonarse.

La historia nos enseña que el derecho internacional, algo así como la ‘xenia’ actual, nunca ha supuesto ninguna garantía, ya que su aplicación ha estado siempre condicionada por la correlación de fuerzas y no por una convicción moral compartida.

Así, el caballo de Troya ha reaparecido este año en distintos escenarios. Cada vez que una negociación se utiliza para preparar una agresión, cada vez que una tregua sirve para reorganizar la guerra o cada vez que el lenguaje de la paz encubre una política de imposición.

En Europa, la Unión Europea y el Reino Unido parecen empeñados en alimentar una escalada militar contra Rusia, presentando el rearme y la confrontación como el único horizonte posible. Por otra parte, Estados Unidos ha agredido unilateralmente tanto a Venezuela como a Irán, utilizando las negociaciones diplomáticas como medios para la agresión, mientras mantiene un asedio medieval contra Cuba.

Y para justificar todo vuelve a recurrirse a una fórmula tan antigua como eficaz: civilización contra barbarie. Y esto nos lleva de nuevo hacia la reflexión que nos propone la película: ¿quiénes son realmente los pueblos del mar?, ¿quiénes son los bárbaros?

Finalmente, el espectador descubre que, según la interpretación de Nolan, los «pueblos del mar» eran los propios griegos, invadiéndose unos a otros en su locura bélica y de rapiña. Así explica Nolan el colapso de la Edad de Bronce tardío en el Mediterráneo oriental y el siglo de Edad Oscuro que sucedió a la civilización micénica. Y es evidente la advertencia que Nolan pretende lanzar en el contexto geopolítico actual.

El bárbaro del exterior

Por otra parte, la construcción del bárbaro exterior no sirve únicamente para justificar la violencia más allá de las fronteras. Termina proyectándose inevitablemente sobre la propia sociedad. Cuando el enemigo de fuera ya no basta para ocultar la decadencia, el poder necesita encontrar también enemigos dentro: quienes se oponen a la guerra, cuestionan el rearme o expresan su solidaridad con Palestina.

También los migrantes, a quienes se presenta como una amenaza llegada desde fuera, ocultando que muchos de esos desplazamientos son consecuencia directa de las guerras, del saqueo económico y de la desestabilización provocada durante décadas por las propias potencias imperialistas. El bárbaro exterior y el enemigo interno son dos figuras de un mismo relato, cuyo propósito es ocultar que la verdadera crisis no procede de quienes llegan, protestan o resisten, sino de un sistema incapaz de sostenerse sin recurrir cada vez más abiertamente al saqueo y la violencia.

La decadencia de Occidente no es la caída de una civilización entendida como una entidad abstracta. Es la crisis de un sistema desigual y, sobre todo, es responsabilidad de quienes se benefician de esa desigualdad y pretenden mantenerla a cualquier precio.

La propuesta de Nolan contiene un discurso pacifista y un llamamiento a recuperar un espacio de convivencia basado en una nueva ley de Zeus, que en nuestro tiempo podría identificarse, como decíamos, con el derecho internacional, pero debe implicar una comprensión más profunda de las relaciones de poder que han determinado siempre el cumplimiento o el incumplimiento de esa ley.

En efecto, vivimos en un mundo en el que la ley de Zeus ha sido pisoteada y en el que los pueblos del mar, como se insinúa al final de la película, somos nosotros mismos. O, más concretamente, lo son las potencias occidentales que, mientras señalan la barbarie ajena, destruyen las normas, las instituciones y los espacios de encuentro que ellas mismas dicen representar.

Alejémonos de los cantos de sirena, aunque ahora los llamen relatos. Troya, si existió, dejó sus ruinas en la colina de Hisarlik, en la actual Turquía. Pero aquella guerra no se libró por el rapto de Helena. Tras el relato mítico se encontraba el control del comercio, de las rutas y del territorio.

La decadencia de Occidente no es la caída de una civilización entendida como una entidad abstracta. Es la crisis de un sistema desigual y, sobre todo, es responsabilidad de quienes se benefician de esa desigualdad y pretenden mantenerla a cualquier precio.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

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*Carmen Parejo Rendón es una periodista, escritora y analista política sevillana, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Es reconocida internacionalmente por su labor como directora de la Revista La Comuna y su participación habitual en grandes cadenas como RT, Telesur e HispanTV. Su análisis se especializa en geopolítica, con un enfoque crítico sobre América Latina, Asia Occidental y los procesos de soberanía popular. Como autora, destaca su obra poética Arquitecturas y Mantras, además de su colaboración en medios de pensamiento como El Viejo Topo. A lo largo de su carrera, ha compaginado la información con la gestión cultural y la dramatización teatral juvenil. Su perspectiva se define por la defensa del antiimperialismo y el estudio de la multipolaridad global. Actualmente, es una de las voces más activas en la contrainformación y el análisis social desde España. Su perfil une el rigor académico con un compromiso firme hacia los movimientos sociales transformadores. Se ha consolidado como una referencia para comprender los conflictos internacionales desde una mirada alternativa y rigurosa.

Comunicado

 


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De prensabolivariana en agosto 1, 2026

Memorias de un escuálido en decadencia

¡Firmeza! ¡Firmeza, carajo! El compañero presidente en el exilio, Edmundo González Urrutia, y la compañera premio nobel de la paz —hay que decirlo, porque la gente olvida muy rápido— sacaron un comunicado arrechísimo para apartarse de esa cosa que comienza mañana 1.° de agosto y que nos tiene nerviosos, es decir, el diálogo entre las asambleas. En una de sus partes, el incendiario comunicado dice así: «Miembros de la Asamblea Nacional de 2015 y representantes del régimen han anunciado la creación de un mecanismo entre ambos en cuyo diseño, construcción y funcionamiento no participamos; por lo tanto, no nos corresponde explicar sus alcances ni sus decisiones. Quienes lo impulsan deben informarle al país sus objetivos, su método y su cronograma», expresa el documento difundido en sus redes sociales. Y los compañeros nos cayeron encima con todo y algodón. Que si la compañera María Súmate era una malcriada y una necia, dijo alguien por ahí. Es decir, que porque no la invitaron se puso con esa pendejada y no deja avanzar a Trump hasta el camino del éxito. Que si el compañero Edmundo González renunció, que ya no tiene nada que decir, que se deje de pendejadas, y váyanse al carajo con ese comunicado. Es decir, entre nosotros mismos comenzamos a matarnos, porque no te puedo querer porque no sientes lo que yo siento. 

Poderejecutivo

Y luego vino el segundo coñazo, es decir, el otro doblete sísmico. En el diario 2001 de ayer salió publicada la lista de los diputados compañeros que participarán en el diálogo en la asamblea de la dictadura. Alejandro Hernández publicó esa lista en el Twitter, es decir, en X. Dijo: «Estos son los nombres de los diputados de la Asamblea 2015 que conformarán la delegación opositora para el proceso de negociación que inicia el 1.° de agosto: Dinorah Figuera (PJ), Juan Miguel Matheus (PJ), Ramón López (PJ), Jorge Millán (PJ), Elimar Díaz (PJ), Julio César Moreno (PJ), Marco Aurelio Quiñones (VP), Macario González (VP), Desiree Barboza (VP) y Sergio Vergara (VP)». Y allí les dieron con todo a todos. Que si en sus casas los conocen, que si solamente hablarán con la dictadura los partidos Primero Justicia y Voluntad Popular, que Julio —Asesino de Niños— Borges y Leopoldo —Poeta del Verso Largo y Corto— López se cogieron ese diálogo, que nos van a volver a joder, que publiquen sus currículos para ver qué carajo han hecho, que esos carajos no me representan a mí y mucho menos al heroico pueblo venezolano, que quién votó por esos grandes carajos, que de qué estados son diputados, que si Sergio Vergara es un corrupto que se robó la plata de la ayuda humanitaria cuando la guerra en la frontera, que si Marco Aurelio Quiñones no es diputado principal sino el suplente de José Brito, o que si es un diálogo entre PJ, VP y el PSUV. Una demostración de que somos peores que los partidos de izquierda, que nunca presentaron un candidato a la presidencia juntos porque no se podían ver. En fin, la coñaza que les dieron a los compañeros diputados en el Twitter (X) fue de padre y señor mío, porque ahí se armó la de Dios es Cristo. «Y solo nos salva», dijo alguien por ahí, que entre los diputados de la dictadura esté Pedro Carreño, porque él solo desprestigia a todos los demás. Y si está presente el Carreño, aseguramos el éxito, porque ese se pone a hablar de Homero y la Odisea para demostrarnos su ignorancia.

El papá de Margot leyó el comunicado de los compañeros Edmundo y María Súmate y dijo: «¡Carajo! Somos muy buenos sacando comunicados para caerles encima a los demás compañeros. Seremos entonces mirones de palo, porque a palo les vamos a caer a todos esos diputados de agua dulce que nos van a representar allí. ¿Dónde están los diputados de Un Nuevo Tiempo, de las dos AD, de la gente del compañero Andrés —Acero, A Cero Cincuenta— Velásquez? A mí no me joden». Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: «¡No te gusta la lista de diputados que van al diálogo, muérgano!».

—No me obliguen que cante, que no puedo… —me canta Margot.

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*Roberto Malaver. Periodista y escritor. Niega ser humorista, a pesar de algunas evidencias que indican lo contrario. Co-moderador del popular programa «Los Robertos», al cual insisten en llamar «Como Ustedes Pueden Ver». Co-editor del suplemento comico-politico «El Especulador Precóz». «Co-algo» de muchos otros proyectos porque le gusta jugar enquipo. @robertomalaver

¿Quién está matando a la moribunda Corte Penal internacional?

 

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De prensabolivariana en agosto 1, 2026

«Ladrillo por ladrillo, si es necesario». Así definió su intención de desmantelar la CPI el secretario de Estado del Gobierno de Donald Trump. Marco Rubio acusó a la entidad de «librar una guerra» contra EE.UU., «mediante estatutos y pactos y la fuerza del llamado derecho internacional».

En un voluntario o involuntario lapsus especialmente cínico, el máximo representante de la política exterior de Washington se lamentó de que, con los teóricos poderes extraterritoriales del organismo judicial, funcionarios estadounidenses podrían quedar «a merced de jueces extranjeros a miles de kilómetros de distancia, enfrentando el riesgo constante de ser procesados e incluso encarcelados», cuando el país al que representa Rubio mantiene encarcelado y en espera de juicio al presidente de Venezuela, tras haberlo secuestrado en un operativo en el que un centenar de personas fueron asesinadas.

O, dicho en otras palabras, «qué horrible esa CPI, cualquier día de estos podría hacer algo parecido a lo que hacemos en la Casa Blanca».

La razón de esta nueva ola de hostilidad hay que buscarla en la decisión del tribunal de imputar a Benjamín Netanyahu

Esta renovada hostilidad de Washington contra la Corte no deja de resultar algo llamativa, puesto que Washington nunca se sometió a su jurisdicción. En el año 2000, el por entonces presidente Bill Clinton firmó el Estatuto de Roma que sentaba las bases del tribunal, pero EE.UU. nunca lo ratificó y rechaza que tenga alguna jurisdicción sobre su territorio.

Por otro lado, el organismo jamás ha movido ni medio meñique para imputar a algún ciudadano estadounidense ni antes ni ahora, pese a que en este cuarto de siglo las sucesivas invasiones e intervenciones militares de la Casa Blanca por todo el mundo han dado motivos de sobra.

Hegemonismo disfrazado de Justicia

La razón de esta nueva ola de hostilidad hay que buscarla en la decisión del tribunal de imputar y emitir órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su por entonces ministro de defensa, allá por 2024, cuando arreciaba el genocidio contra la población palestina.

Hostilidad llevada al paroxismo durante el ‘trumpismo’, cierto, pero que no está de más recordar que ya había dado su inicio en el ‘bidenismo’. Es decir, desde hace ya dos años que, en Washington, tienen en la mira a la CPI, a cuyos miembros han llegado a sancionar de diversas maneras. Por lo que podría resultar tentador concluir que, si el imperialismo estadounidense le tiene tanta rabia, entonces es que el tribunal es digno de admiración. Sin embargo, el pensamiento simplista-reduccionista no suele funcionar bien en geopolítica y este caso dista mucho de ser una excepción.

Y es que, desde su concepción, la Corte demostró que, tras su declaración de loables intenciones, se escondía el mismito hegemonismo de siempre. Aunque en sus estatutos se presentaban determinados a perseguir judicialmente el genocidio, los crímenes de guerra o contra la humanidad allá donde se manifestaran y los cometiera quien los cometiera, pronto se demostró que, en el fondo, escondían más letra pequeña y asteriscos que infomercial nocturno de productos dietéticos milagrosos.

Para Moscú, la CPI es un instrumento geopolítico del Occidente Colectivo,  del famoso ‘mundo basado en reglas’ cuyos autores imponen a los demás, pero que nunca respetan ellos mismos

Así, mientras absolutamente ninguno de los numerosos y sobradamente documentados actos criminales de la OTAN en todo lo que va de siglo en Afganistán, Irak o Libia —por nombrar algunos ejemplos— fue abordado por el tribunal —pese a que la mayoría de miembros de la Alianza Atlántica son también parte del estatuto que sostiene la CPI y, por tanto, imputables—, hasta 2024 los casos analizados por sus jueces se limitaron exclusivamente a aquellos circunscritos al llamado Sur Global. O, en otras palabras, los burros del Norte hablando —y condenando— las orejas sureñas.

Esto era algo previsible, tanto así que más de 60 países se lo olieron desde el principio. Por ejemplo, ni Rusia, ni China, ni Cuba, ni Irán, ni la India, por nombrar unas cuantas naciones de significativo peso geopolítico, han reconocido a la CPI ni su jurisdicción global. Los motivos para no convalidar el estatuto constituyente y las críticas al organismo desde su nacimiento son variados.

Para naciones como Rusia y China, aceptar un marco legal de aplicación global que rechazaba EE.UU. era un poco como «cuchillo para su propia garganta». Para Moscú, la CPI no es más que un instrumento geopolítico más del Occidente Colectivo, perteneciente al famoso concepto de ‘mundo basado en reglas’ cuyos autores imponen a los demás, pero que nunca respetan ellos mismos, así sea para predicar con el ejemplo. Pekín, además de compartir esa impresión, considera que el tribunal viola el principio de soberanía de los estados y además hace una interpretación eurocéntrica del derecho, ignorando interpretaciones jurídicas de otras culturas y civilizaciones.

Sus valedores, sus peores enemigos

Sea como sea, a pesar de su irrelevancia —por decisión propia o por impotencia, según el caso— contra grandes potencias y el hecho de que en un cuarto de siglo jamás hayan acusado ni a un soldado de infantería estadounidense aunque sea, hoy la Casa Blanca considera a la CPI como una amenaza a su seguridad nacional, busca desmantelarla y, probablemente, termine lográndolo.

Pero este desmantelamiento no será principalmente culpa —o mérito, según considere cada quién— de Trump o Rubio, sino, precisamente, de algunos de los más dedicados promotores y defensores del tribunal.

Y es que los supuestos valedores de la CPI le han hecho mucho más daño que sus más férreos detractores, porque, en esa costumbre tan suya de exigir el cumplimiento de leyes que son los primeros en pisotear, la han convertido en un hazmerreír jurídico de escala global. Al fin y al cabo, con todo lo brutales y cínicos que puedan ser, en Washington son consecuentes con su discurso: dicen que odian a esa corte y hacen todo lo posible por acabar con ella. Sin embargo, en Europa Occidental dicen defenderla… pero también hacen todo lo posible por acabar con ella, aunque sea más por pasiva que por activa.

Y es que en los casi tres últimos años, ese prófugo de la CPI llamado Benjamín Netanyahu ha sobrevolado países firmantes y ratificados del Estatuto que la creó como perro por su casa, sin que ninguno de ellos hiciera nada por impedirlo, en decenas de ocasiones. En la más reciente, justo en estos días, el primer ministro israelí sobrevoló Grecia, Italia, Francia y hasta Canadá, seguramente riéndose mientras miraba por la ventanilla.

De modo que sí, Trump y Rubio quieren acabar con la Corte Penal Internacional, pero no será esa la principal razón por la que el tribunal termine olvidado en un rincón entre documentos polvorientos, sino porque la cruda verdad es que no se creó para los objetivos que dice perseguir.

Y, qué mejor prueba de ello que el hecho de que la única vez que la corte trató de tomarse esos objetivos mínimamente en serio, tras el inicio del genocidio israelí en Gaza, su principal enemigo se lanzó de frente para acabar con ella y sus supuestos defensores no hicieron absolutamente nada para impedirlo.

El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ‘¡Ahí les va!’, escrito y dirigido por Mirko Casale.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

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*Mirko Casale.Guionista, presentador y director del programa de humor político ‘¡Ahí les va!’, que transmite RT con gran éxito en países de habla hispana desde hace cinco años. Nació en Buenos Aires en 1976, de padre argentino y madre yugoslava. Mirko ha trabajado toda su vida en los medios de comunicación. Su carrera comenzó en Venezuela, donde entre 2006 y 2016 se desempeñó como director creativo del Ministerio de Comunicaciones e Información, y como responsable de nuevos contenidos en el canal estatal ViVe. En esos años creó, dirigió y coordinó numerosos proyectos audiovisuales: videos promocionales, animados y otros, casi todos con un enfoque humorístico y político. 

BLOG. AUTOR:  Mirko Casale
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