Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

3 de noviembre de 2026

Los juegos del hambre

 


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De prensabolivariana en noviembre 3, 2026

A solo unas horas de la histórica remontada de Lula da Silva en el segundo turno de las elecciones presidenciales brasileñas, ya habían corrido ríos de tinta y de caracteres analizando el significado y la impresionante lección de política que dejó su triunfo. Ni qué decir del “sinsabor amargo” que sentimos en Colombia con el batacazo que nos dejó alucinados.

Mucho se ha dicho y se dirá por décadas. No cabe duda de que la hazaña electoral que presenció el mundo entero será un caso de estudio. Lo que pase después, el devenir del cuarto gobierno de Lula, de la geopolítica hemisférica y global, depende de tantos otros factores. Pero el respiro se sintió. Una bocanada de aire fresco dio aliento al mundo, pues dejó sentado que la fórmula electoral neofascista que nos han aplicado como una cartilla, no es invencible. Plantó como bandera que se puede y se debe disputar el terreno político del siglo XXI y los debates que propone. Y dejó abiertas todas las posibilidades para los comicios que se avecinan: las midterms gringas del 3 de noviembre, las elecciones territoriales colombianas y las presidenciales argentinas de 2027, por mencionar algunas.

Ahora bien, no cabe en esta reflexión todo el análisis sobre la necesidad de la comunicación política y el conocimiento técnico en la campaña, la organización de ejércitos de militancia digital para combatir las noticias falsas y los enjambres de bots, ni lo crucial de NO regalarle a la ultraderecha debates tan sensibles como la seguridad. Tampoco hablaremos otra vez de la importancia de complementar los programas políticos sociales y orientados hacia las clases populares con banderas y propuestas dirigidas a las capas medias y los sectores urbanos, ni lo clave que resultan las alianzas electorales amplias, sin descuidar la movilización social como repertorio de acción durante la campaña electoral. Todo eso ha sido abordado con suficiencia en otros espacios al alcance de un clic.

Resulta más interesante preguntarse cómo vamos a apropiar todas esas lecciones y a aplicarlas. El 28 de octubre, la Registraduría publicó la Resolución 12338 de 2026, que fija el calendario electoral para las elecciones territoriales que se llevarán a cabo el 31 de octubre de 2027. Al momento de publicar este texto, la cuenta regresiva para escoger gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles para el periodo 2028-2031, habrá comenzado.

Pero la contienda ya se está librando. Las elecciones, especialmente las locales, se preparan en la relación cotidiana con las comunidades, en la formación de liderazgos, en las alianzas políticas, en la capacidad de resolver problemas concretos y en la presencia real organizada en los territorios.

Se considera que las locales son un proceso bastante distinto a las elecciones nacionales en su desarrollo y en el comportamiento del voto. Sin embargo, no es descabellado pensar que la agitación política de la última campaña presidencial y lo que se ha visto hasta el momento de la gestión de Abelardo, le darán nuevos tintes a esta contienda. No aventuro la tesis de unas elecciones por fuera de toda regla, pero sí planteo que pueden presentarse algunas dinámicas novedosas e interesantes.

La segunda vuelta presidencial de 2026 dejó muy claro algo que es bien sabido: las posibilidades de sostener un proyecto político nacional de largo aliento pasan por consolidar el poder territorial. La incidencia de los clanes regionales, muy bien afianzados en las estructuras del poder local, fue determinante para el triunfo de Abelardo. Estas estructuras construyen alianzas, redes políticas y capacidad de articulación territorial, regional y nacional. No son un decorado: participan en la organización y reproducción del poder; eso quedó claro con el éxito en campaña de la consigna “antibogocentrista”, aunque sea mera retórica de Abelardo.

Ignorar ese entramado puede llevarnos a tener una movilización nacional multitudinaria y, aun así, carecer de fuerza político-electoral suficiente para disputar el gobierno municipal y departamental en 2027 y el nacional en 2030. Uno de los mayores activos y elementos diferenciadores de la izquierda frente a la derecha es la existencia de un movimiento social cuya presencia y potencia en los territorios son indiscutibles y deben poder traducirse, como ya ha ocurrido, en votos.

Es necesario responder con rigor la pregunta ¿por qué tantos territorios votan por la izquierda o por propuestas alternativas en las elecciones nacionales y por la derecha y las clases políticas tradicionales en las locales? No es algo aislado, y es el enorme reto de la campaña que se avecina: que las elecciones locales reflejen la gran demostración de fuerza electoral del pasado 21 de junio.

Por eso, el desafío para el campo popular no puede limitarse a cómo calcar el paso a paso de la remontada de Lula. Se trata de comprender qué condiciones hicieron posible esa remontada y cómo construirlas en nuestro contexto. Las elecciones territoriales no son un ensayo menor de la política nacional. Allí se cimenta estructura política, capacidad de gobierno, se transforma la realidad inmediata del pueblo colombiano, se forman liderazgos, se establecen relaciones de fuerza y se construye poder.

Hay que estudiar Brasil. Una contienda que parecía inclinada hacia la derecha cambió de rumbo contra todo pronóstico. La lección exige mirar la articulación entre programa, comunicación, alianzas, movilización y organización. En Colombia, además, obliga a reconocer la disputa territorial como indispensable para ser alternativa política.

Ya arrancó el calendario electoral. Como en la saga de Suzanne Collins, llegó la hora de entrar a la arena:

“¡Que comiencen los juegos del hambre! Y que la suerte esté siempre de vuestra parte”

♦♦♦

Laura Liliana Espinosa Macías es una politóloga, magíster en Estudios Políticos Latinoamericanos, profesora y analista política colombiana. Es reconocida en el ámbito público y académico por su enfoque en políticas públicas, paz, análisis legislativo y equidad de género.

¿Qué tan útil será la nueva plataforma P4M para Brasil, India y Turquía?

 


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De prensabolivariana en noviembre 3, 2026

Si bien la UE ya se ha subordinado a Estados Unidos como resultado de la lucha de poder hegemónica de este último sobre Occidente tras el inicio de la fase a gran escala del conflicto ucraniano a principios de 2022, esto no significa automáticamente que esos tres se unan como los otros socios menores de Estados Unidos.

RT destacó las declaraciones del Ministro de Asuntos Exteriores de la India, Dr. Subrahmanyam Jaishankar, en la cumbre inaugural de Socios para el Multilateralismo, el Derecho Internacional, la Paz y la Prosperidad (P4M), celebrada paralelamente a la Asamblea General de la ONU a finales de septiembre. En resumen, el multilateralismo se enfrenta a desafíos sin precedentes debido a la «competencia extrema, las tensiones geopolíticas y los conflictos reales», lo que ha contribuido a la «crisis de las cuatro F: combustible, alimentos, fertilizantes y finanzas», que, según argumenta, solo puede abordarse mediante la vía multilateral.

La declaración conjunta del P4M se hace eco de estas preocupaciones y fue copatrocinada inicialmente por Australia, Barbados, Brasil, Canadá, la Unión Europea, India y Kenia, con firmantes de más de una docena de países como Turquía, así como de miembros de la UE como Eslovaquia. El experto ruso en geoeconomía Yaroslav Lissovolik , director de BRICS+ Analytics, señaló en su artículo sobre este grupo que podría «establecer vínculos a través del eje Norte-Sur entre las potencias medianas del mundo desarrollado y el Sur Global».

Él prevé que “las filas de la plataforma P4M podrían expandirse a través de las potencias medianas de Asia, especialmente economías de la ASEAN como Vietnam, Malasia y/o Indonesia”, que son miembros formales de los BRICS, como Indonesia , o socios de BRICS+, como Vietnam y Malasia. El P4M también encarna la estrategia multialineación de larga data de la India y el reciente llamado de Francia a una “coalición de independientes”. A continuación, se presentan tres informes que documentan de forma concisa los recientes desarrollos conceptuales relevantes:

En términos prácticos, según su declaración conjunta, la iniciativa P4M apoya “cadenas de suministro globales diversificadas y resilientes, la reforma del sistema multilateral de comercio, una arquitectura financiera internacional mejorada y una mayor coordinación en materia de finanzas internacionales, transformación digital, inteligencia artificial, cambio climático y salud global”. La importancia de estos objetivos radica en que vinculan más estrechamente a Brasil, India y Turquía con la UE en este momento crucial de la transición sistémica global.

Si bien la UE ya se ha subordinado a Estados Unidos como resultado de la hegemonía de este último en Occidente tras el inicio de la fase a gran escala del conflicto ucraniano a principios de 2022, esto no significa automáticamente que los otros tres países se unan como socios menores de Estados Unidos. Más bien, aunque los tres mantienen estrechos lazos con Estados Unidos, que incluso continúan fortaleciéndose en algunos aspectos a pesar de las fricciones bajo la administración Trump 2.0, se espera que dependan de la UE para promover sus intereses comunes.

Esto podría traducirse en una mayor coordinación sobre estos temas mediante formatos de colaboración público-privada (P4M) en el futuro, así como en la votación conjunta en la ONU sobre las resoluciones no vinculantes de dicho organismo. En el ámbito geoestratégico, Brasil busca reducir su dependencia de Estados Unidos, India aspira a posicionarse como un centro más fiable de las cadenas de suministro globales que China, y Turquía no desaprovechará la oportunidad de asociarse con la UE. Por consiguiente, se espera que estas tres potencias medianas se beneficien de la colaboración público-privada.

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*Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos:
1 “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen”. 2 “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.
𝕎 @AKorybko / 𝕏 @AKorybko♦
𝕏 @PBolivaria / ✉ pbolivariana@gmail.com♦

2 de noviembre de 2026

¿Quién le teme a Steve Bannon? Guerra cognitiva y deyecciones ideológicas imperiales Por: Fernando Buen Abad

 


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De prensabolivariana en noviembre 2, 2026


Esta pregunta no concierne únicamente a un individuo, a su trayectoria política ni a las operaciones ideológicas que lo han convertido en una figura emblemática de la extrema derecha estadunidense. Interroga, en realidad, una zona más profunda de la conciencia contemporánea: ¿qué sucede con una sociedad cuando la degradación del lenguaje se convierte en método de intervención política, cuando la obscenidad adquiere estatuto de franqueza, cuando la crueldad pretende hacerse pasar por lucidez y cuando la demolición de los vínculos humanos se publicita como una forma superior de libertad?

Steve Bannon representa, en ese horizonte, algo más significativo que una personalidad polémica: encarna una modalidad de combate semiótico que emplea la provocación, la polarización, el resentimiento y la fabricación sistemática de antagonismos para disputar la organización simbólica de la vida colectiva.

“Los demócratas no importan. La verdadera oposición son los medios. Y la forma de lidiar con ellos es inundar la zona de mierda”.

No se trata de atribuirle poderes sobrenaturales ni de convertirlo en protagonista de una mitología invertida, sino de examinar críticamente las condiciones materiales, mediáticas y culturales que permiten a semejantes estrategias encontrar interlocutores, amplificadores y beneficiarios.

El problema no es solamente Bannon; es también la estructura de recepción que hace posible presentar la barbarización del discurso como emancipación, anunciar la vulgaridad como autenticidad y vender el deterioro de la inteligencia pública como rebelión contra las élites. ¿Quién le teme, entonces?

Le temen quienes comprenden que la política no se disputa exclusivamente mediante leyes, presupuestos, instituciones o correlaciones de fuerza, sino también a través de signos, afectos, imaginarios y hábitos perceptivos. Le temen quienes saben que una sociedad puede ser desposeída de su capacidad crítica mucho antes de que se le arrebaten formalmente sus derechos; quienes reconocen que la deshumanización comienza cuando ciertas personas dejan de aparecer ante nosotros como sujetos de dignidad y empiezan a ser representadas como desechos, invasores, parásitos, enemigos absolutos o material prescindible.

En ese desplazamiento semántico se juega una de las operaciones más peligrosas del poder contemporáneo: transformar al adversario en una entidad moralmente expulsable, despojada de la complejidad que permitiría comprender sus circunstancias, discutir sus ideas o combatir sus intereses sin renunciar a los principios de humanidad que justifican la propia lucha.

Nuestra semiótica crítica debe penetrar en esa maquinaria sin dejarse fascinar por su estridencia. Ha de estudiar cómo se producen los significados, quién controla sus circuitos de circulación, qué intereses materiales se ocultan detrás de determinadas representaciones y de qué manera se articulan los signos aparentemente espontáneos para construir hegemonía.

Desde una perspectiva marxista, semejante análisis exige vincular la superficie discursiva con las relaciones sociales de producción, las disputas por el poder y las contradicciones de una sociedad atravesada por la mercantilización de la experiencia. El escándalo no es una sustancia inocente: puede convertirse en mercancía, la indignación en combustible publicitario y la atención pública en una fuente extraordinaria de rentabilidad política.

Allí donde la industria mediática premia el estruendo por encima de la argumentación, la mentira puede adquirir una ventaja competitiva; allí donde los algoritmos privilegian la reacción inmediata, el odio encuentra condiciones propicias para reproducirse; allí donde el sufrimiento ajeno se transforma en espectáculo, la sensibilidad colectiva corre el riesgo de atrofiarse hasta confundir la exposición reiterada a la violencia con una comprensión más profunda del mundo.

No basta, por tanto, con denunciar la inmundicia discursiva: hay que comprender la economía política que la produce, la tecnología que la amplifica y la cultura que la normaliza. Ese examen exige, además, preguntarse qué concepción de la humanidad está implícita en tales procedimientos. La idea de enmierdarlo todo, entendida como principio de intervención simbólica, no consiste simplemente en emplear palabras groseras o transgredir convenciones de cortesía.

Su dimensión más corrosiva aparece cuando se procura ensuciar la percepción misma de lo humano, contaminar la conversación pública con sospechas indiscriminadas y envilecer la deliberación hasta volverla irreconocible. Se busca que ninguna afirmación de verdad, justicia o solidaridad conserve suficiente credibilidad para orientar la acción colectiva.

Es una política de la saturación: inundar el espacio común con tal cantidad de ruido, desprecio y contradicción que distinguir entre hechos y falsedades parezca una tarea inútil y la ciudadanía termine refugiándose en identidades cerradas, adhesiones emocionales o lealtades carentes de examen crítico.

Cuando todo parece corrupto, la corrupción deja de escandalizar; cuando todos son presentados como enemigos, la enemistad pierde su carácter excepcional y se convierte en atmósfera; cuando el engaño se multiplica hasta el agotamiento, lo verdadero corre el peligro de ser percibido como otra opinión intercambiable.

Esta degradación no debe confundirse con una victoria definitiva de quienes la promueven. El nihilismo puede paralizar, aunque también es posible desenmascararlo; la provocación desorganiza la conciencia, pero a la vez revela las fragilidades de un orden que ha permitido instrumentalizar la desesperación social en nombre de una grandeza imaginaria.

Precisamente por eso, la respuesta democrática no puede limitarse a reproducir, con signo ideológico contrario, los procedimientos que pretende combatir. Si la extrema derecha envilece el lenguaje, no se la derrota haciendo de la vulgaridad una virtud; si transforma la política en espectáculo de humillación, no se la supera multiplicando los agravios; si fabrica enemigos para administrar el resentimiento, no se construye emancipación inventando nuevas categorías de seres humanos indignos.

La imitación táctica puede parecer eficaz a corto plazo, pero entraña una derrota estratégica: quien adopta la gramática del adversario termina aceptando, incluso sin advertirlo, parte de su concepción del mundo.

La crítica semiótica debe ser, por ello, una práctica capaz de desarticular las asociaciones fraudulentas entre fuerza y crueldad, sinceridad y brutalidad, libertad y desprecio. A la vez, ha de reconstruir las condiciones culturales para argumentar la verdad, comprender la justicia y experimentar la solidaridad como una potencia material, no como un ornamento sentimental.

Dignificar a la humanidad es mejor que ensuciarla porque la dignidad no constituye una concesión retórica, sino una condición histórica indispensable para cualquier proyecto auténticamente emancipador. Esto no significa ocultar los conflictos, absolver a los poderosos ni sustituir la lucha política por una moralina conciliadora.

Implica comprender que la crítica rigurosa puede ser implacable sin ser deshumanizadora, que la denuncia documentada posee mayor fuerza que la injuria indiscriminada y que la transformación de las estructuras injustas exige ampliar la inteligencia colectiva, no reducirla a una sucesión de reflejos biliosos.

Supone restituir a las personas su condición de sujetos históricos, capaces de comprender las determinaciones que las atraviesan, cuestionar las instituciones que las subordinan y participar en la creación de relaciones sociales menos alienantes.

Esa tarea exige combatir la explotación, la desigualdad y la manipulación sin convertir a quienes padecen sus consecuencias en objetos de desprecio. No se realiza mediante una idealización abstracta de los comportamientos humanos, sino a través de cambios concretos en las condiciones que producen humillación, ignorancia, precariedad y dependencia.

Aquí reside una diferencia fundamental entre el humanismo emancipador y la retórica vacía: el primero investiga las causas, organiza capacidades y transforma relaciones; la segunda se limita a pronunciar palabras edificantes mientras deja intactos los mecanismos de la degradación.

¿Quién le teme a Steve Bannon? Le temen quienes reconocen la potencia de una política capaz de convertir el resentimiento en identidad y la confusión en instrumento de gobierno. También deberían temerle quienes, al combatirlo, se muestran dispuestos a sacrificar sus propios principios en el altar de la eficacia inmediata.

Una democracia puede sobrevivir a una personalidad autoritaria y, sin embargo, quedar profundamente dañada si incorpora como hábitos permanentes el desprecio, la mentira y la deshumanización.

El verdadero desafío consiste en impedir que la excepción grotesca se transforme en norma cultural, que el lenguaje público pierda su capacidad de nombrar la realidad y que la ciudadanía termine considerando inevitable aquello que debiera combatir.

Frente a esa amenaza, hace falta una superioridad intelectual, ética y política capaz de explicar sus mecanismos, exponer sus intereses y organizar alternativas verificables. La tarea consiste en conquistar una coherencia entre el lenguaje de la emancipación y las prácticas que pretenden realizarla.

Allí donde el desprecio procura reducir al ser humano a una caricatura, la crítica debe devolverle su espesor histórico; allí donde la manipulación fragmenta la experiencia común, la organización colectiva ha de reconstruir vínculos; allí donde la mentira pretende clausurar la posibilidad de una verdad compartida, el conocimiento debe recuperar su función pública. La dignidad no es debilidad, del mismo modo que la crueldad no es fortaleza y la estridencia no equivale a inteligencia.

La cuestión decisiva, por consiguiente, no es si debemos temer a Bannon como individuo, sino si seremos capaces de comprender y enfrentar el sistema de significaciones que convierte la degradación en espectáculo, el odio en mercancía y la desesperanza en obediencia. La respuesta exige lucidez teórica, organización democrática, educación crítica y una voluntad inquebrantable de transformar las condiciones materiales de la existencia.

Frente a la tentación de enmierdarlo todo, dignificar a la humanidad es una decisión filosófica, una posición política y una responsabilidad histórica. No porque sea inocente, perfecta o ajena a sus contradicciones, sino porque únicamente al reconocerse en su complejidad podrá superar las formas de dominación que la mutilan.

La inmundicia puede conquistar titulares, ocupar pantallas y producir adhesiones fugaces; la dignidad, cuando se convierte en conciencia organizada y práctica transformadora, puede modificar el curso de la historia. Y esa es, en última instancia, la diferencia entre administrar el envilecimiento del mundo y trabajar para hacerlo humanamente habitable.

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*Fernando Buen Abad Domínguez es un prestigioso intelectual mexicano, filósofo y escritor , nacido en 1956. Especialista en Filosofía de la Comunicación y la Imagen, es doctor en Filosofía y director de cine egresado de la Universidad de Nueva York. Su obra destaca por el análisis crítico de la semiótica, la estética y la comunicación para la emancipación de los pueblos. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad y del consejo consultivo de TeleSur. 𝕏 @FBuenAbad♦
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