Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

22 de abril de 2026

Visita al poeta Pedro Pablo Pereira…

 

José Sant Roz

Frente al CC Milenio tomo la buseta que se dirige a Ejido. Llego a la plaza Bolívar, de allí me dirijo al sector Bella Vista. Voy recordando por donde vive el poeta, me adentro por una estrecha vereda y me consigo con la casita más humilde jamás vista, cuya puerta es una corroída y ennegrecida lámina de zinc. El piso de esa casita es de tierra apisonada. Doy unos golpes a la lámina los cuales causan un ruido tremendo, por lo que sale de la casa de al lado un señor sosteniéndose con un bastón. Es el poeta Pedro Pablo Pereira:

  • Hola Pedro Pablo. Ah, no estaba usted en su casa.
  • Cómo está usted. Yo me la paso aquí, al lado, casi todo el tiempo, para entretenerme un poco. Yo no salgo a ninguna parte –responde.
  • Usted sabe quién soy.
  • No señor. No lo recuerdo. Hay muchas cosas que ya no recuerdo.
  • Soy un viejo amigo suyo (me reservo el nombre).
  • Qué bueno. Mire, yo ya tengo 67 años.
  • ¿Seguro, Pedro Pablo que usted tiene 67?

Se mete la mano en el bolsillo:

  • Por aquí tengo la cédula. Bueno no la consigo, pero esa es mi edad. Sí señor.
  • ¿Entonces usted ya no sale a ningún lado?
  • No. Hace mucho tiempo que no salgo. Tengo problemas en la rodilla y en la espalda, del lado derecho de la espalda, por andar apoyándome en este bastón. ¿Y para dónde voy? Salir para qué.
  • ¿Te acuerdas de Arístides?
  • Sí, claro, el profesor de matemáticas, allá en la Facultad de Ciencias.
  • ¿Te acuerdas de Sant Roz?
  • Claro, él fue como un hermano. Fuimos grandes amigos. No sé de él.
  • ¿Y qué haces ahora, Pedro?
  • Estoy escribiendo mi vida.
  • ¿Estás usando la computadora?
  • No, la estoy escribiendo a mano. No tengo nada de aparatos.
  • ¿Y los libros, tú que fuiste librero y tenías una gran biblioteca?
  • Nada. No tengo libros. Vivo aquí solo.
  • ¿Y sus hermanos?
  • Ellos en sus cosas. Mejor que no se molesten en venir a verme, y si yo no los veo ni los ocupo me siento en paz y tranquilo.
  • Y es que tú Pedro, tampoco respondes al teléfono.
  • Hace mucho tiempo que dejé de tener teléfono.
  • ¿Cómo haces para comer?
  • Algunas personas me dan de comer, aunque le confieso que no me gusta molestar a nadie. Como cuando se puede. Ya he vivido lo suficiente, y aquí estoy esperando el final.

Con el corazón contrito, voy y le extiendo la mano para despedirme:

  • Bueno, poeta, encantado de haberlo visto y saludado.
  • Y yo le agradezco altamente que me haya visitado. Que tenga usted un buen día.

El trabajo ya no paga…

 


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De prensabolivariana en abril 22, 2026

¿Por qué se estancan los salarios en Francia? La culpa la tiene un capital que ya no paga.

Por Luis Casado*

Si alguna vez pagó…

No me canso de repetir que en el año de gracia de 1817 el economista inglés David Ricardo (1772-1823) consideró que la repartición de los ingresos entre lucro y salarios era el principal problema de la economía política.

Desde siempre los pringaos recibieron los puros huesos –ya chupados– mientras el capital se harta de lucro, dividendos, beneficios, regalías y otros dulces mimos. Tal desequilibrio generó millones de miserables cuyas breves y duras vidas se agotaron produciendo la llamada acumulación primitiva de capital que, en palabras de Marx, “nació chorreando sangre y lodo por todos sus poros”.

El derecho a pataleo no vino incluido en el capitalismo, ni siquiera como opción pagando un modesto suplemento: fue logrado mediante luchas sociales atrozmente reprimidas allí donde los pringaos osaron exigir salarios decentes y condiciones de trabajo humanas. Es lo que se dio en llamar lucha de clases. Poco a poco, a lo largo de más de dos siglos, la masa de productores logró acceder a una pijotera parte de la prosperidad creada con su propio trabajo.

En algunos sitios y periodos históricos, la evolución de los salarios permitió que una parte significativa de la población mejorase su nivel de vida, alimentando la idea de que cada generación viviría mejor que la precedente gracias al trabajo. Fue el caso de Francia durante los años llamados “los treinta gloriosos” (1945 – 1973).

Elise Koutnouyan, periodista del diario financiero parisino Les Échos, en un artículo acompañado de un video, asegura que ese tiempo se acabó. El título lo dice todo: “Por qué el trabajo ya no paga”.

La introducción de su nota te pone la carne de gallina, te eriza la piel, te para los pelos y te desencrespa los rulos: “En Francia, una vida entera de trabajo ya no permite aumentar durablemente el nivel de vida. Es una ruptura histórica desde 1945.”

En el subtítulo la periodista va directo al grano: “El contrato social en torno al trabajo se fisura”:

Durante mucho tiempo, el trabajo prometía una cosa: mejorar nuestro nivel de vida. Esa era la base de todo un imaginario social, la idea de que cada generación viviría mejor que la anterior gracias al trabajo. Pero hoy en día, ese contrato social se está resquebrajando. El trabajo ya no compensa, en el sentido de que ya no permite mejorar el nivel de vida de forma sostenible. Esta ruptura histórica se viene produciendo desde principios de la década de 2010. Desde entonces, el poder adquisitivo de los asalariados franceses se ha estancado. Aumenta menos de un 1 % al año de media, según el INSEE (instituto de estadísticas). A este ritmo, habría que trabajar más de ochenta años para duplicar el nivel de vida. Esta evolución, señalada por Antoine Foucher en su libro «Sortir du travail qui ne paie plus» (Salir del trabajo que ya no compensa), afecta a todos los asalariados.”

Todos. Incluso tú, profesional gilipollas que te crees clase media. La incesante batalla del capital por aumentar el lucro y obtener una más alta rentabilidad no hace prisioneros. Ni excepciones.

A estas alturas o bien quieres traer tu capitalito a Francia o bien te preguntas quién, cómo y cuando se hizo responsable de este desastre. Sigue leyendo alma impía:

¿Por qué se estancan los salarios en Francia? La culpa la tiene un capital que ya no paga. Francia, el país donde los asalariados se encuentran entre los menos motivados de Europa.”

Dos razones estructurales explican esta ruptura histórica: la productividad y la financiación del modelo social. Por un lado, la productividad laboral en Francia se estanca desde la década de 2010. Sin embargo, son las ganancias de productividad las que explican, a escala macro-económica, que los salarios aumenten.

¿Y por qué se estancó la productividad de los currantes galos? ¿Ah? Por la sencilla razón de que el capital se llevó la industria a Asia, dónde los salarios son muy inferiores. Francia se desindustrializó. De un lado el capital obtuvo mayor rentabilidad, del otro cerraron las fábricas. Esperando que la IA nos resuelva este cagazo.

Por otro lado, el modelo social francés se sustenta en su mayor parte en los trabajadores. Esto se traduce concretamente en las cotizaciones sociales sobre los salarios brutos. Estas representan el 46 % del salario medio total y, por lo tanto, pesan sobre el salario neto que perciben los franceses.

Leíste bien. Del salario bruto se descuentan las cotizaciones sociales que financian la Salud, los seguros de desempleo, las pensiones de un sistema por repartición, la formación profesional y un par de cosillas más. El monto global de esas cotizaciones representa un 46% del salario medio. Piénsalo cuando leas que en Chile los empresaurios lloriquean porque pagan un 27% de impuestos sobre sus ganancias y KK se los reducirá a 23% para que compren pañuelitos Elite.

Chile, país en el que nunca conocimos algo parecido a “los treinta gloriosos”, la prosperidad jamás le llegó a los pringaos y en el que el trabajo nunca pagó, a menos que pienses que calentar un curul en el Municipio, en el Parlamento o en La Moneda sea trabajo.

Y que –contrariamente a lo que se cree– hace escuela: hace unos días el ministro francés de Finanzas, frente al descalabro del aumento del precio de la energía y a su crasa incompetencia para hacerle frente a ese detalle –inspirándose en el ejemplo chilensis que autorizó el retiro parcial de los fondos de pensión para que los pringaos pudiesen morfar– tuvo una iluminación repentina:

Bercy quiere autorizar los asalariados modestos a retirar 2 000 euros de su plan de ahorro en la empresa.”

El “plan de ahorro en la empresa” (PAE) es un salario diferido que recibe el currante tras una larga espera. Así, el billetito se queda en manos del empresaurio mientras el pringao trabaja.

Ese billete, aparte reducir los costes salariales en lo inmediato, puede ser “colocado” en productos financieros del mercado (¿leíste “The financial world or the revolving crisis”?), lo que llevó a un sindicalista franchute a alzar la voz:

Luché en la pega para que los asalariados rehusaran la participación en el PAE compuesto de un solo y único fondo a 5 % de derecho de entrada más 3% de gastos de gestión, que renta menos que una libreta de ahorro desde hace 15 años. Hay empresas en las que los PAE son desastrosos y con asalariados incultos en materia de gestión patrimonial, el PAE los priva del dinero que harían bien poniendo en cualquier lado menos en esta mierda. Por eso es una buena noticia en las pegas podridas en PAE como la mía, poder retirar su billete de manera fácil y sin impuestos.”

Anda a saber por qué esta reflexión me llevó a preguntarme cual es la rentabilidad –para los pringaos– del dinero que ponen en las AFP.

En eso estaba cuando recibí algo parecido a las lecciones que las hermanitas Meneses daban en el catecismo que dispensaban en San Fernando allá por el año 1955 y que te resumo aquí para que te enteres:

Habrá guerras y rumores de guerras, señales arriba en los cielos y abajo en la tierra, el sol se tornará en tinieblas y la luna en sangre, habrá terremotos en diversos lugares, los mares se saldrán de sus límites y entonces aparecerá en el cielo la gran señal del Hijo del Hombre.”

Ese tipo de mensaje leí –no podía ser de otro modo visto que no hay otra prensa– en el suplemento Economía y Negocios del Mercurio del domingo pasado (19/04/2026).

A los descreídos, agnósticos, escépticos y otros pinches incrédulos debo señalarles que sus infaustas dudas hieren la sensibilidad de mi discernimiento y mi natural tendencia a confiar en el prójimo como en mí mismo, visto que:

Puede haber ocasiones en que el Señor permita que un alma en el cielo nos envíe una palabra, un mensaje, una señal o un consuelo . Sin embargo, no parece ser algo que debamos esperar con frecuencia, y debemos ser muy perspicaces antes de aceptar sin más que algo es un mensaje de un alma difunta.”

Con el atenuante que esta vez el mensajero es un weón vivo, o más bien vivaracho, lo cierto es que Juan Andrés Camus –presidente de la Bolsa de Santiago– no es como la luna: brilla con luz propia.

Tengo para mí que su mensaje es de inspiración divina – él es el portador de la gran señal del Hijo del Hombre– y tiene por objeto aportar un inmenso grano de arena al Plan de Reconstrucción Nacional proyectado por el actual inquilino de La Moneda.

Juan Andrés declaró, literalmente, esta frase cuya sabiduría y presciencia causa envidia:

“En la medida en que la economía vuelva a crecer, se recupere el empleo de aquí al 2030, los capitales volverán”. (sic)

Dicho de otro modo, no sirve de nada bajarle los impuestos a los empresaurios, visto que según Juan Andréslos capitales volverán solitos una vez que todo vaya bien y mañana mejor.

Si has llegado a la conclusión de que esta distinguida notabilidad puso la carreta delante de los bueyes… pa’ mí que habría que reconocer tu trabajo de reflexión.

Que dicho sea de paso, tampoco paga.


POLITIKA


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«Mona»: La bajeza de la oposición venezolana en Madrid

 


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De prensabolivariana en abril 22, 2026

Álvaro Verzi Rangel*

El 19 de abril de 2026, cientos de venezolanos se congregaron en la Puerta del Sol de Madrid para recibir a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, quien recibía la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid. En ese escenario, el cantante Carlos Baute arengó a los asistentes con una frase: «¡Fuera la mona!». Cientos de personas la corearon.

La pregunta que en ese momento quedó suspendida en el aire no es menor: ¿Puede un movimiento que dice luchar por la libertad reproducir el mismo lenguaje que históricamente han usado las élites para excluir y humillar al pobre? La respuesta es simple: Machado, a punto de cumplir los 60 años, es precisamente representante de las elites: es fundadora y coordinadora nacional del movimiento político Vente Venezuela, cofundadora de la asociación civil  Súmate -experta en fraudes electorales- e integrante de la plataforma  Soy Venezuela.

El blanco era Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela, mujer mestiza de origen popular, la primera en ejercer ese cargo en la historia del país. El agresor, un cantante venezolano nacido en Tenerife. Machado, investida por la prensa derechista como la líder opositora venezolana, promovida por sucesivos presidentes estadounidenses desde George Bush en 2002, no tiene, según  Donald Trump, arraigo popular.

La embajadora venezolana en España, Gladys Gutiérrez, condenó dichos cánticos, indicando que «constituyen una manifestación inaceptable de discurso de odio», por lo que expresó «sus más sinceras disculpas» al pueblo español, que conoce «en su propia historia el horror del fascismo y de los crímenes de odio, y a todas aquellas personas que hayan podido sentirse ofendidas»

El propio Baute intento disculparse: «Vengo de una familia venezolana, crecí dentro del folclor, de la unión, estudié el folclor venezolano y siempre he defendido sus valores y he luchado contra la injusticia. Por eso quiero ser muy claro y determinante: no soy una persona racista, no soy racista, ni creo en el insulto como camino»,  aseguró Baute en sus redes sociales. Los hechos corroboran otra cosa.

«Mona» no es un insulto aleatorio ni una ocurrencia de una tarde de primavera. Es una pieza reconocible de un repertorio racista con décadas de uso documentado en Venezuela. Entre 2002 y 2013, medios privados venezolanos utilizaron expresiones similares: «ese mono», «marginal», «chaburro» para referirse a Hugo Chávez, cuyo fenotipo afroindígena lo convertía, a ojos de ciertos sectores, en blanco legítimo de la discriminación, señala Oscar Schemel en Hinterlaces.

El análisis académico publicado por Sinpermiso describe esas representaciones como expresiones de «un inveterado desprecio racista hacia la gente de ascendencia africana». El artículo sobre racismo en Venezuela de Wikipedia también documenta que desde sectores de la oposición «se hizo común el uso de insultos como «monos» y «muertos de hambre», así como otros de tintes racistas y clasistas».

Está claro: Lo que ocurrió en Madrid no fue una excepción. Fue la continuación de un patrón, de una cultura de élites, de fascismo corriente.

Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)


*Sociólogo  y analista internacional venezolano , Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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21 de abril de 2026

Venezuela y el Laberinto del FMI

 


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De prensabolivariana en abril 21, 2026

José A. Amesty Rivera*

A propósito de la discusión de la entrada de Venezuela al FMI y un posible endeudamiento, comparto estas líneas.

El Fondo Monetario Internacional vuelve a aparecer en la situación de Venezuela, pero no como algo totalmente nuevo, sino como parte de una relación que nunca se rompió del todo. Es importante aclararlo desde el principio, el Fondo Monetario Internacional no es un lugar al que se entra y se sale; Venezuela sigue siendo miembro desde 1946, lo que pasó en los últimos años fue más bien un distanciamiento político y práctico, ya conocido, no una salida oficial.

Por eso, lo que hoy algunos llaman “el regreso” es en realidad volver a activar una relación que estaba casi detenida; y aquí es importante aclarar otra idea, que el Fondo venga a “salvar” a Venezuela, no es exactamente así.

Surgen dos preguntas importantes que están en el centro del debate:

¿Se puede usar este tipo de relaciones sin repetir la dependencia de otros países o instituciones? ¿Puede un país acceder a sus propios recursos dentro del sistema internacional sin quedar atado a sus reglas?

La respuesta no es simple, en teoría, un país puede recuperar parte de su dinero dentro del sistema sin pedir nuevos préstamos. Pero en la práctica, todo depende de las reglas del sistema internacional, donde lo económico y lo político están muy mezclados.

Una parte importante del dinero en discusión no es un préstamo nuevo ni ayuda externa; se trata de unos fondos que los países ya tienen dentro del propio Fondo Monetario Internacional, algo así como “dinero guardado” que les pertenece. En el caso de Venezuela, ese dinero había quedado bloqueado o sin poder usarse por decisiones y problemas políticos y administrativos.

Lo que describimos en lenguaje económico, se refiere específicamente a los Derechos Especiales de Giro (DEG). ¿Qué son los DEG? No son una moneda física, sino un activo de reserva internacional creado por el FMI; funcionan como una unidad de cuenta cuyo valor se basa en una cesta de las monedas más fuertes del mundo (dólar, euro, yuan, yen y libra).

¿Por qué es «dinero propio»? Cada país miembro del FMI, tiene una cuota asignada según su peso en la economía mundial. Cuando el FMI decide hacer una «asignación general» de DEG (como la de 2021 para combatir los efectos de la pandemia), estos fondos se distribuyen proporcionalmente a esas cuotas. Por lo tanto, no es un préstamo que genera intereses por su uso, sino un activo líquido que ya forma parte de las reservas internacionales de cada nación.

Esto cambia la forma de ver el tema, porque no se trata, al menos por ahora, de endeudarse más, sino de recuperar dinero que ya era del país pero que no se podía usar.

En esa línea, el gobierno de Venezuela ha dicho que su intención no es pedir nuevos préstamos, sino normalizar la relación, volver a conectarse con el sistema financiero internacional y recuperar acceso a esos recursos.

Sin embargo, la historia pesa, el Fondo no solo maneja dinero, también opina sobre cómo los países organizan su economía, hace recomendaciones y sugiere caminos que luego influyen en otros actores del mundo financiero.

Por eso, aunque se diga que no habrá nuevos préstamos, volver a acercarse al Fondo abre la posibilidad de futuras negociaciones si el país necesita más apoyo. Y aquí aparecen las condiciones.

Las preguntas iniciales anteriores, toman más sentido aquí. La primera (si se puede evitar la dependencia), tiene que ver con una experiencia repetida en América Latina, los países pueden negociar, pero no siempre logran liberarse por completo de las reglas del sistema financiero mundial.

La segunda pregunta (si se puede usar el propio dinero sin quedar atrapado en ese sistema), también tiene una respuesta mixta. Sí, se puede usar en el corto plazo, como en el caso del dinero bloqueado, pero ese uso está conectado con la confianza de otros países, con la estabilidad de la economía y con cómo ven la situación los mercados internacionales.

América Latina ya ha vivido esto muchas veces, los acuerdos con el Fondo Monetario han estado asociados en varios momentos a recortes del gasto público, cambios en servicios sociales y ajustes en la economía que han afectado a la población. No es solo una opinión, sino algo que se ha repetido en distintos países y gobiernos.

En Venezuela, esto tiene un significado especial, durante años, el gobierno de Hugo Chávez marcó distancia con el Fondo como símbolo de independencia económica. Hoy la situación es diferente, porque la realidad económica y las condiciones externas han cambiado.

El país enfrenta una economía muy debilitada, con mucha deuda externa, dificultades para conseguir dinero en el exterior y problemas acumulados como: dependencia del petróleo, caída de la producción y desequilibrios internos.

A esto se suman sanciones internacionales que han limitado operaciones financieras y comerciales, además de problemas internos ya existentes.

En este contexto, acercarse al Fondo aparece como parte de una estrategia para volver a integrarse al sistema financiero mundial. No necesariamente como un cambio de ideas, sino como una respuesta a una situación difícil.

Pero el punto clave sigue siendo el mismo, el Fondo no funciona aislado, forma parte de un sistema donde el dinero, las decisiones económicas y el poder están conectados. Incluso sin acuerdos formales, su presencia influye en lo que otros países y bancos deciden.

Así, lo que parece un paso técnico puede terminar teniendo efectos más grandes en el futuro, y en ese proceso vuelve el debate sobre la soberanía económica, no como un eslogan, sino como un problema real.

Porque la soberanía no es algo fijo ni permanente, es la capacidad de un país de tomar decisiones propias en medio de presiones externas y necesidades internas.

En el mundo actual, donde el dinero, el comercio y la inversión están concentrados en pocos centros de poder, ningún país tiene libertad total.

Esto no significa que no haya margen de acción; los gobiernos pueden decidir prioridades, orientar políticas sociales, cambiar sectores importantes y negociar mejores condiciones. Pero esos márgenes tienen límites y pueden ampliarse o reducirse según la situación interna y la dependencia externa.

En Venezuela, esta tensión es clara, el país necesita estabilizar su economía, pero también quiere mantener control sobre sus decisiones.

Por eso, aunque por ahora la relación con el Fondo se limite a recuperar dinero propio y normalizar contactos, el proceso es más amplio. Cada decisión en el ámbito internacional no solo resuelve un problema inmediato, también influye en el futuro.

La historia de América Latina muestra que los caminos para estabilizar la economía nunca son neutrales.

El desafío no es solo económico, sino político: decidir cómo relacionarse con el mundo, bajo qué reglas y con qué prioridades sociales. En este sentido, la soberanía no es algo que se declara una vez y ya está, sino algo que se defiende todos los días con decisiones concretas.

El caso venezolano muestra esa tensión en desarrollo, no hay un final claro todavía, es un proceso en movimiento, con necesidades urgentes, presiones externas y decisiones internas que van marcando el rumbo.

Y en ese proceso se juega lo más importante, si la relación con el sistema financiero internacional será solo una herramienta temporal para resolver problemas, o si terminará convirtiéndose en una dependencia más fuerte.

Esa es la verdadera discusión, y todavía no está resuelta.


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