Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

15 de mayo de 2026

Cinco razones por las que Estados Unidos debería retirarse del Golfo Pérsico.

 

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De prensabolivariana en mayo 15, 2026

Andrew Korybko*

Mientras Estados Unidos esté dispuesto a aceptar que Irán presente esto como una derrota estratégica sin precedentes del «Gran Satán», sin duda podrá promover sus intereses reales con mucha más fuerza, como ya se explicó, al tiempo que le da a Irán el pretexto para «salvar las apariencias» a cambio de importantes concesiones para poner fin a la guerra.

Se especula mucho sobre el futuro de la presencia militar estadounidense en la región tras la Tercera Guerra del Golfo . Si bien algunos halcones antiiraníes se muestran claramente a favor de mantenerla, argumentando principalmente la necesidad de hacer cumplir de inmediato los términos que finalmente se acuerden para poner fin al conflicto, un número creciente de voces prefiere que Estados Unidos se retire. Este artículo presentará cinco razones que respaldan la segunda postura para ilustrar cómo tal medida beneficiaría los intereses estadounidenses:

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1. Los aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico han demostrado ser poco fiables.

Desde la perspectiva de Estados Unidos, la negativa de los Reinos del Golfo a participar en operaciones ofensivas conjuntas a pesar de que Estados Unidos finalmente intentó destruir a su adversario común fue una sorpresa, aunque según los informes, llevaban Algunos ataques se llevaron a cabo por su cuenta sin darlos a conocer. Igual de impactante fue el supuesto cierre del espacio aéreo saudí a Estados Unidos para sus misiones de escolta a través del estrecho de Ormuz, ahora canceladas. Por lo tanto, a muchos estadounidenses no les importaría que sus fuerzas armadas dejaran de defender a estos aliados poco fiables.

2. Irán causó daños a más bases estadounidenses de los que se habían reportado.

Para colmo de males, el Washington Post informó que « Irán ha atacado muchos más objetivos militares estadounidenses de lo que se ha informado, según muestran imágenes satelitales ». Sin embargo, ninguno de los países del Golfo Pérsico donde opera Estados Unidos accedió a participar en operaciones ofensivas conjuntas tras la destrucción que su adversario común, Irán, causó en las instalaciones de su aliado estadounidense dentro de sus propios territorios. Por consiguiente, no hay razón para que Estados Unidos siga exponiendo a sus tropas al peligro cuando sus anfitriones no las respaldan cuando más se necesita.

3. Arabia Saudita ya está considerando soluciones de seguridad regional.

Según informes, Arabia Saudita, líder del Golfo, ha propuesto un pacto regional de no agresión con Irán, lo que indica que los aliados de Estados Unidos no desean que Irán permanezca en la región, quizás porque la culpan tácitamente de la guerra que les causó tantos daños físicos, económicos y de reputación. Dejando de lado el posible daño al orgullo estadounidense, esto se alinea con el espíritu de la » OTAN 3.0 «, que busca que los aliados estadounidenses asuman una mayor responsabilidad en la seguridad regional, lo que constituye un argumento más para la retirada de Estados Unidos.

4. Las continuas obligaciones con los países del Golfo limitan el “giro hacia Asia” de Estados Unidos.

Mientras Estados Unidos mantenga sus obligaciones con los países del Golfo, su estrategia de «giro hacia Asia» se verá limitada, retrasando así la implementación de sus planes de contención de China . Se prevé que esta política se mantenga intacta, aunque quizás con modificaciones menores, a pesar de la nueva era de » relaciones estratégicas constructivas y estables con Estados Unidos » declarada por Xi Jinping. Desde la perspectiva estadounidense, una mayor presión sobre China aumenta las posibilidades de lograr mejores acuerdos; de ahí la lógica de priorizar esto sobre el apoyo a aliados del Golfo poco fiables a expensas de dicha política.

5. Una retirada del Golfo no cedería la energía de la región a China.

Las consecuencias de que China llene el vacío dejado por la retirada de Estados Unidos del Golfo serían gestionadas por la nueva influencia estadounidense en Asia Central, controlando los oleoductos sino-iraníes que pasan por allí y el nuevo pacto militar con Indonesia está haciendo lo mismo con respecto a un mayor número de exportaciones del Golfo a China a través de Malaca. Las importaciones terrestres a través de Pakistán podrían controlarse mediante la influencia estadounidense sobre su junta militar de facto, mientras que las importaciones a través de Myanmar podrían controlarse cooptando a su propia junta o intensificando la política híbrida. Amenazas de guerra en esa zona.

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En vista de lo anterior, Trump 2.0 haría bien en considerar la posibilidad de autorizar la retirada de Estados Unidos del Golfo, lo que incluso podría presentarse como un incentivo adicional para que Irán acceda a algunas de las demandas estadounidenses, ya que Irán podría fácilmente interpretar esto como una derrota estratégica sin precedentes para Estados Unidos. Mientras Estados Unidos esté dispuesto a aceptar este golpe de poder blando, podrá, sin duda, promover sus intereses reales con mucha más firmeza, como ya se explicó, al tiempo que le brinda a Irán el pretexto para salvar las apariencias y obtener concesiones significativas.

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Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen” y “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.

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Halcones de RAND: Cuba y Venezuela objetivos

 


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De prensabolivariana en mayo 15, 2026

José A. Amesty Rivera*

En mayo del presente año 2026, la organización estadounidense RAND Corporation publicó un informe que prendió las alarmas en América Latina. El documento, llamado “Multiplicadores de poder en las Américas”, dice que Estados Unidos debe aumentar su presencia militar, política y de inteligencia en la región para frenar el avance de China, Rusia e Irán.

Aunque el texto habla de apoyo a fuerzas de seguridad, lucha contra el narcotráfico y combate a la corrupción, el mensaje de fondo parece otro, Washington quiere recuperar más control e influencia sobre América Latina.

RAND no es cualquier centro de estudios; desde la Guerra Fría ha trabajado muy cerca del Pentágono y de la política exterior de EEUU. Muchas de sus ideas terminan convertidas en decisiones reales del gobierno norteamericano. Por eso, cuando RAND habla de fortalecer operaciones militares, ampliar la cooperación de seguridad y aplicar estrategias de “guerra irregular”, no se siente como simple teoría, suena más bien como una advertencia política.

Además, el informe aparece en un momento delicado; el gobierno de Donald Trump ha endurecido nuevamente su discurso hacia América Latina, retomando ideas muy parecidas a la vieja Doctrina Monroe, América bajo la influencia de Washington.

En discursos recientes, funcionarios estadounidenses han dicho que China representa una amenaza para el continente y que América Latina debería volver a alinearse con EEUU.

Aunque el informe menciona varios países, Cuba y Venezuela aparecen otra vez como objetivos principales, no es casualidad, ambos gobiernos han mantenido relaciones cercanas con Rusia y China, además de buscar mecanismos económicos alternativos al sistema financiero dominado por EEUU.

RAND señala directamente que Rusia mantiene presencia política y militar en Cuba, Nicaragua y Venezuela, mientras China sigue creciendo mediante inversiones, infraestructura y acuerdos estratégicos.

Pero aquí aparece una contradicción clara; mientras Washington acusa a China de expandir su influencia, EEUU lleva décadas teniendo una presencia mucho más grande en la región, bases militares, cooperación militar, presión económica y acuerdos políticos.

En el caso de Cuba, el tema tiene un peso simbólico enorme; desde 1959, la isla ha sido uno de los pocos proyectos políticos latinoamericanos que ha resistido abiertamente la influencia estadounidense. El bloqueo económico ha golpeado fuerte a la población cubana, especialmente en los últimos años, pero aun así Cuba sigue siendo una referencia política para sectores de izquierda en América Latina.

En marzo de 2026, crecieron rumores sobre posibles acciones militares estadounidenses alrededor de la isla, aunque el Comando Sur negó planes de invasión, reconoció que mantiene capacidad militar activa cerca de Cuba y en la base de Guantánamo.

Eso deja claro que, aunque Washington no hable abiertamente de intervención, la presión militar sigue presente.

El caso venezolano es todavía más complicado; durante años, Venezuela fortaleció sus relaciones con China y Rusia en áreas como petróleo, defensa e infraestructura, esto convirtió al país en un punto clave de la disputa global entre Washington y sus rivales.

Medios internacionales reportaron que, después de operaciones estadounidenses realizadas a comienzos de 2026, contra el liderazgo venezolano, aumentó la presión política y militar sobre el país.

El informe de RAND encaja perfectamente en este escenario; el documento dice que hoy las diferencias entre amenazas estatales y grupos criminales son “difusas”, y esta idea preocupa, porque históricamente ese tipo de discurso ha servido para justificar sanciones, operaciones encubiertas e incluso intervenciones militares.

Esto ya pasó antes en América Latina; durante décadas, EEUU utilizó el argumento de la “seguridad nacional” para intervenir directa o indirectamente en países considerados contrarios a sus intereses. Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965, Chile en 1973, Panamá en 1989 y las guerras en Centroamérica durante los años 80 son ejemplos claros.

Hoy el lenguaje cambió, ya no se habla tanto de comunismo, sino de narcotráfico, terrorismo, corrupción o influencia china o rusa; pero la lógica política se parece bastante, presentar una amenaza para justificar más control y presencia militar.

Otro de los temas centrales del informe es China; RAND deja claro que para EEUU el problema ya no es solamente el narcotráfico, sino también el crecimiento económico chino en América Latina.

Según declaraciones recientes del Comando Sur, Washington vigila puertos, proyectos espaciales e infraestructuras ligadas a empresas chinas en varios países latinoamericanos.

Estados Unidos dice que muchas de esas inversiones podrían tener uso civil y militar al mismo tiempo; este discurso recuerda bastante al que se utilizaba durante la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

Pero para muchos gobiernos latinoamericanos, China representa otra cosa, financiamiento, comercio e inversiones sin las condiciones políticas tradicionales de Washington o del Fondo Monetario Internacional. Países como Brasil, Perú, Argentina, Bolivia y Venezuela han aumentado mucho sus relaciones con Beijing en los últimos años.

Obvio que China busca influencia, recursos y mercados, pero varios gobiernos de la región consideran que tener relaciones con distintas potencias les da más independencia y reduce la dependencia histórica de EEUU.

Aquí aparece otro tema sensible, la desdolarización. El crecimiento de mecanismos comerciales fuera del dólar preocupa mucho a Washington. Los BRICS y otros espacios internacionales impulsan alternativas financieras que podrían reducir el peso mundial de la moneda estadounidense.

Por eso RAND, insiste tanto en que el Pentágono debe responder también frente a la “presión económica” china y rusa. El problema es que esa lógica puede abrir la puerta a justificar acciones políticas o militares por motivos económicos.

Quizás lo más preocupante del informe es su tono; RAND dice que EEUU debe prepararse para actuar en escenarios de competencia, crisis y “guerra irregular”. También propone aumentar el uso de fuerzas especiales, cooperación militar y mecanismos de seguridad regional.

Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses han dicho recientemente que los carteles del narcotráfico solo pueden enfrentarse con fuerza militar.

Este discurso genera preocupación porque América Latina conoce muy bien las consecuencias de la militarización. La llamada “guerra contra las drogas”, impulsada durante décadas, dejó miles de muertos en países como México y Colombia sin resolver realmente el problema del narcotráfico.

Además, usar el crimen organizado como argumento para aumentar presencia militar extranjera puede terminar debilitando la soberanía de los países de la región.

Muchos analistas creen que detrás de todo esto hay una pelea mucho más grande, el control político y estratégico del continente en medio de la competencia mundial entre Estados Unidos y China.

Lo que está pasando se parece cada vez más a una nueva Guerra Fría, ya no entre capitalismo y socialismo, sino entre un mundo dominado por EEUU y otro más multipolar.

En esta disputa, América Latina vuelve a convertirse en una región estratégica; petróleo, minerales, rutas comerciales, telecomunicaciones y mercados hacen que el continente tenga un valor enorme para las grandes potencias.

Cuba y Venezuela aparecen como símbolos de resistencia frente a la influencia estadounidense, mientras China y Rusia aprovechan las tensiones históricas entre Washington y varios gobiernos latinoamericanos para ganar espacio.

La gran pregunta es si América Latina podrá mantener cierta independencia o terminará atrapada otra vez entre potencias mundiales.

El informe de RAND deja claro que sectores del poder estadounidense creen que llegó el momento de recuperar influencia política y estratégica en el continente, pero América Latina ya no es la misma de hace décadas, hoy existen gobiernos, movimientos sociales y alianzas internacionales que buscan más autonomía.

Por eso, cualquier intento de imponer presión extrema o soluciones militares podría aumentar todavía más la tensión y la inestabilidad en la región.

Al final, detrás de términos técnicos como “asistencia de seguridad”, “guerra irregular” o “multiplicadores de poder”, aparece una realidad vieja y conocida, la pelea por el control político y económico de América Latina sigue viva, y Cuba y Venezuela continúan estando en el centro de esa disputa.

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BLOG DEL AUTOR: José A. Amesty Rivera
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