Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

28 de mayo de 2026

Magnifica humanidad: la Encíclica del Papa Leon XIV, la Inteligencia artificial y la izquierda popular

 

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De prensabolivariana en mayo 28, 2026

Por: Horacio Duque* 

Se ha dado a conocer la encíclica papal «Magnifica Humanitas» (Magnífica Humanidad); se trata de la primera encíclica del Papa León XIV, firmada el 15 de mayo y dada a conocer oficialmente por el Vaticano el 25 de mayo de 2026.

El tema central del documento es «la preservación de la persona humana en la era de la inteligencia artificial», con la que el Papa Leon XIV busca establecer la postura moral y social de la Iglesia frente a la revolución tecnológica actual, trazando, además, un paralelismo histórico directo con la histórica encíclica Rerum Novarum (Las cosas nuevas, 1891) de León XIII, que analizó los abusos de la Revolución Industrial del siglo XIX.

La reflexión del Papa Leon XIV en su primera Encíclica se refiere a temas como la neutralidad moral de la IA para impedir que el ser humano corra el riesgo de reducirse a su rendimiento o a datos explotados por algoritmos; al peligro del control corporativo y geopolítico desde la IA pues, al no estar en manos del Estado el control de las plataformas, los datos y las infraestructuras tecnológicas para beneficio público, los grandes beneficiarios serán los grandes actores económicos y tecnológicos privados que dictan las condiciones de acceso de manera global; a las nuevas formas de esclavitud y el impacto ambiental que trae la IA, relacionada a la cadena de producción de la IA.

El Papa denuncia las condiciones peligrosas e inhumanas de niños y adolescentes que trabajan en la extracción de «tierras raras» (materiales esenciales para los componentes tecnológicos). Exige soluciones que respeten el medio ambiente para reducir la huella ecológica de los centros de datos. Rechaza, el sumo pontífice, el uso militar (Algoritmos y Guerra).

El Pontífice es categórico respecto a las armas autónomas y el uso bélico de la IA: «Ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable». Aprovecha la Encíclica para desestimar teorías contemporáneas de «guerra justa» y pide un desarme digital enfocado en evitar que las máquinas decidan sobre la vida humana.

El texto menciona ejemplos artísticos (como la Novena Sinfonía de Beethoven) para ilustrar que el arte y la cultura auténtica contienen una esencia e inspiración humana profunda que la inteligencia artificial jamás podrá replicar o sustituir de verdad.

Leon XIV para demostrar que busca un diálogo activo y real con la industria del software, el Papa León XIV presentó la encíclica en el Vaticano acompañado por líderes teológicos mundiales y una figura clave de Silicon Valley: Christopher Olah, cofundador de la empresa de IA Anthropic, escenificando la necesidad de que los creadores de tecnología escuchen críticas morales externas.

Tenemos entonces una referencia que le servirá a millones de seres humanos para entender esta revolución tecnológica emergente con grandes impactos en la sociedad contemporánea.

En Colombia hay ya un documento Conpes, el 4114 de febrero del 2025, que traza las bases del manejo público de la IA; en dicho Conpes se formula una política nacional de IA cuyo objetivo es generar las capacidades para la investigación, desarrollo, adopción y aprovechamiento ético y sostenible de sistemas de IA con el fin de impulsar la transformación social y económica de Colombia. Para lograr este objetivo, la política se estructura en torno a seis ejes estratégicos: (i) Ética y Gobernanza: fortalecer los mecanismos de gobernanza y aplicar principios éticos relacionados con los sistemas de IA, para asegurar un desarrollo y uso responsable; (ii) Datos e Infraestructura: fortalecer la infraestructura tecnológica, así como la disponibilidad, intercambio y representatividad de datos, fundamentales para la IA; (iii) Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i): impulsar la investigación, desarrollo e innovación en sistemas de IA de forma que se vean reflejados en conocimiento productividad, y beneficios para el país; (iv) Desarrollo de Capacidades y Talento Digital: desarrollar las capacidades y el talento digital necesario para el diseño, uso y adopción de la IA, además de promover la apropiación social del conocimiento de esta tecnología; (v) Mitigación de Riesgos: definir medidas que promuevan la identificación, prevención y mitigación de los riesgos y efectos no deseados relacionados con sistemas de IA; y (vi) Uso y Adopción de la IA: Impulsar el uso y adopción de los sistemas de IA en las entidades públicas, el tejido empresarial, las universidades, las comunidades, los hospitales, las empresas de servicios y en los territorios.

Por supuesto, para la izquierda hay un gran desafío en el manejo y utilización de la IA para fortalecer la lucha social por los derechos fundamentales y las libertades democráticas en abierto antagonismo con los manejos tecnológicos de la ultraderecha neofascista.

Para la Izquierda colombiana es prioritario recoger el debate planteado en diversos escenarios sobre lo que debe ser el Socialismo hoy en el contexto de la preponderancia de la IA.

Así, Evgeny Morozov señala que las tecnologías del capitalismo no deben ser consideradas sólo como meras herramientas que el socialismo podría utilizar mejor. Y mucho menos si hablamos de la IA, que en su despliegue cristaliza y hasta crea valores y deseos (Ver https://jacobinlat.com/2025/12/el-socialismo-despues-de-la-ia/ ).

Y agrega: la inteligencia artificial produjo un tipo poco frecuente de curiosidad popular. No solo entre inversores y fundadores, sino también entre personas que abren un navegador, escriben una pregunta y sienten —aunque sea de manera inexacta— que algo del otro lado piensa con ellas. Esa fenomenología importa. Más allá de lo que opinemos sobre el hype, las alucinaciones o la tabla de capitalización de OpenAI, la IA llega como una tecnología cuyos usos se descubren después de su despliegue, cuyos límites son porosos y cuyos efectos secundarios aparecen en lugares para los que nadie la diseñó. «Generativa» no es solo una palabra de marketing; nombra una inestabilidad real (https://jacobinlat.com/2025/12/el-socialismo-despues-de-la-ia/ ).

Morozov sugiere que, para los socialistas, esta inestabilidad plantea un desafío específico. Y sus reflejos son conocidos: regular plataformas, gravar rentas extraordinarias, nacionalizar las empresas líderes, conectar sus modelos a un aparato de planificación. Pero si el socialismo quiere ser algo más que capitalismo con cuadros de mando más amables —si de verdad es un proyecto para rehacer colectivamente la vida material, y no solo para redistribuir sus resultados—, tiene que responder a una pregunta más difícil: ¿puede ofrecer una forma mejor de convivir con esta tecnología que la que ofrece el capitalismo? ¿Puede proponer una forma de vida distinta y deseable, y no solo una porción más justa de lo que el capital ya produjo?

Cuando la cuestión se plantea así, señala Morozov, aparece como algo limitado. Para una tradición de izquierda obsesionada con maximizar las fuerzas productivas, el socialismo fue llamativamente rápido a la hora de dejar algunas de ellas fuera de la política. Trata a la tecnología como un paquete neutral destinado a insertarse en instituciones mejores cuando estas existen. Es el caso de los ferrocarriles, las centrales nucleares o los modelos de lenguaje: si el capitalismo los usa mal, el socialismo promete finalmente orientarlos al bien común. La pregunta real, sin embargo, es si incluso la teoría socialista más reciente y ambiciosa logra escapar a esta limitación, o si reproduce la neutralidad en un nivel más sofisticado.

A propósito de este debate, la propuesta de Aaron Benanav de una «economía multicriterial», ofrece un caso de prueba. Su diagnóstico es que tanto el capitalismo como el socialismo estatal clásico se organizan en torno a una optimización de «criterio único»: el capitalismo en torno a la ganancia y el socialismo estatal en torno al producto bruto. Eso funcionó, de manera brutal, mientras el crecimiento del PBI podía servir como justificación. En una era de estancamiento, colapso ecológico y crisis de cuidados, ya no lo hace, al menos en el Norte Global.

Benanav quiere una democracia económica que tome en serio, desde el inicio, múltiples objetivos inconmensurables: la sostenibilidad ecológica, la calidad del trabajo, el tiempo libre y los cuidados se tratan como bienes distintos que no pueden aplastarse en un único índice. El equilibrio entre ellos se compone y recompone mediante elecciones políticas explícitas, en lugar de ser descubierto por el mercado o por un algoritmo central.

Con ese fin Benanav propone un sistema monetario dual. Las personas recibirían créditos no transferibles para consumo personal y un ingreso básico; las empresas y los organismos públicos operarían con «puntos» que solo podrían usarse para inversión y producción. La inversión ya no provendría de ganancias retenidas, sino de «Consejos de Inversión» gobernados democráticamente, que asignarían puntos a los proyectos según múltiples criterios.

En este modelo, la coordinación queda en manos de consejos sectoriales y regionales de trabajadores, consumidores, representantes comunitarios y expertos técnicos. Estos se apoyan en una «Matriz de Datos», un sistema abierto de estadísticas y modelización, gobernado democráticamente, que sigue flujos, mapea límites ecológicos y sociales y vuelve visibles los trade-offs (compensaciones): si des carbonizamos a tal ritmo, construimos tantas viviendas y reducimos la semana laboral en tal medida, esto es lo que ocurre. Los mercados persisten, pero pierden su lógica de ganancia. Las empresas no pueden acaparar excedentes ni decidir el rumbo de largo plazo de la economía; compiten por desempeño según métricas democráticamente elegidas, no por retornos para accionistas privados. Las «Asociaciones Técnicas» organizan el trabajo, la formación y los saberes entre sectores.

Con la Encíclica papal «Magnifica humanidad» esta reflexión salta a nuevos niveles y la Izquierda popular debe profundizar sobre su relación con esta revolución tecnológica en curso que sorprende cada día más por sus descomunales alcances.

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*Horacio Duque Giraldo es un historiador, analista político y académico colombiano. Cuenta con una sólida formación académica que incluye: Licenciatura en Ciencias Sociales con énfasis en Educación Básica. Maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos. Maestría en Relaciones Internacionales. Como analista, es conocido por su enfoque crítico y su vinculación con movimientos sociales. Sus análisis suelen centrarse en la defensa de los derechos humanos, medioambientales y los derechos de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, especialmente en el sur occidente colombiano. Ha participado como conferencista en seminarios sobre el proceso de paz, promoviendo la pedagogía sobre la democracia ampliada y el pluralismo político♦

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Guerra cognitiva contra Cuba, también

 


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De prensabolivariana en mayo 28, 2026

Por: Fernando Buen Abad*

Contra Cuba opera una de las ofensivas más prolongadas, sofisticadas y sistemáticas de la agresión ideológica. No se trata sólo de campañas propagandísticas orientadas a desacreditar un proceso político específico. Opera un dispositivo complejo de colonización perceptiva, disciplinamiento emocional, administración semántica y captura simbólica dirigido contra la capacidad de un pueblo para narrarse a sí mismo desde coordenadas soberanas. Esta guerra se sostiene con dinero de industriales especialistas en producción de subjetividad, redes financieras, plataformas tecnológicas, laboratorios académicos, industrias culturales, agencias de inteligencia, conglomerados mediáticos y formas mercantiles del sentido. 

Desde el triunfo revolucionario, la hostilidad contra Cuba se organizó bajo una doble estrategia simultánea. Por un lado, el asedio material mediante bloqueo económico, sabotajes, terrorismo, aislamiento financiero y agresiones diplomáticas. Por otro, la instauración de una ofensiva semiótica destinada a erosionar la legitimidad del proyecto revolucionario dentro y fuera de la isla. La coerción económica necesita fabricar una interpretación moral que invisibilice sus causas y transfiera la responsabilidad del sufrimiento hacia las propias víctimas. El bloqueo fabrica su relato. La escasez inducida necesita una pedagogía de culpabilización. La asfixia financiera demanda un aparato de producción emocional capaz de convertir al agresor en supuesto defensor de libertades abstractas. Guerra cognitiva como forma superior de intervención imperial. 

No es propaganda convencional. No apunta exclusivamente al contenido de las ideas. Penetra hábitos afectivos, automatismos culturales, estructuras del deseo y formas de reconocimiento social. Su objetivo estratégico consiste en impedir la consolidación de una conciencia histórica autónoma capaz de identificar las contradicciones estructurales del capitalismo dependiente y del imperialismo. El problema central nunca residió únicamente en las reformas económicas o en la nacionalización de recursos estratégicos. El verdadero peligro es la dimensión pedagógica del ejemplo cubano.

La Revolución misma en manos de los pueblos organizados. Por eso la agresión mediática organiza sistemas de radiodifusión clandestina, financiamiento de publicaciones hostiles, operaciones psicológicas, fabricación de rumores y campañas internacionales orientadas a representar a Cuba como anomalía histórica. La construcción del enemigo debía producirse mediante reiteración emocional, saturación informativa y simplificación binaria. La complejidad concreta de la experiencia cubana debía desaparecer bajo etiquetas homogéneas. La palabra “dictadura” funcionó como condensador ideológico destinado a cancelar cualquier análisis estructural del conflicto. Y su aparato mediático burgués y trasnacional desempeña un papel decisivo en esta agresión.

Sus corporaciones monopólicas en comunicación producen por décadas una narrativa homogénea basada en la repetición de tópicos estandarizados. La isla aparece frecuentemente representada como espacio congelado en el tiempo, prisión geográfica, territorio de ruinas o escenario exótico de carencias permanentes. La estetización de la precariedad cumple aquí una función política precisa. La pobreza derivada del bloqueo se transforma en espectáculo cultural despolitizado. El sufrimiento concreto de la población se convierte en mercancía visual consumible por audiencias globales. La violencia estructural desaparece detrás de imágenes románticas o miserabilistas cuidadosamente administradas. Esta canallada se intensificó con la expansión de plataformas digitales y redes sociales. La guerra cognitiva contemporánea ya no depende en exclusiva de “grandes medios” centralizados. 

Funciona mediante ecosistemas algorítmicos capaces de distorsionar emociones, polarizar percepciones y acelerar la circulación de contenidos ridículos. La economía digital del escándalo favorece mensajes inmediatos, reacciones impulsivas y narrativas fragmentarias. En ese entorno, la complejidad histórica queda desplazada por consignas virales. Cuba se transforma en objeto privilegiado de campañas coordinadas donde bots, influencers financiados, operadores políticos y plataformas trasnacionales convergen en la producción de tendencias artificiales. No pocos sectores intelectuales reproducen estas matrices coloniales. Bajo discursos aparentemente progresistas, muchas veces se repite el vocabulario de los centros imperiales.

Conceptos deshistorizados de democracia, libertad o derechos humanos se utilizan selectivamente para condenar experiencias antimperialistas mientras se silencian violencias estructurales producidas por el capitalismo dependiente. Olvidan, omiten o esconden el bloqueo. Tal asimetría revela hasta qué punto la hegemonía burguesa opera sobre las formas mismas del pensamiento crítico. La colonización cultural alcanza incluso a quienes creen combatirla. Las conquistas sociales obtenidas en salud, educación, ciencia y solidaridad internacionalista son sistemáticamente minimizadas o desconectadas de sus condiciones históricas concretas.

La participación cubana en luchas anticoloniales africanas, el envío masivo de médicos a regiones empobrecidas y la construcción de sistemas públicos universales raramente reciben la centralidad mediática otorgada a cualquier conflicto interno de la isla. La selección informativa raras veces resulta inocente. Tal disputa por el sentido se libra hoy en condiciones tecnológicas inéditas. Sus plataformas digitales trasnacionales poseen una capacidad sin precedente para modular visibilidad, jerarquizar contenidos y administrar flujos afectivos colectivos. Los algoritmos no son entidades metafísicas autónomas. 

Expresan prioridades económicas, ideológicas y geopolíticas determinadas. Cuando las plataformas privilegian contenidos polarizantes o sensacionalistas, contribuyen objetivamente a destruir condiciones mínimas para el análisis histórico riguroso. Todo esto contra Cuba revela finalmente una verdad más amplia sobre el capitalismo: La producción industrial de miedo, desinformación y fragmentación subjetiva se transforma en requisito estructural de gobernabilidad.

Frente a este escenario, la construcción de conciencia histórica crítica constituye una necesidad civilizatoria. Defender la capacidad de los pueblos para interpretar autónomamente su experiencia histórica representa hoy una tarea inseparable de la lucha por la emancipación social. Cuba ocupa un lugar central en esta confrontación porque simboliza la persistencia inquebrantable de una voluntad soberana frente al capitalismo y sus sistemas de agresión multidimensional y macabros prolongados hasta la ignominia.

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Fernando Buen Abad Domínguez es un prestigioso intelectual mexicano, filósofo y escritor mexicano, nacido en 1956. Especialista en Filosofía de la Comunicación y la Imagen, es doctor en Filosofía y director de cine egresado de la Universidad de Nueva York. Su obra destaca por el análisis crítico de la semiótica, la estética y la comunicación para la emancipación de los pueblos. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad y del consejo consultivo de TeleSur. Ha publicado numerosos libros, entre los que destacan Filosofía de la comunicación y La guerra simbólica. Actualmente, ejerce la docencia e investigación en universidades de Argentina y México, promoviendo un pensamiento transformador. Su labor busca combatir la hegemonía mediática mediante el desarrollo de una conciencia crítica en la sociedad. ♦LOG DEL AUTOR:  Fernando Buen Abad Domínguez

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La administración Trump acelera a toda velocidad en favor de Israel.

 ¿Se convertirá Donald Trump en el próximo Primer Ministro de Israel?

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Si Donald Trump realmente quiere una segunda carrera después de destruir Estados Unidos y gran parte del mundo, haría bien en considerar la posibilidad de convertirse en comediante. Ya cuenta con un amplio repertorio de chistes, fruto de sus improvisaciones descabelladas al responder a periodistas y al público. La mayoría de sus comentarios, salvo las mentiras descaradas, son insultantes o incoherentes y, en cualquier caso, deberían considerarse más como observaciones humorísticas sobre el deplorable estado de la política estadounidense que como comentarios serios de un respetado jefe de Estado.


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Sin embargo, dentro del cerebro ocasionalmente semi-funcional de Donald puede existir cierta sensación de que es presidente para servir al pueblo estadounidense y a la nación, aunque ese sentimiento no dure mucho y sea esencialmente falso. La semana pasada tuvo que rechazar una invitación para asistir a la boda de su hijo Donald Jr. con la socialité floridana Bettina Anderson. Anteriormente había impedido que la pareja se casara en la Casa Blanca y luego confirmó que no asistiría a la ceremonia nupcial en las Bahamas, escribiendo en Truth Social que

“Si bien deseaba mucho estar con mi hijo, Don Jr., y con la nueva integrante de la familia Trump, su futura esposa, Bettina, las circunstancias relacionadas con el gobierno y mi amor por los Estados Unidos de América me lo impiden. Considero importante permanecer en Washington D.C., en la Casa Blanca, durante este importante período.”

Se presumía que su compromiso con el “buen gobierno” tenía algo que ver con la forma en que lo desarrolló posteriormente:

“Sabes, este no es un buen momento para mí. Tengo un asunto llamado Irán y otras cosas…”

O incluso podría haber tenido algo que ver con prepararse para reunirse de nuevo con su amo, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu , quien ha estado buscando otra visita a Washington, presumiblemente para vender un nuevo plan de guerra para Oriente Medio. O, alternativamente, podría consistir en trabajar con sus incondicionales negociadores personales y expertos inmobiliarios sionistas , su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff, para llegar a algún tipo de acuerdo sobre el Estrecho de Ormuz o un alto el fuego real, que aparentemente se está discutiendo en Pakistán con los iraníes, pero resultó que en cambio planeaba jugar al golf en su campo de Bedminster, Nueva Jersey. Según un recuento, ha jugado al golf 128 veces desde que asumió el cargo en enero pasado, con un costo para el contribuyente de alrededor de 140 millones de dólares en transporte y seguridad. Se estima que su golf habrá costado más de mil millones de dólares cuando concluya su mandato.

Aparte de hacer trampas en el golf, algo que se sabe que hace, Trump parece estar pensando en qué hará después de las próximas elecciones presidenciales, si no encuentra la manera de volver a presentarse, contraviniendo la Vigésimo Segunda Enmienda de la Constitución, que prohíbe que una persona sea elegida más de dos veces para la presidencia. Últimamente, sin embargo, ha buscado en el extranjero un buen lugar donde se valoren sus cualidades. Inevitablemente, Israel ha surgido como un destino adecuado para convertirse en jefe de Estado o de Gobierno, ya que ha estado sirviendo como marioneta de los intereses declarados de esa nación a través del "mejor amigo y aliado más cercano" de Estados Unidos, el primer ministro Benjamin Netanyahu.

En cierto sentido, Donald Trump podría asumir el cargo cuando Netanyahu renuncie sin problemas, ya que ha sido totalmente leal a Israel desde que asumió la presidencia. Y en cuanto a la necesidad de ser judío para ocupar dicho puesto, yo y muchos otros observadores creemos que Trump se convirtió al judaísmo en 2017. El propio Trump planteó la posibilidad de que su futuro esté en el Estado judío la semana pasada, cuando citó sus índices de aprobación, que según él eran abrumadoramente positivos en Israel . Mientras hablaba con los periodistas reunidos frente a la Casa Blanca, dijo:

“Ahora mismo tengo un 99% de apoyo en Israel. ¡Podría presentarme como candidato a primer ministro! Quizás después de esto, me vaya a Israel.”

Sin duda, Trump ha sido la marioneta de Israel, razón por la cual goza de popularidad en Israel, incluso mayor que la de su predecesor, Joe Biden, quien se mantuvo al margen mientras observaba el desarrollo y la expansión del genocidio en Gaza, proporcionando dinero, armas y apoyo político a los criminales de guerra judíos. El presidente Trump ha sido más abierto al reunirse personalmente con Netanyahu y al hacer todo lo que el primer ministro desea, e incluso ha ido mucho más allá del comportamiento despreciable de su predecesor, un verdadero canalla del Partido Demócrata. De hecho, una legislación que actualmente se está tramitando en el Congreso , por primera vez en la historia de Estados Unidos, equipararía legalmente el servicio en un ejército extranjero con el servicio en las fuerzas armadas estadounidenses, pero solo cuando dicho ejército extranjero sea israelí. La Resolución 8445 de la Cámara de Representantes, patrocinada por los congresistas republicanos Guy Reschenthaler de Pensilvania y Max Miller de Ohio, enmendaría la legislación vigente para que los estadounidenses que se alisten en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) reciban el mismo trato que quienes prestan servicio en las fuerzas armadas estadounidenses. Se estima que unos 20.000 ciudadanos estadounidenses que actualmente prestan o han prestado servicio en el ejército israelí se beneficiarán si los cambios entran en vigor, reduciendo de forma considerable y singular la brecha entre Israel y Estados Unidos en términos de derechos y beneficios.

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El presidente Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu conversan en privado en el Salón Vermeil antes de una cena, el lunes 7 de julio de 2025, en la Casa Blanca. (Foto oficial de la Casa Blanca por Daniel Torok)

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Se podría argumentar razonablemente que los ciudadanos estadounidenses que regresan del servicio militar israelí deberían ser investigados por su posible participación en crímenes de guerra. Pero, dado el trato especial que recibe el Estado judío, Trump bien podría considerar que él es la opción lógica para convertirse en líder del gobierno de Israel, una distinción a la que al menos algunos estadounidenses podrían oponerse, argumentando en cambio que debería ser acusado de traición antes de ser destituido y encarcelado o deportado. O ambas cosas.

El 19 de mayo, la administración Trump reforzó su apoyo a Israel al publicar un documento legal destinado a convertir cualquier crítica a Israel en un delito federal con severas penas de prisión. El fiscal general interino y exabogado personal de Trump, Todd Blanche, promulgó una nueva Ley de Sedición que no fue emitida por el Congreso, una institución cada vez más irrelevante, como exige la Constitución. La Ley de Sedición de Trump es singular porque no se limita a los ataques internos contra Estados Unidos. Protege explícitamente de ciertas formas de crítica no solo al gobierno estadounidense, sino también a un gobierno extranjero, y ese país, como era de esperar, es Israel. El comunicado de prensa del Departamento de Justicia de Estados Unidos incluye lo siguiente:

“El presidente Trump ha dejado claro que esta administración no tolerará el antisemitismo, y el Departamento de Justicia está comprometido a implementar esa directiva.”

La directiva incluye una advertencia sobre una iniciativa nacional de concienciación y acción que recorrerá 15 ciudades de Estados Unidos para combatir el antisemitismo, lo que refleja un compromiso más amplio para enfrentarlo como parte de la política nacional, convirtiendo a Washington en el protector designado de Israel tanto en Estados Unidos como a nivel mundial. Es necesario comprender que, en este esfuerzo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, junto con el Departamento de Guerra y el Departamento de Estado, que incluye la Oficina para Monitorear y Combatir el Antisemitismo, dirigida por el Enviado Especial con Estatus de Embajador, el rabino Yehuda Kaploun , ya cuentan con el respaldo de Israel.

El Departamento de Estado y la Casa Blanca también se han mostrado particularmente abiertos en el apoyo a Israel con el embajador Mike Huckabee como representante de Estados Unidos en Israel. Huckabee es un sionista cristiano declarado que apoya los intereses israelíes más que los de Estados Unidos. Y dado que Estados Unidos ahora utiliza la definición de trabajo adoptada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) sobre lo que constituye antisemitismo, casi cualquier crítica a Israel puede ser interpretada como antisemita por todas las agencias federales estadounidenses. Por ejemplo, las críticas al genocidio israelí de Palestina y su pueblo; su injerencia en el funcionamiento y la dotación de personal de las universidades estadounidenses; su papel en la contratación y las políticas relacionadas con los beneficios de gobiernos estatales como Texas y Florida; y su injerencia directa en las elecciones estadounidenses a través de la financiación y la manipulación de los medios de comunicación, recibieron un trato preferencial, a diferencia del comportamiento similar de cualquier otro país.

A esto se suma la reciente y calculada derrota del representante republicano estadounidense Thomas Massie, gracias a una financiación de 32 millones de dólares proveniente de grupos como AIPAC, que demuestra el poder del lobby israelí. Los asesinatos de líderes extranjeros por parte de Israel tampoco son de interés nacional para Estados Unidos, y Tel Aviv también asesina a estadounidenses, incluidos los 34 marineros de la Armada estadounidense que murieron en junio de 1967 cuando Israel conspiró con el presidente Lyndon B. Johnson para hundir el buque de inteligencia USS Liberty, que operaba en aguas internacionales del Mediterráneo. Israel también es sospechoso del asesinato de Charlie Kirk por atreverse a criticar a Israel, así como al presidente John F. Kennedy, quien quería detener su programa nuclear ilegal. Y cabe añadir la muy plausible creencia de que Israel tenía conocimiento previo o participó directamente en los atentados del 11-S.

En cuanto a la supuesta afinidad de Trump con Israel, su gran amigo Jeffrey Epstein era innegablemente un agente del Mossad que recopilaba información comprometedora contra estadounidenses con poder de influencia en asuntos exteriores de Estados Unidos en Oriente Medio. Este programa parece haber dado muy buenos resultados en el caso del actual presidente, quien continúa encubriendo los documentos del caso Epstein. Para perpetuar este encubrimiento, cualquier pensamiento, pregunta o declaración que los sionistas que rodean a Trump puedan considerar hostil hacia Israel se ha convertido en antisemitismo y no será tolerado por el gobierno estadounidense. Claramente, el régimen de Trump, esencialmente una conspiración controlada y gestionada por sionistas, no tiene intención de permitir que se difunda información veraz sobre el Estado judío. Si desafías o provocas al régimen, Trump te atacará llamándote "estúpido", "de bajo coeficiente intelectual" o difusor de "noticias falsas", y se tomarán medidas para silenciarte, como hicieron con Stephen Colbert, Thomas Massie, Marjorie Taylor Greene y tantos otros que desafiaron al lobby israelí y a los políticos comprados para que impongan su inmunidad ante las normas que rigen para todos los demás.

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Este artículo se publicó originalmente en The Unz Review .

Philip M. Giraldi, Ph.D., es el Director Ejecutivo del Consejo para el Interés Nacional, una fundación educativa 501(c)3 deducible de impuestos (Número de Identificación Federal #52-1739023) que busca una política exterior estadounidense más basada en intereses en Oriente Medio. Su sitio web es https://councilforthenationalinterest.org , su dirección postal es PO Box 2157, Purcellville, VA 20134 y su correo electrónico es inform@cnionline.org .

Es investigador asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG).

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