Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

26 de octubre de 2026

LULA HABLA POR PRIMERA VEZ TRAS LA VICTORIA: «Vamos a cambiar nuestra forma de gobernar, vamos a lograr una mayor participación ciudadana».

 


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De guerrasimbolica en 26 octubre, 2026

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) habló por primera vez tras su victoria electoral este domingo (25). El miembro del PT prometió “cambiar la forma en que se gobierna este país”.

«Puedo garantizar que cambiaremos la forma en que se gobierna este país. Haremos que la gente participe más en nuestras decisiones. La comunicación digital tendrá un papel muy importante en mi gobierno», afirmó.

Al comentar sobre el proceso electoral, Lula criticó las acciones de las grandes plataformas digitales y las grandes empresas tecnológicas, y afirmó que su gobierno debería avanzar en la regulación de estas compañías. Según él, la campaña estuvo marcada por intentos de injerencia externa en los resultados electorales.

“En estas elecciones, tuvimos que superar la injerencia externa, a través de plataformas digitales, que tendremos que regular”, afirmó. “Es imposible que ignoremos que los delitos en el mundo digital deben ser tratados igual que los delitos en la vida real. No podemos permitir que empresas monstruosas y gigantescas, que ganan miles de millones y no pagan impuestos a este país, intenten manipular el resultado electoral”, añadió.

El candidato del Partido de los Trabajadores también criticó a su oponente derrotado, Flávio Bolsonaro, a quien asoció con «actividades propias de una milicia», y describió el resultado de las elecciones como una derrota para el negacionismo y la desinformación.

“Esta elección fue una derrota para el negacionismo, para las mentiras, y les confieso que cada vez que fui al debate me sentí avergonzado, porque he debatido con mucha gente, he participado en muchas elecciones, me reúno cada año con los BRICS, el G20, el G7, discuto los principales problemas del mundo, pero nunca pensé que me encontraría cara a cara con un representante genuino del comportamiento miliciano de este país”, dijo Lula.

Moral de las tropas

El presidente agradeció especialmente a los jóvenes, a los ancianos y a los activistas que participaron en la campaña. Asimismo, destacó el papel del diputado federal André Janones (Rede-MG) en la movilización digital de sus simpatizantes durante la segunda vuelta.

«Quiero agradecer a nuestro camarada Janones, nuestro general, que desempeñó un papel fundamental en esta campaña para elevar la moral de nuestras tropas», declaró.

Lula también elogió al vicepresidente Geraldo Alckmin (PSB), quien permanecerá a su lado en el próximo mandato. «Feliz es el presidente que cuenta con un vicepresidente de la calidad, integridad y lealtad que yo tengo en Alckmin», afirmó.

Salud y educación

Entre las prioridades anunciadas para el próximo gobierno, Lula destacó la ampliación de las políticas de atención a la población anciana, el empoderamiento de las mujeres, la educación pública y el fortalecimiento del Sistema Único de Salud (SUS).

«Tengo que gobernar para 215 millones de personas de todas las edades, pero en el próximo mandato me tomaré muy en serio la política de atención a las personas mayores», afirmó.

En materia de educación, el presidente prometió ampliar la escolarización a tiempo completo y crear una versión universitaria del programa «Pé-de-Meia». Asimismo, abogó por inversiones en formación científica y tecnológica para reducir la dependencia de Brasil de las tecnologías extranjeras.

«Queremos universalizar la escolarización a tiempo completo en la escuela secundaria, crearemos un programa de ahorro universitario para que ningún joven, hombre o mujer, abandone sus estudios por tener que trabajar», declaró.

«Vamos a enseñar más matemáticas e ingeniería porque no quiero depender de la IA estadounidense o china; quiero crear una brasileña», añadió.

El presidente también se pronunció sobre la composición del Congreso Nacional y rechazó la valoración de que enfrentará dificultades para gobernar debido al perfil conservador de los parlamentarios electos.

«Algunas personas ya dicen que voy a tener muchas dificultades para gobernar porque es demasiado conservador. Yo no elegí el Congreso, lo eligió el pueblo, y es con ellos con quienes voy a trabajar para que se aprueben las leyes», afirmó.

Lula también afirmó que tiene la intención de celebrar reuniones con representantes de diferentes sectores de la sociedad antes del inicio de su nuevo mandato, incluyendo líderes empresariales, educadores, científicos y mujeres.

«Tengo dos meses por delante para hablar del gobierno. Quiero reunirme con líderes empresariales, educadores, científicos y mujeres», declaró.


Tomado de: Brasil de Fato/ 25 de octubre del 2026

La revuelta de la Generación Z en el mundo.

 


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De prensabolivariana en octubre 26, 2026

Las últimas jornadas de movilización estudiantil y juvenil en Francia, especialmente las del 17 y 24 de octubre, expresan el surgimiento de una nueva generación de luchadores sociales que comienza a transformar la coyuntura política internacional. Lo que inicialmente parecía una protesta contra las políticas neoliberales del gobierno de Emmanuel Macron adquiere dimensiones de una rebelión juvenil con posibilidades de extenderse hacia otros sectores populares.
No se trata de un fenómeno exclusivamente francés. Desde Nepal e Indonesia hasta Italia, España, Albania, Portugal, Argentina, Brasil, Estados Unidos y Colombia, una nueva generación irrumpe en las calles para cuestionar las desigualdades sociales, la precarización laboral, el autoritarismo, la corrupción y las promesas incumplidas del capitalismo neoliberal.
Desde hace algún tiempo, el estudio de la política internacional incluye las experiencias de las distintas generaciones como una herramienta para comprender las transformaciones sociales, políticas y culturales. Hace aproximadamente doce años, los millennials ocupaban un lugar destacado en ese debate. Se trata de la generación nacida, aproximadamente, entre comienzos de los años ochenta y mediados de los noventa, que creció durante la expansión del neoliberalismo, la consolidación del Consenso de Washington y la hegemonía económica, política y cultural de Estados Unidos después de la Guerra Fría. Conocieron internet desde edades relativamente tempranas, pero todavía conservan recuerdos de una época anterior a la hiperconectividad digital. Son, en buena medida, los jóvenes que vivieron el tránsito hacia el nuevo milenio.
La Generación Z, por su parte, comprende a quienes nacieron aproximadamente entre mediados de los años noventa y comienzos de la década de 2010. A diferencia de sus antecesores, crecieron inmersos en internet, las redes sociales y la comunicación digital permanente. Comparten códigos culturales, expresiones, imágenes y formas de comunicación que circulan simultáneamente entre jóvenes de diferentes países e idiomas. Expresiones como «farmear aura», que alude a ganar prestigio, reconocimiento o carisma ante los demás, ilustran la existencia de un lenguaje generacional global que muchas veces resulta incomprensible para personas de mayor edad.
Pero las diferencias entre ambas generaciones no son solamente culturales. Mientras los millennials crecieron bajo las promesas de prosperidad, movilidad social y bienestar difundidas por la globalización neoliberal, la Generación Z ha experimentado desde sus primeros años las consecuencias del incumplimiento de esas expectativas. El capitalismo les ofrece un horizonte de progreso que sus propias condiciones materiales de existencia les impiden alcanzar. Su experiencia histórica está marcada por las consecuencias de la crisis financiera de 2008, las guerras de Irak y Afganistán, la precarización laboral, el deterioro ambiental y, posteriormente, la profunda ruptura social provocada por la pandemia de 2020.
Las grandes movilizaciones feministas y las protestas contra el ascenso de figuras como Donald Trump y Jair Bolsonaro constituyeron algunos de los momentos más significativos de la participación política de los millennials. Sin embargo, la pandemia interrumpió buena parte de esa dinámica de movilización. Millones de jóvenes vieron restringidas sus posibilidades de estudio, trabajo y socialización, mientras las redes digitales se convertían en escenarios de frustración, confrontación ideológica y disputa cultural. La extrema derecha aprovechó esas circunstancias para difundir discursos autoritarios, racistas, misóginos y contrarios a los derechos de las diversidades sexuales.
No obstante, esas mismas redes también facilitaron nuevas formas de organización y resistencia. La Generación Z comenzó a transformar la inconformidad individual en acción colectiva, trasladando sus reivindicaciones de las plataformas digitales a las universidades, las plazas y las calles.
Hoy, esta generación toma el relevo de anteriores experiencias de movilización juvenil y emerge como uno de los protagonistas de la conflictividad social contemporánea. Su irrupción plantea una cuestión fundamental: ¿estamos ante una nueva oleada de protestas juveniles o frente al surgimiento de un sujeto político con potencial revolucionario, capaz de contribuir a transformar las relaciones de poder y el orden social existente?
Una generación que perdió la confianza en el neoliberalismo.
A diferencia de los millenials, que crecieron durante la expansión de la globalización neoliberal y sus promesas de prosperidad, la Generación Z se formó en un mundo marcado por las consecuencias de la crisis financiera de 2008, las guerras, el deterioro ambiental, la precarización laboral y la pandemia de 2020.
Para millones de jóvenes, el futuro prometido por el neoliberalismo nunca llegó. La educación universitaria dejó de garantizar estabilidad económica, el empleo se volvió precario, los salarios perdieron capacidad adquisitiva y el acceso a la vivienda se convirtió en una aspiración cada vez más difícil.
Esta generación, formada en la sociedad digital y la hiperconectividad, dispone de enormes capacidades de comunicación y organización, pero encuentra crecientes obstáculos para construir un proyecto de vida digno.
La pandemia profundizó estas contradicciones. Millones de jóvenes experimentaron el aislamiento, la frustración y la pérdida de oportunidades. Las redes sociales facilitaron la expansión de discursos autoritarios y de extrema derecha, pero también comenzaron a convertirse en instrumentos de organización y resistencia.
De esta manera, la inconformidad individual empezó a transformarse en movilización colectiva.
La Generación Z no solamente cuestiona a los gobiernos. También expresa una profunda desconfianza hacia los partidos tradicionales, las élites políticas y las dirigencias que administraron durante décadas las políticas neoliberales.
Francia y Europa: el despertar de una nueva rebeldía.
Francia ocupa un lugar destacado en este escenario. Las protestas estudiantiles contra el ajuste fiscal, el deterioro de la educación pública y la precarización laboral recuerdan, con las diferencias históricas correspondientes, las grandes movilizaciones de mayo de 1968.
La posibilidad de articular la rebelión estudiantil con las reivindicaciones de los trabajadores constituye uno de los elementos más importantes de esta coyuntura. La juventud francesa puede convertirse en un contrapeso social al avance de Marine Le Pen y las corrientes nacionalistas y xenófobas.
Pero esta inconformidad también atraviesa otros países europeos.
En Italia, estudiantes, movimientos feministas y organizaciones antifascistas cuestionan las políticas conservadoras del gobierno de Giorgia Meloni, la precarización laboral, las restricciones sociales y el crecimiento del discurso neofascista. Las movilizaciones universitarias en solidaridad con Palestina y en defensa de la educación pública recuperan una larga tradición de luchas juveniles y obreras.
En España, la juventud enfrenta una profunda crisis de vivienda, salarios insuficientes y empleos inestables. Las movilizaciones estudiantiles, feministas, ecologistas y por el derecho a la vivienda retoman parte del legado del movimiento de los indignados de 2011 y expresan el rechazo a las políticas neoliberales y al crecimiento del neofascista Vox.
En Albania, la inconformidad juvenil se relaciona con la corrupción, la desigualdad, la emigración y la falta de oportunidades. Las protestas estudiantiles y las demandas de democratización institucional reflejan el agotamiento de las expectativas de progreso de amplios sectores de las nuevas generaciones.
En Portugal, los jóvenes cuestionan la especulación inmobiliaria, los bajos salarios, la precariedad laboral y el avance de la extrema derecha. La memoria de la Revolución de los Claveles de 1974 continúa siendo una referencia histórica para quienes defienden la democracia y las transformaciones sociales.
Aunque presentan características diferentes, estas experiencias comparten una contradicción fundamental: una juventud que aspira a mayores libertades y derechos sociales, pero enfrenta un modelo económico que restringe sus posibilidades de realización.
Su potencial revolucionario reside en la posibilidad de articular estas reivindicaciones con las luchas de los trabajadores y otros sectores populares.

La rebelión juvenil se extiende por el planeta.

En Asia, las movilizaciones juveniles han adquirido una importancia creciente. En Nepal, las protestas contra la corrupción y los privilegios de las élites políticas mostraron la capacidad de organización de las nuevas generaciones. En Indonesia, las manifestaciones contra los privilegios de los funcionarios y la desigualdad expresaron el descontento de estudiantes y trabajadores jóvenes.
En estos escenarios, la cultura digital también se convirtió en un instrumento de movilización. La bandera pirata de los Sombrero de Paja, protagonistas del animé japonés One Piece, apareció como un símbolo de rebeldía frente al poder establecido.
En India, las protestas estudiantiles y los cuestionamientos a las políticas del gobierno de Narendra Modi reflejan las tensiones relacionadas con la educación, la desigualdad y los derechos democráticos. En eso consiste el movimiento de las “Cucarachas” contra Modi y el régimen clerical brahamanista dominante, que está cuestionando en estos momentos las maniobras electorales de Modi para mantenerse por largos años en el poder.
Otro elemento común de estas movilizaciones es la solidaridad con Palestina. Su bandera se ha convertido en un símbolo internacional de resistencia frente a la ocupación, la violencia contra la población civil y la impunidad. Las protestas y acampadas universitarias en Estados Unidos y Europa muestran la dimensión internacionalista de esta nueva generación.
En América Latina, la juventud también ocupa un lugar central en las luchas populares.
En Argentina, estudiantes y trabajadores jóvenes participan en las movilizaciones contra las políticas de Javier Milei, particularmente en defensa de la universidad pública, los derechos laborales y las políticas sociales.
En Brasil, las organizaciones juveniles y estudiantiles mantienen una importante tradición de resistencia frente al bolsonarismo, el autoritarismo y las desigualdades sociales.
En Colombia, los jóvenes están en la primera línea de la movilización contra el gobierno neofascista de Abelardo, protagonizando una primera movilización de masas el pasado 14 de octubre y proyectando un paro general para el próximo 24 de noviembre que implique el cierre de grandes centros urbanos (Cali, Sur de Bogotá, Pereira y zonas del Valle del Aburra) en el que se refleje el rechazo al gobierno autoritario y oscurantista de Abelardo.
En Estados Unidos, estudiantes y trabajadores jóvenes participan activamente en las protestas contra el trumpismo, las movilizaciones de solidaridad con Palestina y las manifestaciones del movimiento No Kings, que cuestiona las tendencias autoritarias y la concentración del poder presidencial.

¿Una nueva generación revolucionaria?

La importancia histórica de la Generación Z no reside solamente en su juventud ni en su dominio de las tecnologías digitales. Su potencial revolucionario surge de la contradicción entre sus aspiraciones de libertad, igualdad y bienestar y las condiciones económicas y políticas que impiden realizarlas.
Es una generación que conoce las posibilidades de un mundo globalmente interconectado, pero enfrenta desigualdades crecientes; que dispone de enormes capacidades tecnológicas, mientras los beneficios de la innovación se concentran en grandes corporaciones; y que reclama derechos sociales, igualdad de género y sostenibilidad ambiental frente al avance del autoritarismo y la crisis climática.
Sin embargo, conviene distinguir entre rebelión generacional y transformación revolucionaria.
Las protestas pueden modificar gobiernos y políticas públicas sin transformar necesariamente las estructuras económicas y sociales que originaron el descontento.
La historia demuestra que el potencial revolucionario requiere organización, conciencia política, articulación con las clases trabajadoras y capacidad para construir alternativas de poder democrático.
En este sentido, las experiencias de Francia, Italia, España, Albania y Portugal, junto con las movilizaciones de Asia y América, muestran las posibilidades de un nuevo movimiento juvenil que enfrenta al neoliberalismo y a la extrema derecha.
La Generación Z no constituye un bloque político homogéneo ni una fuerza revolucionaria unificada. En su interior también existen tendencias conservadoras y contradicciones ideológicas. Pero sus sectores movilizados representan una importante posibilidad de renovación de las luchas democráticas y populares.
El mundo atraviesa una etapa de profunda polarización. Mientras las corrientes autoritarias y de extrema derecha buscan consolidar políticas excluyentes, millones de jóvenes cuestionan un orden económico y político incapaz de garantizarles un futuro digno.
No estamos necesariamente ante una revolución mundial en marcha. Sin embargo, sí existen señales de un nuevo ciclo internacional de movilización juvenil con capacidad para alterar los equilibrios políticos y revitalizar las luchas sociales desenmascarando el giro neofascista de las elites tecnológicas y su oscurantismo.
La cuestión decisiva es si esta generación conseguirá convertir su indignación en organización, sus protestas en movimientos duraderos y sus reivindicaciones en proyectos de transformación estructural del capitalismo.
Como ocurrió en otros momentos históricos, la juventud puede convertirse en una fuerza decisiva cuando sus luchas confluyen con las aspiraciones de los trabajadores y los sectores populares.
La Generación Z no solamente se rebela contra el presente neoliberal y autoritario: comienza a disputar el derecho a construir otro futuro con equidad y justicia social.

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*Horacio Duque Giraldo es un historiador, analista político y académico colombiano. Cuenta con una sólida formación que incluye: Maestría en Relaciones Internacionales,Licenciatura en Ciencias Sociales con énfasis en Educación Básica. Maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos Contemporáneos.
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𝕏 @PBolivaria / ✉ pbolivariana@gmail.com♦

Lula da Silva, el hombre que hizo historia y se convirtió por cuarta vez en presidente

 


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De prensabolivariana en octubre 26, 2026

El mandatario acumula seis décadas de lucha social, que le han hecho acreedor de un legado político indiscutible.

A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva ha vuelto a hacer historia y se ha convertido por cuarta vez en presidente de Brasil, el país más grande de América Latina.

Lula obtuvo en la victoria en una jornada que estuvo cargada de tensión durante el conteo y divulgación de los resultados. El actual mandatario comenzó con ventaja sobre su contendiente Flávio Bolsonaro, pero durante un rato de la publicación de las cifras, este le sacó ventaja; volviéndose a revertir los números posteriormente.

Así, de acuerdo con los resultados del Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE), con el 100 % de secciones electorales totalizadas, Lula alcanzó el 51,79 % (64.256.232 votos); mientras que Bolsonaro consiguió el 48,21 % (59.826.041 sufragios).

Con estos resultados, Lula consiguió revertir la escena que había dejado la primera vuelta, celebrada el pasado 4 de octubre. En esa ocasión, el mandatario, respaldado por el Partido de los Trabajadores (PT), alcanzó el 45,16 % de los votos (53.879.538); quedando detrás del aspirante del Partido Liberal (PL), que consiguió el 47,03 % de los sufragios (56.104.503).

Además, Lula rompió la llamada ‘maldición de la primera vuelta‘, una tendencia que se mantenía desde 1989, con el retorno de la democracia en Brasil. Desde entonces, ningún candidato que había quedado en segundo lugar en la primera ronda había conseguido revertir el resultado en el balotaje.

De Caetés a sindicalista

Nacido en Caetés, entonces distrito de Garanhuns, una pequeña ciudad del estado de Pernambuco, en el noreste brasileño, vivió una infancia llena de privaciones materiales; luego, en busca de mejores oportunidades, la familia, conformada por su madre y siete hermanos, recaló en Sao Paulo, donde trabajó como limpiabotas y en otras labores igualmente precarias. Tenía solo 12 años, pero desde los ocho ya había renunciado a su infancia para ayudar con el sustento en casa.

En esa urbe, considerada la mayor de Brasil e impelido por la necesidad económica, Lula ingresó a los 14 años a una fábrica de tornillos. Abandonó la escuela, pero optó por una formación técnica que le permitiría conseguir un trabajo en la industria metalúrgica. En 1964, un accidente laboral hizo que perdiera el dedo meñique de su mano izquierda.

A finales de esa década, mientras su país estaba gobernado por una dictadura militar, comenzó a implicarse de más en más en la actividad sindical y a luchar por la defensa de los derechos de los trabajadores.

En 1975 había ascendido a puestos de dirigencia sindical, a través del voto de los afiliados y empezó a destacar por su oposición abierta al régimen, con acciones que incluyeron la organización de huelgas masivas, duramente reprimidas por los militares. Cinco años más tarde fundó el Partido de los Trabajadores (PT), una organización abiertamente de izquierda, que proclamaba sin tapujos el socialismo.

El camino al poder

Con el regreso a la democracia, tanto Lula como el PT acumularon un amplio respaldo popular. Eso les permitió obtener bancas en el Congreso y ganar alcaldías de ciudades importantes, pero no bastó para que el obrero metalúrgico devenido en líder político nacional se alzara con la primera magistratura del gigante suramericano. Perdió tres veces: una contra Fernando Collor de Mello (1989) y dos contra Fernando Henrique Cardoso (1994 y 1998).

La racha de derrotas se rompió en 2002, cuando ganó su primera presidencia. En ese lapso implementaría un conjunto de programas sociales destinados a combatir la pobreza y la desigualdad, que acompañó con un fuerte respaldo a la industria local, el alineamiento geopolítico con otros líderes de izquierda que por entonces gobernaban en América Latina y el reposicionamiento del país en el concierto internacional. Esas directrices de gobierno le garantizaron su primera reelección en 2006.

Impedido constitucionalmente para presentarse a un tercer mandato, le cedió el testigo a su  exjefa de gabinete, Dilma Rousseff, quien obtuvo la victoria electoral y se encargó de continuar el proyecto político iniciado por Lula.

A mediados de la década de 2010, el PT se enfrentó al megaescándalo de corrupción Odebrecht, que derivó en el encarcelamiento de Lula, demostrado luego como el producto de un proceso judicial amañado. Volvió a la primera línea de la política y en 2022 se impuso al presidente ultraderechista y candidato a la reelección Jair Bolsonaro.

Su tercer mandato estuvo caracterizado por el choque con el bolsonarismo —que intentó un golpe de Estado a inicios de 2023— y por confrontaciones políticas y económicas con EE.UU. Lula no se arredró y le plantó cara a las dos situaciones: de un lado, la Justicia procesó y condenó a Bolsonaro por golpismo; de otro, también salió al frente a las amenazas y acciones agresivas de Washington —que incluyeron la imposición de aranceles a la mayor parte de los productos brasileños— con un discurso abiertamente soberanista, foco principal de la campaña, que junto a los innegables logros sociales de su gestión, le garantizaron ahora su cuarta estancia en el Palacio de Planalto.