“La sabiduría de la vida consiste en la eliminación de lo no esencial. En reducir los problemas de la filosofía a unos pocos solamente: el goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura”.
Lin Yutang
Cervantes
Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.
MIGUEL DE CERVANTES Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.
La República Bolivariana de Venezuela recibe golpe tras golpe. Luego de años de bloqueo y crisis económica -en buena medida generada por las políticas de castigo impuestas por Washington-, con una situación política interna sumamente compleja que expulsó a alrededor de 8 millones de sus connacionales (alrededor del 20% de su población), con la reserva de petróleo más grande del mundo, lo que la pone en una situación de tremenda vulnerabilidad a una corta distancia de la principal potencia capitalista mundial y principal consumidora de ese hidrocarburo, siempre ávida de ese recurso, habiendo sufrido una monumental violación a su soberanía el pasado 3 de enero con el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y la instalación de una administración títere con un virtual gobierno de hecho que controla realmente la marcha del país desde la Casa Blanca -con autoridades locales que solo hacen de pantalla-, el 24 de junio pasado sufrió una terrible catástrofe natural, con dos devastadores terremotos.
La magnitud del desastre fue enorme, monumental. En el momento de redactar esta nota se cuentan 1.400 personas fallecidas, pero las estimaciones -teniendo en cuenta el derrumbe de tanta infraestructura edilicia- hacen llegar esa cifra a no menos de 10.000 personas. Incluso, podrían ser muchas más (se habló de decenas de miles). Las cantidades siempre crecientes de heridos están colapsando los hospitales. Los daños materiales, igualmente son inconmensurables. El profundo dolor se ha apoderado de todo el país.
Ante tanta tragedia la ayuda humanitaria no se ha hecho esperar. Numerosos gobiernos y organismos internacionales ya están enviando insumos de primera necesidad -alimentos, medicinas, ropa, agua pura- y personal especializado para cooperar en las tareas de rescate. Igualmente, muchos grupos solidarios de población, en distintas partes del mundo, gente común, ciudadanos de a pie, conmovidos ante tanto sufrimiento, también están recolectando ayuda. Todo un ejemplo de solidaridad, de auténtico calor humanitario, de sentimiento por el otro.
Por supuesto, ante tantas necesidades, nadie en Venezuela podría negar ninguna ayuda. Pero no se puede dejar de mencionar algo, quizá como un recordatorio de otras experiencias, haciendo de abogado del diablo tal vez, pero con un llamado a no dejar de tener en cuenta algunas circunstancias.
En situaciones como la que actualmente atraviesa Venezuela, la ayuda internacional es básica. Ahora bien: esa ayuda, ¿es siempre solidaria? Hay más que numerosos ejemplos que muestran que la ayuda humanitaria -para el caso, por ejemplo, la facilitada por la ONU- puede transformarse en una verdadera pesadilla para el país afectado. Allí están los casos de República Democrática del Congo, República Centroafricana, Kosovo, Timor Oriental, Haití. Como dice María Vergara: «Aunque la ayuda humanitaria constituye una herramienta indispensable para salvar vidas, la experiencia haitiana [y la de muchos otros países] demuestra que, en determinados contextos, también puede convertirse en un instrumento de proyección de influencia política y geopolítica».
Esa ayuda, fácilmente puede convertirse en esa «complicada» -por decirlo con un término suave-, sin dudas cuestionable «ocupación humanitaria» -controvertido concepto en el derecho internacional, dado que se encuentra en una zona legal gris, sin demarcación clara, lo que permite la intromisión y los abusos porque no hay normativas claras-. Son numerosos los excesos y arbitrariedades debidamente documentadas de misiones de Naciones Unidas donde se cometen graves abusos y violaciones a los derechos humanos de las poblaciones damnificadas, a las que supuestamente se debería ayudar, que van desde la explotación sexual -en algunos casos, con menores de edad- hasta fallos sistémicos en la protección de civiles.
El caso de Haití luego de su devastador terremoto de 2010, que dejó más de 200.000 muertos y 300.000 heridos, con una destrucción tremenda de su infraestructura, muestra en forma evidente lo que puede ser una de esas misiones disfrazadas de ayuda humanitaria. Estados Unidos fue el principal país que prestó esa «ayuda», pero los resultados fueron singulares, paradójicos, por no decir catastróficos. De los alrededor de 4.000 millones de dólares que destinó el país del norte, solo el 2% fue a parar a organizaciones haitianas, mientras que casi el 60% quedó en empresas estadounidenses. Hubo un gran despilfarro de recursos (dicho claramente: ¡corrupción!), sin que se materializara ninguna reconstrucción constatable del Haití destruido, mientras que el mayor beneficio lo obtuvieron las fuerzas armadas norteamericanas, que fueron el principal actor en la iniciativa: adquisición de experiencia logística para el futuro en el área del Caribe, entrenamiento de las tropas en condiciones reales, poder probar y mejorar sus capacidades logísticas y de respuesta rápida a gran escala acumulando experiencia crucial para futuras operaciones humanitarias y, fundamentalmente, bélicas.
¿Se estará repitiendo algo similar en la hoy devastada Venezuela? Uno de los principales actores en la ayuda (¿ayuda?) es el Comando Sur de Estados Unidos -SOUTHCOM, por su sigla en inglés, con sede en Doral, Florida, uno de los comandos combatientes unificados del Departamento de Guerra, responsable de la planificación militar, las operaciones y la cooperación en seguridad en Latinoamérica y el Caribe. Después de la invasión perpetrada en enero apuntando a quedarse con el manejo de las reservas petroleras, con un gobierno que, en forma creciente, abre las puertas a la presencia estadounidense, y con el actual estatus de protectorado de hecho que tiene el país bolivariano, es altamente preocupante lo que pueda venir. ¿Presencia permanente de fuerzas militares estadounidenses en la patria de Bolívar? Como van las cosas, es muy probable. El petróleo del subsuelo venezolano pasará a ser de propiedad yanki -ahí están operando a toda máquina sus grandes multinacionales petroleras-, custodiado por marines bien equipados desde dentro del propio territorio caribeño. ¿Protectorado con ocupación militar disfrazada de ayuda?
Alguna vez Hugo Chávez expresó: «Fidel me dijo un día ‘si a ti o a mí nos pasa un día eso -que nos invadan- lo último que podemos hacer es hacer lo que hizo Saddam, meterse en un hueco por allá. Hay que morir peleando, Chávez, ahí, en la primera línea de batalla’. Y es eso lo que yo haría: yo no voy a irme para un monte, voy a morir al frente, con la dignidad de un venezolano que ama este país». Lo mismo dijo el presidente cubano Díaz-Canel ante la eventualidad de una invasión. El 3 de enero fuerzas militares de Estados Unidos invadieron Caracas (¿gran capacidad bélica o se les abrió la puerta desde dentro?). El ahora presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, dijo entonces que se había acabado el socialismo y se iba abiertamente hacia una economía de mercado, con un gesto genuflexo y complaciente ante el invasor. Diametralmente opuesto a lo que manifestara en su momento el comandante bolivariano. Si se les abrió la puerta a los invasores, una vez dentro ¿Quién los saca?
Por supuesto que puede haber solidaridad real, genuina, sin pedir nada a cambio. Numerosas instancias lo hacen. Cuba socialista, aun bloqueada hasta el infinito, no deja de enviar al mundo brigadas médicas, maestros, entrenadores deportivos, en un gesto solidario. ¿Hará lo mismo el Comando Sur en la pobre Venezuela que no para de contar sus muertos, con más de 200.000 millones de deuda externa?
Valen aquí palabras del venezolano Oscar Caballero: «La desesperación y angustia por la catástrofe están llevando a los venezolanos a aceptar mansamente (por ignorancia o por dolor) la asistencia de Estados Unidos, pero también a pasar por alto la ocupación gringa que casi seguro se nos está viniendo encima».
Sin dudas, la gran potencia en declive necesita un reaseguro ante nuevas fuerzas que aparecen en el escenario global disputando su hegemonía: China, Rusia, los BRICS+. Ese reaseguro (¿tal vez negociado a alto nivel con esas otras potencias?) es Latinoamérica. Y el petróleo venezolano es parte crucial de ese botín. ¿Ocupación humanitaria o algo más?
*Marcelo Colussi es un psicólogo y filósofo nacido en Argentina, radicado en Guatemala desde hace décadas. Con una sólida formación en ciencias sociales y psicoanálisis, ha dedicado su carrera a la docencia universitaria, la investigación social y la consultoría en derechos humanos. Es un prolífico ensayista y analista político, cuyas columnas se publican en diversos medios internacionales de pensamiento crítico. Su trabajo se caracteriza por desmenuzar la geopolítica latinoamericana, la lucha de clases y el impacto del modelo neoliberal en la salud mental colectiva. Como intelectual comprometido con las causas populares, utiliza la escritura como una herramienta de transformación social y denuncia desde una perspectiva marxista y humanista. Google Drive:mmcolussi |Correo:mmcolussi@gmail.com|Facebook Perfil:Marcelo Colussi|Facebook Pagina: Marcelo Colussi|Pagina Web: mcolussi.blogspot.com| Instagram: @marcelocolussi8||C1FAED
Otro terremoto (JUNIO -2026), encontrándonos nuevamente colonizados: Caracas destruida, el imperio amenazante, las hordas enloquecidas de los nuevos realistas pidiendo a Dios castigo por habernos rebelado contra el poder dominante. El odio frenético, incontenible, enfermizo y delirante, rabioso, de los opositores al chavismo alcanzando niveles catatónicos. Andan echando babas venenosas y volcánicas en sus escritos por las redes, quieren más muertes, aniquilación total de todos los chavistas, devastación total, inclementemente delirantes. Los templos se llenan de falsos cristianos que desean la muerte (¡fariseos e hipócritas!) de los que no piensan como ellos. Rezan y maldicen, rezan y maldicen…
Pero hermanos de la patria: No es hora de llorar, ni mucho menos de acobardarnos, de postrarnos… es hora de valor y de coraje. Es hora de meditación profunda. Es hora también de prepararse para nuevos y terribles combates. Esto que vivimos es parte de una lucha muy larga, después de haber padecido golpes de estado, paros petroleros, guerras económicas, guarimbas, bloqueos, asedios, pandemias, atentados e invasiones. Debemos estar curtidos y seguir curtiéndonos. Voy a citar un párrafo demoledor de Rufino Blanco Fombona: “¿Cuál fue el propósito de Bolívar? Realizar una obra ¿Qué obra era esa? Completar el equilibrio del mundo… Acomete Bolívar su empresa con ardor y nada lo detiene hasta cumplirla. Nada. Ni las mujeres, que tanto le gustan; ni la aclamación lisonjera de las capitales, en las que no permanece… Nada en efecto lo detiene. Nada, ni en los Andes, ni los desiertos, ni los caudalosos ríos del Trópico, ni los Océanos que se cruzan… Nada, ni los monstruos de la guerra a muerte; ni la opinión del país, contraria a la independencia; ni la testarudez heroica de los montañeses de Pasto, que preferían suicidarse a servir a la patria, ni la barbarie de los llaneros venezolanos que servían a Fernando VII y a Boves; ni la superstición ni el fanatismo de las masas, ni la catástrofe del terremoto de 1812”.
Nada lo detiene, sigue diciendo Blanco Fombona: “Ni la acusación de sus adversarios, ni la traición de sus colaboradores, desde Santander (vicepresidente Colombia) hasta Torre-Tagle (presidente de Perú). Nada. Ni la emulación platónica de San Martín, ni la de Rivadavia ni la repugnante de Riva-Agüero, ni la insumisión de sus más heroicos y populares tenientes, desde Piar hasta Mariño y desde Córdoba hasta Páez. Nada, ni la pobreza, ni la ignorancia, ni la enfermedad, ni la muerte, ni la superstición, ni la naturaleza ni la adversidad. Nada… Ha pasado por encima de todo. Con la sonrisa en los labios, o con las lágrimas o la imprecación en los labios, pero ha pasado. Todo se ha opuesto a su designio: él ha triunfado de todo. De la guerra extranjera, de la guerra civil, de la guerra social. De todo. También se ha dicho esto: que sólo él después de Dios, ha creado de la NADA”. ¿Y puede entonces, venir a creerse que tal como estamos en este momento, no es posible hacer NADA?
Nos recuerda Indalecio Liévano Aguirre que el día 26 de marzo, Jueves Santo como el famoso 19 de abril, un tremendo temblor de tierra sacudió las ciudades de Caracas, La Guaira, San Felipe, Barquisimeto y Mérida. “El día del terremoto —cuenta Bolívar—, yo llegué corriendo hasta aquí (la Plaza de San Jacinto) en mangas de camisa porque acababa de dormir la siesta; por cierto que no encontré otra cosa que un lamentable hacinamiento de ruinas (…). En el acto me puse a la obra de salvar víctimas, encaramándome sobre los escombros y gateando en dirección a los sitios de donde salían quejidos o voces de auxilio. Me hallaba en esta tarea, cuando di de manos a boca con el furibundo españolizante José Domingo Díaz, el que no hace más que verme y echarse a comentar con su acostumbrada sorna: — ¿Qué tal, Bolívar? Parece que la Naturaleza se pone del lado de los españoles (…). —SI SE OPONE LA NATURALEZA, LUCHAREMOS CONTRA ELLA Y LA HAREMOS QUE NOS OBEDEZCA (…) —le respondí iracundo.
José Domingo Díaz era un mulato, un horrible seguidor de los realistas, quien sin duda irónicamente quería escuchar la lengua de Bolívar hablándole de que el terremoto ocurría por castigo de Dios al estar rebelándose los criollos contra los españoles. Hoy tenemos millones José Domingo Díaz. Fue gracias a José Domingo Díaz que se conoció la célebre frase de Bolívar: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca», cuando el terremoto de 1812, palabras que el mismo José Domingo Díaz calificó de «impías y blasfemas», para acusar a Bolívar de herejía y ateísmo en su larga lucha ideológica contra los independentistas. Bolívar, indignado le pidió «… que regresara al África».
Aquel terremoto ocurrió el 26 de marzo de 1812 y para peores señales telúricas, ocurrió un Jueves Santo. Los patriotas en aquel momento se encontraban planificando una campaña contra la provincia de Guayana, aún dominada por el imperio capitalista español, a la vez que prepararse para contener la ofensiva enemiga que se desplazaba desde el oeste.Pero entonces contábamos con patriotas, Bolívar todavía no era conocido como el gran hombre que pronto conoceríamos. Hoy seguramente debe encontrarse otro Bolívar en algún lugar de Venezuela, y seguramente pronto lo conoceremos. ¿Hoy con quién contamos?
Aquel terremoto de 1812, fue de 6.2 y duró 26 segundos, éstos del pasado 24 de junio fueron, el primero de 7.2, seguido de otro de 7.5 El de 1812 comenzó a las 4:05 de la tarde y el del pasado 24 de junio, la primera remezón fue a las 6:04 de la tarde a 23 kilómetros de la ciudad de San Felipe, Yaracuy, a una profundidad de 20.3 kilómetros y con una magnitud de 7,2. El segundo con una magnitud de 7,5, 39 segundos después, a 28 kilómetros al sureste de la localidad venezolana de Yumare, y a una profundidad de 10 kilómetros. La duración total estimada del movimiento telúrico fue de unos 3 minutos aproximadamente.
En el de 1812 los grupos de sobrevivientes corrieron a la calle a suplicar de rodillas a cielo que no los castigara más, mientras otros removían escombros para rescatar a los familiares y amigos que gemían pidiendo ayuda. Cuéntase, que las mujeres pudientes, empezaron a cambiar sus vestidos elegantes por trajes humildes en señal de penitencia. Mientras que los hombres pudientes “dejaron sus trajes de gala para hacer procesiones usando únicamente una ancha correa, con los pies descalzos, sus barbas sin afeitar, en sus cuellos una cuerda sujetando una gran piedra y en sus espaldas cruces de madera. Iban a los cerros cercanos a las ciudades a implorar, hambrientos, clemencia divina y a besar reliquias de los santos”.
Hoy están entrando los gringos para planificar el plan que probaron en Haití, con un terremoto y fue 7.0, el cual dejó en 2010 al país totalmente devastado. Este terremoto dejó más de 200.000 muertos en Haití, y la repuesta de Estados Unidos fue profundizar el desastre con la denominada Operation Unified Response, liderada por la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Comando Sur de EE.UU.. En esa ocasión se desplegaron más de 20.000 efectivos militares y civiles para control de la población, entrega de ayuda y evacuaciones.
Photo : en mai 2026, la présidente par intérim Delcy Rodríguez inaugure le Centre de gestion des technologies et des données des hydrocarbures, conçu pour consolider la souveraineté sur le traitement des données de l’industrie pétrolière, gazière et pétrochimique nationale. La Banque de données y protègera plus de 800 téraoctets d’informations géoscientifiques critiques.
La réalité vénézuélienne née de l’enlèvement du Président Maduro et de la députée Cilia Flores, après un combat inégal qui a fait plus de cent victimes, se refuse à toute interprétation hâtive ou moralisatrice. Il s’agit d’un scénario ouvert de survie étatique où le pouvoir, la coercition et l’adaptation pragmatique redéfinissent les règles du jeu. La théorie politique de Hans Morgenthau offre un cadre d’analyse intéressant qui reconnaît « la portée morale de l’action politique » mais considère que « les principes moraux ne peuvent être pris en compte pour comprendre les relations entre les États. Ils changent dans le temps et dans l’espace: les États agissent toujours en fonction du principe moral suprême de survie nationale. ».
ÉTATS-UNIS : DE LA PRESSION MAXIMALE À LA POSITION TRANSACTIONNELLE
Entre 2014 et 2026, Washington a appliqué au Venezuela un processus structuré d’étranglement économique, d’intensité variable. Cependant, dès 2025, ce modèle d’étranglement a pris une dimension concrète : un blocus naval de facto, un déploiement militaire dans les Caraïbes et une opération sans précédent comprenant l’enlèvement et le transfert du président Nicolás Maduro aux États-Unis.
La menace a pris une dimension bien supérieure à celle de la décennie précédente, qui avait déjà fait des milliers de victimes en raison de l’effondrement des services publics et provoqué une migration économique massive. La matérialisation militaire a radicalement bouleversé les prévisions des années précédentes. La logique de la « pression maximale » s’est traduite par la criminalisation des dirigeants chavistes, affublés d’étiquettes telles que « chef du Cartel de los Soles » ou du « Tren de Aragua ». Depuis le décret d’Obama, la caractérisation du Venezuela comme « menace hémisphérique » construisant un récit qui légitimait, même dans son cadre unipolaire, un siège multidimensionnel. Mais les événements du 3 janvier ont constitué l’intervention militaire la plus brutale dans la région depuis un siècle, tant par son échelle que par la technologie déployées. Le Venezuela a été tactiquement surclassé. Washington a d’abord informé directement le gouvernement vénézuélien du décès du président Maduro et lui a présenté un dilemme simple : négocier ou s’exposer à l’anéantissement institutionnel. Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino López et Diosdado Cabello se sont déclarés prêts à subir le même sort, mais la confirmation que Maduro était vivant a ouvert la voie à la négociation.
Depuis, le discours criminalisant le gouvernement vénézuélien s’est estompé. Washington négocie désormais avec les mêmes acteurs qu’il qualifiait de « narcoterroristes » il y a quelques mois. Dans les faits, les États-Unis ont abandonné leur propre rhétorique et reconnaissent le chavisme comme une réalité objective ; ils le présentent même comme un exemple de gestion politique réussie. Le pétrole vénézuélien, auparavant immobilisé dans les zones de mouillage, afflue à nouveau vers les États-Unis et d’autres marchés, contribuant ainsi à stabiliser un contexte mondial bouleversé par la guerre contre l’Iran et le conflit pour le contrôle du détroit d’Ormuz.
Il n’y a pas eu de changement de régime, bien que Washington ait réitéré son « souhait d’un changement de régime », deux concepts qui ne sont pas synonymes. Pour l’administration Trump, le contrôle des hydrocarbures vénézuéliens poursuit un triple objectif : influencer la nouvelle orientation politique à Caracas, obtenir des gains économiques concrets et moduler la réaction des puissances extra-hémisphériques restées dans une position réactive depuis janvier.
Loin de favoriser une transition démocratique classique, un système de contrôle stratégique se met en place, où l’accès au pétrole brut, son exploitation et sa commercialisation constituent le principal instrument de pression politique. Les déclarations triomphalistes de Trump sur le Venezuela (comme sur l’Iran) sont essentiellement de la démagogie : elles visent sa base électorale, qui craignait un « nouvel Irak » dans les Caraïbes, mais pas la population vénézuélienne. Le président instrumentalise ce cas pour faire croire à sa « réussite permanente » en matière de politique étrangère.
La Maison-Blanche estime probablement qu’une intervention directe plus poussée mettrait en péril le statu quo. Une occupation ou une administration directe serait coûteuse et politiquement intenable. Elle préfère donc manœuvrer de manière conjoncturelle et maintenir une forme de pression à travers les « licences temporaires conditionnées » qui, malheureusement pour le Venezuela, subordonnent cette partie du commerce extérieur au Trésor états-unien, qui joue le rôle d’intermédiaire et de superviseur des flux de ressources.
LA DROITE VÉNÉZUELIENNE : FRAGMENTATION ET PERTE D’INFLUENCE
Depuis des années, le spectre de l’anti-chavisme demeure fragmenté en blocs, plateformes et leaders concurrents. Il n’existe pas d’opposition unifiée, mais plutôt de multiples factions aux agendas et tactiques divergents.
L’oligarque d’extrême droite María Corina Machado, bien qu’en représentant une composante importante, fut l’une des premières figures politiques neutralisées après le 3 janvier, jour même où Delcy Rodríguez accédait à la présidence par intérim. L’administration Trump a marginalisé Machado et sa plateforme ; ni son prix Nobel ni son transfert à la présidence états-unienne n’ont compensé sa perte d’influence opérationnelle. L’incapacité de ce courant à diriger les institutions vénézuéliennes a été mise en évidence, car elle ne correspondait pas au principe washingtonien de garantir la stabilité institutionnelle et la gouvernabilité à un moment critique.
Edmundo González, le président autoproclamé élu, s’est retiré de la vie politique. Il est retombé dans l’oubli après une campagne absente, pilotée par Machado, et a renoncé à toute ambition de « mandat » présidentiel, contredisant ainsi le discours de son camp depuis l’élection de juillet 2024. Le parcours de l’extrême droite a été complexe et contradictoire : Machado a annoncé à plusieurs reprises son retour au Venezuela, mais Washington conditionne sa décision ; des élections présidentielles ont été réclamées à court terme, mais des personnalités comme Marco Rubio ont repoussé cette éventualité en proposant un processus en trois phases, de grande envergure et progressif.
Certains dirigeants de cette droite se sont réunis au Panama, ont déclaré la carrière politique de González terminée et ont réaffirmé leur soutien à Machado. Ils ont annoncé une « négociation » avec le chavisme sous l’égide des États-Unis. Cependant, le gouvernement vénézuélien a officiellement exclu cette voie, et Diosdado Cabello, premier vice-président du PSUV, a indiqué qu’aucun dialogue n’avait été proposé avec ce secteur, à ce stade.
L’horizon politique de la droite est incertain. Aujourd’hui, elle est la grande perdante de ce réalignement stratégique. Avec la consolidation de la relation transactionnelle entre Miraflores et Washington, et l’institutionnalisation du contrôle des revenus pétroliers par le biais de licences et de comptes supervisés sur le territoire états-unien, sa capacité de projection est devenue inexistante.
C’est la conséquence directe de la soumission de son leadership, de ses ressources et de son discours au gouvernement états-unien pendant des années. L’ingérence extérieure, qui aurait dû servir de levier de renforcement, a finalement accéléré son affaiblissement systémique, organique et endogène. Elle est prise au piège d’un vide politique, incapable d’imposer une transition et contrainte d’accepter les règles imposées par des acteurs exerçant un contrôle territorial et financier.
Washington perçoit la transition vénézuélienne comme un phénomène continu visant à regagner de l’influence et à repositionner sa présence dans le pays comme dans le reste du continent (notamment face à la Chine), influence qu’elle avait elle-même érodée par ses sanctions et son auto-exclusion économique. Il n’y a pas de subordination de Caracas ; il existe plutôt une dynamique tendue, à la fois pragmatique et négociée selon les circonstances. La direction du chavisme perçoit cette transition comme un repositionnement stratégique : gérer les pressions, nouer des accords pragmatiques sur de multiples fronts – nationaux et internationaux. En témoignent les nouvelles lois protégeant les producteurs nationaux, la récente tournée de Delcy Rodriguez en Inde ou en Turquie, la réunion de la commission de haut niveau de coopération Venezuela-Russie lors du Forum Economique de Saint-Pétersbourg, et la signature de contrats visant à renforcer la capacité de production énergétique mais aussi à reconstruire les services publics détruits par le blocus occidental. Ainsi que le nouveau chapitre politique qu’incarne l’aministie de prisonniers impliqués dans les déstabilisations, ou les consultations nationales de tous les secteurs politiques et sociaux sur de grandes réformes comme celle de la Justice. Une partie de l’opposition y voit le signe d’un « changement de gouvernement » qui donnerait in fine le pouvoir à María Corina Machado. Mais elle manque d’influence réelle et de la structure nécessaire pour promouvoir cette option.
La dissonance entre ces trois visions est abyssale. À court terme, les acteurs capables d’influencer les dynamiques du pouvoir effectif l’emporteront. La droite reste présente, mais reléguée au second plan.
Photos : mai/juin 2026. 1 et 2) Au terme de sa visite de travail en Inde, Delcy Rodríguez s’entretient avec les chercheurs de l’Institut d’études supérieures Sri Sathya Sai, reconnu internationalement pour la qualité et la gratuité de son enseignement technique et scientifique de haut niveau. Au menu : des accords permettant le transfert de connaissances et des programmes bilatéraux de stages professionnels; 3) Réunion de haut niveau en Turquie avec l’équipe du Ministre de l’Énergie et des Ressources naturelles Alparslan Bayraktar.
Photos : 4) Conseil des ministres autour de Delcy Rodriguez pour évaluer et articuler les plans de développement national. 5) Rodriguez lance la Grande Consultation nationale sur la réforme de la Justice, un processus participatif destiné à transformer en profondeur l’administration de la justice pénale. 6) Réunion présidentielle avec 500 invités internationaux de plus de 50 pays au IIe Congrès international des entrepreneurs, à Caracas. 7 et 8) Lors d’une journée de mobilisation nationale contre les sanctions états-uniennes, Rodriguez dialogue avec les habitants de l‘autogouvernement communal « Emperatriz Guzmán » (état d’Anzoategui). Le débat a porté sur la continuité de l’Agenda économique bolivarien à partir des activités socio-productives communales.
LE GOUVERNEMENT BOLIVARIEN : ADAPTATION, PRAGMATISME ET RECONFIGURATION DU CHAVISME
Les dirigeants bolivariens ont adopté une position claire d’adaptation et d’assimilation au contexte. Ils reconnaissent les asymétries économiques, politiques et militaires existantes et négocient avec Washington en position de faiblesse, sans pour autant rester passifs.
Une transition est en cours, certes, mais il s’agit d’une transition du chavisme sur lui-même. Ce scénario s’est déjà produit : en 2006, avec la proclamation du caractère socialiste de la Révolution bolivarienne ; en 2013, après la mort d’Hugo Chávez et l’arrivée au pouvoir de Nicolás Maduro ; et en 2018, lorsque le blocus et les sanctions ont imposé des réformes économiques structurelles, notamment la loi anti-blocus promulguée par Nicolas Maduro et qui annonce la politique actuelle de Delcy Rodriguez. En 2026, le chavisme est à nouveau en pleine transition, avec des objectifs fondamentaux de survie et d’existence.
La structure du pouvoir chaviste demeure quasiment intacte, tant au niveau de sa direction et de ses postes clés que de sa cohésion institutionnelle. Il exerce le pouvoir formel, concentre le poids économique le plus important du pays et constitue un pilier de l’organisation sociale. Celle-ci continue de croître avec la multiplication d’autogouvernements populaires dans l’ensemble du pays. Le chavisme gouverne le Venezuela sur les plans matériel et existentiel.
Certes, il est confronté à une asymétrie de pression financière directe : l’octroi de licences conditionne les flux de revenus, ce qui constitue une violation manifeste et temporaire de sa souveraineté économique. Malgré cela, il surmonte cette situation en négociant des licences plus souples et en exigeant ouvertement, depuis le gouvernement et à travers des mobilisations populaires, la levée des sanctions comme garantie de son autonomie financière. Le gouvernement est convaincu que, par une gestion pragmatique, il peut assurer la survie physique de la République, repousser toute agression directe, maintenir le contrôle de l’État, promouvoir la cohésion nationale, préserver la paix intérieure et éviter un effondrement définitif. Ces conditions sont, en définitive, la protection de la population et la reconstruction de ses droits vitaux.
Cette approche ouvre de nouvelles perspectives : la production pétrolière et les recettes qui en découlent sont en hausse ; l’économie montre des signes de reprise plus vigoureuse, la croissance reste depuis quatre ans la plus forte de tout le continent (CEPAL/ONU) ; de nouveaux investissements affluent et la position internationale du Venezuela devrait s’améliorer. Le gouvernement octroie des concessions pétrolières ciblées qui constituent des incitations et des points de convergence avec Washington. Des secteurs tels que les mines, l’aviation commerciale, les services financiers et l’industrie légère regagnent en importance ou retrouvent leurs niveaux d’avant 2017. Et en 2026, pour la première fois, l’économie non-pétrolière est devenue le principal moteur de la croissance au Venezuela, représentant plus de 65 % du PIB.
Le gouvernement progresse également sur les mesures en suspens, reportées ces dernières années en raison de l’incertitude ou de choix stratégiques, comme le processus complexe de réforme du système judiciaire et certaines décisions économiques.
Caracas ne se contente pas d’exiger la levée des sanctions. Elle autorise l’implantation d’entreprises étrangères, notamment états-uniennes et européennes car, une fois établies, elles contribuent activement à l’amélioration du climat des affaires, malgré les contraintes liées aux licences. Le chavisme sait que le lobbying économique influence de nombreuses décisions à Washington. Les jugements fréquents, hâtifs, sur « le-Venezuela-bradé-aux-multinationales-par-Delcy-Rodriguez » procèdent d’une amnésie ou d’une idéalisation de l’histoire de la Révolution bolivarienne. Les présidents Chavez et Maduro ont toujours signé des accords du type « association stratégique », dans tous les domaines, avec des multinationales du monde entier, et notamment des Etats-Unis. Ce sont ces derniers qui se sont auto-exclus en déclenchant un blocus visant à renverser le gouvernement bolivarien. Aujourd’hui, la souveraineté sur les gisements de pétrole, de gaz ou de minerai reste vénézuélienne. Les accords visent à rétablir les infrastructures abîmées par des années de blocus et à acccroître la production. Pour les Etats-Unis, il s’agit de se repositionner par l’investissement, et de regagner le terrain perdu suite aux mesures coercitives qu’ils ont imposées au pays. Mais pour éviter l’échec et garantir des investissements substantiels et durables, il leur est nécessaire de démanteler progressivement le système de sanctions. Les dirigeants vénézuéliens sont parfaitement conscients de cette dynamique à la Maison Blanche.
Une partie de la stratégie bolivarienne vise à recouvrer une pleine autonomie sur l’acheminement des ressources pétrolières. Les fonds détenus sur des comptes états-uniens, soumis au pouvoir discrétionnaire des États-Unis, représentent un enjeu politique majeur. Ce mécanisme de contrôle, bien qu’auditable – et de fait audité par une entreprise mandatée par le Venezuela –, est intenable à moyen terme : il expose les dirigeants états-uniens à des conséquences politiques internes en cas d’irrégularités, et la dynamique du secteur des hydrocarbures exige des rentrées de trésorerie régulières pour couvrir les frais d’exploitation et assurer le développement des activités. Caracas en est consciente et gère la situation avec une patience stratégique.
Des phrases comme « gagner du temps », « préserver la République » ou « résister », scandées par le chavisme, ont un point commun : la survie. Celle-ci prend un sens concret au sein de l’État-nation en tant qu’entité socioculturelle, dans son intégrité territoriale et au sein de sa population.
Le sort du président Maduro, détenu et jugé, demeure flou. Bien que le gouvernement vénézuélien soit parvenu à convaincre Washington de l’autoriser à financer sa défense avec une équipe d’avocats de premier plan aux États-Unis, l’issue judiciaire et politique reste incertaine et ne semble pas près de se résoudre. La capacité du chavisme à appréhender un contexte intérieur, inédit et complexe est mise à l’épreuve. Au Venezuela, les événements se déroulent plus vite que les cadres d’analyse disponibles. Par conséquent, toute conclusion prématurée sera incomplète et sujette à erreur.
L’avenir est incertain. Le jeu est fait de paris, d’incitations, de risques et de coûts indéniables. Le gouvernement vénézuélien en est conscient et continue de percevoir, au sein des centres de pouvoir de Washington, des facteurs qui menacent sa continuité et aspirent à le remplacer. Rien n’a changé à ce sujet.
L’équilibre actuel, fonctionnel mais fragile, n’est pas permanent. L’architecture qui soutient le statu quo sera modifiée en fonction des aspirations, des erreurs et des réajustements de chaque camp. Elle est exposée à des chocs et à de nouveaux facteurs de complexité. À terme, Washington tentera peut-être une nouvelle agression, ou d’imposer un calendrier électoral et de trouver une solution institutionnelle au chavisme, mais le chemin pour y parvenir est lui aussi incertain. La situation actuelle est un jeu ouvert, où chaque acteur déploie son poids, son pouvoir et sa capacité à gérer la réalité.