Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

5 de marzo de 2026

El gobierno venezolano está haciendo uso de la “flexibilidad táctica sin ingenuidad estratégica”, como lo aconseja el sociólogo puertorriqueño, teórico de la de-colonialidad, Ramón Grosfoguel

 


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De prensabolivariana en marzo 5, 2026

Mauricio Vidales *

Como es ampliamente conocido, después del pasado 3 de enero, con el bombardeo que terminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, y el asesinato de más de cien personas entre militares (de ellos, 32 héroes cubanos) y población civil por parte del imperialismo yankee, a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, posesionada por el Tribunal Supremo de Justicia, le ha tocado desarrollar una ardua labor diplomática, que para algunos sectores de la izquierda internacional les ha parecido entreguista ante el gobierno de Trump, pero que a mi modo de ver han sido jugadas de maestría táctica, para poder preservar las riendas de la nación, luchar por la liberación de la pareja presidencial y al mismo tiempo profundizar la recuperación económica del país. También debemos resaltar que ha arrinconado a la oposición terrorista que ha quedado sin ningún protagonismo y está consolidando una gran aceptación a sus medidas de gobierno, por parte de las grandes mayorías sociales del país. En esta difícil coyuntura, nos parece que ha logrado revertir una situación sumamente traumática hacia el fortalecimiento del sentimiento soberanista en todos los sectores de la sociedad, tanto en el apoyo popular, como en el poder legislativo a través de la Asamblea Nacional, donde han sido aprobadas por unanimidad, dos leyes muy polémicas, pero de gran impacto económico y político, sobre las cuales expresaré mi opinión a continuación, como un aporte inicial al análisis de tan complicada situación actual, que está poniendo a prueba la solidez de la Revolución Bolivariana.

La primera, es la Reforma Parcial a la Ley de Hidrocarburos, cuya concepción está ligada a la Ley Anti-bloqueo sancionada hace cuatro años para enfrentar de manera práctica y paliar de manera urgente, los efectos de las sanciones y el bloqueo al que lleva sometido el país desde marzo de 2015, cuando el expresidente Obama declaró a la República Bolivariana de Venezuela como una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. En ese sentido, uno de los elementos fundamentales de esa reforma son los llamados Acuerdos de Participación Productiva (APP) que permitieron que la asociación de PDVSA con la petrolera estadounidense Chevron consiguiera recuperar la producción petrolera hasta llegar en el último año a la cifra de 1.200.000 barriles diarios. Estos acuerdos produjeron el flujo de recursos necesarios para atender las necesidades básicas de la población y con los excedentes incentivar la pequeña y mediana industria, que hoy permite que más del 90% de los bienes de consumo interno sean producidos en Venezuela y sobre todo, que se haya logrado la soberanía alimentaria. Al mismo tiempo, esa Ley Anti-bloqueo también permitió la explotación del llamado “Arco Minero”, que a pesar de haber contado con fuertes críticas de sectores ecologistas, fueron medidas de choque necesarias para sortear la pérdida de más del 90% de los ingresos, producida por el criminal sabotaje con las sanciones y el robo de activos y reservas internacionales. Ha sido una recuperación titánica la que experimentó la economía venezolana en estos últimos cuatro años en los que ha tenido el mayor crecimiento económico de toda la región latinoamericana y caribeña, a pesar de enfrentarse a las condiciones más adversas que haya tenido cualquier país de la región en este lapso.

Así que los APP sirvieron de inspiración para la Reforma Parcial de la Ley de Hidrocarburos donde se establecen nuevas formas de inversión para el capital nacional e internacional en asociación estratégica con la empresa estatal PDVSA. Si bien, se conceden relativos descuentos en el porcentaje de las regalías, la soberanía sobre los recursos naturales no se modifica. Estas nuevas condiciones también están marcando la exigencia del levantamiento de las sanciones y el primer efecto positivo fue el pago del petróleo robado por el pirata Trump a finales del año pasado cuando las fuerzas navales gringas asaltaron un buque petrolero venezolano. No obstante, la falsa narrativa del presidente gringo, es el gobierno venezolano el que maneja los recursos y para ratificarlo acaba de crear el Fondo Soberano de Protección Social, para inversión en hospitales, vivienda y educación y el Fondo Soberano de Infraestructura y Servicios para el desarrollo económico y social con inversión en agua, electricidad y vías. Ambos fondos estarán auditados por una gran plataforma tecnológica que hará público el uso de los recursos como gran medida de choque contra la corrupción enquistada desde hace doscientos años y que a pesar de 27 años del proyecto chavista, no ha podido ser extirpada por completo. En resumen, la nueva Ley de Hidrocarburos incentivará la producción y generará más desarrollo social, equidad y mejora en la calidad de vida de toda la población. Ganará el Estado y el pueblo venezolano y ganarán los inversores nacionales e internacionales, de manera equilibrada sin renunciar a la soberanía de los recursos naturales de la nación.

La otra ley, la de Amnistía ha contribuido a la estabilización política del país, con una amplia participación de la sociedad que pudo opinar sobre el alcance y los límites de la ley. Al final, también fue aprobada por unanimidad en la Asamblea Nacional. Quedan excluidos de la Ley de Amnistía los delitos de lesa humanidad, las graves violaciones a los DDHH y los que incentivaron la violencia y la invasión extranjera. Lo cual apunta, a que la oposición terrorista a la cabeza de María Corina Machado, Edmundo González, Juan Guaidó, Leopoldo López y todos sus secuaces que disfrutan de su exilio dorado en Madrid y Miami, de todo el dinero robado al Estado bolivariano, no se beneficiarían de dicha ley y seguirían impedidos para aspirar a cargos públicos en un futuro. Por su parte, la oposición democrática que tiene representación en la Asamblea Nacional después de presentar sus opiniones, ser escuchadas y recoger sus aportes, se ha sumado a la aprobación de manera unánime, repetimos, lo que da como resultado, un país en paz, con una oposición violenta reducida y desmovilizada, lo cual no quiere decir, que la Fuerza Pública y la organización cívico-militar no permanezca alerta y preparada para imponer el orden. A pesar de la propaganda de Trump de querer aparecer como el jefe, el poder popular comunal y la fuerza del chavismo son cada día más fuertes y el diálogo diplomático va venciendo sanciones. El día de ayer, precisamente, el gobierno anunció el reinicio del envío de petróleo a Cuba y también, los contratos en el sector petrolero con Rusia y China, serán respetados. Entre tanto, la batalla por el regreso del presidente Maduro y la primera combatiente, Cilia Flores continúa cada día. En dos meses, no ha pasado un solo día donde no haya habido movilizaciones masivas por su liberación en todo el territorio nacional y en muchas ciudades del mundo, incluida New York, evidenciando que la solidaridad internacional, sigue creciendo día a día.

También debemos considerar la posición de desventaja en que está el gobierno de Trump con una oposición en el propio Congreso, que está a punto de llevarlo al juicio político y por otro lado, la necesidad extrema de petróleo ante la escasez que vendrá por la guerra con Irán, lo hace más vulnerable y tendrá que seguir comprando a precios mucho más altos, lo que también beneficiará en el inmediato plazo a Venezuela, quien seguirá presionando por la eliminación de las sanciones y el regreso de los activos petroleros, entre ellos la refinería CITGO que tiene su sede en territorio de los EEUU. Como lo resaltó Ramón Grosfoguel, coincidimos con él en el sentido de que es una crisis muy delicada, donde la flexibilidad táctica es necesaria para preservar la paz interna de la sociedad venezolana mientras se asegura la continuidad de la Revolución Bolivariana y su eje central que es el proceso de desarrollo Comunal como vertebrador de las conquistas sociales mediante el ejercicio de la democracia directa. De hecho, el próximo sábado se realizará la primera consulta trimestral a nivel nacional en las más de 5000 Comunas que hay en todo el país, para decidir la prioridad en la inversión de los recursos en los territorios. En un momento tan crítico, nos parece que esta consulta nacional, es una muestra contundente de que el proyecto bolivariano sigue su curso y que tanto Delcy Rodríguez, como el ministro Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Presidente de la Asamblea Nacional y Vladimir Padrino y toda la cúpula militar están hoy más unidos que nunca y todo apunta a que venceremos.

Chávez vive, la lucha sigue! Libertad ya, para Maduro y Cilia

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Criminal agresión a la República Islámica de Irán: Su derecho al enriquecimiento de uranio y al uso pacífico de la energía nuclear

 

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De prensabolivariana en marzo 5, 2026

«Irán no busca adquirir, fabricar o poseer armas nucleares. Cumple en ese sentido con el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), del 1 julio 1968, y en vigor desde 1970. Acordado por 25 años, en 1995 fue extendido indefinidamente. Pero, India y Pakistán, países nucleares, e Israel, con armas nucleares, no lo han firmado».

La criminal agresión a la República Islámica de Irán, sus autoridades y su pueblo, por parte del Estado Judío Sionista de Israel y los Estados Unidos de Norteamérica, ya es un hecho conocido, continuado e informado al instante, cotidianamente, desde muy temprana hora del sábado 28 de febrero de 2026, violando todas las normas del Derecho Internacional, la dignidad humana y una moral básica civilizatoria en las relaciones internacionales contemporáneas, junto con burlarse de la diplomacia.

Aquí, junto con total condena intransable de dicha agresión y el uso de la fuerza, nos interesa concentrarnos en un aspecto esencial y vital, sintetizado en el derecho de la República Islámica de Irán mencionado en el título de estas notas y reflexiones.

Pero, siempre, quienes hemos tenido el privilegio de un conocimiento especializado, debemos compartir información de datos, hechos e hitos inherentes a la temática que abordamos, para, justamente, entender dicha condena irreversible ante la agresión.

Las relaciones bilaterales chileno-iraníes datan de 1942. La representación diplomática residente en Santiago se restableció en 1991. Su actual embajador es Mohammad Ali Ziaei, quien recientemente celebró el 47° aniversario del triunfo de Revolución Islámica (11 de febrero de 1979). Y Chile reabrió su Embajada en Teherán el 2015. Hoy, solo con Encargado de Negocios a.i., Sergio Toro Mendoza.

En la arena internacional y regional se fue creando una multifacética tensión en torno a República Islámica de Irán, agudizándose en siglo XXI, cuestionando los derechos legítimos e intereses nacionales soberanos de su pueblo.

Aquí no se trata de tener antipatías o simpatías hacia un régimen político, sus ciudadanos, sus costumbres culturales, sus gobernantes y liderazgos, sus idiosincrasias como pueblo, su política de defensa soberana y/o su política exterior.

Ahora, me aboco a temática principal de esta pesquisa, sabiendo que República Islámica de Irán alcanzaba, a fines de 2025, una población estimada de 92.420.000 habitantes, con un PIB per cápita nominal en torno a USD 4.075, y un PIB per cápita ajustado por paridad de poder adquisitivo (PPA) proyectado superior a USD 16.000.

Además, debiera tenerse una visualización geográfica, algo indispensable: Irán tiene fronteras al norte, en Asia Central, con Turkmenistán (+ de 1.100 kms.); al este con Afganistán (cerca de 900 kms.); al sureste, con Pakistán; al oeste, países limítrofes son Irak y Türkiye; y, al sur, el Golfo Pérsico, con su Estrecho de Ormuz, estratégico paso para todo el transporte marítimo.

Antecedentes geoestratégicos y geopolíticos relevantes de su inserción internacional, deben estudiarse bien: República Islámica de Irán y Federación de Rusia firmaron un Tratado de Asociación Estratégica Integral, por un plazo de 20 años, el viernes 17 de enero de 2025, mientras que las relaciones con la República Popular China, su principal importador de petróleo, se basan en el Acuerdo de Asociación Estratégica Integral firmado el 27 de marzo de 2021, por 25 años.

La República Islámica de Irán desarrolla su actual programa nuclear desde los 90 y comienzos del 2000. Pero, se había iniciado ya en 1957, con apoyo de los EE.UU. (programa “Átomos para la paz”). Tiene una muy importante capacidad productiva misilística, con constantes avances no solo en potencia y variedad, sino cada vez más, con creativas e innovadoras tecnologías propias, así como en drones actuales.

Irán no busca adquirir, fabricar o poseer armas nucleares. Cumple en ese sentido con el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), del 1 julio 1968, y en vigor desde 1970. Acordado por 25 años, en 1995 fue extendido indefinidamente. Pero, India y Pakistán, países nucleares, e Israel, con armas nucleares, no lo han firmado. La República Popular Democrática de Corea adhirió en 1985 y se retiró en 2003 (en uso soberano del Artículo X. 1.), con armas nucleares. Chile adhirió el 25 mayo 1995.

En Irán, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) supervisa su cumplimiento, desde 1979, con sede en Viena. Irán tiene vínculos oficiales con la OIEA, para fines de colaboración, pero con períodos de tensión por algunas inconductas indebidas del organismo, en declaraciones, en inspecciones y/o en silencios ante los ataques a instalaciones nucleares iraníes.

Aquí, Chile fue elegido para la Junta de Gobernadores, de 35 miembros, de 2025 a 2027, en la 69ª Conferencia General, el 19 septiembre 2025.

Junto a los datos anteriores -esenciales-, no debe obviarse el Plan de Acción Integral Conjunto sobre el programa nuclear de Irán (PAIC/JCPOA) concluido en Viena el 14 julio 2015, con esfuerzos de la UE (Francia, Alemania y, en ese entonces, Reino Unido), Federación de Rusia, República Popular China, Estados Unidos y República Islámica de Irán.

Y tampoco la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, S/RES/2231, 20 julio 2015, que reafirmó lo acordado por Irán y el llamado E3/UE+3.

Seguirían algunas etapas: Día de la Adopción, revisiones legislativas de EE.UU. y de Irán, 18 octubre 2015; Día de la Implementación, tras verificarlo la OIEA en cuanto a cumplimiento de los compromisos de Irán, 16 enero 2016. Y, previsto para el año 2023, el Día de la Transición no se concretó. Cambios en la arena internacional fueron muchos, entre ellos, el retiro de EE.UU. del PAIC, decidido por Donald J. Trump, en su primera presidencia, el 8 mayo 2018. Así, el Día de la Terminación, previsto para 2025, nunca ocurrió, como sabemos, estando ya en marzo 2026.

El derecho al enriquecimiento de uranio y al uso pacífico de la energía nuclear es de todos los Estados Partes del TNP, que, soberana y voluntariamente, lo emprendan, sí en forma declarada, informada, rigurosa, segura y transparente.

Los 33 países miembros CELAC son Estados partes del TNP. Para toda esta delicada temática se requieren debates de buena fe y diálogos con respeto mutuo. Sin amenazas de uso de la fuerza ni chantajes, imposiciones, mentiras y/o sanciones. Y deberá primar la diplomacia, en negociaciones honestas y sinceras, de buena fe, y no embusteras.

El Artículo IV del TNP es explícito y es obligatorio: «1. Nada de lo dispuesto en este Tratado se interpretará en el sentido de afectar el derecho inalienable de todas las Partes en el Tratado de desarrollar la investigación, la producción y la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos sin discriminación y de conformidad con los Artículos I y II de este Tratado».

Y: «2. Todas las partes en el Tratado se comprometen a facilitar el más amplio intercambio posible de equipos, materiales e información científica y tecnológica para los usos pacíficos de la energía nuclear y tienen el derecho de participar en ese intercambio».

Por lo tanto, la República Islámica de Irán, como Estado parte del TNP, tiene derecho inalienable al enriquecimiento de uranio y al uso pacífico de la energía nuclear.

La majadera estigmatización discriminatoria contra el pueblo iraní irrespeta el Derecho Internacional y a la igualdad entre los Estados. El cambio buscado de su régimen político, por parte de una potencia mundial -verdadero propósito, ya declarado y reconocido-, no es aceptable ni admisible ni silenciable: es condenable.

Sería el descaro de un liderazgo, con el solo «límite de su moral», en el ejercicio del poder, contrariando el Derecho Internacional y la paz, en un mundo multipolar inevitable.

Hoy, la legítima defensa de la República Islámica de Irán, ante esta artera agresión -engañosa, falsa y mentirosamente justificada como ‘preventiva’, lo que no resistiría riguroso análisis alguno, según el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas-, es completamente justificable y válida, ética, jurídica, política y militarmente.

El martirologio del Ayatolá Alí Jameneí y de todos y todas sus acompañantes, en los minutos de esa partida física y compromiso espiritual, asesinados por su brutal agresor, será seguramente una guía para la acción inextinguible de todo el pueblo iraní, sus Fuerzas Armadas, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y la solidaridad islámica popular.


*Jorge Vera Castillo es un destacado analista chileno, experto en relaciones internacionales, seguridad y defensa, con una trayectoria enfocada en la cooperación estratégica. Como miembro activo de la Asociación Chilena del Espacio (ACHIDE), promueve el desarrollo tecnológico y científico en el ámbito aeroespacial de su país. Su perfil destaca por la gestión de vínculos diplomáticos, subrayada por encuentros clave como su recepción por el diplomático e intelectual Carlos Midence. Vera Castillo analiza frecuentemente los desafíos geopolíticos actuales, la soberanía territorial y el fortalecimiento de las alianzas entre naciones latinoamericanas. Vera Castillo

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La decadencia del régimen estadounidense y su guerra contra el mundo

 

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De prensabolivariana en marzo 5, 2026

El conflicto de EE.UU. con el resto del mundo —visible hoy en escenarios como Irán, entre otros— no es una reacción coyuntural, sino la expresión de una lógica histórica más profunda. Comprenderla exige observar cómo se construyó su hegemonía global y por qué ese poder depende cada vez más de la confrontación permanente.

El ascenso de EE.UU. como líder del centro imperialista mundial está ligado a las dos guerras mundiales del siglo XX. La primera fue, en esencia, una guerra entre potencias europeas por el reparto colonial del planeta; la segunda estalló cuando aquellas potencias derrotadas o insatisfechas intentaron reconstruir imperios perdidos o abrirse paso hacia nuevos territorios. De ese choque nacieron proyectos como el fascismo italiano y el nazismo alemán, que como advirtió Aimé Césaire, no hizo sino aplicar en Europa los métodos de dominación que las potencias coloniales llevaban siglos practicando en África, Asia y América. Por eso, del mismo modo que no podemos separar capitalismo de fascismo, tampoco puede separarse el fascismo del imperialismo que lo engendró.

Fue en esa crisis del orden imperial europeo donde el mapa del poder mundial cambió radicalmente. Entre Normandía y el resplandor devastador de Hiroshima y Nagasaki se selló el declive de las viejas potencias imperiales: Japón fue derrotado y Europa quedó arrasada, sus imperios comenzaron a resquebrajarse y, en ese vacío histórico, emergió EE.UU. como nuevo centro del sistema capitalista internacional.

Pero esa nueva hegemonía no surgía de una lógica distinta. La propia historia estadounidense había estado marcada por el mismo impulso de expansión. Nacida como colonia europea asentada sobre la expulsión y el exterminio de los pueblos indígenas, su crecimiento territorial se proyectó desde la conquista del oeste y la anexión de territorios mexicanos hasta la dominación del Caribe y América Latina. Como explicó Marx, no son los pueblos quienes necesitan expandirse, sino el capital, que busca incesantemente nuevos mercados, materias primas y espacios de inversión; una dinámica que impulsó tanto la expansión de los viejos imperios europeos como el posterior ascenso estadounidense.

Entre Normandía y el resplandor devastador de Hiroshima y Nagasaki se selló el declive de las viejas potencias imperiales: Japón fue derrotado y Europa quedó arrasada, sus imperios comenzaron a resquebrajarse y, en ese vacío histórico, emergió EE.UU. como nuevo centro del sistema capitalista internacional.

Sin embargo, ese ascenso estuvo atravesado por profundas contradicciones. La industrialización dio origen a un poderoso movimiento obrero que protagonizó intensas luchas sociales, a las que el Estado, como instrumento de la dominación del capital, respondió con represión, persecución sindical y un reforzamiento constante de sus mecanismos de control político. Al mismo tiempo, el siglo XX estuvo marcado por revoluciones que desafiaron el orden dominante —México en 1910, Rusia en 1917 y Cuba en 1959, entre otras— demostrando que podían construirse sistemas alternativos basados en los intereses de obreros y campesinos.

En ese escenario de confrontación mundial, Washington consolidaba su hegemonía mediante el orden económico surgido de Bretton Woods: el dólar se convertía en el eje del sistema financiero internacional, primero respaldado por el oro y, tras su ruptura en 1971, sostenido por la alianza con las monarquías del Golfo y el nacimiento del sistema del petrodólar.

Tras la desaparición de la Unión Soviética y el Bloque socialista parecía confirmarse la victoria definitiva de ese modelo; pero al perder su principal antagonista, el sistema necesitó nuevos enemigos que justificaran su aparato militar. En ese vacío, el llamado ‘islam político’ ocupó el lugar que antes había tenido el comunismo. Así, mientras las guerras del Golfo, Irak o Afganistán se presentaban como lucha contra el ‘terrorismo’ respondían realmente al control geopolítico de regiones estratégicas para el suministro energético y la hegemonía estadounidense.

A veces se discute si Israel es el perro o el rabo; en realidad ambos forman parte del mismo cuerpo. Israel actúa como avanzada militar en la región mientras Washington protege ese enclave para asegurar su dominio sobre el corazón energético del sistema mundial.

En ese escenario regional ocupa un lugar central el Estado de Israel. Fundado en 1948 tras el final del mandato colonial británico sobre Palestina, constituye una herencia directa del orden imperial europeo en Asia Occidental: un enclave que sobrevivió a la descolonización y cuyo control pasó gradualmente de las viejas metrópolis europeas al nuevo centro del poder imperial. Su alianza con Washington no es una dependencia invertida, sino la continuidad de ese mismo dispositivo de dominación bajo otra dirección. A veces se discute si Israel es el perro o el rabo; en realidad ambos forman parte del mismo cuerpo. Israel actúa como avanzada militar en la región mientras Washington protege ese enclave para asegurar su dominio sobre el corazón energético del sistema mundial.

Sin embargo, ese orden imperial heredado del siglo XX no tardó en mostrar sus fisuras. A partir de los años 2000 comenzaron a aparecer nuevas tensiones en el sistema internacional. La invasión de Irak en 2003 reveló los límites del poder militar estadounidense, mientras en América Latina emergía un ciclo político que cuestionaba abiertamente la hegemonía de Washington. El «fin de la historia» proclamado en los años noventa no solo fue prematuro, sino profundamente equivocado.

En el fondo, el problema para EE.UU. reside en una contradicción difícil de sostener: la enorme estructura económica creada por décadas de acumulación necesita expandirse constantemente, pero en un mundo donde emergen nuevas potencias y regiones que reclaman mayor autonomía, ese margen de expansión se estrecha. Cuando el crecimiento deja de satisfacer las necesidades del capital, la competencia se vuelve más agresiva y la política exterior adopta, en consecuencia, formas cada vez más violentas.

Cada administración ha reflejado, a su manera, esa deriva: George W. Bush articuló la ‘guerra de civilizaciones’ tras el 11-S; Barack Obama amplió el uso de drones y las intervenciones indirectas; Joe Biden consolidó nuevas doctrinas estratégicas, incluida la posibilidad de empleo preventivo de armas nucleares. La reaparición de Donald Trump condensa muchas de estas tendencias: un imperio cada vez más ansioso por preservar su posición dominante, una sociedad profundamente fracturada y el ascenso de corrientes reaccionarias que siempre formaron parte de la historia estadounidense, pero que hoy alcanzan una visibilidad inédita en el poder estatal.

Cuando el crecimiento deja de satisfacer las necesidades del capital, la competencia se vuelve más agresiva y la política exterior adopta, en consecuencia, formas cada vez más violentas.

Es en ese contexto donde debe entenderse la actual agresión contra Irán. No se trata de una intervención más. Irán no es un Estado aislado ni una pequeña nación cercada por bases estadounidenses, sino una potencia regional con estructura militar considerable y situada en el cruce estratégico entre Asia Occidental, Asia Central y el Cáucaso, además de mantener vínculos cada vez más estrechos con Rusia y China. Sin embargo, tampoco es una potencia agresora que proyecte bases militares por todo el planeta. Lo que está en juego es su derecho a defender su soberanía frente a la agresión militar, económica y política de EE.UU. y su principal aliado regional, Israel, que en estos momentos está de manera paralela perpetrando un genocidio contra la población de Gaza.

Azuzar ese avispero podría desencadenar reacciones en cadena desde Asia Occidental hasta las fronteras meridionales de Rusia o el oeste de China. No sería un conflicto local, sino un episodio más de la crisis del orden imperialista construido durante más de un siglo por las potencias capitalistas —primero europeas y después estadounidenses— para garantizar la expansión de sus capitales.

En Ucrania la OTAN impulsó una guerra proxy contra Rusia; hoy la presión se dirige también contra Irán, mientras la rivalidad con China reorganiza la política mundial. No se trata de un conflicto ‘civilizatorio’, sino de la reacción de un imperialismo en crisis que intenta preservar por la fuerza un orden internacional diseñado para sostener su dominio económico y estratégico.

Y ahí reside el mayor peligro de nuestro tiempo. Un régimen atravesado por una profunda crisis —aliado a otro, en igual proceso de descomposición (Israel)— parece cada vez más dispuesto a utilizar la confrontación externa para sostener un orden que se resquebraja. Pero la guerra que podrían desencadenar no sería solo contra Irán, sino contra cualquier intento de superar el sistema imperialista que ha dominado el mundo durante décadas. Por eso hoy resulta más urgente que nunca levantar una consigna clara desde todos los rincones del planeta: no a la guerra del imperialismo contra Irán y contra el mundo

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB

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*Carmen Parejo Rendón es una periodista, escritora y analista política sevillana, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Es reconocida internacionalmente por su labor como directora de la Revista La Comuna y su participación habitual en grandes cadenas como RT, Telesur e HispanTV. Su análisis se especializa en geopolítica, con un enfoque crítico sobre América Latina, Asia Occidental y los procesos de soberanía popular. Como autora, destaca su obra poética Arquitecturas y Mantras, además de su colaboración en medios de pensamiento como El Viejo Topo. A lo largo de su carrera, ha compaginado la información con la gestión cultural y la dramatización teatral juvenil. Su perspectiva se define por la defensa del antiimperialismo y el estudio de la multipolaridad global. Actualmente, es una de las voces más activas en la contrainformación y el análisis social desde España. Su perfil une el rigor académico con un compromiso firme hacia los movimientos sociales transformadores. Se ha consolidado como una referencia para comprender los conflictos internacionales desde una mirada alternativa y rigurosa.

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