Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.

21 de agosto de 2018

Llegó el día: Venezuela debuta medidas “que protegerán al pueblo y generarán nuevo modelo económico”

El cientista político Walter Ortíz sostuvo que a partir de este lunes, el Gobierno de Nicolás Maduro acabará con la dinámica de especulación e hiper-inflación que afectan al país.

El analista y licenciado en Ciencias Políticas, Walter Ortiz, afirmó que el paquete económico del Gobierno, que arrancó este lunes en Venezuela, “protegerá al pueblo y generará un nuevo modelo económico que no estará anclado al viejo modelo de la renta petrolera”.
Ortiz es enfático en recalcar que la “reconversión monetaria es solo uno de los aspectos de un conjunto de mediadas de política fiscal, de políticas de subsidio, de manera salarial, de manera de precios, que implican un programa económico que tiende a trascender el modelo histórico de la economía nacional a la renta petrolera”.
El experto, consultado por teleSUR, aseguró además que estas “son medidas que en los siguientes días, con su desarrollo, su explicación, su experiencia y ensayo, irán minimizando la incertidumbre que tienen los venezolanos”.
Este proceso, iniciado por el Gobierno de Nicolás Maduro es “algo que venía demandando la población” y que “llevará a romper de una vez esta dinámica especulativa e hiper-inflacionaria”, dice el analista.
En contacto directo con teleSUR, Walter Ortiz manifestó su confianza con el proceso económico.
“Este programa pretende colocar en primer lugar al trabajador y no al capital como el principal y único beneficiario de los programas de ajustes liberares que vemos en la economía clásica”, señaló Ortíz.
Tal como lo indicó el presidente de Venezuela, el analista también coincide en que si bien los cambios comenzarán a verse en el corto plazo, la estabilidad económica del país se logrará en dos años.
Para el representante del sector obrero de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Nelson Herrera, este lunes Venezuela vive un proceso histórico, ya que inicia una recuperación económica sin depender del Fondo Monetario Internacional (FMI).
“No estamos con el FMI, esta es una medida patriota, que no sólo busca recuperar la economía a través de la producción y el petróleo, sino también proteger al trabajador”, puntualizó el dirigente obrero.
Asimismo, informó que ante los posibles intentos desestabilizadores contra las medidas económicas del Gobierno, que puedan llevar a cabo empresarios y productores de oposición, la Central Bolivariana de Trabajadores se reunirá mañana para levantar planes estratégicos de protección de los salarios. “Saldremos a proteger estas medidas para respaldar a Nicolás Maduro y al pueblo trabajador de Venezuela”, agregó.
Telesur 

Vida, pasión y muerte del bitcoin

Posted: 20 Aug 2018 07:00 AM PDT

20 Ago, 2018 La criptomoneda ha caído casi 70% desde su nivel más alto, por lo que es difícil refutar que, lo que vimos entonces en el mercado —y en lo que en estas páginas insistimos— fue una burbuja que ha reventado ya
Los mercados financieros tienden a producir burbujas especulativas. Es como si las necesitaran de vez en cuando. Desde los famosos tulipanes hasta la manía por empresas tecnológicas de la vuelta de siglo, pasando por los bonos inmobiliarios de la década pasada y muchos otros ejemplos; la historia de los mercados de capitales está repleta de episodios en los que un activo dispara sus precios muy por encima de niveles racionales y engendra una locura frenética que lleva a una explosión final.
La burbuja más reciente (y muchos dudaban en llamarla así) fue la de las criptomonedas, encabezadas por la misteriosa bitcoin, cuyo precio explotó hasta casi los veinte mil dólares por unidad, y que a últimas fechas batalla por no caer debajo de los seis mil dólares. Bitcoin ha caído casi 70% desde su nivel más alto, así que es difícil refutar que lo que vimos en esa parte del mercado (y que en estas páginas insistimos) fue una burbuja que ha reventado ya.
Quizá las criptomonedas reboten. Quizá sigan cayendo. Pero ya podemos tomar varias lecciones a partir del trayecto que hemos visto hasta el momento, de esta misteriosa mercancía creada por sabios informáticos.
La primera es que las burbujas especulativas son inherentes a los mercados financieros. Inevitables. Y por tanto, debemos de estar conscientes de ellos para conocer los riesgos y aprovechar las oportunidades. Los hacedores de política económica suelen enojarse cuando se les dice lo siguiente (pero creo que el aserto es correcto): Un ambiente de muy bajas tasas de interés, como las que han prevalecido las últimas décadas, favorece la creación de burbujas. La tasa de interés castiga el riesgo y favorece las apuestas conservadoras. Cuando hay tasas altas, el costo de invertir en apuestas riesgosas se eleva, y cuando están bajas, se incentivan las inversiones en activos cuyo retorno es elevado, pero muy incierto.
El contrafactual de saber si las criptomonedas habrían despegado como lo hicieron en un ambiente de tasas de interés altas no lo sabremos nunca, por definición. Lo cierto es que las criptomonedas fueron creadas y despegaron en un contexto de tasas de interés prácticamente en cero, y conforme las tasas fueron elevándose, la burbuja de las cripto se desinfló. La evidencia, entonces, parece apoyar la idea de que las cripto, como otros activos sujetos a burbujas, son sensibles a la tasa de interés.
Una segunda lección de las criptomonedas es la tremenda eficiencia de los mercados de capitales modernos. A partir de una tecnología novedosa, el blockchain, un recóndito y anónimo informático creó un método para fabricar un émulo de un óbolo, parecido al que existía durante la época del patrón oro: Difícil de falsificar e independiente del poder político. La idea prendió en muchos sectores del mercado, y algunos, incluso, soñaron con una economía global donde bitcoin era la moneda oficial.
La furia con la que las criptomonedas fueron adoptadas por varios sectores y la convicción con la que muchos se adhirieron a esta extraña propuesta, mezcla de economía e informática, muestra lo eficiente que los mercados de capitales pueden ser para adoptar la innovación y proveer su financiamiento. Muestra también lo susceptible que dichos mercados son a los excesos, tanto hacia el alza como hacia la baja.
Pero la lección más reciente ha sido, hasta ahora, la más importante. El dinero es una potestad de príncipes y banqueros. Sólo el Estado y los bancos (con la aquiescencia del Estado) pueden crear moneda de curso legal, sea ésta metálica, en papel, electrónica o virtual. Bitcoin y las otras criptos anhelan un imposible: Ser dinero al margen del Estado y del poder de la banca. Eso no ocurrirá. Difícilmente, esos dos actores cederán su soberanía monetaria a favor de una comunidad de informáticos y de un algoritmo.
Las criptomonedas no han muerto. Quizá habrá un lugar para ellas en la economía global, cuya nueva forma está apenas diseñándose. Quizá la tecnología que la creó, el blockchain, tenga un impacto muy profundo en muchos aspectos de la economía y, seguramente, trascenderá a las cripto. El mercado, por lo pronto, parece estar dictando una sentencia implacable: Los mejores días de las cripto han pasado ya. Hemos visto su vida, pasión y muerte. Y quizá veamos algún día su resurrección.

El sonido de la muerte

Posted: 20 Aug 2018 07:20 AM PDT

Ayer caminaba por la avenida Michigan en el centro de Chicago y frente al lago se realizaba el espectáculo anual de aviones en el que participan aviones de la Fuerza Aérea y en el que realizan infinidad de piruetas, evento al que acuden miles de espectadores. Cada vez que sobrevolaban el centro de la ciudad un sonido tétrico y horroroso se estancaba entre las calles y los rascacielos produciendo un eco que aceleraba el corazón y que paralizaba a las multitudes que en verano pasean por el centro de la ciudad, un sonido aterrador: el sonido de la muerte.
Cada tres minutos pasaban inundando de miedo las calles, la gente se agachaba y se tapaba la cabeza pensando que algún rascacielos había sido bombardeado. Jamás en mi vida había escuchado un sonido así. Pensé, mientras recuperaba la respiración y el paso, en Hiroshima, ¿cómo habrá sido ese instante? ¿Qué sintió la gente? ¿Cómo los sobrevivientes lograron continuar después de semejante horror? Pensé en la Latinoamérica bombardeada en la época de las dictaduras y la United Fruit Company, en esos aviones de guerra lanzando bombas al por mayor.
Cada tres minutos volvía el horror, el sonido de la muerte y la gente volvía a agacharse mientras unos gritaban y otros enmudecían, paralizados todos. Pensé en Irak, en Yemén, en Siria, en la Palestina digna que aún con el silencio del mundo sigue en pie. Pensé en aviones de guerra con metrallas, en bombas destruyendo pueblos enteros: hospitales, escuelas, parques, campos de cultivo, museos. Pueblos enteros siendo eliminados en nombre de la imposición, del apocamiento, del avorazamiento de quienes creen que serán eternos y que todo les pertenece: simples partículas de nada entre la inmensidad del universo.
No hay injerencia sin cómplices, desde dentro se entreteje la traición. Estados Unidos ha enviado un barco de guerra a las aguas de Colombia, con el pretexto de llevar ayuda humanitaria a los migrantes venezolanos en el país. Ha creado otra base militar en Argentina en la frontera entre Bolivia, en la Quiaca. Creó otra en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Uruguay, sobre el Acuífero Guaraní. Ha podido crearlas porque en Argentina, Colombia y Brasil gobiernan lacayos y así mismo en el resto de países de América Latina con gobiernos neoliberales: clicas criminales de carácter empresarial a los pies de los injerecistas.
El barco estadounidense en aguas colombianas es una clara agresión a Venezuela, si Estados Unidos se preocupara por los migrantes como dice, empezaría por su propio país, donde son millones clamando por la Reforma Migratoria. Sabe que la razón de esas migraciones forzadas es la injerencia en Latinoamérica, si deja de buscar poseer libertades y dignidades que no le pertenecen, la historia de la migración masiva a su país no existiría. ¿Tiene buena fe con los migrantes y cree en la ayuda humanitaria? Bueno, que legisle una Reforme Migratoria Integral en su propio país y que deje de perseguir indocumentados criminalizándolos por su estatus legal en el país.
La idea no solo es cercar a Venezuela, su principal objetivo, también acorralar y asegurar la posesión de Argentina, Uruguay, Brasil y Bolivia, porque aunque así se paren de cabeza Cristina volverá a ser presidenta del país y los estadounidenses ya saben lo que eso significa. En Brasil la lucha ardua por la presidencia de Lula muestra la resistencia del pueblo brasileño a la dictadura de Temer. En Bolivia, Evo crece como flor silvestre entre los montes: natural y como parra que se expande como pasionaria en los barrancos. En Uruguay el panorama no es distinto.
Aviones como los que hacían estremecer a las multitudes en la avenida Michigan, están preparados para bombardear a Venezuela desde territorio argentino, colombiano y brasileño, no porque Nicolás Maduro sea un dictador, si no porque tanto traidores como injerencistas mueren por adueñarse del petróleo del país y apoderarse del control de la colonia estadounidense en la que han convertido a buena parte de América Latina.
Pero no todos se venden y no todos son traidores y esa resistencia tiene raíz en los pueblos originarios.
El sonido de la muerte es aterrador y es recurso de los injerecistas, en cambio el sonido de la vida es agua de quebrada, ese sonido es la armonía de la libertad por la que luchan los pueblos que 500 años después no han logrado doblegar.
Blog de la autora: Crónicas de una Inquilina
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Marx y la cuestión del programa: la dictadura del proletariado

Posted: 20 Aug 2018 10:00 AM PDT

kaosenlared.net



El filósofo griego Platón, comentando sobre el discurso dialéctico, dice que este “precisa ser construido como un organismo vivo, con un cuerpo que le sea propio, de forma que no se presente sin cabeza ni pies sino con partes bien definidas y articuladas entre sí y con el todo” (PLATÓN, 1975, p. 155).
Por Gustavo Machado
Así, si en el curso del siglo XX muchos procuraron arrancar los pies de la obra y la vida de Marx, amputando su actividad partidaria y organizativa, otros procuraron arrancar también su cabeza, soterrando el programa que rigió toda su elaboración y actividad política. En particular, se buscó arrancar fuera el núcleo central de ese programa: la toma del poder por el proletariado y la construcción de la dictadura del proletariado.
Un partido sin programa es como un ciego en un tiroteo, que no sabe para dónde ir. De la misma forma, un programa que no tenga un partido para disputarlo en el interior del movimiento de los trabajadores, es solo tinta impresa en un papel.
En este artículo indicaremos algunos momentos centrales de la larga actividad de elaboración programática de Marx. Se trata de momentos de su pensamiento que fueron, en su mayor parte, olvidados o distorsionados con la intención de volverlo un mero teórico de la economía o de la sociedad, alejado de toda y cualquier actividad organizativa y revolucionaria.
El movimiento real y una docena de programas
No es, por lo tanto, sin razón que una de las frases más conocidas de Marx sobre la cuestión del programa sea un fragmento de su carta a Wilhelm Bracke, donde se lee: “Cada paso del movimiento real es más importante que una docena de programas” (MARX, 2012, p. 20). Para tener una idea, esa frase está en la tapa de la edición brasileña de ese escrito, publicada por la Boitempo Editorial. Sacada de su contexto, tal citación se asemeja a la máxima del socialdemócrata alemán Bernstein: “El movimiento es todo; la meta final, nada”. Fue con ese criterio que la Socialdemocracia alemana consolidó su camino rumbo al reformismo, autonomizando el movimiento, las tácticas, la actuación política institucional, y relegando la estrategia para el día del juicio final.
Lo que no se divulga es toda la carta de la que la citación de Marx mostrada arriba fue extraída. Esta aparece en el contexto de la fusión entre dos partidos, que originó la Socialdemocracia alemana en 1875. El primer partido era orientado por la concepciones de Marx, los eisenachianos, y el segundo por Ferdinand Lassalle[1].
Esta frase, todavía, cuando considerada de forma aislada, falsifica de forma grosera las posiciones de Marx. En realidad, él dice en la misma carta que aun cuando tal unificación fuese deseable en una perspectiva general, “se engaña quien cree que esa victoria momentánea no costó demasiado cara” (MARX, 2012, p. 20). ¿Por qué la unificación costó demasiado cara? Justamente en función del programa aprobado en el congreso de fusión: el Programa de Gotha.
Según Marx, “nos distanciamos totalmente de ese programa de principios y no tenemos nada que ver con él”. Programa “que, como estoy convencido, es absolutamente nefasto y desmoralizador para el partido”. Defiende que debería haber “sido previamente aclarado que no habría ninguna jugarreta de principios”. Lejos de haber defendido la unificación en los términos del programa de Gotha, Marx dice que sería mejor “haber firmado un acuerdo para la acción contra el enemigo común”, posibilitando que un “programa pueda ser preparado por una larga actividad común” (MARX, 2012, p. 20).
Como se ve, la posición de Marx es clara y no deja margen para cualquier ambigüedad. Él se opuso a la unificación entre el Partido de Eisenach, al cual estaba ligado, y el partido de Lassalle en los términos del Programa de Gotha. Antes de llevar a cabo tal unificación sobre una base programática rebajada sería más adecuado firmar un acuerdo común para la acción, preservando la organizativa y programática de cada uno de los partidos. Tal acuerdo posibilitaría la construcción de otro programa en el futuro. Programa ese que no debería tener ninguna “jugarreta de principios”. En resumen, si es verdad que “cada paso del movimiento real es más importante que una docena de programas”, tal frase no permite, de modo alguno, concluir que la recíproca es verdadera: que el programa es irrelevante para dar un paso en el movimiento real.
De hecho, esa unificación, con bases programáticas frágiles, costó demasiado caro, como previó Marx. Es muy probable que en ese momento fundacional, marcado por una abierta batalla programática de Marx, se encuentren los gérmenes de la futura degeneración del partido alemán, que se tornó vanguardia del reformismo en nivel mundial. Ese movimiento se ancló en las posiciones de Lassalle, pero, también, en un Marx sin programa, sin cabeza: acéfalo; cuyos pies conducen hacia cualquier dirección.
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En verdad, la necesidad de establecer una organización sobre bases programáticas correctas se hace presente en toda la actividad política de Marx. No sin razón, aún en 1848, él solo aceptó entrar en la Liga de los Comunistas con la aceptación del programa que propuso; fue cuando escribió el Manifiesto Comunista. Los dos estatutos de la Liga comenzaban por enunciar el programa e imponer como condición de pertenencia a la organización, la adhesión de todos sus miembros a él. Pero, ¿en qué consiste tal programa? ¿Cuál es su verdadero contenido específico?
Entre una política revolucionaria y una política institucional
El olvido de la larga trayectoria de elaboración programática de Marx y su fundamentación científica en el estudio del funcionamiento de la sociedad capitalista coincide con la tentativa de transformarlo en un mero científico social, filósofo o economista, separado de su actividad esencial: revolucionaria y socialista. Se llegó al punto de afirmar que Marx rechazaba no solo un programa sino la actuación política. Veamos cómo ese Marx acéfalo fue construido.
Realmente, en 1844, en el contexto de la insurrección de los tejedores de la Silesia, Marx escribe un artículo en el que ironiza las posiciones de su antiguo colaborador, Arnold Ruge, según el cual el límite fundamental de los tejedores insurrectos es que se trataba de una “revolución social sin alma política”. Ruge autonomiza la acción política, planteándola como base y fundamento que determina toda la sociedad. Marx responde que “toda revolución disuelve la vieja sociedad; en este sentido es social. Toda revolución derrumba el viejo poder; en este sentido es política”. No obstante, como ninguna acción política sobrevuela en el aire despegada de su base social, Marx predica en sentido opuesto, “una revolución política con un alma social” (MARX, 1995, p. 21).
Incluso en el texto indicado arriba, nunca se trató de relegar para segundo plano la actividad política, sino de fundamentarla en un programa fuertemente asentado en las necesidades sociales y no lo contrario, por eso, se trata de una “revolución política con alma social”.
Tanto es así que, tres años después, en Miseria de la Filosofía, escrito dirigido al programa reformista del entonces influyente socialista Proudhon, Marx explica que la sociedad está basada en los antagonismos y la explotación de clase. Ocurre que “la lucha de clase contra clase es una lucha política”. De ahí se desprende que solamente en un “orden de cosas en el cual ya no haya clases y antagonismo de clases, que las evoluciones socialesdejarán de ser revoluciones políticas”. Hasta allá, concluye Marx, citando a George Sand: “El combate o la muerte: la lucha sanguinaria o la nada” (MARX, 1976, pp. 165-166).
En esos años, Marx abandona la fórmula abstracta de la “emancipación humana”, sustituyéndola por la forma más determinada y directamente ligada al análisis de la dinámica interna de la sociedad capitalista: “la emancipación de la clase trabajadora”. Este análisis conduce al objetivo central del movimiento de los trabajadores mientras perdure la sociedad capitalista en nivel mundial: la toma organizada del poder, la destrucción del Estado burgués. Es exactamente ese aspecto el que es enunciado por la AIT en las Resoluciones del congreso general de La Haya en 1872, también escritas por Marx, así como varios otros documentos.
La combinación de fuerzas que la clase trabajadora ya efectuó por sus luchas económicas debe, al mismo tiempo, servir de palanca para sus luchas contra el poder político de sus explotadores.
[…] La conquista del poder político se volvió, por lo tanto, el gran deber de la clase trabajadora (MARX, 1992, p. 79).
He aquí la finalidad programática que debe regir todo el programa de un partido revolucionario: la toma del poder por el proletariado. No obstante, ¿con qué finalidad el proletariado debe tomar el poder? Ora, es solamente después del Manifiesto y de la experiencia de las revoluciones de 1848 que Marx concluye que no es suficiente la toma del poder por los trabajadores y su respectivo aparato estatal. Es necesario destruir el Estado burgués y construir la dictadura del proletariado.
La necesidad de la dictadura del proletariado
Hacia mediados de 1850, la Liga de los Comunistas buscó unificarse con otro grupo, dando origen a la “Sociedad Universal de los Comunistas Revolucionarios”. Esta asociación acabó siendo disuelta en función del fraccionamiento en la Liga. De cualquier forma, el estatuto de esa nueva organización, escrito y firmado por Marx, iniciaba con el siguiente texto:
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El objetivo de la asociación es el derrumbe de todas las clases privilegiadas, la sumisión de esas clases a la dictadura del proletariado, tornando la revolución permanente hasta la realización del comunismo, que será la forma final de la constitución de la comunidad humana (MARX, 1978, P. 614, destacado nuestro).
Que sea de nuestro conocimiento, ese es el primer programa firmado por Marx en que la dictadura del proletariado aparece explícitamente como finalidad inmediata de un partido revolucionario. Poco tiempo antes, el tema es desarrollado con más detalles en un artículo de la Nueva Gazeta Renana – Revista, posteriormente publicado por Engels con el título La lucha de clases en Francia. En ese fragmento se lee:
Ese socialismo es la declaración de permanencia de la revolución, la dictadura clasista del proletariado como punto de transición necesario para la abolición de todas las diferencias de clase, para la abolición de la totalidad de las relaciones de producción en que están basadas, para la abolición de la totalidad de las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la convulsión de la totalidad de las ideas que se originan de esas relaciones sociales (MARX, 2012b, p. 138).
Esta elaboración de Marx tuvo gran repercusión entre los círculos socialistas europeos. Tanto es así que el 1 de enero de 1852, el periódico Turn-Zeitung, editado por emigrantes socialistas alemanes en Estados Unidos, publicó un artículo de Joseph Weydemeyer denominado justamente: “Sobre la dictadura del proletariado”, escrito bajo la influencia directa de la obra de Marx. Pero esa idea también recibió críticas enseguida que fue lanzada al público.
Muchos cuestionaron: si el objetivo final del programa propuesto por Marx es la abolición de la sociedad capitalista y de las clases sociales que le corresponden, poniendo fin, simultáneamente, a la política, al Estado y todos los demás medios de dominación de una clase sobre la otra, ¿cuál es el motivo de construir otro Estado: la dictadura del proletariado? Se contraponía, así, la dictadura del proletariado y la abolición del Estado.
La cuestión se hace clara en la respuesta del propio Marx a uno de sus críticos. Se trata de Otto Liming, editor del periódico Neue Deutsche Zeiting. Este escribió en su periódico una reseña crítica de los artículos de Marx sobre las luchas de clases en Francia que tenían como blanco principal exactamente la noción de dictadura del proletariado. Marx escribió una respuesta a Liming en la que dice: “En el artículo de su periódico … usted me censuró por defender el gobierno y la dictadura de la clase trabajadora, mientras usted propone, en oposición a mí, la abolición de las distinciones de clase en general. Yo no entiendo esa corrección”. Marx se defiende citando el fragmento de su propio artículo, blanco de la presente crítica, donde se ve lo absurdo de tal contraposición: “Este socialismo (esto es, el comunismo) es la declaración de la permanencia de la revolución, la dictadura de clase del proletariado como el punto de tránsito necesario para la abolición de las distinciones de clase en general” (MARX, 1978b, p. 387, destacado nuestro).
Entonces, como demuestran todas las citaciones de Marx que mencionamos arriba, la contraposición entre la dictadura del proletariado y la abolición del Estado es falsa de la cabeza a los pies. Desde un punto de vista más general, la dictadura del proletariado es solo un medio para que se alcance el fin de todas las clases sociales y de una sociedad basada en la explotación, en la opresión y en la dominación. Pero, en los días de hoy, cuando la clase trabajadora está alejada de todas las formas de poder, la dictadura del proletariado es la finalidad primera del partido revolucionario. Al final, solamente con la derrota del capitalismo en nivel mundial, arena sobre la cual se mueve el capital, estarán dadas las condiciones para una sociedad sin clases (y sin Estado).
¿Sería esta obsesión de Marx con el programa, y la dictadura del proletariado, un resquicio sectario y blanquista del siglo XIX? ¿Un obstáculo para la unidad de la clase trabajadora y, así, para la realización de sus fines? No creemos. En respuesta a esas cuestiones, terminamos citando la intervención de Marx en la AIT el 15 de octubre de 1871, cuando él hace un balance de los motivos de la derrota de la Comuna de París. Como veremos a continuación, si es verdad que más vale un paso en el movimiento real que una docena de programas o, dicho de otro modo, de nada sirve un programa que no interfiere en la realidad, de esto no se desprende que un programa es secundario. Por el contrario, sin un programa claro el movimiento real puede desembocar en cualquier lugar. Dice Marx:
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La Comuna no consiguió encontrar una nueva forma de gobierno de clase. Al destruir las condiciones existentes de opresión, transfiriendo todos los medios de trabajo para el trabajador productivo, y así obligando a todos los individuos capaces a trabajar para vivir, la única base para el dominio de clase y la opresión sería removida. Pero antes que tal cambio pudiese ser efectuado, una dictadura proletaria se tornaría necesaria, y la primera condición de eso era un ejército proletario. Las clases trabajadoras tendrían que conquistar el derecho de emanciparse en el campo de batalla. La tarea de la Internacional es organizar y combinar las fuerzas de trabajo para la próxima lucha (MARX, 1992, pp. 270-271).
Como podemos percibir, el programa no es un capricho de Marx. Un programa equivocado conduce a derrotas y, con eso, a la desmoralización y el retroceso de la lucha de la clase trabajadora. Las luchas sindicales y por derechos dentro de la sociedad capitalista son incapaces de resolver de forma definitiva los problemas de la clase trabajadora. Si el socialismo encuentra su posibilidad en las contradicciones objetivas de la sociedad capitalista, no se desarrolla de ella de forma automática y mecánica. Por eso la necesidad de organizarse e intervenir en el curso de los acontecimientos con un programa claro. De la misma forma, es imposible administrar un Estado capitalista, pues este es construido para atender las necesidades de la clase dominante. Por eso, el objetivo programático más general, que rige toda la elaboración de Marx, no es gobernar el Estado capitalista sino destruirlo, y construir la dictadura del proletariado. Solo con la victoria del proletariado en nivel mundial estarán dadas las condiciones materiales para el fin del Estado como órgano de poder y dominación de una clase sobre la otra.
Sacar la dictadura del proletariado del pensamiento de Marx es transformarlo en un amontonado anárquico de informaciones, sin norte, sin finalidad, sin dirección.
ReferenciasPLATÓN. Diálogos: Fedro, Cartas, el Primer Alcibíades. Traducción de Carlos Alberto Nunes. Belém: Universidad Federal de Pará, 1975.
MARX, K.; ENGELS, F. Crítica del Programa de Gotha. San Pablo: Boitempo, 2012.
_______. Appendices to the “Universal Society of Revolutionary Communists‘”. En: Marx and Engels, Collected Works , Vol. 10, 1978.
______. Statement To the Editor of the Neue Deutsche Zeitung. En: Marx and Engels, Collected Works , Vol. 10, 1978b.
MARX, Karl. Glosas críticas marginales al artículo “O Rei da Prússia e a Reforma Social”. De um prussiano. En: Revista Práxis n.° 5, Belo Horizonte: 1995.
______. Miseria de la Filosofía. San Pablo: Grijalbo, 1976.
______. La lucha de clases en Francia. San Pablo: Boitempo, 2012.
______. The First International and after: Political writings, Volumen 3. Londres: Penguin, 1992.
Nota
[1] Lassalle fue colaborador de Marx en las revoluciones de 1848 y, posteriormente, se aproximó del futuro emperador de Alemania, Bismarck, y de concepciones reformistas. Murió patéticamente en un duelo en 1864, cuando Marx estaba próximo a romper las relaciones políticas con él.
Traducción: Natalia Estrada.

Cuba. Revolución y Constitución: hacia el Partido Socialista de Masa

Posted: 20 Aug 2018 11:00 AM PDT

kaosenlared.net



En el centro del debate por el nuevo orden constitucional en Cuba queda la cuestión de la necesidad o no del partido-único en la revolución socialista.
El cuestionamiento del sistema anti democrático del partido-único, habiendo sido asumido como poder político supraestatal y suprasocietal, tiene en la idea de democracia directa el fundamento para la transición hacia un sistema de poder político incluyente y protagónico del pueblo. La idea-fuerza de democracia directa articula la participación política dándole el sentido de protagonismo y pertenencia popular. 
Las corrientes de derecha dentro y fuera del PCC en el país y allende sus fronteras, posicionadas ideológicamente contra el socialismo, aspiran a la definitiva instauración en Cuba de las relaciones políticas propias del estado capitalista y su sociedad clasista. El proyecto derechista es francamente reaccionario: mantener el parlamentarismo como base de la participación sociopolítica y reinstaurar el multipartidismo como fuente del poder político.
El problema del multipartidismo es de importancia política crítica. El multipartidismo es propio de la sociedad clasista. La sociedad clasista es propia del capitalismo y su orden discriminatorio se arraiga en la medida que toma fuerza el poder económico fáctico del capital privado como vehículo de la concentración y acumulación excluyente de capital. Trabajadores por un lado y capitalistas por el otro. Marx lo sintetiza en la contraposición socioeconómica capital-trabajo que responde en lo político a la contraposición burguesía-proletariado; la primera clase apropiada del capital que produce la seguna, y la segunda con su fuerza de trabajo a cuestas obligada a alquilarse a los propietarios del capital como trabajo asalariado para que sus portadores, los trabajadores, puedan vivir.
La reforma economicista que adelanta el PCC (vía Lineamientos de Política Económica y Social LPES) ha abierto las relaciones socioeconómicas a la propiedad privada indiscriminada sobre el capital. La transformación reconoce de facto la propiedad privada como una necesidad sine qua non del socialismo. La aberración ideológica política no llama la atención. Se hacen inherentes al socialismo relaciones sociales de producción puramente capitalistas. La transformación del sistema de propiedad que se está operando en Cuba ha planteado la privatización por encima de las formas de propiedad social y trabajo cooperativo. El trasfondo político apunta hacia un cambio reaccionario de las relaciones socioeconómicas. Justo las condiciones que llevan a la creación de una pequeña y mediana burguesía propietaria y, a la sombra, una clase burocrática apoderada de la gestión del capital estatal en las empresas gubernamentales. Es en esta realidad objetiva que tomará cada vez más fuerza la idea del multipartidismo clasista en Cuba. No ha habido debate en la sociedad sobre tal respecto, puesto que se necesita pasar, ahora con la llamada “reforma total” de la Constitución, por encima del debate democrático constituyente para establecer “soluciones” que contravienen la idea del socialismo científico.
El multipartidismo es natural e inmanente a la realidad donde las fuerzas sociopolíticas se enfrentan en lucha por sus propios intereses particulares. Hablamos de contradicciones sistémicas antagónicas. No son dialécticas, pues por su naturaleza no tienen capacidad de síntesis. Tienden a la mutua destrucción porque la idea del bien particular prevalece sobre la del bien común. La fuerza del capital privado hace prevalecer los intereses de la minoría propietaria. A ello responde el sistema de democracia parlamentaria burgués mediado por el multipartidismo, a la lucha de intereses antagónicos. La superación de esas relaciones económico-políticas es un reto para el socialismo, para la organización política de la sociedad que ve su desarrollo en la comunidad de intereses y no en el dominio de una clase sobre otra (incluyendo el dogma anti marxiano y en principio anti comunista de la “dictadura del proletariado”).
La premisa de fondo para encaminar el cambio en la perspectiva de la revolución socialista exige la crítica y el debate democrático sobre las barreras sistémicas, políticas, económicas y sociales que impiden la lucha por una cualidad verdaderamente socialista del estado y la sociedad. 
En el centro del debate por el socialismo queda, por tanto, la cuestión de la necesidad o no del partido-único en la revolución socialista.
El Estado no viene colgado del cielo, su expresión política responde, también históricamente, a la estructura y la organicidad socioeconómica en que se soporta. El estado burgués lo hace sobre las relaciones sociales de poducción conformadas por la hegemonía de la propiedad privada sobre el capital. Ante ello la nueva Constitución se enfrenta a la visión del estado comunitario soportado sobre una economía social, como idea-fuerza que medie el debate revolucionario sobre la necesidad de un partido político y su naturaleza en la democracia socialista.
Sin embargo, el sistema de poder que subordina el Estado cubano al Partido-único no se cuestiona como causa de la crisis del modelo socioeconómico. Razón por la cual la reforma LPES se limita a la declaración política sobre la necesidad de la separación formal entre las funciones del Partido (único) y los órganos de Poder Popular establecidos. Una idea, por demás, ya cuestionada por la práctica en el experimento del Municipio Artemisa y Mayabeque en la Habana. El desorden constitucional que hemos profundamente argumentado en el análisis “Cuba. hacia la Constituyente Socialista”, no es identificado como fuente de la disfuncionalidad política del estado. Más aún es trasladado acríticamente al proyecto de nueva constitución. 
En ese empeño se inserta el hecho que desde el PCC y en medios de comunicación estatales (Mesa Redonda de la Televisión estatal, periódico Granma del Partido) se apuró la interpretación lo más sesgadamente posible de la denuncia del Líder de la Revolución acerca de que el modelo “ya no le servía ni a los cubanos” (revista The Atlantic 2010). Buscando reducir el problema a la forma, se ha defendido que la denuncia apuntó a la corrupción que mina tanto los círculos de poder como a la propia sociedad. Así lo vendría a confirmar la supuesta cruzada del Presidente de la República (Raúl Castro R.) contra manifiestas expresiones de corrupción en las altas esferas del Gobierno y el Estado. La corrupción como fenómeno se suspende del vacío y eso permite no enfrentar la cosa. La vulgaridad política de que eliminar a los corruptos (detectarlos y juzgarlos) elimina la corrupción se impone cual interesado ejercicio de fe religiosa. Como si el fundamento de aquella magistral sentencia del propio Líder de la Revolución en su trascendental comparecencia en la ONU en 1985, denunciando la esencia de la corrupción moral y ética capitalista al exponer que “eliminando a los pobres no se elimina el hambre”, no hubiera calado en el pensamiento político cubano. La cosa en tanto sustancia objetiva se esconde. Que el estado resulte un ente políticamente disfuncional no ocupa la centralidad de ningún debate.
En consecuencia, que el modelo político armado sobre el régimen de poder de partido-único, donde a ese Partido se le confiere el estatus constitucional de poder supraestatal y suprasocietal, haya definitivamente estrangulado la democracia, no preocupa ni ocupa a la militancia del PCC.
Con un grado de insoportable levedad política se ignoran las relaciones causa-efecto de la cosa, en tanto distintivo del problema de fondo. Se negará, por tanto, que la verticalización absolutista del poder político, que ha servido en un mar de ineficiencia económica para impulsar un proyecto social soportado en la acumulación y la concentración de capital por el estado, se haya esclerosado al cabo de casi 60 años de ejercicio del poder de una gran burocracia (como la llega a identificar Lenin ya en aquella realidad política) que se le hecha encima al estado y la propia sociedad. Impidiendo con ello el desarrollo cultural de las fuerzas productivas del país, la racionalidad de la economía y el sentido de pertenencia democrática del pueblo. Es el espectáculo dialéctico de fuerzas sociales en desarrollo restringidas por el marco que en un momento historio-concreto sirvió para consolidar el poder polìtico revolucionario.
Que el modelo político, ese marco, haya devenido “cuello de botella” para el desempeño democrático de la sociedad, muy interesadamente no se identifica como condicionamiento estructural de la crisis socioeconómica que se ha hecho crónica y puesto el país “al borde del abismo” – según apreciación tardía del propio Presidente Raúl Castro en la Asamblea Nacional (diciembre 2010).
En tales circunstancias, los cambios se dan de manera anti democrática con una reforma economicista de corte socioliberal – Liniamientos de Política Social y Económica del PCC y la Revolución LPES – que cambia los preceptos constitucionales e introduce de facto un régimen de relaciones socioeconómicas contrarias al sistema socialista declarativo que asume, aunque mediatizadamente, la propia Constitución. Al no reconocerse que la crisis es del modelo político, es decir, el modo en que la sociedad organiza la participación política para componer sus relaciones socioeconómicas en pos del progreso socio-material, lo que se está haciendo es rechazar la democracia como idea-fuerza de los cambios conceptuales y estructurales que se necesitan para la transición al socialismo.
El problema de la fuerza política que haya de garantizar la transición socialista, como ente de poder popular constitucional, ha de estar en el centro de atención del debate por la nueva  la Constitución.
El PCC, partido minoritario de cuadros, contamina la democracia en tanto fundamento del movimiento de la sociedad, por cuanto la mediatización de la participación política se ha dado primero hacia el interior del propio Partido. Es lo que ha venido demostrando desde 1976 el PCC en su función de dominio  como partido-único. La emanación de su poder constitucional como ente de dominio sobre el estado y la sociedad no ha podido más que extrapolar al movimiento socioeconómico y político de la misma el carácter del centralismo anti democrático que lo rige.
Lo anterior plantea la necesidad del debate sobre otra idea-fuerza de la revolución socialista:  organizar el poder político del pueblo en un envolvente movimiento político democrático.
El partido-único PCC, compuesto por apenas un 17% de la población adulta (670 mil militantes), constituye el órgano institucional de dominio político supremo con facultad constitucional supraestatal. Su poder contraviene la naturaleza política del estado de derecho que habrìa considerarse socialistaEl pueblo cubano ha dejado de identificarse con un partido de minoría anclado en las prerrogativas anti democráticas de su poder omnímodo sobre la sociedad. Desconocer ese mar de leva político es cerrar los ojos ante el hecho de la deslegitimización del Partido de la Revolución en la percepción popular.
La idea de la fundación del partido socialista de masa con prerrogativa constitucional de ente político rector del camino hacia el socialismo, vendría a situarse en el epicentro del debate popular constitucional, si es que este asume el reto de la participación democrática y protagónica del pueblo en el mismo.
La diferencia cualitativa del partido socialista de masa con la naturaleza política del PCC, en tanto partido-único exclusivo con prerrogativa constitucional de dominio sobre el estado y la sociedad, se afinca en la idea sobre el protagonismo político del pueblo como sujeto revolucionario que asume la participación democrática decisoria. Una proyección del partido a imagen y semejanza del significado y el rol histórico del Partido Revolucionario Cubano de J.Martí.
Protagonismo de la participación como hegemonía política democrática de un partido socialista de masa, cual superación del dominio político anti democrático encarnado en un partido político elitista. La idea de la vanguardia como élite política dominante se supera en la idea de la masa crítica política hegemónica. La contraposición gramsciana entre hegemonía política y dominio político nos mete de lleno en la naturaleza ideológica marxiana con que se identificaría el partido socialista de masa. El protagonismo democrático del sujeto revolucionario como legitimación de la hegemonía política se convierte en la masa crítica del movimiento socialista.
La cuestión de la democracia en la organicidad del partido y en su articulación sociopolítica con la sociedad decide sobre la esencia del modelo político del estado y la sociedad. La membresía de dicho partido deja de ser elitista puesto que no asume el carácter exclusivo de cuadros militantes. Desaparece la burocracia militante. El derecho a la participación política determinante se lleva a un primer plano de acción. La membresía del partido socialista de masa se compone de sujetos políticos, individuales y colectivos organizados.  Eso daría cabida a la legitimidad de sectores de pensamiento dentro del partido socialista de masa con posicionamientos diversos hacia la construcción del socialismo y en permanente debate democráticoEsta concepción del partido estaría asumiendo la dialéctica del pensamiento leninista sobre el reconocimiento de la posición de las minorías con derecho a que estas continúen trabajando abierta y deliberativamente por sus argumentos, aunque cumplan el mandato democrático mayoritario, no la decisión autoritaria de un grupo. La participación militante asume la pluralidad del pensamiento crítico y la libre articulación democrática del mismo en los debates internos y la búsqueda de consensos políticos en la definición y toma de decisiones.
El partido socialista de masa se auto define en la voluntad de pertenencia política del pueblo. Su identificación ideológica estaría determinada por su apego a la filosofía marxiana en tanto doctrina del socialismo científico. Las premisas fundacionales del partido socialista de masa se concretarían en
  • Declaración de principios socialistas, 
  • Programa político afincado en la teoría marxiana de la emancipación social y el ideario martiano de la soberanía nacional,
  • Estatuto democrático de su estructuración y organicidad internas.
El problema de la dirección política del partido socialista de masa (su “comité central”) se definiría en la idea de la dirección colegiada por miembros del partido, seleccionados en elecciones democráticas directas por toda la militancia, pero pronunciando la legitimidad democrática de esa dirección política dándole derecho al voto en la elección a toda la sociedad. Ya hoy no es difícil por los medios electrónicos y la comunicación en redes concebir el funcionamiento interno y global, a escala nacional, de un partido tomando decisiones directrices democráticamente sobre el rumbo socialista. De esta forma quedaría planteada la idea-fuerza de la democracia política protagónica del pueblo.
La Constitución Socialista definiría la prerrogativa institucional del hegemonismo político del partido socialista de masa en el desarrollo del Estado y la Sociedad socialistas.
El debate apuntaría a la eliminación del poder constitucional supraestatal y suprasocietal del Partido, considerando la autonomía y la elección democrática de los poderes institucionales como contrapartidas de poder político; a saber:
  • Presidencia de la República – elegida directamente por el pueblo entre las propuestas seleccionadas democráticamente por el partido socialista de masa y comités de ciudadanos debidamente registrados, según la Ley que lo establezca; 
  • Ejecutivo, encarnado por el jefe de gobierno y el cuerpo de ministros – elegido por la Asamblea Nacional sobre propuestas de la Presidencia de la República; 
  • Legislativo y Control Institucional – Asamblea Nacional elegida directamente por el pueblo con dirección propia distinta a la Presidencia y el Gobierno; 
  • Judicial – tribunales elegidos por las asambleas nacional, provinciales y/o municipales).
  • Tribunal Constitucional y Tribunal de Estado – encargados, el primero de velar por el cumplimiento de la letra y el espíritu de la Constitución de la República, y el segundo de juzgar las contravenciones políticas de los ciudadanos elegidos para funciones de estado y gobierno. Estos tribunales serían elegidos por la Asamblea Nacional.
Imaginemos que el partido socialista de masa toma una decisión política trascendental apoyada por los cientos de miles o millones de ciudadanos que lo compongan – que se le afilian y/o se declaran simpatizantes – a través de votación democrática directa. No es difícil ver que la cualidad del sistema político da un salto de orden democrático. Ese partido no suplanta los órganos de poder constitucional del estado, sino que define democráticamente los derroteros del camino socialista.
El gran debate revolucionario apunta a la idea de la transformación dialéctica del partido único en partido socialista de masa y de las condiciones sistémicas que harían efectiva su naturaleza política y su capacidad de garante y conducción de la transformación socialista. Asumido como fuerza revolucionaria ideológica y motriz del ordenamiento y el desarrollo de la República Socialista, el partido socialista de masa adquiríría legitimidad democrática como poder político directo del pueblo en las decisiones rectoras de la transición y consolidación del socialismo. Este carácter convierte el partido socialista de masa en un foro político constituyente estructurado y permanente, controlador y decisorio en democracia protagónica sobre el rumbo de la revolución socialista.
Si la democracia directa se torna eje del sistema político y socioeconómico estamos en condiciones de dar paso a la autonomía horizontalizada de las estructuras del Estado y abrir las puertas al funcionamiento de un sistema económico descentralizado con alto potencial de acción efectiva y eficaz bajo formas de producción esencialmente socio-cooperativas, es decir, no-capitalistas. Hablamos justo de una revolución socialista conducida por un partido socialista de masa democrático.
Estado comunitario, democracia directa y sistema socioeconómico cooperativo, donde  la propiedad privada del capital queda reducida a su forma de reproducción simple y es negada constitucionalmente toda hegemonía económico-política de las formas de reprodución ampliada de capital (tanto estatal, comunitario como cooperativo): es el tránsito en la dialéctica revolucionaria del “patria o muerte” al “socialismo o barbarie”.
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(*) Este ensayo tiene su fuente en el trabajo “CUBA. De la constitución autoritaria a la Constituyente democrática” escrito en 2013, cuando ya los revolucionarios socialistas abogábamos por la necesidad de una Constituyente que definiera y marcara el rumbo de la revolución socialista.
Ver: http://2014.kaosenlared.net/colaboradores/75188-cuba-de-la-constituci%C3%B3n-autoritaria-a-la-constituyente-democr%C3%A1tica
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Nota
Roberto Cobas Avivar, “Cuba. Hacia la Constituyente Socialista”,    https://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/07/05/cuba-hacia-la-constituyente-socialista-2/
Roberto Cobas Avivar; “Cuba. Constitución Socialista o Contrarrevolución Capitalista”.   https://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/08/11/cuba-constitucion-socialista-o-contrarrevolucion-capitalista/
Roberto Cobas Avivar, “CUBA. Sin Constituyente Socialista la restauración capitalista es irreversible”. https://robertocobasavivar.wordpress.com/2018/07/29/cuba-sin-constituyente-socialista-la-restauracion-capitalista-es-irreversible/
Jessica Domínguez Delgado, “Qué sabemos del experimento de Artemisa y Mayabeque”, https://primerocuba.blogspot.com/2018/06/que-sabemos-del-experimento-de-artemisa.html 

¿Qué sucede después de las importaciones de crudo de China?

Posted: 20 Aug 2018 01:00 PM PDT

kenzocaspi.wordpress.com


Author: kenzocaspi

Por Matt Smith –
Nuestros amigos de Ursa publicaron ayer una publicación en el blog sobre los inventarios de crudo en Kyaukphyu en Myanmar, destacando la aparente naturaleza política de los recientes flujos de crudo al centro de almacenamiento.
El crudo se entrega a la terminal Kabala de CNPC en Myanmar y se almacena en Kyaukphyu antes de ser transportado por un oleoducto a la refinería de Yunnan en China.
Desde que la terminal se puso en marcha en abril de 2017, podemos ver en nuestro ClipperData que se han descargado cerca de 80 millones de barriles allí. Arabia Saudita es un proveedor estable, que representa aproximadamente la mitad de todas las entregas de crudo – y en su mayoría Medio Árabe – con volúmenes promedio de alrededor de un VLCC por mes (alrededor de 2 millones de barriles).

La terminal en Kyaukphyu – y de ahí la refinería de Yunnan – normalmente importa grados ligeros y medianos agrios, incluidos Das y Upper Zakum de Emiratos Árabes Unidos, Qatari Al Shaheen, crudo de exportación omaní y Basrah Light iraquí,pero también ha importado calidades dulces – incluyendo Angolan Girassol y Azeri Light.
Como se ilustra en el cuadro anterior, un par de cargas iraníes se han entregado en los últimos meses – Incluyendo 1.1mn de bbls de condensado ligero de South Pars en junio. Aunque estamos viendo un descenso este mes en barriles iraníes totales en China, se espera que Irán intente crecer cada vez más, ya que está musculoso fuera de otros lugares.
Las importaciones chinas de barriles iraníes se encuentran en 650,000 bpd durante los primeros siete meses del año, luego de acercarse a 600,000 bpd en los últimos años. El centro de China suele ser el que más recibe, pero los flujos han disminuido considerablemente en la región este año, en su lugar dirigirse a los destinos del sur y el norte.
Como nuestro ClipperData ilustra a continuación, las leyes iraníes en los puertos del norte de China – y en su mayoría Qingdao, Rizhao, Tianjin, Caofeidian y Dalian – han estado en aumento en los últimos años, con un promedio de más de 300,000 bpd en lo que va del año.
El aumento de los flujos en el norte de China ha sido un tema común en la primera mitad del año, con un total de las importaciones de más del 8 por ciento en comparación con el año anterior. Dicho esto, las importaciones han disminuido considerablemente desde mayo, después de que el gobierno cambiara la estructura impositiva para los refinadores independientes. No obstante, las importaciones iraníes en la región se mantienen por ahora.
Las importaciones de crudo estadounidense en el norte de China, por otro lado, parecen tener un punto débil. Casi la mitad de las importaciones de crudo de los EE. UU. A China se dirigen a las refinerías independientes en el norte. En medio de la amenaza de los aranceles y las guerras comerciales, los flujos de crudo U.S. en su mayoría ligeros y dulces – WTI, Midland WTI, DSW y Bakken – ya han disminuido desde los niveles altos de Q2. Si bien esta tendencia más baja debería persistir en medio de los diferenciales de precios más ajustados, los flujos de crudo iraní deberían continuar a buen ritmo.

Chau Unasur, adiós a la paz, ¿Sudamérica será zona de guerra?

Posted: 20 Aug 2018 04:00 PM PDT

En Colombia se respira una atmósfera de zozobra e inestabilidad social, tras el asesinato de 330 líderes sociales, la amenaza permanente a periodistas y el temor a que Iván Duque, el nuevo mandatario, se aventure en dos guerras: una interna y otra contra su vecino, Venezuela.
“La única forma de tratar de unir a la nación es inventando un enemigo externo, para apelar al nacionalismo, una guerra contra los “castrocomunistas” venezolanos, desviando la atención de la continuidad del genocidio interno y la crisis social, económica y financiera”, señala el analista Camilo Rengifo.
Durante cuatro períodos presidenciales, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, quien además fue ministro de Defensa del primero en epócas de los “falsos positivos” –campesinos asesinados y vestidos con ropa de guerrilleros para mostrar a la prensa victorias militares-, la hipótesis del conflicto siempre estuvo en al aire, en guerras de micrófonos o con injerencia directa en asuntos internos del vecino del noroeste.
Y, los mentideros políticos señalan que Santos quiso despedirse del gobierno apoyando el intento (frustrado) de magnicidio del presidente venezolano Nicolás Maduro, el 4 de agosto último. Pero esta última jugada del benemérito Nóbel de la Paz, no le salió bien.
James Mattis, secretario de Defensa de los Estados Unidos visitó a mediados de agosto Brasil, Chile, Colombia y Argentina, con una agenda que insistía en el tema de la inestabilidad política y la supuesta crisis humanitaria de Venezuela, que podría afectar el escenario regional, junto al temor por un conflicto armado entre Colombia y Venezuela tras el atentado fallido -con drones cargados de explosivos- contra Nicolás Maduro.
La gira busca resaltar los vínculos de Washington con lo que considera su patio trasero, según destaca un comunicado del Pentágono, pese a que EEUU no ofreció todavía ninguna agenda positiva de cooperación. Las alianzas panamericanas han sido punto focal de las visitas, este mismo año, del exsecretario de Estado Rex Tillerson, su sucesor Mike Pompeo y del vicepresidente Mike Pence a la región.
El ministro brasileño de Defensa, Joaquim Silva e Luna, dijo que entendió bien lo que quiso decir Mattis, “pero eso es una disputa comercial en todo el mundo; hay una gran reorganización en todo el mundo, en Asia, en la Unión Europea, es una disputa de mercado” y señaló que es posible que Brasil se beneficie de una guerra comercial entre EEUU y China.
Según Mattis, su país apoya “decisiones soberanas de estados soberanos, pero advirtió de “invasiones de otros países. El libreto pareciera convertir a Latinoamérica en un campo del juego geopolítico estadounidense.
Otra preocupación del mandamás del Pentágono es la reunión en Argentina del G-20, donde el anfitrión tiene responsabilidades en defensa y seguridad de los líderes del mundo “desarrollado”, que permitan la asistencia de Donald Trump: cómo participar de manera discreta sin resentir las pasiones nacionales. La propuesta de Mattis fue la posible cesión de equipos para un área específica; la prevención de ciberataques, con “inhibidores” de circulación de drones.
En los países visitados, Mattis auscultó la influencia y presencia en Sudamérica de dos rivales, China y Rusia. Y al respecto señaló que “hay más de una forma de perder la soberanía en este mundo. No es sólo por las bayonetas. Puede ser con países que llegan ofreciendo regalos, préstamos amplios que acumulan deudas masivas en otros países a sabiendas de que no podrán repagarlas, es lo que parecen ser los préstamos chinos a naciones como Venezuela y Filipinas”.
En este viaje, el jefe de Pentágono ultimó detalles sobre el tratado con Chile para que ambos gobiernos colaboren en materia de ciberseguridad. En Colombia, arregló el envío de un “buque hospital” estadounidense a las costas del Pacífico colombiano, con el propósito, dijo, de ayudar a sortear la crisis humanitaria que acecha al país, derivada de la llegada de miles de venezolanos.
La visita de Mattis a la región se produjo tras el encuentro del titular de la Armada estadounidense con sus pares de Argentina, Brasil y Chile en Cartagena, Colombia, en el marco de la 28 Conferencia Naval Interamericana que congregó a los jeraracas navales de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.
La fachada para imponer un bloqueo marítimo a Venezuela podría ser el eufemísticamente llamado ejercicio naval multinacional Unitas Lix-2018, del que Colombia será anfitriona en septiembre próximo, señala el analista mexicano-uruguayo Carlos Fazio.
El atentado buscaba que el poder fuera transferido sin demora a las “autoridades civiles legítimas, miembros de la Asamblea Nacional” presidida por Julio Borges, tras “liberar” una zona del país e instalar allí un “gobierno paralelo” que ejerciera funciones de hecho, con el respaldo de Washington, sus socios de la OTAN y el Grupo de Lima.
Hoy la producción de coca alcanza en Colombia niveles record, grupos armados ilegales luchan por territorios en los que el Estado tiene escasa o nula presencia y una oleada de 330 asesinatos de activistas sociales en los últimos meses, mostró que la paz sigue siendo un término relativo.
Si Iván Duque, el nuevo presidente -que quiere reformular el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC que su antecesor Juan Manuel Santos se abstuvo de implementar-no logra llevar el Estado a las zonas rurales, hoy en manos de narcotraficantes y paramilitares (o no está interesado en ello), poco cambiará en Colombia, que registró al menos 260 mil muertos, 60 mil desaparecidos y más de siete millones de desplazados. 
¿Fin de la zona de paz? 
La coordinación conservadora de varios presidentes suramericanos lograron desmontar los más importantes avances de la integración de los países de América del Sur que conformaron la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) como bloque referente de las relaciones mundiales marcadas por la multipolaridad de potencias y de proyectos integracionistas regionales y declararon a la región como zona de paz.
La potencia económica y política de los gobiernos de Argentina y Brail, respaldados por los presidentes de Perú, Chile, Colombia y Paraguay (el denominado Grupo de Lima), comenzó su tarea destructiva en abril pasado, cuando determinaron “suspender su participación” en el organismo
Y el momento “adecuado” (la asunción de la presidencia pro-tempore de Bolivia) finalizó dos años de sigilosos movimientos de debilitamiento y parálisis de todos los proyectos integracionistas construidos al margen de la influencia y predomino de Estados Unidos: Mercosur, ALBA, CELAC y Unasur.
Desmantelados los organismos de integración horizontal, vuelve el poder del panamericanismo monroista -América para los (norte)americanos-, dejando en pie a la Organización de Estados Americanos (OEA), bajo la tutela de Washington. Pero no logran consenso, porque Nicaragua, Venezuela y Bolivia, al menos, se oponen a la injerencia en asuntos internos de otros países. Y por eso, EEUU trata de desestabilizar sus gobiernos con todos los medios posibles,
La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), creada en 2008, auspició el Consejo de Defensa Sudamericano, integrado por 12 países, que entre sus propósitos principales tuvo consolidar a la región como zona de paz y servir de contrapeso a los afanes intervencionistas del Pentágono en los ejércitos locales, con fines de alineamiento y adoctrinamiento.
Pero la contraofensiva conservadora y del Comando Sur del Pentágono siguió adelamte. En mayo último, Juan Manuel Santos anunció que Colombia – con siete bases estadounidenses en su territorio- se sumaba como “socio global” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, máximo exponente de las intervenciones militares, abiertas y encubiertas, después de la guerra fría. Ahora Chile quiere seguir el mismo camino.
Y ahora, de la mano del embajador de EEUU en Bogotá, Kevin Whitaker el nuevo presidente colombiano, Iván Duque, apadrinado por Álvaro Uribe, sindicado como genocida y unido al narcotráfico y el paramilitarismo, quiere ser protagonista del “Golpe Maestro”.
Este plan, fue diseñado por el almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, quien aspira a que el gobierno bolivariano sea derrocado a través de una “operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático del secretario general, Luis Almagro”.
Según se supo en el Congreso estadounidense, Duque tiene una estrategia para negociar con EEUU una dispensa para Colombia con los aranceles de importación del acero y el aluminio: manejar la guerra encubierta del Pentágono contra Venezuela, desde la frontera colombiana.
A inicios de julio y antes de asumir la presidencia, negoció en Washington con el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado, Mike Pompeo, la directora de la Agencia Central de Inteligencia, Gina Haspel, el zar antidrogas James Carrol, y el asesor de Seguridad Nacional, el superhalcón John Bolton.
A Pence, “preocupado” por la supuesta amenaza a Colombia de la “dictadura” de Maduro –como ya se lo había manifestado a Santos en su visita a Bogotá y en la reunión cuando la Cumbre de la OEA en Lima- le solicitó apoyo en materia militar, de inteligencia y seguridad.
El 10 de agosto, tres días después de asumir la Presidencia, anunció el retiro “irreversible” de Colombia de Unasur y abogó por la aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela, tras prometer que llevaría a Maduro ante la Corte Penal Internacional, la misma “justicia” internacional, donde Uribe, está acusado por crímenes de lesa humanidad, y donde hacen cola los mexicanos Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
Un día antes, en la sede de la cancillería colombiana en Bogotá, el nuevo ministro del exterior, Carlos Holmes Trujillo, se reunió con Julio Borges, sindicado como uno de los coautores intelectuales del frustrado magnicidio del presidente venezolano Nicolás Maduro, para expresarle el “apoyo incondicional” del gobierno de Duque para “rescatar la democracia y la legalidad en Venezuela”.
Gustavo Álvarez Gardeazábal, al criticar las declaraciones de Duque en Washington, cuando afirmó que iba a liderar un bloque latinoamericano contra Maduro, en una nota titulada “¿A la guerra?’, advertía que así un presidente no esté de acuerdo con la ideología de una nación, no puede comenzar a hacer declaraciones que vayan en contra del principio del respeto soberano.Y advertía que si la guerra llegase a suceder con el país hermano, Colombia perdería “pues Venezuela está mejor armada que nosotros”.
La periodista María Jimena Duzán, en su última columna antes de que la amenazaran, recordaba las declaraciones del general retirado Leonardo Barrero (“Prepárense porque vuelve la guerra”) y se preguntaba cuál será el blanco principal de esta nueva guerra anunciada: ¿los líderes sociales que están cayendo como moscas, los ocho millones de ciudadanos que votaron por Petro, los diez millones de personas que votaron por Duque y que aún creen en ‘pajaritos en el aire’?
Paralelamente, desde junio está en Cúcuta y Maicao, poblaciones fronterizas con Venezuela, un contingente de “cascos blancos” de la cancillería argentina. Gabriel Fucks, extitular de estos “contingentes de paz”, señaló que la misión en la frontera colombiano-venezolana, más que una acción de asistencia sanitaria, forma parte de una política de presión contra Venezuela.
No es de extrañar que el gobierno de Mauricio Macri se haya sumado a los planes estadounidense-colombianos, dada su posición subordinada en la OEA. Macri, además, aceptó desplegar en el territorio argentino una nueva red de bases militares estadounidenses: una en Neuquén, en el estratégico sur patagónico, cerca de la reserva gasífera de Vaca Muerta, financiada por el Comando Sur con “ayuda humanitaria” y dos en Tierra de Fuego, la de Tolhuin y la de Ushuaia.
Un vasta frontera caliente 
La mayor parte de los problemas que se suscitaron históricamente y se siguen suscitando en extensa frontera común de más de 2.200 kilómetros, los genera la actitud del establishment colombiano, generando tensiones que en algunos casos han estado a punto de desencadenar conflictos de carácter bélico, a veces alegando presuntas reivindicaciones territoriales.
Generar tensiones con Venezuela sirve para desviar la atención de la violencia de seis décadas en Colombia, parte de la normalidad en ese país y que contrasta en las últimas dos décadas por la existencia de sistemas sociales, económicos y políticos contrapuestos. El mensaje de la conducción política colombiana y los medios de comunicación hegemónicos, no ha cambiado: su lenguaje es agresivo, belicoso, xenófobo y permanentemente amenazante.
El periodista José Vicente Rangel, exvicepresidente y excanciller venezolano, señala que la provocación en política siempre ha estado en la base de cualquier aventura. Dos períodos constitucionales de Álvaro Uribe, dos de Juan Manuel Santos y el próximo de Iván Duque, cuyo lenguaje provocador antes de tomar posesión del cargo, es el mismo de sus predecesores.
La oligarquía y la derecha colombianas tienen planes políticos y militares contra Venezuela, no de ahora, con motivo del desarrollo del proceso bolivariano contra el cual aducen razones de carácter ideológico, sino de muy atrás en el tiempo, durante otros gobiernos venezolanos. Desde el intento de usurpación de los derechos venezolanos sobre Los Monjes, la provocación de la fragata Caldas en el Golfo de Venezuela
El poder fáctico colombiano ha estado involucrado en múltiples operaciones contra Venezuela: comerciales financieras en la frontera, con el contrabando de extracción, con la actuación de grupos paramilitares, infiltrando unidades a través de la frontera a fin de generar actos terroristas en territorio venezolano.
Uribe instrumentó una alianza con la oposición venezolana golpista, a la que orientó y financió abiertamente, e incluso se lamentó, en una insólita declaración, no haber tenido tiempo –siendo presidente– para atacar militarmente a Venezuela (a lo cual, por cierto, Chávez le contestó que lo que le faltó fueron cojones).
Santos, sibilino y de la aristocracia bogotana, intrigó en organismo internacionales y en gobiernos de la región para adelantar una campaña consistente en afirmar que con motivo de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, Maduro había acabado con la democracia venezolana, y se negó a reconocer su reelección.
El atentado que quiso acelerarlo todo 
El 4 de agosto, durante la parada militar por el aniversario de la Guardia Nacional un grupo terrorista atentó con drones DJI M600 -de última generación, con un rendimiento de vuelo mejorando y una mayor capacidad de carga, utilizados con fines industriales y profesionales de diversos rubros, incluidos los militares- cargados de explosivos contra el presidente Maduro, para intentar conseguir por la vía del magnicidio lo que la oposición de ultraderecha no ha podido conseguir en una veintena de elecciones.
Tampoco lo logró con el golpe de Estado de 2002 contra el presidente Hugo Chávez, ni con el sabotaje petrolero de 2002-2003, ni con la desestabilización y las guarimbas de 2014 y 2017 desarrolladas éstas por sectores radical proestadouniodenses de la oposición venezolana, con el apoyo y financiamiento de Washington, Madrid y Bogotá , el aliento de la jerarquía conservadora de la Iglesia católica y los medios hegemónicos cartelizados, nacional y trasnacionales.Ni siquiera con las sanciones y la guerra económica, y la guerra de Cuarta generación, con campañas de intoxicación mediática, sabotajes y actos violentos, con apoyo de la Organización de Estados Americanos y los gobiernos del llamado Grupo de Lima.
Según los expertos, uno de los drones usó como explosivo pólvora y pentrita y el otro pólvora y C-4 (explosivo plástico de uso militar utilizado en las operaciones de bandera falsa de la Red Gladio de la OTAN y también por agentes de la CIA para derribar la aeronave de Cubana de Aviación sobre Barbados, en 1976 (murieron 73 personas), y en el asesinato del excanciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, en Washington, ese mismo año.
Obviamente el Comando Sur estadounidense no detuvo sus planes por el fracaso del atentado con drones, que debía provocar –de acuerdo al plan- un asesinato en masa de líderes civiles y militares en Venezuela, el caos social y una guerra civil, sino que sigue tratando de generar divisiones en las Fuerzas Armadas bolivarianas, para impulsar algún levantamiento en guarniciones castrenses, como lo intentaran en el Fuerte Paramacay.
Los frustrados magnicidas confesaron que recibieron entrenamiento en la finca Atalanta en el departamento colombiano Norte de Santander, donde aprendieron a manejar drones, a cambio de 50 millones de dólares y residencia en Estados Unidos (no en Guantánamo).
Tras el atentado terrorista, la mayoría de los presidentes (¿conocían el plan?), mantuvieron silencio, minimizaron el incidente con drones, relativizaron el atentado o silenciaron la tentativa de magnicidio y el acto de terrorismo, y cuándo no, recuperando las nociones oscurantistas de siempre, lo calificaron como un “montaje”, “autoatentado” o “maniobra”. En los hechos estaban validando el (su) fracaso..
Colofón 
Quedan muchas interrogantes: ¿Qué pasaría con los pueblos: aceptarían una guerra? ¿Es este todo el escenario deseado por todo el gran capital? ¿Qué actitud tomarían China y Rusia, por ejemplo? ¿Qué pasará en EEUU con las elecciones parlamentarias? ¿El gran capital seguirá apoyando a Trump o preferirá su reemplazo por Pence?
Sin duda hay que llamar a una actitud activa por la paz, crear conciencia de los peligros que corre Latinoamérica toda. Es la paz o la destrucción. Es el futuro de la región.
Aram Aharonian. Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La terrible confesión de Aaron Russo acerca del 11-S

Posted: 20 Aug 2018 05:00 PM PDT

FUENTE  https://www.geopolitica.ru/es/agenda/la-terrible-confesion-de-aaron-russo-acerca-del-11-s

17.08.2018


El fallecido director de cine Aaron Russo confesó en una entrevista que Nicholas Rockefeller le había dicho que un acontecimiento muy importante sucedería en Estados Unidos justo nueve meses antes del 11-S, y después de ese gran evento se invadiría Afganistán e Iraq. Esas dos guerras serían parte para organizar un nuevo orden mundial, por otro lado, se refirió a que se tenía planeado la persecución de Hugo Chávez presidente de Venezuela. Russo, cita a Rockefeller:


“Vas a ver soldados buscando en cuevas de Afganistán y Pakistán y va a ver una guerra contra el terror”.

Además, Russo afirma que: “El 11-S fue hecho por el gobierno de Estados Unidos y el sistema bancario para perpetuar el miedo al pueblo americano, así dominar las actividades de las personas. La guerra contra el terror es un total fraude, una farsa y la gente tiene miedo de decirlo, porque están intimidados, y si lo comentas, te dicen que estás loco, la verdad tiene que salir a luz”[1]. Existe otra confesión de un ex agente de la CIA, Malcom Howard, que confiesa que él estuvo detrás de la demolición del World Trade Center número 7, la tercera torre que se derrumbó a las 5:20 de la tarde sin que ningún avión se impactara [2]. Por otro lado, se corroboró que nunca se estrelló un avión en el pentágono, en realidad, era un misil granito soviético que la CIA compró en el mercado negro a los ucranianos. No cabe duda de que la comisión del 11-S [3] fue manipulada, porque no se menciona absolutamente nada relativo sobre el WTC 7 y sobre el supuesto avión que se estrelló en el pentágono[4]. El ex general de Estados Unidos Wesley Clark esclarece a mayor detalle el plan oculto detrás del 11-S cuando confiesa que el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld le dijo que:


“Vamos a atacar siete países en cinco años, comenzando con Iraq, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán, y terminando con Irán. Le dije: ¿Es clasificado? Él dijo: sí, señor. Bueno no me lo enseñe. Y lo vi hace un año, y le dije: ¿Recuerdas eso? Él dijo, ¡no le enseñe esa nota! ¡No se la enseñe!”.[5]

El plan diseñado por el Estado profundo (Deep State) para realizar el 11-S nace a partir de las altas esferas de Wall Street y gobierno americano para crear un enemigo (Terrorismo), así logrando tener el pretexto perfecto para invadir países del Oriente Medio y África del Norte. Aprovechándose del gas, petróleo y territorios, también asegurar política y militarmente a Israel y Arabia Saudí que son aliados de la región. Además, reducir las esferas de influencia a Rusia y China.

por Diego Arenas:
Analista internacional, experto en Política Exterior de Estados Unidos.




Referencias bibliográficas

[1] https://www.youtube.com/watch?v=Lybz8iOW9v0 subtitulado en español.

[2]Dmitry, B. (13 de Julio de 2017). CIA Agent Confesses On Deathbed: ‘We Blew Up WTC7 On 9/11’. Obtenido de http://yournewswire.com/cia-911-wtc7/

[3]The 9/11 Commission Report

https://www.9-11commission.gov/report/911Report.pdf

[4] Nuclear 9/11: Dimitri Khalezov on Stolen Soviet warhead used at Pentagon. Obtenido de

https://www.youtube.com/watch?v=mU8FqddKP4k

[5] Clark, W. (02 de March de 2007). Democracy Now- Independent Global News. Obtenido de https://www.democracynow.org/2007/3/2/gen_wesley_clark_weighs_presidential_bid

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