Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.

14 de agosto de 2015

¿ C R I S I S ?... ¡ L A Q U E V I E N E !

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Perdura lo que un pueblo defiende
Fidel
¿Crisis? ¿Cuál crisis? Crisis la que puede venir... o la que viene, según los menos optimistas.  La crisis que tenemos: desabastecimiento de bienes del primario y secundario, estado de malestar generalizado con brotes de descontento, disminución del nivel de vida de las clases asalariadas, agravamiento mediático en función de los propósitos de recuperación de los espacios de poder que perdieron o se compiten a las clases dominantes…  La que puede sobrevenir: escasez que lleve al hambre y a la imposibilidad de satisfacer otras necesidades básicas, brotes de violencia exponencial, caos social, pérdida del poder político a manos de sectores “estabilizadores” hasta cuando las clases dominantes puedan asumirlo por cuenta y riesgo.
En la crisis desencadenada en 1929, países latinoamericanos vieron caer estrepitosamente sus exportaciones, reduciéndose de la noche a la mañana sus ingresos de divisas hasta en un 75 %, y entre el 29 y el 33, duración de ese declive, los gobiernos se derrumbaron como castillos de naipes.  En esa oportunidad disminuyó el precio del principal rubro de exportación venezolano, pero no en la proporción a como lo hicieron otros bienes, y fue el único gobierno que sobrevivió a la crisis (matices de las razones de la permanencia del gomecismo en el poder, no vienen al caso para lo que queremos plantear en este escrito).  En el caso actual, la disminución de las divisas percibidas por el gobierno venezolano ha sido superior al 50 %, y la reacción normal sería su implosión.  No ha sido así, y tras un muñequeo económico no siempre eficaz en una sociedad con un nivel político ideológico superior,  le ha permitido sobrevivir a pesar del impacto del debilitamiento extremo del sector exportador.
La formación económico social venezolana sigue siendo capitalista, así se haya forzado la introducción de modos de producción no capitalistas, y en la ideología se haya colado elementos doctrinarios de carácter distinto, socialistas o cercanos.  Lo distinto, son sólo excelentes deseos.  Ya nuestro capitalismo era sui generis y ahora lo es más; por esa rareza, no han aparecido las soluciones auto reparadoras que genera la crisis para recomponer el sistema, ni los planteamientos teóricos que sirven de pasamanos a esos cambios.  Nuestro capitalismo pivota sobre la renta petrolera y de ahí que nada de sustitución de importaciones ni de racionalización del sector agrícola, sino sólo de presiones extremas para mantener los canales de apropiación de la renta por parte de las clases dominantes, disfrazadas de burguesía[1].   En el pasado inmediato las cosas parecían ir por camino distinto; la disposición de divisas llevó a Chávez a tratar de saldar la deuda social acumulada en toda una historia de exclusión y explotación, redistribución de la renta que se hizo sin afectar en demasía a quienes la habían usufructuado históricamente, pero sin terminar de establecer sólidamente los cambios de mentalidad necesarios para que fuese considerada un acicate para la transformación, y no sólo el resarcimiento sin compromiso de una deuda y la conformidad ante una situación ambiental.
La actual situación interna, río revuelto donde pesca las clases dominantes, es producto de las radicales maniobras externas de resguardo de un sistema que está haciendo agua por cientos de agujeros en su casco, hasta el punto de ser diagnosticado como agonizante.  La actual modalidad de crecimiento desigual, en cumplimiento de la ley que en última instancia rige al capital, la obtención de la máxima ganancia, terminó por afectar sensiblemente el bienestar de las poblaciones logrado por un capitalismo que crecía sobre realidades diferentes.  Pero la crisis actual no es del capital, que se reacomoda y busca soluciones para la conservación de su lógica (las últimas medidas financieras chinas, son un ejemplo), sino de los pobladores, de los humanos, sobre todo de los asentados sobre las fuentes de riqueza sobrevivientes a la depredación de doscientos cincuenta años de capitalismo.  Como la solución interplanetaria para la obtención de energía, agua y materiales “estratégicos” está tan en pañales, las fuentes realmente existentes en la tierra deben ser tomadas a como haya lugar, incluso si esto significa una hecatombe nuclear.  Venezuela está en el mero centro de esa terrorista estrategia capitalista, pues los venezolanos estamos parados sobre todos lo que el capitalismo necesita para recuperar su esplendor.  Las reservas petroleras, las más altas del mundo, que tanto le costó a Chávez “certificar”, camufladas hasta el momento por cómplices de los más grandes intereses internacionales, están bajo el ojo de quienes tienen diseñada desde hace medio siglo una estrategia energética, que van cumpliendo, perfeccionándola permanentemente al incorporar nuevas variantes tecnológicas.
¿Nos desbarrancaremos?  Depende de montarnos o no sobre la línea que Chávez demarcó y que ancló en lo posible.  Reforzar el caparazón defensivo, de manera de incidir en las medidas necesarias para sobrellevar las limitaciones: el comercio exterior ya debía estar nacionalizado, y la producción y distribución de bienes también, o cedidas a quienes privilegien el trabajo y la solidaridad al capital; la formación política y doctrinaria retomadas y el poder colocado en organizaciones populares remozadas.  ¿Qué se profundizaría la división y podría generarse situaciones de fuerza?  Pues no hacerlo sólo aplazaría ese destino, y contaríamos con menos fuerza para enfrentarlo.  Mientras tanto, atrapados como estamos en la lógica de las elecciones burguesas, empeñémonos en mantener el gobierno ganando las elecciones, para tener oportunidad de insurreccionarnos por utopías repotenciadas.  De lo contrario, las soluciones históricas de aplastamiento de rebeldes acaecidas en Indonesia, Chile, Argentina… serán ejemplos tibios, ante lo que sucedería por aplicación de "correctivos" a un pueblo parcialmente advertido y dispuesto, con mayor conocimiento de la historia y mucho más levantisco. 


[1] Llevo tres entregas de un escrito donde se niega desde la historia el carácter de burguesía de la que dice serlo en la estructura de clases venezolana, que en algún momento continuaré y recopilaré.

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