Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.

29 de septiembre de 2016

El Congreso de Estados Unidos asesta un golpe estruendoso a Obama y a los anglo-saudíes

El Congreso de Estados Unidos
asesta un golpe estruendoso
a Obama y a los anglo-saudíes

Jueves 29 de septiembre de 2016 — El miércoles 28 de septiembre el Congreso de Estados Unidos anuló rotundamente el veto del Presidente Barack Obama a la ley S. 2040, la Ley de Justicia Contra los Patrocinadores de Terrorismo (JASTA, por sus siglas en inglés), con una votación de 97 a 1 en el Senado a favor de la anulación, y una votación de 348 a 77 en la Cámara de Representantes. La anulación requería una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso, y se consiguió con un amplio margen bipartidista.
Las implicaciones son profundas y de largo alcance.
Ahora que JASTA es una ley en vigor, se eliminan los resquicios que habían impedido a los sobrevivientes y familiares del 11-S demandar al Reino de Arabia Saudita ante los tribunales federales de Estados Unidos por su complicidad en el 11-S. Ya se ha programado una audiencia en el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York para noviembre próximo, en el cual las familias del 11-S podrán finalmente confrontar directamente a la monarquía saudí y obtener mayores evidencias del apoyo que dio el gobierno saudí a los secuestradores del 11-S, de los cuales 15 eran ciudadanos saudíes.
La oportunidad para exhibir pruebas sobre el papel saudí en los ataques del 11 de septiembre de 2001, es ahora mayor en virtud de que el pasado 15 de julio de 2016 se publicó el capítulo de 28 páginas del informe de 2002 de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11-S, el cual reveló pruebas que hasta entonces se habían mantenido en secreto, sobre el papel del ex embajador saudí en Estados Unidos, el príncipe Bandar bin Sultan, en el apoyo de cuando menos dos de los terroristas del 11-S, junto con las pruebas de los nexos de los secuestradores con varios otros funcionarios saudíes en todos los niveles del gobierno y de la familia real.
El papel del príncipe Bandar en los ataques del 11-S es de importancia especial, debido a sus vínculos estrechos a la familia Bush y más todavía a los británicos. Bandar fue el negociador, junto con la ex primer ministra británica Margaret Thatcher, del acuerdo Al Yamamah, un acuerdo de trueque de armas británicas por petróleo saudí. Bajo el acuerdo Al Yamamah, se almacenaron cientos de miles de millones de dólares en cuentas secretas extraterritoriales conjuntas anglo-saudíes, con el propósito de financiar el terrorismo, asesinatos y golpes de Estado en todo el mundo. Un prominente miembro de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, que también es un personaje importante en la élite de defensa británica, advirtió de manera franca en junio que si se llegara a promulgar la ley JASTA en Estados Unidos, la monarquía británica y el gobierno británico podrían ser demandados, junto con los saudíes.
"Una victoria histórica"
Lyndon LaRouche, cuyo Comité de Acción Política (LaRouchePAC) se había movilizado intensamente para conseguir los resultados de hoy, caracterizó el voto como "una victoria histórica. Es causa para regocijo; ha volteado las páginas de la historia. El potencial positivo en todo el mundo es enorme". Sin embargo, LaRouche advirtió: "Qué tan lejos y hacia donde nos lleve, todavía no está claro. Prepárense para averiguarlo". Agregó asimismo que: "Recuerden, han herido duro al diablo. ¡Y el diablo no les va a dar las gracias por ello!"
La derrota abrumadora del Presidente Obama y los saudíes se alcanzó a pesar del hecho de que todo el gobierno de Obama se había movilizado para presionar al Congreso a que respaldara su veto, y la monarquía saudí había distribuido unos $9.4 millones de dólares según los informes, en un desesperado esfuerzo de cabildeo para comprar miembros del Congreso. Al final, una coalición bipartidista de prominentes senadores y representantes rechazaron las mentiras del gobierno de Obama, de que la ley JASTA planteaba una amenaza a los intereses estadounidenses en el exterior, y le asestaron la derrota más aplastante al Presidente Obama desde que asumió el cargo.
Las dos Cámaras del Congreso sostuvieron un debate de dos horas antes de la histórica votación, y la gran mayoría de los discursos destacaron los derechos de las familias del 11-S para hacer justicia finalmente, y para confrontar a la monarquía saudí y a sus agentes por su complicidad en el peor ataque terrorista que haya ocurrido en suelo estadounidense.
La mayor parte del debate se centró en desacreditar los alegatos de Obama de que la ley JASTA abriría la puerta a que se impusieran represalias contra los militares estadounidenses en servicio en el exterior, corporaciones o diplomáticos, por parte de gobiernos extranjeros. Los principales proponentes de la JASTA, como los senadores Charles Grassley (republicano de Iowa) y Charles Schumer (demócrata de Nueva York), y los representantes Robert Goodlatte (republicano de Virginia) y Jerome Nadler (demócrata de Nueva York) dejaron muy en claro, repetidamente, que la ley JASTA solo cierra un resquicio en la legislación que ha existido desde la década de 1970, para permitir a los ciudadanos estadounidenses a demandar a gobiernos extranjeros, que se haya demostrado que ofrecieran apoyo a los ataques terroristas que ocurran en el territorio estadounidense. Pero ese resquicio le permitió al Reino de Arabia Saudita evadir a la justicia en Estados Unidos por los últimos 15 años; eso terminó.
Mayores oportunidades estratégicas
El exitoso esfuerzo bipartidista para derrotar el veto del Presidente Obama a la ley JASTA, se puede y debe dirigir ahora, con la misma intensidad, hacia otras cuestiones vitales, empezando con la necesidad de que el Congreso apruebe de inmediato los proyectos de ley que hay en ambas Cámaras del Congreso para restablecer la Ley Glass-Steagall, para dividir a los bancos "demasiado grandes para quebrar" que están al borde del colapso de manera mucho peor que en 2008. El banco Deutsche Bank de Alemania, el mayor tenedor de derivados financieros en el mundo, está a punto de derrumbarse, y todo el sistema bancario transatlántico está listo para quedar aplastado como resultado directo de ese derrumbe.
El restablecimiento de la ley Glass-Steagall es un primer paso indispensable para iniciar un programa de recuperación económica genuina mediante una profusa inversión de capital en proyectos de infraestructura que son urgentemente necesarios, en investigación y desarrollo, y en particular para revivir el programa espacial de la NASA que se encuentra postrado. Un esfuerzo como este puede crear ahora mismo millones de nuevos empleos productivos. En Eurasia, bajo el liderato de China, se viene implementando un tremendo programa de inversiones en infraestructura, bajo la bandera de la iniciativa del Presidente de China, Xi Jinping, el programa de Una Franja Una Ruta. El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha adoptado es iniciativa y ha propuesto integrarla con la Unión Económica Euroasiática, lo cual caracterizó recientemente el ex embajador de Estados Unidos, Chas Freeman, como el mayor proyecto de infraestructura en la historia humana.
En vez de operar para sabotear el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, como ha sido la política de Estados Unidos bajo el Presidente Obama, Estados Unidos debe de adoptar a plenitud el programa de Una Franja Una Ruta, a fin de ampliarlo hacia un verdadero Puente Terrestre Mundial.
El Congreso de Estados Unidos, por primera vez en mucho tiempo, ha actuado con una sola voz, a favor de los intereses vitales del pueblo estadounidense. La ley JASTA beneficia a todos los estadounidenses y en particular a quienes perdieron a un ser querido en los ataques del 11-S o que fueron heridos gravemente.
El voto ofrece un mayor faro de esperanza, para que el mismo espíritu de interés nacional se pueda traducir rápidamente en otras acciones que son vitales para la supervivencia y la prosperidad de Estados Unidos y del mundo entero.

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