El título expresa una confusión que ha venido
rodeándonos, inducida por distintos voceros mediáticos que se arrogan a veces
el derecho a hablar en nombre de todos, de representarnos, o mejor dicho, de
sustituir nuestra presencia activa, participativa, protagónica, en las
decisiones que deslinda la República Bolivariana de Venezuela, del casi extinto
Estado puntofijista cipayo, modélico para la burguesía parasitaria y su
exquisita cultura confiscatoria de Reverón; clásica guzmancista, sinfónica; de
Billo's y La Estancia, de la otrora Gente del Petróleo y la Fundación Bigott;
de carrozas carnestolendas, caviar, y wiski con Pepsi Cola.
La adjetivación se hace indispensable en esta
Babelia tecno intelectual creada por la postmografía sociológica de las últimas
décadas del siglo pasado, las categorías impuestas por academias bélicas, son
sicóticamente repetidas por los memes opinantes de WhatsApp, Facebook, y
cualquier artilugio de psicoguerra aplicada a la inteligencia humana por la
invasora inteligencia del Pentágono; es decir, hacia estas coordenadas
geoestratégicas, quienes determinan tal difusión memética son los
globalizadores imperiales.
Cualquier improvisación de los discurseadores
criollos, obedece a la inconsciencia esquizoide de sus emisores. No sé cansan,
aunque cambien la cachimba editorial, sobre todo esos ajados (por sempiternos
escuálidos odiadores de Chávez) venidos a "conciliadores" sutiles con
Nicolás en El Universal, algunos caraqueñizados por su pasado
cuartarepublicanos en AD y el MIR de Moleiro y otros de la Mérida que han hecho
gala y desfile en la cohorte del Cardenal Porras; sí, el mismo que ruega a dios
por más sanciones a cambio de ver a Nicolás Maduro y a Diosdado en una celda
yankee.
La falsa autoridad democratica
De este lado tenemos a quienes se erigen como
autoridad; las y los relativamente funcionarios empeñados en razonar -y
sostener su figuración pública, aunados a los cabecillas de la desbandada ultra
derecha maltrecha. Tiempo perdido, porque de cierto lado opuesto tenemos al señor
Florido, al ilustrado Andrés Caleca, al inefable Capriles, al filósofo Manuel
Rosales, quienes son metabólicamente ineptos para el raciocinio; carecen de las
premisas elementales para la construcción de un primitivo pensamiento
silogístico que vaya más allá del diálogo entre sordos. Y en eso andan; en el
más perfecto, infértil, fastidioso, y escandalosamente peligroso diálogo de
sordos, estimulado por los habilidosos laboratorios de guerra sucia
norteamericanos.
Insistir en legitimar a algunos zombis como
representante de una mayoría popular, enfrentada al presidente Maduro, es una
estupidez; es la respuesta de los derrotados por la máxima goebbeliana de la
mentira repetida cien veces, esa mentira idiotamente avalada por los
autoproclamados líderes de una nada. Ya la paz fue sellada por el pueblo
venezolano el 30 de julio de 2017, y la verdadera autoridad democrática se
demostró ese día a punta de votos.
Ya el pueblo venezolano conquistó la paz junto a
Chávez, y luego con Maduro, junto a mujeres y hombres inmolados durante
las guarimbas MUDaicas; ya el pueblo decretó el diálogo con La Constituyente en
Asamblea, para eso fue y es plenipotenciario Jorge Rodríguez; el único
foro para todo diálogo con cualquier interlocutor, es la Asamblea Nacional:
para eso están subordinados a ella todos los poderes públicos y todos los
funcionarios por altos que sean sus cargos.
¿O es que el sarcófago opositor tiene supra
poderes otorgados por quién, y por qué? ¿O acaso hay quienes ejerzan poderes
distintos para la toma de decisiones? Si es así, vamos a reordenar de una vez
por todas esta embriaguez de poderes alocados, dispersos e indefinidos.
Refundar La República -justo en tiempos de
decadencia civilizatoria Vaticana, y Norteamericana-, no es soplar para sacarle
ruido a las botellas, como acostumbra la diplomacia de cocteles y peletería.
Porque resulta que el imperio sí sopla el ruido
de misiles, de ametralladoras, de ejércitos mercenarios y bombas de racimo.
Documentales hay bastantes sobre Hiroshima y Nagasaki, transmisiones en tiempo
real abundan desde Siria, Libia, Irak, en esta era después de Chávez y sus
advertencias respecto a las universales agonías del capitalismo, y a las
patadas de ahogado que nos puede atinar si nos dejamos seducir con filigranas
de oropel, con ofertas fondomonetaristas, con diálogos, acuerdos,
negociaciones, entendimientos comunes e insípidos.
Los pactos entre caballeros templarios que los
firme el Conquistador de piras humanas en Altamira, Leopoldo López o sus
socios.
Nuestros verdaderos amigos no nos están
invitando a pactar porque no nos consideran un peligro, reconocen y respetan
nuestra democracia participativa. Nuestros verdaderos amigos saben que no
enfrentamos crisis derivada del "Estado fallido", que la crisis les
estalló hace rato a los liberalistas neocoloniales como Macri, Temer, Peña
Nieto, Duque, Bolsonaro, Kuczynski, porque desconocen la vergüenza histórica.
Nuestros verdaderos amigos saben, que la
oposición no tiene forma ni contenido, que su cascarón vacío no tiene, nunca ha
tenido, espacio ni tiempo social o político, que sigue siendo la MUD con
añadidos de siglas y se limita a un puñado de sujetos que de vez en cuando se
huelen el ombligo unos a otros desde un auditorio sordo, ciego, mudo, y para
rematar: acéfalo.
Es indispensable la reflexión, minuto a minuto,
sobre lo que decimos y lo que hacemos; para ensayar la síntesis, para
acercarnos sin prisa, pero sin pausa, a eso que llaman teoría, o sea; combinar
armoniosamente lo pensado, lo dicho, y lo hecho. Conciliar la coherencia con lo
cotidiano es la única cura en salud para no arribar definitivamente a la
esquizofrenia política.
Que nada ni nadie pretenda desplazar a la
Asamblea Nacional como el único espacio político, social, comunal, decisivo,
por las facultades plenipotenciarias dotadas por el bravo pueblo, para blindar
la República Bolivariana de Venezuela, contra todos los enemigos de la
soberanía, la democracia participativa, el antimperialismo, el socialismo, y el
profundo chavismo enraizado en los corazones bolivarianos de los pueblos del
mundo.
Unidad, lucha, batalla y victoria: cualquier
otro camino es de los verdes.
Punto.