Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

11 de agosto de 2026

La Arquitectura de la Integración Forzada: Medidas Estructurales para la Anexión de Facto de Venezuela

 


La desaparición repentina del centro del poder ejecutivo en Caracas, ocurrida el 3 de enero, no es un mero incidente policial, sino un catalizador geopolítico que ha precipitado un cambio de régimen en tiempo real. Ante el vacío de soberanía y la intervención militar y diplomática de Washington, el proceso de anexión de facto no puede entenderse como una ocupación territorial clásica, sino como una implosión soberana inducida desde el exterior. Para que esta transición sea irreversible, Estados Unidos no se limitará a cambiar banderas; deberá reconfigurar los tres pilares que sostienen a un Estado-nación: la economía real, el sistema financiero y la administración de justicia. Las medidas que se implementarán en los próximos meses no buscan la victoria militar, sino la disolución de la autonomía operativa del país.

El primer movimiento estructural, y quizás el más silencioso pero definitivo, será la dolarización oficial mediante la sustitución del marco cambiario. Venezuela ya posee una economía parcialmente dolarizada en la práctica, pero la anexión exige la eliminación total del bolívar como unidad de cuenta y medio de pago legal. Esto no se hará por decreto nacional, sino mediante la inclusión de Venezuela en la zona del dólar como un territorio aduanero especial. Para ello, Estados Unidos creará un "Fondo de Estabilización Monetaria Venezolano" financiado con activos internacionales congelados, que se encargará de retirar la masa monetaria local y emitir certificados de depósito en dólares para los salarios y el comercio minorista. Al eliminar la capacidad del Estado de financiar su déficit mediante emisión inorgánica, se desactiva el principal mecanismo de influencia de las élites políticas locales, transfiriendo el control de la liquidez al Sistema de la Reserva Federal.

Lejos de ser una medida punitiva, la dolarización oficial es la llave que abre la puerta a la segunda transformación: la privatización de los activos energéticos bajo el paraguas de la seguridad nacional estadounidense. La industria petrolera venezolana será reestructurada mediante un mecanismo de "concesiones administrativas" que otorgará el control operativo de los campos maduros y la Faja Petrolífera del Orinoco a empresas estadounidenses y europeas precalificadas, pero con una cláusula inédita: la participación accionaria mayoritaria quedará en manos de un fideicomiso público gestionado por el Departamento del Tesoro. Esto garantiza que el 60% de los ingresos brutos por exportación se destinen directamente al pago de la deuda externa reestructurada y a la compra de bonos del Tesoro estadounidense, atando la suerte fiscal de Venezuela a la salud financiera de Washington. Así, los recursos naturales del país dejan de ser un botín de guerra y se convierten en un instrumento de amortización de la intervención.

En el terreno institucional, la anexión de facto exige la neutralización del Poder Judicial como ente autónomo, y para ello se implementará un sistema de "auditoría jurídica externa". Este mecanismo permitirá que jueces federales de los distritos de Florida y Texas revisen las sentencias sobre propiedad privada y contratos públicos, estableciendo un precedente de jurisdicción concurrente. La estrategia no es disolver la Corte Suprema venezolana, sino crear una "Sala de Revisión de Garantías" que solo podrá ser integrada por magistrados designados en consulta con la Corte Suprema de Estados Unidos. Esta sala tendrá competencia exclusiva sobre cualquier litigio que involucre inversiones extranjeras, delitos económicos o reclamaciones de expropiados. De esta forma, el imperio de la ley local se subordina al precedente del common law, transformando el sistema judicial en un apéndice burocrático de la administración norteamericana, pero sin la necesidad de declarar formalmente la anexión.

Por supuesto, la estabilidad de estas medidas no puede sostenerse únicamente con cambios normativos; requiere un control poblacional específico que evite la fuga de talentos y el caos social. Aquí es donde entra en juego la cuarta medida estructural: el intercambio de la soberanía migratoria por un estatus migratorio condicionado. Estados Unidos instaurará un programa de "Permisos de Residencia Temporal por Colaboración Económica", ligado directamente a la tenencia de un empleo formal en las nuevas industrias privatizadas o en el sector de servicios públicos. Esto no solo frena la migración masiva hacia el norte, sino que convierte a los trabajadores calificados en rehenes burocráticos del sistema. El que quiera salir de Venezuela deberá renunciar a su empleo, y al renunciar pierde el derecho a optar por la ciudadanía norteamericana en el futuro. Es un embudo de doble entrada: se garantiza mano de obra barata para la reconstrucción de infraestructura y se desestimula el éxodo, manteniendo la presión social controlada mediante el miedo a la pérdida del estatus.

La quinta transformación, y quizás la más sutil de todas, afecta al espacio público digital. Estados Unidos desplegará un "Protocolo de Interoperabilidad de Datos" que conectará directamente el sistema de identificación venezolano (SAIME) con el Departamento de Seguridad Nacional. Esto permitirá unificar el carnet de identidad venezolano con el sistema de verificación biométrica de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), convirtiendo la cédula en un documento funcionalmente equivalente al Real ID. Las implicaciones de esto son profundas: cualquier movimiento financiero, viaje interestatal o transacción comercial quedará registrado en servidores estadounidenses, bajo la legislación de la Ley Patriota. La vigilancia masiva se institucionaliza como un servicio de normalización administrativa, y la población aceptará esta intromisión a cambio de la promesa de poder viajar o comerciar con el norte sin restricciones de visado.

Mientras tanto, el sector educativo será sometido a una reforma curricular impulsada por la USAID, no mediante imposición, sino mediante la oferta de acreditación universitaria estadounidense para los programas de ingeniería y ciencias. La estrategia consiste en asfixiar económicamente a las universidades públicas que no adopten los estándares de la Comisión de Acreditación de Colegios del Sur, y redirigir los fondos de cooperación hacia las instituciones privadas que sí lo hagan. En cinco años, todos los títulos profesionales de alto nivel serán homologables solo si se estudia bajo un esquema de créditos estadounidense, lo que obliga a las nuevas generaciones a pensar en términos de empleabilidad en el mercado norteamericano, desconectando la formación técnica de las necesidades del desarrollo local y atándola a la demanda de las corporaciones transnacionales.

La anexión tampoco olvida el control territorial físico más allá de las ciudades. Washington implementará una "Estrategia de Desarrollo de la Cuenca del Orinoco" que militarizará los pasos fronterizos con Colombia y Brasil mediante la construcción de bases logísticas mixtas. Sin embargo, lo realmente estructural no son los soldados, sino la creación de una Agencia de Administración de Fronteras que operará con fondos norteamericanos y funcionarios locales entrenados por el ICE. Esto permitirá gravar el comercio de cabotaje y controlar el contrabando de extracción de oro y coltán, pero, sobre todo, establecerá un cordón sanitario económico que impida que cualquier producto no certificado por la FDA o la FTC entre en el circuito formal. La soberanía alimentaria y farmacéutica quedará subordinada a los estándares estadounidenses, convirtiendo a Venezuela en un mercado cautivo para los productos procesados y medicamentos de patente norteamericana.

Finalmente, para que este entramado funcione sin generar una resistencia armada organizada, Estados Unidos desplegará una "Misión de Asistencia a la Gobernanza Local", que disolverá los consejos comunales y las misiones sociales para reemplazarlos por ONGs estadounidenses que gestionarán los subsidios de alimentos y electricidad. Esta medida, aunque parece asistencialista, es el tornillo de ajuste más importante: la entrega de bolsas de comida o la reparación de un transformador eléctrico dependerá de la firma de un "Acuerdo de Cumplimiento de Metas de Desarrollo", que incluye cláusulas de no beligerancia y censura a discursos de odio. La población, acostumbrada a las fallas en los servicios, percibirá esta intervención como una mejora, sin advertir que su supervivencia diaria pasa a depender de la aprobación de los funcionarios norteamericanos, cerrando el ciclo de la anexión en el plano psicológico y cotidiano.

La anexión de facto no se declarará en un discurso, ni se plasmará en un tratado; se realizará mediante la superposición progresiva y sistémica de instituciones y estándares. Las medidas descritas no son caprichos tácticos, sino la aplicación de un manual de control posmoderno: desposeer al Estado de su capacidad monetaria, desarticular su poder judicial, subordinar su economía real a los intereses fiscales de Washington y, finalmente, condicionar la vida civil a la burocracia extranjera. Venezuela dejará de ser un país ocupado para convertirse en un distrito funcional, donde las leyes locales existen, pero son irrelevantes frente a los decretos administrativos de la potencia hegemónica. La historia enseña que los imperios no se expanden solo con cañones, sino con expedientes, tasas de interés y formularios de inmigración. Y es precisamente en esos detalles burocráticos, que parecen inocuos, donde se consumará la derrota de la soberanía nacional.

Venezuela no es Irán

 


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De prensabolivariana en agosto 11, 2026

Por: Luis Britto García*

Recapacita. Piensa en tí mismo, en aquellos con quienes te relacionas, y llegarás a la misma conclusión que un servidor. Desde la firma del desastroso Paquete Económico  con el Fondo Monetario Internacional en febrero de 1989, nunca como ahora  había experimentado nuestro país un sentimiento tan unánime de desconcierto, rabia contenida y repulsión de que otros decidan por nosotros.

En octubre de 2025, según consulta de Hinterlaces, 83% de los encuestados afirmó que estaría dispuesto a enfrentar una invasión militar extranjera. El ataque llegó, se nos negó la posibilidad de resistir, y enfrentamos ahora una invasión invisible. Una Planta Insolente del Extranjero que casi no aparece en pantalla, pero que  nos pisotea, aplasta uno  tras otro los atributos ejecutivos, legislativos, judiciales y morales  de la soberanía, nos roba en un solo semestre petróleo por valor de 13.000 millones de dólares que nadie sabe dónde están, y remodela nuestro país para que el latrocinio continúe indefinidamente.

Junto con el saqueo, sobre Venezuela ha caído un manto de opacidad que relega al misterio todo lo que importa, salvo una que otra voz que infiltra medios informales. María Alejandra Díaz Marín nos advierte desde Colombia sobre el intento de remoción de todos los límites constitucionales que obstaculizan el saqueo. Mario Silva contrasta lo que decían y ahora dicen los políticos. Ramsés Reyes confiesa que “escupe sangre”. José Sant Roz proclama en Ensartaos:  «Me estremezco de indignación cuando veo que dicen «Irán no es Venezuela», «Cuba no es Venezuela».

Las comparaciones son odiosas, pero más odioso es que las eludamos para no examinarnos.

Por mi parte predico que la cólera es un recurso natural más valioso que el petróleo y el oro que nos saquean, porque es infinitamente renovable y más fructífero que la resignación. Admiro a todos los países que han sacudido los yugos de los imperios. Agradezco a quien nos  reprocha que aparentemente hayamos dejado de hacer  lo mismo. Ni siquiera invoco la rabia sagrada del Decreto de Guerra a Muerte, que liberó lo que son hoy seis países. El aserto de que no somos como tal o cual  otro reitera que libertad y soberanía no caen del cielo ni se defienden solas. Se conquistan tras extrema pedagogía de lo insoportable.

Venezuela no es Irán. Nada más cierto. Desde 1941 vivía la nación persa bajo la dictadura del Shah Reza Pahlevi. El movimiento nacionalista Majlis logró que en 1951 fuera designado primer ministro Mohammed Mossadegh, quien nacionalizó la industria petrolera. Los países hegemónicos le bloquearon la venta de hidrocarburos. En 1953 la CIA y el M-16 azuzaron manifestaciones callejeras, un golpe militar destituyó a Mossadegh, y confirmó como  dictador al Shah Resa Pahlevi, quien entregó el petróleo a europeos y yanquis y presidió represiva autocracia. Sólo en 1979, al cabo de interminables 37 años de feroz dictadura monárquica y consecutivo robo del petróleo por potencias extranjeras,  marejadas de iraníes depusieron al pelele y confirmaron que la autonomía no se entrega: se defiende. Extremaron la afirmación de su identidad cultural. Afrontaron el asesinato selectivo de sus científicos y dirigencias hasta hacerse inexpugnables. Vencieron guerras contra el vecino Irán instigado y armado por Estados Unidos, y ahora contra el Imperio mismo. Dividieron su sistema defensivo en “mosaicos” capaces de seguir resistiendo cuando otros hubieran caído. No somos como los admirables iraníes. Pero éstos nos enseñan áspero camino para serlo. 

No somos como los cubanos. Cuando  José Martí llega a Caracas en 1881 y visita ante todo la estatua de Bolívar, hacía ya 57 años que habíamos independizado lo que ahora son seis países. El Libertador incluyó en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 el objetivo de la emancipación de Cuba, Puerto Rico y la Española, y proyectó coronarla con una expedición que nuestro secesionismo frustró.  Todavía le quedaba al Apostól y a Cuba cursar una amarga pedagogía. A Martí, la muerte en su primer combate. A su Patria,  la  humillación de una Independencia interferida por la invasión estadounidense de 1898,  y de una  soberanía mancillada por la Enmienda Platt. Y todavía le restaba la amarga cartilla de 60 años de dictaduras y corruptelas apañadas  por Estados Unidos, hasta que llegó el Comandante y mandó a parar. Nunca se sintió humillado el Apóstol porque en sus tiempos Cuba no fuera como Venezuela. Inmoló su frágil existencia en la tentativa prometeica de superarla, y su legado perfora la conciencia como hierro al rojo vivo.

China no es como Venezuela. A partir de 1848 fue asaltada por Inglaterra para forzarla a comprar opio. Mediante los Infames Tratados las potencias occidentales la sembraron de bases militares y gobiernos títeres. Desde 1931 los japoneses le invadieron Manchuria; el resto del mundo la amenazó, bloqueó o ignoró. Sólo después de un amargo siglo de humillaciones pudo en 1948 retomar el arduo camino que lleva a Primera Potencia del Mundo.

No, Venezuela no es Argelia, no es Vietnam, no es Corea, no es Afganistán, no es la India, no es Paquistán, no es Somalía, no es Yemen. Las precedió.  Tuvimos en 1810 una Patria Boba que debió aprender a vencer  hasta que en 1825 dio lecciones al mundo. Hoy nos toca entender, con tantas naciones admirables, que no hay más independencia que la que se conquista ni más soberanía que la que se defiende. 

Noticiasde Venezuela

na vez más, la metrópoli de turno pierde la hegemonía. Sus bases son demolidas, sus mercenarios puestos en fuga. Su Congreso niega los fondos para sus insensatas agresiones, sus fuentes energéticas se le escapan, su fraudulenta moneda sin respaldo se esfuma, las potencias emergentes la rebasan en economía, ventajas sociales, ciencia, cultura y   defensa.  El camino se bifurca entre el  sendero de la extinción y el de la Utopía.

Lo que tiene que reaprender Venezuela es a ser como Venezuela.

TEXTO/FOTOS:LUIS BRITTO. 

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*Luis Britto García (Caracas, 1940) es uno de los intelectuales más prolíficos y polifacéticos de la Venezuela contemporánea. Narrador, ensayista, dramaturgo y doctor en Derecho, su obra destaca por una aguda crítica social y un manejo magistral del lenguaje. Alcanzó el reconocimiento internacional tras ganar en dos ocasiones el prestigioso Premio Casa de las Américas: primero en narrativa con su libro de relatos Rajatabla (1970) y luego en ensayo con La máscara del poder (1988). Su estilo se caracteriza por el uso de la ironía, el humor negro y la experimentación formal, explorando la identidad latinoamericana y las estructuras del poder. Además de su labor literaria, es un influyente analista político y profesor universitario. Entre sus novelas más emblemáticas destaca Abrapalabra, una pieza clave de la literatura venezolana moderna. En 2002, recibió el Premio Nacional de Literatura en reconocimiento a su trayectoria. Su legado abarca desde el guion cinematográfico hasta el dibujo, consolidándose como una voz imprescindible del pensamiento crítico. http://luisbrittogarcia.blogspot.com  ♦

10 de agosto de 2026

Quién era Jorge Messi, el padre y representante que operó en silencio detrás del éxito de Lionel

 

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De prensabolivariana en agosto 8, 2026

Fue determinante durante los inicios de la carrera de Lionel, en un momento en que los clubes argentinos no querían costear el tratamiento hormonal que necesitaba.

Jorge Messi, fallecido este sábado a los 68 años, fue mucho más que el padre de Lionel Messi: durante décadas estuvo en el detrás de escenas de algunas de las decisiones más importantes en la carrera del futbolista argentino.

En una conversación con el canal de televisión TyC Sports, Lionel rememoró con gran afecto la estrecha relación que mantenía con su padre, a quien describió como un trabajador incansable que iniciaba su jornada a las cuatro de la madrugada y no regresaba a casa sino hasta la hora de cenar durante su infancia en la ciudad de Rosario.

Figura determinante en los inicios de la carrera del astro

Junto a su esposa, Celia Cuccittini, Jorge acompañó a su hijo desde sus primeros pasos en el fútbol infantil de Newell’s Old Boys. Su papel fue especialmente importante en una etapa en la que Lionel todavía era un niño y su futuro profesional estaba lejos de estar asegurado. En esos años, los clubes argentinos no querían afrontar el costoso tratamiento por el déficit de hormona de crecimiento que padecía.

Así, decidió probar suerte con el F.C. Barcelona y encabezó las negociaciones con el equipo culé para que se hiciera cargo del tratamiento. Su persistencia ante la directiva derivó en un histórico contrato firmado en una servilleta de papel, que selló el destino de Lionel. Padre e hijo —Lionel tenía entonces 13 años— cruzaron el Atlántico y se instalaron en España. No fue una decisión fácil, ya que implicaba separar a la familia y dejar, por un tiempo, a Celia y a sus otros tres hijos en Rosario.

Acompañamiento durante el despegue y consolidación de Lionel.

Sin formación previa como agente —en Rosario había sido gerente metalúrgico— Jorge aprendió a administrar contratos, acuerdos y negociaciones. Con el tiempo, se convirtió en el representante de Lionel, mientras su carrera avanzaba desde las inferiores hasta consolidarse en el equipo catalán.

Su lugar como representante adquirió cada vez mayor peso a través de la empresa Leo Messi Management, en donde fue determinante para las renovaciones de contrato y todos los negocios alrededor del delantero. «Nosotros tratamos de que él solo se dedique a jugar«, afirmó en su momento Jorge.

Alejado de las cámaras

Pese a la importancia que tuvo en el detrás de escena de la carrera de Lionel, Jorge optó por un perfil mediático bajo y su voz casi no se conoció en los medios. No obstante, su gestión no estuvo exenta de polémica: tuvo que enfrentar escrutinios de la hacienda española, las críticas que llovían sobre su hijo durante los momentos en que no podía consagrarse campeón con la selección argentina y la salida del astro del F.C. Barcelona

En los últimos años atravesó una enfermedad, que se agravó durante el Mundial 2026. En el partido debut ante Argelia, en la celebración del primero de sus tres goles, el capitán argentino rompió en llanto. «Fueron unos días difíciles y complicados» aseveró al ser preguntado, explicando que se trataba de una cuestión «ajena a lo deportivo».

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