Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

15 de octubre de 2026

Sobre la Autonomía Universitaria

 

Pedro Grima Gallardo
Candidato al Rectorado de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela

Pedro Grima Gallardo y Dubraska Emperatriz Durango de Grima

La autonomía universitaria no solo enfrenta presiones externas provenientes del gobierno de turno; el control ejercido por organizaciones políticas a través de las estructuras de gobernanza interna de la universidad constituye igualmente una erosión sustantiva de la autonomía. Los estándares internacionales de derechos humanos y la experiencia del derecho comparado demuestran que la autonomía universitaria genuina exige que la universidad resista simultáneamente la interferencia tanto del poder estatal como de la política partidista, preservando la independencia de las decisiones académicas y la lógica autónoma de la producción de conocimiento.

La ubicación del derecho de autonomía en el marco del derecho internacional

La recomendación de la UNESCO (1997) relativa a la condición del personal docente de la enseñanza superior  establece el marco normativo fundamental de la autonomía universitaria. Este documento señala explícitamente que las instituciones de educación superior deben gozar del derecho a gestionar sus asuntos internos de manera autónoma sobre la base de las calificaciones académicas, la competencia y la experiencia, y al mismo tiempo subraya que "las instituciones de enseñanza superior no deben utilizar la autonomía como pretexto para limitar los derechos del personal docente". Esta formulación revela la doble dimensión del derecho de autonomía: constituye tanto un mecanismo de defensa frente a la injerencia externa como una restricción normativa sobre la propia conducta de gobernanza de la universidad.

Desde una perspectiva de jerarquía normativa, el fundamento jurídico de la autonomía universitaria se origina en la estructura compuesta del derecho a la educación y la libertad académica. Los Principios sobre la libertad académica y la autonomía universitaria adoptados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2021 confirman además que la autonomía universitaria es el presupuesto institucional indispensable para la supervivencia de la producción de conocimiento y el pensamiento crítico en una sociedad democrática. El aporte central de estos principios radica en redefinir la autonomía, pasando de ser un simple privilegio institucional a ser un arreglo funcional destinado a proteger el interés público: el valor de la autonomía no reside en la universidad misma, sino en que permite a la universidad cumplir fielmente su misión de producción y difusión del conocimiento al servicio de la sociedad.

Modalidades típicas de la intervención gubernamental

En el panorama del derecho comparado, la erosión gubernamental de la autonomía universitaria suele adoptar tres formas progresivas. El instrumento más básico es la asfixia presupuestaria. Mediante la reducción o condicionalidad de las asignaciones, el gobierno puede influir sustancialmente en la agenda de investigación y la orientación docente de la universidad sin intervenir directamente en los planes de estudio o los nombramientos de personal. Estudios empíricos latinoamericanos muestran que este instrumento tuvo una presencia significativa durante los gobiernos de Bolsonaro en Brasil y de Milei en Argentina. Los documentos analíticos de la UNESCO describen este fenómeno como "la correlación inversa entre autonomía y apoyo financiero": la expectativa de expansión de la autonomía suele acompañarse de una reducción de los fondos públicos.

Instrumentos más invasivos implican la manipulación directa de las estructuras de gobernanza. Cuando el gobierno modifica mediante legislación o decreto la composición de los consejos universitarios, interviene en los procedimientos de selección del rector o altera unilateralmente las reglas electorales, la base institucional de la autonomía queda desmantelada.

La forma más extrema se manifiesta en la represión directa de la libertad académica. Las investigaciones de la UNESCO señalan que "una de las primeras acciones que emprenden los regímenes autoritarios es la abolición de la autonomía universitaria", y que su restauración suele acompañar al retorno del Estado de derecho. Esta observación revela una regularidad política repetidamente verificada: la situación de supervivencia de la autonomía universitaria constituye un indicador fiable para medir la naturaleza de un régimen político.

Los mecanismos ocultos de la erosión interna

Sin embargo, el marco analítico que atribuye íntegramente la amenaza a la autonomía a fuerzas externas adolece de un punto ciego significativo. La ciencia política comparada ha señalado desde hace tiempo que la actividad de las organizaciones políticas en el ámbito universitario tiene un doble efecto: pueden funcionar como canales constructivos de expresión de intereses sociales, pero también pueden degenerar en "grupos de presión" que anteponen intereses facciosos a la misión universitaria. Cuando esto último ocurre, la erosión de la autonomía se desplaza del exterior hacia el interior.

El mecanismo de este proceso radica en lo siguiente: tras obtener una voz institucional mediante su participación en los órganos de gobernanza universitaria, las organizaciones políticas pueden utilizar esa posición para impulsar decisiones favorables a su agenda política y no a los objetivos académicos. Estas decisiones pueden tener una apariencia legítima, conformes a las reglas procedimentales, sometidas a deliberación adecuada, pero en su sustancia sustituyen el juicio académico por intereses partidistas. La investigación comparada latinoamericana ha documentado múltiples casos en los que la renovación de las autoridades universitarias, la orientación de la asignación presupuestaria e incluso la modificación de los planes de estudio fueron sistemáticamente distorsionadas por consideraciones de política faccional.

La forma más sutil implica la politización de los criterios de evaluación académica. Cuando los nombramientos, las promociones o la asignación de financiamiento para la investigación comienzan a vincularse con la lealtad política, la libertad académica queda vaciada desde dentro. La recomendación de la UNESCO advierte explícitamente al respecto: el personal docente goza de "la libertad de expresar su opinión sobre las políticas de la enseñanza superior", y "no debe ser sancionado por el solo hecho de ejercer estos derechos". La proposición inversa de esta norma es igualmente válida: cuando los miembros de la comunidad académica sufren consecuencias profesionales por razones de posición política y no por criterios académicos, la libertad académica que la autonomía institucional protege se ha perdido sustancialmente.

La lección normativa de Venezuela

La experiencia venezolana de los últimos años ofrece un caso de valor analítico normativo para comprender la doble erosión de la autonomía. La Ley de Universidades de Venezuela establece formalmente cuatro dimensiones de la autonomía: autonomía organizativa (elaboración de normas internas), autonomía académica (planificación de proyectos de investigación y docencia), autonomía administrativa (elección y nombramiento de autoridades) y autonomía económica-financiera (gestión del propio patrimonio). La jurisprudencia del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela también reconoce que la autonomía universitaria es "una prolongación del derecho a la educación como derecho fundamental", y que su protección constitucional requiere vincularse con una vulneración concreta de derechos para poder ser invocada.

No obstante, existe una brecha significativa entre el texto normativo y la práctica institucional. Los informes regionales del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas señalan que las universidades públicas venezolanas enfrentan "políticas de asfixia financiera" que constituyen "un ataque típico contra la autonomía universitaria en el contexto de un retroceso democrático". Paralelamente, persiste la injerencia gubernamental en los sistemas de admisión y en la elección de autoridades a través de organismos como el Consejo Nacional de Universidades. La significación normativa de este caso radica en que demuestra que el reconocimiento legal de la autonomía no se traduce automáticamente en una garantía sustantiva de la misma: cuando el poder político considera sistemáticamente a la universidad como un campo de competencia ideológica y no como un espacio independiente de producción de conocimiento, la norma formal de autonomía queda reducida a retórica.

La distinción normativa entre libertad académica y autonomía institucional

La comprensión de los fenómenos descritos exige clarificar una confusión teórica. Los documentos de análisis de políticas de la UNESCO señalan explícitamente que "autonomía" y "libertad académica" deben distinguirse rigurosamente. La libertad académica es un derecho del individuo: buscar la verdad en la enseñanza, publicar conclusiones en la investigación sin temor a ser castigado por ofender alguna ortodoxia política o social. La autonomía institucional, en cambio, es un arreglo de nivel organizativo cuya extensión puede variar según el tiempo y las condiciones, y que no debe entenderse como un rechazo total al control externo, sino como "una posición que permite a las instituciones de educación superior y a la sociedad comunicarse y negociar eficazmente".

La importancia crucial de esta distinción radica en que la autonomía institucional no garantiza automáticamente la libertad académica. Una universidad altamente autónoma puede seguir reprimiendo internamente la libertad académica, mediante la concentración del poder administrativo, la politización de la asignación de recursos o la marginación de académicos disidentes. A la inversa, una institución estrictamente controlada por el gobierno puede, hasta cierto punto, garantizar la libertad académica de los académicos individuales. La declaración de la Asociación Internacional de Universidades lo expresa con claridad: la autonomía universitaria es "un arreglo condicional que la sociedad confiere a la universidad", y su legitimidad deriva de que la universidad cumpla fielmente su función social de producción y difusión del conocimiento. Cuando la dinámica política interna de la universidad la desvía de esta función, la autonomía pierde su fundamento moral.

Conexión entre la radiación cósmica y la sismicidad

 

Pedro Grima Gallardo
Candidato al Rectorado de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela

Pedro Grima Gallardo y Dubraska Emperatriz Durango de Grima

I. Hipótesis y Mecanismos Propuestos

La idea central es que los rayos cósmicos, especialmente los de origen galáctico (que son modulados por la actividad solar), pueden influir en la Tierra de maneras que afectan la actividad sísmica. Se han propuesto varios mecanismos:

-Influencia en la Atmósfera y la Geosfera: La radiación cósmica ioniza la atmósfera, y se ha sugerido que esto podría afectar los procesos atmosféricos y, a través de complejas interacciones, incluso influir en la corteza terrestre. Un estudio de 2021 sugiere que la relación entre la actividad solar y la sismicidad estaría mediada por la modulación de los rayos cósmicos y procesos atmosféricos que "provocan" terremotos en zonas ya tensas tectónicamente.

-El Rol del Viento Solar: La actividad solar, a través del viento solar, modula la cantidad de rayos cósmicos que llegan a la Tierra. Un estudio clave muestra que los terremotos más fuertes (de magnitud 7 o superior) ocurren con mayor frecuencia durante la fase descendente del ciclo de 11 años de actividad solar. Es en esta fase cuando el flujo de rayos cósmicos galácticos es mayor, ya que el viento solar debilitado los desvía con menos intensidad.

Disparadores Directos: Otras investigaciones apuntan a efectos a más corto plazo. Se ha observado que el número de terremotos fuertes aumenta tras ciertos eventos, como las disminuciones de Forbush (caídas repentinas del flujo de rayos cósmicos) con un retraso de 1 a 6 días, o después de eventos de rayos cósmicos solares de alto nivel (GLE), con un retraso de unos 8 días.

II. Evidencias y Hallazgos Recientes

La búsqueda de una correlación sólida ha dado lugar a algunos descubrimientos notables en los últimos años:

-Correlación Precursora a Escala Global: Un estudio publicado en 2023 en el Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics (Observation of large scale precursor correlations between cosmic rays and earthquakes with a periodicity similar to the solar cycle - ScienceDirect) ha encontrado, por primera vez, una correlación a gran escala entre las variaciones en la tasa de detección de rayos cósmicos secundarios y la actividad sísmica global. El hallazgo más significativo es que esta correlación tiene un carácter precursor: las variaciones en los rayos cósmicos se correlacionan con la sismicidad que ocurrirá aproximadamente dos semanas después. Esta es una diferencia clave con la hipótesis previa sobre los ciclos glaciales que mencionaba.

-Periodicidad Solar y Fase: Esta correlación no es constante, sino que muestra una periodicidad que se asemeja al ciclo solar de 11 años, pero con un desfase de unos tres años.

-Influencia de la Geomagnetismo: Otro enfoque ha analizado la distribución geográfica. Se ha observado que el mayor número de terremotos ocurre en zonas donde las líneas del campo magnético terrestre (con un valor L-shell específico) se conectan con la corteza, y que la ocurrencia de los más fuertes en estas regiones está modulada por el ciclo solar.

III.    Un Campo de Estudio con Desafíos

Es fundamental entender que esta es un área de investigación compleja y en desarrollo. No existe un modelo físico único y aceptado que explique completamente el fenómeno.

-Complejidad del Sistema: La sismicidad es el resultado de múltiples factores geológicos internos. Es un factor que puede influir, pero no es el único.

-Debate sobre la Correlación: Mientras unos estudios reportan correlaciones estadísticamente significativas (como las mencionadas en el punto anterior), otros señalan la falta de una correlación directa y simple con un solo factor, como el número de manchas solares.

-Nuevas Fronteras: La investigación más reciente explora incluso hipótesis alternativas para explicar estas correlaciones, como la posible influencia de una corriente de materia oscura cargada que, al ser modulada por campos magnéticos, podría generar los efectos observados tanto en rayos cósmicos como en la actividad sísmica.

En resumen, los trabajos muestran una línea de investigación activa que busca establecer un vínculo entre los rayos cósmicos y los terremotos, con hallazgos prometedores, especialmente en el ámbito de los precursores sísmicos. Sin embargo, la comunidad científica aún está lejos de considerar esta relación como un hecho probado.

Financiarización y desdolarización: El dólar como instrumento del imperialismo

 


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De prensabolivariana en octubre 15, 2026

Por Juliane Furno* / 15/10/2026 / Economía

La nota anterior de esta serie, «La correa financiera», seguía el rastro del excedente que las burguesías periféricas se niegan a reinvertir y constataba cómo este salía del país, dirigiéndose hacia activos denominados en dólares y los circuitos financieros del centro. Concluía señalando que, en un mundo multipolar en el que la hegemonía del dólar ya no es indiscutible, las condiciones para cortar esa correa son más favorables que en cualquier otro momento desde la década de 1970.

Juliane Furno retoma aquí esa cuestión. Interpreta la financiarización no como una desviación técnica del capitalismo contemporáneo, sino como un engranaje de la maquinaria del imperialismo estadounidense; reconstruye cómo se erigió la arquitectura de poder del dólar a partir de 1971 y evalúa, sin ilusiones, las estrategias de desdolarización que se debaten actualmente en el seno de los BRICS y en todo el Sur Global. 

La financiarización de la economía mundial no es ni un desvío del capitalismo contemporáneo ni un percance que haya secuestrado al capitalismo en aras de la lógica de las finanzas. De hecho, el propio Marx, concretamente en el volumen III de El Capital, describe lo que hoy llamamos la hegemonía del capital ficticio y del capital que devenga intereses. La lógica de la financiarización está, por tanto, inscrita en la propia lógica del modo de producción capitalista.

Más allá de ser intrínseca al modo de producción capitalista, la financiarización, en la forma que adoptó a partir de finales de la década de 1970, funciona como uno de los engranajes específicos del imperialismo estadounidense en su fase de «superimperialismo», por utilizar el término acuñado por Michael Hudson. En esta fase, y sobre todo tras el fin de la convertibilidad del dólar en oro en 1971, Estados Unidos se hizo con el «privilegio exorbitante» de financiar sus déficits gemelos —presupuestario y comercial— con los ahorros del resto del mundo, sin que ello le supusiera, en la práctica, ningún ajuste real. El mundo, y sobre todo la periferia, acabó financiando al mismo poder que lo subordina, en una lógica perversa: para defenderse del poder del dólar, debe acumular dólares, y esa acumulación acaba reafirmando la primacía del dólar y su poder ilimitado.

Esta maquinaria no surgió ya completamente formada, y merece la pena reconstruir el movimiento histórico concreto que la construyó. El Acuerdo de Bretton Woods fue fundamental para allanar el camino hacia la hegemonía del dólar, pero la moneda estadounidense seguía vinculada a su respaldo metálico y expuesta al desafío de las demás potencias capitalistas. En la década de 1970, el poder estadounidense se enfrentó a graves desafíos en al menos tres frentes, lo que impulsó cambios importantes en la política monetaria de EE. UU. y en la lógica de la financiarización que se intensificaría a partir de entonces (Tricontinental, 2026).

Los desafíos procedían del ámbito de la supremacía industrial, con la competencia de las grandes empresas japonesas y alemanas; del ámbito militar, con la derrota de EE. UU. en Vietnam; y del ámbito monetario, con el agotamiento del patrón oro-dólar de Bretton Woods. La respuesta de Washington no fue defensiva, sino ofensiva. Nixon rompió unilateralmente el vínculo con el oro en 1971, trasladando el coste del ajuste a sus socios comerciales. Paul Volcker, al frente de la Reserva Federal, elevó el tipo de interés de referencia del 11 % a más del 20 % entre 1979 y 1981, atrayendo capital de todo el mundo hacia los títulos del Tesoro estadounidense. El efecto secundario fue la crisis de la deuda que sumiría a América Latina en la denominada «década perdida», mientras que Estados Unidos, al mismo tiempo, logró poner en vereda a sus principales competidores, en particular a Japón. A continuación, Reagan desreguló el sistema financiero nacional, sentando las bases de lo que hoy denominamos financiarización: la creciente subordinación de la producción, el comercio y las propias políticas económicas nacionales a los flujos y las reglas del capital financiero denominado en dólares.

Qué es la financiarización y por qué agrava la dependencia periférica

Antes de continuar, conviene precisar de qué estamos hablando. La financiarización no es sinónimo de «más bancos» o «mercados de capitales más grandes». La financiarización es la inversión del poder de mando dentro del propio capitalismo. Bajo el dominio financiero, es el capital ficticio (acciones, títulos de deuda públicos y privados, derivados) el que llega a dirigir las decisiones de inversión, el ritmo de producción y, en gran medida, la propia política económica de los Estados. La financiarización es la prevalencia de la lógica financiera sobre la lógica productiva, una lógica que, desde la década de 1970, ha logrado alcanzar una relativa autonomía respecto a la producción de valor.

Su modo de funcionamiento se deriva precisamente de esta inversión entre la producción y la apropiación financiera. El capital ficticio no necesita pasar por el proceso de producción para valorizarse: una acción, un bono del Estado o un derivado suben de precio porque el mercado anticipa rendimientos futuros, no porque se haya producido nada más. Esto permite que la valorización financiera se desacople, durante un tiempo, de la producción real, creando ciclos de euforia en los que incluso las empresas industriales se ven impulsadas a canalizar sus beneficios hacia inversiones financieras en lugar de reinvertirlos en la producción. El problema es que esta desvinculación no es permanente, ya que toda creación de valor es producto del trabajo humano vivo. En otras palabras, tarde o temprano, una crisis económica vuelve a vincular violentamente el valor ficticio con el valor realmente producido, y es la economía real (empleo, crédito, actividad) la que paga los platos rotos del ajuste.

Es precisamente aquí donde la periferia se ve aún más limitada por su papel dependiente. Las monedas periféricas se sitúan en la base de la jerarquía monetaria internacional. No se buscan como reservas de valor, sino que se tratan como activos de riesgo, expuestos a flujos de capital especulativo que llegan en busca de rentabilidad y se marchan ante el primer indicio de inestabilidad, ya sea interna o externa, real o meramente percibida. Para compensar el riesgo cambiario inherente a sus propias monedas, los países periféricos se ven obligados a mantener tipos de interés más altos que los de los países centrales, simplemente para retener el capital que ya han atraído, y a acumular reservas en dólares como autoaseguramiento frente a una fuga repentina. En otras palabras, cuanto más se financiariza el capitalismo, más caro le resulta a la periferia el mero hecho de mantenerse a flote en su seno.

La apertura de la cuenta de capital y la integración en los mercados financieros internacionales, tal y como prescribía el manual del Consenso de Washington, no situó a la periferia en pie de igualdad con el centro; por el contrario, profundizó su posición de subordinación. La periferia entró en la era de la financiarización como prestataria en moneda extranjera, nunca como emisora del activo seguro que busca el resto del mundo. También se expuso a flujos de capital volátiles, nunca como fuente de la liquidez que dirige el sistema. Por eso la financiarización, lejos de ofrecer a la periferia una vía hacia el desarrollo financiero autónomo, tiende a reproducir y profundizar exactamente la misma jerarquía de poder que la subordina en las esferas comercial y productiva.

Una arquitectura diseñada para reproducir la dependencia

Desde el punto de vista de la periferia capitalista, esta arquitectura organiza estructuralmente nuestra dependencia. Dado que el dólar sigue siendo la moneda de denominación de entre el 80 % y el 90 % del comercio de materias primas —desde alimentos hasta energía y minerales— y de casi el 90 % de las transacciones mundiales de divisas, los países periféricos se ven obligados a buscar constantemente la moneda estadounidense, simplemente para importar lo que necesitan para consumir y producir (Tricontinental, 2026). Esta búsqueda constante de dólares nos convierte en rehenes de la política monetaria de un banco central que responde exclusivamente a los intereses de la economía estadounidense, pero cuyas decisiones —como quedó patente en 1979 y de nuevo en los recientes ciclos de endurecimiento monetario— se propagan como perturbaciones externas a los tipos de cambio, la deuda y el empleo de todo el Sur Global.

En las últimas dos décadas, esta jerarquía monetaria ha adquirido una dimensión adicional, en la que la infraestructura de pagos —especialmente el sistema SWIFT— y el propio acceso al dólar funcionan como armas de coacción explícita contra aquellas partes de la periferia que no están alineadas políticamente con Estados Unidos. La incautación de las reservas de países como Rusia, Venezuela y Afganistán, la exclusión de bancos del sistema de compensación internacional y el régimen cada vez más amplio de sanciones unilaterales demuestran que la financiarización bajo la hegemonía del dólar no es solo uno más de los muchos mecanismos económicos de extracción de valor que operan en el mercado mundial. Es también un instrumento de coacción geopolítica directa, al que queda expuesto cualquier país que desafíe los intereses de Washington.

Esta jerarquía golpeó a América Latina con especial violencia. La «crisis de la deuda» de la década de 1980 no fue ni una desgracia regional ni el resultado de una mala gestión fiscal por parte de los gobiernos latinoamericanos, como insistió durante décadas el discurso convencional. Fue el resultado directo y previsible de una decisión de política monetaria tomada en Washington para resolver tres problemas estadounidenses a la vez: la inflación, la pérdida del dominio industrial frente a Alemania y Japón, y la fragilidad del dólar. El coste de ese ajuste se trasladó más allá de las fronteras de Estados Unidos. Los gobiernos que habían contraído préstamos en dólares a tipos de interés variables vieron cómo el servicio de su deuda se multiplicaba de la noche a la mañana, sin que hubiera cambiado ni una sola política económica nacional. El ajuste recesivo, las privatizaciones y la apertura financiera que siguieron, bajo la batuta del FMI, desempeñaron la misma función estructural de siempre: reciclar el ahorro de la periferia para sostener al centro.

Una ventana histórica, por estrecha que sea

Al igual que en la década de 1970, Estados Unidos se enfrenta una vez más a un desafío simultáneo en tres frentes: el militar, con los límites puestos de manifiesto por la guerra en Ucrania; el tecnológico, con el auge de China; y el monetario, con la proliferación de acuerdos comerciales en monedas locales. La diferencia fundamental con respecto al período anterior es que hoy en día el rival no es meramente un competidor industrial, como lo fueron en su día Japón y Alemania, sino una potencia que combina peso económico, tecnológico, militar y político: China. A esto hay que añadir que la expansión de los BRICS y el uso cada vez más indiscriminado de las sanciones por parte de Estados Unidos están produciendo, como efecto secundario, precisamente lo que Washington intenta evitar: un incentivo político para que cada vez más países busquen alternativas fuera del dólar.

Conviene mantener el sentido del realismo. La hegemonía del dólar no será sustituida por decreto, ni a corto plazo, ni por ninguna moneda nacional en particular, incluido el renminbi chino. Lo que se está gestando es algo más modesto: un proceso de erosión gradual del dólar como moneda hegemónica y, en la práctica, casi única del sistema monetario internacional.

Entre las estrategias que se debaten actualmente en el seno del BRICS y otras iniciativas Sur-Sur, cuatro merecen ser destacadas, en mi opinión. La primera es liquidar el comercio en monedas locales, prescindiendo del dólar como moneda puente. El comercio entre Rusia y China, por ejemplo, ya se realiza casi en su totalidad en rublos y renminbi, y el comercio entre Rusia y la India avanza a un ritmo similar. La segunda es la creación de sistemas de pago internacionales alternativos que puedan sustituir a SWIFT para las transacciones entre países que hoy sufren, o temen, sanciones. La tercera es el fortalecimiento de los propios mecanismos financieros del Sur Global, como el Acuerdo de Reservas Contingentes de los BRICS, que hoy en día está infrautilizado y sigue dependiendo en parte de la aprobación del FMI. Esta paradoja debe resolverse si se quiere que esta arquitectura ofrezca verdaderamente una alternativa al Fondo. La cuarta, quizás la más prometedora a medio plazo, es la fijación de precios de las materias primas estratégicas —como los cereales, la energía y los minerales— en monedas distintas del dólar, aprovechando el hecho de que los países del Sur Global representan una parte significativa de la producción mundial de alimentos, petróleo y minerales críticos, pero siguen aceptando que sus precios se fijen en las bolsas de materias primas y en moneda estadounidense.

Ninguna de estas iniciativas, por sí sola, desafía la hegemonía del dólar. Sin embargo, combinadas y mantenidas a lo largo del tiempo, reducen progresivamente la dependencia estructural de la moneda estadounidense que hoy en día limita el margen de maniobra en materia de política económica de prácticamente todos los países periféricos.

También merecen mención dos iniciativas complementarias. Rusia las ha presentado principalmente en el marco del BRICS, pero revisten un interés directo para el resto del Sur Global. Una es la creación de una compañía de reaseguros propia del bloque, que podría eludir el papel que desempeñan actualmente las reaseguradoras europeas y estadounidenses como una especie de «policía de sanciones» informal, al denegar la cobertura a operaciones que desagradan a Washington o a sus aliados. La otra es la propuesta de una bolsa de cereales entre países que, en conjunto, representan más de la mitad de la producción mundial de soja, trigo, arroz y maíz, lo que les permitiría dejar de aceptar pasivamente que los precios de sus propios productos básicos se fijen en Chicago y en dólares. Ambas se encuentran aún en las primeras fases de negociación, pero apuntan en la dirección correcta: convertir el poder productivo real en una capacidad autónoma para fijar precios y obtener protección financiera.

Por último, creo que es importante afirmar, y seguir reiterando, que la desdolarización no es un problema de ingeniería financiera que deban resolver especialistas a puerta cerrada en reuniones técnicas. Por encima de todo, es una lucha política. Requiere que los gobiernos del Sur Global —históricamente acostumbrados a competir entre sí por los mercados y las inversiones— estén dispuestos a cooperar, así como la capacidad de resistir la presión y las represalias de Estados Unidos. Vale la pena recordar que, a juzgar por la historia reciente, cuanto mayores son las amenazas al imperialismo estadounidense, más dispuesto está este a enfrentarse a ellas de forma agresiva.

Entender la financiarización como un engranaje del imperialismo estadounidense, y no como una inevitabilidad técnica del capitalismo globalizado, es el primer paso para que los países periféricos dejen de tratar la arquitectura monetaria internacional como un hecho inmutable de la naturaleza y empiecen a cuestionarla como lo que siempre ha sido: un terreno de poder, construido históricamente y, por esa misma razón, abierto a la transformación a través de la acción política colectiva del Sur Global.

*Juliane Furno. Profesora Adjunta de Economía en la Universidad Federal Fluminense-UFF y Investigadora Social del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Ha publicado los libros Economia para a transformação social: pequeno manual para mudar o mundo (Autonomia Literária, 2023) e Imperialismo: Uma introdução econômica (Da Vinci, 2022).

Don Jorge Rodríguez debutará en sociedad, los misericordiosos gringos lo han perdonado…

 

José Sant Roz
Seguimos simplemente en ese gran plan de ir mejorando la raza, nuestro colorcito, pedigrí… and olso our background,…
Ya, don Jorge dejará de ser para la oposición enferma y ultra-radical, un tipo “feo”, “detestable”, “agresivo”, “perverso”, “malo”, “Cabeza e` huevo” y “amargado”. De tú a tú podrá seguir dándole la mano a doña Dinorah Figuera, quien ha sido ungida por los ungüentos sacramentales del Departamento de Estado y absolutamente bendecida por el Catire Bello, disparada en franca carrera política, cogiendo ya, a la vez, hasta ciertos aprestos de alcurnia…
Vean la elegancia de doña Dinorah, los afeites, los modales, los trajes, el peinado que le van morigerando el indio y el mulato que lleva en su alma y en sus venas. Con toda una nube de pajes de alto pelaje. Cotizándose bien alto…
Entrará don Jorge, como se va viendo, al club de los “decentes”, de los “cordiales” y “comprensivos”, de los “inteligentes” y “de los más humanos de América Latina, por encima de Bukele”. Reuter recoge la información de que es tal la grandiosa relación que Estados Unidos está teniendo en este momento con Venezuela y su cultura, que don Marco Rubio y Pete Hegseth han mostrado gran interés en leerse esas dos monumentales obras de don Jorge “El mar que me regalas” y “La piel del lagarto”.
Qué bien vamos.
Así como el mundo lo está viendo: la OFAC ha perdonado a don Jorge Rodríguez, lo cual a la vez es un inmenso logro para nosotros, que llevamos trepando matas de coco y comiendo cambures desde que mataron a Chávez. Ya es hora de que se nos tome en cuenta, y de que sepan lo que valemos… No somos tan indios, negros y mulatos como erradamente lo ha dicho míster Trump.
No señor…
También la OFAC ha perdonado a aquel horrible terrorista hoy presidente de Siria, Ahmed al-Sharaa (conocido anteriormente como Abu Mohamed al-Golani). Así va cambiando el mundo, como de trajes, son otros looks, imagínense..
Vamos bien, el país va ganando puntos y aceptación entre los seres más bellos y simpáticos del orbe occidental. Milei está encantado con nosotros. La Keiko quiere visitarnos. A lo mejor mañana no concede la gracia de un encuentro don Abelardo de la Espriella. Gracias a Dios que ya no tenemos tantos enemigos en el mundo, como cuando nos comparaban a todos nosotros los venezolanos con el mulato Chávez y el mono Cipriano Castro. Gracias a Dios que no nos iremos a morir sin confesarnos, sin dejar de recibir la extremaunción milagrosa y sagrada, llegando a quedar como entre los malditos de la tierra… de los que por nacimiento y condición social les corresponde ir directo a las pailas del Infierno.
Vamos siendo otra vez gente decente. Como lo fuimos con aquellos adalides de CAP y Betancourt, de Caldera y Lusinchi, bendecidos por la presencia de esos catires impolutos y sabios como Clinton, por ejemplo. Pueda que tengamos la dicha que tuvo aquel gran izquierdoso de Teodoro Petkoff, el de poder estrecharle la mano al impresionante pedófilo Trump, si es que se digna visitar a este pobres país de negros y mulatos, de indios come-mierdas…, como lo ha prometido…
Cuánto lo necesitamos.
Esto nos irá permitiendo, codearnos un poquito con mandatarios de Europa como, por ejemplo, ocurrió hace poco con don Pedro Sánchez.
Algo es algo.
Poco a poco iremos dejando atrás el término basura con el que Trump ha estado llamando a los venezolanos. Mejoraremos, insistimos, sin duda, nuestra injusta y maltratada raza.
Volveremos a celebrar el Día de La Raza, y a sentir que ya no llevamos un guayuco en el cerebro, porque de veras hemos abandonados el taparrabos de los indios apestosos y atrasados, que dejaremos de ser tan bestias, tan horriblemente morados (a coñazos) y mulatos como siempre se nos ha presentado.
¡Ojalá!
Vamos viento en popa, pues, siendo asimilados por la poderosa civilización occidental, la bella, la rica, la profundamente acatirada y culta, la de aquel noble Teodoro Roosevelt quien con toda la razón del mundo nos llamó en 1903, «contemptible little creatures», lo que habitualmente se traduce al español como «despreciables criaturillas». Nada malo… algo es algo, hermanos…