José Sant Roz
Ya es oficial que habrá un encuentro entre Delcy y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Éste se dará durante la Asamblea General de las Naciones Unidas el próximo martes en Nueva York, así lo ha dicho el embajador Mike Waltz, representante de EE.UU. ante la ONU.
Waltz agregó que Trump después “participará en una reunión aparte con la presidenta encargada Rodríguez de Venezuela, y luego partirá de Nueva York hacia la Casa Blanca esa misma noche”. Esta decisión de doña Delcy de asistir a la ONU le fue en esencia solicitada por el propio presidente Trump, como veremos en una conversación privada que sostuvieron hace meses.
Tuvimos oportunidad de acceder a dicha conversación que se hizo en un nivel profundamente político-filosófico, por cierto:
TRUMP- Usted, mi querida presidenta, debe entender mi posición que responde a un mandato escrito y decidido por nuestros Padres Fundadores, empezando por Thomas Jefferson, es decir, hacer de Venezuela un Estado constituido en república verdaderamente occidental y democrática. Su país, señora presidenta de Venezuela, no está en Asia ni en África, es de nuestros vecinos más próximo y querido, aquí mismo frente a nuestro estado de la Florida que es como decir otro estado con tantos latinos como el suyo. No es puro eufemismo cuando hablo de lo maravilloso de que ustedes pasen a ser el número 51 de la Unión.
DELCY- Pero, Ay presidente, eso es muy duro para nosotros. Muy fuerte. Aquí se luchó por la independencia y fuimos de los que más sufrimos en este continente. Ningún país pagó con tantas vidas como nosotros por la libertad.
TRUMP- Eso es cosa del pasado amiga, cuando no existían aviones, ni portaaviones, ni internet. Y fíjese, ya no son ese pueblo, y nosotros lo sabíamos perfectamente desde hace mucho tiempo.
Delcy- Entiendo. La realidad es lo real. Entiendo.
TRUMP- Usted debe saber el papel que me propongo desempeñar. Ustedes llevan, 25 años fuera de la civilización occidental, sin explotar debidamente recursos valiosísimos para el desarrollo industrial de nuestro planeta, y he propuesto para ustedes una forma de gobierno controlado por el mismo equipo de Maduro que no habrá de encontrar resistencia alguna entre mis socios. Podría decir que su gobierno será muy estable, casi invencible en sus decisiones bajo nuestra dirección porque no permitiremos desordenes encabezados por María Corina Machado, que vayan a afectar nuestros proyectos, las ideas, las costumbres ni las leyes. ¿Usted me entiende?
DELCY- Sí, Presidente.
TRUMP – Bueno, tenga confianza. Y de hecho puede darse cuenta de que no existe ninguna alteración significativa del orden en su país. Acepto incluso que su gobierno adopte la línea que quiera siempre y cuando sea dirigido por nosotros. Repito, cualquiera sea su forma, con grandes o pequeñas reformas; por mi parte lo supongo dotado de las diversas instituciones que garantizan la libertad, y en este sentido puedo decirle que el estado en su poder estará al abrigo de cualquier perturbación social, de movimientos militares o de un golpe de mano. Usted me entiende Presidenta.
DELCY- Sí, claro. Gracias.
TRUMP– Tales perturbaciones, necesarias para nosotros en otras circunstancias en este momento son inconvenientes tanto para ustedes como para nosotros, puesto que están colmadas de peligros y repugnan a las costumbres modernas, jamás alcanzarían, suponiendo que tuviesen éxito, la importancia que en otro momento le llegamos a atribuir. Preferimos lo que estamos haciendo sin un cambio de poder que pueda traer aparejado un cambio de instituciones.
DELCY – No crea Presidente, nosotros aquí tenemos muchas preocupaciones. Usted debe saber por todo lo que hemos pasado en los últimos quince años,
TRUMP- Lo sé. Lo sé.
DELCY- Demasiados pretendientes para éste, mi cargo. Y debe saber que aquí tenemos una gran población devota de las ideas presidente Chávez. Ni quiero imaginar las perturbaciones que aquí podrían presentarse de escoger a alguien frontalmente enemiga del proceso que nosotros veníamos encarnando, es decir que se impongan sus partidarios, que el poder pase a otras manos y se altere todo, presidente, que el derecho público y la esencia misma de las instituciones pierdan todo su equilibrio. Esto es lo que me preocupa en exceso.
TRUMP- Todo el caso Venezuela ha sido minuciosamente estudiado por nuestros expertos militares y diplomáticos. Todo ha ido teniendo su evolución porque se han buscado distintos caminos hasta pensar finalmente en la intervención militar tal cual como ocurrió el pasado 3 de enero.
DELCY: -Eso fue muy duro para nosotros, Presidente. Ay, ¿usted se imagina?
TRUMP- No nos quedó otra alternativa.
DELCY: Puedo comprenderlo. Pero qué duro, Presidente.
TRUMP- No le debe ser difícil entender en qué situación me encuentro. He suprimido momentáneamente cualquier poder que no sea el mío. Si las instituciones que aún subsisten pueden alzar ante mí algún obstáculo, es sólo formalmente; en los hechos, los actos de mi voluntad no pueden tropezar con ninguna resistencia real; me encuentro, en suma, en esa situación extra-legal, que los romanos designaban con una palabra bellísima, de pujante energía: LA DICTADURA. Es decir, que puedo en este momento hacer todo cuanto quiero, que soy legislador, ejecutor, juez y jefe supremo del ejército. Recordad bien esto. He triunfado gracias al apoyo de una facción, es decir, que el éxito solo se ha podido lograr en medio de una profunda disensión interior. Es posible señalar al azar, aunque sin riesgo de equivocarse, cuáles son las causas: un antagonismo entre la aristocracia y el pueblo o entre el pueblo por general bien ignorante de la política exterior. En el fondo, no puede tratarse sino de eso; en la superficie, un mare mágnum de ideas, de opiniones, de influencias contrarias, como en todos los Estados donde en algún momento se haya desencadenado a la libertad. Habrá toda suerte de elementos políticos, tocones de partidos otrora victoriosos, hoy vencidos, ambiciones desenfrenadas, ardientes codicias, odios implacables, terrores por doquier, hombres de las más diversas opiniones y de todas las doctrinas, restauradores de antiguos proyectos, demagogos, anarquistas, utopistas, trabajando todos por igual, cada uno por su lado, para intentar sacarme de quicio.
DELCY- Ay Presidente, y nosotros aquí padeciendo tanto con sus trastornos y los nuestros. Si usted al menos nos quitara todas las restricciones, sanciones y bloqueos le podríamos asegurar que saldríamos ganando ambos países. No crea usted lo duro que me resulta tener que contener tanto a los bandos de la izquierda como a los de la derecha.
TRUMP- Bueno, bueno. ¿Qué conclusiones podemos extraer de semejante situación? Dos cosas: la primera, que su país, que es como decir el mío, tiene una inmensa necesidad de tranquilidad y que habrá de agradecérsele a quien pueda brindársela; la segunda, que en medio de esta división de grupos y partidos todos por satisfacer sus ambiciones personalistas, no existe ninguna fuerza real o más bien sólo existe una: la fuerza militar, y tengo entendido que ella está con nosotros, es decir por la paz, por la estabilidad social. Ahí tiene usted la ciega potestad que proporcionará los medios para realizar cualquier cosa con la más absoluta seguridad; ahí tiene usted la autoridad, el nombre que podrá encubrirlo todo, distinguida presidenta. Usted eso lo entiende muy bien. ¡Poco en verdad se preocupa el pueblo por vuestras ficciones legales, por vuestras garantías constitucionales!
DELCY- Muy bien Presidente, andamos buscando un nombre para todos estos procederes.
TRUMP- A mí me parece magnífico ese que ustedes han elegido, RENACER. De veras que están renaciendo.
DELCY- Gracias, Presidente.
TRIMP- Dos cosas: una grande y luego una pequeña.
DELCY- Veamos primero la grande.
TRUMP- No todo ha concluido con la acción del pasado 3 de enero, pues en general los partidos no se han dado por vencidos. Existen muchas dudas, temores y peligros. Usted cada vez debe abrirse más a nuestros planes. Nadie conoce aún con exactitud qué valor tiene la energía de los grandes cambios, tenemos que ir poniéndolo a prueba poco a poco, organizar incluso alguna que otra protesta para ir pulsado los distintos tipos de peligros que puedan presentarse. Ha llegado, pues, el momento de instaurar cierta disciplina y control, que estremezca un poco la sociedad en pleno y haga desfallecer hasta a las almas más intrépidas.
DELCY– ¿Qué propone usted? Porque sus emisarios siempre han insistido en que usted repudia el uso de las armas, el derramamiento de sangre.
TRUMP- No es cuestión de sentimientos humanitarios. La sociedad amenazada se halla en estado de legítima defensa; para prevenir en el futuro nuevos derramamientos de sangre, recurriré a rigores excesivos y aun de ser necesario a una represión moderada. No le puedo adelantar qué haré; es imprescindible, me permitiré ser algo franco y sincero ya que usted me cae tan bien, pero de una vez por todas es necesario aterrorizar a las almas, destemplarlas por medio del terror.
DELCY- Ay, Presidente usted me asusta con eso.
TRUMP- Usted que ha leído y ha tenido tanto tiempo de asesora de la presidencia esto no le debe parecer extraño para nada.
DELCY- Pero entonces, en caso de que no funcione lo que vamos llevando, esa sangre ¿quién la derramará?
TRUMP- El gran justiciero de los Estados: ¡el ejército!, cuya mano jamás deshonrará a sus víctimas. La intervención del ejército en la represión permitirá alcanzar dos resultados de suprema importancia. A partir de ese momento, por una parte se encontrará para siempre en hostilidad con la población civil, a la que habrá DE CASTIGAR sin clemencia; mientras que, por la otra, quedará ligado de manera indisoluble a la suerte de su jefa.
DELCY- ¿Cree que esa sangre no recaerá sobre usted?
TRUMP- No, porque a los ojos de los medios yo siempre tendré la razón. El soberano, en definitiva, es ajeno a los excesos cometidos por una soldadesca que no siempre es fácil de contener. Los que podrán ser responsables, serán los generales, los ministros que habrán ejecutado mis órdenes. Y ellos, os lo aseguro me serán adictos hasta su postrer suspiro, pues saben muy bien lo que les espera después de mí.
DELCY – Ay Presidente, qué difícil debe ser sentirse el dueño de este mundo. Claro que desde hace tiempo he notado cuál es, en política, la importancia de los medios comunicación. Pero cómo cambia el mundo, son tantos los controles. Por favor, presidente, elimínenos todas las sanciones.
TRUMP- eso no depende de mí. Parece que nunca hubieras ejercido el poder. ¿Usted todavía no se habrá dado cuenta de que la efigie humana impresa en el dinero, es el símbolo del poder? Y qué quiera que haga, ¿Qué no lo ejerza? Le puedo decir que un día cualquiera de estos no me quedará más remedio que atacarlos.
DELCY- Usted me asusta.
TRUMP- Es que la pretensión de ciertos espíritus orgullosos, esos que llaman revolucionarios se siguen estremeciendo de cólera; y mi deber es someterlos, que terminen por acostumbrarse; hasta los enemigos de mi poder estarán obligados a llevar mi retrato en sus escarcelas. Y es muy cierto que uno se habitúa poco a poco a mirar con ojos más tiernos los rasgos que por doquier aparecen impresos en el signo material de nuestros placeres. Desde el día en que mi efigie aparezca en la moneda, seré el rey de este mundo.
DELCY- Y usted presidente me pone a mí en un papel muy difícil, porque aquí hay una Constitución votada soberanamente por el pueblo.
TRUMP- ¿Pero acaso usted todavía cree que pueblos irresponsables como Chile cuando tuvieron a Allende pueden darse constituciones que los saquen de abajo, y que con ellas y por sí solas harán milagros? Pese a todo ese poder que ustedes llaman SOBERANO, nacido de los barrios, pese a todas sus marchas y movilizaciones, ustedes parecen no haber entendido que sólo existe un único poder en este mundo: LA FUERZA ¿No le parece a Usted señora presidenta que cuando votaron esa constitución se iban a ver en serias dificultades con nosotros, con el mundo civilizado, que iban a sufrir una guerra frontal sin medios para subsistir? Concuerdo con que Chávez era un líder de temer, pero sabíamos que nos les duraría mucho, y el fue iluso al creer que alguien lo reemplazaría con el empuje de su liderazgo. Fueron muy ingenuos y más que ingenuos, ¡TORPES! Mil veces torpes.
DELCY- Pues, sí.
TRUMP- No debe ser difícil para usted entender que tengo la fuerza y ante cualquier dificultad no tengo otra salida que ejercerla. Esto no es juego. No existe, por el momento ninguna otra voluntad, otra fuerza más que la mía y tengo como base de acción el elemento decisorio a mi favor. lo puedo todo.
DELCY- Es verdad. A lo mejor me equivoco y soy una persona que en política me muevo con muchos escrúpulos porque no tengo base para reclamar, para resistir y estos es lo que le digo a mis correligionarios: de acuerdo con lo que usted me acaba de decir, imagino que su constitución es un monumento a la libertad, pero ella atenta contra nosotros, con la de toda América Latina, permítame que se los diga con todo respeto. ¿Cree entonces usted que solamente con un golpe de fuerza, con solo violencia le bastará para arrebatar a una nación todos sus derechos, todas sus conquistas, todas sus instituciones y todos los principios con que está habituada a vivir?
TRUMP- Mire PRESIDENTA, los pueblos son como niños, caprichosos. Por eso los invadí el pasado 3 de enero, se estaban pasando de malcriados y discúlpeme la franqueza. Supe que no iba a pasar nada, que no habría eso que llaman una insurrección popular. He aquí una norma cuyas prescripciones, en materia de política, deben seguirse al pie de la letra: propinar al enemigo un golpe del que nunca más se pueda recuperar. Eso hice. Y lo que hice en Venezuela algunos lo llaman magia. Nada de eso, simple sentido común. Yo sabía que ustedes no reaccionarían porque ustedes son políticos llenos de prejuicios, de remordimientos. Esencialmente muy débiles, incapaces de responder a nuestras acciones. A ustedes les habría dado pánico asesinar a uno de nuestros mariners. Ustedes saben y entienden muy en el fondo que nosotros tenemos la razón.
DELCY- Pues, si. A mí no me queda otra respuesta que reconfirmar los elevados principios del derecho moderno, de los derechos humanos. A ellos me atengo..
TRUMP- Pues señora, mi libertad de acción está encadenada a aquellos principios por los que hemos declarado la mayor democracia de este mundo. Esto me permitirá descartar, por vía de excepción, aquellos países que he de juzgar peligrosos, como por ejemplo Cuba. No olvide usted que Maquiavelo en el Tratado del Príncipe escribió la siguiente máxima, que no ha dejado de ser válida: “Los gobernados siempre están contentos con el príncipe cuando éste no toca ni sus bienes, ni su honor, por lo tanto sólo tiene que combatir las pretensiones de un pequeño número de descontentos, que le será fácil poner en vereda”. Eso es algo que usted ahora le toca resolver como una presidenta que cuenta con todo mi apoyo. Finalmente, cuando en septiembre a usted le corresponda dar su discurso en las Naciones Unidas, no se olvide abogar por los derechos de su presidente Nicolás Maduro. Me parece que es su obligación y cuente en eso todo mi apoyo.
DELCY- Gracias presidente.



