A causa de los preocupantes anuncios que alertan sobre los efectos climáticos del Super Niño estamos empezando a hablar en términos de generación, aprovechamiento, almacenamiento de energía. Hablar siempre está bien, pero lo que procede ahora es una toma de decisiones y de acciones, con carácter de urgencia.
El abordaje del tema ha sido lento y engorroso. El Gobierno Nacional ha establecido horarios de trabajo presencial en los entes del Estado, y ha tomado otras medidas destinadas a disminuir el consumo de energía eléctrica. Los empleados públicos han tenido algo que decir al respecto y los enemigos del país han comenzado a mentir: que Venezuela es el único país del mundo que tiene crisis energética, dicen. Que si el Gobierno hace llamados al ahorro de energía es para negarle al pueblo sus derechos. Ha aflorado en los discursos más irresponsables, y también en los más cándidos, la invocación de un derecho insólito: el derecho a despilfarrar lo que nos está faltando y nos va a faltar.
Así que ha llegado la hora (otra vez) de ejecutar un potente acto soberano, que es asumir como pueblo las riendas de la generación y gestión energética. Otra oportunidad estelar para activar y ejercer más allá de los discursos eso que llamamos participación protagónica. Solo mediante este potente dispositivo que es la movilización y la organización social se podrían mitigar los efectos de un evento natural que puede alcanzar niveles de conmoción: la sequía de dimensiones e intensidad hemisféricas a causa del fenómeno llamado Super Niño. Hay una serie de urgencias y necesidades en los niveles familiares y comunitarios que solo puede o debe resolver la gente en ejercicio de su derecho a autogestionar sus asuntos básicos. Lógica comunal de supervivencia.
A pesar de los esfuerzos de la mediática fascista internacional para instalar la idea de que eso del Super Niño es un invento de Decly Rodríguez, las principales voces de alerta han emanado de las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial:
El Niño es uno de los fenómenos climáticos sujetos a un monitoreo más estrecho. Pero los pronósticos por sí solos no evitan los peligros; eso solo pueden hacerlo las personas. Este episodio de El Niño, que se desarrolla en un contexto de contenido calorífico de los océanos sin precedentes y de aumento inédito de las temperaturas, brinda a Gobiernos y comunidades la oportunidad de anticipar riesgos y actuar antes de que se manifiesten los impactos. Las decisiones que tomemos hoy determinarán las consecuencias que experimentaremos mañana. La OMM y sus Miembros están decididos a garantizar el suministro de información climática fidedigna y pertinente a quienes más la necesitan», declaró la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo.
En otras palabras: algo deberemos hacer en los cuatro años que dice la General Electric que le va a llevar levantar dos terceras partes del sistema eléctrico nacional, un mamotreto hecho a la medida del país que teníamos hace 60 años.
El sol es gratis
La mejor noticia cuando algo escasea (caso concreto: agua y electricidad) es encontrar algo que sobra. En estos parajes caribeños lo que sobra es el sol, y ya no parece o no debería ser una novedad para nadie el hecho de que la energía solar está siendo aprovechada y convertida en energía eléctrica en varios lugares del mundo. Una serie de factores ha favorecido el bloqueo de esta posibilidad aquí en Venezuela. Uno de esos factores es la creencia de que la energía hidráulica, el petróleo y sus derivados pueden resolverlo todo. Otro factor es que la discusión sobre energías alternativas suele truncarse cuando alguien demuestra, de manera fehaciente o fraudulenta, que la producción de paneles solares requiere o depende de combustibles de origen fósil.
Apartando esos asuntos, que ciertamente son estructurales, también hay que ocuparse de los actuales y urgentes. En pocas semanas el embalse del Guri no estará en condiciones de generar ni siquiera la precaria cantidad de megavatios que genera ahora mismo, así que habrá que buscar energía donde se encuentre. Acudir a paneles solares para surtirse de la energía que ya está dejando de “llegar” por los cables mediante el sistema convencional debería ser una opción, en un país en el que (es preciso insistir en esto) el sol es gratis, sobra y lo vamos a tener en su máxima intensidad en estos meses.
Organización – acción
Tal como ocurre con los sistemas de riego, en los que una comunidad se surte de agua proveniente de una fuente limitada y debe organizarse para distribuirla con justicia y equidad, la instalación de sistemas fotovoltaicos (paneles solares con su sistema de almacenamiento) obligaría a un asunto que muchas comunidades desconocen o han renunciado a ejercer: la organización comunitaria en torno al consumo energético.
Instalas un panel solar o sistema de paneles solares, y con ellos generas y almacenas energía suficiente para surtir a 50 casas. Supongamos o propongamos que esas casas tienen el siguiente consumo energético:

Cálculo total para 50 casas:
· Consumo diario total: 3.10 kWh/casa × 50 casas = 155 kWh
· Consumo mensual total: 155 kWh × 30 días = 4,650 kWh
· Potencia promedio requerida: 155 kWh / 24 horas = ~6.5 kW
Este cálculo asume que todos los artefactos funcionan de manera intermitente, no consumen energía las 24 horas del día. Así que para cubrir el gasto energético de 50 casas con esos artefactos, se necesitaría generar aproximadamente 565 kWh diarios, lo que equivale a una potencia promedio de unos 23.5 kW.
Tarea para la casa: calcular o investigar cuántos equipos o redes de paneles solares, y de qué capacidad y características, harían falta para surtir de electricidad a una comunidad de 50 casas, o de menos o más casas. Averiguar también los costos.
Las tareas para la comunidad serían varias: 1) replantearse las prioridades reales (los proyectos financiables de las comunas) de cada sector, para solicitar los recursos que antes pensábamos solicitar para reparar o construir canchas, ambulatorios, transporte, vialidad y otros; 2) organizar a las comuneras y comuneros en la tarea monumental de organizarse para el uso de lavadoras comunitarias, alumbrado público, sinceración del uso de equipos de sonido y otros artefactos no prioritarios que demandan alto consumo energético; 3) creación o reactivación de las Mesas Técnicas de Energía, que esta vez tendrían la tarea de gestionar el uso racional del recurso eléctrico, que ya no es ilimitado sino un bien común escaso y valioso.



