Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

19 de julio de 2026

UNA LECTURA CRITICA DEL DOCUMENTO DE LA CENTRAL BOLIVARIANA SOCIALISTA DE TRABAJADORAS Y TRABAJADORES DE LA CIUDAD, EL CAMPO Y LA PESCA DE VENEZUELA

1. Una rectificación en beneficio de los trabajadores

Todo manifiesto sindical es, en primera instancia, un producto ideológico. Pero la ideología no flota en el vacío: expresa, bajo formas elaboradas, las contradicciones que ocurren en el nivel de la producción y la reproducción de la vida material. Este documento de la CBST-CCP corresponde a una organización que se autodesigna como de clase, pero su estructura discursiva revela una operación de sustitución: los conflictos geopolíticos y militares ocupan el lugar que, en un análisis estricto de clases, debería corresponder a las relaciones de producción internas. La guerra, el bloqueo y los desastres naturales son presentados como las determinaciones principales de la situación nacional, mientras que las relaciones capital-trabajo en el ámbito de la industria, el agro y los servicios aparecen diluidas en un llamado genérico a la "unidad". Esto no es anecdótico: indica que la organización concibe el espacio de la lucha política como externo al taller, la fábrica o el campo.

Estructuralmente, esta operación tiene un efecto claro: desvía el foco de la contradicción antagónica entre trabajadores y propietarios de los medios de producción hacia una contradicción interestatal y geopolítica. No se trata de afirmar que esa contradicción externa sea falsa; el asedio financiero y las medidas coercitivas son hechos objetivos que afectan la reproducción económica. Pero la preeminencia que se les otorga en el texto convierte lo geopolítico en el eje organizador de toda la estrategia, dejando en un segundo plano las leyes inmanentes del modo de producción venezolano, que sigue siendo capitalista y dependiente. Un manifiesto que no interpela directamente al capital, sino al imperio como sujeto principal del conflicto, está realizando una elección teórica con consecuencias prácticas: la lucha de clases se subordina a la lucha antiimperialista, y la autonomía obrera se pliega a la defensa del Estado nacional.

    2. La categoría de "clase obrera" y su determinación histórica concreta

Desde el punto de vista estructural, la clase obrera no es un sujeto ideal, sino una posición dentro de la división social del trabajo. En Venezuela, esa posición ha sufrido transformaciones profundas en las últimas dos décadas que ningún análisis serio puede ignorar. La economía ha experimentado un proceso de desindustrialización acelerada, una contracción sostenida del empleo formal y una expansión enorme del trabajo por cuenta propia, de la economía popular y de la migración forzada como válvula de presión demográfica. En ese contexto, hablar de "clase obrera" como un bloque homogéneo, con intereses unívocos y una conciencia compartida, resulta conceptualmente problemático.

El manifiesto, sin embargo, trata a esa clase como una categoría política, no como una categoría económica. La menciona insistentemente, pero no la descompone en sus fracciones: asalariados públicos, trabajadores petroleros, maestros, campesinos sin tierra, pescadores artesanales, empleados del comercio informal. Cada una de estas fracciones tiene una relación distinta con los medios de producción, un nivel de ingreso diferente, una capacidad de organización y una exposición a la explotación que varía sensiblemente. La ausencia de esta diferenciación interna convierte al sujeto del manifiesto en un sujeto retórico, más cercano al llamamiento patriótico que al análisis de clase en sentido estricto. Esto no invalida su función movilizadora, pero sí limita su utilidad como instrumento de conocimiento de la realidad material.

Desde una lectura imparcial, cabe preguntarse si esta homogenización responde a una necesidad política o a una carencia analítica. Es probable que ambas cosas se combinen. Pero lo relevante, desde la óptica estructural, es que un sindicato que aspira a representar a la clase trabajadora debería comenzar por describir cómo esa clase se reproduce, qué come, cómo se traslada, cuántas horas trabaja y bajo qué condiciones. El manifiesto no ofrece esa radiografía, y esa omisión no es menor, porque de ella depende la posibilidad de construir un programa reivindicativo concreto, negociable, medible y exigible.

    3. La ausencia de un programa económico obrero y la cuestión del Estado

Toda lucha de clases es, en última instancia, una lucha por el control del excedente económico y por la dirección del Estado. En este documento, la referencia al Estado es de lealtad y defensa, no de disputa o control. No se menciona ningún mecanismo de participación obrera en la planificación económica, en la asignación del presupuesto, en la fiscalización de las empresas públicas o en la definición de la política salarial. Este es un dato estructural de primer orden: el sindicalismo aquí no se concibe como un poder de contrapeso al Estado, sino como un brazo auxiliar del mismo.

En términos de teoría política, esta postura corresponde a lo que Gramsci llamaría "corporativismo ampliado" o, en su defecto, a una forma de integración orgánica donde las organizaciones de clase renuncian a su función conflictiva para asumir una función de legitimación. No se trata de juzgar si eso es bueno o malo; se trata de constatar que el manifiesto no plantea ninguna reivindicación que ponga en cuestión la propiedad estatal sobre los recursos estratégicos ni la gestión empresarial del capital público. La defensa de la soberanía nacional se convierte así en el techo político de la propuesta, y dentro de ese techo no cabe la exigencia de democracia económica, de autogestión obrera ni de control de la producción por parte de quienes generan la riqueza.

Un programa económico obrero, desde el punto de vista de los intereses materiales de los trabajadores, debería incluir al menos cinco elementos: a) una escala móvil de salarios vinculada a la inflación y a la productividad; b) un sistema de seguridad social universal y financiado con aportes patronales progresivos; c) un plan de vivienda, alimentación y salud gestionado con participación de comités de base; d) mecanismos de cogestión en las empresas estratégicas; e) un fondo de estabilización laboral que proteja a los trabajadores ante despidos o cierres. Ninguno de estos elementos aparece en el manifiesto. En su lugar, se ofrece una declaración de principios generales y un juramento de fidelidad política. La distancia entre estas aspiraciones mínimas y el contenido del documento es la distancia entre la retórica revolucionaria y la práctica reformista.

    4. La determinación geopolítica como sustituto del análisis de las relaciones sociales

El manifiesto dedica una parte extensa a describir la situación mundial: la guerra en Eurasia, el conflicto entre Estados Unidos e Irán, la agresión a Gaza, las protestas en Bolivia, Argentina y otros países latinoamericanos. Esta descripción ocupa casi la mitad del texto y está redactada con un tono de crónica geopolítica. No hay objeción a que un manifiesto obrero contenga un análisis de la coyuntura internacional, siempre que ese análisis sirva para iluminar las condiciones materiales en las que la clase trabajadora desarrolla su actividad. El problema es que aquí la relación se invierte: el análisis internacional se convierte en el marco explicativo principal, y la situación doméstica aparece como un reflejo de aquel.

Estructuralmente, esta inversión produce un desplazamiento de las responsabilidades. Las dificultades económicas, la inflación, el desabastecimiento, la caída del poder adquisitivo y la precarización del empleo son atribuidas al bloqueo y a la "guerra cognitiva", no a la estructura del capitalismo rentista venezolano, a la falta de inversión productiva, a la corrupción administrativa o a la ineficiencia en la gestión pública. Ninguna de estas categorías aparece en el texto. La explicación monocausal por el enemigo externo ofrece un alivio ideológico, pero impide comprender que el imperialismo opera siempre sobre contradicciones internas, y que la vulnerabilidad de un país depende de su propio modelo de acumulación. Un análisis honesto tendría que mostrar cómo el bloqueo agrava una crisis que ya era estructural, y cómo la respuesta a esa crisis no puede reducirse a la resistencia patriótica, sino que exige cambios profundos en la relación entre el Estado, el capital y el trabajo.

    5. La cuestión de la dirección política y la ausencia de democracia sindical

Finalmente, un aspecto estructural que no puede pasar desapercibido es la forma misma en que el manifiesto es emitido. Se presenta como un documento de la "Dirección Nacional" de la CBST-CCP, con una lista de nombres y cargos, pero sin mención alguna a asambleas, consultas, debates o procesos de discusión de base. La clase obrera, no solo es una categoría económica; es también un sujeto histórico que se construye en la práctica organizativa, en la deliberación colectiva y en el ejercicio de la crítica y la autocrítica. Un manifiesto que no refleja ese proceso de construcción democrática reproduce, en su propia forma, una lógica verticalista que contradice el principio de autonomía obrera.

La forma de organización no es un detalle superficial, sino que condiciona el contenido de la lucha. Si los trabajadores no participan en la redacción de sus propias declaraciones, si no discuten sus pliegos de peticiones, si no eligen a sus representantes en asambleas libres, entonces el manifiesto se convierte en un instrumento de dirección más que en una expresión de la voluntad colectiva. Esta tensión entre la retórica participativa y la práctica directiva es una contradicción interna del documento que, desde la óptica estructural, revela el carácter burocrático de la organización que lo suscribe. No se trata de un juicio moral, sino de una constatación de que la forma política no se corresponde con el contenido político que se declara.

    6. Síntesis estructural e implicaciones para los intereses materiales de los trabajadores

En resumen, el Manifiesto de la Clase Obrera de julio de 2026 es un documento que presenta las siguientes características estructurales: a) una tendencia a sustituir el análisis de las relaciones de producción internas por un análisis de la coyuntura geopolítica externa; b) una conceptualización abstracta y homogénea de la clase obrera, sin diferenciación de fracciones ni de condiciones concretas de trabajo; c) una ausencia total de programa económico reivindicativo, salvo el rechazo al bloqueo y la defensa de la soberanía; d) una integración orgánica con el Estado, que anula la autonomía obrera y subordina la lucha de clases a la defensa nacional; e) una forma de emisión verticalista que no refleja prácticas democráticas de base.

Para los intereses sociales de los trabajadores venezolanos, esto significa que el manifiesto puede cumplir una función de cohesión política y de resistencia frente a agresiones externas, pero no ofrece herramientas para transformar la estructura de explotación que padecen en su vida cotidiana. El aumento del salario real, la reducción de la jornada laboral, la mejora de las condiciones de seguridad e higiene, el derecho a la huelga, la participación en la gestión empresarial y el acceso a una vivienda digna siguen siendo demandas que el documento no aborda. La omisión no es casual: refleja la decisión de la dirección sindical de priorizar la alianza con el gobierno por encima de la confrontación con el capital.

Desde el punto de vista de los intereses inmediatos de la clase, esa decisión tiene un costo: la postergación de las reivindicaciones materiales en nombre de una unidad que, por definición, no puede ser plena mientras existan relaciones de explotación.

Asciende a 5.069 el número muertos por los terremotos en Venezuela

 

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De prensabolivariana en julio 19, 2026

El gobierno nacional publicó este viernes 17 de julio el balance oficial de fallecidos por los terremotos y el número de fallecidos se ubicó en 5.069.

Igualmente se contabilizan 16.740 heridos, unos 6.462 rescatados, 128.324 familias atendidas y 21.235 personas que se encuentran en campamentos.

Ademas, las personas que están sin vivienda se ubican en 17.907 y existen 856 edificios afectados.

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18 de julio de 2026

Asambleas

 


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De prensabolivariana en julio 18, 2026

Memorias de un escuálido en decadencia

¡Al cabildo! ¡Al cabildo! A partir del 1 de agosto comienza el encuentro entre las asambleas. La del exilio y la nacional. Echa la pendeja, la compañera Dinorah Figuera está logrando lo que no ha logrado la compañera María Súmate, con todo y el Premio Nobel de la Paz que logramos comprarle en Oslo, Noruega. El peo es que la presidenta de la asamblea en el exilio no tiene el liderazgo como lo tiene la compañera María Súmate, y uno no sabe en qué palo ahorcarse. Es verdad que también hay que agradecerle al compañero Trump todos estos avances, porque nosotros, en más de veinte años, hay que reconocerlo, no pudimos echar abajo la dictadura. Ni con golpes, ni con guarimbas, ni con quemas de chavistas vivos, ni presidente interino, ni con un carajo, después de todas las vainas que inventamos y erramos, hasta que llegó el compañero presidente Trump, y mandó a parar. Y ahora, al fin, estamos viendo luz al final del túnel Los Ocumitos. Así que ya nos estamos preparando para ver cómo será esta especie de mundial de las asambleas legislativas que empezaremos a ver a partir del 1 de agosto. Mucha gente piensa hacer su agosto a partir de ahí, es decir, incorporarse a este proceso porque no se van a quedar sin puesto. Ya estamos informados de que serán diez los participantes de parte y parte. En el fútbol son 11, pero no importa, imaginemos que es un partido de fútbol para continuar viendo el Mundial que termina el domingo. Eso sí, la FIFA es Estados Unidos. Hay que decir que no sabemos quiénes serán los 10 participantes de la asamblea en el exilio, y mucho menos los que participarán por la asamblea de la dictadura. De nuestro equipo, queremos saber quiénes son esos diez personajes decentes y pensantes para empezar a caerles desde ya para ver si logramos acomodarnos una vez que termine el evento. Tienen que ser diputados. Así que ni el poeta López ni el pensionado Ledezma, ni mucho menos Julio —matemático— Borges, pueden participar. Quien sí tiene todas las cartas para estar entre los participantes de nuestro equipo es el compañero Ismael —talanquera— García. Y sería del carajo, porque con ese diputado se vive mejor la  política nacional; basta acordarse de algunas de sus declaraciones para apoyarlo.

Es bueno decir que mucha gente está arrecha con nosotros porque nos la pasamos hablando pendejadas y no ayudamos a nadie. En los terremotos nadie nos vio ayudando aquí o allá con alguna cosa; lo que todo el mundo vio fue el matrimonio de un hijo de la compañera María Súmate y un baile del trencito y más nada. Esa ha sido la falla tectónica nuestra: el acercamiento con la gente del pueblo. Lo que pasa es que pueblo es el sustantivo más gastado, y a nosotros no nos gusta mucho mezclarnos con ese poco de marginales; eso hay que decirlo. Por lo demás, todo el mundo sabe lo que verdaderamente nos interesa a nosotros: el poder y, sobre todo, el económico. Aunque podemos decir que los compañeros enviados por nuestro presidente Trump han hecho un gran trabajo allá, en La Guaira, hemos visto banderitas de Estados Unidos por todas partes, y eso es señal de que estamos presentes siempre, dando lo mejor. No estamos nosotros, pero están nuestros soldados gringos, y eso es suficiente. Yanqui, welcome.

El papá de Margot llegó de la calle diciendo: «Coño, no nos cansamos de mentir. Yo no sé qué carajo ganamos con esa vaina. Lo único que ganamos es que la gente nos coja arrechera. Nos ponemos a decir vainas que no son, para joder y porque, según dicen, le están pagando a un gentío en las redes sociales para que digan que el gobierno no está ayudando, que el gobierno llegó tarde. ¡Qué bolas! Tarde hemos llegado nosotros a todas partes, que ni lavamos ni prestamos la batea. Menos mal que la compañera Dinorah no habla pendejadas diciendo que «voy para Venezuela». «Mi presencia en Venezuela es muy importante para el país». Esas son bolserías. Dinorah no habla pendejadas y viene, y se sienta con el presidente de la Asamblea de tú a tú, mientras que la compañera Machado no hace más que decir que viene y viene y viene, y no llega nunca. A lo mejor, primero viene el compañero presidente Edmundo González, a quien premiaron en el congreso español por su lucha contra la dictadura en lo que queda de país. Es que no aprendemos un carajo». Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: «¡Carajo, este edificio no lo tumbó el terremoto y lo vas a tumbar tú, muérgano!». 

Poderejecutivo

—Madre, si me matan, pide a los soldados que te den tu muerto —me declama Margot.

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*Roberto Malaver. Periodista y escritor. Niega ser humorista, a pesar de algunas evidencias que indican lo contrario. Co-moderador del popular programa «Los Robertos», al cual insisten en llamar «Como Ustedes Pueden Ver». Co-editor del suplemento comico-politico «El Especulador Precóz». «Co-algo» de muchos otros proyectos porque le gusta jugar enquipo. @robertomalaver

17 de julio de 2026

Who Really Funds the Climate Agenda?

 

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Across Europe and the United States, climate policy has become one of the most influential drivers of public policy, affecting energy, finance, agriculture, transport, housing and industry.

Behind this transformation lies a vast network of philanthropic foundations, non-governmental organisations, think tanks, financial institutions and advocacy groups that has helped shape both public opinion and political decision-making. This raises an important question: who built and financed this extensive climate-policy system?

Most people assume climate policy emerges through the normal democratic process.

Scientists publish research, governments consult experts, legislators debate proposals, and elected representatives decide the direction of public policy. Yet across both Europe and the United States, a vast network of philanthropic foundations, non-governmental organisations, think tanks, advocacy groups, and financial institutions also plays an important role in shaping climate policy and public opinion.

Lobbying itself is neither unusual nor inherently improper. What deserves closer examination is the scale, funding, and influence of the organisations promoting today’s climate agenda—and where their funding originates.

European Climate Foundation - Wikipedia

One organisation that has attracted increasing attention is the European Climate Foundation (ECF), established in 2008 and headquartered in The Hague. Although headquartered in Europe, many of the Foundation’s largest financial supporters are major American philanthropic organisations, illustrating the increasingly transatlantic nature of climate advocacy.

Dutch science journalist Marcel Crok recently examined the Foundation’s role in European climate policy, arguing that it has become one of Europe’s most influential climate-focused philanthropic organisations while remaining largely unknown outside specialist circles. His investigation raises important questions about how modern climate advocacy is financed and organised.

According to publicly available information cited by Crok, the ECF received approximately €275 million in funding during 2023. Among the listed supporters are several major American philanthropic organisations, including Bloomberg Philanthropies, the William and Flora Hewlett Foundation, and the Rockefeller Brothers Fund, alongside a number of European charitable foundations. 

Grant recipients include research organisations, environmental NGOs, legal advocacy groups, communications initiatives, and media projects. Crok notes that organisations such as Carbon Brief, the European Environment Bureau, and CAN Europe have received ECF support, while Carbon Brief publicly discloses such funding as part of its transparency policy.

None of this information is hidden. It is available through annual reports, grant disclosures, and tax filings. Yet relatively little public attention has focused on how these philanthropic networks operate collectively or the extent to which they may influence climate policy and public debate on both sides of the Atlantic.

Climate policy today extends far beyond climate science. Across both Europe and the United States it increasingly influences industrial strategy, financial regulation, banking, agriculture, transport, housing, taxation, and long-term investment decisions. Governments now work alongside NGOs, philanthropic foundations, research institutes, financial institutions, and private-sector organisations in developing climate and energy policy.

The 2022 Inflation Reduction Act alone originally included an estimated $369 billion in energy-security and climate-related programs, including grant funding and tax incentives, increasing the importance of understanding the organisations that help shape climate policy debates.

Climate Finance and the Banking Sector

One example of this wider funding ecosystem is its growing connection with the international financial sector. Over the past decade, major American and international banks, asset managers and multinational corporations have become increasingly involved in developing climate-related financial frameworks.

In December 2015, the Financial Stability Board established the Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD), which represents $118 trillion of assets globally[1]. The taskforce brings together representatives from many of the world’s largest financial institutions and corporations to develop climate-risk reporting standards. Over subsequent years, climate-related disclosure rapidly became embedded within investment management, Wall Street, banking regulation and corporate governance.

Critics, however, contend that they have also accelerated the financialisation of climate policy, embedding net-zero objectives within banking, investment and corporate decision-making. 

When the world’s largest banks, corporations, and institutions, all align to push a climate change agenda that, in my view, is not supported by robust empirical evidence, one can see there is another agenda going on behind the scenes. This climate agenda tries to convince the public to make sacrifices and to accept significant economic and social changes under the emotive guise of “saving our planet.” Meanwhile, corporations, financial institutions and investment funds stand to benefit financially, and political institutions implement worldwide technocratic policy systems under the banner of combatting man-made CO2-induced climate change. Ultimately, critics argue that this agenda aligns with the objectives of UN Agenda 2030 while creating, or potentially creating, trillions of dollars in new financial opportunities for major banks and investment firms.

As a former science adviser at the UK Department of Energy and Climate Change, and one of more than 2,000 scientists and academics who have signed the Clintel World Climate Declaration, I believe this close relationship between climate policy and financial institutions deserves far greater public scrutiny.  The Clintel declaration argues that CO₂ is not the dominant driver of climate and that natural variability plays a much larger role than is commonly acknowledged. 

The Role of Rockefeller Family Foundations

The Rockefeller family’s support for climate initiatives has also attracted particular attention. How the Rockefeller banking dynasty became leading advocates of the global warning agenda is described in a report titled The Rockefeller Way: The Family’s Covert ‘Climate Change’ Plan published by The Energy & Environmental Legal Institute in  December 2016. An article published by the institute[2] states:  

“In their Sustainable Development Program Review, the Rockefeller Brothers Fund boasts of being one of the first major global warming activists… Their highly complex integration of hedge funds, interlocking boards positions, and non-profit organizations has steered public policy on these issues and provided them with foreknowledge of emerging markets and access to the developing worlds’ natural resources…”

The Climate Scenario Behind a Decade of Alarmism is No Longer Considered Plausible

Another important development has received surprisingly little public attention. The developers of the next generation of official climate scenarios have concluded that the highest-emissions pathways, including RCP 8.5 and SSP5-8.5, are no longer considered plausible representations of likely future development. Because these scenarios influenced thousands of studies, policy recommendations and media reports, this shift has important implications. I examine the issue in detail in my earlier article, The Climate Scenario That Changed the World — And Is Now Being Quietly Dropped.

A broader question concerns the underlying assumptions built into today’s climate models. Is carbon dioxide truly the dominant driver of climate, as argued by the UN IPCC, and can current models isolate its influence with the degree of precision implied by modern attribution studies? Many scientists and researchers—including the more than 2,000 signatories of the Clintel World Climate Declaration—argue that CO₂ is not the dominant driver of climate and that natural variability plays a much larger role than is commonly acknowledged.

Conclusion

Supporters argue that funding of net-zero initiatives accelerates action on an urgent global challenge. Critics contend that concentrated philanthropic funding amplifies particular policy perspectives while making alternative viewpoints less visible within public debate.

Regardless of one’s view of climate science, organisations spending hundreds of millions of dollars and euros to influence public opinion and public policy deserve greater transparency and public scrutiny. Whether in Europe or the United States, citizens have a right to know who is shaping climate policy, how it is being funded, and whether competing scientific perspectives are receiving a fair hearing.

These issues are examined in greater detail in the 2026 edition of my book Climate CO₂ Hoax: How Bankers Hijacked the Real Environment Movement. Its purpose is to distinguish genuine environmental concerns from claims that, in my view, are not supported by robust empirical evidence.

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Mark Keenan is a former United Nations technical expert and an independent writer on science, technology, political economy and human freedom. He is the author of Climate CO2 Hoax, The AI Illusion, The Debt Machine, and Demonic Economics. His books and articles are available at Reality Books and on Substack at markgerardkeenan.substack.com.

He is a regular contributor to Global Research.

Notes

[1] Source:  https://data.parliament.uk/DepositedPapers/Files/DEP2019-0718/Green_Finance_Strategy.pdf

[2] Source: https://www.globalresearch.ca/rockefeller-familys-covert-climate-change-plan/5678775

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