Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

21 de abril de 2026

Venezuela y el Laberinto del FMI

 


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De prensabolivariana en abril 21, 2026

José A. Amesty Rivera*

A propósito de la discusión de la entrada de Venezuela al FMI y un posible endeudamiento, comparto estas líneas.

El Fondo Monetario Internacional vuelve a aparecer en la situación de Venezuela, pero no como algo totalmente nuevo, sino como parte de una relación que nunca se rompió del todo. Es importante aclararlo desde el principio, el Fondo Monetario Internacional no es un lugar al que se entra y se sale; Venezuela sigue siendo miembro desde 1946, lo que pasó en los últimos años fue más bien un distanciamiento político y práctico, ya conocido, no una salida oficial.

Por eso, lo que hoy algunos llaman “el regreso” es en realidad volver a activar una relación que estaba casi detenida; y aquí es importante aclarar otra idea, que el Fondo venga a “salvar” a Venezuela, no es exactamente así.

Surgen dos preguntas importantes que están en el centro del debate:

¿Se puede usar este tipo de relaciones sin repetir la dependencia de otros países o instituciones? ¿Puede un país acceder a sus propios recursos dentro del sistema internacional sin quedar atado a sus reglas?

La respuesta no es simple, en teoría, un país puede recuperar parte de su dinero dentro del sistema sin pedir nuevos préstamos. Pero en la práctica, todo depende de las reglas del sistema internacional, donde lo económico y lo político están muy mezclados.

Una parte importante del dinero en discusión no es un préstamo nuevo ni ayuda externa; se trata de unos fondos que los países ya tienen dentro del propio Fondo Monetario Internacional, algo así como “dinero guardado” que les pertenece. En el caso de Venezuela, ese dinero había quedado bloqueado o sin poder usarse por decisiones y problemas políticos y administrativos.

Lo que describimos en lenguaje económico, se refiere específicamente a los Derechos Especiales de Giro (DEG). ¿Qué son los DEG? No son una moneda física, sino un activo de reserva internacional creado por el FMI; funcionan como una unidad de cuenta cuyo valor se basa en una cesta de las monedas más fuertes del mundo (dólar, euro, yuan, yen y libra).

¿Por qué es «dinero propio»? Cada país miembro del FMI, tiene una cuota asignada según su peso en la economía mundial. Cuando el FMI decide hacer una «asignación general» de DEG (como la de 2021 para combatir los efectos de la pandemia), estos fondos se distribuyen proporcionalmente a esas cuotas. Por lo tanto, no es un préstamo que genera intereses por su uso, sino un activo líquido que ya forma parte de las reservas internacionales de cada nación.

Esto cambia la forma de ver el tema, porque no se trata, al menos por ahora, de endeudarse más, sino de recuperar dinero que ya era del país pero que no se podía usar.

En esa línea, el gobierno de Venezuela ha dicho que su intención no es pedir nuevos préstamos, sino normalizar la relación, volver a conectarse con el sistema financiero internacional y recuperar acceso a esos recursos.

Sin embargo, la historia pesa, el Fondo no solo maneja dinero, también opina sobre cómo los países organizan su economía, hace recomendaciones y sugiere caminos que luego influyen en otros actores del mundo financiero.

Por eso, aunque se diga que no habrá nuevos préstamos, volver a acercarse al Fondo abre la posibilidad de futuras negociaciones si el país necesita más apoyo. Y aquí aparecen las condiciones.

Las preguntas iniciales anteriores, toman más sentido aquí. La primera (si se puede evitar la dependencia), tiene que ver con una experiencia repetida en América Latina, los países pueden negociar, pero no siempre logran liberarse por completo de las reglas del sistema financiero mundial.

La segunda pregunta (si se puede usar el propio dinero sin quedar atrapado en ese sistema), también tiene una respuesta mixta. Sí, se puede usar en el corto plazo, como en el caso del dinero bloqueado, pero ese uso está conectado con la confianza de otros países, con la estabilidad de la economía y con cómo ven la situación los mercados internacionales.

América Latina ya ha vivido esto muchas veces, los acuerdos con el Fondo Monetario han estado asociados en varios momentos a recortes del gasto público, cambios en servicios sociales y ajustes en la economía que han afectado a la población. No es solo una opinión, sino algo que se ha repetido en distintos países y gobiernos.

En Venezuela, esto tiene un significado especial, durante años, el gobierno de Hugo Chávez marcó distancia con el Fondo como símbolo de independencia económica. Hoy la situación es diferente, porque la realidad económica y las condiciones externas han cambiado.

El país enfrenta una economía muy debilitada, con mucha deuda externa, dificultades para conseguir dinero en el exterior y problemas acumulados como: dependencia del petróleo, caída de la producción y desequilibrios internos.

A esto se suman sanciones internacionales que han limitado operaciones financieras y comerciales, además de problemas internos ya existentes.

En este contexto, acercarse al Fondo aparece como parte de una estrategia para volver a integrarse al sistema financiero mundial. No necesariamente como un cambio de ideas, sino como una respuesta a una situación difícil.

Pero el punto clave sigue siendo el mismo, el Fondo no funciona aislado, forma parte de un sistema donde el dinero, las decisiones económicas y el poder están conectados. Incluso sin acuerdos formales, su presencia influye en lo que otros países y bancos deciden.

Así, lo que parece un paso técnico puede terminar teniendo efectos más grandes en el futuro, y en ese proceso vuelve el debate sobre la soberanía económica, no como un eslogan, sino como un problema real.

Porque la soberanía no es algo fijo ni permanente, es la capacidad de un país de tomar decisiones propias en medio de presiones externas y necesidades internas.

En el mundo actual, donde el dinero, el comercio y la inversión están concentrados en pocos centros de poder, ningún país tiene libertad total.

Esto no significa que no haya margen de acción; los gobiernos pueden decidir prioridades, orientar políticas sociales, cambiar sectores importantes y negociar mejores condiciones. Pero esos márgenes tienen límites y pueden ampliarse o reducirse según la situación interna y la dependencia externa.

En Venezuela, esta tensión es clara, el país necesita estabilizar su economía, pero también quiere mantener control sobre sus decisiones.

Por eso, aunque por ahora la relación con el Fondo se limite a recuperar dinero propio y normalizar contactos, el proceso es más amplio. Cada decisión en el ámbito internacional no solo resuelve un problema inmediato, también influye en el futuro.

La historia de América Latina muestra que los caminos para estabilizar la economía nunca son neutrales.

El desafío no es solo económico, sino político: decidir cómo relacionarse con el mundo, bajo qué reglas y con qué prioridades sociales. En este sentido, la soberanía no es algo que se declara una vez y ya está, sino algo que se defiende todos los días con decisiones concretas.

El caso venezolano muestra esa tensión en desarrollo, no hay un final claro todavía, es un proceso en movimiento, con necesidades urgentes, presiones externas y decisiones internas que van marcando el rumbo.

Y en ese proceso se juega lo más importante, si la relación con el sistema financiero internacional será solo una herramienta temporal para resolver problemas, o si terminará convirtiéndose en una dependencia más fuerte.

Esa es la verdadera discusión, y todavía no está resuelta.


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Análisis de los planes de Trump 2.0 para la “Gran Norteamérica”

 

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De prensabolivariana en abril 21, 2026

Andrew Korybko*

Estados Unidos está restableciendo su hegemonía unipolar sobre el hemisferio, comenzando por su «cuarto de esfera», porque no existen controles ni contrapesos.

A principios de marzo, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, habló sobre la » Gran Norteamérica «, que incluye a «todas las naciones y territorios soberanos al norte del ecuador, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana». Añadió que «este es nuestro perímetro de seguridad inmediato en esta gran región en la que todos vivimos. Cada uno de estos países limita con el Atlántico Norte o el Pacífico Norte». Este concepto es bastante sensato, pero también es comprensible que genere temor en algunos dentro de esta región.

La escuela rusa del multipolarismo enseña que las grandes potencias y las potencias regionales, especialmente los estados-civilización (aquellos que dejaron un legado sociopolítico duradero en otros a lo largo de los siglos), desempeñan un papel fundamental en la transición sistémica global. También poseen esferas de influencia, que a veces se superponen con su huella civilizacional, donde son más vulnerables a las amenazas a la seguridad. La de Rusia es el antiguo espacio soviético («Extranjero Cercano»), la de India es todo el sur de Asia y la de Estados Unidos es la «Gran Norteamérica», entre otras.

Esto es natural, pero también lo es que algunos dentro de estas esferas teman que estos países líderes asuman un papel más importante en sus regiones, lo cual puede atribuirse a razones históricas, así como a razones políticas contemporáneas que a veces son explotadas por demagogos y terceros. Volviendo a los ejemplos anteriores, los países bálticos odian a Rusia, Pakistán siente lo mismo por la India (y Bangladesh está siguiendo sus pasos ), y lo mismo ocurre con muchos mexicanos y latinos respecto a Estados Unidos.

Rusia no puede resolver directamente las amenazas que emanan de los países bálticos debido a su pertenencia a la OTAN, e India no puede resolver por completo las que emanan de Pakistán debido a su estatus nuclear. Sin embargo, Estados Unidos sí puede resolver lo que su liderazgo percibe, o incluso simplemente afirma, que son amenazas a su seguridad en la «Cuarta Esfera». Es irrelevante estar de acuerdo o en desacuerdo con las evaluaciones de Estados Unidos, ya que lo importante es que ninguno de los países de la «Gran Norteamérica» ​​posee armas nucleares ni pactos de defensa mutua con países con armas nucleares.

Esta vulnerabilidad, que difícilmente se corregirá, envalentona a Trump 2.0 para remodelar unilateralmente la geopolítica de la «Gran Norteamérica» ​​a su favor, como lo demuestra su audaz captura de Maduro y el bloqueo de facto (aunque no estrictamente aplicado ) de Cuba con fines de » ajuste del régimen «. Pronto podría subordinar aún más a México , si bien no está claro qué medios emplearía para lograrlo. La cuestión es que las únicas limitaciones al comportamiento de Estados Unidos son las que él mismo se impone.

El efecto demostración de capturar a Maduro y bloquear de facto a Cuba podría, por lo tanto, generar una mayor adhesión a Estados Unidos en lugar de un equilibrio de poder y el riesgo de la ira de un segundo Trump. En ese escenario, la influencia de países no hemisféricos como China y Rusia se reduciría al mínimo, mientras que es probable una mayor coordinación para abordar las amenazas que representan la inmigración ilegal y los cárteles. El resultado final sería el fortalecimiento de la «Fortaleza América» ​​como la esfera de influencia casi exclusiva de Estados Unidos.

Volviendo a la introducción, esto es bastante sensato desde su perspectiva, independientemente de la opinión que se tenga al respecto, y es comprensible que genere temor en algunos en este ámbito. Estados Unidos está restableciendo su hegemonía unipolar en el hemisferio, comenzando por su «cuarto de esfera», porque no existen controles ni contrapesos. Rusia, India y otras potencias similares luchan por hacer lo mismo dentro de sus propias esferas de influencia, en gran medida porque Estados Unidos instrumentaliza a sus adversarios con fines de contención.


*Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen” y “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.

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20 de abril de 2026

El mundo financiero o la crisis recurrente…

 


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De prensabolivariana en abril 20, 2026

Por Luis Casado*

Hoy vamos a analizar los datos subyacentes y veremos que, aunque el mundo no se va a acabar a corto plazo, en realidad hay buenas razones que explican la disparidad entre las previsiones. Así que no pasa nada si estás confundido”.

(John Mauldin, analista financiero US – 18 abril 2026).

Si estás confundido… eso es bueno para el negocio de asesor financiero. Para saber de qué va el tema tienes que preguntarle a los que saben, como John Mauldin y un diluvio de enteraos que cada día te aconsejan dónde invertir tus ahorros para vivir sin trabajar. Sin embargo…

¿Te gustó la crisis financiera de los créditos subprime? Vas a adorar la crisis financiera de los créditos privados.

El escándalo de los créditos subprime estalló en el 2008. Acordados a familias vulnerables que soñaban con la casita propia, fueron una oportunidad de alimentar la voracidad bancaria arriesgando impagos a cambio de una tasa de interés variable.

Miles de hogares modestos no calificaban para un crédito hipotecario, lo que generó una oportunidad de negocio. Aceptando condiciones leoninas constituían un mercado rentable y fructuoso. Así, estos créditos pasaron de US$ 200 mil millones en el 2002 a US$ 640 mil millones en el 2006, o sea un 23 % del total de prestamos inmobiliarios.

Pero… la FED –banco central yanqui– aumentó sus tasas a partir del 2005, elevando así el monto del reembolso de los préstamos a tasa variable. En el 2007 se produjo lo que era fácil prever: los impagos llegaron a un 15% de los créditos hipotecarios atribuidos a clientes frágiles.

Al mismo tiempo –por la 1ª vez desde la II Guerra Mundial– bajaron los precios en el mercado inmobiliario hasta un 30%. Ello provocó numerosas quiebras en los organismos crediticios que, en caso de impagos, se rembolsaban expulsando a las familias y vendiendo las viviendas.

El contagio planetario vino porque los bancos pillines compartieron el riesgo creando otro producto financiero: títulos de deuda u obligaciones que encapsulaban miles de créditos hipotecarios subprime, y se los vendieron a inversionistas en busca de lucro fácil: en ese entonces esas peligrosas obligaciones de alto rendimiento rentaban 50% más que las obligaciones normales. Todo sin preservativos, lo que contaminó a la comunidad financiera mundial.

Las obligaciones subprime fueron adquiridas por bancos, compañías de seguros, fondos de inversión y las infaltables AFP. Las agencias de calificación – el nec plus ultra de la puñeta financiera– juzgaron que las obligaciones eran grito y plata.

Así se fabricó y se produjo el descalabro. Tú ya sabes, la incertidumbre es el cáncer del capitalismo. La desconfianza creció en los mercados interbancarios y en adelante nadie financió a nadie temiendo que el demandante tuviese entre sus activos esas obligaciones tóxicas.

La crisis subprime generó desconfianza hacia los productos financieros, cuestionó la probidad de los operadores y dejó en cueros a las agencias de calificación, poniendo en evidencia las debilidades de los sistemas de control interno de las instituciones financieras y de sus autoridades.

En buen romance: todo no fue sino un burdel generado en busca de lucro y más lucro.

La crisis hipotecaria subprime, nacida en EEUU, provocó una grave recesión económica, con millones de personas que se quedaron sin empleo (sólo en EEUU 9 millones de pringaos perdieron el laburo entre 2008 y 2009) y numerosas empresas que quebraron. La estimación de pérdidas señala que EEUU perdió en torno al 40% de su PIB del año 2007.

La solución, como era de esperar, vino del Gobierno de EEUU que “intervino” (léase pagó) para estabilizar el sistema financiero gracias al TARP (Programa de Alivio de Activos Problemáticos) y la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009 (ARRA). En Europa la “solución” fue exactamente la misma: pagó Moya, o sea el personal.

De ahí que en estos días los persistentes rumores relativos a un soponcio en materia de créditos privados haya activado mi hijodeputómetro cosa mala.

Rumores… es un modo de decirlo. La presa europea utiliza grandes titulares como este:

De Washington a Fráncfort, los reguladores cada vez más preocupados por la «caja negra» del crédito privado. En Estados Unidos, los pesos pesados del sector están siendo interrogados por los miembros del Congreso. El Tesoro estadounidense ha convocado a los reguladores para debatir los riesgos relacionados con el crédito privado. En Europa, las autoridades se mantienen alerta”.

O bien:

Los grandes fondos de crédito privado estadounidenses inspiran cada vez menos confianza”.

Nótese el léxico empleado: “caja negra” del crédito privado…

Uno de los sólidos pilares en que reposan el libre mercadoy la libre competencia –o sea el capitalismo– es la muy mentada transparencia. El mercado se viste de muselina, organdí, gasa y tules, amén de finos tejidos de encaje como las estrellas de Hollywood y Cannes.

Todos pueden ver –y tocar– todo. En fin, esa es la pomada que venden. ¿Le confiarías tus ahorros (AFP por ejemplo) a un mercado financiero opaco en el que no se sabe ni quién ni cómo se queda con el billete?

Los créditos privados son la banca sin las regulaciones bancarias. El crédito privado consiste en préstamos concedidos a empresas por entidades no bancarias: fondos de inversión especializados, aseguradoras (AFP…) o fondos institucionales. Allí donde las empresas encuentran dificultades para financiarse se genera –como en el caso de los créditos subprime– una oportunidad de negocio. A cambio de tasas superiores y condiciones que conviene llamar usurarias, las empresas consiguen los créditos que necesitan.

Luego… las entidades no bancarias se las arreglan para “titulizar” los créditos vendiéndoselos a otras instituciones financieras, creando así las condiciones de una pandemia que estalla a los primeros signos de impagos. He ahí la razón por la que las autoridades yanquis duermen mal en estos días.

Aquí, una pequeña alforza: “Existen numerosos actores financieros (entre ellos, los del sector del crédito privado) que no son técnicamente bancos (no tienen sucursales físicas ni en línea, no gestionan el dinero de particulares y no ofrecen medios de pago), pero que, desde el punto de vista de su balance, son bastante similares a los bancos tradicionales. De hecho, un fondo de crédito privado concede préstamos a largo plazo y capta recursos a más corto plazo (por ejemplo, aportaciones de inversores). En términos de riesgo de balance, una entidad de crédito privado es, por lo tanto, bastante similar a un banco (los inversores pueden querer retirar sus fondos de forma repentina, aunque, por lo general, las posibilidades de salida se limitan al muy corto plazo, precisamente para evitar este riesgo). Por eso, la diferencia entre los bancos tradicionales y los «bancos en la sombra» (shadow banking) es a veces bastante difusa.”

A la bella metáfora “caja negra” podemos añadirle lo de shadow banking o “banco en las sombras”.

La ya aludida transparencia aparece como lo que es: una bola, una falacia, un embuste, o si prefieres uno de los disfraces o camuflajes que los economistas le endilgan a la opacidad y a la turbiedad de los manejos financieros.

Entretanto, la prensa señala que Blue Owl Capital, la star du crédito privado de New York, anunció el jueves 2 de abril cifras catastróficas.

Blue Owl Capital, uno de los mayores gestores de crédito privado, anunció el jueves 2 de abril que, durante el primer trimestre, sus clientes habían solicitado el reembolso de 5.200 millones de dólares de sus inversiones en dos de sus fondos. Las solicitudes de retirada representan, respectivamente, el 22 % y el 41 % del valor total de estas entidades. Se trataría de una hemorragia si Blue Owl hubiera accedido a ellas, pero, dado que los reembolsos de las inversiones tienen un límite máximo, el dinero está bloqueado. Las perspectivas de rentabilidad de dos dígitos también conllevan algunos inconvenientes.”

No debe sorprender que los inversionistas no sean los únicos que hagan ochos con el culo en sus sillas. Reguladores y autoridades públicas también sienten llegar los síntomas de una gripe estomacal o gastroenteritis viral, vulgo diarrea, frente a la misteriosa “caja negra” que constata una oleada de retiradas sin precedentes.

A tal punto que los problemas de liquidez que sufren grandes firmas que administran fondos yanquis han llevado al Congreso a pedirle cuentas a los principales actores del mercado del crédito privado.

¿Y de cuanto estamos hablando? Se estima que la industria del crédito privado tiene concedidos préstamos en todo el mundo por unos USD 2,5 billones, de los que entre 1,5 y 2 billones de dólares estarían en EEUU, mientras el Banco Central Europeo habla de 400 mil millones de euros en Europa. Una poquedad. Pero como sabemos, los virus contaminan en cantidades microscópicas…

Por otra parte, puede que la alarma que cunde en el Congreso yanqui se explique muy fácilmente si le creemos a dos investigadores vernáculos: Mr. Haotian Chen de la Universidad de California (UCLA), y Mr. Bruce Sacerdote, del National Bureau of Economic Research (NBER).

Estos linces mostraron que los senadores son especuladores financieros como el resto, y que sus resultados bursátiles no le deben nada a la ciencia infusa sino a la información privilegiada de la que disponen gracias a sus augustas funciones.

Te recuerdo de pasada que –en materia financiera– la información privilegiada es un delito, lo que no es óbice para que el NBER haya juzgado que “su posición a la cabeza del poder no les da ventajas indebidas en Wall Street”. ¡Ah, bon!

Pero el debate continua en EEUU: “los electos del cuerpo legislativo se aprovecharían de las informaciones a su disposición para consagrarse al delito de iniciados”.

Después de todo, “¿por qué los miembros del Congreso gastarían tanto tiempo y energía por un salario de apenas USD 174.000 por año?” se preguntan Haotian Chen y Bruce Sacerdote, los economistas autores del estudio.

Lo que no deja de ser la hipófora ya expresada en Chile a propósito de nuestros padres conscriptos, y que se metaforiza muy naturalmente hacia el norte.

POLÍTICA


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