“La sabiduría de la vida consiste en la eliminación de lo no esencial. En reducir los problemas de la filosofía a unos pocos solamente: el goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura”.
Lin Yutang
Cervantes
Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.
MIGUEL DE CERVANTES Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.
Cuando el director de la CIA viaja a Moscú en secreto —y para ello le pide a Kiev que detenga sus ataques con drones— algo significativo se está gestando bajo la superficie del conflicto
En la corte del Kremlin
El 25 de agosto de 2026, un avión del gobierno estadounidense despegó de la Base Conjunta Andrews, hizo escala en Riga y desde allí voló a Moscú. A bordo viajaba John Ratcliffe, director de la CIA. No hubo anuncio ni comunicado de prensa; la misión salió a la luz gracias a los datos de seguimiento de vuelos y a fuentes que hablaron bajo condición de anonimato.
Al día siguiente, el Kremlin confirmó que Ratcliffe se había reunido con altos funcionarios de inteligencia rusos, no con Putin, quien, según se informó, solo fue informado sobre las conversaciones. Washington declinó hacer comentarios.
Esta es la primera visita conocida de un director de la CIA a Moscú desde la misión de William Burns en noviembre de 2021, que precedió al inicio de la Operación Militar Especial por unas semanas. El precedente no es tranquilizador, y es precisamente eso lo que hace que la misión de Ratcliffe deba interpretarse, más que simplemente informarse.
El vacío informativo dejado por las dos capitales se ha llenado de especulaciones, y la especulación, en geopolítica, ya es una forma de análisis. Según fuentes coincidentes, tres temas estaban sobre la mesa: Ucrania, Irán y el flanco báltico de la OTAN. Entrelazados con estos se encuentran Israel y, en segundo plano, el equilibrio de poder en Asia.
Procedamos con tres hipótesis de trabajo, que no son mutuamente excluyentes, sino que, por el contrario, pueden complementarse bien entre sí.
La hipótesis de cooperación
La primera interpretación es la menos dramática. Según se informa, Ratcliffe viajó a Moscú porque existe un canal de comunicación directo entre las agencias de inteligencia de ambas potencias, y este canal se ha mantenido incluso durante los años más difíciles del conflicto ucraniano. Fuentes estadounidenses han sugerido que el director de la CIA mantuvo contacto con sus homólogos rusos durante todo su mandato. Desde esta perspectiva, la misión sería la manifestación visible de un diálogo constante y discreto.
El detalle más revelador es de índole procedimental. Antes de la partida de Ratcliffe, EEUU solicitó a Ucrania que suspendiera los ataques con drones y misiles contra Moscú y ciudades del norte de Rusia desde el lunes hasta el miércoles. Kiev fue informada de que una delegación estadounidense de alto nivel se encontraba de viaje por territorio ruso.
Quienes organizan una tregua táctica —por breve y limitada que sea— no lo hacen para lanzar un ultimátum, sino para garantizar la seguridad del negociador y la viabilidad de las negociaciones. La estrategia consiste en cooperación, no en confrontación.
Esta hipótesis se ve reforzada por lo ocurrido inmediatamente después. Horas más tarde, tras la partida de Ratcliffe de Moscú, el secretario de Estado Marco Rubio anunció la revocación formal de la designación de Siria como Estado patrocinador del terrorismo. Es improbable que dos acciones tan cercanas en el tiempo no estén relacionadas. Oriente Medio —Siria, Irán y los corredores que conectan el Golfo con el Mediterráneo— es precisamente el escenario donde Washington y Moscú, a pesar de sus posturas opuestas sobre Ucrania, comparten un interés en la desescalada.
Al fin y al cabo, la cooperación no requiere amistad, sino simplemente que, en ciertos temas, el coste del conflicto supere al de la coordinación.
Si esta interpretación es correcta, el viaje de Ratcliffe no es un hecho aislado, sino un síntoma: prueba de que, tras la retórica pública de irreconciliabilidad, existe un marco común para la gestión de crisis.
Desde esta perspectiva, Irán, Ucrania y los países bálticos serían las tres mesas de negociación de un único proceso destinado a reducir simultáneamente las tensiones en múltiples frentes.
La tesis de la “debilidad”
La segunda interpretación invierte la perspectiva. No se trata de dos potencias coordinándose en igualdad de condiciones, sino de una potencia en apuros que llama a la puerta de la otra. La iniciativa estadounidense revela una posición de relativa debilidad.
Abundan las pruebas que lo confirman. Las negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania se han estancado; Trump había apostado capital político a la promesa de una paz rápida y ahora, a mediados de 2026, se encuentra sin haber cumplido dicha promesa.
Fue el enviado estadounidense, no el ruso, quien negoció el alto el fuego táctico respecto a los ataques ucranianos. Fue Washington quien informó a Kiev, presentándole un hecho consumado. En geopolítica, quien pide una suspensión de las hostilidades —aunque sea por solo tres días— admite implícitamente tener más prisa que la otra parte.
Detrás de la urgencia táctica, se vislumbra una tensión estructural más profunda. Una potencia hegemónica que percibe la erosión de su centralidad tiene interés en congelar los frentes abiertos para reorganizar sus líneas.
La sobreexpansión estratégica es el mal clásico de los imperios maduros: demasiados frentes de operaciones, demasiadas promesas y recursos insuficientes para cumplir con todos los compromisos simultáneamente. Por lo tanto, una tregua en múltiples frentes sería menos un acto de fuerza que una maniobra de reposicionamiento para ganar tiempo, reducir el número de crisis activas y reajustar las prioridades.
Esta interpretación tiene una limitación que conviene reconocer: corre el riesgo de confundir la prudencia con la debilidad. No todos los llamamientos a la desescalada surgen de la necesidad; algunos nacen del cálculo. Sin embargo, en los imperios en transición, el cálculo y la necesidad suelen coincidir.
La cuestión decisiva no es si EEUU está en las últimas, sino más bien si percibe que ya no puede mantener todos los frentes a la vez. Y la forma en que se llevó a cabo la misión de Ratcliffe sugiere que esta percepción está firmemente arraigada en Washington.
La tesis del “engaño” (y la larga sombra de Kissinger)
Existe también una tercera interpretación, arraigada en la memoria histórica rusa. La hipótesis es que la mano tendida es una trampa: que EEUU ofrece una tregua no para congelar el conflicto, sino para ganar el margen de maniobra necesario para reposicionarse y atacar con mayor eficacia, replicando el patrón de la década de 1980, cuando la apertura a las negociaciones estuvo acompañada de una estrategia de desgaste económico y estratégico contra la Unión Soviética, llevada a cabo desde dentro.
Se percibe un eco de la doctrina Kissinger: entablar amistad con Rusia para contrarrestar a China; mantener al adversario en un estado de dependencia calculada; impedir que dos grandes potencias rivales —en este caso, Rusia y China— se unan contra Washington; y utilizar las negociaciones como herramienta de división en lugar de reconciliación. Un diálogo con Moscú serviría, sobre todo, para crear una brecha entre Rusia y China, ofreciendo a la primera incentivos tácticos para debilitar una alianza que EEUU considera la verdadera amenaza sistémica.
Cada concesión estadounidense es reversible y de bajo costo, mientras que lo que Washington exigiría a cambio —un enfriamiento de las relaciones ruso-iraníes y un debilitamiento del eje euroasiático— afectaría los intereses estructurales y a largo plazo de Moscú. El desequilibrio entre lo que se ofrece y lo que se exige sería la prueba irrefutable del engaño.
La referencia a las elecciones rusas completa el panorama, ya que actuar mientras el adversario está inmerso en unas elecciones internas implica elegir el momento de mayor vulnerabilidad política, cuando el liderazgo está más expuesto y tiene menos margen de maniobra. La desconfianza rusa hacia las iniciativas occidentales tramposas es un hecho histórico bien documentado, y ningún negociador de Moscú se sienta a la mesa sin tener en cuenta la posibilidad de un engaño. El recuerdo de 1991 es, en sí mismo, un factor determinante en las negociaciones.
Los cuatro temas sobre la mesa
Estas tres perspectivas se complementan entre sí al analizar lo que, en términos concretos, estaba sobre la mesa. No se trataba de cuatro cuestiones aisladas, sino de un sistema de elementos interconectados.
Ucrania. El tema central para todos. Es el frente en torno al cual gira todo. La tregua táctica solicitada a Kiev antes de la misión demuestra que, sin una desescalada de las tensiones militares, ningún otro asunto es negociable para Occidente. Es la variable que abre o cierra todas las demás.
Luego está Irán, el punto donde los intereses se entrelazan y se contradicen. La relación entre Moscú y Teherán es precisamente lo que Washington desea debilitar. Exigir a Rusia que reduzca su apoyo a Irán es la exigencia definitiva, la que revela si se trata de cooperación, intercambio o engaño.
El otro tema crucial, de índole internacional, es Israel, que entra en juego a raíz de la cuestión iraní: la seguridad del régimen israelí es un requisito tácito para cualquier reajuste de la política exterior estadounidense en Oriente Medio, y la decisión de Rubio respecto a Siria también debe interpretarse desde esta perspectiva.
Esto nos deja con el frente báltico y, en términos más generales, con la cuestión de Europa y su estructura arquitectónica completa. Algunas evaluaciones de la inteligencia estadounidense apuntan a un posible cambio en la evaluación de riesgos de Putin, lo que sugiere que se inclinaría más por acciones híbridas contra los miembros de la OTAN para poner a prueba su cohesión.
De ser así, la misión también habría cumplido una función disuasoria, advirtiendo a Moscú de los límites que no debería traspasar. Disuasión y negociación, en el marco de una misma visita, no son contradictorias: son las dos caras de toda diplomacia de inteligencia. O, incluso, el juego de la partición de Europa en caso de guerra, dado que la UE está decidida a seguir adelante con su suicidio programado.
Leyendo el silencio
La fuerza de la misión de Ratcliffe reside, paradójicamente, en su silencio.
Un acontecimiento sin declaraciones oficiales se convierte en una pantalla sobre la que cada observador proyecta su propia visión del equilibrio de poder: quienes creen en un mundo multipolar ahora estabilizado ven cooperación; quienes ven un Occidente en decadencia ven una súplica por una tregua; quienes no han olvidado la historia ven una trampa.
Lo único que se puede afirmar con certeza es esto: cuando el director de la CIA viaja a Moscú en secreto —y para ello se le pide a Kiev que detenga sus ataques con drones— algo significativo se está gestando bajo la superficie del conflicto.
Por cierto: una fuente interna informó que otra figura prominente también estaba presente en el avión y en Moscú: el vicepresidente de EEUU, JD Vance…
*Lorenzo María Pacini (Italia, 1994) es filósofo político, profesor asociado de Filosofía Política y Geopolítica en UniDolomiti de Belluno y analista de asuntos internacionales. Sus principales áreas de trabajo son la geopolítica del mundo multipolar, la estrategia internacional, Eurasia, inteligencia y relaciones internacionales. Es además periodista, escritor, editor y fundador y director de Idee&Azione.
Bajo estricta tutela de la OFAC: EE. UU. autoriza comercialización supervisada de oro y carbón venezolano
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió un nuevo conjunto de licencias comerciales que autorizan a Venezuela la comercialización, explotación y exportación de minerales estratégicos como el oro y el carbón, aunque bajo un esquema de supervisión e intervención financiera directa por parte de Washington .
A través del permiso 51D, las autoridades estadounidenses habilitaron formalmente los procesos de compra, venta, transporte y refinado de minerales venezolanos negociados directamente con las empresas estatales Minerven y Carbozulia. De forma paralela, la licencia 54C opens las puertas al suministro de bienes, tecnología de punta, software y servicios de mantenimiento preventivo para la maquinaria de exploración minera en el país, obligando a todos los proveedores internacionales involucrados a presentar informes detallados ante el Tesoro estadounidense cada 90 días.
Bloqueo geopolítico y sumisión jurídica
El paquete de medidas contempla además la licencia 55A, la cual faculta al país para establecer negociaciones y ofertas de licitación con miras a captar futuras inversiones. No obstante, la letra chica del documento legal estipula de forma taxativa que cada propuesta debe ser minuciosamente estudiada y aprobada por la OFAC antes de que cualquier alianza comercial o de entendimiento pueda ser procedente.
El decreto estadounidense blindó sus intereses al imponer tres prohibiciones estrictas:
Veto total de aliados: Se prohíbe de manera absoluta cualquier tipo de alianza, negociación o triangulación conjunta de estos recursos comerciales con los aliados estratégicos de Venezuela, que son los principales enemigos políticos de la Casa Blanca: Rusia, China e Irán.
Cero criptoactivos: Queda vetada la ejecución de transacciones financieras a través de criptomonedas o monedas digitales.
Pérdida de jurisdicción: Cualquier disputa o arbitraje legal derivado de estos contratos deberá resolverse obligatoriamente ante tribunales internacionales.
Conclusión: El amarre al libre comercio estadounidense
El trasfondo de este nuevo andamiaje de licencias evidencia una realidad económica incuestionable para la República. Lejos de representar una devolución de la soberanía financiera, este esquema demuestra que Estados Unidos tiene completamente amarrada a Venezuela al libre comercio bajo sus propias reglas corporativas.
Al dictar unilateralmente con quién se puede negociar, qué tribunales internacionales tienen la última palabra y vetar de forma directa las relaciones comerciales conjuntas con los aliados del país —Rusia, China e Irán—, Washington consolida un modelo donde los principales recursos minerales del territorio quedan subordinados a las necesidades del mercado estadounidense.
[This article by CRG Research Associate Peter Koenig was originally published by GR in December 2025.]
“Climate instability” is a soft term, for climate geoengineering, weather modification, extended into weather weaponizing. In other words, a crime on humanity.
For certain, whenever you hear “fake news” to comments and reports about geoengineering and weather weaponizing, you can be sure the so-called fake news are actually the truth. And this is the case for most everything else called “fake news”.
However, what tops it all, is the recent discovery through a former employee at the South Pole Station in Antarctica. He says, what he saw at the South Pole Station is “HAARP on steroids”. He became a whistleblower, who testified before the United States Senate.
HAARP stands for High-frequency Active Auroral Research Program. Since 2015, it is officially a University of Alaska Fairbanks project which researches the ionosphere – the highest, ionized part of Earth’s atmosphere. In reality, it has a long history of weather modification and climate geoengineering.
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The researcher and whistleblower, Eric Hecker, used to work for Raytheon Technologies Corporation, an American multinational aerospace and defense conglomerate, at the South Pole Station. In a 15-minute interview by Redacted, he reveals the existence of a MASSIVE weather machine at the South Pole Station. The interview, which details what Mr. Hecker experienced at the South Pole Station, is mind-blowing. It “makes the HAARP project look like a baby project.”
The weather machines at the South Poles Station can control earthquakes and the weather, alias climate. They can fabricate and direct earthquakes, hurricanes, typhoons, cyclones just about anywhere in the world. In addition, there is a giant UFO control tower, also called a neutrino control tower.
Neutrinos are tiny subatomic particles, often called ‘ghost particles’ because they barely interact with anything else. Neutrinos can be used as high-frequency energy transmitters. Earthquake or storm forming energy can be beamed literally anywhere in the world.
Mr. Hecker talks about precisely targeted earthquakes and storms.
See and listen to this earth-shaking interview by Redacted of 11 October 2024.
With this prelude, the recent category 3 to 5 devastating hurricanes hitting North Carolina and Florida, as well as the typhoons Bebinca and Yagi, hitting China and other Asian countries, are easily explained.
In late September, Hurricane Helene, a category 5 Hurricane, hit five US States, Florida, Georgia, South Carolina, North Carolina, Tennessee, and Virginia, killing way over 300 people.
Hurricane Helene was a near-record-breaking storm. Winds and rainfall together turned the tornado into an almost unimaginable disaster that stretched more than 800 kilometers inland from the Florida coast.
“Helene” devastated and flooded Asheville, North Caroline. Strangely, Asheville sits on billions worth of lithium.
Asheville counts about 100,000 inhabitants and is on about 700m elevation – it is unusual that such elevations are flooded to the extent Asheville was inundated (see picture by Asheville Free Press).
Two companies, Piedmont Lithium and Albemarle Corp., plan to open lithium mines in the State of North Carolina in the coming years. Lithium is a metal used to power batteries for electric vehicles, smartphones, and laptop computers – and, of course, “war electronics”.
Guess who controls both of these companies? Right – BlackRock and Vanguard.
Last Wednesday night, 9 October, another weird, record Hurricane “Milton” hit the Florida coast, close to Siesta Key near Tampa, moving inwards towards Mexico, devastating Tampa, Florida, killing at least 23 people. The hurricane was downgraded from an original maximum strength category 5 to a level 3 when it made landfall, and later further down to a category 1 storm.
According to the utility tracker “Find Energy”, some 1.3 million customers were still without electricity on Saturday throughout Florida. See the report by CBS
The Water Street Tampa project redefines a booming downtown area, taking advantage of the city’s prime waterfront setting. See this.
It is said that Bill Gates intends on making Tampa a 15-minute city.
While fool proof the evidence is scanty, what looks like targeted storms, raises many questions. Geoengineering and weather manipulation is on the mind of ever more people. Keeping the narrative of “conspiracy theory” alive, is ever more difficult. People are waking up.
They are connecting the dots between the crisscrossed chemtrails skies, extreme hurricanes, and unpredictable severe weather variations, from cold to hot, to rain, to sunny, foggy, hail – an unusual and unhealthy mix. And now, with the interview by Redacted with Eric Hecker, even destructive killer-earthquakes are no longer mysteries.
Here is what is said about Hurricane Helene – with the potential multi-billion dollars lithium mining in the Asheville, NC, region: see video below.
As to Hurricane “Milton”, Paul Craig Roberts notices that it evolved in such an unusual way that it didn’t seem real. See this.
The following 14 minute-video provides a history of the amazing ability to intensify and radically change the path of hurricanes.
Concluding, weaponizing weather and climate, makes nuclear war superfluous. “Weather” and earthquakes can be targeted to specific areas as in war.
Also, avoiding nuclear wars avoids nuclear radiation and nuclear fallouts that can last from a few decades to thousands of years, and may affect the commandeering elite, as much as the common plebs.
What We, the People, want to avoid is nuclear war and weaponized weather and / or climate.
We do not want wars of any kind.
We seek Peace and the Light that will bring Peace.
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Peter Koenig is a geopolitical analyst and a former Senior Economist at the World Bank and the World Health Organization (WHO), where he worked for over 30 years around the world. He is the author of Implosion – An Economic Thriller about War, Environmental Destruction and Corporate Greed; and co-author of Cynthia McKinney’s book “When China Sneezes: From the Coronavirus Lockdown to the Global Politico-Economic Crisis” (Clarity Press – November 1, 2020).
Peter is a Research Associate of the Centre for Research on Globalization (CRG). He is also a non-resident Senior Fellow of the Chongyang Institute of Renmin University, Beijing.
The original source of this article is Global Research