Enfocado en
las transformaciones del trabajo, la tecnología y las psicopatologías
contemporáneas en el capitalismo avanzado, este filósofo italiano aparece en mi
horizonte doméstico por casualidad: un amigo argentino me habla de su obra y de
su vida como revolucionario:
Hitos
Teóricos y Políticos
1976:
Fundador de Radio Alice (emblema de los medios libres e independientes).
Movimiento
Social: Referente del movimiento Autonomía Italiana (Autonomia Operaia).
Aportes:
Conceptualización del cognitariado y análisis de la relación entre mente,
lenguaje y economía digital.
La fábrica
de la infelicidad (2003)
El sabio,
el mercader, el guerrero (2007)
Generación
Post-Alfa (2010)
Félix
(2013)
Después del
futuro (2014).
La naturaleza de la crisis
El diagnóstico de Franco "Bifo" Berardi sobre el presente no es una convocatoria a la acción ni una advertencia sobre el futuro; es la constatación de una fase terminal.
Mientras las narrativas y experiencias políticas convencionales solo rodean el caótico panorama geopolítico actual bajo las categorías del siglo XX —el resurgimiento del fascismo, la confrontación ideológica o el expansionismo imperialista—, el pensamiento de Berardi señala una ruptura ontológica: la crisis contemporánea no es de orden político, sino psicosocial y biológico.
La diferencia fundamental entre el fascismo histórico y la ultraderecha contemporánea reside en su demografía y su vector de energía. El fascismo del siglo pasado operó como una fuerza de expansión impulsada por una juventud hiperactiva y una fe ciega en el progreso técnico-industrial.
La demencia suicida
En contraste, las tensiones del presente están dominadas por el declive y la contracción. El repliegue identitario, el supremacismo y la violencia geopolítica no expresan la vitalidad de un proyecto en ascenso, sino la reacción defensiva y neurótica de una población envejecida que habita el Norte global. No se trata ya de una locura expansiva, sino de una forma de demencia suicida que busca asegurar privilegios dentro de una fortaleza asediada por el colapso ecológico y la presión migratoria.
La juventud anciana
Esta descomposición afecta de manera singular a las generaciones jóvenes. La crisis demográfica mundial y el desinterés por la reproducción humana no son meros fenómenos estadísticos, sino síntomas de un agotamiento existencial. Expuesta a una hiperestimulación informacional constante y a la evidencia objetiva del deterioro ambiental y económico, la juventud contemporánea padece un envejecimiento prematuro del aparato psíquico.
El
desinterés por el futuro no es apatía, sino una adaptación lógica ante un
sistema socioeconómico que exige un rendimiento infinito dentro de un planeta
con límites físicos evidentes.
La doctrina neoliberal y el abismo
En este marco, la noción de conflicto civil en potencias como Estados Unidos pierde su dimensión ideológica tradicional. La desintegración social no se manifiesta solamente a través de sectores partidistas enfrentados por visiones de Estado, sino mediante la atomización de la violencia. La doctrina neoliberal, al llevar la competencia a consecuencias inimaginables, como el desquiciante campo mental y verbal de Milei o la vulnerabilidad de la figura publica de Trump subiendo la escalerilla de su avión, o la megalítica demencia de la multimillonaria María Corina Machado paseando por el mundo con su maquillaje plus ultra, o la mirada de zombie de Marco Rubio o Abelardo de la Espriella, convierte el tejido comunitario en un escenario de agresión difusa donde el sufrimiento psíquico se traduce en brotes de furia irrestricta, xenofobia institucional y xenofobia social.
El pánico como política
El horizonte que traza Berardi prescinde de las salidas consoladoras o moderadas de la política tradicional. La dinámica del capitalismo posindustrial ha superado la capacidad de gestión de las instituciones democráticas, como en El Salvador, Haití, Bolivia, sustituyendo el debate de ideas por la gestión del pánico y la crueldad. Vean los rasgos y gestos, e incluso el peinado engominado y encontrarán los siete pecados capitales que han desnudado Saramago o Ernesto Sabato en sus obras.
La extinción deja de ser una hipótesis distópica lejana para convertirse en la condición material que define la experiencia colectiva del siglo XXI.
Argentina y Chile
Desde las coordenadas teóricas de Franco «Bifo» Berardi, los procesos políticos recientes de Argentina y Chile no representan anomalías regionales, sino laboratorios intensivos del colapso psíquico e institucional del capitalismo tardío.
El fenómeno de Javier Milei es quizás la encarnación más pura de lo que Berardi describe como la reacción neurótica y el desquiciamiento del campo verbal. La victoria del anarcocapitalismo en Argentina no se explica desde la adhesión a un programa económico racional, sino como un síntoma de pánico y agotamiento psíquico. Ante décadas de estancamiento y precarización de la masa joven, la sociedad argentina opta por una pulsión autodestructiva: la entrega del poder a un discurso abiertamente desarticulador que transforma la rabia difusa y el sufrimiento individual en una plataforma de crueldad institucionalizada.
Chile ofrece el reverso de la misma moneda. El estallido social de 2019 funcionó como una explosión de vitalidad y deseo revolucionario que buscaba romper con el laboratorio neoliberal instaurado en la dictadura. Sin embargo, la posterior parálisis institucional y el rechazo masivo a los procesos constitucionales demostraron el rápido agotamiento del aparato psíquico colectivo. La energía política fue capturada e hiperestimulada por el entorno y el miedo al desorden, abriendo paso a un repliegue conservador y al avance de las plataformas de ultraderecha. El caso chileno ilustra la transición de la potencia comunitaria al desencanto y a la búsqueda de seguridad autoritaria frente a la incertidumbre del colapso.
Franco Berardi no presenta un perfomance de baja factura, ni podemos acercarnos a él como un profeta del apocalipsis: es un cirujano que desprende sin prejuicios el maquillaje del cuerpo social actual, pero sin pretensiones de restaurar los daños colaterales de la operación.



