Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

13 de mayo de 2026

Venezuela Nuclear por Pedro Grima Gallardo

Imagina un hospital público en Caracas, de esos que han visto días mejores. Una madre espera en una silla de plástico. Su hijo tiene cáncer. Necesita radioterapia. Pero los isótopos radiactivos que salvan vidas —el Tecnecio-99m, por ejemplo— vienen del extranjero. Llegan tarde. O no llegan. Ahora imagina: un pequeño ciclotrón, construido aquí mismo, en Venezuela. Con los científicos y técnicos locales. Con supervisión del OIEA. Ese ciclotrón produce los isótopos cada mañana. El niño recibe su tratamiento a tiempo. La madre llora, pero ahora de alivio. Esa es la diferencia entre ver la energía nuclear como un monstruo o como una herramienta.

Venezuela no quiere fabricar bombas atómicas. Jamás las ha querido. Lo demostró durante muchas décadas (GlobalSecurity, 2025). Pero sí tiene derecho —derecho inalienable, dice el Tratado de No Proliferación— a usar el átomo para curar, para alimentar, para limpiar el agua, para progresar.

Tres argumentos orientan el discurso: la historia limpia de Venezuela en materia nuclear, los argumentos legales sólidos como una roca, y las necesidades concretas de su gente. Al final, espero que quede una idea clara: no es un capricho. Es justicia.

Venezuela firmó el Tratado de Tlatelolco en 1967. ¿Qué significa eso? Que América Latina y el Caribe se convirtieron en la primera zona densamente poblada del planeta en decir "no" a las armas nucleares. Fue un acto de valentía colectiva. Venezuela lo ratificó en 1970. Des-pués llegó el Tratado de No Proliferación (NPT, por sus siglas en inglés), en 1975. Y en el año de 1982, se firmó el Acuerdo de Salvaguardias Integrales con el OIEA (Middlebury Institute of International Studies, 2024). En dicho tratado se establecen unas salvaguardas de forma que inspectores internacionales pueden venir cuando quieran (General Directorate of Atomic Energy, Venezuela, 2019). Revisar. Preguntar. Medir. Asegurarse de que ni un solo gramo de material radiactivo se desvíe para algo que no sea medicina, agricultura o indus-tria. Venezuela ha permitido eso durante más de cuarenta años. Sin conflicto.

¿Y qué pasó con el único reactor de investigación que tuvimos? Se llamaba RV-1. Estaba en Altos de Pipe, en el estado Miranda. Era pequeño. Pacífico. Funcionó durante décadas con fines científicos. Pero usaba un combustible sensible: uranio altamente enriquecido, o HEU. Ese material, si cae en malas manos, puede usarse para una bomba. Venezuela no lo usó para eso. Nunca. Al contrario. En abril de 2026 —sí, hace apenas unos meses— Venezuela permitió una operación compleja. Con ayuda del OIEA, Estados Unidos y el Reino Unido, retiró esos 13 kilogramos de HEU del país. Los mandó a Estados Unidos. ¿Por qué? Porque Venezuela aceptó que era mejor no tener ese tipo de material en su territorio. El director del OIEA para ese momento, Rafael Grossi, dijo que fue un ejemplo de "voluntad, coordinación, dedicación y profesionalismo".

Un país al que a veces señalan como "sospechoso" hace exactamente lo contrario: se desha-ce voluntariamente del material más peligroso. Y lo hace en medio de sanciones económicas, con dificultades logísticas enormes. Hoy, en el lugar donde estuvo el RV-1, funciona una planta de irradiación gamma. Se llama Pegamma. Allí se esterilizan equipos médicos para la salud. Se mejoran semillas. Se salvan vidas. 

Venezuela también ratificó en 2018 el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW) (Nuclear Weapons Ban Monitor, 2025). Es el tratado más reciente, el más exigente. Declara ilegal la existencia misma de las bombas atómicas. Venezuela lo firmó. Lo incorpo-ró a sus leyes. Entonces, ¿de qué sospecha hablamos? No hay una sola prueba de que Venezuela haya intentado fabricar una bomba. Nunca la ha necesitado. Nunca la ha querido. Lo que sí necesita es tecnología para curar el cáncer, para producir alimentos sin plagas, para limpiar ríos envenenados por la minería ilegal. Esa es la verdad incómoda que a veces se omite.

El Tratado de No Proliferación en su artículo IV establece que: "Nada de lo dispuesto en el presente Tratado se interpretará en menoscabo del derecho inalienable de todas las Partes [...] a desarrollar la investigación, la producción y la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos". La palabra "inalienable" quiere decir que no te lo pueden quitar. No importa si eres un país pequeño. No importa si tienes un gobierno que a algunos no les gusta. Si cumples con las reglas de no proliferación —y Venezuela las cumple—, nadie puede impedirte acceder a la tecnología nuclear pacífica.

Es más: los países que sí tienen bombas están obligados a cooperar. El artículo IV también dice que deben "facilitar" el intercambio de equipos, materiales e información científica. No es un favor. Es una obligación legal. Entonces, cuando a Venezuela le bloquean la compra de un equipo médico porque tiene componentes radiactivos, eso viola el Tratado. Cuando le niegan la transferencia de un pequeño reactor modular para generar electricidad en una zona aislada, eso viola el Tratado. El derecho internacional no es un adorno. 

En septiembre de 2024 ocurrió algo que pasó desapercibido para muchos, pero que es muy importante. En la 68ª Conferencia General del OIEA, en Viena, Venezuela fue elegida parte de la Junta de Gobernadores. Para el periodo 2024-2026, representa a América Latina y el Caribe, junto con Argentina y Colombia (Xinhua News Agency, 2024, Septiembre 23). ¿Qué significa eso? Que Venezuela no solo tiene derecho a usar tecnología nuclear pacífica, sino que además está sentada en el órgano en donde se decide cómo se reparte esa tecnología en el mundo. Decide sobre la cooperación técnica. Decide sobre las salvaguardas. Decide sobre la seguridad. Es difícil acusar a un país de querer hacer trampa cuando ese país está ayudan-do a escribir las reglas. Y no es casualidad. Venezuela ha participado activamente en todos los foros del OIEA. Ha presentado informes. Ha recibido visitas. Ha implementado muchos y variados programas de cooperación técnica en salud y agricultura.

El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW) es radical. No permite ni siquiera tener armas nucleares en tránsito. Venezuela lo ratificó en 2018. Eso significa que, en su legislación interna, las armas nucleares son ilegales. ¿Puede un país que prohíbe las bombas en sus propias leyes estar escondiendo un programa de bombas? La respuesta es obvia: no. Por eso, cuando algún funcionario de una potencia nuclear dice que "Venezuela no es confiable" para manejar tecnología nuclear, hay que preguntarle: ¿y ustedes, que tienen miles de bombas apuntando al cielo, son más confiables? La hipocresía tiene límites.

Mientras Venezuela es sancionada, bloqueada, señalada, los submarinos de propulsión nuclear de Estados Unidos navegan por el Caribe. En agosto del año 2025, el USS Newport News, un submarino nuclear, estuvo en aguas cercanas a Venezuela. El gobierno venezolano lo denunció ante la ONU como una violación del espíritu del Tratado de Tlatelolco. Porque Tlatelolco no solo prohíbe tener armas nucleares. También prohíbe que potencias externas las introduzcan en la región. Eso incluye submarinos con armas nucleares a bordo, aunque no lo digan en voz alta. Entonces, la situación es asimétrica. Ellos pueden tener reactores nucleares en el mar, cerca de nuestras costas. Pero nosotros no podemos tener un ciclotrón para curar enfermos. Eso no es seguridad. Es colonialismo tecnológico.

Ya hablamos de la historia y las leyes. Ahora vayamos a la tierra, a la carne, al dolor, a la esperanza, a la Humanidad. ¿Para qué necesita Venezuela la tecnología nuclear pacífica? Para resolver problemas reales.

El cáncer no espera. Las enfermedades cardiovasculares no esperan. Y los isótopos radiactivos tienen una vida muy corta. El Tecnecio-99m, el más usado en diagnósticos, se descompone en seis horas. Si el vuelo desde el exterior se retrasa un día, el producto ya no sirve. Venezuela depende al cien por ciento de las importaciones. Con sanciones, con problemas cambiarios, con todo. A veces los isótopos llegan vencidos. O no llegan. Y los pacientes esperan. Algunos mueren esperando.

Un ciclotrón mediano, construido en el país cambiaría eso. Produciría isótopos cada mañana. El hospital los usaría al mediodía. El paciente estaría diagnosticado por la tarde. ¿Es caro? Sí, todo lo que vale la pena es caro al principio. Pero más caro es seguir importando, y más trágico es seguir viendo morir gente por algo que podríamos producir aquí. Venezuela tiene científicos. La Universidad Central de Venezuela, el IVIC, la Universidad de Los Andes. Gente formada, capaz. 

Las plagas de insectos destruyen cosechas enteras. La solución química son los plaguicidas, que dañan la tierra, el agua y la salud de los agricultores. Existe una técnica limpia, desarrollada por el OIEA y la FAO, que se llama Técnica del Insecto Estéril (TIE). Consiste en criar insectos macho, esterilizarlos con radiación gamma, y liberarlos en el campo. Se aparean, pero no hay descendencia. La plaga se reduce sola. Venezuela ya tiene una planta de irradiación, Pegamma. Podría ampliarse para producir insectos estériles a gran escala. Piensa en el mango de Oriente, en el cacao de Barlovento, en el café andino. Menos pérdidas, más exportación, menos cáncer por pesticidas. ¿Suena a ciencia ficción? No. Se hace en México, en Guatemala, en España. 

La minería ilegal en el Arco Minero del Orinoco ha dejado los ríos llenos de mercurio. Ese veneno se acumula en los peces y en las personas que los comen. Los métodos convencionales para limpiar el agua son lentos y caros. La tecnología nuclear ofrece una ventaja enorme: los trazadores radiactivos permiten estudiar el flujo del agua, el movimiento de los sedimentos, la dispersión de los contaminantes, con una precisión imposible de lograr de otra manera. La radiación puede descomponer ciertos contaminantes orgánicos persistentes. Venezuela tiene el recurso más valioso del mundo: agua dulce. Pero está siendo envenenada. Usar la tecnología nuclear para entender ese veneno y combatirlo no es un lujo. Es una necesidad.

Las represas hidroeléctricas son maravillosas... hasta que llega El Niño. Los cambios climáticos hacen que los periodos de sequía sean más largos e intensos. Venezuela sufre apagones. No por mala suerte, sino por depender demasiado de una sola fuente.

Los pequeños reactores modulares (SMRs, por sus siglas en inglés) son una alternativa real. No son como Chernóbil ni como Fukushima. Son diseños nuevos, más seguros, pasivos: se apagan solos si algo falla. Caben en un campo de fútbol. Producen electricidad limpia, sin emisiones de carbono. Para una zona minera en Bolívar, para un hospital grande, para una ciudad mediana, para un Estado pequeño, podrían ser la solución.

No digo que Venezuela deba llenarse de reactores de inmediato. Sino que tiene todo el derecho a estudiar esa posibilidad. A formar técnicos. A diseñar planes. Y a que nadie le cierre la puerta en la cara cuando pida cooperación.

¿Hay algún riesgo real? La energía nuclear asusta porque ha habido accidentes. Porque hay armas. Negar esos miedos sería tonto. Pero los miedos hay que mirarlos a la cara. El reactor RV-1 funcionó en Venezuela durante más de treinta años sin ningún accidente grave. Nunca hubo una fuga. Nunca hubo un incidente que pusiera en riesgo a la población. Los técnicos venezolanos que lo operaban estaban bien entrenados. El OIEA supervisó todo el tiempo.

El combustible de uranio altamente enriquecido ya no está en el país. Fue retirado (OIEA, 2026). Lo que queda son fuentes radiactivas de baja y media intensidad, usadas en medicina e industria, controladas por la Dirección General de Energía Atómica. ¿Existe el riesgo de que algún grupo terrorista robe material radiactivo? En cualquier país existe ese riesgo. Por eso existen las salvaguardias. Por eso los inspectores del OIEA visitan las instalaciones. Por eso se invierte en seguridad física. Venezuela ha cooperado en todo esto.

El verdadero riesgo para la estabilidad regional no es una Venezuela con medicina nuclear. El verdadero riesgo es una Venezuela colapsada, sin energía eléctrica estable, sin capacidad de diagnosticar enfermedades, sin tecnología para limpiar sus ríos. 

Venezuela aún no ha ratificado el Protocolo Adicional de salvaguardias del OIEA. Eso es cierto. El Protocolo Adicional permite inspecciones más sorpresivas y más amplias. Es una capa extra de transparencia. Mi opinión es que Venezuela debería ratificarlo cuanto antes. No porque sea obligatorio (no lo es si ya tienes el acuerdo de salvaguardias integrales), sino porque sería un gesto político enorme. Una forma de decir: "miren, no escondemos nada. Pueden venir cuando quieran. Revisen todo. 

Para que no parezca que esto es una locura venezolana, miremos alrededor. Países mucho más pequeños, con mucho menos recursos, y muchos menos científicos, tienen programas nucleares pacíficos. Uruguay tiene un reactor de investigación. Chile tiene de ellos varios. Perú tiene uno. Argentina tiene una larga tradición nuclear pacífica, incluso vende reactores a otros países. Brasil también. Ninguno de esos países es "sospechoso". ¿Por qué Venezuela sí lo sería?

Porque la sospecha no es técnica. Es política. Depende de quién gobierna, no de qué tecnología se maneja. Eso es injusto. El derecho internacional no puede depender del color político del presidente de turno. O se aplica a todos, o no es derecho.

Referencias

International Atomic Energy Agency (IAEA). (2026, May 7). “IAEA Helps Transport High Enriched Nuclear Fuel from Venezuela to the US”. IAEA Newscenter.  

GlobalSecurity org. (2025). “Venezuela - Weapons of Mass Destruction”. GlobalSecurity.org WMD Library.  

Nuclear Weapons Ban Monitor. (2025). “Venezuela”. Banmonitor.org.  

Xinhua News Agency. (2024, September 23). “Venezuela joins int’l atomic agency’s govern-ing board”. English.nujiang.cn.  

General Directorate of Atomic Energy (Venezuela) (2019). “Application of Safeguards in Venezuela through Protocols with Small Quantities”. IAEA Symposium on International Safeguards.  

Middlebury Institute of International Studies. (2024). “Non-Aligned Movement (NAM) Dis-armament Database: Venezuela”.

AN aprueba reforma de la Ley del TSJ que aumenta a 32 el número de magistrados

 

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De prensabolivariana en mayo 13, 2026

La Asamblea Nacional (AN) aprobó este 12 de mayo, en segunda discusión, la reforma parcial de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), el cual aumenta el número de magistrados de 20 a 32.

La normativa, que ahora será enviada al Ejecutivo para su ejecútese, introduce cambios estructurales profundos en el Poder Judicial, destacando la ampliación del número de magistrados para optimizar la respuesta procesal.

El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, informó que el artículo 8 fue aprobado tal como se estableció en el informe de la Comisión de Política Interior. Esta modificación eleva la conformación de la Sala Plena de 20 a 32 magistrados, una medida que busca atender los retrasos en las decisiones judiciales y fortalecer la eficiencia operativa del máximo tribunal del país.

De acuerdo con la reforma del artículo 8, las cinco salas ordinarias del TSJ pasarán de tres a cinco integrantes cada una. Asimismo, la Sala Constitucional incrementará su número de magistrados de cinco a siete. Según la exposición de motivos de la norma, este aumento permitirá procesar de manera más ágil las demandas de justicia de la población ante la acumulación de causas pendientes de resolución.

Por otra parte, la reforma del artículo 80 establece que la Inspectoría General de Tribunales, la Inspectoría General de la Defensa Pública y la Escuela Nacional de la Magistratura pasan a ser órganos dependientes jerárquica y funcionalmente de la Sala Plena. La ley también fija un periodo de siete años para los suplentes de estos órganos auxiliares, cuyo nombramiento seguirá un procedimiento similar al de los magistrados principales.

La normativa incluye disposiciones finales que obligan al Tribunal Supremo de Justicia a iniciar un proceso inmediato de reorganización interna conforme a los nuevos parámetros legales. Esta reestructuración es considerada por el Legislativo como un paso fundamental para la modernización del sistema judicial venezolano.

La versión oficial sostiene que esta reforma integral garantiza un mejor funcionamiento de las instituciones y asegura el debido proceso para los ciudadanos. Una vez cumplida la sanción legislativa, el TSJ deberá adecuar su estructura organizativa para incorporar a los nuevos magistrados y operativizar las salas ampliadas bajo la nueva jerarquía de la Sala Plena.

La primera discusión de la norma se dio el pasado 5 de mayo. La propuesta modificó la composición del alto juzgado, con el objetivo de «fortalecer» el sistema de administración de justicia y garantizar una respuesta jurisdiccional más eficiente a los ciudadanos.

El texto aprobado estableció un incremento significativo en la cantidad de magistrados que integran las diversas instancias del tribunal. Según el documento, que fundamentó la reforma, cada una de las salas del TSJ contará con cinco magistrados principales, a excepción de la Sala Constitucional. Esta última, en su condición de garante final de la norma fundamental, estará integrada por siete magistrados principales.

Con esta nueva arquitectura, el número total de integrantes del máximo tribunal ascendió a 32 funcionarios.

AN aprueba acuerdo por el Esequibo
La Asamblea Nacional aprobó por unanimidad, un acuerdo en respaldo a la defensa integral del territorio de la Guayana Esequiba y a la estrategia jurídica del Estado venezolano ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). El instrumento parlamentario busca cerrar filas en torno a la integridad territorial y fortalecer la posición del Ejecutivo nacional tras la reciente comparecencia de la delegación venezolana en La Haya.

El diputado oficialista José Gregorio Vielma Mora, encargado de presentar el proyecto, calificó el momento como «definitorio para la historia republicana». Durante su intervención, destacó que la defensa de los 159.542 km al cuadrado en disputa es un mandato sagrado que trasciende intereses partidistas, fundamentando la postura nacional en la legitimidad del Acuerdo de Ginebra de 1966 como único instrumento válido para resolver la controversia.

El acuerdo parlamentario ratifica tres pilares fundamentales expuestos por la vicepresidenta Delcy Rodríguez ante la CIJ: la nulidad del Laudo Arbitral de París de 1899, la vigencia del Acuerdo de Ginebra y la unidad nacional frente a desafíos externos. Vielma Mora enfatizó que el país no reconoce la jurisdicción del tribunal de la ONU para esta causa, basándose en la tradición histórica de no consentimiento para someter asuntos de soberanía a terceros.

Por su parte, representantes de la bancada opositora como Antonio Ecarri y José Gregorio Correa (Acción Democrática) se sumaron al rechazo del laudo de 1899. Ecarri denunció que el Gobierno de Guyana explota recursos en territorio en disputa, incluso en la proyección marítima venezolana, mientras que Correa ratificó que la actual generación y las venideras mantendrán la reclamación histórica sobre el territorio heredado de la Capitanía General de 1777.

El primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Pedro Infante, propuso formalmente que este acuerdo sea debatido y aprobado por todos los consejos legislativos y cámaras municipales del país durante esta misma semana. Infante alertó que detrás de la judicialización del conflicto por parte de Georgetown se encuentran los intereses de corporaciones energéticas transnacionales.

«Detrás de la postura de Guyana está la mano de transnacionales como la ExxonMobil. Los intereses energéticos globales buscan apoderarse de los recursos que pertenecen a Venezuela», sentenció Infante. El parlamentario insistió en que ningún fallo judicial resolverá el conflicto y que la única solución posible reside en el diálogo bilateral directo para alcanzar un arreglo satisfactorio para ambas naciones.

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De prensabolivariana en mayo 12, 2026

Desde la invasión se libran dos batallas: una por la aniquilación de nuestro país, y otra por la plena recuperación de la soberanía, los recursos, y la autodeterminación del pueblo venezolano

Sufrimos un golpe atroz. Si queremos superarlo, debemos admitirlo, investigar causas, corregir efectos.

Reiteramos que según encuesta de Hinterlaces de octubre de 2025, el 83% de los consultados estaría dispuesto a enfrentar una invasión militar extranjera, sólo 6% no lo haría, y 89% consideró que el verdadero objetivo de una eventual intervención sería derrocar al presidente Nicolás Maduro para apoderarse del petróleo. (https://extranewsmundo.com/encuesta-hinterlaces-83-de-los-venezolanos-afirma-que-estaria-dispuesto-a-enfrentar-una-invasion-militar-extranjera/I.

Seis meses más tarde, no he encontrado un solo compatriota que no reitere esas respuestas, pero acompañadas de nuevas preguntas.

En primer lugar, se ha de averiguar de manera clara, precisa y detallada qué ocurrió o dejó de ocurrir la madrugada del 3 de enero de 2026. Venezuela disponía y dispone de armamentos modernos, eficaces y costosos que no se emplearon. Cuarenta y siete soldados venezolanos y 32 escoltas cubamos murieron repeliendo valientemente la descomunal agresión con armas elementales. Es preciso conocer con exactitud los hechos y corregir fallas para futuros y previsibles enfrentamientos.

La investigación debe reformular la Doctrina Estratégica y Táctica de Seguridad y Defensa. Parecería que ante una rápida escaramuza que demostró la superioridad aérea del enemigo se decidió una rendición incondicional, con armas, contingentes y parques casi intactos y sin que el adversario hubiera dominado de manera efectiva y duradera ni un centímetro del territorio nacional. Una nueva doctrina ha de excluir categóricamente que el secuestro de funcionarios o la mera coerción se traduzcan en concesiones lesivas a la soberanía.

Desde siempre se ha sabido que EEUU goza de superioridad en armamento convencional. Ello no es argumento para que se le rindan a discreción todos los pueblos de la tierra. Muchos de ellos lo han derrotado rotundamente (y lo están derrotando ahora mismo) con armas inferiores. Para resistirlo cabe adoptar las tácticas de guerra no convencional que han hecho sistemáticamente inútil dicha superioridad en casi todos los conflictos asimétricos del pasado y el presente siglo. Urge saber por qué en este caso no se aplicaron dichas tácticas, formular doctrinas que corrijan errores, incorporar a la defensa activa a toda la ciudadanía.

El pueblo venezolano desconoce el alcance de las concesiones que se hicieron al enemigo en los minutos siguientes a la agresión, o por cual mecanismo o en qué forma varían o se amplían dichas concesiones hasta el presente y el futuro previsible. Por la indefinición que reina sobre la materia, presumimos que el agresor aspira a un poder discrecional absolutamente totalitario que implique la desaparición de la soberanía de Venezuela y la rebatiña incondicional de sus recursos.

Han sido sancionadas leyes que pretenden posibilitar la inconstitucional privatización de nuestras industrias de hidrocarburos y minas, rebajar abruptamente la participación del Estado en ellas, someter las controversias atinente a las mismas a tribunales o árbitros extranjeros. Se pretende usurpar todos los derechos que corresponden a nuestro pueblo sin asumir ningún deber hacia él.

Tal modelo es insostenible. La propaganda invasora pretende que se abre un lapso de torrenciales inversiones que traerán diluvios de divisas y de prosperidad. En otro lugar hemos reseñado el fracaso de la reunión del 9 de enero de 2026 entre el Presidente de EEUU y unas 17 empresas petroleras de dicho país, para repartirse el botín energético de Venezuela. Ni una sola avanzó un solo dólar de inversión. Consideraban al país «uninvestable», no invertible, por falta de seguridad jurídica, porque extraer la primera gota de petróleo requeriría inversión de mil millones de dólares y plazo de diez años, porque parte de la riqueza está ya comprometida.

En efecto, sobre más del 45% de los yacimientos petroleros y gasíferos han sido legalmente otorgadas concesiones por más de 25 años a empresas chinas y a filiales de la petrolera estatal rusa Roznef, las cuales exploraban y extraían hidrocarburos mientras el bloqueo estadounidense impedía el mantenimiento de gran parte de los yacimientos restantes. Entre los vacíos informativos posteriores a la invasión figura el del status actual de esas explotaciones rusas y chinas y el de los hidrocarburos u otros minerales producidos en ellas. Los ingresos provenientes de tales concesiones son inalienablemente venezolanos, y como tales, deben ingresar al Fisco y ser distribuidos mediante el Presupuesto y la Administración nacionales.

Por otra parte, el enemigo mantiene inflexiblemente su posición agresiva. Ni una sola del millar de medidas coercitivas unilaterales aplicadas contra Venezuela ha sido abrogada. No se han liberado los rehenes secuestrados por la fuerza bruta. No se ha reconocido la patente falsedad de los pretextos para la invasión: inexistencia del llamado Cartel de los Soles y del extinto Tren de Aragua, inexistencia de la producción y el contrabando de sustancias ilícitas, inexistencia de una mayoría opositora que habría obtenido supuestas mayorías electorales.

Ni una palabra se ha dicho sobre las reparaciones por los daños causados por un atroz acoso de un cuarto de siglo y un bloqueo de más de una década, por un bombardeo ejecutado por centenar y medio de aeronaves, por los bienes de Venezuela ilegítimamente confiscados en el exterior. Contra nuestro país se mantiene todo el rigor y la coacción de un estado de Guerra ilegítima, no autorizada por el Congreso de EEUU.

En texto anterior señalamos que el invasor, mediante la ‘Executive Order’ 14.373, pretende que todo ingreso procedente de los hidrocarburos y minerales venezolanos -históricamente, el 80% de la entrada de divisas del país- sea desviado hacia una partida del Tesoro de EEUU o cuentas secretas privadas en Qatar, bajo administración discrecional estadounidense y única y exclusivamente para adquirir bienes producidos en dicho país.

Con el anuncio del inaceptable latrocinio casi total de nuestros ingresos viene el de la reanudación de relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones especializadas en anular la soberanía de los países mediante la extorsión de Deudas Públicas Impagables. Privada de ingresos, Venezuela deberá costear sus gastos aceptando créditos usurarios garantizados con lo que reste de sus bienes y recursos. Los nuevos fondos serán aplicados de manera preferente para cancelar por la totalidad de su valor nominal deudas adquiridas a precios simbólicos por fondos buitres.

Este despojo total del ingreso público implica efectos devastadores. En los últimos tiempos, el Gasto Social del Gobierno venezolano ascendió a más del 70% de los egresos. La brutal disminución de fondos disponibles acarreará un paralelo desmantelamiento de todos los actuales programas de educación, salud, vivienda, asistencia social, alimentación, cultura, investigación científica, desarrollo agrícola y pecuario, industrialización, defensa e infraestructuras, por cierto ya duramente castigados por más de un cuarto de siglo de agresión, una década de bloqueo y más de un millar de medidas coercitivas unilaterales destinadas a estrangular y destruir nuestra economía.

Con el desmantelamiento de dichos programas o la reducción drástica del personal de los mismos imponiéndoles salarios apenas simbólicos, vendrá una oleada de desempleo que la limitada inversión privada será incapaz de absorber.

Esta situación arrojará efectos políticos. En la medida en que se muestren progresivamente incapaces de paliar las más vitales necesidades de la población, se producirá una merma en el apoyo hacia las organizaciones que colaboren con la ocupación.

La oposición de derecha, desechada como instrumento político por los invasores por su falta de apoyo popular, se hará progresivamente violenta buscando hacer méritos ante los ocupantes. Procesos electorales administrados por las mismas firmas que cometieron fraudes en Honduras, Perú, Ecuador y otros países legitimarán simulacros inconsistentes que arrebatarán el poder a las organizaciones representativas.

Se sancionarán drásticas reformas en las leyes laborales que revertirán o aniquilarán los derechos de los trabajadores, con repercusiones sociales, económicas y políticas iguales a las que medidas de tal índole acarrearon durante el pasado siglo.

La colaboración con los invasores reportará ganancias ilegales a una ínfima élite de traficantes de influencias y especuladores transnacionales, y anulará el prestigio de los movimientos políticos y sociales que se entreguen a ella.

Del Imperio puede decirse, como de los Borbones, que no ha olvidado ni aprendido nada. Emprenderá sistemática, implacable e integral erradicación de cuantos movimientos tengan o hayan tenido orientación progresista o asomos de ella. Una vez agotada su utilidad, el sector colaboracionista no será la excepción. De los medios, programas educativos y de la Historia misma desaparecerán los hechos e ideas de los Libertadores, o serán grotescamente falsificados para que representen lo opuesto de sus ideales. Siguiendo lineamientos de Rudolf Atkon, la educación será meramente instrumental; de acuerdo con los de Laura Berns, se eliminará la educación superior gratuita.

Todos sabemos lo que esconde el ensordecedor silencio que nos oprime. Sin consulta alguna sobre nuestra voluntad, se pretende despojarnos de soberanía, Independencia, recursos naturales autonomía, derechos, pasado, presente y futuro, a favor de una potencia agresora que nos odia y desprecia.

Desde la invasión se libran dos batallas: una por la aniquilación de nuestro país, y otra por la plena recuperación de la soberanía, los recursos, la Independencia, la autonomía y la autodeterminación del pueblo venezolano.

Ya sabes en cuál bando debes estar.

La defensa propia es el más innegable de los DDHH, y nos corresponde ejercerla como Resistencia en la medida de nuestras posibilidades, con pensamientos, palabras y obras. Ideas para comprender la atroz realidad, palabras para denunciarla, obras para modificarla. Las organizaciones existentes han de ser orientadas hacia la resistencia y la victoria; cuando ello no sea posible, cabe crear otras nuevas.

Hay tantas formas de resistencia como personas y talentos; cada quien debe asumirla en el ámbito de sus habilidades, capacidades y competencias. La resistencia debe revestir más formas que la opresión que combate, y un pueblo tiene derecho a ejercerlas todas antes que consentir en su servidumbre o su extinción.

¡Resisto, luego existo!

♦♦♦

*Luis Britto García (Caracas, 1940) es uno de los intelectuales más prolíficos y polifacéticos de la Venezuela contemporánea. Narrador, ensayista, dramaturgo y doctor en Derecho, su obra destaca por una aguda crítica social y un manejo magistral del lenguaje. Alcanzó el reconocimiento internacional tras ganar en dos ocasiones el prestigioso Premio Casa de las Américas: primero en narrativa con su libro de relatos Rajatabla (1970) y luego en ensayo con La máscara del poder (1988). Su estilo se caracteriza por el uso de la ironía, el humor negro y la experimentación formal, explorando la identidad latinoamericana y las estructuras del poder. Además de su labor literaria, es un influyente analista político y profesor universitario. Entre sus novelas más emblemáticas destaca Abrapalabra, una pieza clave de la literatura venezolana moderna. En 2002, recibió el Premio Nacional de Literatura en reconocimiento a su trayectoria. Su legado abarca desde el guion cinematográfico hasta el dibujo, consolidándose como una voz imprescindible del pensamiento crítico. http://luisbrittogarcia.blogspot.com  – brittoluis@gmail.com

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