Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

19 de septiembre de 2026

País y nación no son lo mismo. Por Pedro Grima Gallardo y Dubraska Durango de Grima

 


19 de septiembre de 2026

Un país es una línea en el mapa. Una frontera, un color, un nombre en el atlas. La nación es otra cosa: es la suma de todo lo que vive dentro de esas líneas. Los ríos, sí. El petróleo, el hierro, el oro, la tierra que alimenta. Pero también, y, sobre todo, su gente.

Y aquí viene lo bueno: Venezuela no solo tiene recursos bajo el suelo. Tiene un pueblo que llegó de todas partes. Europeos, africanos, indígenas, árabes, chinos, caribeños, andinos. Olas y olas de migraciones que se mezclaron sin permiso, sin protocolo, sin pedir cita. El resultado es una genética que muchas naciones envidian: rostros que no se parecen a un solo lugar, porque son de todos. Eso también es riqueza. La que no se mide en barriles ni en toneladas. Se mide en cómo un pueblo se levanta después de cada golpe, cómo inventa, cómo comparte, cómo se queda o cómo se va y vuelve. Resiliencia sin límites.

Así que cuando hablemos de Venezuela, no hablemos solo de un país. Hablemos de una nación: sus recursos, su tierra y su gente. Todo junto.

Duele escribirlo, pero hay que decirlo. Venezuela tiene petróleo, oro, hierro, bauxita, coltán, agua dulce, selva, sol y una de las mezclas humanas más ricas del planeta. Tiene costas, montañas, llanos, tepuyes y una tierra que, bien cuidada, alimenta a medio continente. Tiene, además, un pueblo formado por olas migratorias de todos los rincones. Una nación que, en teoría, lo tiene todo.

Y sin embargo, hoy un maestro, una enfermera, un obrero, un médico, un profesor universitario, ganan menos que el precio de un cartón de huevos. No es exageración. Es la realidad de millones. La pregunta no es retórica: ¿Cómo es posible? ¿Cómo un país con semejante dotación natural y humana termina con su gente haciendo colas interminables en los hospitales, emigrando a pie, sobreviviendo con bonos que aparecen y desaparecen según el humor del mes?

No es mala suerte. Es resultado de decisiones. Y esas decisiones tienen nombres, aunque aquí no los mencionemos. Tienen responsables, aunque algunos se escondan detrás del discurso. Tienen consecuencias, y esas consecuencias las paga el pueblo.

Primera explicación: el modelo económico.

Venezuela se volvió dependiente de un solo recurso: el petróleo. Durante décadas, todo giró alrededor de la renta petrolera. Se abandonó la agricultura. Se descuidó la industria. Se importó casi todo. Cuando el precio del crudo era alto, parecía que el país nadaba en abundancia. Se regalaba dinero, se subsidiaba todo, se construían obras faraónicas. Cuando cayó el precio, se descubrió que no había nada debajo. Un país que siembra un solo cultivo es un país que ayuna cuando ese cultivo falla. Venezuela sembró petróleo durante un siglo y hoy cosecha escasez.

Eso no es destino. Es elección. Otros países con petróleo diversificaron. Noruega creó un fondo soberano para las generaciones futuras. Emiratos Árabes invirtió en turismo, tecnología, finanzas. Venezuela, en cambio, se acostumbró a vivir del cheque que llegaba cada mes. Y cuando el cheque dejó de llegar, no había plan B. Ni siquiera había plan A.

Segunda explicación: la corrupción.

No hace falta detallar casos ni nombres para decir lo evidente: se robaron lo que era de todos. La riqueza que debía convertirse en hospitales, escuelas, carreteras, salarios dignos, se perdió en laberintos de sobreprecios, empresas fantasmas y cuentas en el exterior. La corrupción no es un delito abstracto: es un niño sin medicina, una escuela sin techo, un trabajador sin sueldo. Es una madre haciendo fila para comprar harina mientras alguien en el extranjero disfruta de lo que ella nunca tendrá. La corrupción no distingue ideologías. Ha atravesado gobiernos de distinto signo. Ha enriquecido a militares, a funcionarios, a empresarios, a intermediarios. Ha vaciado PDVSA, la empresa que alguna vez fue orgullo nacional. Ha convertido a Venezuela en sinónimo de saqueo. Y mientras unos pocos se llenaban los bolsillos, millones se vaciaban los suyos para sobrevivir.

Tercera explicación: las sanciones internacionales.

Sí, existen. Sí, afectan. Pero hay que decirlo con honestidad: golpean al pueblo, no a quienes toman decisiones. Bloquean medicinas, repuestos, alimentos. Impiden que entren equipos médicos, que se reparen refinerías, que se compren insumos básicos. Las sanciones no derriban gobiernos: empobrecen a la gente. Y en medio de esa pinza, corrupción interna y presión externa, el que siempre pierde es el mismo: el de abajo. Reconocer esto no es justificar a nadie. Es describir la realidad. La crítica debe ser completa: ni el gobierno es el único culpable, ni las sanciones son la única causa. Pero el pueblo no puede seguir siendo rehén de ninguno de los dos.

Cuarta explicación: la dirigencia.

Una dirigencia que aprendió a administrar la escasez en lugar de resolverla. Que se acostumbró a echarle la culpa a otros, al imperio, a la oposición, al pasado, mientras el presente se deshace. Gobernar no es justificarse. Gobernar es resolver. Y resolver exige reconocer errores, cambiar de rumbo, dejar de aferrarse al poder como si fuera un patrimonio familiar.

La dirigencia opositora tampoco escapa a la crítica. Durante años se dedicó a disputarse el poder mientras el país se hundía. Se dividió, se traicionó, se corrompió. Prometió cambios y entregó lo mismo, o peor. El pueblo no quiere héroes: quiere resultados. Y los resultados no llegan de ningún lado.

Y en el centro de todo esto, el salario.

Ese derecho que nace del trabajo, del esfuerzo, de la jornada cumplida. Ese salario que debería alcanzar para comer, para medicinas, para vivir con dignidad. Ese salario que durante décadas fue referencia en América Latina y hoy es una burla. En su lugar, llegaron los bonos. Bonos aleatorios, que caen cuando quieren, como quieren, a quien quieren. Bonos impersonales, que no reconocen tu profesión, tu antigüedad, tu esfuerzo, tu título, tus años de servicio. Bonos que no son salario. Son una limosna disfrazada de política social. Son ilegítimos, porque sustituyen lo que por derecho te corresponde: un sueldo justo, estable, negociado, que puedas exigir y no mendigar. Un bono se agradece. Un salario se exige. Y la diferencia no es semántica: es la diferencia entre ser ciudadano con derechos o ser beneficiario de un favor. El bono es la negación del trabajo como fuente de dignidad. Es decirle al maestro que su vocación no vale. Es decirle al médico que sus años de estudio no cuentan. Es decirle al obrero que su sudor es prescindible. El bono no reconoce: controla. No dignifica: somete. Y mientras el salario muere, el bono se convierte en instrumento de poder.

Esta crítica no es contra el pueblo venezolano. Es a favor.

Porque un país con tanta riqueza natural y humana no puede resignarse a que su gente sobreviva con migajas. La nación es su gente. Y su gente merece un salario, no un bono. Merece dignidad, no espera. Merece un presente, no un futuro siempre prometido. Venezuela no está condenada. Tiene todo para salir. Tiene petróleo, sí, pero también tiene gente formada, tiene diáspora dispuesta a volver, tiene tierra fértil, tiene agua, tiene sol, tiene cultura, tiene una mezcla humana que es un tesoro. Lo que le falta no son recursos: le falta rumbo. Le falta honestidad. Le falta un pacto social que ponga al trabajo en el centro y a la dignidad como meta. Salir exige reconocer lo que está roto. Exige dejar de romantizar la escasez. Exige que el trabajo vuelva a valer. Exige que la riqueza que está bajo el suelo y en la sangre de su pueblo se convierta, por fin, en vida digna para todos. Exige que el salario deje de ser un recuerdo y vuelva a ser un derecho.

Eso también hay que decirlo. Porque callarlo sería otra forma de complicidad. Y porque el pueblo venezolano, ese pueblo que ha resistido tanto, no merece silencio. Merece verdad. Merece justicia. Merece, por fin, vivir de su propia riqueza.

El Derecho de Venezuela a la Tecnología Nuclear: Soberanía, Legalidad y Desarrollo Pacífico



El acceso a la tecnología nuclear con fines pacíficos no es un capricho geopolítico ni una ambición armamentista: es una necesidad sanitaria, alimentaria y ambiental para Venezuela. La imagen de una madre esperando en un hospital público de Caracas mientras su hijo con cáncer aguarda una dosis de Tecnecio-99m —isótopo cuya vida útil se mide en horas y que depende enteramente de importaciones sujetas a sanciones y retrasos— sintetiza el problema central que motiva esta exposición. La tecnología nuclear, lejos de ser un "monstruo", constituye una herramienta legítima y legalmente amparada para curar, alimentar, limpiar el agua y progresar.
La tesis que se sostiene aquí es triple:
Primera, Venezuela posee un historial nuclear limpio y verificable;
Segunda, el ordenamiento jurídico internacional y nacional la faculta expresamente para desarrollar tecnología nuclear pacífica;
Tercera, existe una población que sufre y merece soluciones concretas. El hilo conductor de esta presentación será el análisis de las leyes y tratados que configuran ese derecho inalienable.
I. Marco jurídico internacional: el derecho inalienable a lo pacífico
El fundamento normativo del derecho venezolano a la tecnología nuclear se articula en cuatro instrumentos internacionales principales, todos ellos ratificados por el país:
1. Tratado de Tlatelolco (firmado en 1967, ratificado en 1970). Este instrumento convirtió a América Latina y el Caribe en la primera zona densamente poblada del planeta en declarar su renuncia a las armas nucleares. Venezuela fue parte de ese acto de valentía colectiva que estableció un precedente global de desnuclearización regional.
2. Tratado de No Proliferación (NPT, ratificado en 1975). Su artículo IV constituye la piedra angular del derecho aquí reivindicado. El texto es inequívoco: "Nada de lo dispuesto... se interpretará en menoscabo del derecho inalienable de todas las Partes a desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos". La palabra "inalienable" no es retórica: significa que ningún país, por pequeño que sea o por gobierno que tenga, puede ser privado de ese derecho si cumple con las obligaciones de no proliferación. Más aún, el mismo artículo obliga a los Estados poseedores de tecnología a "facilitar" el intercambio de equipos, materiales e información científica. No se trata de un favor discrecional, sino de una obligación legal vinculante.
3. Acuerdo de Salvaguardias Integrales con el OIEA (firmado en 1982). Este tratado permite que inspectores internacionales verifiquen en cualquier momento que ningún gramo de material nuclear se desvíe hacia fines no pacíficos. Venezuela lleva más de cuarenta años abriendo sus puertas a la verificación internacional.
4. Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW, ratificado en 2018). El instrumento más reciente y exigente del régimen de desarme: declara ilegal la existencia misma de las bombas atómicas e incluso prohíbe su tránsito por territorio de los Estados parte. Venezuela lo incorporó a su legislación interna, lo que significa que, en su ordenamiento jurídico, las armas nucleares son ilegales. Difícilmente puede acusarse de esconder un programa armamentista a un país que prohíbe las bombas en sus propias leyes.
5. Junta de Gobernadores del OIEA (2024-2026). En septiembre de 2024, durante la 68ª Conferencia General del OIEA en Viena, Venezuela fue elegida para integrar la Junta de Gobernadores, representando a América Latina y el Caribe junto con Argentina y Colombia. Venezuela no solo tiene derecho a usar tecnología nuclear pacífica: participa en el órgano donde se decide cómo se distribuye esa tecnología en el mundo. Es difícil acusar de trampa a quien ayuda a escribir las reglas.
Implicación jurídica directa: cuando a Venezuela se le bloquea la compra de un equipo médico por contener componentes radiactivos, o se le niega la transferencia de un reactor modular para zonas aisladas, se viola el NPT. El derecho internacional no puede depender del color político del gobierno de turno.
II. Evidencia empírica: un historial de coherencia y transparencia
El marco legal no es una construcción teórica: se corresponde con una conducta verificable a lo largo de décadas.
El reactor RV-1. Venezuela operó durante más de treinta años un reactor de investigación en Altos de Pipe, estado Miranda. Era pequeño, pacífico y funcionó sin accidentes graves ni fugas que pusieran en riesgo a la población. Utilizaba uranio altamente enriquecido (HEU), material sensible que en malas manos podría emplearse para fines armamentistas. Venezuela jamás lo usó con ese propósito. En abril de 2026, con asistencia del OIEA, Estados Unidos y el Reino Unido, el país retiró voluntariamente 13 kilogramos de HEU de su territorio y los envió a Estados Unidos. El director general del OIEA, Rafael Grossi, calificó la operación como ejemplo de "voluntad, coordinación, dedicación y profesionalismo". Un país señalado como "sospechoso" hizo exactamente lo contrario: deshacerse voluntariamente del material más peligroso, en medio de sanciones económicas y dificultades logísticas enormes.
Pegamma. Donde estuvo el RV-1 funciona hoy una planta de irradiación gamma que esteriliza equipos médicos, mejora semillas y salva vidas. Es la prueba material de que la infraestructura nuclear venezolana puede reorientarse hacia aplicaciones benéficas.
Ausencia total de evidencia armamentista. No existe una sola prueba de que Venezuela haya intentado fabricar una bomba nuclear. Nunca la ha necesitado, nunca la ha querido. El historial recogido por GlobalSecurity (2025) confirma décadas de coherencia en esta materia.
Contraste regional. Uruguay, Chile, Perú, Argentina y Brasil poseen programas nucleares pacíficos —Argentina incluso exporta reactores— y ninguno es calificado de "sospechoso". La sospecha sobre Venezuela no es técnica, es política. El derecho internacional no puede fundarse en percepciones ideológicas.
III. Aplicaciones concretas: salud, agricultura, agua y energía
El derecho reconocido en los tratados se traduce en necesidades apremiantes y soluciones técnicamente viables.
Salud. El cáncer y las enfermedades cardiovasculares no esperan. El Tecnecio-99m, el isótopo más usado en diagnóstico, se descompone en seis horas. Si el vuelo desde el exterior se retrasa un día, el producto ya no sirve. Venezuela depende al cien por ciento de importaciones, con sanciones y problemas cambiarios: a veces los isótopos llegan vencidos o no llegan, y los pacientes mueren esperando. Un ciclotrón mediano construido en el país produciría isótopos cada mañana, el hospital los usaría al mediodía y el paciente estaría diagnosticado por la tarde. Venezuela cuenta con científicos formados en la Universidad Central de Venezuela, el IVIC y la Universidad de Los Andes.
Agricultura. Las plagas destruyen cosechas enteras y los plaguicidas dañan la tierra, el agua y la salud de los agricultores. La Técnica del Insecto Estéril (TIE), desarrollada por el OIEA y la FAO, crías machos, los esteriliza con radiación gamma y los libera: se aparean, pero no hay descendencia, y la plaga se reduce sola. La planta Pegamma podría ampliarse para producir insectos estériles a gran escala. Se aplica ya en México, Guatemala y España. Piensa en el mango de Oriente, el cacao de Barlovento y el café andino: menos pérdidas, más exportación, menos cáncer por pesticidas.
Agua. La minería ilegal en el Arco Minero del Orinoco ha llenado los ríos de mercurio, que se acumula en peces y personas. Los trazadores radiactivos permiten estudiar el flujo del agua, el movimiento de sedimentos y la dispersión de contaminantes con una precisión imposible por otros medios; la radiación puede descomponer contaminantes orgánicos persistentes. Venezuela tiene el recurso más valioso del mundo —agua dulce— y lo está envenenando. Usar tecnología nuclear para combatirlo no es un lujo, es una necesidad.
Energía. Las represas hidroeléctricas son vulnerables a El Niño y La Niña. Los pequeños reactores modulares (SMR) son diseños nuevos, más seguros y pasivos —se apagan solos si algo falla—, caben en un campo de fútbol y producen electricidad limpia sin emisiones de carbono. Para una zona minera en Bolívar, un hospital grande o una ciudad mediana, podrían ser la solución. No se propone llenar el país de reactores de inmediato, sino ejercer el derecho a estudiar la posibilidad, formar técnicos y diseñar planes sin que nadie cierre la puerta en la cara.
IV. Riesgos reales y transparencia: una mirada honesta
Negar los miedos sería estúpido; hay que mirarlos a la cara. El RV-1 operó más de treinta años sin accidente grave, sin fuga alguna, con técnicos venezolanos bien entrenados y supervisión permanente del OIEA. El HEU ya no está en el país. Lo que queda son fuentes radiactivas de baja y media intensidad, usadas en medicina y controladas por la Dirección General de Energía Atómica.
¿Existe riesgo de robo de material radiactivo por grupos terroristas? En cualquier país existe. Por eso existen las salvaguardias, las inspecciones y la inversión en seguridad física. Venezuela ha cooperado en todo ello. El verdadero riesgo para la estabilidad regional no es una Venezuela con tecnología nuclear, sino una Venezuela colapsada, sin energía eléctrica estable y sin capacidad de diagnosticar enfermedades.
Una tarea pendiente: Venezuela aún no ha ratificado el Protocolo Adicional de salvaguardias del OIEA. No es obligatorio —ya cuenta con el Acuerdo de Salvaguardias Integrales—, pero ratificarlo sería un gesto político enorme: una forma de decir "no escondemos nada, pueden venir cuando quieran, revisen todo". Este ponente considera que debería ratificarse cuanto antes.
Conclusión: la tecnología al servicio de la vida
Venezuela tiene una historia nuclear limpia, un marco legal que la ampara y una población que sufre y merece soluciones. El artículo IV del NPT consagra un derecho inalienable que ningún país puede arrebatar por razones políticas. La coherencia venezolana —desde Tlatelolco en 1967 hasta la retirada voluntaria del HEU en 2026, pasando por la ratificación del TPNW en 2018 y su elección a la Junta de Gobernadores del OIEA— desmiente cualquier sospecha de ambición armamentista.
Mientras tanto, aquella madre sigue en la silla de plástico. Y su hijo sigue esperando. La diferencia entre la espera y el alivio se mide en isótopos, pero también en voluntad, en empatía y en la decisión de poner la tecnología al servicio de la vida. Eso es, exactamente, lo que Venezuela está exigiendo.
Referencias
- International Atomic Energy Agency (IAEA). (2026, May 7). *IAEA Helps Transport High Enriched Nuclear Fuel from Venezuela to the US*. IAEA Newscenter.
- GlobalSecurity.org. (2025). *Venezuela - Weapons of Mass Destruction*. GlobalSecurity.org WMD Library.
- Nuclear Weapons Ban Monitor. (2025). *Venezuela*. Banmonitor.org.
- Xinhua News Agency. (2024, September 23). *Venezuela joins int'l atomic agency's governing board*. English.nujiang.cn.
- General Directorate of Atomic Energy (Venezuela). (2019). *Application of Safeguards in Venezuela through Protocols with Small Quantities*. IAEA Symposium on International Safeguards.
- Middlebury Institute of International Studies. (2024). *Non-Aligned Movement (NAM) Disarmament Database: Venezuela*.

#Táchira #Tovar #ElVigía 

Jubilado pero… con mascota…

 

José Sant Roz

Ahora ya jubilado, comienzo a formar parte de otra familia, la de los que se ven obligados a sacar a mear y cagar un perrito todas las mañanas. Bueno, uno debe pensar también que lo hace por humanidad. Hay que querer a alguien sobre todo cuando ya estamos viejos, después de que a uno lo han querido tanto, me digo. Pues, sí, me entregaron la jubilación y con ella en una caja un bello perrito Beagle de un año de nacido, dejado por una colega que emigró a España. Venía la caja con una nota: “Señor don Artemio Rivas, para que usted tenga algo en que ocuparse en su vejez después de haber prestado sus servicios con gran competencia, juicio y moralidad en esta empresa durante 35 años…. Este es un animalito que se adaptará muy bien tanto al campo como a la ciudad… Que lo disfrute. Le deseamos lo mejor. Felicidades…”. Y yo que aspiraba a que me dieran un chequecito de mil dólares al menos. Pero bueno, algo es algo, liquidación al fin. ¡Un perrito!

En verdad, que eso era lo menos que yo me esperaba, porque estaba pensando en retirarme a una choza en la playa, enteramente solo. Solo con mi sombra. Dentro de la caja venía el certificado con la autenticidad del fulano pedigrí. “¡A quien le tocare, Cuídelo!”, escribió su ex dueña en una tarjetita llena de flores. Pero qué monada de perrito. Tan encantador como jodedor, porque no dejaba de morderme y arañarme, de hecho, apenas lo estuve mimando un ratito cuando vi que mis manos y brazos sangraban. Me dijeron los encantadores jefes de mi empresa: “No se preocupe que ese perrito es de una raza que no crecerá mucho. Será fácil alimentarlo y cuidarlo. Es muy obediente”. “Menos mal, aunque sin ninguna duda jamás dejará de ser un hijo de …”, dije para mis adentros viéndome mis manos y brazos.

Llegué a mi residencia y todos los que tienen perros comenzaron a saludarme con extraordinario cariño, sobre todo una vieja que vive sola como yo y que es dueña de un chihuahua, que según me dice, tiene quince años con ella. ¡Quince años sacándolo a mear y cagar, qué proeza! “-Ahora nos podemos hacer compañía…”, me dijo abriendo mucho los ojos. ¡Zape! Ave María purísima. No sabía que esos diminutos perros podían vivir tanto, por favor. ¿Y éste que me dieron a mí, me irá a sobrevivir? Por arte de magia aparecieron muchos más vecinos todos con perros que comenzaron a saludarme con harto cariño, cosa que nunca habían hecho antes. Qué familión, carajo, he formado.

Con este nuevo miembro en casa, de inmediato comencé a descubrir que todo el ambiente a mi alrededor había cambiado drásticamente. Habría de ser otro mundo perruno el mío, ya no me pertenecía. Le arreglé con paños viejos un pesebre al animalito y estuve pasándole la mano por el lomo al tiempo que no dejaba de morderme, “amargadito, el hijo de puta”. Allí lo puse pero en ese lugar no quería estarse tranquilo. Comenzó a mearse a propósito. Tenía que ser a propósito porque descubría trazos líquidos por todos lados. Conoció en pocos minutos, cuartos, camas y closets, y llegó de tal modo a desaparecer que me hizo entrar en pánico. ¡Mierda!, se había incrustado detrás de la lavadora. “Coño, qué bien voy a pasar mis últimos años de vida”, me dije. Pero bueno, es mi responsabilidad. A lo hecho pecho.

Pero es que además, el animalito de veras me parecía adorable.

Cogí lápiz y papel y me puse a hacer cálculos para elaborar un nuevo diario de vida: 1- Debo hacer un documento de garantía junto con certificado de su pedigrí para aquel que deba recibirlo en caso de mi fallecimiento. Es decir, dejarlo a un heredero. 2- Puse allí: “Que se le entregue a mi compadre Humberto Martínez…”.

3-  Entre las primeras tareas a cumplir debe ser sobre el tipo de alimentación. Menos mal que me habían pagado el bono de alimentación. Y menos mal que el animalito ya estaba destetado. 4- Tenía que tomar un curso por internet sobre lo que resultare psicológicamente apropiado “para este nuevo hijo querido”, sobre ruidos y relaciones con otros animales. 5- Claro, buscar la fulana perrarina, pero de las más ricas en vitaminas. Pero bueno, alimento que podía ir alternándosele con preparados que yo iría haciendo en casa como arroz con alas de pollo, bofe, vísceras para que el mantenimiento no me saliera tan caro. Aquel bichito no podía estarse tranquilo, hurgando, saltando, arañando sillas y sofás, royendo las patas de las mesas, puertas y colchones, alfombras y cojines. Acabó medio apartamento en tres horas…

Busqué platos viejos o de plásticos. Me estuve enterando de las vacunas que ya tenía y las que deben aplicársele cada año. Sobre los accesorios: correas y collares, revisé varios muestrarios. ¿Y los jabones para bañarlo? ¿Y la loción, las cremas y los polvos antipulgas?… ¿los cepillos, el champú perfumado? ¿Las visitas regulares al veterinario, los entrenamientos y cursos recomendables para que deje de ser tan bestia, tan bárbaro y destructor? Y ya grandecito habrá que pensar en los servicios de pedicure, baños, afeites, peinados. ¡Carajo!, y cuando me toque largos viajes en autobús, ¿cuánto me podrá costar uno de esos guacales con ruedas?

Uno nunca sabe lo que le espera a la vuelta de la esquina. Así es la vida…


Los planes de defensa de Von Der Leyen ponen a Europa en el camino hacia la guerra con Rusia.

 


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De prensabolivariana en septiembre 19, 2026

Lo único que podría evitar la Tercera Guerra Mundial, que parece cada vez más inevitable, es que Rusia restablezca decisivamente la disuasión.

En su discurso anual, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso varias iniciativas de defensa, la más difundida de las cuales es la designación de Canadá como su primer » miembro asociado » por parte de la UE para «integrar las bases industriales de defensa» y «convertir el Ártico en un proyecto conjunto emblemático», entre otras. En relación con esto, Canadá fue invitada a unirse a un nuevo Consejo de Seguridad Europeo que también incluirá a Ucrania, el Reino Unido, Noruega y otros países no especificados, quienes probablemente también participarán en el marco del Artículo 4 de la UE.

Esto se refiere al derecho de los miembros a iniciar consultas urgentes cuando se sientan amenazados. La inclusión de Ucrania sugiere con mucha fuerza que esto funcionará como una más de las numerosas garantías de seguridad que los principales miembros europeos de la OTAN ya han extendido a ese país. Sobre este tema, von der Leyen propuso un proyecto conjunto para la creación de un sistema modular de defensa antimisiles y anunció que los fondos restantes de la iniciativa «Acción de Seguridad para Europa» (SAFE) se destinarán a otros proyectos conjuntos.

En el ámbito interno, se adoptará una nueva estrategia de seguridad europea, cuyos detalles no reveló, pero que presumiblemente definirá el enfoque del bloque hacia Rusia en el previsiblemente tenso orden de la posguerra. Finalmente, von der Leyen anunció un Instrumento Europeo para Facilitadores Estratégicos, que se refiere a lo que describió como «los activos de apoyo críticos y los multiplicadores de fuerza en los que se basa cualquier defensa creíble. Desde la defensa aérea y antimisiles hasta el transporte estratégico y el reabastecimiento de combustible en vuelo. Desde el espacio hasta el ciberespacio».

En resumen, las propuestas de defensa interrelacionadas de von der Leyen optimizarán los procesos de toma de decisiones de la UE, ampliarán su influencia sobre los países no miembros y, en general, prepararán a Europa para una guerra con Rusia en 2030, tal como lo habían previsto algunos de sus analistas. Al considerar tácitamente a Ucrania como un aliado de defensa mutua mediante su inclusión en el Consejo de Seguridad Europeo propuesto y al integrar su industria de defensa a la UE, Ucrania seguirá siendo el principal detonante de una guerra entre la UE y Rusia en la nueva era.

Se prevé que la histeria bélica que se ha apoderado del bloque también se aproveche como una estrategia de poder federalista a medida que la UE evoluciona de una unión económica, y posteriormente de una unión política, a una unión militar. Se espera que la Alemania de Von der Leyen lidere la militarizada UE debido a su influencia económico-política predominante sobre el bloque y a su capacidad para invertir mucho más en defensa que cualquier otro miembro. Si bien Polonia actualmente cuenta con el mayor ejército de la OTAN europea , el de Alemania está en camino de superarlo con creces.

Los liberales que gobiernan Polonia prevén que su país sea el principal socio menor de Alemania para contener a Rusia en la OTAN 3.0, mientras que la oposición conservadora, representada principalmente por su presidente, lo ve como el socio de Estados Unidos. Si los actuales gobernantes se mantienen en el poder tras las próximas elecciones al Sejm en otoño de 2027, el destino geopolítico de Polonia quedará sellado. Sin embargo, el regreso de los conservadores (probablemente en coalición con los nacionalistas libertarios) podría llevar a Polonia a intentar formar una alianza Intermarium para contrarrestar la hegemonía resurgente de Alemania.

Estos son los dos escenarios más probables sobre cómo será el flanco occidental del nuevo « cordón sanitario »: una UE militarizada dominada por Alemania o una UE militarizada en la que el Intermarium, liderado por Polonia, contrarreste la hegemonía alemana sobre el bloque y complemente sus esfuerzos por contener a Rusia. En cualquier caso, von der Leyen acaba de encaminar a Europa hacia la guerra con Rusia, y lo único que podría evitar la Tercera Guerra Mundial, que cada vez parece más inevitable, es que Rusia restablezca decisivamente la disuasión .

♦♦♦

*Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen” y “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.@AKorybko♦

BLOG. AUTOR  Andrew Korybko*
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