Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

17 de agosto de 2026

Gente de pocas palabras y muchos gritos

 


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De prensabolivariana en agosto 17, 2026

Fernando Buen Abad Domínguez*
16 de agosto de 2026 00:03

Nos urge una semiótica crítica para derrotar al palabrerío futbolero mercantilizado. Abunda la pobreza narrativa, no poco sospechosa, en una porción significativa de las transmisiones futbolísticas latinoamericanas, y eso no constituye un accidente estilístico ni una simple insuficiencia profesional. Expresa una configuración cultural más profunda, determinada por las formas contemporáneas de producción simbólica, por la mercantilización acelerada del lenguaje y por la subordinación creciente de la palabra a los ritmos de la industria del entretenimiento. Existen al menos 10 evidencias observables que permiten comprender este empobrecimiento discursivo y sus consecuencias sobre la percepción colectiva del deporte, la historia social y la conciencia crítica de las audiencias. 

Una primera radica en la reducción extrema del vocabulario. Estudios lingüísticos aplicados a medios de comunicación muestran que numerosos narradores operan dentro de un repertorio léxico extraordinariamente limitado, compuesto por fórmulas individualistas, repetitivas, exclamaciones y exageraciones previsibles y lugares comunes desgastados. Allí donde el idioma ofrece miles de posibilidades descriptivas, predominan unas pocas decenas de expresiones convertidas en mercancía verbal de consumo instantáneo. 

La segunda evidencia aparece en la sustitución de la descripción por la estridencia. La narración deja de construir imágenes mentales complejas y opta por amplificar el volumen emocional. El grito remplaza al análisis. La intensidad acústica pretende compensar la escasez conceptual. El resultado es una hipertrofia sonora acompañada por una atrofia semántica que vacía de contenido los acontecimientos observados. 

Una tercera evidencia consiste en la desaparición de referencias históricas sustantivas. El partido es presentado como un episodio azaroso y autónomo, desprendido de los procesos sociales que le dieron origen. Los clubes aparecen desligados de las migraciones obreras, de los conflictos urbanos, de las luchas sindicales, de las transformaciones económicas y culturales que moldearon su existencia. La memoria colectiva queda remplazada por una sucesión de anécdotas superficiales orientadas al espectáculo. 

La cuarta evidencia se manifiesta en la incapacidad para interpretar las dimensiones económicas que atraviesan el futbol contemporáneo. Las transmisiones hablan de pases, contratos, fichajes y mercados con una naturalidad que oculta las relaciones de poder implicadas. Los jugadores, muchos de ellos multimillonarios, son descritos como activos financieros; las instituciones, como marcas; los aficionados, como segmentos de mercado. 

Y la quinta evidencia emerge en la personalización extrema de los procesos colectivos. El futbol, actividad eminentemente social, es narrado mediante relatos centrados en héroes individuales. Tal procedimiento reproduce una concepción individualista del mundo funcional a las ideologías dominantes, porque desvía la atención desde las relaciones sociales hacia biografías convertidas en mercancías emocionales. 

La sexta evidencia reside en la proliferación de clichés sentimentales. Expresiones reiteradas hasta el agotamiento remplazan la observación rigurosa. El relato se llena de frases prefabricadas destinadas a producir respuestas afectivas automáticas. La emoción deja de surgir del conocimiento profundo de los hechos y pasa a ser inducida mediante mecanismos repetitivos de estimulación simbólica. 

En una séptima evidencia se exhibe el empobrecimiento de la capacidad metafórica. En numerosas transmisiones actuales predominan comparaciones rudimentarias que apenas superan el nivel publicitario. La metáfora deja de expandir el horizonte de comprensión y queda reducida a un adorno mecánico. Con ello se restringe la riqueza imaginativa de las audiencias y se limita la posibilidad de establecer conexiones entre el futbol y la totalidad de la experiencia humana. 

La octava evidencia se encuentra en la homogeneización regional del lenguaje. Narradores de países distintos reproducen fórmulas idénticas, modulaciones semejantes y estructuras discursivas intercambiables. La diversidad cultural latinoamericana desaparece bajo la presión de modelos empresariales que buscan productos comunicacionales estandarizados. 

Una novena evidencia consiste en la subordinación del relato a la lógica publicitaria. El discurso ya no organiza prioritariamente la comprensión del juego; organiza la circulación de marcas, patrocinadores y productos. Las pausas, los énfasis y las jerarquías narrativas obedecen con frecuencia a necesidades comerciales. El lenguaje deja de actuar como instrumento de conocimiento para convertirse en plataforma de valorización económica. Esta transformación afecta profundamente la calidad intelectual de la narración, porque desplaza el centro de gravedad desde la interpretación hacia la promoción mercantil. 

La décima evidencia aparece en la renuncia a toda pedagogía crítica. La transmisión podría constituir una extraordinaria escuela popular de observación táctica, historia social, geografía cultural y formación estética. Sin embargo, suele limitarse a reproducir comentarios inmediatos destinados a evitar cualquier esfuerzo reflexivo. La audiencia es concebida como consumidora pasiva de estímulos y no como sujeto capaz de desarrollar comprensión compleja de los fenómenos deportivos. 

Estas 10 evidencias remiten a un mismo proceso histórico: la progresiva colonización de la palabra por las exigencias de la rentabilidad comunicacional. Cuando el lenguaje pierde densidad conceptual, también pierde capacidad para revelar contradicciones, para iluminar relaciones ocultas y para enriquecer la conciencia colectiva. La degradación narrativa no afecta únicamente la calidad estética del relato deportivo; afecta la capacidad de comprender el mundo. Allí donde la palabra se vuelve estrecha, la realidad parece más simple de lo que realmente es. Una narración futbolística intelectualmente rigurosa podría contribuir a fortalecer la conciencia social mostrando cómo cada estadio expresa una geografía de clases, cómo cada club contiene una memoria comunitaria, cómo cada campeonato refleja disputas económicas y culturales que exceden ampliamente el terreno de juego. La defensa de una narrativa más rica, más culta y más crítica no constituye una cuestión ornamental. Forma parte de la lucha por democratizar el conocimiento, ampliar los horizontes de comprensión popular y recuperar para la palabra su capacidad de nombrar la totalidad viva de la experiencia humana. 

*Doctor en filosofía

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*Fernando Buen Abad Domínguez es un prestigioso intelectual mexicano, filósofo y escritor mexicano, nacido en 1956. Especialista en Filosofía de la Comunicación y la Imagen, es doctor en Filosofía y director de cine egresado de la Universidad de Nueva York. Su obra destaca por el análisis crítico de la semiótica, la estética y la comunicación para la emancipación de los pueblos. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad y del consejo consultivo de TeleSur. Ha publicado numerosos libros, entre los que destacan Filosofía de la comunicación y La guerra simbólica. Actualmente, ejerce la docencia e investigación en universidades de Argentina y México, promoviendo un pensamiento transformador. Su labor busca combatir la hegemonía mediática mediante el desarrollo de una conciencia crítica en la sociedad. @FBuenAbad

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16 de agosto de 2026

El busca del amo perdido…

 


José Sant Roz

Ese sector de los ACOMODADOS comenzó por odiar a Bolívar, luego a la bandera, al escudo nacional, al Esequibo, a las misiones y sobre todo a los pobres…, por lo que se fue propagando lentamente eso que algunos han dado en llamar por las redes (nombre que no me gusta) el “Síndrome de Doña Florinda”. Se trata del ya mentado fenómeno de cómo EL PENSAMIENTO DOMINANTE logra hacer que los pobres se vuelvan contra los de su clase. Es la estrategia de los ACOMODADOS induciéndoles un odio aberrante hacia su propio país porque eso forma parte de un gran negocio EL DIVIDE Y VENCERÁS: “todo lo de este país es malo”, “aquí no se puede vivir”. “el comunismo nos está matando”, “hay que irse de aquí” … Nos bloquearon y a eso lo llamaron COMUNISMO. Nos robaron nuestros activos en el exterior y a eso lo llamaron COMUNISMO. Les cayeron a palo a nuestros compatriotas en Perú, Chile y Colombia y a algunos los encarceló, torturó y hasta asesinó el ICE en EE UU y a eso lo llamaron COMUNISMO. Nos invadieron y han comenzado a robarse nuestro petróleo y a eso también lo llaman COMUNISMO.

Luego le toca sufrir las consecuencias de ese PENSAMIENTO DOMINANTE. Si usted está en una cola o va en una buseta, quiera Dios que no tenga la dolorosa experiencia de tener que escuchar a una Doña Florinda o a un Don Florindo haciendo sesudos análisis sobre la situación nacional o mundial. Estos personajes quieren siempre asegurarse de que todos los presentes se enteren de sus profundas reflexiones, y que les pongan máxima atención (a veces se ofenden si no lo hacen). Alzan la voz y expresan con grandilocuencia sus barbaridades. Y lo suelen hacer con una seguridad exquisita. Esta clase de sofistas Florindos y Florindas llegaron a coger mucho auge desde que Chávez llegó al poder. No pierden el sueño y las esperanza de que algún mangante los adopte y les ponga cadenas y bozales y los ultraje poniéndolos a trabajar en algunas de sus prósperas posesiones.

Cada quien en su entorno conoce a cientos o miles de Doñas Florindas o Don Florindos (a lo que no les cuadra lo de Doña o lo de Don pero que por sus estados mentales y aspiraciones lo merecen). Algunos de ellos son nuestros vecinos, otros colegas, parientes o amigos, por cierto, no malas personas, pero capaces de odiar salvajemente si se les contradice. Abundan y se hacen sentir en todos los espacios. Se los consigue en los mercados y como digo en las busetas, en los bancos, escuelas, hospitales o clínicas. Tristemente son dueños de su razón y nunca se acostumbraron a pensar porque ésto les provoca desasosiego, y siempre entonces tienen que estar repitiendo lo que dicen los “poderosos” (para así nunca “equivocarse”), lo que sostienen los del PENSAMIENTO DOMINANTE. Estos Florindas o Florindos creen que si repiten lo que dicen los dueños del capital serán aceptados en sociedad.

Una doña Florinda (o Don Florindo) es LA IDEA DE UN PERSONAJE que va mucho más allá de lo que solemos conocer como el simple asalariado, va más allá de lo que conocemos como doméstica, empleada o empleado, asistente, oficinista o mucama, peón o conchabado en una casa o comercio. Sí señor: es un concepto mucho más amplio que abarca puede decirse a casi toda la clase baja y media, con sus doctores, sus profesores, los miles de dueños y dependientes del pequeño comercio y a todo ese funcionariado burócrata de nuestros entes oficiales.

Es doloroso el destino de esa clase que acaba plegándose a los valores de quienes les explotan, les odian y les desprecian (como si fuesen leprosos o esclavos). Lo realmente inexplicable y extraño es que estas personas en algún momento habrán podido ver que esos jefes o dueños de fábricas y mansiones son unos seres abominables, pero, así y todo, ¡insólito!, a la final terminan pensando como ellos. La gente por lo general nunca piensa por sí misma y entonces de eso también se valen las religiones, esas que ofrecen la salvación a cambio de que les dejes buenas donaciones o “ayudas económicas”. Pero nadie se “salva” a cambio de entregar dinero a unos mafiosos, farsantes o mal entretenidos.

Lo que llamamos PENSAMIENTO DOMINANTE es el que impone la clase dominante, la clase poderosa que controla el capital, los medios de comunicación y las iglesias. Por ejemplo, muchos pobres se identificaron con Chávez, lo amaban de corazón, sus palabras, su devoción sincera por buscar un nuevo destino para Venezuela, más justo y soberano. Pero en cuanto estos seres escucharon de sus patrones o jefes que Chávez era un negro repugnante, un indio que le pegaba a su mujer, que era un miserable mulato ignorante hijo de unos pobres maestricos muertos de hambre de Barinas, comenzaron a dudar de la posición humana y del conocimiento del Comandante Chávez, y se desató entonces eso que llaman la escisión mental, por lo que estos pobres terminarían plegándose a sus explotadores.

El efecto es idéntico en el resto de la población en relación con el PODER DOMINANTE. La gente tiende a comportarse como las Doñas Florindas y los Don Florindos, siendo unos pasivos sometidos a los valores de la oligarquía. Tienden a pensar como los poderosos, a la vez que comienzan a sufrir por todo lo malo que les pueda suceder, a sufrir como ellos, a rezar como ellos y a llorar como ellos y por ellos, a sentir en carne propia todo lo que la oligarquía odia y desprecia.

Al primer segundo de conocerse aquel 6 de diciembre de 1998 que Chávez era el vencedor en las elecciones presidenciales, de inmediato comenzó EE UU a catalogarlo de ser un “incierto personaje sin rumbo definido que podría derivar hacia una compleja ingobernabilidad o incluso hacia una dictadura a menos que se comportase amplio y muy ponderado con las voces disidentes”. El diario The New York Times lo catalogó de militar con tendencias totalitaristas muy preocupantes que a lo mejor podían corregirse en el camino…” y The Washington Post lo definió como un hombre de gran carisma que seguramente las ansias de poder lo llevarían a creerse otro Libertador y a confundir la democracia con sus propios propósitos personales… Estas valoraciones de EE UU fueron determinantes para que la clase alta poco a poco fuese uniéndose a terroristas, financiase guarimberos y acabase protestando a muerte contra el tirano que llevaba a su país hacia el “COMUNISMO”. Y todavía es terrible ver gente que cree y habla de democracia, cuando EE UU le tuerce el cuello a cada país que se salga de sus reglas y mandatos…

Cien años de multitudes por Pedro Téllez

Así describe el héroe de Cuba José Martí al venezolano Miguel Peña: «Era de cara enjuta, aunque maciza; de ojos claros y vivos, llenos de empuje y de poder de examen… limpio de barba llevaba el rostro», y sigue el retrato interior o su dificultad: «ni dejó nunca de adivinar el pensamiento de los otros, ni fue nunca posible adivinar enteramente el suyo. Vestidos de cristal estaban los demás para él; y él para ellos de sombra».

El apóstol cubano visitó brevemente Venezuela y aquí escribió concisas biografías de Cecilio Acosta y Miguel Peña, como él, abogados. La del valenciano fue leída con motivo de la develación del busto que todavía está en la plaza de La Candelaria.

El de Martí sobre Peña es un texto maravilloso, conocido por pocos, donde expone sus dones como político: «Él hace de los rivales, apretados amigos; y de las guerrillas un ejército. Reúne un haz de rayos, y pónelo en las manos de Monagas. Aquella obra está hecha, juntos aquellos miembros de gigante: Creada en la  República del bosque".

Esta última frase que subrayamos, polisémica, misteriosa, de resonancia ecológica, la volveremos a encontrar citada en praxis por los hombres de la Generación del Centenario (centenario de Martí, 1953). Un 26 de julio de ese año toman el cuartel Moncada, y en el juicio que se siguió a los atacantes, responde limpio de barba el rostro, el hoy centenario Fidel Castro. El autor intelectual fue José Martí.

La historia lo absolverá… y en la práctica política de los guerrilleros de la Sierra Maestra, en sus bosques inician programas de alfabetización, repartición de tierras a campesinos, expropiación de latifundios en manos extranjeras, atención sanitaria a las poblaciones rurales. Todas  políticas públicas que luego caracterizarían a la revolución triunfante: «Creada la República en el bosque».

Podrán escribirse no uno, sino varios libros sobre la relación de Fidel Castro con Venezuela y sus políticos. El día del asesinato de Gaitán, que inició “el Bogotazo” que todavía hace temblar a Colombia, caminaban a unas cuadras del suceso dos jóvenes estudiantes exilados: Fidel y Rómulo Betancourt. La historia los colocaría años después como representantes de dos modelos para la América Latina: el comunismo y la socialdemocracia, la reforma y la revolución. Los jóvenes en Venezuela tomaron partido impulsivamente por uno o por otro.

Políticos más maduros latinoamericanos, amigos de Betancourt como Salvador Allende o Juan Bosch, optaron por un camino intermedio y fueron recibidos por un golpe de Estado o una invasión. Aun así, las nacionalizaciones como la del petróleo en Venezuela o su reforma agraria, permisada por USA, solo se entienden en el nuevo contexto provocado por la Revolución Cubana.

Decía Lichtenberg que también imitaba el que imita todo lo contrario. Y son rutas paralelas, pero en sentido inverso: los cambios entre el Rómulo de la Revolución de Octubre, y luego «padre» de la democracia, y el Fidel entre la Primera y Segunda Declaración de la Habana.

Fidel adquirió luego dimensión global, no solo por la crisis de los misiles, sino más bien por la geopolítica de la tri-continental. Influencia de Castro podemos encontrar indirectamente en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y su tercermundismo. Y más recientemente en Hugo Chávez y sus misiones sociales. La amistad entre Castro y Chávez ambos gobernantes fue ejemplar, admiradores de Bolívar y su anticolonialismo.

Hay hombres absolutamente oscuros como Boves o Pedro Estrada. Hombres absolutamente luminosos como Bolívar o el mismo José Martí. Y hombres claroscuros, con esa dialéctica entre luz y sombra como Betancourt, Miguel Peña, o como nosotros mismos. Fidel es de los luminosos, y esto se ve más claro en su centenario.

Hablamos de la amistad entre Fidel y Chávez, lo podríamos hacer también sobre la amistad con Gabriel García Márquez. Hay críticos que relacionan los orígenes del Boom de la literatura latinoamericana (García Márquez, el primer Vargas Llosa, Fuentes, Cortázar…) con la Revolución cubana.

En verdad se conmemoraron este 13 de agosto cien años de multitudes, pues Fidel fue fundamentalmente un líder de masas. Hoy la isla de Cuba lleva ocho meses sin luz eléctrica, como continuación de un bloqueo de años que no la deja ser (let it be); y mientras Venezuela con sanciones, con un Jefe de Estado secuestrado y una guerra cognitiva que no para.

Pero la República sigue en pie y tenemos a la presidenta Delcy Rodríguez. Los expertos militares se preguntan: ¿Cómo pueden resistir esas Repúblicas tanto asedio, de dónde sale su resiliencia? Y la respuesta está en el texto de Martí sobre Miguel Peña: fueron creadas esas Republicas en el bosque…

*Pedro Téllez-psiquiatra-escritor

Polémicas

 


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De prensabolivariana en agosto 16, 2026

Memorias de un escuálido en decadencia

«¡La tuya, que es mi comadre!». Los chavistas se están matando y eso nos tiene, al fin, ¡carajo!, gozando una bola y parte de otra. Son peleas que no van más allá del conocimiento, sino del día a día. Se dicen muchas cosas que ya conocemos: que si te quitaron la casa y los guardaespaldas, y el «yo te conozco, róbalo, por el camino que vas». En fin. No hay altura. No hay sutilezas. Y tampoco hay el intento de proponer nada detrás de la polémica. Es verdad que también se meten por piquete con nosotros, es decir, atacan a la compañera María Súmate, diciendo que se le acabó la pila y ahora lo hace con las manos. Pero, ¡coño!, no me tires serpentinas, que el carnaval ya pasó. Hay chavistas, prochavitas, más chavistas, menos chavistas, trumpistas leninistas y mucho más, pero no brilla ninguno. Provoca que el compañero Manuel Rosales se meta en esas polémicas para que les dé clases de discurso, contenido, ironía, sarcasmo y epifenómeno. En fin, seguimos demostrando que somos la gente decente y pensante de lo que queda de país, y ahora mucho más, porque entre las voces de la dictadura no destaca ninguna como destacamos nosotros cuando, por ejemplo, el compañero Henrique —Embajada— Radonski los llamó enchufados, y aquí quedó una palabra que les reventó el discurso y el análisis. En cambio, aquí el talento brilla por su ausencia. Hay algunos que son los más inteligentes, pero no llaman la atención porque no tienen lectores y a nadie le importa, porque saben que esos no son ni chicha ni papelón con limón.

Lo que sí tiene bien arrechos a unos cuantos chavistas son las relaciones con Israel. Eso es lo primero que hubiésemos hecho nosotros si el compañero Trump nos hubiese entregado el poder después que se llevó al dictador a nuestra segunda patria querida. Citan al dictador anterior y todo lo que dijo de Israel y luego le caen encima al gobierno de Trump, es decir, a la nueva dictadora, y ahí es cuando nosotros lamentamos no estar en el poder, como el compañero Abelardo de la Espriella. Ese sí es un compañero arrecho. Pidió rescatistas nada más que de El Salvador, Estados Unidos, Ecuador e Israel. A los otros les dijo: «No quiero verlos por aquí. No se vistan, que no vienen». Incluso, la nueva dictadora quiso enviarle unos rescatistas, y no aceptó. Además, ya reconoció, el 10 de agosto, la soberanía de Israel sobre los altos del Golán. Y le importa un carajo lo que diga la ONU, arréchese quien se arreche. Después de nuestra segunda patria, es decir, Estados Unidos, es Colombia la que ha hecho ese reconocimiento. Así se hacen las vainas. Sin hablar mucha paja. De paso, eliminó catorce embajadas y al carajo los enfermos. Y ya salió el ministro de Defensa de Colombia, Jorge Eduardo Mora —a esa gente hay que nombrarla siempre para que no la olviden—, a decir que ingresan al Escudo de las Américas para luchar contra el terrorismo, el narcotráfico, el crimen y lo que se les ponga por delante. No lo dicen ahí, pero seguro que también van a luchar contra los comunistas, que ya quedan pocos, pero hay que seguir y seguir luchando contra esa gente.

Y ya terminó la primera jornada de lucha de la compañera Dinorah Figuera contra la dictadura. Por lo visto, se aprobó cambiar a las magistradas del Tribunal Supremo de Justicia y hacer lo posible para que devuelvan el oro desde Inglaterra a Venezuela, oro que nosotros pedimos que se lo quitaran al país, es decir, que estamos bien encaminados (a pesar de que nuestra líder no participa en ese cónclave, pero vamos bien). De paso, uno de los polemistas exchavistas dijo que la compañera María Súmate fumaba y bebía mucho. ¿Ustedes pueden creer que ese es el nivel de la polémica entre esa gente? Con nosotros en el poder, el compañero Trump no estaría dando tantas vueltas para hacer lo que le diera la gana, pero hay que tener paciencia estratégica.

El papá de Margot estaba viendo en unos videos la polémica entre varios chavistas y dijo: «¡Carajo, pero esta gente es peor que nosotros! Se dicen cada vaina que uno se queda viendo el Almanaque de Rojas Hermanos para ver qué nombre le ponemos a esa vaina. Nosotros estamos esperando, pero es mejor que el compañero Trump se apure y llegue a la tercera fase, porque hay unos compañeros que por la edad parece que no vamos a llegar. El compañero Manuel Rosales debe decirle algo a esta gente de la dictadura para darle más nivel a esa pelea». Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: «¡Te van a devolver el oro de Inglaterra, muérgano!».

—Pintor que pintas paisajes… —me declama Margot.

♦♦♦
*Roberto Malaver. Periodista y escritor. Niega ser humorista, a pesar de algunas evidencias que indican lo contrario. Co-moderador del popular programa «Los Robertos», al cual insisten en llamar «Como Ustedes Pueden Ver». Co-editor del suplemento comico-politico «El Especulador Precóz». «Co-algo» de muchos otros proyectos porque le gusta jugar enquipo. @robertomalaver

El fin de una falsa dicotomía: hagamos posible lo imposible



Durante más de dos siglos, la humanidad ha organizado su pensamiento político alrededor de una coordenada aparentemente inamovible: derecha e izquierda. Esta dualidad, nacida en la atmósfera efervescente de la Revolución Francesa, ha guiado nuestras pasiones, votos y guerras. Sin embargo, como un instrumento de medición que ya no se ajusta al terreno que pretende cartografiar, el eje izquierda-derecha se ha vuelto obsoleto. No porque las diferencias ideológicas hayan desaparecido, en lo absoluto, sino porque la verdadera fractura de nuestro tiempo corre por un plano completamente distinto.

El pensador italiano Norberto Bobbio, en su lúcido análisis sobre la distinción política, defendió la vigencia de esta dualidad al identificar en la igualdad su estrella polar: la izquierda aspiraría a corregir las asimetrías sociales, mientras que la derecha asumiría las diferencias humanas como naturales e inevitables (https://www.clarin.com/opinion/izquierdas-vs-derechas-lejos-bobbio-cerca-rubio_0_B6UXA9O71x.html).

Pero incluso Bobbio reconocía que esta oposición es fluctuante, que admite múltiples posiciones intermedias y que puede dar lugar a perspectivas democráticas o autoritarias independientemente del campo del que provengan. El problema no es la existencia de diferencias en la concepción de lo social; el problema es haber reducido toda la complejidad política a una única coordenada, como si la realidad cupiera en un simple par de categorías excluyentes.

Para comprender por qué esta distinción ya no sirve, debemos desmontar sus presupuestos implícitos. La dicotomía derecha-izquierda presupone un escenario político en el que existen dos grandes proyectos de sociedad que compiten por el favor de una ciudadanía que, supuestamente, se sitúa entre ambas opciones. Este modelo, como bien señala el politólogo Jorge Verstrynge, corresponde a una época en la que los Estados-nación eran los actores centrales de la vida política y en la que las lealtades ideológicas se transmitían casi como herencias familiares (https://annas-archive.gd/md5/b434ea27f448a78d92114e158e9179c6?&check=1).

Pero ese mundo ha desaparecido. La caída del bloque soviético, la globalización financiera y la revolución tecnológica han transformado radicalmente el paisaje político. Como se ha señalado, describir el mundo con la dicotomía derecha e izquierda es una idea que atrasa al menos treinta años, teniendo en cuenta que el término "izquierda" acabó internalizando el concepto de colectivismo marxista, mientras que la derecha se asoció al liberalismo económico y al conservadurismo social. Hoy, sin embargo, tanto la nueva izquierda como el neoliberalismo han mutado hasta volverse irreconocibles: ni la izquierda es tan izquierdista ni el neoliberalismo es tan liberal.

La rigidez de esta clasificación se revela especialmente problemática cuando observamos los movimientos políticos contemporáneos. Asistimos a la aparición de populismos que toman elementos de ambos extremos: discursos antisistema que apelan al resentimiento popular, combinados con políticas económicas que benefician a las élites. Ex líderes de izquierda adoptan prácticas radicalizadas del campo conservador, demostrando que la necesidad de expresar la división social es más fuerte que la adhesión óntica a un discurso de izquierda o de derecha. La política se ha vuelto líquida, y nuestras categorías, sólidas.

El verdadero eje: verticalidad contra horizontalidad

La segunda razón por la que la dualidad izquierda-derecha ha perdido su utilidad es que no da cuenta de la verdadera estructura de poder en el mundo contemporáneo. Si el siglo XX fue el escenario de un conflicto horizontal entre clases sociales, proletariado contra la burguesía, el siglo XXI ha visto emerger un conflicto vertical: una pequeña élite global (aproximadamente el 1% de la población) que concentra la mitad de los recursos del planeta, frente a un 99% que lucha por sobrevivir en un escenario de desigualdad creciente.

Este fenómeno trasciende cualquier frontera ideológica tradicional. No es un problema de izquierda o derecha: es un problema de concentración de poder. La vieja idea de una izquierda representante del proletariado oprimido contra los intereses de las grandes empresas y la burguesía es cosa del pasado. Hoy, las grandes corporaciones tecnológicas, los fondos de inversión y las élites financieras operan en una dimensión supranacional, escapando al control de los Estados y desafiando cualquier intento de regulación que provenga de una perspectiva política tradicional.

Esta nueva estructura de poder genera una paradoja: tanto los gobiernos autodenominados de izquierda como los de derecha, una vez en el poder, tienden a aplicar políticas muy similares en lo sustancial. La discusión entre el capitalismo liberal y el comunismo ha perdido vigencia teórica y práctica; lo que vemos en su lugar es una competencia por gestionar las contradicciones de un sistema que favorece a unos pocos en detrimento de la mayoría. Ni la izquierda ni la derecha, en su formulación clásica, ofrecen respuestas a esta nueva realidad.

 

La trampa de la polarización y el llamado a la razón

¿Por qué persiste esta dualidad si ya no sirve para interpretar el mundo? Porque la polarización política se ha convertido en un mecanismo de control social. Al simplificar la complejidad social en una lucha binaria entre constructores virtuosos y destructores resentidos, la política abdica de su función mediadora y se convierte en una cruzada existencial. Cuando el oponente deja de ser un rival ideológico y pasa a ser un enemigo civilizatorio, lo primero que se destruye no es la izquierda ni la derecha, sino la democracia misma.

Esta dinámica se ve amplificada por la arquitectura de las redes sociales, que premia la simplificación y la confrontación. Las ideologías de izquierda aparecen asociadas a la falta de higiene, a los trastornos sexuales y al comunismo, mientras que las de derecha se vinculan a la tortura y el genocidio. En medio de esta guerra ideológica de caricaturas y memes, la posibilidad del diálogo racional se desvanece, y con ella, la esperanza de encontrar soluciones colectivas a nuestros problemas comunes.

Hacia una nueva imaginación política

El presente requiere el desarrollo de una imaginación filosófico-política vigorosa, fruto de la reflexión crítica y la investigación social empírica, capaz de idear soluciones creativas a problemas concretos y vislumbrar nuevas posibilidades para la vida humana. Esta nueva imaginación debe combatir los esencialismos políticos y reconocer que hay muchas izquierdas, muchas derechas y muchas formas de acción política. Debe trascender la falsa dicotomía y abrirse a combinaciones inéditas que puedan responder a los desafíos de nuestro tiempo.

La distinción política fundamental de nuestro tiempo no es entre izquierda y derecha, sino entre democracia y autoritarismo. La falta de sentido histórico nos hace olvidar que los extremos políticos y morales se tocan. Lo crucial hoy es primero ser demócratas y luego orientarnos hacia las diversas corrientes del espectro político. Una nueva imaginación política podría concebir nuevas izquierdas y derechas democrático-liberales, capaces de sostener entre sí diálogos inteligentes y desacuerdos racionales, capaces de forjar alianzas en defensa de las instituciones democráticas y de combatir el autoritarismo.

La política como espacio de encuentro

La superación de la dualidad derecha-izquierda no significa la eliminación de las diferencias. Significa, más bien, la apertura a un espacio político más complejo y más rico, donde las alianzas puedan tejerse en torno a problemas concretos y no a lealtades ideológicas heredadas. Donde la defensa de la igualdad (el valor fundante de la izquierda) pueda conciliarse con la defensa de la libertad (el valor fundante de la derecha) a través de instituciones que encarnen ambos principios en políticas públicas concretas.

La humanidad necesita una nueva gramática política, un nuevo vocabulario que nos permita nombrar nuestras diferencias sin reducir nuestra humanidad a una etiqueta. Necesitamos comprender que el verdadero conflicto de nuestro tiempo no es entre izquierda y derecha, sino entre la inmensa mayoría de la humanidad que aspira a una vida digna y la pequeña minoría que se beneficia de un sistema que genera desigualdad y sufrimiento.

El desafío es enorme, pero la alternativa es aún más sombría: seguir atrapados en una dicotomía obsoleta mientras el mundo se transforma a nuestro alrededor, dejando que el péndulo de la historia oscile entre los mismos polos sin ofrecernos nunca una salida. La política, como bien lo expresó Bobbio, es la ciencia de lo posible. Es hora de hacer posible lo imposible: una política que trascienda sus propias categorías y se reencuentre con su propósito original, que no es otro que la búsqueda del bien común.