Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

4 de abril de 2025

Síndrome de “Esto-es-el-colmo” (Estocolmo): los gringos los humillan, escupen, secuestran, pero, siguen amándolos… Absolutamente! Por José Sant Roz

 


José Sant Roz

  1. Un grupo de venezolanos estacionados, varados en México, vive gimoteando y diciendo que se encuentra sufriendo entre la dictadura de Venezuela y el Sueño Americano. Y a esa gente, el gobierno del presidente Maduro pronto los traerá de vuelta a nuestra tierra. Muchos, no obstante, aquí llegan de mala gana y aun amando con locura el modelo gringo de vida. Porque se da el caso de que todavía aquí exista gente que tiene familiares secuestrados por el miserable Trump y el cerdo de Bukele que viendo a la vez todo el asco y el desprecio que María Corina Machado siente por ellos, la siguen amando, admirando y apoyando. Ya esto no es locura, eso sobrepasa cualquier colmo de los colmos, cualquier deformación delirante del cerebro. Arrechera contra esa gente es imposible ya tenerla, como tampoco lástima, es algo en lo que es preferible ni siquiera pensar.
  2. En un reportaje de los gachupines del diario “El País”, se recogen varias de estas historias[1], habla de una familia venezolana que logró llegar a Tapachula, luego de cruzar infiernos. En Tapachula una banda de asesinos la secuestraron, y las pusieron a trabajar como esclavos, “limpiando baños, barriendo sus suelos, todas esas cosas”. Absolutamente. Entonces les obligaron a escribir a casa, allá en Venezuela, para que sus parientes enviaran el rescate. No fue mucho, pero algo mandaron. Absolutamente. Refiere el relato que salieron de Puerto Cabello, atravesaron cinco naciones: Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, y de México no pudieron seguir hacia el Sueño de Sublime Billete Verde. Allí fueron frenados. Absolutamente. El 20 de enero, sus sueños se ensanchan cuando El Catire es investido presidente, llevándose el gran chasco de que la frontera ha sido blindada. Una gente que jamás había pensado en política de partido iban con el plan de pedir asilo, acicateados, insisto por el demencial Sueño Americano tal cual como lo pintan en Hollywood. Dicen aquella familia venezolana: “Nosotros estábamos a la deriva, no teníamos dinero, nada, pues”. Les hablan de que a El Catire le ha dado por cazar venezolanos, deportarlos, torturarlos, definirlos como terroristas y mandarlos a la prisión “de alta seguridad junto a pandilleros en El Salvador”. Absolutamente.
  3. Están sufriendo, pero algunos lamentablemente pensando en el regreso y todavía soñando con los zapatos y las ropas de marca que no se pusieron, lamentando no haber podido ver los rascacielos de Nueva York tal como se lo refirieron paisanos que sí lograron dar el salto (aunque ahora se encuentran señalados de terroristas en El Salvador). Hoy, llorando está esta gente porque tiene que regresar. Se encuentran “a las puertas de la Embajada de Venezuela en Ciudad de México, suplicando por un vuelo humanitario de vuelta a la dictadura de la que huyeron”. Pero allá está María Corina en su Absolutamente. Con mucha pena por tener que regresar dice esta gente: “-No se nos dieron las cosas como queríamos, pero pues ahí ya se nos escapa de la mano, y realmente necesitamos esa ayuda humanitaria de parte del dictador Nicolás Maduro. Pero allá está Absolutamente, por lo menos”.
  4. Según el referido reportaje, como esta familia, existen otras 200 agolpadas a las puertas de la Embajada venezolana en México, unos a otros contándose sus cuitas y misterios, sus dolores y frustraciones, penas y recelos. Son familias que no tienen pasaportes, y lamentan en el fondo tener que recibir la ayuda del Gobierno bolivariano para volver. El reportaje del diario de los miserables del diario “El País”, dice que llevarlos de vuelta a su patria no es una prioridad de Maduro ni “para la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, a pesar de su acuerdo con Maduro para colaborar en la repatriación”.
  5. Añade en el reportaje el miserable franquista Alejandro Santos Cid: “Trump ha encarnado en los venezolanos todos los males, los reales y los ficticios, que aquejan Estados Unidos. MADURO, AFERRADO AL PODER EN UN TIEMPO EN QUE INCLUSO SUS VIEJOS ALIADOS LE DAN LA ESPALDA ANTE LA SOSPECHA DE FRAUDE EN LAS ÚLTIMAS ELECCIONES (tenían que meter su cuña porque si no, no se lo publican)…
  6. Aun pasando las de Caín, estos migrantes no dejan de hablar paja contra Venezuela. Dice un tal Douglas Zapata que en 2017, cuando todavía vivía en Valencia, lo asaltaron. “Se resistió. Le lanzaron ácido a la cara. Le cegaron un ojo por completo, por el otro algo alcanza a ver aún. Tras aquello, no pudo operar la grúa que le había dado de comer los últimos 20 años y emigró a Perú. Pintó casas allí cinco años. En 2024 se puso en marcha de nuevo para reunirse con una hija en Nueva York. Al poco de entrar en México lo raptaron, también. Viajaba con su hijo y su nuera, embarazada de nueve meses. Los secuestradores se apiadaron de ellos. En tren, llegaron a Torreón, en la norteña Coahuila. Apenas descendieron de los vagones, pusieron rumbo al hospital y allí nació el niño en febrero de 2024. Decidieron esperar un tiempo antes de volver a dirigir sus pasos a Estados Unidos, darle unos meses de tranquilidad al bebé. En esas, llegó Trump y cerró el camino”. Pero pese a todas esas inimaginables torturas eso era preferible a vivir en Venezuela. Toma!
  7. Y lo dicen llenos de penas esto migrantes venezolanos: “Ese era el sueño, como todo el mundo tenía acá, el SUEÑO AMERICANO, pero no se dio, y bueno, aquí nos quedamos”. Torturados, pateados, despreciados y humillados siguen en busca del Sueño Americano. Dice que “su hijo, su nuera y su nieto van a buscarse la vida en Torreón. Yo de verdad no me quiero quedar porque no siento este país, así como de bienestar, como sí lo es el del Sueño Americano”. Aterrado por lo que ve en las noticias, recapacita un poco y agrega: “Y, de hecho, aunque volvieran a abrir la frontera con Estados Unidos yo quiero regresarme a mi país. Ya mi meta es estar con mi familia. Allá no habrá headphone como aspirábamos tener varios, no habrá zapatos Adidas, calzones o chaquetas de marca, pero encontraremos caraotas, yuca, ocumo y cambures… aquí estoy, soy discapacitado e hipertenso, no me dan trabajo, estoy solo, quiero volver a mi país, pero lástima porque casi lo lograba, eso el SUEÑO AMERICANO”. Sigue didiendo el reportaje de Alejandro Santos Cid: “Lamenta que, pese a su discapacidad, todavía no le hacen hueco en el avión. Mientras, duerme en una pensión en el Zócalo a 100 pesos la noche. Sabe que en Venezuela las cosas no están fáciles, pero a estas alturas, no pueden estar peor que aquí: “Está un poco complicado, pero la familia subsiste y trabaja y echa ganas, como en todos lados hay que echarle ganas. Por lo menos tengo mucho apoyo de mi familia allá y eso es lo que quiero”. Absolutamente!!!!!

[1] De un reportaje de Alejandro Santos Cid, del diario “El País”.

3 de abril de 2025

Alerta!, mi colega Mauricio Duran es capturado en EE UU por ser del Tren de Aragua… ¡Qué arrecho! Por José Sant Roz


 

José Sant Roz

  1. Hoy, Mauricio Duran[1] se encuentra recluido en un centro penitenciario de Texas, recibe ocasionalmente la visita de miembros de la American Civil Liberties Union (ACLU), para estudiar su caso. ACLU es una de las organizaciones de derechos civiles que procura resolver decenas de miles de casos sobre migrantes legales o no legales en Estados Unidos. Los alegatos de Mauricio no resultaron de los más alentadores, pese a ser un individuo que jamás en su vida ha tenido nada que ver, ni muchos pensado en afiliarse a una pandilla de asesinos, como lo del Tren de Aragua. Los miembros de ACLU que también son gringos, analizan cada una de sus respuestas, siempre poniendo en dudas de que sean ciertas. En ACLU, para nada creen en la inocencia de los venezolanos, por más educado y profesor que sea, como el es caso de Mauricio. ACLU le dijo a Mauricio que debía llenar un formulario para ver si es o no terrorista, es decir para saber si pertenece o no al Tren de Aragua. Si en las respuestas se consigue que obtiene en rango de ocho, lo mandan de ipso facto para El Salvador. Para el momento en que fue detenido, Mauricio mostraba una espléndida cabellera, porque desde adolescente, se había dejado su coleta.
  2. ¿Edad?: 57 años. Perfecto. ¿Ciudadanía?: Venezolana. ¡Ah, caramba! ¿Tiene residencia o ciudadanía?: No, señor. Perfecto.  La evaluación no lo estaba favoreciendo en nada y Mauricio casi se desataba en llanto. Con el corazón en vilo. Señor Mauricio – escuchó-: su caso es difícil, aunque vamos a hacer todo lo posible para que usted salga a hacer su vida normal en este paísanalizando los distintos apartados de este formulario que incluyen SENTENCIAS JUDICIALES Y DOCUMENTOS OFICIALES, AUTOADMISIÓN, CONDUCTA CRIMINAL E INFORMACIÓN, DOCUMENTOS Y COMUNICACIONES, SIMBOLISMO Y ASOCIACIÓN, que irán cubriendo un rango entre dos y diez puntos, no creemos que usted pueda caer en área de ENEMIGO EXTRANJERO. Ojalá, pero tener que ser enfáticos y muy claros, señor Mauricio, con ocho puntos usted será declarado como miembro del Tren de AraguaYa vemos que tiene tatuajes, muy preocupante porque eso denota una membresía o lealtad al Tren de AraguaContrólese, señor Mauricio, que esto son trámites normales en estos tiempos, pero he de decirle que eso le suma cuatro puntos. Por lo que puedo ver su celular tampoco le favorecen para nada sus publicaciones en redes sociales viendo que todos sus contactos son con venezolanos que han ingresado ilegalmente a nuestro país, algo sumamente delicado, señor Mauricio. Usted en sus mensajes usa muchas groserías, muchas vulgaridades, y ha dicho en algunos de ellos que en este país prefieren más a los negros que los latinos, que aquí “la gente se jode demasiado para ganarse unas mierdas de dólares”, algo muy discutible, señor Mauricio que refleja injerencia en nuestros asuntos internos… Por otro lado, señor, Mauricio, ¿por qué usted usa esa sudadera de Chicago Bulls? Grave, muy grave. La conclusión fue tajante: SEÑOR MAURICIO, LAMENTO DECIRLE QUE USTED CAE DENTRO DEL RANGO DE LOS QUE PERTENECEN AL TREN DE ARAGUA…
  3. Fui profesor de Mauricio Duran a finales de los ochenta. Mauricio venía de Los Teques, un joven muy adelantado en sus estudios, graduándose en Física, con méritos, en la Universidad de Los Andes. En 2005, Mauricio se trasladó para hacer un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, en 2011 regresó a su país (sin poder concluir sus estudios) y en 2015 se jubiló. Esto es algo muy común en nuestras universidades autónomas, en las que muchos profesores recibían buenas becas en dólares, se pasaban seis, siete y hasta diez años tratando de hacer un doctorado y regresaban sin haberlo concluido. No eran sancionados, y más aún ascendían en escalafón muertos de la risa. Algunos se daban en tupé de no estudiar sino dedicarse a alguna actividad mercantilista, y mediante informes forjados, enviaban notas de sus estudios, diciendo que estaban progresando en todas sus materias. Los Consejos Universitarios de estas universidades autónomas (por antonomasia) que sabían de estas vagabunderías, se hacía los locos y les aprobaban sus permanencias en el exterior. A este extremo no llegó Mauricio, pero pasó largas temporadas sin ver a su tutor “porque me caía muy mal”, hasta que el tutor… se desentendió de él.
  4. Como en 2014, la situación económica comenzaba a ponerse fea, Mauricio al tiempo que impartía clases de postgrado en un curso sobre Teoría de la Relatividad, se rebuscaba dando clases particulares. He de decir, que Mauricio comenzando a gobernar Chávez, llegó a simpatizar con el chavismo, pero poco a poco, viendo que los ambientes en los que se movía había un rechazo tremendo contra el bolivarianismo, sintió por ética y estética que éste era un movimiento que no cuadraba con sus propósitos de vida, por lo que se fue distanciando hasta volverse radicalmente opositor, llegando a extremo de que cuando le nombraban a Chávez echaba espuma por la boca. Todas las más grandes vulgaridades las vomitaba contra Chávez y el chavismo. Era algo extremadamente vulgar. Yo me alejé de él, porque de veras, para mí, se había vuelto intratable. Lástima.
  5. Mauricio cogió en Madrid un estilo de vida que podríamos llamar exquisito, aprendió de vinos, de la dieta mediterránea, de los jamones, de paellas, y hasta casi se volvió un sibarita. Aprendió a aderezar platos de altura, incluso en una ocasión estuvo en casa y preparó una tortilla de camarones que mereció múltiples brindis (con un muy especial Amontillado). En Madrid vivía con su esposa Mónica y sus dos hijos William y Charles, pero al año de regresar a Venezuela se divorció. Fue algo para mí sorprendente, porque se veía una adorable familia, siempre unida en todo. Rumores de todo tipo cundieron entre los colegas sobre esta sorpresiva separación, que no son de nuestra incumbencia. Y al año siguiente me enteré que Mauricio había cogido para la Florida, Estados Unidos.
  6. En Florida, a través de un bufete, Mauricio hizo trámites para solicitar el asilo, como lo estaban haciendo cientos de miles de sus compatriotas en el país de los Sueños Dorados. Allá se radicó solito, alquilando un cuarto en un apartamento ocupado por otros cuatro venezolanos, se buscó un abogado y entre los alegatos para solicitar el asilo dijo que era perseguido político por haber vendido productos de una compañía norteamericana llamada Rena Ware (algo que realmente había hecho siendo estudiante universitario).  Echó, pues, al olvido para siempre la Física, y comenzó, como quien dice, a echarle palo a todo mogote: fue jardinero, mesonero, lavaplatos, vigilante, cuidador de ancianos, hasta que logró ubicarse en un excelente lugar como conductor de Uber-taxista, haciendo unos 280 dólares semanales. Para estar a la moda se hizo un tatuaje en ambos brazos con la Estatua de la Libertad, y en las piernas puso los nombres de sus hijos William y Charles. Puede decirse que iba viento en popa, asimilando todas las virguerías de la delirante tecnología gringa. Fue la época en que se avizoraban grandes cambios en su vida, a punto de conseguir la Green Card y establecerse definitivamente en el ese “sublime y grandioso imperio, porque yo nunca más volveré a esa mierda (refiriendo a Venezuela)”. Él se embanderó locamente por la candidatura de Trump, junto con muchos de sus compatriotas venezolanos… hasta que el afamado Catire, pues, consiguió volver a la presidencia.

[1] De hecho, debo reservarme su verdadera identidad.

2 de abril de 2025

Las universidades autónomas son culpables del coloniaje mental que ha destrozado nuestro país: ¡hicieron ciencia sin conciencia!… Por José Sant Roz

 

José Sant Roz

  1. Me escribe el colega Humberto Nieves y me dice: “Mira José, ya viene los 240 años de la Universidad de Los Andes, ¿no vas a escribir algo sobre eso?”. Pues, ya yo, sin saber nada de esa efemérides, había terminado de escribir una nota sobre las llamadas universidades autónomas, pensando en el desastre que han sido para nuestro país… Aquí le va a la ULA, y al resto de las universidades autónomas por… antonomasia…
  2. Cuando Hugo Chávez llega al poder en 1998, en todas las universidades autónomas se propagó un estremecedor rechazo a cuanto tuviese que ver con un proyecto nacional, propio, soberano. Porque estas universidades medían sus estándares académicos tomando como patrón las valoraciones de exigencia y líneas de investigación de las llamadas prestigiosas casas de estudios de Estados Unidos y Europa. Sujetas a líneas de investigación que en gran parte nada tenían que ver con las necesidades de nuestro desarrollo. Por otra parte, todos sus estamentos, habían sido amamantados durante cuarenta años por las soberbias ubres de los planes educativos de adecos y copeyanos (bajo el concepto del pensamiento dominante de Occidente, insisto), y para nada iban a aceptar que un zambo, de pelo malo, “bruto” y aspecto “provinciano”, proveniente de una familia campesina de Barinas, tuviese el tupé, de pretender convertirse en ductor de nuestros orondos doctores y PhD’s, como mucho menos embanderarse con una nueva visión política y cultural independiente, propia. Apenas comenzando a gobernar el chavismo, los pelucones de la academia y de las universidades se lanzaron a las calles y plazas, ocuparon los templos, al grito de la consigna: “Con nuestros hijos no se metan!” Claro, estaban temblando los colegios privados y los católicos, exactamente como lo que ocurrió en 1946, cuando lograron echar para atrás el proyecto educativo (el Decreto 321) de Luis Beltrán Prieto Figueroa[1].
  3.  La plana mayor de la Academia Nacional, de los profesores e investigadores de altura de estas universidades, estaba profundamente imbuida en los valores y en el sentido de los estudios y de la investigación impulsada y dirigida por tutores gringos o europeos. A ellos se debían, a ellos tenían que responder sus estudios y proyectos, no a las necesidades de nuestro país. Esos profesores y académicos respondieron indignados, rabiosos, y desafiantes, contra todo lo que ha propuesto el chavismo, en cuanto a educación y conocimiento. Por lo que se plantaron, decididos, a no aportarle un ápice del sublime y grandioso conocimiento que poseían para que entonces viniera a aprovecharse de él un “badulaque”, un “mico comunista”, “grosero”, “burdo”, enemigo a muerte de “la ejemplar democracia del Pacto de Puntofijo”.
  4. De modo, pues, que el gobierno de Venezuela, a partir de 1998, para avanzar en los cambios políticos, iba a tener que enfrentarse duramente contra está rémora espantosa de las universidades autónomas. Éstas se aliaron ferozmente con la embajada norteamericana y una banda de horribles guarimberos cuyo represenates era el peruano Vilca Fernández y la burda Gaby Arellano, gente sumamente ignorante, que nunca había estudiado nada seriamente en sus vidas, y que carecían de las más mínimas condiciones para elevarse espiritualmente en ningún área del conocimiento. Una banda de rectores con condiciones similares a estos guarimberos se apoderaron de las referidas universidades autónomas, y se plantaron en sucesivos paros y huelgas (de cerebros caídos), hasta que estas universidades acabaron muriendo por consunción. Los referidos rectores de esas casas de estudios por lo general, eran (algunos todavía lo son) bien incultos, sin sentido de patria, sin conocimiento ni amor alguno por nuestra historia, estaban siempre dispuestos a apoyar las órdenes del pensamiento dominante de los yanquis o de los europeos, sus verdaderos ductores.
  5. En dichas universidades autónomas, se hizo costumbre, que los más rapaces, los más atrevidos, los más mediocres e inescrupulosos, controlasen los equipos rectorales, así como gremios profesorales. En las elecciones para algún decano o rector, se activaban bandas de mafiosos compradores de votos, negociantes de partidos, bajo cuyos chantajes o enamoramientos acababan siendo seducida la llamada flor y nata del conocimiento, quienes se doblegaban ante estos bandidos para que les favoreciesen en sus proyectos, en sus solicitudes de financiamiento para sus investigaciones. Esta flor y nata del llamado conocimiento universitarios estaba maleada por encontrarse sometida a estos bandidos. Eran a la vez unos logreros y unos cobardes. Algunos decían no ser “políticos”, para así venderse a mejor postor, para sí acogerse en los burdos pechos (o abrazos) de los negociantes de votos. Y con esa actitud de debiluchos, cuando aquí las cosas comenzaron a ponerse duras por las presiones de gringos y europeos, entonces cual miserables, cogieron las de Villadiego. No les importaba un carajo, como nunca les había importado nuestro país, a ellos sólo les interesaba una buena paga.
  6. En pocos años, nuestras universidades se vaciaron: los fulanos cerebros cultivados durante la IV república huyeron para Colombia, Ecuador, Panamá, Perú o Chile. Para Estados Unidos o Europa, cogieron muy pocos, porque carecían del nivel de estos imperios. Con este hecho se revela realmente la condición moral del talento (sin probidad) de esta gente que dejaron en el abandono a tesistas, a nuestras aulas, a nuestros laboratorios.
  7. Qué desastre, qué desperdicio de inmensos capitales (miles de millones de dólares) resultó aquel intento por formar a miles de venezolanos en universidades de alto nivel académico, tanto en Europa como en Estados Unidos. Si se pensó, que consiguiendo formar una poderosa generación de profesionales de calidad, como de hecho en parte se logró, era en sí una manera de salir de abajo, de impulsar nuestro desarrollo e ir sacando adelante a nuestro país, científica y tecnológicamente, lo que luego sucedió, demuestra que hubo una falla moral y humana tremenda. Qué gran pérdida de tiempo, qué mar de divagaciones y fatuidades se generaron producto de tan sabihondas personalidades que vinieron a crear sus taifas de exclusivos clubs de genios para acaparar las becas, financiaciones de sus muy particulares proyectos. Y a la postre qué brutal de cerrados bastiones de prepotentes oligarcas del conocimiento, vinieron a conformarse en esas llamadas universidades autónomas en Venezuela: UCV, Carabobo, LUZ, ULA, UDO…, con sus ardorosos cerebros, sus talentosos profesores y estudiantes… Para que, al hacer un balance de los resultados, vengamos a caer en la cuenta que con sus saberes, no dejaron casi nada de valor humano tras de sí, nada de adelanto o de desarrollo para el país. Durante las décadas de los setenta y ochenta, miles de venezolanos salieron a hacer doctorados al exterior, y volvieron orondos con sus títulos, no a ayudar a la patria sino a envanecerse con sus poses y conocimientos, siempre dependiendo de los tutores que dejaron allá lejos, entregándoles aquellos países donde se formaron todos sus conocimientos e investigaciones, no sintiendo el menor apego por su tierra, mejor dicho, hasta sintiendo asco por ella. He escrito tanto sobre esto, que para mayor información los invito a leer mi libro: “Capos de toga y birrete”…

[1] En otra nota me referiré con lujos de detalles al pavoroso escándalo que produjo el Decreto 321.


31 de marzo de 2025

Crónica de la Contienda EL SER HUMANO Y EL PAISAJE Por Beatriz Rondón

El ser humano está frente a la naturaleza, que es en sí misma, un paisaje. Lo ve desde su visión cosmogónica con la sapiencia que le ha otorgado la vida. Lo escruta, lo aprecia, lo ausculta, lo venera, y lo sacraliza. Pero también podría parecer lo contrario.

La naturaleza es el espacio donde coexiste el ser humano, es el piso y el techo de su vida, el horizonte y el límite.

El paisaje está ahí, ante la mirada de todos. Podría decirse que el hombre jamás ha estado solo, porque a su alrededor vibra la naturaleza, expuesta como un cuadro pintado por Dios.

La visión que tiene el hombre del mundo, es de “progreso”. Es un estigma que lleva grabado desde siempre. Pero el llamado “progreso” podría ser la otra cara de la moneda, donde confabulan los intereses de los que manejan el poder desde una visión egoísta.

La lucha de clases, el flujo de los medios de producción del capitalismo y sus modalidades son irracional e inhumanas.

Son las amenazas constantes  del el planeta y a veces no nos damos cuenta, porque la industria mediática y las pintan  como películas de ficción.

Caminamos por los centros poblados de la tierra donde la tecnología ha tejido su maraña de innovaciones; donde la ingeniería civil y mecánica han creado sus emporios con sutiles mecanismos de poder y no distinguimos sus estrambóticos edificios desfigurado hermosas avenidas y paisajes que fueron naturales.

Muchos olvidan que antes de esos adefesios, habían espacios hermoseados  inmensas llanuras, cordilleras pobladas de los más variados animales que lamentablemente van extinguiéndose.

Bosques tupidos de árboles tropicales, con frutales, hierbas medicinales, ya no están en el mercado.

El consumismo de la sociedad de finales del siglo XX y principios del presente siglo, deciden el futuro incierto de la humanidad.

El ser humano y el paisaje, podrían ser solo el recuerdo de un tiempo ido en la memoria de las nuevas generaciones. El planeta, albergue del mejor paisaje de todos los tiempos, el paisaje natural, podría desaparecer en cualquier momento, con sólo oprimir un botón, que desencadenaría una guerra nuclear.

Estamos a las puertas de la mayor decadencia del ser humano, y eso tendría un costo impagable, para la humanidad. 

Mérida, 2025 (XXV): Murales (y II) Por Manuel Amarú Briceño Triay

La pareja motorizada se acerca plácidamente a la gran pared bajo la luminosidad tropical característica del sur del Lago de Maracaibo. El piquete clorofílico los recibe con alegría. 

Desmontan el caballo de hierro portando escuadras, una larga regla, el rollo de mecatillo y las invaluables plantillas. Neil le dice a él: "Bienvenido, maestro de la letra y dibujante del gran símbolo." Donny recibe agradecido el cumplido al mismo tiempo en que Anyi toma las primeras imágenes de la jornada. 

Las líneas se encuentran y aparecen las mayúsculas letras en la superficie. El lápiz serpentea sin parar y una tras otra las palabras denotan casi imperceptibles el mensaje. Paralelamente, Luz Marina y un pequeño grupo sanean los espacios de trabajo. Impecables cuadros surgen entre el blanco reluciente, el verde esperanza y la inmaculada calzada peatonal. 

Los pinceles de todos rellenan con paciencia cada trazo ancho. Las brochas se deslizan en manos serenas al compás del silbido melódico de Joel. Una a una las sílabas se juntan entreteniendo a los curiosos: "Par... ti... do"

Por momentos, Yolive interrumpe la faena amorosamente. El equipo de hidratación le ofrece a los pintores refrescantes vasos de papelón con limón aderezados con una sincera sonrisa: "Para este calorón, lo mejor es la panela fría, jajaja." - les repite incesantemente la laboriosa militante

El líder de la gorra verde, recurrentemente, tiene que interrumpir su acción pictórica para conversar con algunos transeúntes que lo reconocen e interrogan. Los saluda con cariño, les explica la actividad y  les invita a participar activamente en el renacer político. De vez en cuando, alguno le solicita que cante y él tomando un cuatro entona estrofas de Alí Primera. Entre ellas, las de la "Tonada de un pueblo amaneciendo":

"Otra toná ceferino

Que en el sur de nuestro mapa

Hay un pueblo amaneciendo

Manos de luces el pueblo

Va venciendo a la oscurana

De la noche general..."

Al final de la tarde, Anyi toma las últimas fotos y la profesora Gladys lee desde el otro lado de la avenida: "Partido Verde de Venezuela ¡Mérida y El Vigía Reverdecen! "

Mérida, 30 de marzo de 2025

30 de marzo de 2025

Mérida, 2025 (XXIV): Murales (I) por Manuel Amarú Briceño Triay

Se miran. Ella lo reta: -"Qué le dijo un mono a otro mono?" 

-"No tengo ni la menor idea." - sostiene Donny

"¡Vámonos! - le responde Anyi entre risas 

Aún confundido enciende la motocicleta, asocia las frases y exclama: "¡Hoy lo terminaremos!"

El día anterior se había reunido el batallón clorofílico en la larga avenida. Por supuesto, el calor y la humedad de la Tierra Llana los acompañaron en toda la jornada.

Tanto el experimentado Omar Gómez como el maestro cacaotero Isaías Meleán orientaron la primera faena para la elaboración del mural: blanquear. A escasos metros, Neil, Yolive, Joel, Luz Marina y Nelson escuchaban con atención. El último de ellos, como era costumbre, proyectaba escenarios. 

-"Se trata de enjalbegar la pared y dejarla límpida." - señaló con acento zuliano Meleán. 

-"Exactamente, Isaías -respondió Gómez - jalbergar es fundamental para empezar la obra."

-"Menos mal que desde hace un mes se nos ocurrió mezclar la cal viva con el agua, la sal y la cola vinílica. Usando, como siempre, la fórmula del finado Rafael de Mucujepe: 80% agua y un 20% de cal.- replica nuevamente Meleán. 

-"Perfectamente -dice Gómez- Ahora nos toca cubrir con masilla y yeso los desperfectos. Es recomendable aplicar 5 capas finas para que el carbonatado sea óptimo."

Tomadas las notas e instrucciones pertinentes todo el grupo se desplegó sobre la superficie escogida.

Adelso Rojas, Gregorio Gómez, Gabriela Gutierrez y Yobanito Guillén tomaron el primer segmento. Audri, Josuany Chirinos y Gregorio Roa, Fátima Rondón, Gonzalo Roa, Yohelí,  Fabiola Roa y Luis, el segundo. 

Finalmente, Isamar, Johendri, Javier, Stefany, Luis Guedez, Arwuin Cantillo y Hernán Fernández, el tercero. 

Brochas y pinceles aplican la pasta blanca al mismo tiempo en que los transeúntes se reúnen alrededor para contemplar. La tertulia inesperada da paso a chistes pícaros y alguna que otra mirada furtiva en medio de las gotas que escurren. 

Paralelamente, el charrasqueo de un cuatro inspira a varios y la canción "Abrebrecha" de Alí Primera rompe otra vez la cotidianidad. La pieza se abre paso en la voz del líder de la gorra verde y todos gritan: 

"Abre brecha, compañero

Que ya sopla viento de agua

Y ya hay que espantar el perro

Antes que se eche la miada"

En las últimas calurosas semanas el novedoso nacimiento político ecológico ha estado dando que hablar en la pujante ciudad y en los predios campesinos. 

La profesora Gladys observa la escena y pronuncia en voz baja: "La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." (Continuará...)

Mérida, 29 de marzo de 2025

Sorprendente!: El odio al chavismo es proporcional a la saña con que Trump ataca a nuestros migrantes en EE UU… Por José Sant Roz

 


1-  Por la Ley de la Reversibilidad, los seguidores de María Corina Machado junto a sus poderosos aliados, los medios de comunicación de Occidente, han venido insistiendo (y aún insisten más que nunca), en convertir a Venezuela en la Palestina de América Latina. Ahora estos seguidores dicen que efectiva y realmente todos los migrantes son de El Tren de Aragua, entrenados por el gobierno de Maduro y enviados adrede al Norte. En realidad, es parte de una CAMPAÑA que ya lleva un cuarto de siglo contra Venezuela, y que ha acabado por convertir a nuestros compatriotas en unos “delincuentes” y parias en el mundo. A los nuestros en EE UU ahora les da pánico decir que son venezolanos (cuando antes lo voceaban con orgullo, diciendo que huían de una dictadura comunista), y se creen inferiores a los migrantes de otras naciones. El golpe mortal a los nuestros lo provocó el invento mundial de la banda EL TREN DE ARAGUA, que se vino refinando con las alertas difundidas por Julio Borge, María Corina Machado, Leopoldo López, Juan Guaidó y Carlos Vechio, entre otros. Hasta a una periodista venezolana, de nombre Ronna Rísquez, le dio por escribir una bazofia titulada, “EL TREN DE ARAGUA, LA BANDA QUE REVOLUCIONÓ EL CRIMEN ORGANIZADO EN AMÉRICA LATINA”. Una bazofia, digo, que le fue editada por otro odiador de Venezuela (además de cretino) Sergio Dahbar, quien sobre el libro de Ronna Rísquez ha escrito: “Es imposible leer este libro sin preguntarse, mientras pasan las páginas, cómo es posible el desenvolvimiento de semejante organización criminal sin anuencia del Estado venezolano”.

2-  Es decir, el plan para que se pueda salir a cazar como bestias, delincuentes o asesinos, con toda impunidad, a venezolanos en EE UU, ya se ha formalizado. Y de ahí el horrible pánico que existe entre esta comunidad latinoamericana, y para completar, como el gobierno de Venezuela ha salido en su defensa, esto ha acrecentado el odio de Trump y de toda su asquerosa nube de racistas y prepotentes “blancos”. Trump ha sugerido el plan, de que una vez devuelta la inmensa mayoría de venezolanos a su tierra, aumentar a millón las sanciones y bloqueos, para que se produzca tal desesperación entre los opositores al chavismo, que éstos acaben derrocando el gobierno. Eso es lo que le ha sugerido Marco Rubio. Y en estas acciones lleva la voz cantante la jefa de seguridad de El Catire, la miserable Kristi Noem, quien le metió un tiro a su mascota porque era muy perezosa para ser entrenada. Kristi Noem ha estado recorriendo algunos países, entre ellos El Salvador, Panamá y Colombia, para que se presten a llevar una política de presión dura y decida contra Venezuela. La amenaza militar, por su parte la implementado Marco Rubio desde Guyana, diciendo que El Esequibo no nuestro, ante lo cual ha callado solemnemente todos los opositores de la ultra-derecha venezolana, empezando por la jefa del jolgorio, doña María Corina Machado.

3-  Tarde o temprano todos los países que hoy se están embanderando con los gringos para cazar como bestias a los migrantes venezolanos, acabarán pagándolo. Los gringos, como bien dice el dicho, no tiene amigos sino aliados o socios provisionales. Como nos dice el escritor Antonio Muñoz Molina: “La triste verdad de esta nueva cara grosera y represora de Estados Unidos es que no es nueva en absoluto. Ha estado siempre ahí, como lo está siempre la cara oculta de la Luna, aunque nadie la vea. Es difícil verla porque nos ciega la mirada el brillo de la riqueza y del poder, favorecido por una propaganda abrumadora que cae sobre nosotros de manera incesante, a cualquier hora del día o de la noche, en el cine, en la televisión, en los carteles publicitarios de las calles, en los millones de espejismos de las redes sociales. Prácticamente, todas las películas o series de más éxito son americanas e imponen su supremacía insolente sobre los canales de distribución y sobre las conciencias, que apenas reciben otros mensajes visuales, otras ficciones no regidas por la misma estética y los mismos valores. En los laterales de las paradas de autobuses rara vez falta el cartel de una película americana en el que aparecerá un o una superhéroe con la musculatura decorada de barras y estrellas, o bien un policía esgrimiendo una pistola, o un gañán de camiseta rota armado con una ametralladora futurista. En las cadenas de televisión, incluida La 1 de Televisión Española, todas las películas que se proyectan por la noche son melodramas de gente acomodada que viven en urbanizaciones con mucho césped o historias de policías o de ciencia ficción que tienen en común un efectismo visual extremo y una celebración permanente de la violencia, los coches, los helicópteros, las armas de fuego, todo ello aderezado por doblajes robóticos en los que la pobre lengua española es retorcida y desfigurada hasta convertirse en un calco patético del inglés”.

4-   Algunas personas confusas, temerosas y preocupadas por lo que les pueda pasar a los suyos, a sus amigos, a los venezolanos que fueron cautivados por el Sueño Americano, para pretender aminorar las decisiones de Trump, tienden a decir que éste SE VOLVIÓ LOCO. No, señoras y señoras, él no se ha vuelto loco, él es la más auténtica representación de lo que es un gringo. Yo, particularmente no creo que el pueblo norteamericano sea distinto de sus gobernantes. No podría serlo, puesto que dichos gobernantes, porque “según la grandiosa democracia que existe en EE UU” es la más perfecta representación de lo que decide su pueblo. Ya comenzamos a escuchar historia de venezolanos que son acosados, insultados y amenazados por los gringos en los sectores donde viven. Hay pánico y horror en cientos de miles de familias venezolanas que huyeron de “de la dictadura de Venezuela”. Sienten pánico por sus hijos, por su color, por su habla y su condición social.

  • Esas gentes que “huyeron” a EE UU alegando que eran perseguidos por el gobierno chavista, ahora están sufriendo, pagando por sus propios relatos. Resulta que El Catire al que votaron o apoyaban, les dice ahora: “Ustedes han venido a aprovecharse de este país y los declaro terroristas del Tren de Aragua”.
  • Hay ahora una pregunta crucial que deben hacerse los eternos odiadores de Venezuela, porque no es en realidad que odian a los chavistas solamente, porque el desprecio de los nuestros es algo que se remonta a los tiempos del siglo XIX. Aquí siempre se nos inculcó que lo nuestros es mero excremento, que nosotros no servimos para nada, que aquí nada funciona, que todo en este país es un caos, una permanente falta de seriedad y un relajo total. Con eso en la sangre y en la cabeza, aquí, digo, desde el siglo XIX la gente quería emigrar, y quería hacerlo para Europa o Estados Unidos. Pero ahora resulta que desde estas dos regiones se nos ven como potentes terroristas pertenecientes al Tren de Aragua. No se nos quiere. Para ellos somos unos delincuentes, aunque muchos venezolanos se sigan desviviendo y volviéndose locos por coger hacia los “bellos” territorios europeos o gringos. PREGUNTA CRUCIAL: ¿Para dónde irán a coger en busca de LA LIBERTAD, si ahora están estigmatizados para la eternidad como unos terroristas y delincuentes?
  • Quiero finalizar esta nota, diciendo que los gringos van por todo el mundo imponiendo sus órdenes, saqueando países, llevándose a los mejores cerebros, controlando sus recursos, sus negocios y comercios…, para luego salir a gritar que los migrantes que llegan a su tierra quieren aprovecharse de ellos. ¡ELLOS, LOS GRINGOS SON LOS QUE SE APROVECHAN DEL TODO EL MUNDO, DE LOS POBRES Y DE LOS QUE SAQUEAN EL PLANETA! Esa es la gran verdad, que todo el mundo debe tener en cuenta y no olvidarlo nunca.

Lean esta historia publicada en «The Guardian», en el que se muestra cómo EE UU es donde más se violan los derechos humanos en el mundo… Por José Sant Roz

 


(EN LA GRÁFICA VEMOS a Jasmine Mooney de regreso a Vancouver, Canadá, tras dos semanas de detención en las instalaciones de ICE. Ella recibió varias cartas que otras mujeres le dieron para que las entregara a sus familias. Fotografía: Jasmine Moone)

Soy la canadiense que estuvo detenida por el ICE durante dos semanas. Me sentí como si me hubieran secuestrado… Me encerraron en una celda helada sin ninguna explicación, a pesar de que finalmente conseguí abogados y atención mediática. Sin embargo, comparado con otros, tuve suerte…

No hubo explicación, ninguna advertencia. En un momento, estaba en una oficina de inmigración hablando con un oficial sobre mi visa de trabajo, que había sido aprobada meses antes y me permitía, como canadiense, trabajar en Estados Unidos. Al siguiente, me ordenaron que pusiera las manos contra la pared y me cachearon como a una delincuente antes de ser enviada a un centro de detención del ICE sin la oportunidad de hablar con un abogado.
Crecí en Whitehorse, Yukón, un pequeño pueblo en el extremo norte de Canadá. Siempre supe que quería hacer algo más grande con mi vida. Me fui de casa pronto y me mudé a Vancouver, Columbia Británica, donde construí una carrera que abarcó múltiples industrias: actuación en cine y televisión,
propiedad de bares y restaurantes, remodelación de condominios y administración de Airbnb.
A los 30 años, descubrí mi verdadera pasión trabajando en el sector de la salud y el bienestar. Me dieron la oportunidad de ayudar a lanzar una marca estadounidense de tónicos para la salud llamada Holy! Water, un trabajo que implicaba mudarme a Estados Unidos.
En mi segundo intento, me concedieron mi visa de trabajo comercial del TLCAN, que permite a los ciudadanos canadienses y mexicanos trabajar en Estados Unidos en ocupaciones profesionales específicas. Por supuesto, no tengo antecedentes penales. También me encanta Estados Unidos y me considero una persona amable y trabajadora.
Empecé a trabajar en California y viajé entre Canadá y Estados Unidos varias veces sin ninguna complicación, hasta que un día, al regresar a Estados Unidos, un agente fronterizo me interrogó sobre la denegación inicial de mi visa y su posterior aprobación. Me preguntó por qué había ido a la frontera de San Diego la segunda vez para solicitarla. Le expliqué que allí estaban las oficinas de mi abogado y que él había querido acompañarme para asegurarse de que no hubiera problemas. 
Tras un largo interrogatorio, el oficial me dijo que parecía sospechoso y que mi visa no se había tramitado correctamente. Afirmó que tampoco podía trabajar para una empresa en Estados Unidos que utilizaba cáñamo, uno de los ingredientes de la bebida. Me revocó la visa y me dijo que aún podía trabajar para la empresa desde Canadá, pero que si quería regresar a Estados Unidos, tendría que volver a solicitarla.
Estaba devastada; acababa de empezar a forjar mi vida en California. Me quedé en Canadá los meses siguientes y finalmente me ofrecieron un puesto similar en otra marca de salud y bienestar.
Reinicié el proceso de visa y volví a la misma oficina de inmigración en la frontera de San Diego, ya que ya habían tramitado mi visa y la conocía. Pasaron las horas, con muchas opiniones confusas sobre mi caso. La funcionaria con la que hablé fue amable, pero me dijo que, debido a mis problemas previos, debía solicitar la visa a través del consulado. Le dije que no sabía que debía solicitarla de esa manera, pero que no tenía ningún problema en hacerlo.
Entonces dijo algo extraño: "No has hecho nada malo. No estás en problemas, no eres una delincuente".
Recuerdo que pensé: "¿Por qué diría eso? ¡Claro que no soy una delincuente!". 
Entonces me dijo que tenían que enviarme de vuelta a Canadá. Eso no me preocupó; supuse que simplemente reservaría un vuelo de regreso a casa. Pero mientras buscaba vuelos, un hombre se me acercó.
“Ven conmigo”, dijo.
No hubo explicación ni advertencia. Me condujo a una habitación, me quitó mis pertenencias y me ordenó que las apoyara contra la pared. Una mujer inmediatamente comenzó a cachearme. Las órdenes llegaron a toda velocidad, una tras otra, demasiado rápidas para procesarlas.
Me quitaron los zapatos y me desabrocharon los cordones.
"¿Qué haces? ¿Qué está pasando?", pregunté.
"Estás detenida".
"No entiendo. ¿Qué significa eso? ¿Por cuánto tiempo?".
"No lo sé".
Esa sería la respuesta a casi todas las preguntas que haría durante las siguientes dos semanas: "No lo sé".
Me llevaron abajo para una serie de entrevistas y preguntas médicas, registraron mis maletas y me dijeron que tenía que deshacerme de la mitad de mis pertenencias porque no podía llevármelas todas.
"¿Llevarme todo adónde?", pregunté.


Una mujer me pidió el nombre de alguien a quien contactar en mi nombre. En momentos como este, te das cuenta de que ya no sabes el número de teléfono de nadie. Por pura casualidad, hacía poco había memorizado el número de mi mejor amiga Britt porque había estado cargando mis puntos del supermercado en su cuenta. Les di su número de teléfono.
Me dieron una esterilla y una hoja de papel de aluminio doblada.
"¿Qué es esto?"
"Tu manta."
"No entiendo."
Me llevaron a una celda diminuta y gélida de cemento con brillantes luces fluorescentes y un baño. Había otras cinco mujeres tumbadas en sus esterillas, envueltas en las sábanas de aluminio, que parecían cadáveres. El guardia cerró la puerta tras de mí.
Durante dos días, permanecimos en esa celda, saliendo solo brevemente para comer. Las luces nunca se apagaban, nunca sabíamos qué hora era y nadie respondía a nuestras preguntas. Nadie en la celda hablaba inglés, así que intentaba dormir o meditar para no tener una crisis nerviosa. No me fiaba de la comida, así que ayuné, suponiendo que no estaría allí mucho tiempo.
Al tercer día, por fin me permitieron hacer una llamada. Llamé a Britt y le dije que no entendía qué estaba pasando, que nadie me diría cuándo me iba a casa y que ella era mi único contacto. Me dieron un montón de papeles para firmar y me dijeron que me prohibirían la entrada durante cinco años a menos que solicitara el reingreso a través del consulado. El funcionario también dijo que no importaba si firmaba los papeles o no; que lo harían de todas formas.
Estaba tan delirante que simplemente firmé. Les dije que pagaría mi vuelo de regreso y pregunté cuándo podía irme.
No hubo respuesta.
Luego me trasladaron a otra celda, esta vez sin colchoneta ni manta. Estuve sentado en el suelo de cemento helado durante horas. Fue entonces cuando me di cuenta de que me estaban procesando para una cárcel de verdad: el Centro de Detención de Otay Mesa.
Me dijeron que me duchara, me dieron un uniforme de la cárcel, me tomaron las huellas dactilares y me entrevistaron. Supliqué información.
"¿Cuánto tiempo estaré aquí?"
"No conozco tu caso", dijo el hombre. "Podrían ser días. Podrían ser semanas. Pero te lo digo ahora mismo: necesitas prepararte mentalmente para meses".
Meses.
Sentí que iba a vomitar.
Me llevaron a la enfermería para un chequeo médico. Me preguntó qué me había pasado. Nunca había visto a un canadiense allí. Cuando le conté mi historia, me agarró la mano y me dijo: "¿Crees en Dios?".
Le dije que hacía poco que había encontrado a Dios, pero que ahora creía en Él más que en nada.
"Creo que Dios te trajo aquí por una razón", dijo. "Sé que sientes que tu vida está hecha pedazos, pero estarás bien. A través de esto, creo que encontrarás la manera de ayudar a los demás".
En ese momento, no sabía qué significaba eso. Me preguntó si podía orar por mí. Le tomé las manos y lloré.
Sentí como si me hubieran enviado un ángel.
Luego me pusieron en una celda de verdad: dos niveles de celdas que rodeaban una zona común, como en las películas. Me pusieron en una celda diminuta, sola, con una litera y un baño.
Lo mejor: había mantas. Después de tres días sin una, me envolví en la mía y por fin sentí algo de consuelo.
El primer día no salí de mi celda. Seguí ayunando, aterrorizada de que la comida me hiciera sentir mal. La única agua disponible provenía del grifo del inodoro de nuestras celdas o de un lavabo en la zona común, y ninguno de los dos parecía seguro para beber.
Finalmente, me obligué a salir, conocer a los guardias y aprender las reglas. Uno de ellos me dijo: «Prohibido pelear».
«Soy amante, no peleador», bromeé. Se rio.
Le pregunté si alguna vez había habido una pelea allí.
«¿En esta unidad? No», dijo. «Nadie en esta unidad tiene antecedentes penales».
Fue entonces cuando empecé a conocer a las otras mujeres.
Fue entonces cuando empecé a escuchar sus historias.
Y fue entonces cuando tomé una decisión: nunca más me permitiría lamentarme por mi situación. Por muy difícil que fuera, tenía que estar agradecida. Porque cada mujer que conocía estaba en una situación aún más difícil que la mía.
Éramos unas 140 en nuestra unidad. Muchas mujeres habían vivido y trabajado en Estados Unidos legalmente durante años, pero se habían quedado más tiempo del permitido por sus visas, a menudo después de volver a solicitarlas y que les fueran denegadas. Todas habían sido detenidas sin previo aviso.
Si alguien es un delincuente, estoy de acuerdo en que deberían sacarlo de las calles. Pero ninguna de estas mujeres tenía antecedentes penales. Reconocieron que no debieron haberse quedado más tiempo del permitido y asumieron la responsabilidad de sus actos. Pero su frustración no era por tener que rendir cuentas, sino por... Se trataba del interminable limbo burocrático en el que habían estado atrapados.
El verdadero problema era cuánto tiempo les tomaba salir del sistema, sin respuestas claras, sin plazos ni posibilidad de avanzar. Una vez deportados, muchos no tienen más remedio que abandonar todo lo que poseen porque el costo de enviar sus pertenencias de regreso es demasiado alto.
Conocí a una mujer que había estado de viaje por carretera con su esposo. Dijo que tenían visas de trabajo de 10 años. Mientras conducían cerca de la frontera de San Diego, se metieron por error en un carril que conducía a México. Se detuvieron y le dijeron al agente que no llevaban sus pasaportes, esperando ser redirigidos. En cambio, fueron detenidos. Ambos son pastores.
Conocí a una familia de tres que llevaba 11 años viviendo en Estados Unidos con permisos de trabajo. Pagaban impuestos y esperaban sus tarjetas de residencia. Cada año, la madre tenía que someterse a una verificación de antecedentes, pero esta vez le dijeron que trajera a toda su familia. Al llegar, los detuvieron y les dijeron que su estatus se procesaría desde el centro de detención.
Otra mujer canadiense vivía en Estados Unidos con su esposo, quien fue detenido tras una parada de tráfico. Admitió que se había quedado más tiempo del permitido por su visa y aceptó que la deportarían. Pero llevaba casi seis semanas atrapada en el sistema por no tener su pasaporte. ¿Quién hace recados con su pasaporte?
Una mujer tenía una visa de 10 años. Cuando venció, regresó a su país de origen, Venezuela. Admitió que se había quedado un mes más tiempo del permitido antes de irse. Más tarde, regresó de vacaciones y entró en Estados Unidos sin problemas. Pero cuando tomó un vuelo nacional de Miami a Los Ángeles, fue detenida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). No la podían deportar porque Venezuela no aceptaba deportados. No sabía cuándo saldría.
Había una chica de la India que se quedó tres días más tiempo del permitido por su visa de estudiante antes de regresar a casa. Luego regresó a Estados Unidos con una visa nueva y válida para terminar su maestría y fue entregada al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) debido a los tres días que se había quedado más tiempo del permitido por su visa anterior.
Había mujeres que habían sido recogidas en la calle, fuera de sus lugares de trabajo, en sus casas. Todas me dijeron que habían estado detenidas por periodos que iban desde unas pocas semanas hasta diez meses. La hija de una mujer estaba afuera del centro de detención protestando por su liberación.
Esa noche, la pastora me invitó a un servicio religioso que estaba celebrando. Una chica que hablaba inglés me tradujo mientras las mujeres se turnaban para compartir sus oraciones: oraciones por sus padres enfermos, por los hijos que no habían visto en semanas, por los seres queridos de los que habían sido separadas.
Entonces, inesperadamente, preguntaron si podían orar por mí. Era nueva aquí y querían darme la bienvenida. Formaron un círculo a mi alrededor, me tomaron de las manos y oraron. Nunca había sentido tanto amor, energía y compasión de un grupo de desconocidos en mi vida. Todos lloraban.
A las 3 de la mañana del día siguiente, me despertaron en mi celda.
"Prepara tu maleta. Te vas."
Me incorporé de golpe. "¿Puedo irme a casa?"
El agente se encogió de hombros. "No sé adónde vas."
Por supuesto. Nadie sabía nada.
Tomé mis cosas y bajé, donde otras diez mujeres estaban en silencio, con lágrimas corriendo por sus rostros. Pero no eran lágrimas de felicidad. Ese fue el momento en que aprendí el término "transferida".
Para muchas de estas mujeres, los centros de detención se habían convertido en una versión retorcida de su hogar. Habían formado vínculos, establecido rutinas y encontrado un poco de consuelo en las amistades que habían forjado. Ahora, sin previo aviso, las estaban separando y enviando a un lugar nuevo. Verlas despedirse, aferradas la una a la otra, fue desgarrador.
No tenía ni idea de qué me esperaba. En retrospectiva, probablemente fue lo mejor.
Nuestra siguiente parada fue Arizona, el Centro de Detención Regional de San Luis. El proceso de traslado duró 24 horas, una experiencia agotadora y sin dormir. Esta vez, transportaron a hombres con nosotros. Aproximadamente 50 de nosotros estuvimos hacinados en un autobús de la prisión durante las siguientes cinco horas, hacinados: las mujeres delante, los hombres detrás. Estábamos atados con cadenas que nos ceñían la cintura, con las manos esposadas atadas al cuerpo y grilletes en los pies, lo que nos obligaba a movernos con lentitud y tintineo.
Al llegar a nuestro siguiente destino, nos obligaron a pasar de nuevo por todo el proceso de admisión, con exámenes médicos, toma de huellas dactilares y pruebas de embarazo. Nos alinearon en una celda sucia, en cuclillas sobre un baño común, sosteniendo vasos de plástico llenos de orina mientras la enfermera vertía pruebas de embarazo en cada uno de nuestros vasos. Fue repugnante.
Nos sentamos en celdas heladas durante horas, esperando a que procesaran a todos. Al otro lado de la habitación, una de las mujeres vio de repente a su marido. Ambos habían sido detenidos y se veían por primera vez en semanas.
La expresión de su rostro —puro amor, alivio y añoranza— fue algo que jamás olvidaré.
Estábamos exhaustos. Sentía que estaba alucinando.
El guardia nos lanzó una manta a cada uno: «Busquen una cama».
No había almohadas. La habitación estaba helada, y una sola manta no era suficiente. A mi alrededor, las mujeres yacían acurrucadas, con la cabeza cubierta, como si estuvieran en una habitación llena de cadáveres. Este lugar hacía que la última cárcel pareciera el Four Seasons.
Me repetía a mí mismo: «No dejes que esto te destruya».
Éramos treinta y compartíamos una habitación. Nos dieron un vaso de poliestireno para el agua y una cuchara de plástico que teníamos que reutilizar para cada comida. Al final tuve que empezar a intentar comer y, efectivamente, vomité. Ninguno de los uniformes nos quedaba bien, y todos llevaban zapatos de hombre. Las toallas que nos dieron para ducharnos eran de mano. No nos dieron más mantas. Las luces fluorescentes nos iluminaban las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
Todo parecía destinado a destrozarte. No nos explicaron nada. No me llamaron. Estábamos encerrados en una habitación, sin luz natural, sin saber cuándo íbamos a salir.
Intenté mantener la calma mientras cada fibra de mi ser se precipitaba al pánico. No sabía cómo decirle a Britt dónde estaba. Entonces, como si Dios me lo hubiera mandado, una de las mujeres me mostró una tableta pegada a la pared para enviar correos electrónicos. Solo recordaba de memoria el correo de mi director ejecutivo. Escribí un mensaje, rezando para que lo viera.
Respondió.
A través de él, pude conectar con Britt. Me dijo que estaban trabajando sin descanso para sacarme. Pero nadie tenía respuestas; el sistema lo hacía casi imposible. Le conté las condiciones en este nuevo lugar, y fue entonces cuando decidimos acudir a los medios.
Empezó a trabajar con un periodista y me preguntó si podía llamarla para ponerlo al tanto. La cuenta internacional que Britt había intentado abrirme no funcionaba, así que otra mujer me ofreció usar la suya para llamar.
Estábamos todos juntos en esto.
 
Sin nada que hacer en mi celda salvo hablar, hice nuevas amigas: mujeres que lo habían arriesgado todo por la oportunidad de una vida mejor para ellas y sus familias.
A través de ellas, conocí la dura realidad de solicitar asilo. Mostrándome sus cicatrices físicas, me explicaron cómo habían pagado a contrabandistas entre 20.000 y 60.000 dólares para llegar a la frontera con Estados Unidos, soportando selvas brutales y condiciones horrendas.
A una mujer le habían ofrecido asilo en México en dos semanas, pero la habían animado a seguir su camino a Estados Unidos. Ahora, estaba atrapada, viviendo una pesadilla, separada de sus hijos pequeños durante meses. Sollozaba, contándome que se sentía como la peor madre del mundo.
Muchas de estas mujeres tenían un alto nivel educativo y hablaban varios idiomas. Sin embargo, les habían aconsejado que fingieran no hablar inglés porque supuestamente eso aumentaría sus posibilidades de obtener asilo.
Algunas de las cartas que Jasmine Mooney recibió de las mujeres que conoció durante su estancia en los centros de detención de ICE. Fotografía: Jasmine Mooney
Sentíamos como si nos hubieran secuestrado, como si nos hubieran lanzado a una especie de experimento psicológico enfermizo destinado a despojarnos de toda fuerza y ​​dignidad.
Éramos de diferentes países, hablábamos diferentes idiomas y practicábamos diferentes religiones. Sin embargo, en ese lugar, nada de eso importaba. Todas nos cuidábamos. Todas compartíamos comida. Todas nos abrazábamos cuando alguien se derrumbaba. Todas luchábamos por mantener viva la esperanza de las demás.
Recibí un mensaje de Britt. Mi historia había empezado a explotar en los medios.
Casi inmediatamente después, me dijeron que me liberarían.
Mi agente de ICE, que nunca había hablado conmigo, le dijo a mi abogado que podría haberme ido antes si hubiera firmado un formulario de baja, y que no sabían que yo pagaría mi propio vuelo de regreso.
Desde el momento en que llegué, le rogué a todos los oficiales que vi que me dejaran pagar mi propio boleto de regreso. Ni uno solo me habló de mi caso.
Para poner las cosas en perspectiva: tenía un pasaporte canadiense, abogados, recursos, atención mediática, amigos, familia e incluso políticos que abogaban por mí. Aun así, estuve detenido durante casi dos semanas.
Imaginen cómo es este sistema para todos los demás allí.
Un pequeño grupo de nosotros fue trasladado de regreso a San Diego a las 2 de la madrugada: un último viaje por carretera, una vez más encadenado. Luego me llevaron al aeropuerto, donde me esperaban dos oficiales. Había periodistas, así que los agentes me colaron por una puerta lateral, intentando que nadie me viera con las esposas puestas. Agradecí enormemente que, al menos, no tuviera que caminar por el aeropuerto encadenado.
Fue la primera vez que me reí en semanas.
Pregunté si podía volver a ponerme los cordones.
"Sí", dijo uno de ellos con una sonrisa. "Pero mejor que no corras".
"Sí", añadió el otro. "O tendremos que placarte en el aeropuerto. Eso sí que saldrá en los titulares".
Me reí y luego les dije que había pasado mucho tiempo observando a los guardias durante mi detención y que no podía creer la frecuencia con la que veía a humanos tratar a otros humanos con tanta indiferencia. "Pero no se preocupen", bromeé. "Ustedes dos se ganan cinco estrellas".
Cuando por fin aterricé en Canadá, mi madre y dos mejores amigas me estaban esperando. También los medios de comunicación. Hablé con ellos brevemente, aturdida y delirando por el agotamiento.
Fue surrealista escuchar a mis amigos contar todo lo que habían hecho para sacarme: trabajar con abogados, contactar a los medios, hacer llamadas interminables a centros de detención, intentar desesperadamente contactar con el ICE o con cualquiera que pudiera ayudar. Dijeron que todo el sistema parecía manipulado, diseñado para hacer casi imposible que alguien saliera.
La realidad se hizo evidente: la detención del ICE no es solo una pesadilla burocrática. Es un negocio. Estos centros son de propiedad privada y se gestionan con fines de lucro.
Empresas como CoreCivic y GEO Group reciben financiación del gobierno en función del número de personas que detienen, por lo que presionan para que se endurezcan las políticas de inmigración. Es un negocio lucrativo: CoreCivic ganó más de 560 millones de dólares con contratos del ICE en un solo año. En 2024, GEO Group ganó más de 763 millones de dólares con contratos del ICE.
Cuantos más detenidos, más dinero ganan. Es lógico que estas empresas no tengan ningún incentivo para liberar a la gente rápidamente. Lo que había experimentado finalmente empezaba a tener sentido.

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