Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

14 de septiembre de 2026

Soberanía Petrolera en Suspenso

              


En respuesta a mi estimado colega y profesor del doctorado, Dip. Juan Romero

Resumen

Este artículo examina el acuerdo petrolero firmado entre Venezuela y Estados Unidos en agosto de 2026 desde la perspectiva de la Seguridad de la Nación. A diferencia de la interpretación de “interdependencia energética” propuesta por Romero, se demuestra que el pacto constituye una transferencia estratégica de reservas probadas y certificadas, flujos y capacidades críticas hacia una empresa creada en 2024, con participación accionaria del 35 % del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Con los 65.000 millones de barriles asignados, dicha empresa se convierte automáticamente en uno de los actores con mayor volumen de reservas del mundo, superando ampliamente a ExxonMobil, cuyas reservas reales rondan los 20–23 mil millones de barriles. Se analiza además la obligación de Venezuela de vender 20 % de su producción a precio de costo para reconstruir la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), cuya capacidad total es de 714 millones de barriles, así como la continuidad del esquema colonial de comercialización impuesto por el Departamento de Estado desde 2019, con comisiones de hasta 10 dólares por barril cobradas por las casas comercializadoras. Finalmente, se desmonta la afirmación de que el costo del barril en la Faja es de 80 dólares, demostrando que dicho valor es metodológicamente incorrecto y utilizado para justificar la cesión de reservas.

1. La naturaleza real del acuerdo y el error conceptual de Romero

  Romero sostiene que el pacto constituye “la arquitectura de una empresa mixta a 25 años”. Esa afirmación es incorrecta. Ninguna autoridad venezolana ha descrito el acuerdo como una empresa mixta. La presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez; la ministra del Poder Popular para Hidrocarburos, Paula Henao; y el presidente de PDVSA, Ángel Obregón, han hablado de “alianza estratégica”, “acuerdo operacional”, “nuevo marco de inversión” y “cooperación energética”, pero nunca de empresa mixta.

  La omisión del término evita activar el debate constitucional sobre el artículo 302 de la CRBV y el control parlamentario sobre la participación privada en actividades petroleras primarias.

  La empresa receptora del control operacional posee 35 % de participación del Pentágono. Esto transforma el acuerdo en un mecanismo de subordinación estratégica y en una externalización militar de la política energética venezolana. La empresa, creada en 2024, carece de trayectoria técnica y financiera para las exigencias que implica desarrollar  65.000 millones de barriles de reservas probadas y certificadas, lo que la coloca por encima de cualquier corporación privada en volumen de reservas en el mundo.

Ali Rodríguez Araque advirtió: “La soberanía energética no se pierde de golpe; se pierde cuando otros deciden por nosotros qué producir, cómo producir y a quién vender”. Esa frase adquiere hoy un sentido muy claro y literal.

2. El artículo 60 de la LOH 

  El artículo 302 de la CRBV y la renuncia inconstitucional de la Asamblea Nacional, Romero menciona el artículo 60, debo aclarar que se trata del artículo 60 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH). Antes de la reforma de enero de 2026, dicho artículo establecía que cualquier modificación sustantiva en la estructura de propiedad, operación, extensión territorial o comercialización de proyectos petroleros debía ser aprobada por la Asamblea Nacional.

  La reforma de 2026 eliminó ese control y transfirió al Ejecutivo la facultad de autorizar acuerdos operativos, comerciales y financieros sin aprobación parlamentaria. Esta modificación contradice el artículo 302 de la Constitución, que reserva al Estado las actividades petroleras primarias y exige control legislativo sobre cualquier forma de participación privada.

Eduardo Galeano escribió que “las venas abiertas de América Latina siguen abiertas porque otros deciden cómo deben sangrar”. La renuncia del Parlamento venezolano a su mandato constitucional es una forma contemporánea de esa sangría.

 3. La Reserva Estratégica de EE.UU (SPR). y el subsidio venezolano

  La capacidad  total de la SPR es de 714 millones de barriles. El nivel actual (agosto 2026) es de 290 millones de barriles, es decir faltan 424 millones de barriles  para reponer el nivel máximo de sus reservas operativas. El acuerdo obliga a vender 20 % de la producción venezolana a precio de costo para reponer la SPR. Si Venezuela produce 1,2 millones de barriles diarios, el subsidio correspondiente equivale alrededor de unos 240.000 barriles diarios. A precio actual del petróleo venezolano que ronda por los 71$b y con un costo operativo colocando el más alto de 28$b estaríamos hablando de alrededor  20.000 millones de dólares que Venezuela le estaría subsidiando a USA para reponer sus reservas operativas y garantizar su seguridad energética durante un periodo aproximado de 5 años.

Hugo Chávez decía: “El petróleo es un instrumento de liberación, no de dependencia”. La cláusula de suministro a costo invierte completamente ese principio.

4. La comercialización colonial y las comisiones de 10 dólares por barril

  Desde el 2019, el Departamento de Estado impuso a Venezuela un esquema de comercialización con vendedores designados, control de rutas, compradores y cuentas bancarias. Tras la intervención armada del 3 de enero de 2026, ese esquema se consolidó mediante licencias exclusivas otorgadas a las dos  empresas más grandes casas comercializadoras como Vitol y Trafigura.

  Investigaciones de prensa económica estadounidense documentan que estas firmas compraban crudo venezolano con descuentos cercanos a 15 dólares por debajo del Brent y lo revendían con márgenes de alrededor de 10 dólares por barril (DiscoveryAlert, 2026; Factually, 2026). En la práctica, las empresas comercializadoras capturaban comisiones implícitas de hasta 10 dólares por barril sobre volúmenes superiores a 100 millones de barriles.
Ali Rodríguez Araque advertía: “La renta petrolera es poder político; quien controla la renta controla el Estado”. Bajo el esquema actual, ese poder se desplaza indiscutiblemente y sin lugar a dudas  fuera del territorio nacional.

5. Las reservas reales de ExxonMobil, una aclaratoria necesaria

  Las reservas probadas de ExxonMobil se sitúan en el orden de 20–23 mil millones de barriles, según sus informes anuales ante la SEC. No alcanzan los 40–48 mil millones insinuados en el texto de Romero.
Con 65.000 millones de barriles probados y certificados asignados, la nueva empresa vinculada al Pentágono triplica el volumen de reservas de ExxonMobil y se coloca por encima de cualquier corporación privada en términos de reservas controladas.

6. El costo del barril en la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez Frisa

  Romero sostiene que el costo del barril en la Faja Petrolífera del Orinoco es de 80 dólares. Esa cifra es metodológicamente incorrecta. Confunde costo operativo con breakeven contable. Los costos operativos reales se sitúan entre 18 y 28 dólares por barril, esa cifra es el histórico del cual se tienen registros en las empresas Mixtas y coinciden con las de Chevron.

El valor de 80 dólares solo es aplicable a proyectos greenfield con infraestructura nueva y mejoradores de gran escala. En el caso de los 17 campos comprometidos en el acuerdo, no todos son nuevos: una parte importante corresponde a campos ya perforados, con facilidades existentes y en producción y trayectorias operativas previas.

7. Implicaciones para la Seguridad de la Nación de este acuerdo

  La presencia operativa en territorio venezolano de una empresa cuyo accionariado incluye al Departamento de Defensa de los Estados Unidos introduce una alteración profunda en la arquitectura de seguridad del Estado. No se trata únicamente de un actor económico, sino de un brazo empresarial con vínculos militares que, al asumir la operación de campos petroleros, accede a infraestructura crítica, flujos de información técnica, logística interna y dinámicas territoriales que tradicionalmente han sido resguardadas por el Estado venezolano.

   El control del 21,5 % de las reservas probadas y certificadas otorga a ese actor una capacidad de influencia estructural sobre la economía nacional, la balanza de pagos y la estabilidad política, pues  desde la aparición del petróleo la renta petrolera sigue siendo el principal sostén fiscal del país.

  La operación petrolera implica movilidad de personal, acceso a instalaciones, interacción con cadenas de suministro, manejo de datos sensibles y presencia continua en zonas estratégicas. En ese contexto, la capacidad de disuasión del Estado se ve comprometida, porque un actor extranjero con poder militar asociado puede condicionar ritmos de producción, disponibilidad de combustibles y flujos de caja, afectando la gobernabilidad interna en momentos de tensión.

  La subordinación comercial y financiera, reforzada por la supervisión y control  operacional estadounidense de las ventas y por la dependencia de traders designados, reduce la autonomía estratégica del país en escenarios muy complejos de crisis regional o globales desde el punto de vista geopolítico.

  La instalación de un operador extranjero con vínculos militares en la infraestructura petrolera abre vulnerabilidades en materia de contrainteligencia, protección de instalaciones y seguridad territorial. La energía es un instrumento de poder nacional; cuando su operación se transfiere a un actor externo, ese poder se desplaza. Hugo Chávez lo expresó con claridad: “Si entregamos la operación, entregamos la soberanía. Y si entregamos la soberanía, entregamos la República”. Esa advertencia define con precisión el momento actual.

Conclusión

  La reforma de la LOH contradice el artículo 302 de la Constitución y representa una renuncia inconstitucional del Parlamento a su mandato de control sobre la política petrolera. La presencia operativa de un actor militar extranjero en infraestructura crítica compromete la Seguridad de la Nación.

El acuerdo firmado en agosto de 2026 se presenta como un mecanismo de cooperación energética, pero su arquitectura revela una cesión profunda de capacidades estratégicas. La transferencia operativa y comercial de 65.000 millones de barriles de reservas probadas y certificadas a una empresa con participación militar del Pentágono no solo redefine la estructura de propiedad de la industria, sino que altera la posición de Venezuela en la geopolítica de la energía.

  La opacidad sobre los términos del acuerdo, la ausencia de bases de cálculo verificables y la falta de divulgación de los modelos económicos utilizados para estimar ingresos, costos y regalías impiden evaluar con rigor los beneficios reales para el país. La información disponible es fragmentaria, insuficiente y, en algunos casos, contradictoria, lo que dificulta cualquier análisis técnico independiente y abre un espacio de incertidumbre que afecta la gobernabilidad y la planificación estratégica.

  En este contexto, la pérdida de autonomía energética adquiere una dimensión crítica. Venezuela queda subordinada comercialmente a traders designados por el Departamento de Estado, dependiente de licencias externas para vender su propio crudo y obligada a suministrar 20 % de su producción a precio de costo para reconstruir la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos. Esta obligación, que representa un subsidio cercano a veinte mil millones de dólares, se convierte en un mecanismo de transferencia de riqueza desde un país con severas restricciones fiscales hacia la principal potencia militar del planeta. La energía, que debería ser un instrumento de soberanía, se transforma en un instrumento de dependencia.

  La situación se agrava por el contexto internacional. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha reconfigurado las rutas de suministro global y ha elevado la importancia del crudo pesado como insumo estratégico para las refinerías del Golfo de México. En este escenario, Venezuela pierde margen de maniobra y capacidad de negociación. Mientras Estados Unidos asegura un flujo estable, cercano y barato de crudo pesado para sostener su aparato industrial y militar, Venezuela queda atrapada en una estructura contractual que limita su capacidad de decisión, reduce su autonomía y la expone a presiones externas en momentos de crisis. La presencia operativa de una empresa con vínculos militares en infraestructura crítica venezolana añade un riesgo adicional: la posibilidad de que decisiones energéticas internas queden condicionadas por los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

  Lo que gana Estados Unidos es evidente: seguridad energética, acceso preferencial a crudo pesado, reconstrucción acelerada de su reserva estratégica, control sobre un volumen significativo de reservas certificadas y capacidad de influencia directa sobre la operación petrolera venezolana. Lo que pierde Venezuela también es claro: soberanía operativa, autonomía comercial, capacidad de disuasión, control sobre su principal fuente de renta y margen de maniobra en la geopolítica regional. La energía deja de ser un instrumento de poder nacional y se convierte en un vector de subordinación y colonialismo.

 
  La defensa de la soberanía energética no es un acto retórico, sino una condición indispensable para preservar la autonomía del Estado, su capacidad de decisión y su estabilidad futura. En un mundo marcado por conflictos, transiciones energéticas y disputas geopolíticas, Venezuela no puede permitirse quedar subordinada a los intereses de una potencia militar extranjera en el corazón de su infraestructura crítica. La energía es poder; cuando ese poder se entrega, la soberanía se suspende.

 

Referencias

Chávez, H. (2007). Discurso sobre soberanía energética. Caracas: Presidencia de la República.
Department of Energy. (2026). Strategic Petroleum Reserve Inventory Report. Washington, D.C.
DiscoveryAlert. (2026). How U.S. Sanctions Turned Venezuelan Crude into a Trading House Goldmine—and Why That Era Is Ending.
ExxonMobil. (2025). Form 10-K Annual Report. U.S. Securities and Exchange Commission.
Factually. (2026). How Have U.S. Sanctions and the 2026 U.S.–Venezuela Oil Deal Changed Monthly Venezuelan Crude Exports to the U.S.?
Galeano, E. (1971). Las venas abiertas de América Latina. Montevideo: Siglo XXI Editores.
OPEP. (2026). Monthly Oil Market Report. Vienna.
PDVSA. (2013–2016). Memorias y Cuentas. Caracas.
Rodríguez Araque, A. (2001). Reflexiones sobre la soberanía petrolera. Ministerio de Energía y Minas.
Ryder Scott Company. (2015). Audit of Venezuelan Reserves. Houston.
Reuters. (2026). U.S. SPR Falls to 290 Million Barrels, Lowest Level in 44 Years.
Romero, J. E. (2026). Petróleo venezolano, soberanía y geopolítica en la relación con Estados Unidos. Caracas.


Willian Rodríguez Gamboa

MSC en Seguridad de la Nación

Especialista en Geopolítica de la Energía

Ingeniero Mecánico UDO 

¿Por qué Rusia no rompe sus acuerdos con las organizaciones occidentales?

 


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De prensabolivariana en septiembre 14, 2026

El orden mundial por el que lucha Rusia es aquel en el que se encuentra en igualdad de condiciones político-militares con Occidente y, a través de los BRICS, erosiona pacíficamente la hegemonía económica occidental para, gradualmente, instaurar la multipolaridad.

El representante plenipotenciario de Putin ante la Duma, Garry Minkh, declaró a TASS a finales de agosto que «los ministerios especializados se oponen a la denuncia de nuestros acuerdos de colaboración con la OTAN o con organizaciones financieras internacionales, como la OMC, el FMI y el Banco Mundial». El argumento es que «aún no han agotado su potencial» y Putin desea mantener un diálogo abierto con ellas. TASS también informó que Minkh afirmó que Rusia siempre cumple con sus obligaciones, a diferencia de Occidente.

Esta reafirmación de la política probablemente sorprendió a muchos «prorrusos no rusos» (PRNR), quienes fueron engañados por los principales influyentes entre ellos, haciéndoles creer que Rusia era un estado revolucionario desde 2022, de ahí su expectativa de que ya había roto estos acuerdos hace mucho tiempo. Esa fue una realidad alternativa cuidadosamente elaborada por los principales influyentes de los PRNR para generar influencia, promover una ideología y/o solicitar donaciones con la complicidad de los «supervisores del poder blando» de Rusia, según el enfoque de poder blando » potemkinista «.

Este concepto se refiere a la creación de realidades alternativas con fines estratégicos, que, cínicamente, pueden describirse como el intento de conseguir el mayor número posible de extranjeros que apoyen a Rusia, aunque sea bajo premisas falsas, como la infame de que Putin supuestamente es un antisionista secreto. Dejando a un lado las preocupaciones éticas y estratégicas, que son numerosas y deberían debatirse urgentemente en la comunidad de la República Popular de Nepal, es importante aclarar la realidad político-jurídica objetivamente existente sobre la que Minkh dio a conocer a un público más amplio.

Si bien Rusia está desafiando la unipolaridad occidental a través de su especial La operación , cuyo objetivo principal era neutralizar las amenazas de la OTAN provenientes de Ucrania, diseñadas para someter a Rusia a un chantaje estratégico constante, como se explica aquí , no representa un desafío absoluto. Desde el principio, como lo demuestran las exigencias de Putin para que se revoquen todas las sanciones, Rusia siempre esperó reanudar sus relaciones comerciales (incluidas las energéticas) y de inversión con Occidente.

La diferencia entre lo que se preveía antes de la operación especial y lo que se contemplaba para después radicaba en que Rusia se convertiría en su socio político-militar en igualdad de condiciones tras alcanzar sus objetivos máximos . Rusia se beneficiaría entonces de sus vínculos con ellos (como el mantenimiento de la estabilidad de posguerra en Europa en lo que respecta a la OTAN) al tiempo que los reformaba desde dentro (en lo que respecta a las relaciones económicas) y, simultáneamente, lideraba la creación de instituciones alternativas no occidentales a través de los BRICS y similares.

El gran objetivo estratégico de Rusia siempre ha sido acelerar los procesos multipolares. Lo que los principales influyentes de la NRPR rara vez aclararon, si acaso, es que esto pretende avanzar gradualmente para reducir al máximo el riesgo de crisis sistémicas que podrían volverse en contra de los intereses de Rusia. El orden mundial por el que Rusia lucha es aquel en el que se encuentra en igualdad de condiciones político-militares con Occidente y luego erosiona pacíficamente la hegemonía económica occidental a través de los BRICS para, gradualmente, instaurar la multipolaridad.

Independientemente de la opinión que se tenga sobre este gran objetivo estratégico y su ritmo gradual, se trata, sin duda, de la política que Rusia ha formulado y que sigue implementando activamente, tanto entonces como ahora. Para lograrlo, Rusia debe mantener sus acuerdos con las organizaciones occidentales con el fin de impulsar el futuro orden mundial que vislumbra; esto es una explicación, no una excusa. Sin embargo, si Rusia llegara a romper dichos acuerdos, ello supondría un cambio radical en su gran estrategia.

♦♦♦

*Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen” y “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.@AKorybko♦

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La gira de Narco Rubio


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De prensabolivariana en septiembre 14, 2026

Entre el 8 y el 10 de septiembre, el secretario de Estado de Estados Unidos salió de gira por Barranquilla, Quito y Lima con esa sobriedad imperial que llama “cooperación” a la tutela y “seguridad” al despliegue propio en territorio ajeno. El periplo buscó consolidar una alianza con tres gobiernos de derecha instalados en menos de un año, al calor de las granjas de bots de Fernando Cerimedo. Uno de sus propósitos se vincula con el intento de encolumnar a esos tres presidentes contra Lula da Silva. La excursión andina ocurre a menos de un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales previstas para el 4 de octubre, con una eventual segunda vuelta el 25 de octubre, en las que el actual mandatario buscará un cuarto mandato frente al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente de extrema derecha, en una contienda que las últimas encuestas describen como reñida.

En ese contexto, el recorrido de Rubio por el eje andino se lee en Brasilia como una pieza de un tablero mayor: la construcción de un cerco de gobiernos alineados con Washington en el perímetro sudamericano de Brasil —Argentina con Milei, Colombia con De la Espriella, Ecuador con Noboa, Perú con Fujimori, y más al sur Chile con Kast— que aísla diplomáticamente al lulismo en la antesala de una elección que la Casa Blanca observa con particular interés. Otras aspiraciones imperiales apuntan a alejar a China de la región, reforzar el sitio genocida contra Cuba y abrirles paso a las mineras estadounidenses. Todo, desde ya, en nombre de la libertad.

Narco Rubio presentó la excursión andina como parte de la Estrategia de Seguridad Nacional, rebautizada como doctrina Donroe: una Monroe con esteroides, redes, drones, CEOs y traducción criolla para oligarquías locales. El objetivo es el de siempre: reinstalar una división internacional del trabajo donde el Hemisferio Occidental —eufemismo delicado para no decir Patio Trasero— quede subordinado a la nueva guerra fría contra Beijing, los BRICS y el Sur Global. En 2025, Trump impuso aranceles superiores al ciento veinte por ciento.

Xi respondió restringiendo la exportación de tierras raras, y Silicon Valley descubrió que los chips no crecen en los árboles del libre mercado. Esa capitulación permite leer los acuerdos firmados en Colombia, Ecuador y Perú. Los memorándum de seguridad funcionan como la infantería blindada de una avanzada orientada al control territorial, al disciplinamiento político y a la apropiación de recursos.

El narcoterrorismo —o cualquier enemigo flexible para un comunicado oficial— funciona como contraseña para perforar soberanías. Una pieza de ese esquema es el Programa Vault (Bóveda), anunciado en 2026 con 12 mil millones de dólares para asegurar minerales críticos. Washington lo presentó como defensa frente a China. Desde el sur, se parece a una orden de allanamiento continental para garantizar insumos a aviones de guerra, semiconductores e inteligencia artificial. Traducción libre: que los países periféricos no recuerden que sus recursos les pertenecen.

Para eso, Rubio exige romper contratos con empresas chinas, resignar financiamiento de Beijing y abrir las economías a corporaciones estadounidenses con la docilidad de quien confunde apertura con rendición. El libre mercado, ya se sabe, es libre siempre que el resultado le guste a Washington. El plan combina gestos simbólicos —como rebautizar geografías ajenas, incluido el Golfo de México— con alianzas militares para élites, voceros y operadores judiciales. El tablero se completa con la Pax Silica, que exige importar tecnología estadounidense y excluir proveedores por portación de origen. La palabra fetiche sigue siendo “cooperación”. El contenido real, sometimiento y dependencia.

En Ecuador, Daniel Noboa llevó la entrega territorial más allá al comprometerse a desconocer el referéndum de 2025, que había prohibido bases militares del Pentágono. La Constitución de 2008 quedó convertida en un texto incómodo que las embajadas miran con fastidio cuando tienen apuro.

Rafael Correa denunció desde el exilio la vulneración del orden constitucional, mientras las operaciones militares en el Pacífico —denominadas Operación Lanza del Sur— motivaron la protesta de familiares de los 230 tripulantes asesinados, quienes denunciaron los bombardeos como crímenes extrajudiciales. La escala ecuatoriana de Rubio le permitió blindar la “bukelización” de la seguridad doméstica: estados de excepción, militarización, toques de queda y allanamientos sin orden judicial. El combo sumó acuerdos mineros que podrían iniciarse sin controles ambientales: megaminería sin restricciones y explotación hidrocarburífera en las Galápagos, reserva natural de la humanidad. Para la brutalidad capitalista, la biodiversidad es apenas una escenografía del pintoresquismo hollywoodense.

En la última parada, Rubio llegó a un Perú gobernado desde julio por Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad. Pero la visita oficial quedó atravesada por Fernando Cerimedo, “el rey argentino de las granjas de trolls”. Imágenes de marzo de 2025, divulgadas por los medios, registran reuniones entre el consultor argentino y Damián Valenzuela, principal asesor de campaña de la actual mandataria. Ante la incomodidad, Fujimori intentó derivar el escándalo hacia la vida privada del operador. El expediente del fundador de La Derecha Diario abrió una caja de Pandora que Rubio esquivó, pero que exhibe la reiterada intervención ilegal en diferentes elecciones latinoamericanas.

La libertad de expresión, en su versión offshore. Ese mutismo, sin embargo, es leído por analistas críticos como parte constitutiva de la maniobra. La visita de Rubio ofrece a los tres gobiernos anfitriones una oportunidad de relegitimación internacional justo cuando sus vínculos con la trama de desinformación empiezan a ser objeto de escrutinio judicial y parlamentario. La foto con Fujimori, De la Espriella y Noboa opera como blindaje reputacional: cada uno puede exhibir el aval de Washington cuando la legitimidad de origen de sus campañas —construidas, según documentó el caso Cerimedo, sobre redes de bots y perfiles falsos— queda en cuestión.

La gira de Rubio se inscribe en el Plan Cóndor 2.0 liderado por Trump: una verticalidad militar a través del Escudo de las Américas —pensado para dar cobertura castrense a la extracción de recursos estratégicos y desplazar a las compañías chinas— y un subtexto amenazante contra todo proyecto emancipatorio: nada de imaginar industrializaciones domésticas ni de agregar valor en territorios sometidos al extractivismo. En síntesis: un dispositivo para vigilar cualquier gesto soberano, una Pax Silica para alimentar la guerra tecnológica contra Beijing y una Bóveda para convertir los bienes comunes regionales en inventario estratégico de quien se arroga la prerrogativa de saquear, bombardear, asesinar, sancionar, bloquear y quebrar el derecho internacional. Casi nada.

♦♦♦

*Jorge Norberto Elbaum (Buenos Aires, 1 de marzo de 1961) es un sociólogo, periodista, investigador, escritor y doctor en Ciencias Económicas argentino.Se recibió de profesor y licenciado en Sociología en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1987 y posteriormente se doctoró en Ciencias Económicas. Analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

BLOG DEL AUTOR: Jorge Elbaum
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País Estados Unidos 
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