Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

30 de agosto de 2026

¿Quién esperaría obtener mayores beneficios de una escalada grave: la OTAN o Rusia?

 

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De prensabolivariana en agosto 30, 2026

La pregunta de qué parte esperaría obtener más beneficios de una escalada seria puede responderse comprendiendo exactamente qué es lo que cada una quiere de la otra y cómo se han comportado hasta ahora.

Politico y otras fuentes informaron que el viaje no anunciado del director de la CIA, John Ratcliffe, a Rusia tenía como objetivo principal advertirle sobre la conveniencia de no poner a prueba la determinación de la OTAN mediante acciones militares no especificadas contra los Estados bálticos. Sin embargo, esta respuesta argumenta que, en realidad, es la OTAN la que pronto podría poner a prueba la determinación de Rusia. La pregunta de qué parte esperaría obtener mayores beneficios de una escalada seria puede responderse comprendiendo con exactitud qué busca cada una de la otra y cómo se han comportado hasta ahora.

La OTAN y Rusia han moderado su retórica maximalista sobre el conflicto ucraniano , abandonando ya la idea de restaurar las fronteras de Ucrania anteriores a 2014 y centrándose actualmente en obtener el control total del resto del Donbás en lugar de desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Esto se debe a las profundas consecuencias que su prolongada guerra indirecta ha tenido para ambas partes, consecuencias que escapan al alcance de este análisis, lo que, hipotéticamente, sienta las bases para un acuerdo.

Esta información llevó a Putin a reunirse con Trump en Anchorage y a creer realmente que Trump había accedido a coaccionar a Zelensky para que se retirara del Donbass a cambio de que Putin declarara un alto el fuego , siempre y cuando Trump impusiera al menos algunas sanciones parciales. El alivio como recompensa. Trump incumplió ese acuerdo por las razones explicadas aquí , pero Putin sigue comprometido con el «espíritu» de su reunión. Esto sugiere que Trump quiere que Putin pague un alto precio por el Donbás, mientras que ahora el Donbás es lo único que Putin desea.

Por lo tanto, una escalada seria de la OTAN contra Rusia, aprobada por Estados Unidos, podría tener como objetivo coaccionar a Putin para que acepte un alto el fuego en el frente, en lugar de lograr su objetivo mínimo de controlar todo el Donbás. El propósito sería facilitar que la historia juzgara que «Rusia perdió». La premisa es que cualquier secuencia de escalada sería controlable y Putin cedería para evitar la Tercera Guerra Mundial, basándose en la creencia de que su moderación tras tantas provocaciones ucranianas respaldadas por la OTAN se debe a una debilidad.

Al respecto , Putin se esfuerza sinceramente por evitar la Tercera Guerra Mundial, hasta el punto de que solo intensificó levemente la escalada contra Ucrania tras su nueva « guerra de desgaste » respaldada por la OTAN este verano, en lugar de superarla en número para restablecer la disuasión , a costa de arriesgarse a una escalada incontrolable con la OTAN. Por lo tanto, sería una ruptura radical con su carácter, demostrado durante los últimos 4,5 años de conflicto, iniciar una escalada seria con la OTAN solo para forzar la retirada ucraniana del Donbás.

Sin embargo, si la OTAN intensifica seriamente su hostilidad contra Rusia, Putin podría retomar su gran objetivo estratégico de reformar la arquitectura de seguridad europea para neutralizar pacíficamente el dilema de seguridad entre la OTAN y Rusia que desencadenó la crisis especial. Podría volver a plantear las exigencias de garantías de seguridad de Rusia de finales de 2021 como condición para una desescalada mutua, pero la OTAN nunca ha cedido ante Rusia, por lo que es improbable que acepte. Por lo tanto , Rusia no provocaría una escalada con este fin.

Teniendo en cuenta las conclusiones de este análisis, se podría argumentar que la OTAN obtendría mayores beneficios de una escalada seria con Rusia que de la situación inversa. Esto significa que es mucho más probable que la OTAN ponga a prueba la determinación de Rusia que Rusia la de la OTAN. Si esto ocurre y la OTAN decide intensificar la escalada tras la reciprocidad rusa, como se espera en ese escenario, la situación podría descontrolarse fácilmente. Por lo tanto, la responsabilidad de evitar la Tercera Guerra Mundial recae en la OTAN.

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*Andrew Korybko es analista político, periodista y colaborador habitual de varias revistas en línea, así como miembro del consejo de expertos del Instituto de Estudios y Predicciones Estratégicas de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos. Ha publicado varios trabajos en el campo de las guerras híbridas, entre ellos “Guerras híbridas: el enfoque adaptativo indirecto para el cambio de régimen” y “La ley de la guerra híbrida: el hemisferio oriental”.@AKorybko♦

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29 de agosto de 2026

Lula denuncia «la mentira más grande montada» en Brasil

 

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De prensabolivariana en agosto 29, 2026

El mandatario brasileño afirmó que el escándalo se orquestó para bloquear su candidatura a la Presidencia en 2018.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó este jueves, en una entrevista con medios locales, que no olvida el material acusatorio utilizado en su contra durante ‘Lava Jato‘, la operación anticorrupción que investigó desvíos en Petrobras y que lo llevó a prisión en 2018.

«Fui víctima de la mentira más grande montada en este país», dijo, en referencia al senador y exjuez Sergio Moro, al exprocurador Deltan Dallagnol y a la cobertura mediática de aquel período. Sostuvo que el objetivo era impedirle ser candidato presidencial en 2018.

«La prensa brasileña compró, compró una mentira, vendió la mentira y nunca reconoció que compró una mentira», declaró. Y remató: «Yo no olvido el PowerPoint mentiroso contra mí».

Sobre los 580 días que pasó en prisión en Curitiba dijo que en ese momento decidió: «Voy a la cárcel porque quiero probar que Moro es mentiroso, quiero probar que Dallagnol es mentiroso y quiero probar que la prensa un día va a pedir disculpas». Añadió que esa cobertura «produjo un monstruo mentiroso, llamado Moro, llamado Dallagnol».

En 2019, un medio periodístico reveló chats entre jueces y fiscales de ‘Lava Jato’ que pusieron en duda la investigación que llevó a Lula a la cárcel. Según esa filtración, Dallagnol y Moro habrían coordinado cómo presentarlo como «líder máximo» del esquema de desvíos en Petrobras. En 2016, el entonces procurador exhibió un PowerPoint que colocaba el nombre de Lula en el centro de un organigrama de desvíos en la compañía petrolera. El juez, obligado a ser imparcial, daba consejos al fiscal. El caso se interpretó como una guerra judicial.

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Bolivia: de Estado Plurinacional a protectorado

 

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De prensabolivariana en agosto 29, 2026

América Latina no ha sido inmune al emergente y disruptivo fenómeno neofascista y a sus adherencias en las fuerzas de ultraderecha. Bajo patrocinio trumpista y de herederos europeos nazis, la región experimenta giros políticos y de seguridad que ponen en jaque a las democracias, y que amenazan con sepultar derechos sociales conquistados en las últimas décadas. La guerra en todas sus formas, o la militarización de las sociedades por distintas vías, emerge como la nueva estrategia de recomposición del capitalismo occidental quebrando el orden jurídico internacional, con su correlato genocida, fundado en su aspiración de aniquilar fuerzas contestarias o proyectos alternativos.

La proscripción política como método

Bolivia no es una excepción en la estrategia ultraconservadora. Se inscribe en este cuadro de tensiones y disputa geopolítica, dada su posición geográfica, su vigoroso posicionamiento soberanista y un considerable potencial de riqueza concentrada en su territorio. El proyecto indígena-popular, encarnado en un nuevo Estado Plurinacional, caracterizado por la inclusión social, justicia e igualdad, además de su perspectiva industrialista bajo una égida soberana, nacionalista y anticolonial-antiimperial, incomodó al poder hegemónico norteamericano y a sus aliados regionales, lo que condujo a declararle una implacable guerra política desde el primer día de su llegada al gobierno. Las fuerzas conservadoras nativas, de explícito filo racista y antipopular, ejecutaron durante más de una década prácticas de desestabilización que se agregaron a las persistentes operaciones encubiertas desde el extranjero. El ascenso de la ultraderecha en Bolivia fue un trabajo arduo, paciente y planificado que fue socavando sus pilares fundamentales. La primacía sediciosa en sus extremos, osciló entre el golpe de Estado del 2019 y la proscripción electoral del 2025.

El ciclo político inaugurado por el Movimiento al Socialismo–Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) en 2006 fue sin duda excepcional por su duración, su filiación ideológica y política, el sujeto histórico que lo sostuvo, los cambios profundos que produjo y su proverbial resistencia frente al asedio constante. Su derrumbe relativo, en tanto poder político, pone de relieve y explica la puesta en marcha de una vigorosa estrategia de cambio de régimen en el hemisferio, más allá de sus propias debilidades políticas específicas o internas. Dicho de otro modo, Washington se propuso poner fin a gobiernos de la región que directa o indirectamente contribuían a incrementar la velocidad de su declive o que hacía incompatible su proyecto de restauración hegemónica global. Por lo mismo, la crisis existencial hegemónica exigía radicalizar la contrasubversión, lo que condujo a escalar la guerra híbrida, en sus múltiples variantes, para poner límites al desafío emergente. Dicha estrategia evolucionó desde los nuevos golpes de Estado, con apoyo explícito a fuerzas políticas de derecha, pasando por el lawfare, e incluso optando por intentos de magnicidio contra los principales líderes políticos no alineados de la región.

En el caso específico de Bolivia, no queda duda que la potente capacidad del movimiento social de recuperar el poder político a sólo un año del golpe de Estado, mediante su entramado territorial, su memoria histórica y el liderazgo político, generó pánico entre las fuerzas conservadoras obligándolas a radicalizar su estrategia de captura estatal. En consecuencia, decidieron hegemonizar el escenario político y el proceso electoral del 2025 clausurando sus opciones electorales, vetando a su líder histórico, a sus núcleos ideológicos y políticos mejor organizados y más combativos, por la vía de la proscripción. Paradójicamente, el gobierno de Luis Arce, que nunca comprendió su condición transitoria, convertido en enemigo público de Evo Morales junto a la derecha criolla y sus aliados extranjeros —marginados durante casi dos décadas del poder— convergió en la misma estrategia de aniquilamiento de su principal adversario.

La estrategia de la proscripción puso en escena a tres actores clave: poder judicial, poder electoral y medios de comunicación. El poder judicial llevó a cabo una tenebrosa campaña de persecución judicial contra Morales, impulsada por el gobierno de Arce, pero al mismo tiempo digitada desde otros centros de decisión no estatales. Se lo acusó sin pruebas suficientes de trata y tráfico de personas y al mismo tiempo se tramó una interpretación tramposa de la propia constitución para impedir una aparente reelección, basada en juicios de valor de organismos internacionales no vinculantes. Por su parte, el poder electoral, revestido de árbitro político, manipuló hasta la saciedad normas electorales, aplastando derechos de representación constitucional también por encargo de poderes fácticos. La Corte Electoral, actuando como juez de oficio, violando la Constitución, desconoció la genuina representación y titularidad del instrumento político en favor de un tercero, al que le reconoció derechos sin mérito alguno, producto de una decisión política deliberada, dejando por fuera a millones de electores sin representación partidaria. La persecución judicial y el veto electoral, procesos explícitamente manipulados, sirvieron de insumo a los medios hegemónicos de comunicación para criminalizar y lapidar mediáticamente a quienes intentaban competir democráticamente en las urnas.

Las elecciones nacionales de la primera vuelta en agosto del 2025 transcurrieron en medio de la vacancia de la mayor fuerza política de la historia del país, dejando expedito el camino a las fuerzas de derecha que disputaron los primeros lugares. El movimiento indígena-popular, que optó por un masivo voto nulo en la primera vuelta, no tuvo más alternativa que votar en la segunda vuelta por el mal menor, entre una derecha maquillada de democracia y otra explícitamente racista que ofrecía demoler todo vestigio “indígena-campesino masista”, cuyo cordón umbilical llegaba a los pasillos del Departamento de Estado y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). Rodrigo Paz, fue beneficiado con el voto indígena-popular con arreglo a sus propuestas populistas apoyadas por el candidato a vicepresidente, un atípico expolicía que cumplía el papel de justiciero de comarca.

El caso de Bolivia señala que la proscripción política no es sólo un mero dispositivo táctico o una artimaña electoral de las derechas nativas con la que procuran llegar al poder por la vía de la depredación de sus adversarios. Es más que eso, constituye una poderosa estrategia de captura estatal que responde a intereses supranacionales, que opera sometiendo estructuras estratégicas del poder público nacional. Bolivia constituye sin duda un complejo laboratorio para estas nuevas guerras de amplio espectro político en las que los sujetos históricos rebeldes, insurrectos o antisistema constituyen las nuevas víctimas de un poder hegemónico en declive. Por lo tanto, la proscripción no sólo se reduce a un dispositivo episódico de veto electoral, es más que eso, es la mutilación o inviabilidad de un proyecto histórico que disputa la centralidad estatal frente a la antítesis neoliberal salvaje, sostenida en el despojo de los recursos naturales, el vaciamiento de la soberanía nacional y la ocupación extranjera. Proscribir no es una mera decisión administrativa ni una simple jugada política sujeta a presiones, prebendas o corrupción, forma parte indisoluble de una estrategia geopolítica, que implica la fragmentación o debilitamiento estructural de fuerzas políticas o su balcanización, que impide ofrecer resistencia política frente a proyectos neoliberales privatizadores o al despojo y desmantelamiento de procesos de nacionalización.

Del simulacro populista al proyecto protectoral

La nueva administración asumió el 8 de noviembre de 2025 y una vez en el poder, anuló a su Vicepresidente, mientras que éste se declaró opositor al gobierno. Inició una alianza con uno de sus adversarios en primera vuelta, Doria Medina, de cuyo partido tomó a los ministros que ocuparon carteras nodales dentro el Estado (presidencia, economía y defensa), lo que reflejó la ausencia de una estructura política y de gestión propia. De igual manera, pactó con su rival de la segunda vuelta, Jorge “Tuto” Quiroga, y logró una alianza con las élites empresariales de Santa Cruz.

La rearticulación de la “vieja derecha” no sólo se refleja en los actores que la conforman, sino también en su discurso y la simbología que exterioriza. Frases como “capitalismo para todos”, discursos sobre Dios y la familia, la constante mención de los 20 Años del “Estado tranca”, refuerzan el regreso de la Biblia y el crucifijo en el acto de posesión de la Asamblea Legislativa y la desaparición de la Wiphala de la banda presidencial y del emblema del Ejército.

Tras ganar las elecciones, Paz viajó inmediatamente a Estados Unidos a reunirse con el Secretario de Estado, Marco Rubio, y representantes de organismos financieros internacionales. Seguidamente, anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos e Israel y eliminó el requisito de visa que se exigía a los ciudadanos de ambos países. En marzo de este año, su participación en la conformación del “Escudo de las Américas” liderado por Trump, junto con otros gobiernos de derecha de la región, fue el epítome de su vasallaje y el declive de la soberanía que tanto había defendido el Estado Plurinacional a la cabeza de Evo Morales.

El regreso al neoliberalismo puro y simple se expresa en las medidas económicas tomadas desde los primeros días de gestión. El anuncio de la reducción del gasto público en 30% para el año 2026, junto con la eliminación de varios impuestos, entre ellos a las grandes fortunas, fueron el punto de partida para dar paso a una serie de decretos y propuestas de leyes de amplio espectro liberal. El fin de la subvención a los hidrocarburos, con el objetivo de reducir el déficit fiscal, originaría un proceso inflacionario que trató de ser balanceado con el incremento del salario mínimo en un 20%, lo que se vio opacado con la venta de una gasolina de mala calidad que afectó a gran parte del parque automotor del país. A estas medidas se sumaron la emisión de decretos que provocaron la reacción popular y su posterior anulación. Tal es el caso del decreto Nº 5503, que incluía un paquete de medidas de liberalización de la economía, y la Ley 1720 de Reconversión de Tierras, que permitía que las pequeñas propiedades se convirtieran en medianas, con el peligro que conllevaba su acaparamiento por latifundistas. La ley fue anulada, debido a la fuerza que tuvo la marcha de 48 días que emprendieron las comunidades campesinas e indígenas afectadas, a la sede de gobierno.

Sin embargo, los acuerdos que se vienen dando con Estados Unidos sobre la explotación del litio y minerales críticos, la negociación con el FMI para la obtención de créditos, junto con el paquete de leyes que el Ejecutivo enviará a la Asamblea para su aprobación (ley de Hidrocarburos, de Minería, de Electricidad, de Inversiones, de Economía Verde, de Emprendedores, Electoral, seguridad nacional y reducción del Estado) amenazan con una estampida neoliberal catastrófica.

En el ámbito de la seguridad, la situación es igual de entreguista. El retorno de la Administración de Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés) en tareas de lucha contra las drogas detona las alarmas de la militarización y criminalización social que tanto daño hicieron en el pasado.

Frente a este escenario, la resistencia del movimiento popular e indígena ha estado a la altura de las circunstancias. El último bloqueo de caminos que duró 53 días entre mayo y junio, cuya principal demanda llegó a ser la renuncia del Presidente por no cumplir con sus promesas de campaña, aliarse con la derecha, querer privatizar las empresas del Estado, encubrir hechos de corrupción, etc., hizo tambalear la estructura gubernamental a sólo seis meses de gestión.

En la actualidad, Paz mantiene una frágil gobernabilidad y ha declarado un Estado de excepción, asegurando que fue víctima del “narcoterrorismo”, circunscribiéndose al discurso securitizador de Estados Unidos. Ha iniciado un proceso de persecución judicial de los líderes de los movimientos sociales movilizados —incluyendo a Evo Morales— y ha vuelto a desplegar, como sucedió en el golpe de 2019, un discurso racista y estigmatizante.

El retorno de la vieja derecha neoliberal en Bolivia, junto con lo que sucede en otros países de la región, se encamina a la creación de un “protectorado”. El objetivo a nivel interno, es dejar atrás el Estado Plurinacional; mientras en el ámbito externo busca ceder su soberanía al ensamblaje de una estructura geopolítica imperial en crisis, que tiende a la barbarie.

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