Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

4 de septiembre de 2026

ELEGÍA VELADA A WLADIMIR RUÍZ TIRADO ​Por Federico Ruiz Tirado


La madrugada tiene esa costumbre antigua de llevarse a los imprescindibles en silencio, como para no desordenar el rumor del viento en la sabana. En Barinas, año 2015,  cuando las primeras sombras empezaban a deshilacharse sobre el cielo oscuro del llano, se nos fue Wladimir, Popeye. Se despidió de nosotros telepáticamente.

Marx

Un hombre de densa hondura marxista de los que leen la historia con la sensibilidad de la música. Fue musicólogo y ese don nos asombraba porque Wladimir no silbaba y, sobre todas las cosas, un hombre experto en el arte de la seducción, valiéndose de artimañas tan enigmáticas como sabiduría en juntar silabas para un discurso denso, de esos que uno lleva marcados en la memoria  y de las luchas, lecturas y comida china.

Maneiro y Chávez

​Wladimir pertenece a esa estirpe terca de Ruíz Guevara, Alfredo. Era conocido como  uno de «los muchachos de Alfredo Maneiro.  Forma parte de esa generación insurgente que aceptó el cruzar el desierto descalzo, prefiriendo la sed antes que vender la dignidad por el primer plato de lentejas o el vaso de agua amarga del poder burocrático.

De allí venimos, del barro originario: de La Ruta R y de Catabre, de los Matanceros de Sidor. dejando huellas en la memoria de Barquisimeto, de sus calles en el oeste. abriendo campos de ideas en la meseta barinesa.

Fueron los balbuceos de una vanguardia obstinada que, años más tarde, andando por las mismas veredas del pueblo, habría de encontrarse con ese otro Quijote torrencial que fue Hugo Chávez.

El llano

​Hay vidas que no necesitan estridentismo para ser gigantes. La de Wladimir fue así: una constancia silenciosa, una integridad intachable, una humildad que a ratos se parecía a la timidez de los sabios. Hoy la llanura infinita —esa que no tiene puertas ni ventanas— lo recibe en su regazo de hierba y ceniza. Y nos deja aquí, en medio de esta patria asediada por la mezquindad y la trampa. Pero, ¿Cuándo no ha sido así? ¿Cuándo fue que los revolucionarios de verdad tuvimos el viento a favor?

Estar en «las malas» ha sido nuestra casa natural.

​Nos queda la nostalgia de su entrañable transparencia, esa misma que canta la memoria colectiva. Y nos queda también la certeza de nuestro propio mito de Sísifo: esa condena voluntaria, ese pacto sagrado que hicimos desde jóvenes de empujar la piedra cuesta arriba una y otra vez, de luchar y morir, siempre, del mismo lado del cauce: junto al pueblo.

​Eres mi recuerdo perenne.

No te has ido.

Estás siempre en la esquina.

La letra pequeña del acuerdo sin precedentes entre Venezuela y EE.UU.

 

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De prensabolivariana en septiembre 4, 2026

Se trata del pacto energético más importante entre los dos países en el siglo XXI.

Si bien la firma del histórico acuerdo energético entre Venezuela y EE.UU. selló el pacto petrolero entre ambos países, en los medios han surgido dudas sobre la aplicación real y las condiciones de este ambicioso trato para la exploración, producción y exportación de crudo.

El pasado viernes, el presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció en sus redes sociales que su Administración había alcanzado un acuerdo petrolero con las autoridades de Venezuela, que calificó como «el mayor de la historia mundial». El mandatario afirmó que lo suscrito le garantiza a EE.UU. «el control mayoritario» de más de 65.000 millones de barriles de las reservas probadas de crudo venezolano –estimadas en unos 300.000 millones de barriles–, así como la reposión de la reserva estratégica estadounidense

Del lado venezolano, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, confirmó la información y presentó en un mensaje a la nación las líneas gruesas de este pacto. La noticia desató las especulaciones en la prensa sobre la duración del acuerdo, la implicación para el resguardo de la soberanía del país y los beneficios que traería para la golpeada economía latinoamericana.

Según detalló Rodríguez, el acuerdo —suscrito por 25 años— contempla «el desarrollo de 17 campos petroleros estratégicos con un objetivo de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios». Como ejemplo, dijo que tomando 65 dólares como precio de referencia por barril, los ingresos de Venezuela llegarían a los 209.335 millones de dólares, lo que significa que por cada barril producido y vendido, el país estaría recibiendo cerca de 19 dólares.

El papel de NABEP

La mirada pública se ha puesto en la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP), dirigida por el empresario venezolano Alejandro Betancourt, que «tendrá el control operativo del negocio, mientras que el Gobierno de EE.UU. conservará los derechos sobre una participación de 35 % en la compañía, además de acceso preferencial a 20 % de la producción de la empresa a precio de costo», según un comunicado de la compañía con sede en Barbados.

La segunda mayor productora de crudo en Venezuela, «controla ahora los derechos para comercializar más de 65.000 millones de barriles de reservas P1» en el país suramericano, y se propone «expandir rápidamente sus operaciones en el lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco» para «aumentar la producción a más de un millón de barriles de petróleo diarios».

Para el economista venezolano Oscar Zambrano, entrevistado por Forbes, no queda claro el alcance de NABEP. «Es extraño, que sea el socio privado de un acuerdo tan grande, siendo una empresa sin experiencia, sin capital y sin tecnología«, asegura.

Hasta el momento, según ha dicho la propia compañía, «el programa supondrá una inversión de casi 100.000 millones de dólares para aumentar la capacidad de producción y la infraestructura de petróleo y gas en Venezuela».

Reservas

Otra de las dudas que genera este pacto petrolero entre los expertos es su viabilidad y cómo se adaptará a los marcos legales de ambas naciones, cuyas relaciones diplomáticas y políticas estaban interrumpidas desde 2019, en medio de acercamientos intermitentes sin éxito.

Las consultoras Signum Global y Alpine Macro, citadas por Bloomberg, también se preguntan sobre cuál será la participación de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), así como el papel de las empresas mixtas existentes y el interés que tendrán las grandes petroleras en negociar con NABEP.

Por otro lado, también surge la pregunta de la capacidad de la industria petrolera venezolana actual para responder a la meta de producción, tomando en cuenta el daño causado por las sanciones contra PDVSA desde hace una década —impuestas desde la primera administración de Trump—, lo que ha impedido la actualización tecnológica.

Los expertos también se refieren a la controversia entre la duración del acuerdo. Mientras que desde Washington se ha hablado de 100 años, la mandataria encargada venezolana ha dicho que el lapso corresponde a un cuarto de siglo, con posibilidad de prórroga de 15 años, como lo establece la Ley de Hidrocarburos, aprobada este año.

¿Y las sanciones?

La víspera, Rodríguez adelantó que su gestión trabaja junto a las autoridades estadounidenses para poner fin al régimen de sanciones que pesa sobre el país desde hace más de una década, paso que ella estima necesario para que se celebren elecciones.

«Seguimos trabajando con las autoridades [estadounidenses] para que, definitivamente, se levante el sistema de sanciones y Venezuela, la economía venezolana y el desarrollo social puedan darse sin ninguna dificultad», sostuvo la mandataria.

Aunque Trump no se ha referido directamente al sistema coercitivo que pesa sobre la nación bolivariana, sí ha tomado determinaciones en la materia. El 9 de enero de 2026, poco después de haber ordenado el bombardeo de la Gran Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, firmó una orden ejecutiva con la que el Tesoro estadounidense se garantiza el manejo de los ingresos derivados del negocio petrolero venezolano.

Asimismo, en febrero pasado renovó por un año más las sanciones contra Caracas y, en lugar de levantarlas, ha optado por una política de licencias que autoriza a compañías –principalmente de EE.UU.– a operar limitadamente en Venezuela.

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3 de septiembre de 2026

VALOR PRESENTE CERO?, QUE MOLLEJA!!! por Willian Rodríguez



Negar el valor económico de nuestras reservas probadas y certificadas implica desconocer su peso real en el desarrollo petrolero y en la trayectoria histórica del país La afirmación de que nuestras reservas probadas y certificadas “valen cero” desconoce la economía del petróleo, niega nuestras potencialidades y contradice la historia de la industria venezolana. Las reservas no son un concepto abstracto ni un recurso inerte: son un activo estratégico cuya valoración ha sustentado decisiones de política pública, negociaciones internacionales y la arquitectura institucional que ha definido el rumbo energético del país durante más de un siglo. La economía petrolera establece que el valor presente de un barril en el subsuelo se determina por los flujos de caja futuros que generará cuando sea producido, descontados según riesgo país, condiciones de mercado y capacidad operativa. Ese valor puede variar, puede verse afectado por la incertidumbre o fortalecerse con mejoras institucionales, pero nunca es cero mientras exista mercado, probabilidad de extracción y capacidad de monetización.  En el caso venezolano, con un crudo que ronda los 60 a 65 dólares por barril según las referencias más recientes, el valor presente de un barril en el subsuelo se ubica típicamente entre 20 y 35 dólares, dependiendo de la tasa de descuento, los costos operativos y la capacidad de ejecución. Esa cifra, utilizada en la industria, desmonta cualquier afirmación que pretenda reducir el valor de nuestras reservas a cero. La historia reciente de nuestra industria lo confirma. Cuando se migró de los convenios operativos a las empresas mixtas, las transnacionales migraron Chevron, Repsol, Eni, Total, CNPC, entre otras, porque podían registrar reservas venezolanas en sus balances corporativos y reportes regulatorios, lo que incrementaba su valoración bursátil y justificaba inversiones de largo plazo.  Ese proceso fue ampliamente analizado por Alfredo Jalife, cuya obra recomiendo para comprender cómo la bursatilización de las reservas se convirtió en un mecanismo de valorización financiera que ninguna empresa global habría utilizado si nuestras reservas “no valieran nada”. Asimismo, Ali Rodríguez Araque advirtió con claridad que la privatización silenciosa de PDVSA comenzó precisamente cuando se permitió que actores externos capturaran valor sobre nuestras reservas sin que el Estado ejerciera plenamente su rectoría, subrayando que nuestras reservas han sido históricamente un activo codiciado y no un recurso sin valor. El debate actual sobre el acuerdo energético con Estados Unidos es otra evidencia contundente. Hoy se discuten públicamente cifras en torno a 65.000 millones de barriles en 17 yacimientos estratégicos y proyecciones de ingresos superiores a 200.000 millones de dólares en un horizonte de 25 años, con precios de referencia cercanos a 65 dólares por barril. Esas estimaciones implican un valor presente fiscal por barril que, según distintos escenarios, se ubica en el orden de varios dólares por barril para el Estado venezolano, y bastante más para el conjunto del proyecto.  Si nuestras reservas “no valieran nada”, no existiría base alguna para tales proyecciones ni para la negociación de regalías, impuestos, participación accionaria y compromisos de inversión. Por ello, sostener públicamente que las reservas probadas y certificadas carecen de valor económico no se corresponde con la responsabilidad de los cargos desde los cuales se emiten tales afirmaciones. Venezuela necesita un debate petrolero serio, informado y alineado con la realidad económica del sector.  Minimizar el valor de nuestras reservas no fortalece la discusión pública ni contribuye a la defensa del interés nacional. Por el contrario, debilita la comprensión de nuestras capacidades y de los activos estratégicos que han sostenido al país durante más de un siglo. Las reservas probadas y certificadas de Venezuela sí tienen valor económico. Ese valor depende de nuestra capacidad de convertirlas en producción, de transformar la producción en ingresos y de traducir esos ingresos en bienestar para la nación. Esa es la discusión que el país merece y la que debemos sostener con rigor, responsabilidad y sentido

Willian Rodríguez, MSc en Seguridad de la Nación. Especialista en Geopolítica de la Energía. Ingeniero Mecánico 

La teoría del capitalismo de Nancy Fraser es fundamental

 

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De prensabolivariana en septiembre 3, 2026

M. Ivković y Z. Zarić / Traducción: Natalia López

Nancy Fraser ha ampliado nuestra comprensión del funcionamiento del capitalismo y de las razones por las que depende de múltiples formas de dominación. Su teoría muestra que las luchas feministas, ecologistas y antirracistas están necesariamente vinculadas a la política anticapitalista.

El trabajo de Nancy Fraser ha ejercido una influencia considerable sobre la política anticapitalista de las últimas dos décadas. Algunas de sus ideas sobre la relación entre «redistribución» y «reconocimiento», o sobre la «alianza peligrosa» del feminismo liberal y el antirracismo con las agendas económicas neoliberales, trascendieron los círculos académicos de izquierda y pasaron a formar parte del vocabulario del activismo político.

Esto es precisamente lo que aspira a conseguir la tradición de la teoría crítica en la que Fraser se inscribe: ofrecer recursos para la autoclarificación de las luchas políticas progresistas. En un sentido más amplio, Fraser ha elaborado una teorización singular del capitalismo que responde de manera novedosa a algunas de las cuestiones más urgentes de la estrategia política anticapitalista.

Su teoría del capitalismo evolucionó gradualmente a lo largo de los años. Ese recorrido —orientado por problemas, pragmático y dialógico— hacia una explicación sistemática del capitalismo puede leerse como un modelo del modo en que un intelectual comprometido debería llegar a una «gran teoría» de la sociedad.

Dualismo analítico

Fraser expuso sistemáticamente su teoría del capitalismo en Capitalismo caníbal, su libro de 2022, pero para apreciar plenamente la profundidad de su perspectiva conviene recurrir también a los trabajos anteriores sobre los que se apoya su teoría madura. La piedra angular de su teoría social es una forma de «dualismo» analítico.

Frente al reduccionismo económico característico del marxismo ortodoxo, Fraser subraya que la reproducción material y la simbólica bajo el capitalismo son mutuamente irreductibles. Rechaza el esquema de base y superestructura y sostiene que el capitalismo es al mismo tiempo un orden económico y cultural, un sistema de explotación económica y de jerarquías de estatus, una configuración en la que se combinan formas materiales y simbólicas de dominación.

Para Fraser, la clase es un modo fundamental de diferenciación social, arraigado en la estructura político-económica de la sociedad, mientras que el grupo de estatus es otro, arraigado en el orden cultural o simbólico. Todo actor social bajo el capitalismo ocupa una posición determinada en ambos ejes, de modo que su lugar dentro de la jerarquía social resulta de la composición de ambas. Los grupos sociales suelen estar sometidos a la vez a injusticias económicas y culturales.

Este argumento sobre las dos dimensiones de la sociedad capitalista, la sistémica y la cultural, aparece ya en los primeros trabajos de Fraser, por ejemplo en su crítica a Jürgen Habermas, «¿Qué tiene de crítica la teoría crítica? Habermas y la cuestión del género». En ese ensayo sostiene que el ideal capitalista del «salario familiar» fue concebido históricamente como una remuneración destinada al hombre que mantenía a su familia y no como un pago a un «individuo sin género».

Según Fraser, esta «lectura sensible al género» de las relaciones institucionales que el capitalismo establece entre familia, economía, esfera pública y Estado burocrático muestra que la dominación masculina es «intrínseca y no accidental al capitalismo clásico». Una lectura de este tipo revela además el carácter multidireccional de la causalidad capitalista. Contra el determinismo económico del marxismo ortodoxo, Fraser muestra que las normas de género elaboradas culturalmente condicionan un rasgo político-económico central del capitalismo: la división sexual del trabajo o, más precisamente, la división entre trabajo remunerado y trabajo reproductivo no remunerado.

El dualismo analítico permite identificar lo que Fraser denomina los «subtextos» de fenómenos sociales del capitalismo que tradicionalmente fueron considerados puramente, o predominantemente, «económicos» o «culturales». Su crítica a Habermas contiene un mensaje político central para los movimientos anticapitalistas: los órdenes «culturales» de dominación, como el patriarcado, no son «secundarios» ni «residuales». Son intrínsecos al capitalismo, y la política anticapitalista debe asumir como indispensables las luchas contra esas injusticias.

Desmentida

En sus trabajos de la última década y media, Fraser desarrolló esa intuición. Retomando el feminismo marxista clásico, sostiene que el capitalismo es un orden social que instituye una división históricamente arbitraria entre el trabajo remunerado y las actividades de reproducción social no remuneradas, como la crianza y las tareas de cuidado. Estas últimas están atravesadas de manera inherente por el género y son asignadas a las mujeres.

La economía capitalista depende de la reproducción gratuita de la fuerza de trabajo. En el plano simbólico, esa dependencia no puede ser reconocida, porque hacerlo implicaría admitir que el trabajo reproductivo es una forma de trabajo sumamente valiosa y que debería ser remunerado. La economía capitalista tiene, por lo tanto, una necesidad sistémica de desmentir su dependencia de la esfera de la reproducción social.

¿Cómo se produce esa desmentida? Precisamente mediante los subtextos de género, elaborados culturalmente, de fenómenos económicos centrales como el «salario familiar». Estos refuerzan y naturalizan la división sexual del trabajo y ocultan su carácter arbitrario.

Además de teorizar el papel del trabajo de cuidados no remunerado como condición de posibilidad del capitalismo, Fraser se apoya en la obra de Karl Polanyi para conceptualizar otros aspectos no económicos de la realidad social capitalista que, en conjunto, conforman la estructura «ampliada» del capitalismo. Entre ellos se encuentran las relaciones humanas con la naturaleza, el ámbito institucional de la política liberal-democrática y la dominación imperial global basada en jerarquías raciales.

Este concepto ampliado del capitalismo es un poderoso antídoto contra la ideología burguesa que presenta al capitalismo como un orden puramente económico compatible con el ideal político de la meritocracia liberal. Es además una herramienta decisiva para la crítica ideológica y las luchas sociales emancipatorias, porque expone el papel estructural que desempeñan bajo el capitalismo formas de dominación distintas de la explotación clásica, como el patriarcado y el racismo.

Alianzas peligrosas

Es sobre el trasfondo de la apropiación que Fraser hace de Polanyi que debemos entender su conocido argumento acerca de la «alianza peligrosa» entre las políticas emancipatorias liberales y la economía neoliberal. Fraser sostiene que la actual crisis multidimensional del capitalismo fue desencadenada por otro gran «movimiento» polanyiano hacia la mercantilización, análogo al liberalismo económico del siglo XIX.

Mientras que Polanyi podía identificar con claridad la lógica unificadora de un «contramovimiento» proteccionista frente al liberalismo de libre mercado, lógica que atravesaba proyectos tan dispares como el New Deal estadounidense, la Unión Soviética, la Europa fascista y la socialdemocracia europea de posguerra, Fraser observa que hoy no existe una alternativa igual de clara al proyecto neoliberal.

Para explicar la ausencia de ese contramovimiento, Fraser amplía la concepción polanyiana que define la dinámica política básica del capitalismo como un «doble movimiento» de «mercantilización» y «protección», y le incorpora un tercer polo: la «emancipación». Sostiene que cada polo de este «triple movimiento» adquiere su forma política concreta a partir de su propia lógica interna y de sus relaciones con los otros dos. De ahí surge la ambivalencia interna de los tres.

En el caso del polo de la emancipación, esa ambivalencia significa que los movimientos emancipatorios de la posguerra —la Nueva Izquierda, el feminismo, el ecologismo— estuvieron atravesados por divisiones internas. Hubo corrientes que combatieron formas de dominación de base cultural —el polo de la protección— y prestaron poca atención a los procesos de mercantilización, cuando no los respaldaron. Hubo otras que combatieron simultáneamente las formas opresivas de protección y la mercantilización, lo que en la práctica significaba luchar por transformar lo que Fraser denomina la «sustancia ética» de la protección.

Con el tiempo, señala Fraser, las corrientes liberales se volvieron hegemónicas y establecieron una alianza con los agentes neoliberales de la mercantilización. Dentro de esa alianza, sostiene, una «crítica emancipatoria» de las formas opresivas de protección «convergió con la crítica neoliberal de la protección como tal».

Aquí está la clave para comprender la peculiar ausencia actual de un contramovimiento. Fraser desarrolla la teoría de la hegemonía de Antonio Gramsci en términos polanyianos y sostiene que un bloque histórico o hegemónico determinado es una configuración específica de dos de los polos del triple movimiento.

Nuestro bloque hegemónico actual, hoy en proceso de desintegración, es una amalgama de mercantilización y emancipación que Fraser denomina «neoliberalismo progresista». Para construir un bloque contrahegemónico, la política anticapitalista necesita forjar una combinación de protección y emancipación.

Desplazamientos epistémicos

Más fundamental aún que la obra de Polanyi para la teorización del capitalismo de Fraser es lo que ella considera el método básico de Karl Marx: los «desplazamientos epistémicos». Lo que Marx hizo, esencialmente, fue excavar por debajo de la economía política burguesa, que sitúa en el centro del capitalismo los mercados y el intercambio de mercancías de valor equivalente.

Debajo de ese «relato de fachada», Marx descubrió el «secreto sucio» de la organización de la producción bajo el capitalismo: la explotación, es decir, la extracción de plusvalor del trabajo. Aquí encontramos la primera «morada oculta» del capitalismo, como la denomina Fraser: la relación no equivalente de explotación que subyace a la equivalencia del intercambio mercantil. El método de Marx, subraya Fraser, no termina ahí.

En el capítulo sobre la «acumulación originaria» del primer volumen de El capital, Marx vuelve a desplazar la perspectiva y descubre una «morada detrás de la morada». En los orígenes históricos del capitalismo identifica el brutal proceso de desposesión —lo que Fraser denomina «expropiación»— que separó a las personas de sus medios de subsistencia mediante cercamientos, robos y conquistas coloniales. Para Fraser, este método de desplazamientos epistémicos, que permite identificar capas cada vez más profundas de dominación capitalista, es la esencia misma de la teoría crítica.

Las relaciones entre la economía capitalista y todas sus condiciones de posibilidad —la naturaleza, la política y la reproducción social— siguen la lógica marxiana de la acumulación originaria: apropiarse de todo lo posible sin ofrecer compensación alguna, mientras se niega y encubre el proceso. Fraser sintetiza esa lógica con el término «parasitismo».

Para reproducirse y prosperar, la economía capitalista debe parasitar el trabajo reproductivo no remunerado de las mujeres, la naturaleza como fuente gratuita de recursos y el poder político —o público, como prefiere llamarlo Fraser— en tanto garante del marco jurídico de la coerción económica. Para hacer posible ese parasitismo, la sociedad capitalista institucionaliza fronteras históricamente únicas que definen su estructura básica.

La primera es la frontera entre la economía como esfera del trabajo remunerado y la reproducción social como esfera del trabajo reproductivo no remunerado. La segunda separa la naturaleza del mundo humano. La línea divisoria entre política y economía —o, dicho más crudamente, entre la coerción abierta de la fuerza armada y la coerción encubierta del mercado de trabajo— permite sustraer todos los asuntos «económicos» del ámbito de la decisión política.

Por último, está la distinción entre trabajo «explotable» y trabajo «expropiable». Para Fraser, esa frontera sigue en gran medida la «línea de color», históricamente constituida en términos imperialistas como una división entre trabajadores explotados, considerados blancos, y sujetos expropiables, que no lo son.

Gramáticas morales

Esta última frontera es la más compleja. «Bien entendida», sostiene Fraser en su debate de 2018 con Rahel Jaeggi, «esclarece el lugar estructural de la opresión imperial y racial en la sociedad capitalista». Fraser aplica su dualismo analítico a esta división institucionalizada del capitalismo y la define como económica y política a la vez.

Vistas en términos económicos, explotación y expropiación son dos mecanismos de acumulación de capital, y la primera depende estructuralmente de la segunda, no solo en los comienzos del capitalismo sino a lo largo de toda su historia hasta el presente. La expropiación contribuye a sostener la economía capitalista oficial de la explotación al reducir los costos de producción y reproducción del trabajo.

Vista en términos políticos, la frontera entre explotación y expropiación es una frontera de estatus institucionalizada mediante la acción de los Estados. Si combinamos ambas perspectivas, podemos concluir, como hace Fraser, que lo que denominamos «raza» es sencillamente «la marca que distingue a los sujetos libres de explotación de los sujetos dependientes de expropiación».

Puesto que el capitalismo está construido alrededor de fronteras constitutivas, sostiene Fraser, genera de manera inevitable luchas en torno a esas fronteras. Se trata de conflictos históricos multilaterales acerca de dónde debe trazarse exactamente cada línea divisoria. En ellos, los actores movilizan distintas «gramáticas morales» de la sociedad capitalista contra la lógica del capital y su propia gramática moral de la eficiencia y la meritocracia.

En la esfera de la reproducción social, las normas de reciprocidad, cuidado y solidaridad desafían la gramática capitalista. En las relaciones humanas no capitalistas con la naturaleza operan normas de custodia, sustentabilidad y justicia entre generaciones. En la esfera de la política democrática adquieren primacía las normas de democracia, ciudadanía igualitaria e interés público.

Muchos campos de lucha

Según Fraser, las luchas en torno a las fronteras que separan economía y política, producción y reproducción, sociedad y naturaleza, explotación y expropiación son tan fundamentales para el capitalismo como las luchas de clases que se desarrollan dentro del campo de la economía capitalista.

Los trabajos maduros de Fraser retoman así, bajo una forma más elaborada, la intuición política de sus primeros escritos: el capitalismo es un orden social construido sobre formas multidimensionales de dominación estructural, y la política anticapitalista debe asumir e incorporar todas las luchas que cuestionan las distintas dimensiones de esa dominación, sin establecer jerarquías entre ellas. Esto incluye los movimientos ecologistas, feministas y antirracistas, así como las luchas destinadas a profundizar y radicalizar la democracia liberal.

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Nancy Fraser (Baltimore, Estados Unidos, 20 de mayo de 1947) es una filósofa, teórica crítica y feminista estadounidense, reconocida internacionalmente por sus aportes a la filosofía política, la teoría social y la teoría feminista. Se formó en filosofía en Bryn Mawr College y obtuvo su doctorado en Filosofía en la City University of New York (CUNY) en 1980.

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