06 Nov, 2013 | 1 Comentario
Economista Mark Weisbrot
El economista norteamericano, Mark
Weisbrot, columnista y codirector del Centro para la Investigación
Económica y Política en EEUU, manifestó en su columna “Desconsenso en
Washington”, que a pesar de los contantes ataques a la economía
venezolana por parte de factores opositores y actores extranjeros, son
muy escasas las posibilidades de que caiga esta economía por el
crecimiento que viene presentando y la fortaleza en recursos para
respaldar cualquier caso de contingencia. A continuación su análisis:
Desde hace más de una década, aquellos
que se oponen al Gobierno de Venezuela -lo que incluye la mayoría de los
grandes medios occidentales- han insistido en que la economía
venezolana implosionaría. Como los comunistas de los años 30 que
apostaban por la crisis final del capitalismo, generalmente se
imaginaron que el colapso económico de Venezuela se encontraba apenas
doblando la esquina. Cuán frustrante habrá sido para ellos presenciar
apenas dos recesiones: una causada directamente por el paro petrolero
que protagonizó la oposición (diciembre 2002-mayo 2003) y la otra,
producto de la crisis mundial (2009 y la primera mitad de 2010). A pesar
de estas recesiones, el rendimiento económico de la década entera,
tomando en cuenta que el Gobierno solamente logró el control de la
compañía nacional de petróleos en 2003, resultó ser bastante
satisfactorio, con un incremento promedio anual en el ingreso real per
cápita de 2,7 por ciento, una pobreza rebajada a más de la mitad y
avances significativos para la mayoría en cuanto a empleo, acceso a
servicios de salud, pensiones y educación.
Ahora Venezuela se enfrenta a problemas
económicos que alientan los ánimos de esos corazones que odian. Vemos la
mala noticia cada día: los precios de los bienes de consumo han subido
49 por ciento con respecto al año pasado; un mercado negro en el que el
dólar se cotiza siete veces por encima de la tasa oficial; la escasez de
productos básicos, desde la leche hasta el papel higiénico; la
desaceleración económica, la caída en las reservas del Banco Central.
¿Será que aquellos que gritaban “¡Lobo!” verán por fin concretarse sus
sueños?
Es poco probable. En los análisis de la
oposición y de los medios internacionales, Venezuela está entrampada en
una espiral de inflación y devaluación. La hiperinflación, una deuda
externa en aumento y una crisis en la balanza de pagos marcarían el
final de este experimento económico.
Pero en el año 2012, Venezuela alcanzó
los $93,6 billones en ingresos petroleros, frente a importaciones
totales en la economía -a unos niveles históricamente altos- de $59,3
billones. La cuenta corriente en la balanza de pagos registraba un
superávit de $11 billones. Los pagos de intereses sobre la deuda pública
externa sumaban apenas $3,7 billones. A este Gobierno no se le van a
agotar los dólares. Actualmente, el Banco Central cuenta con $23
billones en reservas, y los propios economistas de la oposición estiman
que existen otros $15 billones en manos de otras instancias del
Gobierno, sumando así un total de $36,4 billones. Normalmente, las
reservas que puedan cubrir tres meses de importaciones son consideradas
suficientes; Venezuela cuenta con las reservas necesarias para cubrir
por lo menos ocho meses, y posiblemente más. También tiene la capacidad
de solicitar créditos a nivel internacional.
Un problema es que la mayor parte de las
reservas del Banco Central se encuentran en oro. Pero el oro se puede
vender, aunque se trate de un activo mucho menos líquido que otros
ahorros, como lo son los bonos del tesoro de EEUU. Parece algo
descabellado pensar que el Gobierno corra el riesgo de pasar por una
crisis en la balanza de pagos en vez de vender su oro.
La hiperinflación también es una
posibilidad muy remota. Durante los primeros dos años de la recuperación
económica, que comenzó en junio de 2012, la inflación venía cayendo aun
cuando el crecimiento económico se aceleró a 5,7 por ciento para el año
2012. En el primer trimestre de 2012 alcanzó un punto bajo de apenas
2,9 por ciento, equivalente a una tasa anual de 12,1 por ciento. Todo
ello demuestra que Venezuela, a pesar de sus problemas, es muy capaz de
generar un crecimiento saludable, incluso mientras se lleva la inflación
a la baja.
Lo que verdaderamente disparó la
inflación, ya hace un año, fue un recorte en el suministro de dólares al
mercado de cambio de divisas, los cuales se redujeron a la mitad en
octubre de 2012 y prácticamente fueron eliminados en febrero. Esto hizo
que más importadores tuvieran que comprar dólares cada vez más caros en
el mercado negro. La devaluación de febrero también contribuyó en algo a
la inflación, aunque probablemente no tanto.
Pero desde entonces el Gobierno ha
aumentado sus subastas de dólares, anunciando también un plan para
aumentar las importaciones de alimentos y otros bienes, lo cual
seguramente ejercerá cierta presión hacia la baja en los precios.
Ciertamente, Venezuela se
enfrenta a algunos problemas económicos serios. Pero estos no son del
tipo que sufren por ejemplo Grecia (ya en su sexto año de recesión) o
España, que se ven atrapadas en un arreglo donde la política
macroeconómica es fijada por factores cuyos objetivos entran en
conflicto con su recuperación económica. En cambio, Venezuela
cuenta con suficientes reservas e ingresos en divisa extranjera para
hacer lo que quiera, incluyendo empujar hacia abajo el valor del dólar
en el mercado negro y eliminar buena parte del desabastecimiento. Estos
son problemas que pueden ser resueltos de manera relativamente rápida
mediante cambios en las políticas. Venezuela -al igual que la mayor
parte de las economías del mundo- también sufre problemas estructurales
de largo plazo, como lo son una sobredependencia respecto del petróleo,
una infraestructura deficiente y una capacidad administrativa limitada.
Pero no son estas las causas de sus dificultades actuales.
Mientras tanto, la tasa de pobreza cayó
en 20 por ciento en Venezuela el año pasado. Esto representa sin duda
alguna la reducción más significativa de la pobreza en todo el
continente americano para el año 2012, y una de las más importantes -tal
vez la más importante- en el mundo. Las cifras están disponibles en la
página web del Banco Mundial, pero prácticamente ningún periodista ha
emprendido el muy peliagudo viaje por el ciberespacio para encontrarlas y
difundirlas. Toca preguntarse, ¿por qué será que se les pasó el dato?