Los millonarios jefes
del Fondo Monetario Internacional (FMI); esos falsos prestidigitadores
que cada cierto tiempo nos ofrecen el espectáculo de sacar conejos
envenenados de la chistera, proponen ahora que se rebaje el salario
mínimo para favorecer la creación de empleo juvenil. Un problema que,
por lo que dicen, les preocupa mucho. Y, por lo que recomiendan, nada.
Ella y ellos no pertenecen a nuestro mundo. Christine Lagarde
y su corte se embolsan más de medio millón de euros al años y tienen
asegurada una pensión millonaria de por vida. Son los dueños del mundo.
Por ello, no les debe de resultar paradójico recomendar medidas que
exterminan la dignidad de muchos seres humanos. Porque ¿sabrán de
verdad lo que significa ganar y subsistir con 645,30 euros al mes? Este
es el salario mínimo en España, prácticamente congelado desde 2011.
El último y demoledor paquete de medidas que el FMI
reclama a la eurozona tiene como ejes una amplia reforma del mercado
laboral para luchar contra el desempleo juvenil. Y para lograrlo,
propone ‘reconsiderar’ las políticas del salario mínimo, reducir la
presión fiscal al empleo y reformar los subsidios de desempleo. En
definitiva, medidas para seguir recortando derechos a los trabajadores y
condenarlos aún más a la desdicha.
La idea de rebajar el salario mínimo recuerda a la que ya propuso la
patronal CEOE –algún parentesco familiar, aunque sea en segundo o tercer
grado ya tiene con el FMI- al Gobierno del PP. En este caso, se trataba
de crear un contrato de formación para menores de 35 años por el que
percibirían un salario por debajo del mínimo. De momento, creo que no se
ha puesto en marcha. Legalmente.
Como siempre que se quiere imponer un criterio y se busca embaucar en
el mismo, los argumentos del FMI pueden avasallar. Del sobresalto no se
escapa nadie. Es cierto que muchos de los mejores economistas del mundo
vienen rebatiendo sus propuestas que, eso sí que lo hemos visto con
claridad, han servido para crear grandes bolsas de pobreza en países
donde no existían, acabar con las clases medias e incrementar las
cuentas de los más ricos.
El caso es una vez más su último paquete de medidas va encaminado a
seguir machacando y dejando fuera de combate a los que aún logran
subsistir en el oscuro y largo camino de la crisis. Aunque, ¡a ver si he
entendido mal el mensaje del FMI y la bajada del salario mínimo se
refiere a países como Alemania!
Allí, el Bundestag aprobó el 3 de julio pasado la implantación del
salario mínimo interprofesional: 1.445 euros jornada completa. Así que, a
partir de 2015, los alemanes no trabajarán por menos de 8,5 euros la
hora. O lo que es igual: 21,50 euros al día. Esto significa que un
alemán gana en dos horas y media lo que un trabajador español en, por lo
menos, ocho.
En
Alemania, con casi el doble de población que España, hay unos 338.000
jóvenes desempleados menores de 25 años. Aquí se acercan a los 900.000.
Argumentan los expertos del FMI que ese recorte del salario mínimo
propiciaría la creación de empleo juvenil. El día que veamos que
proponen medidas para ‘castigar’ a bancarios y empresarios despertaremos
de lo que en realidad era un sueño para regresar a la pesadilla de
estar despiertos.
El
Gobierno de Mariano Rajoy mandó un paquete de 15 propuestas a Europa en
enero pasado para frenar el paro juvenil. Sugería medidas como programas
para reanudar los estudios, tarifas planas para jóvenes autónomos y
crear un contrato para prácticas y otro para el primer empleo.
Sinceramente, llegar a presidente de Gobierno y que no se te ocurra nada
más resulta patético. Al menos, para los ciudadanos porque él gozará de
satisfacción.
Lagarde, la señora de la guerra y sus socios siguen empeñados en recetar medicinas letales. Al final, algún día, saldremos de la crisis, pero no sé si alguien hablará de todos los supervivientes que dejaron marcados de por vida
Lagarde,
la señora de la guerra y sus socios siguen empeñados en recetar
medicinas letales. Al final, algún día, saldremos de la crisis, pero no
sé si alguien hablará de todos los supervivientes que dejaron marcados
de por vida.
No me
resisto a recordar algo que ya conté un día. Recuerdo a un jefe, que
como Catilina resultaba encantador cuando no se proponía asesinarte (o
despedirte). Siempre nos recordaba que deberíamos pagar por trabajar en
aquel periódico. ¡Eramos tan afortunados de meter 12 o 14 horas! Ahora,
muchos de aquéllos que se lo creyeron están en la calle. Sin salario
mínimo. Ninguno es ya joven y los infames del FMI ni siquiera saben que
existen.
Lo que esconden
las propuestas del FMI es su idea de esclavitud; de una sociedad de
élites en la que unos obedecen y otros mandan. No exijas, no te quejes,
que siempre habrá alguien que lo haga y además, lo agradecerá. No me
extrañaría que en su próximo paquete de exigencias incluyera la
necesidad de cantar ‘blues’, como los recolectores de algodón en el
Misisipi.