Consecuencias de las
sanciones a Rusia se reflejan en toda Europra
La lenta recuperación que mostraban las economías europeas, durante el
segundo trimestre de 2014, soportó un
severo golpe según los resultados del último trimestre. Alemania e Italia
padecieron retracciones del 0,2%, mientras
que el estancamiento predomina en la economía francesa. Durante este período
también cayó la inversión en la región.
Estos tres países suman algo así como el 60% del PIB de la Zona Euro, y
los muy débiles crecimientos de Holanda, Austria o España no alcanzan para
contrarrestar esta tendencia que pone al bloque al borde de una nueva recesión.
Sería la tercera desde el 2007 (2008-2009
la primera y 2011-2013 la segunda), pero esta vez con el agravante de que una
baja de precios y liquidación de stocks concluya en deflación. De hecho
el BCE que había fijado “serias” metas de inflación de 2% para este año, registró en el 2º trimestre un alza de precios de
solo 0,3% y un porcentaje similar es en el 3º; la respuesta (BCE) ha sido un programa
de compra de títulos de baja confian za para inyectar liquidez en
el mercado y bajar la tasa de interés a un irrisorio 0,25% anual. Esto
forma parte de la misma receta monetarista, fracasada en otras zonas.
Por si algo faltara para trabar aún más el crecimiento en la zona, la
crisis ucraniana ha derivado en una guerra
de sanciones. Europa (€), en una especie de alucinación colectiva, se
sumó a las sanciones que EEUU impuso a Rusia defendiendo, no hay que olvidar, un
golpe neofascista en Kiev y pensando que, como es costumbre, no habría respuesta. Pensaron que Rusia iba a ver
afectado su PIB y se amasaban las manos con ello. Pero no ha sido así. El
PIB también fue el indicador que esperaba Rusia y cuando vio que continuaba creciendo, a un
ritmo no muy impresionante pero subiendo (durante primer trimestre de
este año creció el 0,9%, el segundo trimestre el 0,8%), asestó el golpe. Un
golpe de gracia para la Unión Europea.
Aunque las sanciones de Rusia apenas llevan escasas 7 semanas de
implantadas ya se puede decir que son el
factor determinante para que los países de la UE estén a punto de entrar en una nueva recesión puesto
que se producen en un momento en que
la economía de la Comunidad está en el medio de una profunda crisis y
asentada en el estancamiento. El Ministerio de Finanzas de Alemania al
publicar su informe mensual, de agosto,
reconoce que “la disminución del PIB es probable que tenga que
ver con el efecto de las sanciones, y las derivaciones negativas sobre la
confianza debido a la crisis de
Ucrania”. Y añade que “si la
crisis de Ucrania no se agrava más y no se imponen más sanciones más profundas a
Rusia es de esperar que la actual desaceleración económica sea sólo
temporal”. ¿A qué se está refiriendo? Pues al suministro del gas y del
petróleo que le llega de Rusia. Washington está empeñado en lacerar a Rusia
culpándola de todo lo malo que le sucede por la incapacidad de sus funcionarios
y políticas.
La producción industrial de Alemania ha caído el 0,2% y una recesión en
este país arrastraría no sólo al sur de Europa (España, Portugal Grecia
especialmente) sino también a su más cercana influencia: República Checa,
Hungría y Polonia.
La reacción de la Opinión Pública Europea
Están comenzando a conocerse encuestas donde se refleja el sentir del
pueblo de esos países. En Alemania, por
ejemplo, el 46% de la gente se opone a las políticas de Bruselas y Bonn
con respecto a Ucrania y Rusia; porque le están viendo las orejas al lobo. Los
sindicatos consideran que se pueden perder 21.000 puestos de trabajo y eso
erosionaría de manera considerable al gobierno de coalición, que mantienen cristianodemócratas y socialdemócratas puesto que
éstos se verían muy presionados por
los sindicatos, que fueron su gran apoyo en las pasadas elecciones. Pero no
es sólo esta cantidad la que asusta. Economistas críticos elevan esa
cifra de posible pérdida de trabajo a los 400.000 parados, porque este es el
guarismo de personas que trabajan en
empresas amarradas con el comercio con Rusia en general, no sólo agrícola
y ganadero.
Esta es una de las razones por las que Alemania, junto a Francia, está
intentando -casi con desesperación- algún
tipo de acuerdo entre Rusia y Ucrania que le permita salvar la cara a la UE por su apoyo al régimen
neofascista de Kiev. Francia ve cómo también desciende su producción industrial,
aumenta el paro, el PIB está en números muy cercanos a la recesión y se ve envuelta en
una costosa campaña colonial-militar en África, y el Medio Oriente, en su infortunado
prurito sigüi de las políticas interven toras de Washington, pese a
que uno de sus principales bancos fue sancionado por comerciar con Cuba e Irán, y su industria militar
es amenazada constantemente por los acuerdos con Rusia.
Una consecuencia más grave: la divisa
Hay otra consecuencia letal para la UE, y a largo plazo para EU como
consecuencia de las sanciones a Rusia: muchos
países están “reconsiderando” la preponderancia del dólar en las relaciones económicas y Rusia
está dando los pasos necesarios para que, al menos, haya otras monedas o una canasta
de éstas. Sin duda, este contexto preocupa, y mucho, a la Reserva Federal (EU).
Joseph Quinlan, director estratégico del Banco de América, ha dicho que “este
molesto giro de las relaciones entre Rusia y Occidente por culpa de las sanciones puede ser
el catalizador del comienzo de un mundo multidivisa”.
Aunque el efecto de las sanciones no pudiese apreciarse pronto, (y ya se
ha visto que sí con el ejemplo alemán), no sería aventurado decir que este es el
paso más importante que se ha dado hacia la
desaparición del dólar como moneda de reserva del mundo. La UE más
temprano que tarde se dará cuenta de que no puede seguir subvencionando las
enormes deudas del gobierno de EEUU sólo para recibir palos y más palos, como
las sanciones contra los bancos franceses, por ejemplo. Porque otra de las
medidas que Rusia está poniendo en marcha es la diversificación de su
intercambio comercial fuera del euro y del dólar.
Una de las formas en que Rusia lo está haciendo es admitiendo la compra y
venta de productos y mercancías en las monedas de los países con que comercia.
Es el caso de China, donde cada vez, en mayor medida, las transacciones son en
rublos y yuanes. Lo mismo ocurre con los otros países del BRICS. Otra, la compra
de oro. Resulta que tres de los países BRICS (China, Rusia y Sudáfrica) producen
casi el 40% del oro del mundo, así que quienes han dudado de que la puesta en
marcha del Banco de Desarrollo BRICS sirva para algo, deberían reconsideran su postura. No
hay que mirar sólo a lo inmediato, sino a largo plazo.
La organización económico-militar de Asia con Rusia
La
Organización de Shanghái (OCS), por otro lado, es un desafío al liderazgo tanto
de EU, como de la UE en una región donde las superpotencias occidentales tienen
cada vez menos influencia. La organización
orbita en torno a China, y en la cohesión de la alianza Rusia-China con
su vertiente geopolítica y geoenergética (que incluye el ya iniciado gasoducto
para proveer gas ruso a Pekín). Esta alianza Moscú-Pekín es consecuencia del
acoso a Rusia por parte de EU-UE (OTAN) y motivo de honda preocupación en EU,
según lo reseñan algunos medios como el Washington Post.
Pero la
reciente visita de Xi Jinping a la India supone un paso decisivo en el diseño de
un nuevo orden global. Los doce acuerdos firmados en Ahmedabad, entre Modi y Xi, que abarcan desde las inversiones y el
comercio hasta la cooperación nuclear, forman parte del proceso histórico
de revitalidad nacional, de ambas naciones.
La
política exterior de la Casa Blanca ha demostrado en los últimos 20 años que
es
errática, mientras la de Rusia, China, y en general sus competidores tiene una
pers pectiva definida. La Unión europea mientras no se despegue de
los dictados de EU continuará dando topetazos en todas las empresas planificadas
por su gran socio.
(*) Fuente: Blog de Hugo
Fonseca