Cuando
joven, fue compañero del mítico guerrillero mexicano Lucio Cabañas en
la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, la misma a la que
pertenecen los 43 estudiantes desaparecidos, es por ello que, movido por
la indignación, Vicente Estrada Vega, un maestro cesado por participar
en movilizaciones sociales ha vuelto a la comunidad guerrerense ayudar a
los normalistas.
“Yo
me forme aquí, aquí están mis raíces y eso nunca se olvida. Vuelvo por
mis raíces pero además vuelvo porque acaba de pasar una desagracia muy
grande. Es algo que realmente todavía no lo asimilamos”, asevera el
egresado de la normal de Ayotzinapa, quien coincidió con Cabañas en su
época de estudiante y más tarde en el “movimiento de la sierra”.
Este
maestro normal, conoció al guerrillero campesino en el ocaso de la
década de los 50, cuando Lucio estaba por terminar la carrera
magisterial y él apenas cursaba el segundo año.“Yo estuve en 1957-1958.
Soy de la región en cuanto a mi formación académica porque yo estudié en
un internado aquí en Tixla. Estuve cinco años. Puro niño pobre, pobre,
pobre. Y de ahí me pasé a la Normal porque era la continuidad”, recuerda
desde Guerrero, su estado natal.
“Ya
visitábamos (la escuela) desde que éramos alumnos de primaria. Nuestros
hermanos mayores de la Normal incluso nos orientaban y capacitaban para
que esa edad empezáramos a dar la lucha”, explica Estrada Vega, quien
incluso estuvo preso por su labor social.
“En
ese entonces nosotros no sabíamos hasta dónde íbamos a llegar. Nosotros
teníamos una relación propia por nuestro origen. Él era de origen
campesino y cuando llegó aquí ya había sido peón. Y yo venía más bien de
un medio un poquito más urbano aunque soy de origen campesino. Pero yo
ya había sido obrero”, rememora el maestro normalista, respecto a su
vida junto a quien fuera líder del llamado Partido de los Pobres.
En
vida, Cabañas comandó una guerrilla que buscaba entre otras cosas
finiquitar la opresión a los campesinos y terminar con la pobreza que
desde siempre han sufrido, es por ello que en la normal de Ayotzinapa es
un ejemplo a seguir, y se demuestra con los murales que de él existen.
En 1974, tras orquestar el secuestro del candidato a gobernador
guerrerense Rubén Figueroa, el gobierno priísta inició una cacería en su
contra que acabó con su vida en mayo de ese año.
“Siempre
nos vimos como una familia, como hermanos o más que hermanos, como
compañeros. Para mí ese principio fue muy bonito porque en aquel tiempo,
cuando andábamos en la sierra, Lucio presumía y me decía: a mí el que
me invitó a la lucha fue él. Y si es cierto porque yo estaba en segundo
año de secundaria y él llegó a sexto año. Y yo le dije tú que eres el
más grande aquí, organiza al grupo porque vamos a tener una asamblea y
la vamos a ganar”, abunda Vicente en torno a su camaradería con Cabañas.
Y
continúa: “Nuestra relación fue un sueño. A pesar de que se arriesga la
vida -él ya murió- pero es una vida ejemplar. No nos arrepentimos de
haber vívido lo que nos tocó vivir. Creo que cumplimos con lo que
debimos de haber cumplido desde entonces”.
Sobre
el legado que Cabañas dejó, Vicente es claro y pone como ejemplo la
Normal de Ayotzinapa. Son jóvenes que nunca dejan de luchar. Después ya
cuando terminan, medio que los pervierte el sistema desgraciadamente.
Pero mientras son jóvenes son una chulada. Son un ejemplo para muchos de
nosotros incluso. Como todavía no tienen esas inhibiciones que dan los
compromisos mayores como la familia, son sueltos y es una pena que no
los sepan aquilatar y que tengamos tan malos gobierno en todo el país”,
sentencia.
En
ese mismo sentido, afirma que no sólo es el Presidente, es el
presidente municipal, es el gobernador, los diputados, la clase
política”, y se cuestiona, “¿Cómo es posible que un partido de izquierda
como el PRD que se decía de izquierda esté defendiendo a los
delincuentes?”.
“Yo
no sé por qué el gobierno llegó a este grado. Tal vez mucha gente no
entienda lo que pasó, pero el gobierno es el que ha permitido que la
delincuencia organizada -que es parte del gobierno- acabe con los
movimientos de los jóvenes, de los adultos y de todo tipo. Ellos quieren
es un país para ellos nada más. Y nosotros queremos un país para
nosotros”, afirma sin reparo Vicente.
Cuestionado
sobre si la violencia represora en la entidad es contra los
estudiantes, Vicente no duda en afirmarlo, pues el ejemplo más claro es
la ejecución y desaparición de los normalistas. “Fue la policía la que
agarró a los estudiantes para dárselos a los sicarios para que los
mataran. ¿Cómo no va a haber represión? Aquí cualquier político con
tantito poder se adjudica el derecho de reprimir a la gente”, sostiene,
para luego mencionar que las agresiones no son únicamente contra
estudiantes.
“No
es un caso aislado. ¿Quiere que le mencione los chorros de sangre que
han corrido por el estado? ¿Quiere que le diga de Aguas Blancas? Acaba
de pasar, en el tiempo para nosotros de vida haga de cuenta de que son
instantes aunque hayan pasado años. Están frescos todavía los muertos.
Todavía no llegan a ser cadáveres, todavía están enteros”, manifiesta
con clara indignación, en referencia a la masacre de 17 campesinos en el
estado durante 1998.
“Es
una represión sorda. Es una guerra del gobierno contra los movimientos
de baja intensidad cuando lo único que nosotros estamos poniendo son los
muertos. Por eso es tan difícil la situación. ¿Cómo que no van a tener
responsabilidad los jefes políticos del país cuando ellos son los que
permiten que estas cosas se den?”, arguye.
De
la misma forma que lo hicieron decenas de voluntarios, Estrada Vega
volvió –ahora en representación de docentes jubilados— con la única
intención de apoyar a las familias de las víctimas. “Trajimos frijol y
algunos recursos. Un grupo de maestros jubilados en una reunión juntaron
todo lo que pudieron y se les trajo. Y era urgente traerlo. No quisimos
esperar para mañana, para pasado. Había que traérselos pronto porque
los muchachos están en un momento en que necesitan mucho apoyo”, detalla
sobre sus acciones de solidaridad.
Por
último, y casi de manera retórica, Vicente reflexiona sobre el impacto
causado por la desaparición forzada de los estudiantes normalistas, y
sentencia: Hoy Ayotzinapa es el corazón de México y amenaza con ser el
corazón del mundo”.