El amor y el interés se fueron al campo un día...
El icónico representante del Country Club venezolano, Leopoldo
López, tiene en su prontuario huidas, abandonos, expulsiones, rasguños y
continuas separaciones con su homólogo de clase Capriles Radonski.
Crónica de una luna de miel atropellada y de un probable final infeliz.
En este momento ni se hablan, muérete.
Noviembre 11 de 2014, 11:28 am
Primero en dibujito:
Desentrañando el desencuentro de los amis en el tiempo
En febrero del año 2007 Leopoldo López abandona la
tolda amarilla por estar "en desacuerdo con la forma como se hacían las
elecciones de dirigentes a lo interno". Previo cuadre con la gente de Un
Nuevo Tiempo se autoexilió del partido (que él mismo fundó con su mamá y
el dinero de PDVSA) que lo vio nacer, buscando un espacio cónsono con
sus radicales objetivos inconstitucionales y conspiradores con dinero
exógeno.
La luna de miel se venía agrietando desde esta
primera escaramuza. Capriles, por su parte, hizo lo suyo y vivió los
años siguientes con lo que le había quedado del divorcio, buscando su
encarame local/regional para ofrecerle mayor legitimidad a sus viajes,
negocios y participación en conspiraciones posteriores.
Leopoldo optó, en cambio, por la jugada "desde la
base", al mejor estilacho-método "Sociedad Civil": guarimba aliñada con
organización "popular".
La tolda azul le permitió blanquear los billetes
verdes mientras su actividad estuviera en el marco de la línea
partidaria, es decir, mientras no chocara contra la jerarquía instituida
desde que ese esperpento salió de las entrañas putrefactas de Acción
Democrática.
Las recién nacidas "Redes Populares", conatos de la
conspiración, representaban un peligro para los cuadros históricos. La
expulsión no se hizo esperar y Leopoldo aseveró que "en UNT no se
respalda la ascensión de nuevos liderazgos".
En el año 2008, recién salido de UNT y con la
convicción de reavivar las bajas pasiones tristes de la clase media, le
cayó su justa inhabilitación por la originación fraudulenta de Primero
Justicia. La CIDH tres años después trató de presionar al Tribunal
Supremo de Justicia para que se revocara la decisión (ante el candelero
que se avecinaba por las elecciones presidenciales de 2012), pero el
poder judicial venezolano mantuvo la decisión.
Capriles se benefició del Gobierno al que tanto
critica y contento cumplió sus aspiraciones presidenciales manteniéndose
tranquilo, viajando regularmente al norte para completar el billetico
que le faltaba y fortaleciendo su corrupto partido soltándole las
prendas necesarias a la clase media disociada.
La campaña post-decisión judicial también propulsó la
figura de López. Ya con el partido/tarjeta electoral oficializado, con
la victimización favorecida por una férrea campaña internacional desde
ONG y organismos multilaterales (OEA, CIDH, Tribunal Penal
Internacional) y la vocería radical alternativa más que instalada en el
imaginario coyuntural de aquel entonces, hizo que la derrota sufrida en
las primarias fuera cuento secundario: la declinación realizada días
después forzando la mandíbula le auguraba un destino mejor, la jefatura
de la campaña presidencial que enfrentaría al siempre invicto Comandante
Hugo Chávez.
Leopoldo y Capriles tuvieron que meterse su
reaccionario discurso por fuera del radio que golpea el sol.
Reconocieron a Chávez con el tarugo atravesado.
La fractura se profundizaría al momento siguiente en
el que se conocieron resultados a nuestro favor el 14 de abril. Era la
oportunidad para hacer lo que siempre quisieron hacer en las 19
elecciones que ganó el Comandante: deslegitimar y cantar fraude.
Leopoldo, como jefe de campaña, presionó a Capriles
para hacer el llamado a descargar la arrechera, mantener presión en la
calle en el apogeo y forzar el conteo de votos in situ.
Distinta a la posición de Capriles que planteaba cacerolazos y una gran
marcha hacia el CNE días después: igual de reaccionarios los dos, pero
uno más adelantado, desorganizado y calamitoso que el otro.
El primitivo llamado fue el experimento mediático de
"La Salida": la fue preparando, armando, construyéndola a punta de
muerto y sangre como referente civil para salir de la dictadura de
Maduro.
Capriles tuvo que aguantar políticamente el estallido
periquero de López. Esquivó los señalamiento de Maduro y Diosdado con
lo cual Leopoldo comenzaba a quedar relegado como "tira la piedra
esconde la mano".
El 12 de febrero de este año se da un nuevo pico en
el resquebrajamiento de las relaciones diplomáticas del Country Club
caraqueño. López se tira a la calle a buscar el muertico necesario,
lo logra y después se enconcha. Quedó como el cuatriboliado que no
tiene miedo al Gobierno y Capriles como el eterno perdedor de
elecciones.
El termómetro anímico de la clase media ya venía
estallando luego de perder las elecciones contra el presidente Maduro.
Ambos realizan una lectura diferente de la realidad política, eso sí,
ambos con la misma cantidad de estupefacientes en la platabanda craneal.
Capriles sigue siendo gobernador de Miranda,
utilizando el puesto como trinchera de lucha, queja y pataleta para con
el Gobierno Nacional. Leopoldo agarra el mecate por el lado más grueso y
empalma con la disociación facholigárquica: esa que se cansó de que les
"roben las elecciones" y está decidida a montar guayas, prender basura y
hacer campamentos para salir del rrrrégimen.
Las elecciones de alcaldes y concejales en el mes de
diciembre también constituyen otro hito. Leopoldo y Capriles harán
campaña cada uno por su lado. En el marco de la "unidad", se valen las
zancadillas y los tropezones: cada cual favoreciendo a los candidatos
que les conviene para llevar la coñiza, más adelante, a términos
supraestructurales.
Capriles fue el jefe de campaña de la MUD. La derrota
fue abismal y el Radonski quedó como el triperdedor. El partido que
mejor salió beneficiado fue Voluntad Popular de nuestra santidad
mantuana Leopoldo López.
La victoria, en el marco de sus miserias y pugnas
raquíticas, funcionó para que Leopoldo pudiera con cancha electoralista
(sólo ahí le cuadran los resultados que da el CNE) potenciar el discurso
salidero con arreglo al referente del 14A: según Leopoldo esas
elecciones se ganaron, pero Capriles se cagó y no defendió la abultada
victoria escuálida; López repunta en la intoxicación opositora
utilizando las muy planificadas localidades que le invistieran
legitimidad electoral para tirarse a la calle buscando "La Salida" sin
compañía de Capriles.
Capriles se la cobraría con creces. Se deslindó
rápidamente de la violencia (pero no demasiado como para no cobrar la
factura en caso de asestar el carajazo) y diseñó su propia salida:
democrática y mirandina, sin gestión eficiente de soporte político.
López terminó encerrado. La mujer del salidero mayor
le ha reclamado en un centenar de ocasiones la falta de solidaridad con
Leopoldo. Ya encarcelado, Capriles busca acumular el rédito
desestabilizador pero sin éxito.
Hace días el estadistólogo Eugenio Martínez elaboró un estudio de liderazgo a lo interno de la oposición. Según el estudio,
Leopoldo López supera a Capriles por un miserable punto en la encuesta.
El estudio prevé (más allá de la lectura analítica de los números)
potenciar la rivalidad entre los dos caballos blanco-mantuanos de la
oposición.
Uno se encerró pensando que con eso emularía a
Chávez: salió con las tablas en la cabeza, Capriles le cobró las
alcaldías de que sacó Voluntad Popular y utiliza a la Barbie que tiene
por esposa para que le haga el lobby del perseguido. Victimización es
sinónimo de heroísmo en la mediática escuálida.
El otro se la pasa en New York y España tratando de
presentarse como la verdadera víctima que prefirió mantenerse en el
carril democrático. Se vende como aquél que asegura el blanqueo efectivo
del dinero foráneo imperialista: inversión en campañas electorales,
gorras, camisas y calcomanías.
Ninguno llegará a Miraflores.