mar, 16 dic 2014 12:29
Moscú.
Ante la estrepitosa devaluación del rublo, que hace añicos los ahorros
de casi todos los rusos en esta ya poco festiva víspera de fin de año,
muchos se acostaron a dormir este martes en Rusia convencidos de que
mañana les espera un día… peor.
“Estamos en una situación
crítica. Lo que ahora sucede no podíamos imaginarlo ni en la más
terrible pesadilla hace apenas un año”, resumió esta noche el
vicegobernador del Banco Central de Rusia, Serguei Shvetsov.
Nadie sabe hasta dónde seguirá
cayendo la moneda nacional y a qué se debe que hoy hubo un momento de
auténtico pánico en que el tipo de cambio llegó a 80 por dólar y a 100
por euro, estableciéndose la cotización hacia el final del día en 72.4
por dólar y 90.9 por euro, lo que representa una depreciación del rublo
de 60 por ciento respecto a comienzos de año.
Tras el descalabro de ayer
–cuando el rublo sufrió la mayor caída en un día desde 1998 al descender
hasta 63.4 por dólar y 78.8 por euro– en la madrugada de este martes el
Banco Central de Rusia tomó la decisión de subir del 10.5 por ciento al
17 por ciento la tasa de referencia anual, en lo que constituye el
sexto aumento este año desde el 3 de marzo anterior cuando estaba en 5.5
por ciento.
Encarecer el crédito a la banca
comercial pretende evitar que ésta use el dinero del Banco Central para
adquirir divisas, lo cual incrementa su demanda y deprecia la moneda
nacional, según puede leerse en cualquier manual de macroeconomía.
“Tuvimos que elegir entre algo
malo y algo mucho más malo”, intentó justificarse el Banco Central. Su
titular, Elbira Nabiulina, argumentó que la subida del tipo de interés
básico en 6.5 puntos busca evitar la devaluación del rublo y los riesgos
de la inflación. A la vez, advirtió que no traerá beneficios inmediatos
y exhortó a todos a vivir de acuerdo con unas nuevas reglas del juego,
determinadas por un rublo débil.
“La economía rusa tiene que
adaptarse a las nuevas condiciones, asumir que nos encontramos en la
zona del rublo y que éste debe ser la fuente principal de
financiamiento”, remarcó Nabiulina.
La medida tuvo un efecto positivo
y el rublo registró una leve mejoría, pero muy pronto se frenó la
recuperación y la moneda nacional marcó nuevos mínimos conforme se
expandían los rumores de que el gobierno podría aprobar algún tipo de
control de capitales.
No todos culpan del colapso del
rublo a los precios del petróleo y las sanciones económicas contra
Rusia, las causas que más se mencionan. También corrieron este martes
especulaciones que atribuían a la petrolera Rosneft parte de la
responsabilidad por el desplome de la moneda nacional.
Se llegó a dar por hecho que
Rosneft se beneficiaría de una multimillonaria conversión a dólares para
afrontar sus compromisos internacionales, lo cual desmintió hoy de
manera categórica su presidente, Igor Sechin, al calificar la especie de
una “provocación”.
Aunque no fuera cierto, la
desconfianza de otros participantes del mercado financiero hacia las
autoridades hizo que éstos se anticiparan a comprar el billete verde,
generando escasez y el consiguiente efecto negativo en el tipo de
cambio, opinó Natalia Orlova, analista en jefe de Alfa-Bank.
Para el vicepresidente del Comité
de Política Económica de la Duma, el diputado de Rusia Justa, Mijail
Emelianov, esta subida de la tasa de referencia hasta 17 por ciento “es
una locura”, que en el corto plazo puede detener la caída del rublo
ciertamente, aunque al impagable precio de condenar la economía a la
recesión.
Si el precio del petróleo se
estabiliza por debajo de 60 dólares por barril (el viernes pasado ya se
vendió a 58 dólares, informó la OPEP) –mientras el Banco Central de
Rusia sostiene que Rusia resistiría los próximos tres años con un precio
en torno a los 80 dólares–, la economía de este país sufriría una
contracción de 4.7 por ciento.
Los noticiarios de la televisión
estatal enviaron esta noche el mensaje tranquilizador de que un rublo
débil en realidad es bueno para la economía, ya que debe estimular la
producción nacional y alentar las exportaciones al volverlas más
baratas.
Lo malo es que la gente, curada
de espanto por crisis anteriores, no cree ese tipo de mensajes y mañana,
desde temprana hora, se lanzará a las tiendas para intentar salvar los
pocos rublos que le quedan.