Por: Equipo Editorial Resistencia. FARC EP. 10 Diciembre 2014
Los dos soldados profesionales integrantes de la Fuerza de Tarea Quirón liberados por las FARC-EP en Arauca, así como el general Alzate, Comandante de la Fuerza de Tarea Titán, liberado en el Chocó junto con sus acompañantes, no sólo armaron un ruido tremendo con los hechos que dieron lugar a su detención por la guerrilla, sino que una vez de regreso a los cuarteles siguieron sacudiendo el panorama político con sus declaraciones.
Los dos soldados profesionales integrantes de la Fuerza de Tarea Quirón liberados por las FARC-EP en Arauca, así como el general Alzate, Comandante de la Fuerza de Tarea Titán, liberado en el Chocó junto con sus acompañantes, no sólo armaron un ruido tremendo con los hechos que dieron lugar a su detención por la guerrilla, sino que una vez de regreso a los cuarteles siguieron sacudiendo el panorama político con sus declaraciones.
Primera parte: Los soldados
La ira expresada por el señor de La Calle en el aeropuerto de Catam, cuando se refirió a la supuesta violación del acuerdo humanitario especial por parte de las FARC-EP, materializada según él en la publicación de las fotografías del Comandante Pastor Alape, del Secretariado Nacional de las FARC, al lado de un sonriente general Alzate, no corresponde al significado de grandeza y humanidad que trasluce el hecho.
Como siempre, la gente de las alturas, indiferente en su Olimpo a la suerte de los millones de seres humanos, sus compatriotas además, que viven en el barro sobreviviendo entre innumerables carencias y obligados a callar, se muestra indignada cuando quiera que el infortunio de uno solo de ellos resulta útil para la defensa de sus propios intereses. El gobierno nacional y la gran prensa se enfurecieron porque ante la cámara de una guerrillera, el soldado Johnatan Díaz hubiera afirmado que para el Presidente Santos los soldados no valían nada, porque si no hubieran agarrado al general, ellos hubieran seguido allá sin que se hiciera nada por sus liberaciones. Y porque ante la misma cámara el soldado Paulo Cesar Rivera hubiera apoyado un cese bilateral de fuegos si de veras se quería conseguir algo con el proceso de paz.
Declaraciones que la inmensa mayoría de colombianos del común reconoce como ciertas y valederas. Después de todo, decenas de militares y policías permanecieron durante años en cautiverio porque la oligarquía de este país se negó a dialogar sobre su suerte. Y lo del cese el fuego bilateral lo viene reclamando mucha gente en este país desde tiempo atrás.
Lo absolutamente ofensivo para el régimen era que lo dijeran dos héroes de la patria, dos de los súper hombres que integran su Ejército. Imposible, no podía ser. Cosas así sólo serían capaces de asegurarlas personas con una arma apuntándoles en la sien. Así que se sobrevino la avalancha mediática y de acciones oficiales para probarlo. Generales afirmando de todo. Que los soldados juran que fueron obligados a decirlo, que cómo no lo iban a hacer si acababan de ser testigos de la maldad de los guerrilleros que remataban a sus compañeros heridos. Si no lo hacían, los siguientes habrían sido ellos. En fin, algo completamente cierto fue transformado en atrocidad infame.
Cabe pensar en el par de soldados voluntarios. Por lo conversado aquí con los guerrilleros, tal y como también lo confesaría con algo de vergüenza el cabo Rodríguez Contreras que escoltaba por casualidad al general Alzate el día de su detención, la única razón que mueve a ingresar al Ejército es la posibilidad de un trabajo fijo, con sueldo y garantías permanentes, con los cuales se pueda sobrevivir y mantener una familia. Una vez allí lo más importante es mantenerse en el puesto, sin importar las humillaciones y dificultades por las que haya que pasar, mucho menos lo que toque hacer. Seguros de que si los echan del Ejército no van a encontrar otro trabajo, en este país en donde no hay de qué vivir, prefieren soportarlo todo calladamente.
Los soldados Díaz y Rivera, por primera vez en sus vidas, paradójicamente, fueron completamente libres en manos de los guerrilleros de las FARC. Por una ocasión feliz y quizás única tuvieron la oportunidad de compartir sus días y noches con otros muchachos y otras muchachas de origen muy parecido al suyo, hablando con toda franqueza, escuchándoles sus puntos de vista y pudiendo expresar sus pensamientos, sin temor a ninguna reprimenda, castigo, sanción o destitución. En el Ejército jamás se puede expresar lo que se piensa, sólo se obedece a ciegas.
Es por eso que al llegar para su liberación la delegación de la Cruz Roja, los países garantes, los comisionados por las FARC y el gobierno, se encontraron a unos muchachos joviales, alegres y agradecidos por el excelente trato recibido por la guerrilla. Más de una vez lo dijeron, nunca nos sentimos prisioneros, fuimos tratados como invitados, para nosotros ha sido una vacación, unos días inolvidables de descanso. Por eso se les propuso grabar una declaración, libre, de su plena voluntad, ante una cámara nuestra, para ser luego reproducida en algún medio nuestro o imparcial. Animosos y buen grado, aceptaron hacerlo y lo hicieron en plena libertad.
Uno de ellos conservaba las huellas de una herida en una pierna, como secuela del combate en que fueron capturados, pero el resultado del examen médico fue satisfactorio, la herida había sido cuidada y curada con esmero, ya no tendría problemas por ella. Fueron guerrilleros de las FARC quienes acompañaron y atendieron a Díaz y Rivera hasta su liberación. ¿Por qué tomarse esos trabajos, incluso de sanar sus heridas, si estaban rematando a los sobrevivientes, como dicen que afirmaron después los soldados liberados? Ellos mismos, su buen estado de salud física y mental, son la mejor prueba de la falsedad de los infundios divulgados.
Es que otra cosa es volver a la Brigada, a escuchar los berrinches de sus superiores, de suboficiales, oficiales y autoridades civiles, reprochándoles por haberse atrevido a decir lo que dijeron. Otra cosa es la expulsión inminente del Ejército si no se retractan de su dicho. Otra cosa son las amenazas a sus vidas e integridad si no salen de inmediato a declarar que fueron forzados. Son las cosas que jamás verán ni el señor De La Calle ni el señor Defensor del Pueblo. Lo único que vale es volver trizas las FARC. Expulsados como perros del Ejército, o sometidos en él a las más duras afrentas, o muertos quizás cualquier día en un combate por un fortuito accidente, nadie reclamará por ellos, a ningún general ni funcionario le importarán. Sólo se les concedió importancia y figuración el día que fueron útiles para su propaganda. Dios los guarde y proteja.
Montañas de Colombia, 6 de diciembre de 2014.