¿Qué fue
lo que no funcionó?
Principalmente:
no conseguimos apresar a Carlos Andrés Pérez. Y todo
estaba calculado en torno a ese objetivo. Segundo: el Ministerio de la
Defensa
y el Alto Mando supieron, por la traición de uno de los nuestros, como
le dije,
que una sublevación era inminente, y habían tomado precauciones
extremas. Tercero:
hubo fallas constantes en la comunicación entre nosotros; yo mismo que
debía coordinar
el conjunto del alzamiento no disponía, como ya le dije, de los equipos
técnicos
indispensables; y algunos miembros de nuestro movimiento, en ciudades
del
interior, tuvieron un comportamiento indeciso o no pudieron hacerse con
el
control de sus cuarteles. Cuarto: en esas condiciones, los oficiales
nuestros
de la Fuerza Aérea consideraron demasiado peligroso hacer volar sus
aviones. Quinto:
los grupos civiles cuya misión era ayudarnos a tomar, en Caracas, el
control de
las emisoras de radio y televisión, no aparecieron…
En cambio
apareció en la televisión, a las cuatro de la madrugada, el Presidente
Pérez dirigiéndose
al país- Eso le dio un vuelco a la situación ¿no?
Indiscutiblemente. Esas imágenes de
Carlos Andrés, difundidas cada cinco minutos, hicieron que los
oficiales dudasen
de sumarse a la rebelión, se paralizaron o tomaran partido a favor del
Gobierno.
¿En
qué momento entendió usted que todo estaba perdido?
En
ese instante. Aunque, en varios lugares, los combates proseguían.
Algunos
historiadores le reprochan haberse quedado inactivo en el Museo Militar
y no
haber ayudado a la toma del Palacio de Miraflores.
Si, se ha dicho mucho. Mis adversarios se han cebado con ese tema. La realidad es que la toma de Miraflores nunca fue misión mía; lo mío era, ya le dije, comandar y coordinar todo el alzamiento en Caracas y en el conjunto del país. Lo teníamos perfectamente planeado, hasta el mínimo detalle. Pero la delación del capitán Rene Giman trastorno nuestros planes. A partir del 3 de febrero, el Alto Mando empezó a desarmar a muchos batallones dispuestos a alzarse, les quitaron los fusiles a los soldados, desmontaron las baterías los vehículos, retiraron los radios de los tanques, confiscaron las municiones... La Policía Militar estaba en todas partes. De este modo, por ejemplo, el Batallón Blindado Ayala, decisivo porque, con el apoyo de tropas de infantería, debía tomar Miraflores, queda desprovisto de radio y munición. A pesar de eso, un grupo de oficiales nuestros, en una acción de audacia suicida, se apodera de él y atacan Miraflores aunque están incomunicados y sin proyectiles. Les es imposible coordinarse entre ellos, ni con el comando central mío, ni con mis paracaidistas enviados a las cercanías del Palacio... Esa traición de Giman fue decisiva en Caracas; de no ser por ella, nuestro plan hubiera funcionado, estoy seguro.
¿Cuantas victimas hubo?
se calcula que unos 35 muertos, militares, policías y civiles...
Al deponer usted las armas, ¿se termina la rebelión?
No. Porque al no disponer de equipos de transmisión, como le dije, no pude informar personalmente a todos los nuestros… Me llevaron preso al Fuerte Tiuna. Ahí me entere de que los combates seguían en Maracay, Valencia, Caracas, y que el generalato se disponía a ordenar el bombardeo de las posiciones nuestras… Proteste y le reproche a Ochoa Antich que van a cometer una masacre inútil. Me propuse negociar directamente la rendición de mis compañeros… Urdaneta había cortado sus líneas telefónicas, dispuesto a morir allí con su batallón… No podía hablar con él…
Si, se ha dicho mucho. Mis adversarios se han cebado con ese tema. La realidad es que la toma de Miraflores nunca fue misión mía; lo mío era, ya le dije, comandar y coordinar todo el alzamiento en Caracas y en el conjunto del país. Lo teníamos perfectamente planeado, hasta el mínimo detalle. Pero la delación del capitán Rene Giman trastorno nuestros planes. A partir del 3 de febrero, el Alto Mando empezó a desarmar a muchos batallones dispuestos a alzarse, les quitaron los fusiles a los soldados, desmontaron las baterías los vehículos, retiraron los radios de los tanques, confiscaron las municiones... La Policía Militar estaba en todas partes. De este modo, por ejemplo, el Batallón Blindado Ayala, decisivo porque, con el apoyo de tropas de infantería, debía tomar Miraflores, queda desprovisto de radio y munición. A pesar de eso, un grupo de oficiales nuestros, en una acción de audacia suicida, se apodera de él y atacan Miraflores aunque están incomunicados y sin proyectiles. Les es imposible coordinarse entre ellos, ni con el comando central mío, ni con mis paracaidistas enviados a las cercanías del Palacio... Esa traición de Giman fue decisiva en Caracas; de no ser por ella, nuestro plan hubiera funcionado, estoy seguro.
¿Cuantas victimas hubo?
se calcula que unos 35 muertos, militares, policías y civiles...
Al deponer usted las armas, ¿se termina la rebelión?
No. Porque al no disponer de equipos de transmisión, como le dije, no pude informar personalmente a todos los nuestros… Me llevaron preso al Fuerte Tiuna. Ahí me entere de que los combates seguían en Maracay, Valencia, Caracas, y que el generalato se disponía a ordenar el bombardeo de las posiciones nuestras… Proteste y le reproche a Ochoa Antich que van a cometer una masacre inútil. Me propuse negociar directamente la rendición de mis compañeros… Urdaneta había cortado sus líneas telefónicas, dispuesto a morir allí con su batallón… No podía hablar con él…
A usted, el gran público
no lo conocía
¿verdad?
No,
claro,
para nada.
El pueblo venezolano lo
conoce cuando
interviene ese día en la televisión ¿no?
Correcto.
Preso en el Fuerte Tiuna.
Si,
allí estaba…
el gobierno había decidido bombardear la Brigada de Tanques de Valencia
con los
F-16. También bombardear en Maracay el comando de los paracaidistas.
Entonces me
enfrente al grupo de generales y les dije: “permítanme rendir a mi
gente. ¿Cómo
van a bombardearlos ahora, si ya estamos rendidos? Y me respondieron:
“¡Pero es
que ellos no se rinden!”
¿Estaban esperando órdenes?
Claro,
y de allí
surge la idea de que yo les hable. Obviamente no por teléfono, los
comandantes
no estaban al lado de alguno. Por ejemplo, en Valencia estaban con los
tanques
en la calle. Un grupo de estudiantes de la Universidad de Carabobo se
fueron al
cuartel, los oficiales les dieron armas y todos estaban en la calle.
Tomaron un
comando de la policía, algunos barrios se alzaron, murieron varios
estudiantes,
o sea la rebelión no estaba apagada e incluso amenazaba con extenderse
a los
sectores populares. Diversos grupos anárquicos empezaron a sumarse… Lo
cual me
preocupaba mucho, porque ya había habido muertos, y aquello hubiera
podido
terminar en una masacre del pueblo…
¿Por eso da la orden de
rendición?
Si,
de allí surge
la idea de que yo les hable a nuestros muchachos…
Algunas de sus palabras
sonaron como
una promesa, en particular el célebre: “por ahora”…
Si,
se creó
una esperanza en el pueblo. Inconscientemente, significaba que
volveríamos…
¿Cuándo se dio usted
cuenta de que esa
intervención suya le había convertido en una personalidad popular?
Al
cabo de
muy poco tiempo. La primera señal que nos llegó del pueblo fue en
carnavales, o
sea pocos días después. El disfraz de carnaval más popular fue el de
“Chavito”.
Los niños se disfrazaron con uniformito, boina roja y fusil de juguete…
Estaba
en la cárcel… Incluso hubo mujeres que se disfrazaron de “Chávez”…
…Una
solidaridad
indescriptible. El instinto del pueblo… La repuesta del pueblo.
Fuente: Hugo Chávez, Mi
Primera Vida.
Conversaciones con Ignacio Ramonet- Pág. 537-545.