Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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28 de marzo de 2015

Hugo Chávez: Mi primera vida por Ignacio Ramonet (fragmentos)



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¿Qué fue lo que no funcionó?
Principalmente: no conseguimos apresar a Carlos Andrés Pérez. Y todo estaba calculado en torno a ese objetivo. Segundo: el Ministerio de la Defensa y el Alto Mando supieron, por la traición de uno de los nuestros, como le dije, que una sublevación era inminente, y habían tomado precauciones extremas. Tercero: hubo fallas constantes en la comunicación entre nosotros; yo mismo que debía coordinar el conjunto del alzamiento no disponía, como ya le dije, de los equipos técnicos indispensables; y algunos miembros de nuestro movimiento, en ciudades del interior, tuvieron un comportamiento indeciso o no pudieron hacerse con el control de sus cuarteles. Cuarto: en esas condiciones, los oficiales nuestros de la Fuerza Aérea consideraron demasiado peligroso hacer volar sus aviones. Quinto: los grupos civiles cuya misión era ayudarnos a tomar, en Caracas, el control de las emisoras de radio y televisión, no aparecieron…

En cambio apareció en la televisión, a las cuatro de la madrugada, el Presidente Pérez dirigiéndose al país- Eso le dio un vuelco a la situación ¿no?
 Indiscutiblemente. Esas imágenes de Carlos Andrés, difundidas cada cinco minutos, hicieron que los oficiales dudasen de sumarse a la rebelión, se paralizaron o tomaran partido a favor del Gobierno.
¿En qué momento entendió usted que todo estaba perdido?
En ese instante. Aunque, en varios lugares, los combates proseguían.

Algunos historiadores le reprochan haberse quedado inactivo en el Museo Militar y no haber ayudado a la toma del Palacio de Miraflores.
Si, se ha dicho mucho. Mis adversarios se han cebado con ese tema. La realidad es que la toma de Miraflores nunca fue misión mía; lo mío era, ya le dije, comandar y coordinar todo el alzamiento en Caracas y en el conjunto del país. Lo teníamos perfectamente planeado, hasta el mínimo detalle. Pero la delación del capitán Rene Giman trastorno nuestros planes. A partir del 3 de febrero, el Alto Mando empezó a desarmar a muchos batallones dispuestos a alzarse, les quitaron los fusiles a los soldados, desmontaron las baterías los vehículos, retiraron los radios de los tanques, confiscaron las municiones... La Policía Militar estaba en todas partes. De este modo, por ejemplo, el Batallón Blindado Ayala, decisivo porque, con el apoyo de tropas de infantería, debía tomar Miraflores, queda desprovisto de radio y munición. A pesar de eso, un grupo de oficiales nuestros, en una acción de audacia suicida, se apodera de él y atacan Miraflores aunque están incomunicados y sin proyectiles. Les es imposible coordinarse entre ellos, ni con el comando central mío, ni con mis paracaidistas enviados a las cercanías del Palacio... Esa traición de Giman fue decisiva en Caracas; de no ser por ella, nuestro plan hubiera funcionado, estoy seguro.

¿Cuantas victimas hubo?
se calcula que unos 35 muertos, militares, policías y civiles...

Al deponer usted las armas, ¿se termina la rebelión?
No. Porque al no disponer de equipos de transmisión, como le dije, no pude informar personalmente a todos los nuestros… Me llevaron preso al Fuerte Tiuna. Ahí me entere de que los combates seguían en Maracay, Valencia, Caracas, y que el generalato se disponía a ordenar el bombardeo de las posiciones nuestras… Proteste y le reproche a Ochoa Antich que van a cometer una masacre inútil. Me propuse negociar directamente la rendición de mis compañeros… Urdaneta había cortado sus líneas telefónicas, dispuesto a morir allí con su batallón… No podía hablar con él…
A usted, el gran público no lo conocía ¿verdad?
No, claro, para nada.
El pueblo venezolano lo conoce cuando interviene ese día en la televisión ¿no?
Correcto.
Preso en el Fuerte Tiuna.
Si, allí estaba… el gobierno había decidido bombardear la Brigada de Tanques de Valencia con los F-16. También bombardear en Maracay el comando de los paracaidistas. Entonces me enfrente al grupo de generales y les dije: “permítanme rendir a mi gente. ¿Cómo van a bombardearlos ahora, si ya estamos rendidos? Y me respondieron: “¡Pero es que ellos no se rinden!”
¿Estaban esperando órdenes?
Claro, y de allí surge la idea de que yo les hable. Obviamente no por teléfono, los comandantes no estaban al lado de alguno. Por ejemplo, en Valencia estaban con los tanques en la calle. Un grupo de estudiantes de la Universidad de Carabobo se fueron al cuartel, los oficiales les dieron armas y todos estaban en la calle. Tomaron un comando de la policía, algunos barrios se alzaron, murieron varios estudiantes, o sea la rebelión no estaba apagada e incluso amenazaba con extenderse a los sectores populares. Diversos grupos anárquicos empezaron a sumarse… Lo cual me preocupaba mucho, porque ya había habido muertos, y aquello hubiera podido terminar en una masacre del pueblo…
¿Por eso da la orden de rendición?
Si, de allí surge la idea de que yo les hable a nuestros muchachos…
Algunas de sus palabras sonaron como una promesa, en particular el célebre: “por ahora”…
Si, se creó una esperanza en el pueblo. Inconscientemente, significaba que volveríamos…
¿Cuándo se dio usted cuenta de que esa intervención suya le había convertido en una personalidad popular?
Al cabo de muy poco tiempo. La primera señal que nos llegó del pueblo fue en carnavales, o sea pocos días después. El disfraz de carnaval más popular fue el de “Chavito”. Los niños se disfrazaron con uniformito, boina roja y fusil de juguete… Estaba en la cárcel… Incluso hubo mujeres que se disfrazaron de “Chávez”…
…Una solidaridad indescriptible. El instinto del pueblo… La repuesta del pueblo.
Fuente: Hugo Chávez, Mi Primera Vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet- Pág. 537-545.