Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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31 de marzo de 2015

Hugo Chávez, Mi Primera Vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet- Pág. 588-640.

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¿Qué es socialismo para usted?
Rómulo Gallegos escribió: “La Llanura venezolana es toda horizontes como la esperanza, toda caminos como la voluntad”. Para mí, todo un horizonte, todo un camino como nuestra voluntad, como nuestro empeño. Una invención nuestra, patriótica, venezolana. Sin dogmas, ni copias foráneas. No soy Lenin, Marx, ni Mariátegui. Simón Bolívar exhibe una serie de pensamientos pre socialista; Simón Rodríguez en Luces y virtudes sociales, critica al capitalismo, al especulador. José Ignacio Abreu e Lima, brasileño, y el mismo Cristo, son revolucionarios socialistas.
¿Y la corrupción?
Siempre la ha habido, incluso desde la colonia. En el gobierno de la oligarquía, la corrupción salpicaba por todas partes pero la prensa no la destapaba, incluso la escondía. Hoy en cambio, la misma prensa la busca con lupa, la inventa, la simula. Es mal intencionada, no es objetiva. La mayoría de las veces no exhibe pruebas.
Pero la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) declara que “Venezuela es el segundo país más corrupto de América Latina”…
Raro que no la señalara como la “primera”… [ríe]. Aquí en Miraflores había un patio llamado “suite japonesa”, era famosa. Allí se celebraba todo tipo de negocios, fiestas, mucho whisky y mujeres. Era Sodoma y Gomorra pues. Me consta, estuve trabajando aquí en Palacio, me metía por todos lados, oía… Le puedo asegurar que la corrupción llegaba a lo más alto del Estado. Actualmente la hay, ahí está el caso Baduel, condenado a casi 8 años de cárcel por “la apropiación indebida de 30 millones de bolívares y 4 de dólares” durante su gestión como ministro. Y otros varios que se están investigando. Es una prioridad para mantener la credibilidad del proyecto.
¿Sabía de la rebelión del 27 de noviembre?
Era inevitable una vez que el insensato gobierno se negó a hacer las reformas necesarias. Y no solo el gobierno, porque detrás estaba los Estados Unidos. Aquí mandaba el embajador gringo sobre el presidente y su misión militar sobre nuestros Altos Mandos militares. Por otro lado, la rancia oligarquía no quería cambios por supuesto, porque esa oligarquía pitiyanqui manejaba las reservas internacionales, Banco Central, Bancos del Estado, las grandes compras de armas, las importaciones… Carlos Andrés ni quería, ni podía hacer cambios, estaba amarrado por el FMI, Banco Mundial, patronal venezolana… Se negaban a renunciar a las privatizaciones, a la congelación de salarios, liberación de los precios del combustible, de la energía, de los alimentos, etc. Esa ceguera hizo inevitable la segunda rebelión.
¿Trataron de liberarlo?
Sí. Atacaron a Yare con  morteros, granadas… Una batalla seria. Pero no consiguieron liberarnos. Esta rebelión fue más de la Fuerza Aérea y una o dos pequeñas unidades de la Marina. El Ejercito casi no participo, ni el pueblo como masa, solo unos pequeños grupos políticos. Sus principales líderes eran de rango superior a nosotros, almirantes, generales… ¿Nombres? Almirantes Gruber Odreman y Cabrera, general Visconti Osorio, los oficiales Luis Reyes Reyes y Castro Soteldo, entre otros.
Asumieron aquello desde el punto de vista jerárquico, sin tomar en cuenta la variable política y el imaginario colectivo. No entendieron que nosotros los comandantes no éramos solo tenientes coroneles, éramos una referencia política para el pueblo. Muchos tenientes y capitanes decidieron no participar.
La rebelión del 27-N fracasó, fue delatada el 26 de noviembre. Reyes Reyes en su F-16 escolto hasta Iquitos el Hércules de Visconti, porque Pérez ordeno tumbarlo. Luego se devolvieron y entregaron. Era una rebelión desorganizada constituida por muchos grupos no afines, de derecha moderada y de izquierda, incluso, extremos e infiltrados. Había muchos intereses no patrióticos, incluso algunos querían sacarme del juego político, liquidándome moralmente.
Hubo mucho más muertos que el 4 de febrero. La aviación rebelde lanzo misiles, incluso bombardearon Miraflores. Me culparon del desastre de la rebelión, incluso por algunos compañeros presos en Yare, víctimas de la manipulación de un video viejo que yo había grabado para hacerlo llegar a República Dominicana. El gobierno lo difundió el día del golpe, simulando que yo estaba al frente de este “noviembrazo”. Se decía que yo había ordenado dar un golpe dentro del golpe. El que grabaron los almirantes y generales rebeldes, vestidos de gala, no lo difundieron, sino el mío, ¿Por qué? Porque algunos militares infiltrados por Bandera Roja, para contradecir al Comando de oficiales superiores que dirigía la rebelión no reconocía lo bolivariano de esta. Así que difundieron la mía en vez de la de ellos.  [ríe].
Este grupo tuvo un comportamiento anárquico y criminal. No solo mataron a un vigilante del Canal 8, sino que fusilaron a gente en el aeropuerto de La Carlota… Una actitud de verdad fascista. ¡De todo eso me acusaron! La prensa, la televisión…
¿Cómo reacciono usted?
Ante la magnitud de la duda de algunos de mis buenos compañeros y amigos, me replegué a mi cuartico. Casi ni salía. Me limite a estudiar, a escribir, a meditar con mi único compañero solidario, el mayor Alastre López. Pensé que cuando saliera de aquella cárcel, se aclararían las dudas. Me refugie en los libros… ¿Mi preferido? Así hablo Zaratustra, de Nietzsche, que me envió el general Pérez Arcay. ¿Frase preferida de este libro? “El noble se propone crear cosas nuevas y una virtud nueva. Pero el otro se aferra a lo antiguo y pretende perpetuarlo”.
Tenía bastante material de lectura, pero a partir del 27-Nov se lo llevaron todo. ¡Todo! Hasta los lápices ¡no nos dejaron nada! Y todo a punta de gases lacrimógenos y brutalidad. Nos querían quitar también los uniformes y la boinas rojas, me negué hasta llegar a decir: “va a tener que quitármelos pero después de dispararme. Aquí hay dignidad”. Al final se marcharon sin ellos. Cuando salí de la celda me los puse, el mismo que tenía cuando la rebelión del 4-F.
Carlos Andrés respondió a este último alzamiento multiplicando la represión, lo cual junto con su desastroso programa de gobierno lo hizo muy impopular. Su mismo partido, AD, considero su retiro, y mediante un acuerdo, el Congreso lo acuso de corrupto, y lo obligo a renunciar en junio de 1993. El motivo, uno de sus tantos actos de corrupción: un dinero que le envió a Violeta Chamorro, presidenta de Nicaragua entre 1990 a 1996. Lo condenaron a dos años de cárcel en su casa de habitación.
Cuando tome posesión de la presidencia en enero de 1999, Carlos Andrés estaba en primera fila como senador vitalicio en el Senado del último Congreso que desapareció con la Constituyente. Fue senador un año y candidato a la Constituyente. Como ya no les era útil a las cúpulas políticas y económicas, simplemente lo echaron. Fue una manipulación, “sacrificaron” a Pérez para preservar el sistema. Decían que habían salvado la democracia… Al fiscal general, otro adeco llamado Ramón Escobar Salom, quien era tan “acido”, que Rómulo Betancourt llego a apodarlo: “Tarrito de pupú”, lo presentaron como un “héroe de la democracia” porque había condenado a Pérez… Cuando en verdad fue un acuerdo entre bandidos para preservar la gobernabilidad.
Cuando destituyen a Pérez, enviamos a la prensa un remitido alertando a la población de que solo se trataba de un “pote de humo”, porque los problemas estructurales seguían ahí.
Luego nombran a Ramón J. Velásquez, una figura respetada, como presidente interino que lleva el “barco” a empujoncitos hasta 1993, cuando gana las elecciones Rafael Caldera. Caldera era un muerto político, que resucito el mismo 4-F cuando, con mucha habilidad, hizo un discurso en el Congreso justificando nuestra rebelión. Luego se separó de su partido fundador, COPEI, y se alió al MAS (Movimiento al Socialismo). Algunos de sus dirigentes más emblemáticos fueron nombrados ministros, entre ellos Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez, ex comunistas connotados.
En esas elecciones, algunos líderes de nuestro Movimiento Bolivariano apoyo a Caldera; mis seguidores y yo nos mantuvimos irreductibles; solíamos decir: “Caldera no es la solución”. La abstención en esas elecciones se elevó de 20-25% a 40%. Caldera gano con tan solo el 30% de los votos; la diferencia con los otros candidatos: Fermín, Álvarez Paz y Velásquez, fue mínima, solo un 7% aproximadamente. No consiguió mayoría en el Congreso, su gobierno quedo maniatado y a expensas de componendas.
Caldera gano esas elecciones a expensas nuestras, se montó en nuestra ola y en nuestro discurso. La Causa R intento lo mismo. Ninguno de ellos participo en la rebelión del 4-F, simplemente eran unos aprovechadores. Hasta el 4-F, la imagen de los militares era detestable, después de esta fecha se hizo mítica la figura de los militares que participamos en esa rebelión. Nos convertimos en los “salvadores” del país. “El 4-F”, según un periodista de la Republica Dominicana, “ha producido dos presidentes: Rafael Caldera y usted, Hugo Chávez”. Y creo que no solo estos dos, sino muchos otros presidentes que me sucedan durante mucho tiempo. Porque fue un hecho que abrió portones, nuevos horizontes.
Alguna vez Gaitán dijo: “Más vale una bandera solitaria en la cima que cien en el lodo…”. Una de esas banderas solitarias es Cuba, la cual fue levantada por el socialismo en la cima de la dignidad. Martí lo dijo: “Nos toca ser como una trinchera de defensa, para defender a América Latina del imperio norteamericano.”
¿Finalmente, usted sale de la cárcel el 26 de marzo de 1994?
Sí. Rafael Caldera reconoció su deuda política con nosotros y, al inicio de su mandato, enero de 1994, dio instrucciones para que los militares involucrados en las dos rebeliones de 1992 fuéramos liberados. Habíamos permanecido presos dos años y pico. Algunos compañeros creyeron que aceptarla, era una traición. Logre convencerlos que en la cárcel ya no teníamos nada que hacer, el futuro estaba allá afuera.
¿Siguió siendo militar activo después de la liberación?
No, esa era una de las condiciones para mi liberación; tenía que darme de baja del Ejército. El gobierno lo exigía. Empecé a usar el liqui-liqui, que es el traje nacional, pero de color beige o verde que simulaba un uniforme militar… [ríe]. El día que salí por la puerta del Fuerte Tiuna, me esperaba una gran muchedumbre. Aquello fue una avalancha, un verdadero bochinche, un alboroto. De allí logre escaparme hacia una entrevista con José Vicente Rangel en Televen. Me acompañaron Adán, Cilia, los hermanos Otaiza, Nicolás Maduro y otros. Al otro día apareció en los titulares de los periódicos: ¿A dónde ira el Comandante? ¡Al poder!”.
¿En estas elecciones de Caldera, llamaron ustedes a la abstención?
En esas elecciones el Movimiento Bolivariano se dividió. Más que llamar a no votar, nos distanciamos de Caldera. Pero la abstención gano porque fue del 40% cuando normalmente era de 20-25%. Luego en la calle, mi decisión fue enfrentar el gobierno de Caldera, situarme en la oposición y dar la batalla desde allí. Esa era nuestra estrategia. Nuestra consigna bolivariana fue siempre: “la esperanza en la calle. El pueblo al poder”. Recorrimos toda Venezuela. Cuando llegamos a 1997, no había estado que no tuviera un comando MBER-200. Conseguimos organizar el Movimiento con la ayuda de jóvenes como Nicolás Maduro*, Elías Jaua, Rafael Isea, Jesús Aguilarte, los hermanos Otaiza, Calatayud, Venero, etc.
*Nicolás Maduro (n. 1962). Ministro de Relaciones Exteriores de Agosto, 2006 a Octubre del 2012. Luego Vice-Presidente, “Presidente encargado” después del fallecimiento de Chávez el 5 de Marzo, 2013. Un mes más tarde, electo Presidente el 14 de Abril.
¿Es usted populista?
Es uno de los calificativos más amables hacia mí por parte de mis adversarios. Creo que algunos periodistas e intelectuales, despreciando la realidad colectiva, lo repiten a menudo. Con ese calificativo pretenden apagar la llama rebelde del alma nacional… Desprecian al pueblo, piensan que no entiende nada y es muy ignorante. Lo creen un niño que hay que tutelarlo todo el tiempo, que lo lleven de la mano, siempre dependiente… Por lo tanto lo que yo propongo, poder para el pueblo, es utópico. Soy un demagogo por proponerlo, “populista” pues [ríe]. Víctor Hugo escribió: “Las utopías de hoy son las realidades de mañana”.
Claro las utopías son fantasías irrealizables, pero yo hablaba de la utopía a mi estilo: “algo realizable, pero difícil de conseguir”… [Ríe]. Yo proponía relanzar la “utopía bolivariana” como el Ave Fénix latinoamericana; está a veces renacía pero la volvían a sepultar.
Nuestro proyecto siempre será sometido a la discusión, a la confrontación, al debate público, con el pueblo y para el pueblo. Es inconcebible para nosotros que un “programa de transformación del país” fuera elaborado por una cúpula que desprecia al pueblo, que lo menosprecia. Y menos elaborado por un “gran líder”, un “salvador” aislado en la soledad de su despacho… Hay que incluir al pueblo como un “intelectual colectivo”...
¿La elección de Caldera le complico las cosas?
Sí, porque el país con Caldera parecía enrumbarse… pero era falso… La salida de Pérez funciono como una válvula de escape y bajo mucho la presión. De manera hábil, como era costumbre en estas cúpulas, Caldera se alejó de Copei, partido que igual que el de Carlos Andrés, AD, estaba igualmente comprometido con la descomposición del sistema que el pueblo ya no quería más.
Caldera logro, hasta cierto punto, que sectores populares lo identificaran con nuestra propuesta, lo que representábamos. Pero no era así. En una ocasión, Caldera fue a Barinas a hablar con mi madre para pedirle que yo no lo atacara, que desistiera de la Constituyente, porque no era una buena salida. Algunos compañeros míos de Yare le creyeron. Caldera era una personalidad que estaba muy lejos de tener la imagen de corrupto de Carlos Andrés. En el imaginario colectivo era conservador, pero indiscutiblemente honrado.
Cuando Caldera asumió la presidencia me propuso que fuera a visitarlo a Miraflores. Incluso vino al Hospital Militar su hijo, Andrés como emisario, a decirme que su padre quería saludarme y darme las gracias… Le conteste: “No tiene que agradecerme, ni yo a él tampoco”. Siempre tuve claro que no debía dejarme seducir ni acudir a Miraflores.
¿Por qué cree usted que Caldera lo libero?
Como zorro político viejo, él tenia olfato… fue por ello que en aquella intervención en el Congreso, como Senador vitalicio, se solidarizó en cierto modo con nuestra rebelión. Sabía que no podía enfrentarse a nosotros. En los primeros días después de  mi liberación, hubo una especie de luna de miel. Me llovieron proposiciones… Eran puentes de plata… para sumarme a continuar su nefasta política.
Durante su campaña, había prometido la liberación de los militares presos y la pacificación del país. Asumió el poder en febrero de 1994, y un mes después, nos estaba liberando. En Caracas había una permanente movilización masiva por nuestra liberación; reclamaban el respeto a su promesa electoral. A Caldera no le daban respiro, la presión era grande, y cada día se incrementaba más y más… El mismo día de su toma de posesión, fue al Panteón a ofrendar el sarcófago de Bolívar, a su salida una gran muchedumbre coreaba: “¡Liberen a Chávez, liberen a…!
¿Cómo fue su campaña electoral?
Terrible, había mil corrientes diversas. No querían al MBR-200, al Movimiento Bolivariano. Era atacado por todos, desde el PCV a la Causa R, de la derecha y de la izquierda. Ni hablar de los ultra izquierdosos, grupos minúsculos: Coordinadora Nacional Revolucionaria (CNR), Tercer Camino, Bandera Roja, Insurgencia Popular, Desobediencia Civil, Junta Patriótica… Cabrían todos en un autobús [ríe]. Siempre lo tuve claro: no aceptar falsas alianzas y profundizar la singularidad política del movimiento bolivariano.
Lo bolivariano no encajaba en la política tradicional. Había infiltrados cuyo objetivo era alejar nuestro Movimiento de la izquierda militar. ¿Sabe quién se apareció por ahí? Nada menos que Lyndon LaRouche*, incluso creo en Venezuela un partido; todavía anda por ahí Alejandro Pérez Esclusa dando declaraciones. También se infiltraron amigos de Gabriel Puerta Aponte y Bandera Roja, que habían ya intentado asesinarme durante el 4-F.
El objetivo de ellos era destrozar mi liderazgo y el movimiento bolivariano, darle otro carácter, implementar el suyo propio. Nuestro Movimiento tenía una orientación bolivariana, robinsoniana y zamorana. Crear nuevos poderes, como el Poder Electoral, el Poder Moral. Hablábamos de una democracia participativa y protagónica… El de ellos era aventurista, violento, revanchista.
*Lyndon H. LaRouche (n. 1922). Economista y político norteamericano, fundador del US Labor Party (1973). Pronosticador económico, crítico de la política interna y externa de EEUU.
¿Descarto volver a intentar otra rebelión militar?
No. En los primeros años, 94, 95 y 96, siempre mantuve la posibilidad de una acción armada. En Venezuela se había creado el mito de ser: “La democracia más sólida de Latinoamérica”. Era una falsa concepción de hacer creer que el sistema establecido era permanente, incambiable. Nosotros denunciábamos lo contrario: este sistema era un falso equilibrio y al amparo de un Estado corrupto; se habían formado inmensas fortunas a expensas de la miseria de gran parte del pueblo. Hablábamos de la imperativa necesidad de una “nueva práctica democrática”.
Nosotros denunciábamos que la participación popular en la toma de decisiones del gobierno no podía ser entendida como una obra de caridad limitada a asuntos intranscendentes. Proponíamos que el pueblo pasara directamente a gobernarse a través de la creación de los Consejos Comunales, del Poder Popular y de Las Comunas. De ese modo cambiaríamos el concepto tradicional de la democracia venezolana, de ser meramente “participativa” a ser plenamente “protagónica”. Es decir, crear el puente entre la “democracia tradicional” a la revolución.
El hecho de ir a recorrer a Venezuela no era contradictoria con mi estrategia militar de tomar el poder. Siempre fui partidario de una acción conjunta cívico-militar. No desatendía ninguno de los dos frentes. Los pobres no querían otra victoria electoral, exigían una revolución social. Social y bolivariana. Eso me ayudo a mantenerme firme en mis convicciones.
¿Por qué esa estrategia?
Porque también estaban en campaña La Causa R, el MAS, el PCV… y todos ellos querían nuestros simpatizantes y cuadros políticos. En la celebración de un Primero de Mayo, estos partidos no me invitaron a participar, en cambio sí lo hizo un grupo de trabajadores. Me llevaron a la tarima, los oradores no se refirieron a mí. De pronto alguien grita: ¡Qué hable Chávez! No me pasaba el micrófono, entonces un hombre del público subió a la tarima, le quito el micrófono y me lo entrego. Igualmente me sucedió internacionalmente, no sabían lo que venía… Evo Morales, Rafael Correa… [Ríe].