¿Por qué esa estrategia?
Porque
también estaban en campaña La Causa R, el MAS, el PCV… y todos ellos
querían
nuestros simpatizantes y cuadros políticos. En la celebración de un
Primero de
Mayo, estos partidos no me invitaron a participar, en cambio sí lo hizo
un
grupo de trabajadores. Me llevaron a la tarima, los oradores no se
refirieron a
mí. De pronto alguien grita: ¡Qué hable Chávez!
No me pasaba el micrófono, entonces un hombre del público subió a
la
tarima, le quito el micrófono y me lo entrego. Igualmente me sucedió
internacionalmente, no sabían lo que venía… Evo Morales, Rafael Correa…
[Ríe].
Estaba
yo
seguro que con esos mini partidos liderados por Alfredo Maneiro,
Douglas Bravo,
Andrés Velásquez, Pablo Medina... era imposible romper el sistema por
ninguna vía,
ni armada ni desarmada. Era una época difícil para la izquierda. Había
desaparecido la Unión Soviética. Se manejaba la tesis de la rendición,
el adiós
a las armas, la abdicación de la izquierda (Jorge Castañeda en: La Utopía desarmada).
La
guerrilla
venezolana bajo de las montañas, fue absorbida por el sistema. Sucedió
lo que
el hijo de Núñez Tenorio, un verdadero revolucionario, me dijo cuándo
lo
enterrábamos: “Chávez, no te olvides de
lo que decía mi padre: ‘toma tú el poder, no dejes que el poder te
tome´ “. Solo Fidel se mantuvo ahí. ¡En la
trinchera
en defensa del socialismo! Entretanto Caldera fue Miami a la Cumbre de
las Américas
a apoyar a Clinton y entregar a Venezuela al ALCA. Clinton tuvo el
descaro de
decir: “ahora si estamos cumpliendo con
el sueño de Bolívar”. Lo apoyaban: PCV, MAS, MEP, así como algunos
de sus líderes
y ministros de Caldera: Petkoff, Pompeyo…. ¿Qué izquierda podía ser
esa? El
pueblo estaba desesperanzado, confundido, sin rumbo…
Ellos
me
criticaban diciéndome: “la Constituyente Chávez,
es como el flautista de Hamelin, que te llevara a un barranco…” Y
¿adónde
llevaban Venezuela ellos? Al despeñadero, al entreguismo, al
colonialismo!
La
Constituyente era solo el comienzo, el disparador
de un proceso o una etapa de transición hacia una revolución permanente
activa,
dinámica, renovadora. Los partidos políticos viejos y en formación no
ofrecían
modalidades diferentes a la lucha por la vivienda, el empleo, el
salario, la
alimentación, educación, la salud… Yo me preguntaba: “Pero
quien defiende al pueblo…”
¿Qué nos dice de Arias
Cárdenas?
Muchos
de
nosotros se integraron a puestos públicos. A Arias lo nombraron
presidente del
PAMI. Luego se presentó como candidato de La Causa R a la gobernación
del
Zulia, y gano. Al salir de la cárcel se alió a La Causa R, lo cual
contribuyo a
dividir nuestro Movimiento. La propaganda enarbolaba a Arias: el inteligente e intelectual, Arias. El militar
y soldado, Chávez. Se resistían a reconocer un liderazgo. Cuando yo
reclamaba: “Tiene que haber una dirección”.
Ellos respondían: “si, pero una Coordinadora”.
Yo
no era un
intelectual reconocido por ellos, o porque no había estudiado, como
ellos, en
las mejores universidades o porque, simplemente, era un militar… Fue
entonces
cuando decidí: “No voy a perder mi tiempo
en ganarme confianzas individuales, mi objetivo y compromiso directo
debe ser con
el pueblo”. Fue entonces cuando asumí el liderazgo que el pueblo me
reclamaba.
Hablando con Arias
Cárdenas me dijo
que el –tenía una excelente relación con usted –no había entendido una
cosa: creyó
que ustedes eran como el Quijote y Sancho Panza. Él
pensó que era el Quijote. Hasta que acabo
por entender que, en realidad, era al revés, era Sancho Panza.
Existía
como
una especie de complejo de superioridad, de arrogancia, de vanidad. Se
formó un
frente pro-Constituyente. ¿Quiénes coordinaban? Algunos intelectuales
como
Manuel Quijada y Luis Miquelena; algunos altos oficiales, como los
generales
Gruber Odreman o Visconte Osorio. Como los respetaba mucho a todos,
jamás me
propuse imponerme. Debía mantenerme humilde… ¿pero qué sucedía? En
cuanto se
organizaba un acto público, en un momento dado, el pueblo comenzaba a
gritar: “¡Que hable Chávez! ¡Que hable Chávez!” [ríe].
Ellos
terminaron por irse, y yo asumir lo que tenía que asumir. Estaba
escrito, y no
en un libro mágico, sino en la consciencia de un pueblo. Lo asumí y
toda mi
vida tratare de hacerlo. Al principio era como un solitario… Claro, con
algunos
ayudantes muy fieles como Rafael Isea* y Nicolás Maduro. También
evidentemente
un grupo de asesores, pero en la sombra. No tenían un peso político, ni
querían
tenerlo; su ambición era ayudar a elaborar el proyecto. Tenía que ser: El Pueblo y Chávez.
Ministro
de Finanzas
durante el Gobierno de Hugo
Chávez, gobernador
de
Aragua desde
diciembre de 2008 hasta
diciembre de2012 y
presidente del Banco
del ALBA desde
abril de 2013 hasta julio del mismo año.1
Es
acusado e investigado
por la Gobernación del estado Aragua, el Consejo
Legislativo del Estado
Aragua y
la Fiscalía
General por la paralización de 5 obras y el desvío de 58 millones de
dólares y
de 9 millones de euros.13 14
“Caso DEA: En
septiembre de 2013, supuestamente se
convierte en testigo protegido de la DEA,
tras tener información sobre el tráfico de
droga y lavado de dinero hacia Estado Unidos, por parte de autoridades
venezolanas.15 Después,
Isea desmentiría la información a
través de su cuenta en el servicio de microblogging Twitter.16”.
Por
otro
lado, tenía que establecer lazos a escala internacional, sobre todo con
América
Latina. Formar un movimiento interamericano bolivariano. Pensamos en
contactar
primero a militares nacionalistas, activos o retirados. Y ocurrió lo
siguiente:
A Yare se presentó el general Elio García Barrios, presidente de la
Corte
Marcial, quien condeno a la cárcel a los terroristas Orlando Bosh y al
CIA,
Posada Carriles, que después los ayudaron a fugarse. Por cierto, que a
este
general le mataron un hijo en venganza por esta condena.
Me
dijo: “Mira Chávez
estoy amenazado, antes que me llegara a pasarme algo, te voy a
entregar
esta lista de algunos militares latinoamericanos de izquierda y
progresistas
que conforman desde hace muchos años una Organización de Militares por
la
Democracia en Latinoamérica y el Caribe, la Omidelac”.
En
argentina
no había ninguno. Había de Uruguay, Chile y Colombia. No me fue de
utilidad.
Esta organización ya no existía, no se reunían… de todas maneras me
propuse
contactar estos personajes.
También
me reuní
con personajes políticos civiles. Por ejemplo en Colombia, con Antonio
Navarro
Wolff, exjefe de la guerrilla M-19 y copresidente de la Asamblea
Constituyente
de Colombia de 1991. Recuerdo me dijo tomando un florero que estaba
sobre la
mesa: “Comandante, si usted logra en
Venezuela la Constituyente, no vaya a cometer el error que hicimos… la
acariciamos, tapamos algunas grietas, la pusimos bonita… Usted no,
agarre un
mazo y rómpala…”. Porque el M-19 desapareció, se lo trago la
Constituyente.
Con
Manuel
Cepeda Vargas (1930-1994), secretario del Partido Comunista Colombiano,
que lo
llamaban el “último mohicano en Colombia”, asesinado el 9 de agosto,
pocos días
después. Con Álvaro Gómez Hurtado del Partido Conservador (1919-1995),
acribillado. También, con algunos militares retirados que me decían: “Comandante, nosotros somos bolivarianos, no
santanderistas”. En la Universidad Javeriana, un joven me increpo.
“Usted
no parece militar. Los militares no dicen lo que usted dice. Aquí en
Colombia
ninguno hablaría así”. Le respondí: “si los hay, pero actúan en
silencio”.
Me
invitaron
al diario El Tiempo. A la entrada,
uno de los hijos de los dueños, la familia Santos, me dijo: “Comandante,
aquí se hacen Presidentes”.
A lo que respondí sonriendo: “O se
deshacen”. También visite la tumba de Jorge Eliecer Gaitán,
asesinado en
Abril de 1948, fue enterrado de pie. En la visita a la Quinta Bolívar,
donde lo
acompaño Manuelita Sáenz, al enterarse la gente de esos barrios, acudió
una
gran multitud a saludarme.
El
impacto
de esa visita fue muy impactante, comenzó a prenderse la luz roja en
Colombia.
Tanto así, que se comenzó un movimiento para apagar esa especie de
llama que se
estaba encendiendo. Meses después me acusan de andar con la guerrilla
colombiana. En Panamá la prensa me espero con el siguiente titular: “Viene Chávez y está montando un golpe contra
el ‘Toro’ Valladares”. Presidente de Panamá entre 1994-1999.
Existía un
torrijismo más vivo que nunca entre los militares con los cuales logre
reunirme. En un programa de televisión se me ocurrió decir: “Algún
día Panamá debe tener de nuevo su
Fuerza de Defensa”. Mejor no haberlo dicho, mi hotel se llenó de ex
capitanes y ex tenientes torrijistas,
unos ¡cuarenta! en un salón.
Estos
me
pusieron seguridad frente a mi habitación, era un ex teniente de
apellido
Martirio. Este dormía en el pasillo. Le dije: “chico metete
para acá…”, se negó y respondió: “tengo la misión de
cuidarlo, y lo haré”.
Yo
ya había
estado en Panamá antes de la invasión gringa. Venia de Guatemala*
y me hospede
en a la casa de un compañero panameño de la Academia de Caracas,
Antonio Gómez
Ortega. Hablamos mucho, visitamos varios cuarteles. La invasión gringa
se veía
venir y llego aquel 20 de diciembre del 89. “Operación Justa Causa” la
llamaron… Un descaro… ¡3.000 muertos!
*Me
habían enviado a Guatemala obligado, era una estrategia del Alto Mando
militar
para apartarme de Venezuela y "lavarme el cerebro". Me inscribieron
en un curso internacional de perfeccionamiento en asuntos civiles para
oficiales de Estados democráticos. Nuestro instructor era un alto
oficial
gringo, mejor dicho, puertorriqueño...
En
aquella
entrevista polémica por televisión, donde era dos los entrevistadores:
el bueno
y el malo. El malo me ataco diciendo: “Usted
es un coronel. Y los militares en América Latina ¿qué han hecho? Acabar
con las
democracias y reprimir a los pueblos”. Deje que terminara y le
respondí: “Me está hablando de una de las caras de la
misma moneda, ¿quiénes fueron Bolívar, Sucre, Morazán, Eloy Alfaro…
Militares,
militares que lucharon por la libertad de nuestros pueblos o a morir
por ellos”.
De Panamá marche para Argentina, tiempos de Menem. La prensa local, una
vez más,
nos acogió con violentos ataques. Titularon: “Llego el
‘carapintada’ venezolano” [ríe]. Argentina dormía. No se percibía
ningún indicio de protesta… Estuve allí solo dos días.
De
allí
fuimos a Uruguay. El Intendente (alcalde) de Montevideo era Tabaré
Vázquez. De
allí seguimos para Chile. Y de allí a mi encuentro con Fidel.
Daniel
Ortega también estaba en Cuba. Fidel nos invitó a dar una vuelta en un
Mercedes
negro por La Habana, no había carros, solo el de Fidel… Era el “periodo
especial”. Solo se movían caparazones de carros tirados por caballos o
tractores… No había combustible… Mucho apagón; había electricidad por
solo
algunas horas… El racionamiento era terrible… Pero aquel pueblo no se
sublevaba
ni protestaba, asumía su boicot con dignidad. Solo estuve allí dos días.
La
prensa y
televisión venezolanas atacaron ese encuentro duramente, fue una
campaña muy
agresiva. Pero fíjese lo que me sucedió, una cosa piensan los medios y
otra el
pueblo. Una noche en una calle de la parroquia Altagracia, donde tenía
mi oficinita,
me encontré en la acera con un borracho. Al cruzarse conmigo, se me
queda
mirando medio ido y me dice: “Oye, te
pareces a Chávez”. Le respondo: “Soy Chávez,
compadre”. Sigo mi camino, y a los pocos pasos me grita: “¡Chávez!, ¡Chávez!”. Volteo y me grita:
“¡Viva Fidel!” [ríe]. Ese encuentro
se me grabo y me hizo reflexionar lo siguiente: Al pueblo lo pueden
bombardear
con propaganda ideológica en contra mía. Sin embargo, sin darse cuenta
me estaban
reforzando como actor político.
Las
relaciones, como era obvio, entre Caldera y Fidel eran tensas. Se
especulaba que
Caldera pretendía romper relaciones…
Ese
encuentro con Fidel me facilito el contacto con las izquierdas
latinoamericanas. Al año siguiente (1995) acudí al Foro de Sao Paulo.
Allí
salude a Lula, no conversamos. Conocí varios dirigentes. Fue como una
presentación en sociedad; la sociedad de la izquierda latinoamericana.
Ernesto
Samper, presidente de Colombia me acuso de “andar” con la guerrilla
colombiana…
Me acuso de haber comandado, ni siquiera apoyado, a un grupo
guerrillero
colombiano a matar 14 soldados venezolanos en la frontera. Fue el misil
que
lanzaron contra las esperanzas latinoamericanas de unificación que se
levantaban. No hubo más reuniones con la izquierda colombiana.
Años
después, siendo ya Presidente, vino Samper a Caracas. Trate de no
hablar del
tema pero él quiso abordarlo, y le dije: “No
hace falta Presidente… se lo que paso”. Pero insistió: “No,
no, permítame explicarle. Me engañaron
por completo, me presentaron documentos, fotos, videos…”. Samper no
dudo de
enviarle ese informe falso a Caldera. Ya no eran ataques periodísticos,
era una
acusación hecha por un Presidente…
Después
vino
el tiro al corazón… “Chávez, asesino de
soldados venezolanos”… Decidí ir y enfrentar esta componenda en la
mismísima Bogotá. Todos me aconsejaban no hacerlo, me decían: “Estas loco, te van a apresar, a matar”.
No me amilane, fui y hable. Iba a defender mi honor. O quedo preso o
muerto en
Colombia, o regreso a Venezuela con mi honor restituido. Una de dos.
Samper ni
el ministro de la defensa me quisieron recibir, solo aceptaron mi carta
donde
solicitaba una explicación oficial de mi situación en Colombia. Un mes
después
me llego la respuesta del ministro diciéndome que no había ninguna
evidencia
seria. Que el informe era erróneo.
Los
cuerpos
de Inteligencia del Gobierno Colombiano empezaron a difundir volantes
incitando
a cualquier “patriota” voluntario a asesinarme en Bogotá… A mi salida
del país,
el DAS me exigió una declaración… entre muchas que le di, le dije: “Tengo formas de probar que el día y hora que
sucedió el asesinato de esos soldados compatriotas, yo me encontraba en
un acto
público con miles de testigos”.
¿Pero el daño estaba hecho?
Sí.
A partir
de allí se desataron las acusaciones de todo tipo… De tráfico de armas,
narcóticos, lavado de dólares… Me dieron duro, supieron difamarme bien.
Fue una
prueba de fuego.
Había una predisposición irracional por
destruir mi imagen ante el pueblo… Era una ofensiva general, me
acusaban de
todo, comenzó el cerco mediático… mi oficinita me la allanaron cinco
veces…. Un
día llamo un periodista de Londres y me pregunto: ¿Está
usted clandestino? No, le respondí. Y entonces me dice
sorprendido “No entiendo… tengo acá un
cable que informa que usted está metiendo miles de armas por el
Orinoco,
apoyado por Fidel, para tumbar al gobierno”. Todo eso se decía en
los
medios… puede comprobarse en la hemerotecas.
Mi
abrazo
con Fidel en Cuba lo pusieron en las portadas de los diarios con el
remoquete
de “el abrazo de la muerte”. Un amigo escucho decir a un ministro: “Chávez se jodió. Fidel lo Mató”. No
recordaban que era 1994, que la Unión Soviética había implosionado… Ni
entendían, ni entenderán la psicología de los pueblos… porque ellos
nunca lo
fueron. Menosprecian y consideran ignorantes a su propio pueblo.
Admiran a los
Europeos y Gringos.
Repetían
y
siguen repitiendo. “Chávez es un
troglodita… un dictador… un comunista… nos quiere llevar al pasado… el
comunismo se acabó, no existe…”. [ríe].
Para
intentar contrarrestar tremenda guerra mediática, el periodista Romero
Anselmi
me aconsejo: “Comandante, a usted lo
están tratando de borrar del mapa; váyase al interior y aparézcase en
las
emisoras de radio en la mañana aunque sea 10 minutos. Después llegara
la DISIP
pero ya el mensaje fue enviado”. Así lo hice y funciono.
También
ataque
al machismo y explicaba, la mujer libre libera al mundo, nos libera a
nosotros
los hombre. Note que la gente le estaba perdiendo el miedo al gobierno.
Había
mucho entusiasmo popular. La credibilidad en los partidos tradicionales
comenzó
a menguar, mientras aumentaba en nosotros, nuestro discurso. Lo que
criticábamos del gobierno, el pueblo lo veía clarito en la realidad… En
vez de
apalear la miseria, lo que hizo fue auxiliar a los banqueros que se
llevaron
8.000 millones de dólares. Hubo una grave crisis bancaria. Quebró el
Banco
Latino y otros importantes. Caldera anuncia la privatización de las
empresas
del estado.
Entonces
comencé a atacar a Caldera de mantener su “barco innavegable” a flote,
él fue
el coautor del Pacto de Punto Fijo, y por ello impedía que se hundiera
este y
creara otro navegable. Esta acusación calo en el pueblo, pues al
principio su
imagen era nacionalista. Pero se rindió, se rindió al Fondo Monetario,
a la
oligarquía criolla y financiera internacional. Anuncio la “Agenda
Venezuela”,
que era la misma que el Fondo Monetario intento implantar en 1989
cuando
destruyo a Carlos Andrés.
¿Aprovecho esta
oportunidad política?
Absolutamente!
Significaba la claudicación definitiva de la política tradicional.
Decidí
lanzarme como candidato presidencial… Pero muchos de mis seguidores no
estaban
de acuerdo que lanzara mi candidatura… me acusaron de electorero… que
el
sistema me tragaría… que era más de lo mismo… Mi Movimiento se
radicalizaba
hacia la no-participación en elecciones…
Me
sentí
mal, como si estuviera en el banquillo de los acusados… Me deprimí y
desde San Cristóbal,
le pedí a Iris Varela y Zambrano que me
llevaran a la finca de mi padre en Barinas a meditar. Pase una semana
en
soledad… como Cristo en el desierto. Una voz en mi interior me decía “mídete en elecciones, hazlo”. Volví a la
batalla. No soy de los que se rinden ante las dificultades… ¿lo ha
percibido? [ríe].
Leía
un
pequeño libro “El Oráculo del guerrero*”
que decía algo así: “Es el momento de
dejar de actuar. Sal de la vorágine de la vida y haz un espacio para
meditar.
Busca la soledad. Solo así podrás ver con claridad. Reposa, descansa,
medita.
Luego ve y actúa”. Me cayó como anillo al dedo [ríe]. No recuerdo
si lo leí
antes o después de mi semana en soledad…
*Lucas Guerrero, Editorial
Cuatro Vientos, Santiago de
Chile, 1995.
¿Por qué cito tanto ese
librito?
Creo
que me
lo regalo segunda esposa Marisabel… Me gusto enormemente… concordaba en
aforismos parte de mi filosofía ante la vida… me ayudó muchísimo en
aquella
campaña electoral de 1998… Volví al ataque,
pero antes quise cerciorarme de mi factibilidad. Hicimos una
encuesta
nacional que alcanzo a más de 100.000 consultas. Necesitaba saber la
verdad
objetiva, no quería equivocarme o meterme un autogol [ríe].
Decidimos
hacer una consulta nacional. Algunos como el viejo Domingo Alberto
Rangel y
otros no aceptaron y se fueron…
Hicimos
dos
preguntas: 1.-“¿Está usted de acuerdo en
que el comandante Hugo Chávez sea candidato presidencial?”. El 70%
dijo si…
Y a la segunda: “¿Votaría por él?”. El
55% dijo si… Y sorprendentemente ese diciembre de 1998 ganamos con el
56%... [ríe].
En Valencia, el 19 de Abril del 97 lanzamos mi precandidatura, pero
tuvimos que
cambiar el nombre de Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR) por
Movimiento
Quinta República (MVR), pues la Ley de Partidos Políticos prohíbe el
uso del
nombre de Bolívar. Por lo menos sonaban parecidos [ríe].
Pero
no
bajamos la guardia con la burguesía y sus lacayos de la Oposición.
Debíamos
acostumbrarnos a todo tipo de ataques por parte de ellos. A un
conflicto
permanente… No sería fácil el cambio… ¿Qué opina al respecto el
Oráculo? [ríe].
Dice: Guerrero combatiente, cuando
termines una batalla no envaines tu espada… pues seguro que mañana
vendrá otra
batalla”.
¿Históricamente lo de Va
Republica es incorrecto?
Si,
para
algunos no es Va sino IIIera.
Depende como se
conciba. Nosotros la concebimos así: Iera
Republica desde 1810 hasta 1811 con la capitulación de Miranda. IInda R. desde 1813 (Campaña
admirable) hasta 1814 (Emigración a Oriente por la toma por Boves de
Caracas). IIIera a partir de 1817-19
(liberación de Margarita por Bolívar- Nacimiento de Colombia después
del
Congreso de Angostura) hasta 1830, muerte de Bolívar. Luego vino la IVa que fue anti
bolivariana y oligárquica. Páez
no cambio nada, solo hubo cambios de gobiernos…era la misma que gobernó
Caldera
160 años después… Creo que logre que el pueblo entendiera y aceptara
esta
concepción.
¿Durante la campaña quiso
ir a
Estados Unidos?
Sí.
En Abril
del 98, la Cámara de Comercio Venezolano-Americana de Florida me hizo
una
invitación. También deseaba llegar hasta Nueva York, pero me negaron la
visa
aduciendo: “El comandante Chávez no tiene
derecho a visa porque intento derrocar a un gobierno democrático”.
Pero
nunca se la negaron a Pinochet que no solo lo intento, sino
efectivamente lo
derroco [ríe].
El
PCV, La
Causa R, MAS y el MEP se nos unió a la campaña. Inmediatamente después
de mi
victoria, llegaron los directivos del
MAS exigiendo dos ministerios. Les respondí: “No, lo
lamento. No estoy repartiendo ni repartiré cargos. Este gobierno
no será de ‘ancha base’ como en tiempos de AD-Copei”. Claro que
escogí
ministros de esos partidos, pero no por su filiación partidista sino
por sus
cualidades intrínsecas. No quería la hegemonía del MVR.
Decía Churchill que la
victoria tiene
muchos padres, pero la derrota ninguno. ¿Esos partidos se arrimaron a
usted
porque olieron el perfume del triunfo?
Sin
duda
alguna. Incluso lo hizo la oligarquía. Llegaron a escribir en un
diario: “como no podemos con ‘el bicho’, entonces hay
que domarlo”. Me invitaron al canal más rancio de la Oligarquía y
la
adulancia era tal, que me sentía avergonzado de estar allí. Cuando
llegue a Miraflores
el 2 de diciembre a tomar el cargo de Presidente, estaban allí
Fujimori, Menem,
el Príncipe de Asturias… Incluso invitaron a José Luis Rodríguez, “El
Puma”, a
cantarme una canción…Querían absorberme como vampiros [ríe]. Mi pueblo
que me
voto no estaba representado allí… Fidel que andaba husmeando me dijo
con ironía:
“¿Esta es la Quinta República?”.
Con
nuestra
victoria demostramos que la izquierda latinoamericana podía ir y ganar
elecciones, como se demostró después en Bolivia, Brasil, Ecuador,
Argentina,
Uruguay, Paraguay, Nicaragua, Perú… incluso Chile.
Chávez, lo sentimos pero
tenemos que
marcharnos ‘por ahora’…
Si,
gracias
Ramonet y a tu equipo. Te despido con esta frase e Bolívar: “No
daré descanso a mi brazo ni reposo a mi
alma, hasta que veamos a Venezuela verdaderamente como la soñamos:
digna,
prospera, gloriosa y soberana” [me da un abrazo de despedida].
Final
del
libro.
Continuara
con algunos
otros párrafos escogidos…
Fuente:
Hugo Chávez, Mi Primera Vida. C<>onversaciones con Ignacio
Ramonet. Pág. 640-696.