Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

4 de abril de 2015

Hugo Chávez, Mi Primera Vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Pág. 640-696.



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¿Por qué esa estrategia?
Porque también estaban en campaña La Causa R, el MAS, el PCV… y todos ellos querían nuestros simpatizantes y cuadros políticos. En la celebración de un Primero de Mayo, estos partidos no me invitaron a participar, en cambio sí lo hizo un grupo de trabajadores. Me llevaron a la tarima, los oradores no se refirieron a mí. De pronto alguien grita: ¡Qué hable Chávez! No me pasaba el micrófono, entonces un hombre del público subió a la tarima, le quito el micrófono y me lo entrego. Igualmente me sucedió internacionalmente, no sabían lo que venía… Evo Morales, Rafael Correa… [Ríe].
Estaba yo seguro que con esos mini partidos liderados por Alfredo Maneiro, Douglas Bravo, Andrés Velásquez, Pablo Medina... era imposible romper el sistema por ninguna vía, ni armada ni desarmada. Era una época difícil para la izquierda. Había desaparecido la Unión Soviética. Se manejaba la tesis de la rendición, el adiós a las armas, la abdicación de la izquierda (Jorge Castañeda en: La Utopía desarmada).
La guerrilla venezolana bajo de las montañas, fue absorbida por el sistema. Sucedió lo que el hijo de Núñez Tenorio, un verdadero revolucionario, me dijo cuándo lo enterrábamos: “Chávez, no te olvides de lo que decía mi padre: ‘toma tú el poder, no dejes que el poder te tome´ “.  Solo Fidel se mantuvo ahí. ¡En la trinchera en defensa del socialismo! Entretanto Caldera fue Miami a la Cumbre de las Américas a apoyar a Clinton y entregar a Venezuela al ALCA. Clinton tuvo el descaro de decir: “ahora si estamos cumpliendo con el sueño de Bolívar”. Lo apoyaban: PCV, MAS, MEP, así como algunos de sus líderes y ministros de Caldera: Petkoff, Pompeyo…. ¿Qué izquierda podía ser esa? El pueblo estaba desesperanzado, confundido, sin rumbo…
Ellos me criticaban diciéndome: “la Constituyente Chávez, es como el flautista de Hamelin, que te llevara a un barranco…” Y ¿adónde llevaban Venezuela ellos? Al despeñadero, al entreguismo, al colonialismo!
La Constituyente era solo el comienzo, el disparador de un proceso o una etapa de transición hacia una revolución permanente activa, dinámica, renovadora. Los partidos políticos viejos y en formación no ofrecían modalidades diferentes a la lucha por la vivienda, el empleo, el salario, la alimentación, educación, la salud… Yo me preguntaba: “Pero quien defiende al pueblo…
¿Qué nos dice de Arias Cárdenas?
Muchos de nosotros se integraron a puestos públicos. A Arias lo nombraron presidente del PAMI. Luego se presentó como candidato de La Causa R a la gobernación del Zulia, y gano. Al salir de la cárcel se alió a La Causa R, lo cual contribuyo a dividir nuestro Movimiento. La propaganda enarbolaba a Arias: el inteligente e intelectual, Arias. El militar y soldado, Chávez. Se resistían a reconocer un liderazgo. Cuando yo reclamaba: “Tiene que haber una dirección”. Ellos respondían: “si, pero una Coordinadora”.
Yo no era un intelectual reconocido por ellos, o porque no había estudiado, como ellos, en las mejores universidades o porque, simplemente, era un militar… Fue entonces cuando decidí: “No voy a perder mi tiempo en ganarme confianzas individuales, mi objetivo y compromiso directo debe ser con el pueblo”. Fue entonces cuando asumí el liderazgo que el pueblo me reclamaba.
Hablando con Arias Cárdenas me dijo que el –tenía una excelente relación con usted –no había entendido una cosa: creyó que ustedes eran como el Quijote y Sancho Panza.  Él pensó que era el Quijote. Hasta que acabo por entender que, en realidad, era al revés, era Sancho Panza.
Existía como una especie de complejo de superioridad, de arrogancia, de vanidad. Se formó un frente pro-Constituyente. ¿Quiénes coordinaban? Algunos intelectuales como Manuel Quijada y Luis Miquelena; algunos altos oficiales, como los generales Gruber Odreman o Visconte Osorio. Como los respetaba mucho a todos, jamás me propuse imponerme. Debía mantenerme humilde… ¿pero qué sucedía? En cuanto se organizaba un acto público, en un momento dado, el pueblo comenzaba a gritar: “¡Que hable Chávez! ¡Que hable Chávez!” [ríe].
Ellos terminaron por irse, y yo asumir lo que tenía que asumir. Estaba escrito, y no en un libro mágico, sino en la consciencia de un pueblo. Lo asumí y toda mi vida tratare de hacerlo. Al principio era como un solitario… Claro, con algunos ayudantes muy fieles como Rafael Isea* y Nicolás Maduro. También evidentemente un grupo de asesores, pero en la sombra. No tenían un peso político, ni querían tenerlo; su ambición era ayudar a elaborar el proyecto. Tenía que ser: El Pueblo y Chávez.
Ministro de Finanzas durante el Gobierno de Hugo Chávezgobernador de Aragua desde diciembre de 2008 hasta diciembre de2012 y presidente del Banco del ALBA desde abril de 2013 hasta julio del mismo año.1
Es acusado e investigado por la Gobernación del estado Aragua, el Consejo Legislativo del Estado Aragua y la Fiscalía General por la paralización de 5 obras y el desvío de 58 millones de dólares y de 9 millones de euros.13 14
Caso DEA: En septiembre de 2013, supuestamente se convierte en testigo protegido de la DEA, tras tener información sobre el tráfico de droga y lavado de dinero hacia Estado Unidos, por parte de autoridades venezolanas.15 Después, Isea desmentiría la información a través de su cuenta en el servicio de microblogging Twitter.16”.
Por otro lado, tenía que establecer lazos a escala internacional, sobre todo con América Latina. Formar un movimiento interamericano bolivariano. Pensamos en contactar primero a militares nacionalistas, activos o retirados. Y ocurrió lo siguiente: A Yare se presentó el general Elio García Barrios, presidente de la Corte Marcial, quien condeno a la cárcel a los terroristas Orlando Bosh y al CIA, Posada Carriles, que después los ayudaron a fugarse. Por cierto, que a este general le mataron un hijo en venganza por esta condena.
Me dijo: “Mira Chávez  estoy amenazado, antes que me llegara a pasarme algo, te voy a entregar esta lista de algunos militares latinoamericanos de izquierda y progresistas que conforman desde hace muchos años una Organización de Militares por la Democracia en Latinoamérica y el Caribe, la Omidelac”.
En argentina no había ninguno. Había de Uruguay, Chile y Colombia. No me fue de utilidad. Esta organización ya no existía, no se reunían… de todas maneras me propuse contactar estos personajes.
También me reuní con personajes políticos civiles. Por ejemplo en Colombia, con Antonio Navarro Wolff, exjefe de la guerrilla M-19 y copresidente de la Asamblea Constituyente de Colombia de 1991. Recuerdo me dijo tomando un florero que estaba sobre la mesa: “Comandante, si usted logra en Venezuela la Constituyente, no vaya a cometer el error que hicimos… la acariciamos, tapamos algunas grietas, la pusimos bonita… Usted no, agarre un mazo y rómpala…”. Porque el M-19 desapareció, se lo trago la Constituyente.
Con Manuel Cepeda Vargas (1930-1994), secretario del Partido Comunista Colombiano, que lo llamaban el “último mohicano en Colombia”, asesinado el 9 de agosto, pocos días después. Con Álvaro Gómez Hurtado del Partido Conservador (1919-1995), acribillado. También, con algunos militares retirados que me decían: “Comandante, nosotros somos bolivarianos, no santanderistas”. En la Universidad Javeriana, un joven me increpo. “Usted no parece militar. Los militares no dicen lo que usted dice. Aquí en Colombia ninguno hablaría así”. Le respondí: “si los hay, pero actúan en silencio”.
Me invitaron al diario El Tiempo. A la entrada, uno de los hijos de los dueños, la familia Santos, me dijo: “Comandante, aquí se hacen Presidentes”. A lo que respondí sonriendo: “O se deshacen”. También visite la tumba de Jorge Eliecer Gaitán, asesinado en Abril de 1948, fue enterrado de pie. En la visita a la Quinta Bolívar, donde lo acompaño Manuelita Sáenz, al enterarse la gente de esos barrios, acudió una gran multitud a saludarme.
El impacto de esa visita fue muy impactante, comenzó a prenderse la luz roja en Colombia. Tanto así, que se comenzó un movimiento para apagar esa especie de llama que se estaba encendiendo. Meses después me acusan de andar con la guerrilla colombiana. En Panamá la prensa me espero con el siguiente titular: “Viene Chávez y está montando un golpe contra el ‘Toro’ Valladares”. Presidente de Panamá entre 1994-1999. Existía un torrijismo más vivo que nunca entre los militares con los cuales logre reunirme. En un programa de televisión se me ocurrió decir: “Algún día Panamá debe tener de nuevo su Fuerza de Defensa”. Mejor no haberlo dicho, mi hotel se llenó de ex capitanes y ex tenientes  torrijistas, unos ¡cuarenta! en un salón.
Estos me pusieron seguridad frente a mi habitación, era un ex teniente de apellido Martirio. Este dormía en el pasillo. Le dije: “chico metete para acá…”, se negó y respondió: “tengo la misión de cuidarlo, y lo haré”.
Yo ya había estado en Panamá antes de la invasión gringa. Venia de Guatemala* y me hospede en a la casa de un compañero panameño de la Academia de Caracas, Antonio Gómez Ortega. Hablamos mucho, visitamos varios cuarteles. La invasión gringa se veía venir y llego aquel 20 de diciembre del 89. “Operación Justa Causa” la llamaron… Un descaro… ¡3.000 muertos!
*Me habían enviado a Guatemala obligado, era una estrategia del Alto Mando militar para apartarme de Venezuela y "lavarme el cerebro". Me inscribieron en un curso internacional de perfeccionamiento en asuntos civiles para oficiales de Estados democráticos. Nuestro instructor era un alto oficial gringo, mejor dicho, puertorriqueño...
En aquella entrevista polémica por televisión, donde era dos los entrevistadores: el bueno y el malo. El malo me ataco diciendo: “Usted es un coronel. Y los militares en América Latina ¿qué han hecho? Acabar con las democracias y reprimir a los pueblos”. Deje que terminara y le respondí: “Me está hablando de una de las caras de la misma moneda, ¿quiénes fueron Bolívar, Sucre, Morazán, Eloy Alfaro… Militares, militares que lucharon por la libertad de nuestros pueblos o a morir por ellos”. De Panamá marche para Argentina, tiempos de Menem. La prensa local, una vez más, nos acogió con violentos ataques. Titularon: “Llego el ‘carapintada’ venezolano” [ríe]. Argentina dormía. No se percibía ningún indicio de protesta… Estuve allí solo dos días.
De allí fuimos a Uruguay. El Intendente (alcalde) de Montevideo era Tabaré Vázquez. De allí seguimos para Chile. Y de allí a mi encuentro con Fidel.
Daniel Ortega también estaba en Cuba. Fidel nos invitó a dar una vuelta en un Mercedes negro por La Habana, no había carros, solo el de Fidel… Era el “periodo especial”. Solo se movían caparazones de carros tirados por caballos o tractores… No había combustible… Mucho apagón; había electricidad por solo algunas horas… El racionamiento era terrible… Pero aquel pueblo no se sublevaba ni protestaba, asumía su boicot con dignidad. Solo estuve allí dos días.
La prensa y televisión venezolanas atacaron ese encuentro duramente, fue una campaña muy agresiva. Pero fíjese lo que me sucedió, una cosa piensan los medios y otra el pueblo. Una noche en una calle de la parroquia Altagracia, donde tenía mi oficinita, me encontré en la acera con un borracho. Al cruzarse conmigo, se me queda mirando medio ido y me dice: “Oye, te pareces a Chávez”. Le respondo: “Soy Chávez, compadre”. Sigo mi camino, y a los pocos pasos me grita: “¡Chávez!, ¡Chávez!”. Volteo y me grita: “¡Viva Fidel!” [ríe]. Ese encuentro se me grabo y me hizo reflexionar lo siguiente: Al pueblo lo pueden bombardear con propaganda ideológica en contra mía. Sin embargo, sin darse cuenta me estaban reforzando como actor político.
Las relaciones, como era obvio, entre Caldera y Fidel eran tensas. Se especulaba que Caldera pretendía romper relaciones…
Ese encuentro con Fidel me facilito el contacto con las izquierdas latinoamericanas. Al año siguiente (1995) acudí al Foro de Sao Paulo. Allí salude a Lula, no conversamos. Conocí varios dirigentes. Fue como una presentación en sociedad; la sociedad de la izquierda latinoamericana.
Ernesto Samper, presidente de Colombia me acuso de “andar” con la guerrilla colombiana… Me acuso de haber comandado, ni siquiera apoyado, a un grupo guerrillero colombiano a matar 14 soldados venezolanos en la frontera. Fue el misil que lanzaron contra las esperanzas latinoamericanas de unificación que se levantaban. No hubo más reuniones con la izquierda colombiana.
Años después, siendo ya Presidente, vino Samper a Caracas. Trate de no hablar del tema pero él quiso abordarlo, y le dije: “No hace falta Presidente… se lo que paso”. Pero insistió: “No, no, permítame explicarle. Me engañaron por completo, me presentaron documentos, fotos, videos…”. Samper no dudo de enviarle ese informe falso a Caldera. Ya no eran ataques periodísticos, era una acusación hecha por un Presidente…
Después vino el tiro al corazón… “Chávez, asesino de soldados venezolanos”… Decidí ir y enfrentar esta componenda en la mismísima Bogotá. Todos me aconsejaban no hacerlo, me decían: “Estas loco, te van a apresar, a matar”. No me amilane, fui y hable. Iba a defender mi honor. O quedo preso o muerto en Colombia, o regreso a Venezuela con mi honor restituido. Una de dos. Samper ni el ministro de la defensa me quisieron recibir, solo aceptaron mi carta donde solicitaba una explicación oficial de mi situación en Colombia. Un mes después me llego la respuesta del ministro diciéndome que no había ninguna evidencia seria. Que el informe era erróneo.
Los cuerpos de Inteligencia del Gobierno Colombiano empezaron a difundir volantes incitando a cualquier “patriota” voluntario a asesinarme en Bogotá… A mi salida del país, el DAS me exigió una declaración… entre muchas que le di, le dije: “Tengo formas de probar que el día y hora que sucedió el asesinato de esos soldados compatriotas, yo me encontraba en un acto público con miles de testigos”.
¿Pero el daño estaba hecho?
Sí. A partir de allí se desataron las acusaciones de todo tipo… De tráfico de armas, narcóticos, lavado de dólares… Me dieron duro, supieron difamarme bien. Fue una prueba de fuego.
 Había una predisposición irracional por destruir mi imagen ante el pueblo… Era una ofensiva general, me acusaban de todo, comenzó el cerco mediático… mi oficinita me la allanaron cinco veces…. Un día llamo un periodista de Londres y me pregunto: ¿Está usted clandestino? No, le respondí. Y entonces me dice sorprendido “No entiendo… tengo acá un cable que informa que usted está metiendo miles de armas por el Orinoco, apoyado por Fidel, para tumbar al gobierno”. Todo eso se decía en los medios… puede comprobarse en la hemerotecas.
Mi abrazo con Fidel en Cuba lo pusieron en las portadas de los diarios con el remoquete de “el abrazo de la muerte”. Un amigo escucho decir a un ministro: “Chávez se jodió. Fidel lo Mató”. No recordaban que era 1994, que la Unión Soviética había implosionado… Ni entendían, ni entenderán la psicología de los pueblos… porque ellos nunca lo fueron. Menosprecian y consideran ignorantes a su propio pueblo. Admiran a los Europeos y Gringos.
Repetían y siguen repitiendo. “Chávez es un troglodita… un dictador… un comunista… nos quiere llevar al pasado… el comunismo se acabó, no existe…”. [ríe].
Para intentar contrarrestar tremenda guerra mediática, el periodista Romero Anselmi me aconsejo: “Comandante, a usted lo están tratando de borrar del mapa; váyase al interior y aparézcase en las emisoras de radio en la mañana aunque sea 10 minutos. Después llegara la DISIP pero ya el mensaje fue enviado”. Así lo hice y funciono.
También ataque al machismo y explicaba, la mujer libre libera al mundo, nos libera a nosotros los hombre. Note que la gente le estaba perdiendo el miedo al gobierno. Había mucho entusiasmo popular. La credibilidad en los partidos tradicionales comenzó a menguar, mientras aumentaba en nosotros, nuestro discurso. Lo que criticábamos del gobierno, el pueblo lo veía clarito en la realidad… En vez de apalear la miseria, lo que hizo fue auxiliar a los banqueros que se llevaron 8.000 millones de dólares. Hubo una grave crisis bancaria. Quebró el Banco Latino y otros importantes. Caldera anuncia la privatización de las empresas del estado.
Entonces comencé a atacar a Caldera de mantener su “barco innavegable” a flote, él fue el coautor del Pacto de Punto Fijo, y por ello impedía que se hundiera este y creara otro navegable. Esta acusación calo en el pueblo, pues al principio su imagen era nacionalista. Pero se rindió, se rindió al Fondo Monetario, a la oligarquía criolla y financiera internacional. Anuncio la “Agenda Venezuela”, que era la misma que el Fondo Monetario intento implantar en 1989 cuando destruyo a Carlos Andrés.
¿Aprovecho esta oportunidad política?
Absolutamente! Significaba la claudicación definitiva de la política tradicional. Decidí lanzarme como candidato presidencial… Pero muchos de mis seguidores no estaban de acuerdo que lanzara mi candidatura… me acusaron de electorero… que el sistema me tragaría… que era más de lo mismo… Mi Movimiento se radicalizaba hacia la no-participación en elecciones…
Me sentí mal, como si estuviera en el banquillo de los acusados… Me deprimí y desde San Cristóbal, le pedí a  Iris Varela y Zambrano que me llevaran a la finca de mi padre en Barinas a meditar. Pase una semana en soledad… como Cristo en el desierto. Una voz en mi interior me decía “mídete en elecciones, hazlo”. Volví a la batalla. No soy de los que se rinden ante las dificultades… ¿lo ha percibido? [ríe].
Leía un pequeño libro “El Oráculo del guerrero*” que decía algo así: “Es el momento de dejar de actuar. Sal de la vorágine de la vida y haz un espacio para meditar. Busca la soledad. Solo así podrás ver con claridad. Reposa, descansa, medita. Luego ve y actúa”. Me cayó como anillo al dedo [ríe]. No recuerdo si lo leí antes o después de mi semana en soledad…
*Lucas Guerrero, Editorial Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1995.
¿Por qué cito tanto ese librito?
Creo que me lo regalo segunda esposa Marisabel… Me gusto enormemente… concordaba en aforismos parte de mi filosofía ante la vida… me ayudó muchísimo en aquella campaña electoral de 1998… Volví al ataque,  pero antes quise cerciorarme de mi factibilidad. Hicimos una encuesta nacional que alcanzo a más de 100.000 consultas. Necesitaba saber la verdad objetiva, no quería equivocarme o meterme un autogol [ríe].
Decidimos hacer una consulta nacional. Algunos como el viejo Domingo Alberto Rangel y otros no aceptaron y se fueron…
Hicimos dos preguntas: 1.-“¿Está usted de acuerdo en que el comandante Hugo Chávez sea candidato presidencial?”. El 70% dijo si… Y a la segunda: “¿Votaría por él?”.  El 55% dijo si… Y sorprendentemente ese diciembre de 1998 ganamos con el 56%... [ríe]. En Valencia, el 19 de Abril del 97 lanzamos mi precandidatura, pero tuvimos que cambiar el nombre de Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR) por Movimiento Quinta República (MVR), pues la Ley de Partidos Políticos prohíbe el uso del nombre de Bolívar. Por lo menos sonaban parecidos [ríe].
Pero no bajamos la guardia con la burguesía y sus lacayos de la Oposición. Debíamos acostumbrarnos a todo tipo de ataques por parte de ellos. A un conflicto permanente… No sería fácil el cambio… ¿Qué opina al respecto el Oráculo? [ríe]. Dice: Guerrero combatiente, cuando termines una batalla no envaines tu espada… pues seguro que mañana vendrá otra batalla”.
¿Históricamente lo de Va Republica es incorrecto?
Si, para algunos no es Va sino IIIera. Depende como se conciba. Nosotros la concebimos así: Iera Republica desde 1810 hasta 1811 con la capitulación de Miranda. IInda R. desde 1813 (Campaña admirable) hasta 1814 (Emigración a Oriente por la toma por Boves de Caracas). IIIera a partir de 1817-19 (liberación de Margarita por Bolívar- Nacimiento de Colombia después del Congreso de Angostura) hasta 1830, muerte de Bolívar. Luego vino la IVa  que fue anti bolivariana y oligárquica. Páez no cambio nada, solo hubo cambios de gobiernos…era la misma que gobernó Caldera 160 años después… Creo que logre que el pueblo entendiera y aceptara esta concepción.
¿Durante la campaña quiso ir a Estados Unidos?
Sí. En Abril del 98, la Cámara de Comercio Venezolano-Americana de Florida me hizo una invitación. También deseaba llegar hasta Nueva York, pero me negaron la visa aduciendo: “El comandante Chávez no tiene derecho a visa porque intento derrocar a un gobierno democrático”. Pero nunca se la negaron a Pinochet que no solo lo intento, sino efectivamente lo derroco [ríe].
El PCV, La Causa R, MAS y el MEP se nos unió a la campaña. Inmediatamente después de mi victoria,  llegaron los directivos del MAS exigiendo dos ministerios. Les respondí: “No, lo lamento. No estoy repartiendo ni repartiré cargos. Este gobierno no será de ‘ancha base’ como en tiempos de AD-Copei”. Claro que escogí ministros de esos partidos, pero no por su filiación partidista sino por sus cualidades intrínsecas. No quería la hegemonía del MVR.
Decía Churchill que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota ninguno. ¿Esos partidos se arrimaron a usted porque olieron el perfume del triunfo?
Sin duda alguna. Incluso lo hizo la oligarquía. Llegaron a escribir en un diario: “como no podemos con ‘el bicho’, entonces hay que domarlo”. Me invitaron al canal más rancio de la Oligarquía y la adulancia era tal, que me sentía avergonzado de estar allí. Cuando llegue a Miraflores el 2 de diciembre a tomar el cargo de Presidente, estaban allí Fujimori, Menem, el Príncipe de Asturias… Incluso invitaron a José Luis Rodríguez, “El Puma”, a cantarme una canción…Querían absorberme como vampiros [ríe]. Mi pueblo que me voto no estaba representado allí… Fidel que andaba husmeando me dijo con ironía: “¿Esta es la Quinta República?”.
Con nuestra victoria demostramos que la izquierda latinoamericana podía ir y ganar elecciones, como se demostró después en Bolivia, Brasil, Ecuador, Argentina, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, Perú… incluso Chile.
Chávez, lo sentimos pero tenemos que marcharnos ‘por ahora’…
Si, gracias Ramonet y a tu equipo. Te despido con esta frase e Bolívar: “No daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que veamos a Venezuela verdaderamente como la soñamos: digna, prospera, gloriosa y soberana” [me da un abrazo de despedida].
Final del libro.
Continuara con algunos otros párrafos escogidos…
Fuente: Hugo Chávez, Mi Primera Vida. C<>onversaciones con Ignacio Ramonet. Pág. 640-696.

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