Por Guadi Calvo.
La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA)
informó que desde el 1 de enero al 30 de junio, la violencia
terrorista, provocó 1662 muertes de civiles, un 2% más respecto al mismo
período de 2016.
No es casual que el mayor número de muertos y heridos se hayan producido en las provincias de Nangarhar y Helmand, ambas fronterizas con Pakistán y donde la actividad tanto del Talibán como de otros grupos armados integristas como la red Haqqani, Lashkar-e-Tayyiba (LeT), Jaish-e-Mohammed (JEM) y Lashkar-e-Jhangvi, de una u otra manera vinculados alTalibán afgano o al grupo Khorasan, vinculados al Daesh y en abierta guerra entre ellos.
Desde siempre, no
solo terroristas, sino bandas de contrabandistas y carteles de la droga,
han utilizado la intrincada geografía que atraviesa la Línea Durand,
(la frontera entre Pakistán y Afganistán), como verdaderos santuarios
para su protección.
Era solo cuestión de
tiempo para que el terrorismo le doble el brazo a Kabul, capital de un
país prácticamente fallido y escenario de guerra e inestabilidad
política y armada, que desde hace más de cuarenta años ha horadado a su
sociedad y su economía hasta los cimientos. Incrementado además la pugna
entre sus más de 50 etnias y tribus, siempre dispuestas a una nueva
guerra.
Esa realidad ha
congelado la inversión extranjera y convertido al país en estado
mendicante que vive de las contribuciones internacionales, lo que impide
más allá, si existiera la “buena voluntad”, recomponer la economía. Es
fundamental que Kabul venza al terrorismo.
A casi dieciséis
años de la invasión norteamericana, prácticamente el 60 % del territorio
afgano está bajo el control de diferentes grupos armados. Convertido
nuevamente el Talibán, un fantasma ubicuo y omnisciente, que puede golpear, prácticamente a su antojo, en cualquier sitio.
Para que este estado
de situación haya alcanzado el punto crítico que está obligando al
gobierno de Donald Trump a replantear su estrategia respecto a
Afganistán y que la posibilidad de una nueva intervención militar a gran
escala, ya no sea una contingencia remota, sino una alternativa casi
inmediata, ha jugado un elemento clave, fundamental e histórico:
Pakistán.
Prácticamente desde
que Pakistán logró separarse de India en 1947, ha entendido que su
existencia dependía de la construcción de unas fuerzas armadas y de
seguridad que no solo pudieran contrarrestar las pretensiones de Nueva
Delhi en Cachemira y el resto de sus 2.900 kilómetros de frontera con
India, sino también evitado cualquier tipo de alianza entre Afganistán e
India.
En 1948, Pakistán
tras el fracaso de la primera guerra, de las tres que mantendría con
India, por la provincia de Cachemira, entendió como clave la creación de
un servicio de inteligencia militar adecuado a los desafíos por venir.
En ese mismo año se funda la Dirección de Inteligencia Inter-Servicios
de Pakistán (ISI) hoy uno de los poderosos servicios de inteligencia del
mundo, cuya función es coordinar las distintas oficinas de inteligencia
de las tres fuerzas armadas y la policía pakistaní.
Si bien
particularmente el ejército, a lo largo de su historia, se convirtió en
un estado dentro del Estado por una capacidad financiera y estratégica
que le han permitido gobernar el país más de la mitad de sus 69 años de
historia independiente.
Mientras que el ISI, se ha convertido en lo que el intelectual canadiense Peter Dale Scott llama Depp Politics o Estado Profundo, una red de funcionarios públicos que opera secretamente, más allá de sus jefes naturales.
El Servicio Inter
Fuerzas pakistaní ha controlado históricamente la actividad política y
militar del país, desde para dar una simple paliza a un estudiante,
pasando por secuestros, torturas y ejecuciones extrajudiciales, hasta
conseguir componentes para la fabricación de armas nucleares. Pakistán
cuenta con armamento nuclear desde 1998, tras haber fundado su programa
de investigación en 1972.
Entre una “simple” paliza a la concreción de ojivas nucleares, el ISI ha actuado y lo sigue haciendo en todo.
Alcanzado su punto el mayor exposición en la larga guerra entre las fuerzas muyahidines afganas,
armadas y entrenadas por Estados Unidos y financiadas por Arabia
Saudita contra la Unión Soviética (1978-1992), convirtiendo a Pakistán
en un portaaviones norteamericano anclado en pleno macizo de Hindú Kush.
En Pakistán los muyahidines afganos,
junto a combatientes provenientes de una decena de países
particularmente musulmanes como Arabia Saudita, Chechenia o Tayikistán y
otros tan lejanos como Filipinas o Túnez, y muchos pakistaníes salidos
de las madrassas financiadas
por Arabia Saudita, conformaron el núcleo que se esparciera para la
creación de otros muchas organizaciones similares a lo largo del mundo
islámico.
Al abrigo del ISI y el ejército pakistaní, los muyahidines, no
solo se entrenaron, sino que se les permitiría utilizar la frontera
como cuarteles de invierno, donde no solo encontrarían refugio, recurso y
asistencia sanitaría.
En esos largos años de contacto, entre los muyahidines y el ISI se estrecharon fuertes vínculos que no cambiaron cuándo aquellos combatientes, en octubre de 1994, a las órdenes del Mullah Omar, se convirtieran en el movimiento Talibán.
El ISI ha utilizado
al terrorismo afgano en varias incursiones contra India en Cachemira e
incluso existen fortísimos indicios para considera que los ataques a
Mumbai en 2008, que dejaron más de 170 muertos, haya sido una operación
conjunta entre muyahidines vinculados al Talibán y al-Qaeda y la inteligencia pakistaní.
Una relación, por lo menos, tortuosa.
Washington permitió las relaciones entre el ISI y el Talibán,
hasta que se conoció, por lo menos públicamente, que un viejo amigo en
común Osama bin Laden, estaba implicado hasta las pestañas en los
ataques a lasWorld Trade Center .
El final de la
cacería de Bin Laden y su muerte (?) tras diez años de búsqueda se
produjo en la madrugada del 2 de mayo de 2011, en Waziristán Haveli , de
la ciudad de Abbottabad, poco más de tres kilómetros de la Academia
Militar de Pakistán , en Bilal Town y 70 de Islamabad, sin haber
informado a ninguna autoridad política del país, ni a los general Ashfaq
Parvez Kayani, jefe del estado mayor del ejército y al general Ahmed
Shuja Pasha, director general del ISI.
Según algunas
fuentes, concluyen que el ISI estaba al tanto de la presencia de Osama
Bin Laden en el país e incluso existe la información de que fue el mismo
ISI quien había ordenado Amer Aziz, un médico y mayor del ejército
paquistaní que atendiera a bin Laden, quien se encontraba enfermo a
pesar de ser el hombre más buscado del mundo y por cuya cabeza se
ofrecían 25 millones de dólares.
Aquella madrugada de
mayo, no ha sido la única violación de la soberanía pakistaní por parte
de los Estados Unidos, el 3 de septiembre de 2008, dos helicópteros de
las fuerzas especiales estadounidenses presumiblemente las Task Force 88, en búsqueda de miembros de al-Qaeda y Talibán,
ingresaron a territorio Pakistaní y aterrizaron en el pueblo de Musa
Nikow, en Angorada, Waziristán del Sur, donde asesinaron a más de 20
civiles.
Este es un ejemplo
emblemático pero no el único “incidente” similar que han involucrado a
fuerzas estadounidenses asesinando civiles en Pakistán, la cifra supera
las dos mil muertes y en su mayoría fueron realizadas desde drones en
abierta violación de la frontera de Pakistán.
Desde su implicación
con grupos integristas, Pakistán ha sufrido incontables acciones
terroristas que le han provocado miles de muertos.
Tomando como punto de partida el ataque al Hotel Marriot de Islamabad, en septiembre de 2008, que causó la muerte de 53 e hirió a otras 266, y cuya autoría se adjudicó el movimiento Tehrik-e-Talibán Pakistán , los atentados contra objetivos militares y miembros de la minoría chií se
han multiplicado de manera exponencial haciendo imposible calcular una
cifra exacta que sin duda excede las tres mil víctima mortales. Hechos
que sin duda beneficia a los sectores más nacionalistas del ejército.
El ISI también tiene
a cargo la vigilancia de los diferentes grupos separatistas de la
provincia de Beluchistán, en muchos casos financiados por India, y el
control de las Zonas Tribales, santuario de las bandas terroristas.
A esta monumental
actividad, oficialmente, hay que agregarle la vigilancia de los carteles
del opio que desde Afganistán trasportan su mercadería o bien hacia
Irán o el Puerto de Karachi sobre el mar Arábigo, próximo al estrecho de
Ormuz, cuyos embarques abastecen a Europa y Estados Unidos y por la
efectividad de los transporte y los miles de millones de dólares en
juego la inteligencia pakistaní colabora con dichos carteles.
Por el temor a India
la estrategia de Pakistán, articulada por el ISI, para Afganistán es
mantener a ese país en permanente estado de zozobra para evitar que
alguna vez se conforme un gobierno lo suficientemente fuerte para que
pudiera trazar algún tipo de alianza con India y desequilibrar las
fuerzas en la región.
Mientras que Estados
Unidos había encontrado en Pakistán un socio con flancos muy débiles
para poder presionarlo cuando fuera necesario, el doble juego de
pakistaní, respecto a su alianza con Washington y las bandas terroristas
al mismo tiempo, es lo que ha obligado a los Estados Unidos a
replantearse sus políticas respecto a Islamabad, hacían donde fluyeron
una cifra cercana a los 30 mil millones de dólares durante los últimos
20 años.
Estados Unidos está
intentado desenmascarar al sector del ISI que pueda jugar tanto con los
terroristas como con los carteles del opio y de alguna manera iniciar un
proceso de estabilización en Afganistán, convertido en un pozo sin fin a
la hora de consumir los recursos norteamericanos.
Estados Unidos debe
jugar rápido y bien en esta nueva ecuación de Asía Central, ya que
también han empezado a jugar y muy fuerte China y Rusia, sin olvidar que
Irán, como potencia regional, y cuestiones geográficas, históricas y
religiosas, también tiene mucho para decir en ese juego, por lo que no
sería descabellado pensar que a los Estados Unidos podrían arrebatarle
su posición dominante en una región que como afirma la teoría del Heartland o de la región Cardial, del geógrafo ingles Halford John Mackinder: “Quien la domina, tiene muchas posibilidades de dominar el mundo”.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook:
