Posted: 01 Sep 2017 07:40 AM PDT
ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP
Economista
Una
de las dificultades que enfrenta la economía venezolana como
consecuencia de la crisis capitalista que la afecta, es poder equilibrar
los ingresos por concepto de exportaciones, con los requerimientos en
materia de importación y los compromisos de pago adquiridos por la
nación.
El
Ejecutivo nacional ha adoptado básicamente dos mecanismos para
enfrentar la situación: en primer lugar una drástica reducción de
importaciones, y por el otro lado, buscar nuevas fuentes de
financiamiento externo. Ambos mecanismos generan a su vez otras
dificultades.
Pese a los reiterados pronósticos de que Venezuela estaría a las puertas de la cesación de pagos (default),
el país ha venido cumpliendo con el cronograma de desembolsos
relacionados con el servicio de su deuda externa, cumplimiento que el
gobierno ha presentado como un logro meritorio, pero que no es otra cosa
que una estrategia para mantener abierto el acceso al crédito externo,
ya que una situación de default cerraría la posibilidad de un
nuevo financiamiento. Dicho en términos llanos, es la estrategia de
pagar para poder endeudarse nuevamente.
Esta
política resulta insostenible en vista de que cada nuevo endeudamiento
es adquirido en condiciones menos favorables, aceptando tasas de interés
más elevadas, e incluso entregando en garantía activos de la nación,
como es el caso de la propiedad accionaria de la empresa CITGO, filial
internacional de PDVSA. Por otra parte, tal conducta se refleja en el
agotamiento acelerado de las reservas internacionales, lo cual genera
más desequilibrio en las cuentas externas de la nación, tomando en
cuenta además que no hay señales de recuperación significativa de los
ingresos por exportaciones petroleras.
Círculo vicioso
La
economía ha sido conducida a un círculo vicioso de falta de liquidez en
divisas que obliga a nuevos endeudamientos, que a su vez obligan a
realizar desembolsos cada vez mayores, que a su vez aceleran el
agotamiento de las reservas internacionales.
Existe
por tanto el riesgo de una situación de insolvencia sobrevenida, por lo
que se hace urgente plantear alternativas para lidiar con el problema
de la deuda en resguardo de la soberanía económica, como la declaración
de una moratoria general de la porción externa de la deuda. De igual
modo, se hace urgente adoptar un plan de estabilización y recuperación
de la economía, como única vía para proteger el ingreso de los
trabajadores y atender las necesidades sociales.
Es
necesario añadir que la recién electa Asamblea Nacional Constituyente
(ANC) tiene la potestad de sustituir a la Asamblea Nacional en lo que
respecta a otorgar las autorizaciones que necesita el Poder Ejecutivo
para realizar operaciones de crédito público, además de contratos de
interés nacional. Pero la correlación de fuerzas existente en la ANC, y
los intereses de clase allí representados, pueden incidir en la adopción
de una política que conduzca a aumentar el ya importante nivel de
endeudamiento externo, así como al otorgamiento de concesiones mineras
que permitan al Estado obtener liquidez en divisas a costa de
comprometer el futuro de la economía nacional y de generar impactos
negativos sobre la sociedad y el ecosistema. El pueblo trabajador debe
mantenerse alerta ante esta posibilidad, y movilizarse en contra de
cualquier tentativa entreguista en la política económica que se adopte
en los próximos meses.