Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

5 de septiembre de 2017

Trump contra Dreamers: una infamia inadmisible

Editorial – La Jornada
En varias ciudades estadunidenses ayer hubo manifestaciones de jóvenes inmigrantes conocidos como dreamers (soñadores) cuya permanencia en suelo estadunidense se encuentra amenazada por la tentativa del presidente Donald Trump de cancelar el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), creado durante el gobierno de Barack Obama, el cual les permite estudiar, trabajar y obtener licencia de manejo, un número de seguridad social y una tarjeta de crédito.
Por su parte, el gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, anunció que demandará judicialmente a la Casa Blanca si deroga el programa. La acción del presidente cambiará drásticamente la vida de cientos de miles de personas jóvenes que nunca pidieron que Estados Unidos fuera su hogar, señaló el gobernante neoyorquino.

En efecto, se calcula que hay casi 800 mil jóvenes en las condiciones establecidas para ser beneficiarios del DACA, no ser deportados y obtener permisos de estancia (no de residencia) renovables cada dos años: llegaron sin documentos a territorio estadunidense siendo bebés o niños, han vivido allí desde 2007, no tienen antecedentes penales y estudian o ya han concluido el bachillerato.
Muchos de esos muchachos desconocen el idioma materno de sus padres, carecen de vínculos con su nación de origen y no tienen más país que Estados Unidos. Ahora Trump pretende dejarlos sin ninguno.
Cierto que la cancelación del DACA fue una de las promesas infames de campaña del actual mandatario, junto con la construcción del muro fronterizo con México, la persecución de migrantes en general y la terminación o la drástica reconfiguración del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para convertirlo en un instrumento descaradamente favorable a Estados Unidos. Se prevé que Trump anuncie hoy mismo la terminación del programa, lo que daría pie a deportaciones masivas de jóvenes o, cuando menos, los dejaría en un estado de total indefensión legal.
Semejante medida presidencial sería, pues, una atrocidad xenofóbica sin precedentes en el mundo contemporáneo, daría lugar a un quiebre existencial gravísimo para centenares de miles y debe ser detenida por todos los medios políticos y legales imaginables.
Desde México es claro que las autoridades nacionales y la sociedad en general están ante el deber de encabezar una defensa decidida e inequívoca de una generación de connacionales que está en peligro de perder su casa, su trabajo, su escuela y su mundo en general.
Es necesario que desde todos los ámbitos políticos, económicos y sociales se manifieste el repudio al intento de acabar con el DACA y que la representación del país en la renegociación del TLCAN ponga sobre la mesa el rechazo nacional a semejante medida y, en general, la exigencia de un trato justo para los migrantes mexicanos en el territorio del país vecino. Al fin de cuentas, Trump pretende reconfigurar la relación bilateral a partir de la renegociación de ese instrumento comercial, y la migración es uno de los puntos nodales e insoslayables de esa relación.
Anexo 1 :
 Facebook y Harvard critican el fin de la protección a los jóvenes inmigrantes sin papeles
Ejecutivos de grandes empresas y algunos políticos republicanos se oponen a la decisión de Trump sobre los ‘dreamers’
La confirmación de que la nueva Administración de Donald Trump pone punto final al programa que Barack Obama impulsó para proteger de la deportación a los inmigrantes que entraron en Estados Unidos siendo niños desató este martes la esperada oleada de críticas entre importantes empresas tecnológicas, como Facebook, instituciones como Harvard e incluso varios legisladores republicanos. La medida implica que unos 800.000 dreamers (en español, soñadores) pierden una dispensa temporal por la que que, pese a su limbo legal, podían residir y trabajar durante dos años (renovable) en Estados Unidos, el país donde se han criado como cualquier otro niño estadounidense.
“Este es un día triste para nuestro país. La decisión de terminar con el DACA [las siglas en inglés de este programa] no solo está mal. Resulta especialmente cruel ofrecer a los jóvenes el sueño americano, animarles a salir de las sombras y confiar en nuestro Gobierno y entonces castigarles por eso”, escribió el presidente de Facebook, Mark Zuckerberg.
El plan de Obama, que salió adelante en 2012 como una orden ejecutiva, quedaba  lejos de la barra libre: los candidatos a beneficiarse debían haber entrado en el país con menos de 16 años y llevar residiendo en él desde al menos 2007. Se trata de un colectivo que, en muchos casos, ni siquiera tuvo conciencia de su situación irregular hasta hacerse mayor, apenas conoce su país de origen y se siente como un estadounidense más. Ahora han perdido la protección y, además, figuran en una lista en manos del Gobierno.
El anuncio provocó la dimisión del presidente de la Cámara de Comercio Hispana de EEUU, Javier Palomarez, de un panel de expertos que bajo el nombre de Coalición de Diversidad asesora al presidente. “Si se deshace de DACA, está demostrando que es un mentiroso”, había avanzado Palomarez en una entrevista en CNN hace unos días, cuando Trump advirtió de que tomaría una decisión al respecto. Tras ganar las elecciones, el republicano dijo que los dreamers iban a ser tratados con “corazón”.
En manos del Congreso
La presidenta de Harvard, la universidad que en la que se han graduado algunos de estos jóvenes migrantes, no ha visto corazón por ninguna parte. Este martes envió una carta dura a los miembros de la institución en la que tachaba de “cruel” la política anunciada por el Departamento de Justicia y prometió batallar contra ella.
Trump está, de facto, dejando el futuro de estos jóvenes en manos del Congreso, que tiene un plazo de seis meses para acordar una salida a este colectivo de 800.000 personas, menos del 10% de los aproximadamente 11 millones de inmigrantes indocumentados que se calcula que hay en Estados Unidos. “Nosotros, como estadounidenses, no responsabilizamos legalmente a los niños de las acciones de sus padres”, dijo el lunes en un comunicado el republicano James Lankford, senador por Oklahoma. “No creo que deba hacer eso”, había dicho también el presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan.
El viernes, una carta firmada por 400 ejecutivos advertía de que la supresión del programa podría suponer la pérdida de 460.300 millones de dólares en el PIB y 24.600 millones en los sistemas de Seguridad Social y cobertura sanitaria. Entre los firmantes figuraban el ya citado Zuckerberg, Meg Whitman, de Hewlett-Packard o Mary Barra, de General Motors. “[Los dreamers] son una de las razones por las que seguimos teniendo una ventaja competitiva global”, recalcaban.
Anexo 2:
DONALD TRUMP ES UN SICÓPATA MANIACO: PAUL AUSTER
Por Armando G. Tejeda , Corresponsal en Madrid,  La Jornada
-Auster hurga en el misterio de lo fortuito; rompe sequía de 7 años
-El escritor lanza en Madrid su novela más reciente, 4321, publicada por Seix-Barral
-Retrata el siglo XX de Occidente, sobre todo su natal EU, nación que cambió con la afluencia masiva de inmigrantes
-‘‘No culpo a Trump por ser el sicópata maniaco que es, hay muchas personas así en el mundo; lo que me asombra es que más de 60 millones de estadunidenses hayan votado por él”
Donald Trump tiene un discurso y unas creencias profundamente misóginas y es un enemigo de la cultura, de la literatura, sostuvo Paul Auster ayer durante una conferencia de prensa en la capital española.
A sus 70 años y con la curiosidad en la mirada intacta, el escritor estadunidense Paul Auster escribió su reciente novela, 4321 (Seix-Barral), con la finalidad de hurgar en uno de los grandes misterios de la vida: lo inesperado, lo azaroso, los hechos que vivimos y que nos condicionan.
Sin embargo, entre las inquietudes de este novelista afincado en Nueva York últimamente también están las vicisitudes políticas, raciales y antropológicas de su país, donde asiste con tristeza y perplejidad al despertar de un ogro que parecía dormido.
Por eso, con mirada curiosa, inquiere: ¿Cómo es posible que 60 millones de estadunidenses hayan votado a un sicópata maniaco?
Auster nació en Newark, Nueva Jersey, en 1947, en el seno de una familia judía de origen polaco que huyó de la Europa incendiada y atemorizada por el auge del nazismo.
Nueva York se convirtió no sólo en su refugio y su ciudad, sino también en un lugar más de su imaginario literario, que inició a los 29 años, cuando publicó su primera novela.
Ahora, con una carrera literaria consolidada, traducido a decenas de idiomas y con numerosos reconocimientos, publica lo que él cree es, probablemente, su novela más ambiciosa.
Azar y realidades subvertidas
En 4321 Auster indaga en ese misterio de los hechos fortuitos, de cómo un instante o un episodio concreto acaban por cambiar la vida para siempre. Él mismo recordó que había tenido dos grandes instantes que lo marcaron por lo inesperado y porque finalmente fueron vitales para su historia personal. El primero ocurrió cuando tenía 14 años y su familia lo envió a un campamento de verano en una zona boscosa; una noche hubo una gran tormenta y a un costado de la casa de campaña cayó un rayo que mató a uno de sus compañeros, otro joven de su edad. Pude haber sido yo, pero no fue así. Fue el otro chico. Y eso, ¿por qué fue? ¿Fue el azar o el destino? No lo sé, pero sí sé que fue algo inesperado, explicó Auster en una rueda de prensa.
El segundo hecho que lo marcó fue conocer a su esposa y compañera, la escritora Siri Hustvedt, con quien vive desde los años 80 del siglo pasado, y ha sido determinante en su evolución de escritor, publicando desde entonces las que se consideran sus grandes novelas, al menos antes de la más reciente: El palacio de la luna, Leviatán, Trilogía de Nueva York y El libro de las ilusiones.
Después de siete años de silencio literario, Auster presenta una historia que es de alguna forma la del siglo XX del mundo occidental, sobre todo de su país, nación que se transformó con la afluencia masiva de migrantes económicos y personas que huían de la Segunda Guerra Mundial o de la depresión y la hambruna de la primera mitad del siglo XX en Europa.
En esa novela se entrelazan cuatro historias en torno a una persona, siempre mediante hechos azarosos que al final subvierten esas realidades entretejidas. El personaje es un joven llamado Archie Ferguson, nieto de judíos inmigrantes en Nueva York, a través del cual enhebra la historia de una saga que representa una época singular. Figuran la adolescencia, la juventud y la búsqueda infatigable del amor; también la agria lucha por los derechos civiles en la segunda mitad del siglo XX, los asesinatos de Martin Luther King y J.F. Kennedy y hasta la fractura en la sociedad por la guerra de Vietnam.
Es una historia contada en más de mil páginas, que hizo con celo y en su inseparable máquina de escribir durante siete años.
Amenaza para EU y el mundo
Auster, quien admitió cierta fatiga al viajar por el mundo promocionando su libro, cuando él lo único que desea es volver a Nueva York y sentarse a escribir historias, también se refirió de manera reiterada a su visión sobre Estados Unidos en la época actual, gobernado por un personaje como Trump, donde vuelven a aflorar sentimientos raciales que se creían abolidos. “No culpo a Donald Trump por ser el sicópata maniaco que es, hay muchas personas así en el mundo. Lo que me asombra es que más de 60 millones de americanos hayan votado a un sicópata maniaco. Creo que es un peligro y una amenaza real, no sólo para Estados Unidos, sino para el mundo. Así que rezo para que no sea relegido, porque ocho años de Trump serían… no sé… ¿El mundo seguiría existiendo?”
Auster reconoció que en la sociedad estadunidense se había instalado el malestar, el enfado y de alguna manera eso llevó al encono social y que acabaran votando a Trump 60 millones de personas, de las que 52 por ciento fueron mujeres, lo que dijo el escritor, me impresionó muchísimo.
Paul Auster recordó que Trump, además de ser sicópata maniaco, tiene un discurso y unas creencias profundamente misóginas y es un enemigo de la cultura, de la literatura.
Trump, recordó el autor, manifestó que no le gusta cómo huelen los libros, así que mucho menos le va a gustar sujetar uno entre las manos.
Sin embargo, la perplejidad de Auster es aún mayor después de escribir 4321 y profundizar en la historia de su país: Estados Unidos es un experimento único en la historia humana. Es un país complicado, porque es una invención y es un país de inmigrantes. Es una idea compleja y a su manera noble, y que parte del hecho de que la forman todos los que han llegado a ella. Estados Unidos es los que habitan un territorio y se han organizado para convivir. Su tragedia es que está fundada en varios crímenes: uno es la esclavitud, de la que nunca hablamos muy claramente.
Auster insiste en que a pesar de Trump y su estela de fanatismo, la poesía y la literatura llegarán después a Donald Trump. Martes 5 de septiembre de 2017