27 octubre 2017.- El coordinador general de Izquierda Unida española
(con fuerte influencia del Partido Comunista local) rechazó la
independencia de Catalunya y a la vez señala que el PP, el PSOE y
Ciudadanos buscan una “salida reformista y autoritaria” a base de
“represión policial, judicial y administrativa” que llevará a “un país
menos democrático y más centralista”.
El coordinador general de Izquierda Unida (IU), Alberto Garzón, rechaza la declaración de independencia de Catalunya al considerar que
se produce “al margen de la mitad de la población” y que “ahonda más en las carencias de la hoja de ruta” de los separatistas, y quiere que IU trabaje por una reforma constitucional que permita proclamar una República Federal en España que reconozca la plurinacionalidad y que permita el derecho de autodeterminación a los catalanes.
se produce “al margen de la mitad de la población” y que “ahonda más en las carencias de la hoja de ruta” de los separatistas, y quiere que IU trabaje por una reforma constitucional que permita proclamar una República Federal en España que reconozca la plurinacionalidad y que permita el derecho de autodeterminación a los catalanes.
Así lo explica Garzón en el borrador de resolución
política sobre Catalunya que se debatirá y votará este sábado en la
Asamblea Política y Social de IU, el máximo órgano de la formación. Eso
sí, el texto aún no es definitivo y está sujeto a enmiendas.
La declaración comienza reiterando el rechazo frontal
de IU a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que a su
juicio “es una medida desproporcionada y antidemocrática”, supone
“una extralimitación de las facultades reconocidas al Gobierno que
contribuye a poner fin a la propia legalidad constitucional que dice
restaurar” y que sólo servirá para “elevar la tensión en Catalunya y en
el conjunto de España, persistiendo en un grave error político que
además da alas a las posiciones intransigentes”.
Pero también cuestiona la declaración unilateral de
independencia porque sostiene que la movilización del 1 de octubre no la
legitima y que se produce “al margen de la mitad de la población
catalana, ahondando aún más las carencias de contenidos sociales y de
regeneración democrática de la hoja de ruta de Junts pel Sí y la CUP”.
“Bloque reaccionario y monárquico”
A su juicio, el PP, el PSOE y Ciudadanos han formado un “bloque reaccionario y monárquico”
que busca una “salida reformista y autoritaria” a base de “represión
policial, judicial y administrativa” que llevaría a “un país menos
democrático y más centralista”.
En ese bloque incluye al Rey, al que acusa de
desempeñar un “papel partidista y no neutral” para “agitar aún más los
ánimos del nacionalismo español”, lo que en su opinión “compromete
necesariamente el futuro de la monarquía en España al futuro del bloque
reaccionario y monárquico”.
Así las cosas, Garzón opina que ni ese “bloque
reaccionario y monárquico” ni el independentismo son útiles para aportar
soluciones,
y apuesta, como “la mejor solución”, por un proceso constituyente que incluya “una nueva Constitución Republicana y Federal” que reconozca el derecho de autodeterminación de los pueblos.
y apuesta, como “la mejor solución”, por un proceso constituyente que incluya “una nueva Constitución Republicana y Federal” que reconozca el derecho de autodeterminación de los pueblos.
Según indica, “no debería ignorarse que el 80% de la
sociedad catalana ha manifestado su interés en ejercer el derecho a
decidir” y por ello entiende que “la única forma de resolver el presente
conflicto político es a través de un proceso dialogado y negociado que
garantice el ejercicio del derecho a decidir e incorpore como mecanismo
democrático un referéndum pactado, que facilite la participación masiva
de la sociedad catalana con posible expresión de las diferentes opciones
y que implique un debate serio y profundo sobre el modelo de Estado”.
Mediación internacional
Para conseguirlo, Garzón admite ahora que “es posible
que sea necesaria la mediación de actores nacionales o internacionales a
fin de habilitar cauces políticos para una solución al conflicto”, y lo
justifica en “la reacción del bloque reaccionario y monárquico”.
En todo caso, enmarca la autodeterminación en esa
reforma constitucional: “Defendemos el derecho a decidir de Catalunya
como una cuestión democrática dentro de nuestra propuesta de una España
plurinacional -se recoge en el texto-. La crisis de régimen debe
finalizar con el inicio de una nueva etapa para España marcada por el
respeto a la plurinacionalidad y la garantía de cumplimiento de los
derechos humanos”.
A tal fin, propone a IU iniciar una campaña para
promover por toda España el debate de ese nuevo marco constitucional:
“Llevaremos nuestra propuesta por una España republicana y federal a
todas las partes del país, haciendo partícipe a todos los actores
sociales que compartan tal proyecto y garantizando que el resultado
final sea un borrador de Constitución Federal ampliamente debatido y
discutido”, avanza.
Por último, la resolución “condena rotundamente la
represión policial aplicada por el gobierno del PP” y rechaza “el
encarcelamiento incondicional” de los responsables de ANC y Ómnium “bajo injustificadas acusación de sedición y por un tribunal no competente para ello”.
Alberto Garzón: “No es coherente ser independentista y comunista en el contexto catalán”
El coordinador federal de Izquierda Unida, que acaba de publicar el
libro ‘Por qué soy comunista’, analiza en entrevista con ‘Público’ el
escenario catalán, las opciones de Puigdemont y las responsabilidades de
quienes han llevado a este escenario: el president y su homólogo en
Moncloa, Mariano Rajoy. Califica la situación actual como una “guerra de
banderas”, afirma que el 155 tiene elementos “que no se pueden
justificar jurídicamente, como la intervención de TV3”, y vaticina que,
de haber declaración de independencia, “no tendrá valor jurídico”.
Alberto Garzón, hace unos días en el Congreso.
El coordinador federal de Izquierda Unida no ve
“coherente” ser “independentista y comunista” en el contexto catalán, un
polarizado conflicto de “guerra de banderas”, y deja claro que él sólo
se identifica con la segunda etiqueta. Alberto Garzón Espinosa (Logroño, 1985) presentó este lunes su nuevo libro, Por qué soy comunista
(Ediciones Península), en el que intenta “fortalecer la caja de
herramientas” de la que se sirve la izquierda para “criticar el mundo
existente” y “construir uno alternativo”.
En entrevista con Público, Garzón reparte
entre Carles Puigdemont y Mariano Rajoy la responsabilidad de haber
llegado a la actual situación en Catalunya, y no pierde de vista su
objetivo de construir una república federal que garantice los derechos
sociales de los trabajadores y luche contra la desigualdad y la
precariedad.
Dos asuntos, afirma, en los que no han puesto ningún
énfasis ni el presidente del Gobierno ni su homólogo en la Generalitat.
Apunta que el proceso independentista “no está siendo apoyado por las
clases trabajadoras” y advierte sobre el rebrote de la ultraderecha y el
avance del nacionalismo español: “PP y Ciudadanos llevan en su ADN lo
que Franco llamaba ‘la sacrosanta unidad de España'”.
En el horizonte, la aplicación de un 155 con
elementos “que no se pueden justificar jurídicamente, como la
intervención de TV3”, y una posible DUI “sin valor jurídico” y “sin
legitimidad”. Garzón habla claro y no esconde que la polarización puede
pasar factura electoral al discurso del grupo parlamentario Unidos
Podemos-En Comú Podem-En Marea, en el que se integra la coalición de
izquierdas, pero asegura estar convencido de que “tarde o temprano se
abrirá camino la propuesta de un referéndum pactado”.
¿Por qué surge la voluntad de escribir este libro? ¿Para qué espera que sirva?
Hay dos propósitos fundamentales: el primero es
contribuir humildemente a la formación teórica de la izquierda,
fortalecer la caja de herramientas que tiene la izquierda para criticar
el mundo existente y construir uno alternativo. Por otro lado, en
tiempos como los actuales creo necesario fortalecer la idea de un
proyecto político alternativo que yo llamo comunismo, que pretende
construir una sociedad sin clase. El elemento de clases sociales es
fundamental y el libro se articula a partir de ese concepto, que es el
que mejor permite entender fenómenos diversos, como por qué sube la
extrema derecha en el norte de Europa, por qué surge Trump o por qué se
dan fenómenos como el 15-M. Estos fenómenos parecen aislados y se
explican mejor con el análisis y el instrumental marxista que yo intento
poner a disposición en este libro.
Con la crisis catalana, en un clima tan polarizado
¿falta discurso, relato o capacidad de analizar y explicar la situación
por parte de la izquierda?
Creo que falta mucho análisis marxista, dicho de
forma simplificada. La izquierda ha pecado de haber dejado de hablar de
las cuestiones de la economía política, de las estrategias a largo
plazo, de reforzar un planteamiento internacionalista, y creo que esos
elementos son fundamentales para abordar fenómenos y problemas como los
de Catalunya. Necesitamos entender por qué las clases populares, las más
perjudicadas por la crisis y la globalización, siguen votando al
Partido Popular, o por qué un proceso como el independentista no está
apoyado por las clases trabajadoras de Catalunya. Esas clases
trabajadoras, inmigrantes de segunda generación en muchos casos,
proceden de otros lugares de España y no son independentistas. El
marxismo no lo explica todo, pero creo que es una herramienta
imprescindible para entender lo que sucede y actuar sobre ello.
“Siempre que exista el capitalismo como sistema
existirá el comunismo como idea, movimiento y alternativa”, dice el
libro. También afirma que es incongruente ser maxista y nacionalista a
la vez. ¿Y ser comunista e independentista al mismo tiempo?
“Parte del nuevo independentismo cree que la independencia le devolverá las condiciones de vida precrisis, pero es una quimera”
Creo que es un error. No niego que existan, porque yo
no soy quien reparte los carnés de comunista, pero creo que la
independencia, en referencia a la independencia nacional, no proporciona
las bases necesarias para el comunismo. Si, por ejemplo, Catalunya
fuera independiente, sólo hay que ver que la Ley de Transitoriedad
Jurídica que han aprobado mantiene la estructura de la UE, mantiene sus
normas… Vivimos en un sistema-mundo donde la globalización capitalista
es el terreno de juego en el que nos movemos, y eso no se va a combatir
desde el independentismo, así de sencillo. Desde mi punto de vista es un
error. Sé que hay gente que cree lo contrario y lo respeto, pero desde
el punto de vista que yo planteo, atendiendo a cómo funciona la economía
realmente, no es posible.
Desde mi punto de vista, no es coherente ser
independentista y ser comunista, en un contexto como el que estamos
hablando en Catalunya. Creo que hay otras circunstancias históricas que
han hecho que naciones colonizadas, naciones bajo la opresión de un
imperio en los años 50 del siglo pasado, buscaran su libertad a través
de ideales comunistas, pero eran dos ideales que encontraban una
carretera común. El comunismo es internacionalista. La mejor definición
es, quizás, pero no la única, Proletarios del mundo, uníos [Manifiesto Comunista], no separaos.
Sostiene en el libro que el capitalismo está
condenado a muerte, y habla sobre el desempleo, la desigualdad o la
precariedad laboral… ¿hasta cuándo se van a seguir tapando estas
realidades con cortinas como la situación en Catalunya, que también
sirve al PP para dejar en segundo plano su corrupción?
Creo que el capitalismo, y es una de las virtudes de
Marx, fue desvelado, desentrañado, de tal forma que Marx encontró
cuales eran las lógicas de funcionamiento de un sistema económico que ha
cambiado muy poco en este tiempo. Su lógica, la lógica de la ganancia,
es la misma, y eso permite entender cómo el capitalismo es destructor:
destructor de las relaciones sociales, del planeta y de la vida. En la
vida política es verdad que estas expresiones más brutales del
capitalismo han pasado a un segundo plano en estos meses como
consecuencia del conflicto en Catalunya, que no es un conflicto
económico, o, mejor dicho, no es sólo un conflicto económico. Es un
conflicto que tiene un largo arraigo en términos de identidad nacional y
de construcción de una nación. Lo que tenemos en Catalunya es un
conflicto de banderas, por decirlo de forma simplificada, pero abarca
muchos fenómenos más complejos.
En ese conflicto de banderas importa muy poco la
cuestión social, y esto tiene que ver con la vivienda, el empleo o la
precariedad, que son las cuestiones más urgentes y prioritarias. Una
parte del nuevo independentismo cree que la independencia le devolverá
las condiciones de vida previas a la crisis, y creo que eso es una
quimera, un engaño. Por otro lado tenemos un rebrote del nacionalismo
español, que frente a la amenaza independentista, que amaga con alterar
su concepción de la unidad de España, deja y aparca las diferencias que
pueda tener con PP y C’s en términos de clase. Y eso es un problema,
porque significa que entramos de nuevo en una guerra entre pueblos, en
una guerra entre trabajadores de diferentes pueblos y naciones, en vez
de coordinarnos para construir un proyecto de país que pueda albergar a
todos en su diversidad, y proteger los derechos sociales de un lado y de
otro.
¿Cómo valora el desarrollo del 155 que quiere aplicar el Gobierno? ¿Lo esperaba así?
La aplicación del 155 anunciada por el Gobierno es
desproporcionada y un error. Era de esperar, pero contiene elementos que
no se pueden justificar desde ningún punto de vista jurídico, como la
intervención de los medios de comunicación públicos. Toda esta deriva
empeorará la situación y elevará la tensión sin servir para encauzar
políticamente el problema. Este problema no tiene que ver con
Puigdemont, ni con que cuatro o cinco personas se salten la ley, sino
con un fenómeno social que desborda claramente los límites de la ley;
tiene que ver con 2,5 millones de personas movilizadas, pidiendo algo
que ahora mismo es ilegal. Hay un 80% de la sociedad en Catalunya que
quiere votar, esté a favor o en contra de la independencia. Ante este
hecho uno puede cerrar los ojos y actuar con represión, jueces, policías
o con el 155, o puede afrontar una realidad: esto sólo vamos a poder
resolverlo con diálogo, negociación y encontrando fórmulas razonables.
La primera vía, la de los ojos cerrados, te va a llevar a un incremento
del independentismo, es la forma de proceder de los últimos años y la
conocemos.