Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

27 de octubre de 2017

También Izquierda Unida y el PC español rechazan la independencia catalana


27 octubre 2017.- El coordinador general de Izquierda Unida española (con fuerte influencia del Partido Comunista local) rechazó la independencia de Catalunya y a la vez señala que el PP, el PSOE y Ciudadanos buscan una “salida reformista y autoritaria” a base de “represión policial, judicial y administrativa” que llevará a “un país menos democrático y más centralista”.
El coordinador general de Izquierda Unida (IU), Alberto Garzón, rechaza la declaración de independencia de Catalunya al considerar que
se produce “al margen de la mitad de la población” y que “ahonda más en las carencias de la hoja de ruta” de los separatistas, y quiere que IU trabaje por una reforma constitucional que permita proclamar una República Federal en España que reconozca la plurinacionalidad y que permita el derecho de autodeterminación a los catalanes.
Así lo explica Garzón en el borrador de resolución política sobre Catalunya que se debatirá y votará este sábado en la Asamblea Política y Social de IU, el máximo órgano de la formación. Eso sí, el texto aún no es definitivo y está sujeto a enmiendas.
La declaración comienza reiterando el rechazo frontal de IU a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que a su juicio “es una medida desproporcionada y antidemocrática”, supone “una extralimitación de las facultades reconocidas al Gobierno que contribuye a poner fin a la propia legalidad constitucional que dice restaurar” y que sólo servirá para “elevar la tensión en Catalunya y en el conjunto de España, persistiendo en un grave error político que además da alas a las posiciones intransigentes”.
Pero también cuestiona la declaración unilateral de independencia porque sostiene que la movilización del 1 de octubre no la legitima y que se produce “al margen de la mitad de la población catalana, ahondando aún más las carencias de contenidos sociales y de regeneración democrática de la hoja de ruta de Junts pel Sí y la CUP”.

“Bloque reaccionario y monárquico”

A su juicio, el PP, el PSOE y Ciudadanos han formado un “bloque reaccionario y monárquico” que busca una “salida reformista y autoritaria” a base de “represión policial, judicial y administrativa” que llevaría a “un país menos democrático y más centralista”.
En ese bloque incluye al Rey, al que acusa de desempeñar un “papel partidista y no neutral” para “agitar aún más los ánimos del nacionalismo español”, lo que en su opinión “compromete necesariamente el futuro de la monarquía en España al futuro del bloque reaccionario y monárquico”.
Así las cosas, Garzón opina que ni ese “bloque reaccionario y monárquico” ni el independentismo son útiles para aportar soluciones,
y apuesta, como “la mejor solución”, por un proceso constituyente que incluya “una nueva Constitución Republicana y Federal” que reconozca el derecho de autodeterminación de los pueblos.
Según indica, “no debería ignorarse que el 80% de la sociedad catalana ha manifestado su interés en ejercer el derecho a decidir” y por ello entiende que “la única forma de resolver el presente conflicto político es a través de un proceso dialogado y negociado que garantice el ejercicio del derecho a decidir e incorpore como mecanismo democrático un referéndum pactado, que facilite la participación masiva de la sociedad catalana con posible expresión de las diferentes opciones y que implique un debate serio y profundo sobre el modelo de Estado”.

Mediación internacional

Para conseguirlo, Garzón admite ahora que “es posible que sea necesaria la mediación de actores nacionales o internacionales a fin de habilitar cauces políticos para una solución al conflicto”, y lo justifica en “la reacción del bloque reaccionario y monárquico”.
En todo caso, enmarca la autodeterminación en esa reforma constitucional: “Defendemos el derecho a decidir de Catalunya como una cuestión democrática dentro de nuestra propuesta de una España plurinacional -se recoge en el texto-. La crisis de régimen debe finalizar con el inicio de una nueva etapa para España marcada por el respeto a la plurinacionalidad y la garantía de cumplimiento de los derechos humanos”.
A tal fin, propone a IU iniciar una campaña para promover por toda España el debate de ese nuevo marco constitucional: “Llevaremos nuestra propuesta por una España republicana y federal a todas las partes del país, haciendo partícipe a todos los actores sociales que compartan tal proyecto y garantizando que el resultado final sea un borrador de Constitución Federal ampliamente debatido y discutido”, avanza.
Por último, la resolución “condena rotundamente la represión policial aplicada por el gobierno del PP” y rechaza “el encarcelamiento incondicional” de los responsables de ANC y Ómnium “bajo injustificadas acusación de sedición y por un tribunal no competente para ello”.

Alberto Garzón: “No es coherente ser independentista y comunista en el contexto catalán”

El coordinador federal de Izquierda Unida, que acaba de publicar el libro ‘Por qué soy comunista’, analiza en entrevista con ‘Público’ el escenario catalán, las opciones de Puigdemont y las responsabilidades de quienes han llevado a este escenario: el president y su homólogo en Moncloa, Mariano Rajoy. Califica la situación actual como una “guerra de banderas”, afirma que el 155 tiene elementos “que no se pueden justificar jurídicamente, como la intervención de TV3”, y vaticina que, de haber declaración de independencia, “no tendrá valor jurídico”.
Alberto Garzón, hace unos días en el Congreso. EFE/Javier Lizón
Alberto Garzón, hace unos días en el Congreso.
El coordinador federal de Izquierda Unida no ve “coherente” ser “independentista y comunista” en el contexto catalán, un polarizado conflicto de “guerra de banderas”, y deja claro que él sólo se identifica con la segunda etiqueta. Alberto Garzón Espinosa (Logroño, 1985) presentó este lunes su nuevo libro, Por qué soy comunista (Ediciones Península), en el que intenta “fortalecer la caja de herramientas” de la que se sirve la izquierda para “criticar el mundo existente” y “construir uno alternativo”.
En entrevista con Público, Garzón reparte entre Carles Puigdemont y Mariano Rajoy la responsabilidad de haber llegado a la actual situación en Catalunya, y no pierde de vista su objetivo de construir una república federal que garantice los derechos sociales de los trabajadores y luche contra la desigualdad y la precariedad.
Dos asuntos, afirma, en los que no han puesto ningún énfasis ni el presidente del Gobierno ni su homólogo en la Generalitat. Apunta que el proceso independentista “no está siendo apoyado por las clases trabajadoras” y advierte sobre el rebrote de la ultraderecha y el avance del nacionalismo español: “PP y Ciudadanos llevan en su ADN lo que Franco llamaba ‘la sacrosanta unidad de España'”.
En el horizonte, la aplicación de un 155 con elementos “que no se pueden justificar jurídicamente, como la intervención de TV3”, y una posible DUI “sin valor jurídico” y “sin legitimidad”. Garzón habla claro y no esconde que la polarización puede pasar factura electoral al discurso del grupo parlamentario Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea, en el que se integra la coalición de izquierdas, pero asegura estar convencido de que “tarde o temprano se abrirá camino la propuesta de un referéndum pactado”.
¿Por qué surge la voluntad de escribir este libro? ¿Para qué espera que sirva?
Hay dos propósitos fundamentales: el primero es contribuir humildemente a la formación teórica de la izquierda, fortalecer la caja de herramientas que tiene la izquierda para criticar el mundo existente y construir uno alternativo. Por otro lado, en tiempos como los actuales creo necesario fortalecer la idea de un proyecto político alternativo que yo llamo comunismo, que pretende construir una sociedad sin clase. El elemento de clases sociales es fundamental y el libro se articula a partir de ese concepto, que es el que mejor permite entender fenómenos diversos, como por qué sube la extrema derecha en el norte de Europa, por qué surge Trump o por qué se dan fenómenos como el 15-M. Estos fenómenos parecen aislados y se explican mejor con el análisis y el instrumental marxista que yo intento poner a disposición en este libro.
Con la crisis catalana, en un clima tan polarizado ¿falta discurso, relato o capacidad de analizar y explicar la situación por parte de la izquierda?
Creo que falta mucho análisis marxista, dicho de forma simplificada. La izquierda ha pecado de haber dejado de hablar de las cuestiones de la economía política, de las estrategias a largo plazo, de reforzar un planteamiento internacionalista, y creo que esos elementos son fundamentales para abordar fenómenos y problemas como los de Catalunya. Necesitamos entender por qué las clases populares, las más perjudicadas por la crisis y la globalización, siguen votando al Partido Popular, o por qué un proceso como el independentista no está apoyado por las clases trabajadoras de Catalunya. Esas clases trabajadoras, inmigrantes de segunda generación en muchos casos, proceden de otros lugares de España y no son independentistas. El marxismo no lo explica todo, pero creo que es una herramienta imprescindible para entender lo que sucede y actuar sobre ello.
“Siempre que exista el capitalismo como sistema existirá el comunismo como idea, movimiento y alternativa”, dice el libro. También afirma que es incongruente ser maxista y nacionalista a la vez. ¿Y ser comunista e independentista al mismo tiempo?
“Parte del nuevo independentismo cree que la independencia le devolverá las condiciones de vida precrisis, pero es una quimera”
Creo que es un error. No niego que existan, porque yo no soy quien reparte los carnés de comunista, pero creo que la independencia, en referencia a la independencia nacional, no proporciona las bases necesarias para el comunismo. Si, por ejemplo, Catalunya fuera independiente, sólo hay que ver que la Ley de Transitoriedad Jurídica que han aprobado mantiene la estructura de la UE, mantiene sus normas… Vivimos en un sistema-mundo donde la globalización capitalista es el terreno de juego en el que nos movemos, y eso no se va a combatir desde el independentismo, así de sencillo. Desde mi punto de vista es un error. Sé que hay gente que cree lo contrario y lo respeto, pero desde el punto de vista que yo planteo, atendiendo a cómo funciona la economía realmente, no es posible.
Desde mi punto de vista, no es coherente ser independentista y ser comunista, en un contexto como el que estamos hablando en Catalunya. Creo que hay otras circunstancias históricas que han hecho que naciones colonizadas, naciones bajo la opresión de un imperio en los años 50 del siglo pasado, buscaran su libertad a través de ideales comunistas, pero eran dos ideales que encontraban una carretera común. El comunismo es internacionalista. La mejor definición es, quizás, pero no la única, Proletarios del mundo, uníos [Manifiesto Comunista], no separaos.
Sostiene en el libro que el capitalismo está condenado a muerte, y habla sobre el desempleo, la desigualdad o la precariedad laboral… ¿hasta cuándo se van a seguir tapando estas realidades con cortinas como la situación en Catalunya, que también sirve al PP para dejar en segundo plano su corrupción?
Creo que el capitalismo, y es una de las virtudes de Marx, fue desvelado, desentrañado, de tal forma que Marx encontró cuales eran las lógicas de funcionamiento de un sistema económico que ha cambiado muy poco en este tiempo. Su lógica, la lógica de la ganancia, es la misma, y eso permite entender cómo el capitalismo es destructor: destructor de las relaciones sociales, del planeta y de la vida. En la vida política es verdad que estas expresiones más brutales del capitalismo han pasado a un segundo plano en estos meses como consecuencia del conflicto en Catalunya, que no es un conflicto económico, o, mejor dicho, no es sólo un conflicto económico. Es un conflicto que tiene un largo arraigo en términos de identidad nacional y de construcción de una nación. Lo que tenemos en Catalunya es un conflicto de banderas, por decirlo de forma simplificada, pero abarca muchos fenómenos más complejos.
En ese conflicto de banderas importa muy poco la cuestión social, y esto tiene que ver con la vivienda, el empleo o la precariedad, que son las cuestiones más urgentes y prioritarias. Una parte del nuevo independentismo cree que la independencia le devolverá las condiciones de vida previas a la crisis, y creo que eso es una quimera, un engaño. Por otro lado tenemos un rebrote del nacionalismo español, que frente a la amenaza independentista, que amaga con alterar su concepción de la unidad de España, deja y aparca las diferencias que pueda tener con PP y C’s en términos de clase. Y eso es un problema, porque significa que entramos de nuevo en una guerra entre pueblos, en una guerra entre trabajadores de diferentes pueblos y naciones, en vez de coordinarnos para construir un proyecto de país que pueda albergar a todos en su diversidad, y proteger los derechos sociales de un lado y de otro.
¿Cómo valora el desarrollo del 155 que quiere aplicar el Gobierno? ¿Lo esperaba así?
La aplicación del 155 anunciada por el Gobierno es desproporcionada y un error. Era de esperar, pero contiene elementos que no se pueden justificar desde ningún punto de vista jurídico, como la intervención de los medios de comunicación públicos. Toda esta deriva empeorará la situación y elevará la tensión sin servir para encauzar políticamente el problema. Este problema no tiene que ver con Puigdemont, ni con que cuatro o cinco personas se salten la ley, sino con un fenómeno social que desborda claramente los límites de la ley; tiene que ver con 2,5 millones de personas movilizadas, pidiendo algo que ahora mismo es ilegal. Hay un 80% de la sociedad en Catalunya que quiere votar, esté a favor o en contra de la independencia. Ante este hecho uno puede cerrar los ojos y actuar con represión, jueces, policías o con el 155, o puede afrontar una realidad: esto sólo vamos a poder resolverlo con diálogo, negociación y encontrando fórmulas razonables. La primera vía, la de los ojos cerrados, te va a llevar a un incremento del independentismo, es la forma de proceder de los últimos años y la conocemos.