Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

7 de noviembre de 2017

El mundo sin la URSS

Por Luis Britto García, Resumen Latinoamericano, 6 noviembre 2017
Desde la Segunda Guerra Mundial el planeta vivió procesos de
descolonización que desintegraron imperios como el británico, el
francés, el belga, el alemán y el holandés. La Unión Soviética era el
resultado de un proceso de agregación política que culminó con Iván
IV, llamado el Terrible, en el siglo XVI. No es extraño que medio
milenio más tarde se desagregara parcialmente, incluso contra la
voluntad de cerca  del 80% de sus integrantes.
La Unión Soviética nunca fue, ni aspiró a ser una sociedad de consumo.
Se lo impidieron el atraso de las fuerzas productivas legadas por el
zarismo, el pesado gasto defensivo, la enorme inversión  que requería
garantizar educación, salud y seguridad  social gratuitas para todos,
y la priorización de los bienes de consumo básicos sobre los
suntuarios y ostentosos. En suma, era la economía adecuada para
sobrevivir al inminente agotamiento de la mayoría de los recursos
energéticos, prevista por Estudios como Los límites del Desarrollo,
del Club de Roma  y de Meadows.
La Unión, contra la cual  durante tres cuartos de siglo se estrellaron
inútilmente los esfuerzos conjuntos de todos los imperialismos y
fascismos, terminó así por sucumbir esencialmente ante la traición
interna de algunas de sus diligencias.
¿Valió la pena el desmantelamiento de este formidable proyecto
económico, social, político y cultural? La instauración del
neoliberalismo trajo consigo la ruina de todos los indicadores de
esperanza de vida, ingreso per cápita, nivel educativo, atención a la
salud y abastecimiento logrados con inmensas dificultades por el
socialismo. Lo que había sido la Unión cayó abruptamente de su
estatuto de segunda potencia del mundo a una situación de
inestabilidad interna y de crecimiento de la delincuencia organizada y
del capital especulativo. Durante casi una década un desequilibrado
mundo unipolar sufrió las arremetidas de Estados Unidos, que se
tradujeron en un rosario de guerras de destrucción y de saqueo. La
excusa de la “Guerra al Comunismo” fue sustituida por la de la “Guerra
al Terrorismo”, el “Conflicto de Civilizaciones”, la “Guerra contra la
Droga”. Cambian los pretextos, la Guerra sigue.
Pero ni siquiera Estados Unidos resultó favorecido por la disolución
de la gran experiencia socialista. Exhausto también por el insensato
gasto armamentista y las políticas neoliberales, perdió su condición
de primera potencia del mundo a favor de la República Popular China,
que favorecida por la distensión de la Guerra Fría había podido
dedicar su economía socialista a la producción de bienes de consumo.
Tampoco salieron ganando los trabajadores del mundo. Para evitar
nuevas revoluciones socialistas, John Maynard Keynes y los gobiernos
capitalistas preconizaron políticas de inversión pública anticíclica y
en algunos casos de concesión de mejoras para los trabajadores, en los
denominados “Estados del Bienestar”. Muerto el perro, se acabó la
rabia: disminuida la “amenaza comunista”  se retiraron a los
trabajadores todas las migajas que se les concedieron para conjurarla.
El desmantelamiento de empresas, el desempleo masivo, la pauperización
generalizada y el colapso financiero fueron los jinetes del
Apocalipsis del Capitalismo Salvaje.
La Utopía neoliberal sólo ha tenido éxito en concentrar en ocho
personas más riquezas que las de la mitad de los habitantes del
planeta. Una vez más, los proletarios del mundo no tienen nada que
perder, salvo sus cadenas. Como afirma Eugene Pottier en La
Internacional: El mundo va a cambiar de base. Los nada de hoy, todo
han de ser.
Un nuevo Boris Yeltsin se propone acabar con la Revolución Bolivariana
desde adentro, haciendo aprobar por la Constituyente una Ley de
Promoción y Protección de las Inversiones Extranjeras, que aniquilará
la industria nacional, hará inmunes a las transnacionales a las leyes
y tribunales de Venezuela y reimplantará la Carta de Intención del
Fondo Monetario Internacional contra la cual se rebelaron nuestro
pueblo y Hugo Chávez Frías. Todos a detenerlo.

Alerta Venezuela

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