En diciembre pasado, en un encuentro internacional en Brasil, Resumen Latinoamericano y el portal en ingles The Dawn que producimos con la Articulación Mundial de Alba Movimientos, tuvimos la oportunidad de dialogar con Phakamile Hlubi, vocera del sindicato NUMSA (Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos), uno de los más grandes y potentes de Sudáfrica. Con sus banderas de color rojo, este sindicato que ya tiene 30 años de existencia, y proclama su ideología marxista-leninista, encabeza habitualmente las luchas obreras más importantes de su país.
Con Phakamile Hlubi hablamos de NUMSA y su fuerza organizativa y de movilización.
-Explícanos que es NUMSA y cuál es su nivel de representatividad.
-NUMSA es la unión de obreros metalúrgicos más grande de
Sudáfrica y una de las más grandes de toda África. Representamos a más
de 350.000 operarios. Si bien somos un sindicato que nació de la
industria metalúrgica, desde 2013 ampliamos nuestro alcance, y ahora
representamos a trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda la cadena
de producción del metal. Nos movimos de la industria automotriz al
transporte, a la minería, y ahora inclusive estamos organizando el
sector energético. Así que por ejemplo la planta energética EKSOM tiene
miembros de NUMSA, así como el Ente Regulador de Energía de Sudáfrica
(NERSA) también tiene miembros de NUMSA. Pero nuestro trabajo principal,
o los obreros que más representamos, están en la industria del metal,
la industria automotriz, y sus cadenas de producción.
-¿Cuál es la posición de NUMSA con respecto al gobierno actual y al contexto político de Sudáfrica?
-Primero responderé tu pregunta y luego explicaré el
contexto. Con respecto al actual gobierno de Sudáfrica hemos tomado una
postura de oposición. El gobierno está liderado por el partido ANC, o
Congreso Nacional Africano. Hasta 2013, NUMSA era un miembro activo de
una alianza con el ANC. Esto era porque en los días del movimiento de
liberación, cuando todavía luchábamos contra el apartheid,
todas las formaciones políticas, sindicatos, ONGs y organizaciones
populares que luchaban contra el apartheid, formaron una alianza. Así
que si eras un miembro de la ANC, automáticamente apoyabas a todas las
federaciones sindicales, y al COSATU (Congreso de Sindicatos de
Sudáfrica), por ejemplo. Así era la cosa, había una alianza que había
sido formada durante la época del apartheid
que estaba formada por la ANC, COSATU, el Partido Comunista Africano
(SACP) y otras organizaciones; todas ellas formaban una gran alianza y
se apoyaban unas a otras.
Incluso en 1994, cuando Sudáfrica hizo la transición de un estado de apartheid
a un estado democrático (o supuestamente democrático), la alianza
continuó. La ANC empezó a gobernar pero estaba en el poder gracias a
esta alianza, y gracias a la relación que tenía con el Partido Comunista
Sudafricano y los sindicatos. NUMSA era un miembro del COSATU en esa
época, y parte de la alianza, y como tal apoyamos al gobierno de la ANC.
Sin embargo, aunque los sosteníamos también nos oponíamos.
Políticamente no estábamos de acuerdo con la estrategia económica que
estaban aplicando. Desde principios de los 90, empezamos a oponernos
abiertamente a la decisión de la ANC de promover capitales neoliberales
en sus políticas macroeconómicas. Dentro de la alianza, expresamos una
extrema oposición porque sentíamos que estas políticas económicas, en el
largo plazo, iban a tener un impacto muy negativo en la clase
trabajadora sudafricana, porque en última instancia hacían que creciera
la pobreza y no iban a ocuparse del tema de la desigualdad que heredamos
del apartheid.
-Hoy puede afirmarse que el apartheid sigue siendo una realidad en Sudáfrica?
-En muchos sentidos, el apartheid
de Sudáfrica se mantiene hasta nuestros días. Decimos esto porque, si
bien es ilegal que alguien te diga algo racista, en la práctica nuestra
economía es racista. Todavía está estructurada de la misma manera que
durante el apartheid,
cambió muy poco. Después que el gobierno negro llegó al poder, aún hoy,
23 años después, los medios de producción, la dirección de casi todas
las corporaciones, especialmente multinacionales y grandes compañías,
están dominadas por capitalistas blancos y compañías capitalistas
blancas. Las personas más ricas de Sudáfrica siguen siendo blancas,
igual que durante el apartheid,
y continúan viviendo mejor que nadie, igual que en otras épocas. Ahí es
donde te das cuenta de que la batalla tiene que ser por mucho más que
el tema racial. Si no te te ocupas de los temas de fondo, y de la
estructura de fondo de la economía, entonces nunca vas a cambiar el
desequilibrio racial que heredamos del sistemas colonial y de apartheid que teníamos en nuestro país.
Nuestro gobierno no hizo cambios fundamentales a este
sistema: no nacionalizaron la tierra, no nacionalizaron los minerales,
no ofrecieron educación gratuita y obligatoria ni servicios de salud,
ninguna de esas cosas. Esencialmente siguieron y adhirieron las órdenes
del Banco Mundial y agencias calificadoras en cuanto a la estructuración
de nuestra economía. Permitieron que el capital blanco continuara
dominando como si el apartheid no se hubiera acabado nunca. Incluso bajo
su mandato implementaron, por ejemplo, la legalización del empleo
casual (“labour brokering” en inglés), que ha tenido un impacto muy
negativo para los trabajadores de Sudáfrica, especialmente para los
miembros de nuestro sindicato. Muchos se encuentran en situación de
trabajo precario por culpa del empleo casual. Nuestro gobierno ahora
está poniendo peajes electrónicos en las autopistas, y comercializa el
uso de las rutas públicas.
Estas decisiones fueron distanciándonos, y finalmente la
ruptura se dio con la masacre de Marikana, donde nueve trabajadores
mineros fueron asesinados por la policía en 2012. Este fue el disparador
para que el año siguiente, en 2013, NUMSA abandonara la alianza. Ya era
perfectamente claro que el gobierno era en realidad un enemigo. No
era un gobierno de la clase trabajadora, no era un gobierno interesado
en la justicia social , era un gobierno que en esencia se había
transformado en una especie de guardaespaldas para proteger los
intereses corporativos, capitalistas y blancos. Creo que es muy
importante remarcar que cuando hablamos de racismo en este sentido,
somos acusados de ser racistas por señalar que los blancos son dueños de
todo, pero no es así, solamente estamos expresando la realidad. En un
país donde la mayoría de las personas son negras, simplemente no tiene
sentido que la economía esté controlada por un porcentaje tan pequeño de
la población. Esto es, en última instancia, lo que nosotros combatimos.
Es por eso que en 2013, en el Congreso Nacional Especial de NUMSA, los
miembros decidieron que iban a retirar su apoyo al gobierno de la ANC, y
que no iban a seguir apoyando al presidente Jacob Zuma, especialmente
por los niveles extremos de corrupción que estaban emergiendo, con los
millones que él estaba gastando en su vivienda personal. Decidimos que
NUMSA iba a seguir apuntando a construir un partido de los trabajadores,
que luchara por los intereses de la clase trabajadora.
–¿Cómo tomaron los miembros de la Alianza vuestra actitud?
-Apenas NUMSA tomó esa decisión, fuimos expulsados del
COSATU, es decir del Congreso de Sindicatos de Sudáfrica, y cuando te
expulsan del COSATU hay un montón de otras cosas que suceden como
consecuencia de eso. Así que nuestro análisis del actual orden político
es que, si bien los representantes de la ANC dicen preocuparse por la
clase trabajadora, y usan el lenguaje correcto en sus discursos (porque
de hecho tienen una historia de lucha por la liberación, y una larga
trayectoria trabajando en conjunto con organizaciones de la clase
trabajadora, y muchos miembros de la ANC son comunistas o miembros del
Partido Comunista Sudafricano), a pesar de todas estas cosas si miramos
la política económica que implementaron en estos años, sus medidas dañan
a la clase trabajadora y a los pobres.
En este mismo momento, el gobierno de la ANC está
proponiendo leyes para socavar todo el duro trabajo que hemos hecho y
los derechos que hemos conquistado para los trabajadores y las
trabajadoras de Sudáfrica. Durante el apartheid,
los trabajadores y trabajadoras negros no tenían derecho a organizarse,
tenían prohibido unirse a un sindicato, y podías ser duramente
castigado por involucrarte en este tipo de actividades. Ahora están
tratando de cambiar la legislación pero el tipo de opresión que proponen
es muy astuto. Ya no te oprimen con una pistola, en vez de eso, lo que
dicen es que a partir de Mayo de 2018, si quieres hacer una huelga
larga, en el medio de la huelga el Estado tiene el derecho de ir a la
corte laboral y detener tu huelga si ésta tiene un “impacto
extremadamente negativo para la economía”.
También propusieron que nuestros sindicatos tienen que
tener elecciones internas donde nuestros miembros voten si quieren que
hagamos huelga o no. Por lo general, en la cultura sindical cuando los
miembros quieren hacer una huelga es muy simple, hacés una asamblea
masiva, donde trabajadores en masa manifiestan su acuerdo a mano alzada.
“Sí, estamos todos de acuerdo, queremos ir a huelga”, o “no, se
terminó, nos agotamos, no hay más huelga”. Es un proceso informal pero
se hace de manera muy orgánica y ese es el estilo que se usa. Ahora
quieren que tengamos una elección, con voto secreto, para decidir si
seguimos con la huelga o la damos por finalizada. Al implementar este
sistema lo que hacen es socavar el derecho a la huelga. El derecho a
huelga ya no va a ser algo que se ejercite de manera automática, va a
ser obstaculizado por la burocracia.
El modo en el que justifican esto es por la masacre de
Marikana. Le echan la culpa de la masacre a los trabajadores, dicen que
ellos fueron violentos y por ende la policía tuvo que salir a matar 34
trabajadores desarmados en huelga. Después de Marikana, hubo una huelga
en las minas de platino que duró más de seis semanas; fue una de las más
largas en la historia post-apartheid de Sudáfrica. Casi destruyó la
industria del platino en Sudáfrica, porque los trabajadores estaban
inspirados por lo que habían visto en Marikana y también horrorizados
por el asesinato masivo, así que se negaron a renunciar a su demanda de
12.000 rand de sueldo (unos 970 dólares). La demanda de un sueldo de
12.000 rand había sido el catalizador de la huelga de Marikana. Así que
lo que pasó es que todos los mineros en el cinturón de platino y
alrededores empezaron a demandar lo mismo, lo cual causó una huelga
masiva y prolongada, que el estado no pudo romper.
Por esta razón tienen que inventar estas leyes diseñadas
para limitar nuestros derechos, para intervenir y frenar las huelgas
cuando a ellos les parezca que están teniendo un impacto demasiado
importante. Para NUMSA esto significa que somos un enemigo más grande
del estado que lo que éramos antes, porque nos dificulta ejercer el
derecho a la huelga. Por ahora el proyecto todavía no está aprobando y
se están haciendo consultas públicas, en las que NUMSA participó y
manifestó su rechazo, pero también estamos planeando llevar el asunto a
la Corte Constitucional. Creemos que es una violación a la Constitución,
porque va contra nuestros derechos. Este era un derecho que no teníamos
durante el apartheid
y ahora parecería que en esta era post-apartheid nos va a sacar este
derecho el gobierno supuestamente “progresivo”, porque solamente les
interesa proteger los intereses del capital y las grandes empresas.
-¿Qué opinión tiene NUMSA sobre la posibilidad de realizar el proyecto de unidad pan-africana en el continente?
-Para nosotros y nosotras, la solidaridad, ya sea
pan-africana o con otros países es crucial. Fuimos parte del movimiento
de liberación en los días del apartheid
y la solidaridad internacional fue la clave del éxito para destruir al
gobierno racista. Como marxistas y leninistas creemos en la solidaridad
internacional y creemos que tenemos que jugar un rol en el continente.
Por esto hemos estado apoyando a nuestros camaradas de
Zambia que están siendo perseguidos por el régimen de Lungu,
especialmente porque como sudafricanos nosotros fuimos refugiados por
Zambia durante el apartheid
y ahora, cuando vemos que ellos sufren, sentimos la responsabilidad de
denunciar la crisis. De hecho fuimos los primeros en Sudáfrica en dar la
voz de alerta sobre lo que estaba pasando en Zambia, porque el gobierno
de Zambia y el de Sudáfrica son muy compinches entre ellos, son buenos
amigos. Los medios hegemónicos de Sudáfrica guardan absoluto silencio
sobre estos asuntos. No están muy conectados con lo que está pasando en
el continente, se enfocan en lo que sucede en Sudáfrica, de manera muy
aislada. Cuando los ciudadanos comunes de Zambia empezaron a reclamar
por violaciones a derechos humanos, muchas personas ni siquiera los
estaban escuchando, y solamente cuando NUMSA empezó a hacer mucho ruido
por la gente de Zambia los sudafricanos empezaron a tomar conciencia de
la opresión que estaba aconteciendo bajo el gobierno de Lungu.
También estamos creando relaciones con otros países
africanos y lo estamos haciendo a través de Pan Africanism Today. A
principios de este año celebramos la Conferencia Socialista Panafricana
en Túnez, e incluso mi presencia aquí en Brasil como representante de
NUMSA es parte de ese proceso. Creemos que es muy importante construir
estas relaciones porque podemos ver el ataque contra la clase
trabajadora. En última instancia, todos y todas estamos peleando las
mismas batallas. Estamos luchando contra antiguos gobiernos de
liberación que creen que por habernos liberado del colonialismo pueden
hacer lo que quieran. En cualquier parte del continente tienes ejemplos,
por ejemplo Mugabe en Zimbabue. Mugabe creía que tenía el derecho a ser
dictador por 30 años porque había “liberado” a la gente de Zimbabue del
colonialismo, y todos estábamos sufriendo por eso. Cuando analizas lo
que pasa en esas transiciones, qué tipo de gobiernos asumieron luego de
la supuesta “liberación”, lo que ves es opresión bajo una forma
diferente, es opresión a través del capitalismo y de seguir la agenda
neoliberal.
En Sudáfrica, la opresión resultó en una tasa de desempleo
del 35% y en aumento, con niveles de pobreza del 55% también en aumento.
Más de la mitad de la población está viviendo bajo la línea de pobreza.
Tres hombres blancos son dueños de toda la riqueza de la economía
sudafricana. Así que nos dimos cuenta de que no es suficiente luchar
contra el racismo, en última instancia el demonio aquí no es el racismo
sino un sistema: el sistema capitalista que perpetúa la desigualdad. Así
que por eso es muy importante para nosotros hablar sobre solidaridad y
sobre el hecho de crear una plataforma mediática donde podamos expresar
nuestra ideología como miembros de la clase trabajadora porque sabemos
que la ideología socialista es verdaderamente la solución a los males
del mundo. Esperamos que el resto del continente también llegue a esta
conclusión, y este es el mensaje que estamos tratando de difundir a
través de todo el continente y de todo el mundo.