Posted: 01 Feb 2018 06:38 AM PST
La
paz en Siria estará siempre supeditada o dependerá de los caprichos y
las acciones de aquellos cuyos intereses hegemónicos se anteponen a
cualquier otra razón.
EL FIN DEL CONFLICTO
EN SIRIA UNA ILUSIÓN
Dado
los recientes acontecimientos en Siria, devastada por la guerra que el
imperialismo occidental ha impuesto sobre su territorio y su población,
se hace muy difícil avizorar que en el corto o mediano plazo el
conflicto llegue a su final. Ciertamente la banda de terroristas
mercenarios del Estado Islámico y otros grupos de fanáticos afiliados a
Al-Qaeda han sido derrotados, aunque no totalmente aniquilados, en la
mayor parte de los territorios que ocupaban previo a la intervención
militar de Rusia que inclinó
de manera decisiva el rumbo de la guerra en favor de las fuerzas del
gobierno de Al Assad. Y aunque la presencia de estas agrupaciones
terroristas sigue siendo una amenaza para el gobierno sirio que continua
combatiéndolas en varios puntos del país, como en la provincia de Idlib
y en las afueras de Damasco, la principal y más grande amenaza para la
paz y la integridad territorial de Siria lo constituye la presencia
ilegal de los Estados Unidos en su territorio.
Después
de haber fracasado en sus planes iniciales de balcanizar a Siria a
través del Estado Islámico y el Frente Nusra -abortados por la oportuna
intervención de Rusia, Irán y Hezbolá-
los EE.UU, a través del Pentágono, recurrieron a la aplicación de su
plan “B” que consistía en ganarse la confianza y lealtad de los kurdos
con la promesa de la creación de un Estado kurdo (Rojava) en el norte de
Siria adyacente a Turquía, que obviamente contaría con el aval y la
protección de Estados Unidos. Contando con la colaboración de las
milicias kurdas y árabes agrupadas en las denominadas Fuerzas
Democráticas Sirias (FDS) que fueron creadas a instancias del Pentágono,
y bajo el pretexto de combatir al EIIL, Estados Unidos se ha apoderado
de una buena porción de territorio en el noreste de Siria que equivale
aproximadamente a la tercera parte del país y donde, además de haber
establecido más de una decena de bases militares, cuenta con abundante
material militar, entre 2000 a 3000 efectivos militares y fuerza aérea.
Con este despliegue militar Estados Unidos se ha convertido en una
fuerza de ocupación militar de facto, ilegalmente ocupando el
territorio de un país que nunca solicitó su presencia, pero que según sus propios planes tiene previsto ocupar por tiempo indefinido.
En
una conferencia de prensa el pasado 29 de diciembre, el jefe del
Pentágono, James Mattis reveló que no habrá ninguna retirada del
conflicto sirio y que, al contrario, la administración Trump planea
aumentar la presencia estadounidense desplegando diplomáticos y
contratistas (mercenarios estadounidenses) en el norte de Siria, Mattis
llamó a esto un cambio “de lo que él llamaría una estrategia ofensiva y
de captura de territorio a una de estabilización”. Más recientemente, en
un discurso en el Hoover Institution de la Universidad de Stanford,
California, el secretario de Estado, Rex Tillerson, indicó que los
Estados Unidos mantendrán una presencia militar indefinida en Siria no
solo para combatir al EIIL y al-Qaeda, sino también para hacer frente a
la creciente influencia de Irán y preparar el camino para la salida del
régimen de Bashar Assad y su familia y crear la condiciones para el
retorno de los refugiados.
Lo
dicho por ambos funcionarios del más alto rango dentro del régimen de
Trump, sirve para comprender que el objetivo de la política del gobierno
estadounidense hacia Siria es el de la ocupación permanente, pero que
crea además las condiciones para el establecimiento de una entidad
territorial autónoma, fuera del control de Damasco, que en la práctica
equivale a la materialización de la partición de Siria. Por otra parte,
es un hecho que esa región autónoma, el Kurdistán Sirio, sobre el que
avanzan los planes estadounidenses, servirá como la base de operaciones
del Pentágono para poner en marcha su estrategia de recuperar o forzar
el papel protagónico (hegemónico) de los EE.UU en la resolución de la
crisis en Siria. Pero esto requiere forzar, por cualquier medio, la
salida de Assad, y confrontar a Rusia e Irán que son en los actuales
momentos los dos potencias con el mayor poder de influencia y decisión
en Siria y que por supuesto son los pilares sobre los que se sostiene la
permanencia de Al Assad y el propio destino de Siria.
Pero
el Pentágono se cuida en no arriesgarse a una confrontación directa con
Rusia e Irán ya que esto significaría un conflicto de grandes
proporciones que rebasaría los límites de lo imaginable, por lo que
prefiere hacerlo a través de terceros, en este caso los militantes
kurdos y árabes pagados, entrenados y armados por Estados Unidos. Es con
este objetivo que los EE.UU en sus gastos de defensa para el 2018
tienen proyectado desembolsar, bajo el programa “Train and Equip”, $500
millones que serán dedicados a entrenar a 30,000 miembros de las fuerzas
de oposición, es decir las milicias kurdas en el norte de Siria. Por
otra parte, según los propios rusos, cientos de militantes, mayormente
miembros del EIIL y al-Qaeda, están recibiendo entrenamiento militar de
norteamericanos y británicos con el objetivo de crear el Nuevo Ejército
Sirio para combatir a las fuerzas gubernamentales en el sur de Siria.
Es
precisamente la creación de esa fuerza de 30,000 militantes que están
siendo entrenados en el territorio ocupado por los EE.UU y, que se ha
anunciado servirá como una fuerza para mantener la seguridad en las
fronteras del futuro Kurdistan Sirio, lo que estaría provocando el
estallido de un nuevo conflicto militar que involucra a Turquía y las
milicias kurdas apoyadas por los EE.UU. Esta es una situación que pone
en serios aprietos la estrategia de los EE.UU, pues por un lado están
las fuerzas kurdas aliadas de Estados Unidos, y por el otro, Turquía un
aliado tradicional y un miembro muy importante de la OTAN. ¿A quién
apoyar? Un grave dilema resultante de la misma contradicción de la
estrategia del Pentágono que declara su misión de combatir el terrorismo
pero que al mismo tiempo integra a miembros del EIIL, unos 15,000 según
estimados, dentro del nuevo ejército kurdo denominado “Fuerza de
Seguridad de la Frontera Siria”, o Syrian Border Security Force, sin
embargo para el gobierno de Erdogan, (él mismo un gran instigador del
terrorismo en Siria) esto demuestra que Estados Unidos está coludido con
el terrorismo al apoyar el establecimiento de una entidad autónoma
liderada por una organización terrorista (YPG) en las proximidades de su
propia frontera y que Turquía no está dispuesta a tolerar y le ha
declarado la guerra utilizando su propio contingente de terroristas, el
Ejército Sirio Libre.
La
operación militar turca contra el enclave kurdo de Efrin, en la
provincia siria de Alepo, deja en claro, entre otras cosas, que el
combate al terrorismo es solo una burda manipulación con el fin de
prolongar la guerra y acabar con la existencia de la Republica Arabe de
Siria, pues tanto Estados Unidos, al igual que Turquía (ambos
ilegalmente en Siria), se apoyan en el terrorismo mercenario para
continuar con sus planes macabros de impedir cualquier solución de un
conflicto en el que ambos se destacan como sus más notorios
instigadores. El actual estallido Efrin es apenas el inicio de una nueva
fase de la guerra contra Siria y sus aliados -Rusia e Irán- que el
imperialismo estadounidense y sus socios pretenden llevar has sus
últimas consecuencias con el fin de eliminar cualquier obstáculo a sus
planes de dominación de toda la región del Oriente Medio. Por
consiguiente, la paz en Siria estará siempre supeditada o dependerá de
los caprichos y las acciones de aquellos cuyos intereses hegemónicos se
anteponen a cualquier otra razón.
USA.
