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Posted: 02 Feb 2018 05:34 PM PST
Miami
es considerada una ciudad global, uno de los centros financieros y de
comercio más importantes de Estados Unidos y el principal punto de
conexión con América Latina y el Caribe. Sirve como sede de las
operaciones latinoamericanas para más de 1 400 multinacionales y las
aduanas de la ciudad procesan el 40 % de las exportaciones del país
hacia la región. Alberga
oficinas centrales y sedes de las empresas más influyentes del mundo;
el centro de la ciudad tiene la mayor concentración de bancos
internacionales del país (más de cien) y es precisamente donde, una y
otra vez, se estremece a Estados Unidos por escándalos de lavado de
activos. El concepto de
lavado de dinero se refiere a la actividad que se desarrolla para
encubrir el origen de fondos que fueron obtenidos mediante actividades
ilegales. El objetivo del también conocido como blanqueo de capitales es
que ese dinero obtenido ilícitamente aparezca como el fruto de una
actividad económica o financiera legal. Por
lo general se pretenden legitimar fondos procedentes del narcotráfico,
la corrupción, el fraude fiscal, el contrabando, la venta de armas o los
secuestros, entre otros, para que dicho dinero pueda ingresar en el
sistema financiero. Uno de
los últimos, que se afirma es el caso de lavado de dinero más grande de
la historia en el sur de la Florida, tiene que ver con la
comercialización de oro extraído ilegalmente en minas de Colombia y Perú
por corredores asentados en la Ciudad de Miami, Florida, de la empresa
NTR Metals, quienes forman parte de una confabulación para lavar
alrededor de 3 600 millones de dólares. Un
juez cercano al proceso afirmó que el caso iba mucho más allá del
lavado de dinero, pues implica deforestación en las selvas amazónicas,
el envenenamiento de trabajadores y otros males sociales provocados por
la extracción ilegal de oro de Colombia y Perú, devastación ambiental y
humana que recientemente ha sido denunciada por el Papa Francisco, en
ocasión de su visita por Sudamérica. El
Pontífice se hizo portavoz de «la opresión» que viven los indígenas de
la Amazonia por los intereses económicos y la corrupción, que están
destrozando su territorio, durante el encuentro con los pueblos
originarios y dijo que Perú debe luchar contra la corrupción. «Cuánto
mal les hace a nuestros pueblos latinoamericanos y a las democracias
ese “virus” social, un fenómeno que lo infecta todo (la corrupción)»,
dijo el Papa. Mencionó la
fuerte presión de los intereses económicos «que dirigen su avidez sobre
el petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales», citó
todas las amenazas que están aniquilando el Amazonas y a los indígenas,
en especial «la contaminación propiciada por la minería ilegal». Uno
de los procesados legalmente era el jefe de operaciones de la citada
firma y junto a otros implicados compró a narcotraficantes y grupos
delictivos oro extraído ilegalmente; sobornó a funcionarios de gobierno,
y falsificó documentos para la importación a Miami del metal precioso.
Se señala que no se trata de un hecho aislado, sino parte de una serie
de escándalos asociados a una gran operación de contrabando de oro y
lavado de dinero entre América Latina y el sur de la Florida, calificado
por el fiscal federal adjunto como «un problema muy extendido y de gran
importancia». Contrabandistas
peruanos, narcotraficantes colombianos, el mexicano Cartel de Sinaloa,
conforman una mezcla letal que ha confluido en Miami para lavar dinero
de la cocaína, del oro y de la muerte. Según
la prensa local, «el caso ha arrojado luz sobre el papel de Miami como
punto de comercio internacional de oro», pues la mayor parte entra a EE.
UU. por el Aeropuerto Internacional de Miami para ser refinado por NTR
Metals y otras empresas del sur de la Florida. Quizá
no sea toda la luz necesaria ni la verdad imprescindible sobre esos
hechos, pero sí se confirma que aunque el lavado de dinero no es nuevo
en el sur de la Florida, y se dice que las drogas no ingresan en Estados
Unidos por esta parte del país en el volumen que lo hacían en la década
de 1980, Miami se mantiene como el centro principal de lavado de
beneficios ilícitos de la nación. Así lo reconocen entidades
norteamericanas citadas por los medios de prensa y las historias que
salen a la luz. En el año
2015, varios centenares de empresas que exportaban artículos
electrónicos desde Miami estaban bajo la lupa de las autoridades, que
investigaron si organizaciones criminales realizaban transacciones
comerciales allí para lavar su dinero. La
policía de Inmigración y Aduanas controlaba 7 000 negocios que deberían
notificar a las autoridades a través de documentos escritos cada vez
que realicen una transacción de 3 000 dólares o más. En
el 2016 se conoció el resultado de la «Operación Neymar», denominada
así porque un sospechoso usaba como seudónimo el nombre del astro
brasileño del fútbol, la cual recaudó más de un millón de dólares en
efectivo en dinero confiscado de las drogas. La
amplia investigación confirmó que aún prospera en Miami un gran negocio
de lavado de dinero de las drogas. El llamado «mercado negro del cambio
del peso» –que involucró la supervisión de negocios en 17 países– fue
la primera de su tipo que se presentó en la corte estatal de Miami-Dade y
ofrece la ventana más reciente al sistema subterráneo de préstamos
alimentado por las drogas, que las autoridades de aplicación y
cumplimiento de la ley creen apoyaba a cientos de negocios en el sur de
la Florida. Son solo
algunos ejemplos recientes de que no es algo nuevo, pues desde la
segunda mitad del pasado siglo Miami ha sido testigo del lavado de miles
de millones de dólares provenientes de los más disímiles negocios
ilícitos y macabros resultantes de la políticas de Washington hacia el
continente y el mundo. Ha servido de refugio para connotados
malversadores y corruptos de ayer y de hoy, de distintas partes del
mundo, que viven allí con total impunidad, incluso protegidos. Aviones
y yates repletos de dinero robado a las arcas de la nación llegaron a
Miami procedentes de Cuba desde la madrugada del 1ro. de enero de 1959
en manos de politiqueros y esbirros de la tiranía; le había precedido la
entrada de drogas en aviones militares y civiles cubanos que despegaban
del aeropuerto de Columbia en La Habana con droga o dinero del
narcotráfico propiedad de pandillas cercanas al dictador Fulgencio
Batista y las mafias norteamericanas y europeas que operaban libremente
bajo su protección y complicidad. Después
se ha lavado dinero del bandidismo, de la invasión, del sabotaje, del
terrorismo, de la guerra biológica, del mercenarismo, del
flotipandillismo (provocaciones desde el mar), del tráfico de personas,
del robo de cerebros y talentos; en fin, del negocio de la guerra contra
Cuba, del intento de genocidio de su pueblo por estrangulación
económica; de las sangrientas dictaduras latinoamericanas hijas de la
Operación Cóndor; de los denominados conflictos de baja intensidad, de
las intervenciones preventivas; de los golpes de Estado; de la
encrucijada no convencional contra la Revolución Bolivariana y las
amenazas bélicas. Mucho se
habla de los «paraísos fiscales» en el mundo, que entre otras cosas se
emplean para lavar dinero de ilícitos. EE. UU., que ha sido el destino
principal de todas las rutas, por lo general no se menciona, pero en
esa nación hay unos 17 estados, en cuyos bancos operan tales paraísos.
En Florida, Miami es quizá el ejemplo más representativo. Desde
los años 80 le dio la vuelta al mundo la serie televisiva «Corrupción
en Miami», que luego se llevó al cine, y en agosto pasado comenzó a
filtrarse la realización de una nueva temporada para el 2018-2019. Los
hechos reales que estallan en la ciudad superan los de ficción para
alimentar guiones y Hollywood –como la prensa– vuelve su mirada al sur
de la Florida.
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