Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

4 de febrero de 2018

Su objetivo es que sólo muerto puedas abandonar su tablero de juego

Posted: 03 Feb 2018 10:21 AM PST


Es imposible cambiar este corrupto, criminal y genocida sistema desde dentro de su tablero y menos aún con sus reglas amañadas.
Su objetivo (por encima de la victoria o de la derrota) es que nunca abandones su tablero de juego [y sus reglas amañadas].
Dices que tus protestas están justificadas; dices que tus demandas son sobradamente razonables; dices que la revolución es necesaria, pero, una y otra vez, te empeñas en solucionar tus problemas sobre su tablero de juego. ¿No te das cuenta que es, precisamente, jugando sobre ese tablero como surgieron tus problemas; que en él tuvieron su origen? ¿Y no crees que, para solucionarlos, sería mejor salirse de él de una vez?
Lo importante en su juego no es quien lo gane, sino que no deje de jugarse nunca, y que se haga siempre sobre su tablero y con sus reglas. Esa es la razón por la que, usando mil fórmulas diferentes, te han hecho concebir la falsa esperanza, la infantil ilusión, de que ganando el juego se acabarían tus problemas; todo para que no lo abandones, para que no dejes de jugarlo, para que continúes sobre el tablero, para que no busques otra salida.
  Pero, tras siglos de victorias y de derrotas sobre el mismo tablero, ¿en qué punto estamos? ¿No habrán tenido, tales victorias y derrotas, exclusivamente el objetivo de mantener vivo el juego? ¿No hay suficientes ejemplos en la historia que lo demuestren? ¿O es que prefieres seguir engañándote? Quizás eso sea lo más cómodo para ti.
Pensar que, jugando a su juego, encima de su tablero y con sus normas, podrás algún día solucionar tu situación, va mucho más allá de ser una utopía, es una absoluta ingenuidad. ¿No ves que, jugando en su terreno, ellos tienen siempre la iniciativa y tú siempre vas a remolque, por el camino que a ellos les interesa? Tu comportamiento me recuerda al de aquel hombre que se metió en medio del mar con la intención de detener las olas, pero éstas, una y otra vez, le devolvían a la orilla; a pesar de lo cual, el hombre volvía a intentarlo un día tras otro, pensando que, finalmente, las olas le obedecerían.
¿No te das cuenta, además, que este juego fue creado con una sola finalidad? De tal forma que, por mucho que te empeñes en darle la vuelta, siempre acabará cumpliendo la función para la que fue inventado: el pastoreo del rebaño humano.
Sin embargo, y a pesar de que apenas crees ya en él, te empeñas en continuar jugando, sobre su tablero. Tu obstinación es tal, que, por enésima vez, te vuelves a exponer a ser escupido por las olas. Te consideras capaz de superar a todos los “revolucionarios” que han existido hasta ahora y de construir, tú, la “megarevolución”. De este modo, no sólo te engañas a ti mismo, sino que es muy probable que seduzcas a muchos otros para que no abandonen el juego, para que continúen sobre el tablero, cuando quizás ya estaban a punto de marcharse o se encontraban preparando la huida.
Ganando al rey negro tan sólo habrás conseguido que gane el rey blanco, y ganando al blanco, que gane el negro; mientras, tú, continúas siendo un simple peón a su servicio, un miembro más del rebaño. En eso y no en otra cosa consiste el juego, con ese objetivo fue creado: el de mantener al rebaño unido, con independencia de quien sea el pastor. Todo lo demás son puras quimeras que nada tienen que ver con la realidad.
No estaría mal que alguna vez reconociéramos que somos como niños asustados; que no queremos ver la realidad; que somos incapaces de romper con el padre y de crear nuestro propio juego. Quizás, nuestra valentía a la hora de reconocer nuestra cobardía le pueda ser de alguna utilidad algún día a alguien, tal vez, a nosotros mismos.
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