Resumen Latinoamericano / 25 de junio de 2018
1 Me refiero al vecino,
ubicado al costado occidental de Venezuela. A Colombia. Pero no a su
pueblo, a los colombianos y colombianas. Sino a la estructura de poder
que funciona en esa nación. La tradicional. La histórica. La
santandereana y antibolivariana. Porque el pueblo colombiano es la
primera víctima de la oligarquía que domina al Estado y controla a los
gobiernos de turno. Que lo mantiene durante siglos oprimido, sometido a
todo tipo de privaciones y explotándolo al máximo, sin educación, sin
vivienda, sin salud ni alimentación. El pueblo que ha migrado más en la
región latinoamericana. Que en el siglo XX fue la víctima escogida por
la violencia política y social y tuvo que volcarse, impulsado por la
desesperación, sobre la frontera con Venezuela. Más de quince millones
de personas humildes, de pueblo raso, cruzó la demarcación geográfica
para salvar sus vidas y el porvenir. Buscando en territorio venezolano
la paz que le era negada en su propia patria, para rehacer su vida, para
hallar trabajo y levantar familia.
2 La historia está en mora
a la hora de registrar los padecimientos de ese caudal de seres humanos
desesperado y de la acogida generosa de que fue objeto al cruzar la
frontera. Ese éxodo puso de relieve la indiferencia y crueldad de una
clase social y política como la que controla a Colombia, y, al mismo
tiempo, la sensibilidad del pueblo y el poder venezolanos. Salvo algunas
manifestaciones de chovinismo de un sector social conservador
venezolano, que pretendió explotar actitudes miserables de
anticolombianismo -coincidiendo con sus compañeros de clase del otro
lado de la frontera-, la convivencia se impuso, así como el
reconocimiento al aporte de los inmigrantes a la economía del país, en
particular del agro. Esa oligarquía que aceptó impávida tan colosal
migración; que en cierta manera la auspició para descargar en el vecino
la responsabilidad de su atención, del costo de servicios básicos contó,
en cambio, con abundantes recursos para financiar la guerra, la
represión más brutal que se conoce en el continente y garantizarse el
dominio sobre el Estado y la sociedad colombianos.
3 Siempre ha estado
presente en los planes de la oligarquía colombiana qué hacer con
Venezuela. Recurrir a provocaciones como la del Caldas; presionar a un
gobierno militarmente débil para lograr un tratado de límites que afectó
la soberanía de Venezuela en materia de navegación fluvial; desatar
campañas mediante las cuales se atribuía al país connivencia con la
guerrilla y con el narcotráfico; injerencia abierta en la política
nacional al solidarizar con la conducta subversiva de la oposición;
ataques violentos en organismos internacionales contra los gobiernos del
proceso bolivariano, concretamente su conductores Chávez y Maduro.
4 Pero hay algo más
delicado: la vinculación del uribismo-santismo con los gobiernos
norteamericanos. Con los proyectos bélicos de esos gobiernos en la
región, lo que significó la instalación de 8 bases militares en su
territorio, la militarización de la frontera y la utilización del
paramilitarismo para montar provocaciones contra la Fuerza
Armada Nacional Bolivariana. El remate de esta política, con un claro
objetivo, Venezuela, es la incorporación -acordada por Santos- de
Colombia a la Otan.
5 El presidente Maduro
acaba de hacer una contundente denuncia contra la política de Juan
Manuel Santos, quien en breve concluye su período presidencial dejando
un legado oprobioso de amenazas y conjuras contra Venezuela. Maduro
advirtió que está en marcha una operación bélica con graves alcances
desde Colombia. Lo cual explica el título de esta columna: El vecino
cainita. El nombre del primer fratricidio según la Biblia.
Laberinto
-El resultado de la elección presidencial
en Colombia estaba escrito: ganó -en un sistema electoral plagado de
vicios- el ultraderechista y pupilo de Álvaro Uribe, Iván Duque. Pero lo
que no estaba escrito es que Gustavo Petro lograra más de 8 millones de
votos antisistema. Es decir, que dobló la votación que obtuvo en la
primera vuelta. Este resultado es impactante y le abre las puertas a la
izquierda a posibilidades que antes no tuvo…
-Por otra parte, el peso del uribismo en el
resultado compromete al vencedor, a Duque, quien tratará que la
influencia del expresidente no sea tan evidente. Ya hay analistas que
pronostican tensiones -y hasta rupturas-, y recuerdan cómo Juan Manuel
Santos tan pronto fue electo presidente le dio la espalda a su jefe, a
Uribe. ¿Se repetirá la historia con Duque?…
-En los Estados Unidos hay 146 millones de
pobres, 43% de la población. Pero esta vergonzosa realidad en el país
más rico del mundo, no figura en la preocupación de sus gobernantes.
Para Donald Trump, por ejemplo, es más importante convertir en blanco de
sus ataques y de sus preocupaciones a Venezuela, invirtiendo grandes
sumas de dinero en la campaña golpista y subsidiando a sectores de la
oposición…
-El diario El País de Madrid pregunta, en
un amplio reportaje sobre Colombia y el narcotráfico, lo siguiente:
“¿Por qué pese a los esfuerzos siguen creciendo los cultivos de coca?”.
En el 2017 el cultivo de coca se disparó y llegó a 180.000 hectáreas.
Nada de lo que dice y hace el gobierno para atacar el problema, explica
lo que sucede: la supresión de la fumigación aérea, la falta de
presencia del Estado en los territorios más aptos. Pero se omite la
razón fundamental del crecimiento del cultivo en un 23%, que no es otro
que el poder del complejo político, militar y comercial que está detrás y
que mueve el auge del narcotráfico. O dicho de otra manera: el
funcionamiento perfecto del eje cultivo y producción de coca en Colombia
y el consumo creciente en los Estados Unidos. Ese eje luce, por ahora,
imbatible…
-Si los venezolanos vivimos en un Estado de
derecho lo más importante es la aplicación de la ley. Sin vacilaciones
ni concesiones. Con toda firmeza y decisión. Lo que ocurre con la
especulación, con el acaparamiento de productos básicos, con la
impunidad con que trabajan las mafias y el bachaquerismo, indica que el
Estado de derecho no funciona. Que es una ficción…
-Nadie tiene derecho a poner contra la
pared a un pueblo y a condenarlo a vivir en la angustia y la
desesperación por culpa de un grupo de delincuentes que opera dentro y
fuera del país…
– Maduro tiene la mejor disposición para actuar.
Pero falla algo que hay que precisar y poner en evidencia. Por ejemplo,
la conexión de esas bandas de mafiosos con el poder. Las cuales poseen
una increíble capacidad para infiltrar los organismos de seguridad del
Estado y a todas las instituciones, sin excepción…
– No hay que vacilar. Hay
que emplearse a fondo, con todo el poder que confiera la ley, para
acabar con una crisis que amenaza a las instituciones y al destino
democrático de la nación. Hay que aplicar la ley. Hacerlo no es incurrir
en exceso. Exceso es no aplicarla. Exceso de debilidad. Que es la
manera más abyecta de atentar contra el Estado de derecho…
– Por eso los ciudadanos en general esperan
que la respuesta al caos que está creando en el país el bachaquerismo y
las mafias que actúan con total impunidad, sea en verdad implacable.
Los delincuentes no pueden estar por encima de la legalidad y poner en
riesgo el destino de la nación…
-Resulta que ahora un grupo de abogados
pretende sembrar dudas sobre el proceso más transparente de liberación
de presos políticos -o de políticos presos- que se ha dado en Venezuela.
Los que tiene memoria recuerdan la farsa durante la IV República en el
manejo del delicado tema.