Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

18 de julio de 2018

El día que Trump rindió a América

Posted: 17 Jul 2018 05:13 AM PDT


Donald Trump no solamente es un presidente sin parangón por su capacidad de asombrar, romper cánones e instaurar su manera tan personal de hacer política, por llamarlo de alguna manera, sino que también es el primer —ciudadano— presidente de los Estados Unidos en rendirse, sin disparar un sólo tiro a su país y a su secular enemigo, la antigua Unión Soviética, hoy Rusia, a manos de Vladimir Putin.
La reunión fue ayer en Helsinki. Trump venía de una de las giras no más escandalosas —porque es difícil establecer un ranking sobre lo que ha hecho Trump como presidente—, pero sí de las más eficaces a la hora de destruir el entramado de los aliados históricos de Estados Unidos, en el llamado mundo libre occidental.
En un sólo día, ofendió a la primera ministra del Reino Unido; dejó detrás y le dio la espalda a la Reina Isabel II; echó ácido disolvente sobre la OTAN y estableció el fin de unas relaciones que habían servido, desde 1945, para mantener el mundo libre cohesionado, al menos desde la perspectiva de las estructuras de defensa establecidas por la OTAN.
Todo eso lo hizo sin mover un sólo músculo porque forma parte de la naturaleza de Donald Trump con la que disfruta y, lo que es peor, hace sufrir al mundo entero.

Pero faltaba el final y lo mejor

La semana pasada, por primera vez, se hizo público un informe del investigador especial Robert Mueller en el que se imputa a doce agentes rusos como parte de la conspiración que existió para alterar el resultado electoral de Estados Unidos.
La respuesta de Trump, esta vez, no fue fake news, sino una intervención política para quitar a su país la capacidad de actuar justo antes de la cumbre con su colega Putin.
Trump admira a Putin, nunca lo ha ocultado y, si por él fuera, produciría la unión de los dos países.
Cuando la comunidad internacional lo consideró un paria y lo expulsó de los principales centros de división económicos y políticos del mundo, por la anexión de Crimea, Trump decidió enmendar eso por la vía de los hechos y tratar a Putin, según su propia definición el día de ayer, como “un buen competidor”.
Ese feliz contrincante estaba ayer absolutamente exaltante. Es más, es posible que, en el vuelo de regreso a Moscú, tan cercano a Helsinki, y gozando de la aprobación que le ha significado la celebración tan exitosa del Mundial de Futbol 2018, Putin esté acariciando la idea de cambiar la fiesta nacional de Rusia —esa fecha en la que se conmemora la victoria del ejército soviético sobre la Alemania nazi— por el día de ayer.
Razones no le faltan. El 16 de julio de 2018 puede pasar a la historia como el día en el que Vladimir Putin consiguió que el presidente de Estados Unidos se rindiera delante de él y de Rusia.
En la conferencia de prensa, Trump defendió la negativa que le había dado el presidente ruso, en la que Putin mencionaba que él no intervino en la manipulación de las elecciones. Este acto puso en duda los trabajos y la credibilidad de sus propias fuerzas de inteligencia e investigación.
El mandatario estadounidense puso en duda los trabajos y la credibilidad de sus propias fuerzas de inteligencia e investigación
El escándalo de ayer fue supremo en todos los estados de la Unión Americana. Desde antiguos directores de la CIA, que lo llamaron “traidor”, hasta la clara vergüenza, humillación y tristeza de ver que, siendo el primer país de la Tierra —desde el punto de vista del arsenal nuclear y el desarrollo económico—, fue humillado y puesto de rodillas, delante de Putin.
Trump no debería olvidar que su país, no solamente aprecia todo lo que son los hechos consustanciales de ser estadounidense, sino que, sobre todas las cosas, ama la victoria frente a quien es, desde hace más de ochenta años, su enemigo principal. Antes era la Unión Soviética, hoy es Rusia; y ayer, Trump simplemente se cambió de bando.

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