Kloriamel
Yépez Oliveros
“Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua...
…mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.”
Julio Cortázar
Al celebrar
tu natalicio las elegías emergen de entre el lugar común, de la retórica
panfletaria, de la repetición consignista, de la politiquería; de todas esas formas con
las cuales pretenden solapar el discurso mercadeado por la publicidad y el ambiguo
palangrismo de izquierdas que te niega, te falsea, te pretende mitificar hasta
desarraigarte del corazón de la gente, para que quienes no te conocieron no te
puedan conocer jamás, asociándote cada 28 de julio a tortas de extravagante
pastillaje, y a mariachis interpretando Las Mañanitas, esa globalizada por Wikipedia “traditional birthday song”. Cosas del rebullicio farandulero de cuando
la siniestra morriña adeca.
Menos mal
que tu gente querida, la que se mantiene de pie en medio de cualquier coyuntura
contrarrevolucionaria no prevista, no atendida, no resuelta; a veces
propiciada, por Ministros y Ministras que
una vez empoderados por el pueblo, desoyen, no consultan, se desentienden del
terrorismo contrarrevolucionario que no puede ni podrá contra esa gente guiada
por tu estrella elegida, cuando la luna sabanera alumbró tus largas noches
reflexivas, aclaró tu voz libre como el agua, para regar con ella tus amplios
cañamelares militantes, tu ejército revolucionario continental, tu Revolución
Bolivariana pacífica pero armada.
La historia
le ha demostrado, a la humanidad entera, que ninguna revolución anticapitalista
es fácil, que ninguna revolución antimperialista es corta, que ninguna transformación
cultural es light, artística,
superficial, porque la poesía nace cuando la vida está en riesgo y la belleza
se esconde para no sucumbir, la poesía es la fuerza necesaria para acorralar tristezas,
-Palestina-, la mirada profunda a los ojos del otro, -Saramago-, el gusto por
la palabra de páramos nutrida -Palomares-, la constancia de ser y de estar
–Cortázar, Valera Mora-, la presencia -Miguel
Hernández: “Crepúsculo de los bueyes, está despuntando el alba”
Por eso a
la Revolución hay que aprender a leerla sin entrelíneas intelectuales, sin
balbuceos, ceceos, tartamudeos, la poesía se abre soltando la espoleta,
comunicando: así detonó Chávez la poesía, así la sembró por el mundo, así nos legó su hacer y su
decir.
Hermano
querido, Hugo Chávez, Tribilín, Veguero… ¿qué puedo yo cantarte Comandante, si
el que ha tumbado estrellas en mil noches de lluvias coloridas eres tú?