Para los ingenuos, para aquellos
influenciados por campañas mediáticas de mentiras de mil formas y tamaños, les
recomendamos que lean este material que transcribimos seguidamente, para que verifiquen
cuan de ciertos y muy reales son los planes del imperialismo yanqui para ponerle
la mano a Venezuela o, al menos, poder controlar su desarrollo y su destino,
pues allí no se entra en elucubraciones sino que se citan y se consignan pruebas
documentales originales que corren la red para quien quiera leerlas, para afirmar
que los EE UU, luego de los desastres mayúsculos y los crímenes atroces que
cometió y aún persiste en seguirlos cometiendo en el Medio Oriente, desde los bombardeos
a Afganistán a raíz de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York y la invasión
a Iraq a partir del falso positivo de
las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, se ha empeñado en desempolvar
la Doctrina Monroe, “América para los americanos” que la había descuidado un
tanto, con la minuciosa preparación de planes para nada ocultos de destruir la
institucionalidad de nuestro país y colocar a la cabeza de su gobierno un perrito
faldero equivalente a los que hoy ejercen la presidencia de cada uno de los
países del llamado “Grupo de Lima”…
Y miren el caradurismo de los
gringos; en ese material se recoge esta perla del Comando Sur, ente militar ese
que, a no dudarlo, cumplió órdenes de su gobierno (Nixon), para que Pinochet,
en alianza con la derecha fascista chilena, derrocaran y asesinaran a Salvador Allende
en 1973 e igualmente para que los militares asumieran el control del gobierno argentino
en 1976, para que invadieran a Granada en 1983 y para que hicieran lo propio a Panamá en 1989:
“Durante las últimas cinco
décadas, SOUTHCOM (siglas en inglés del Comando Sur) trabajó con diligencia
para obtener –y mantener– la confianza de la región. Ahora nos proponemos a
desarrollar esta confianza para profundizar la cooperación bilateral y ampliar
la cooperación a dimensiones trilaterales, multilaterales o transregionales.”
Por: William Serafino
La saturación informativa alrededor de los últimos
movimientos (militares y diplomáticos) del frente externo contra Venezuela
dibuja un panorama que, hasta los momentos, plantea más preguntas que
respuestas inmediatas e inminentes. Sin embargo, algunos hitos políticos
recientes, como la gira del secretario de Estado de EEUU Rex Tillerson por
países líderes del Grupo de Lima y la implosión de la Mesa de Diálogo en República
Dominicana, lo segundo consecuencia de lo primero, dan cuenta de un nuevo curso
de acciones para elevar a Venezuela a la categoría de conflicto internacional;
el tan ansiado punto de no retorno donde el acoso geopolítico disuelva las
fronteras de la política (interna) y rebase el ya endeble derecho
internacional.
Tenaza fronteriza, el triste papel de Borges y una
"visita inesperada" en Colombia
La desvenezolanización de Julio Borges se confirma por
la estridencia del acto, y el hombre que se ve a sí mismo como bisagra entre lo
que puede significar la recuperación del país en todas sus dimensiones o la
precipitación de un escenario letal, opta por lo último a conciencia de que la
primera opción no arroja las comisiones prometidas ni mucho menos la glorificación
de ser partícipe del asesinato de la nación bolivariana. "Venezuela es una
enfermedad contagiosa": esa expresión resume bastante bien que las
sanciones financieras y económicas coordinadas con EEUU están movidas por una
esencia que supera la coyuntura: la higienización cultural del país, borrar al
chavismo, con Constitución, elecciones y todo su marco político, como último
arraigo real de la historia venezolana que sobrevivió al oleaje de la
globalización.
Lo que aguardaba detrás, o más bien lo que se ponía en
riesgo si se daba un acuerdo de convivencia nacional, era el despliegue de
agendas de alto voltaje que van desde la mutación del conflicto venezolano a
uno internacional, donde la multiciplidad de intereses en el mediano plazo y
los riesgos por asumir solo consiguen sumar a la prolongación del caos, hasta
la escenificación de una situación de emergencia (humanitaria) de tal tamaño
que derivaría, y de ahí la importancia del lenguaje y la propaganda como armas
de guerra, en una salida militar inminente, interna o externa, o combinada.
En tal sentido, los llamados que incitan a un golpe
militar en Venezuela, primero durante la gira de Rex Tillerson y luego
secundado por el senador Marco Rubio, podría decirnos que no se trata de una
invitación alegre y sin receptor, aunque tenga rasgos de desespero e
incertidumbre.
Cuesta creer que Tillerson y Rubio se expongan al
ridículo internacional de verse en el mediano plazo con una invitación que
nadie a lo interno de la FANB atendió, y de ser así estarían certificando que
la única opción viable para derrocar al chavismo es la intervención camuflada o
directa. Es poco probable que la inteligencia estadounidense no esté trabajando
alrededor de la FANB, más aún luego de las confesiones del jefe de la CIA, Mike
Pompeo, sobre el estudio que realizó a lo interno de los componentes del
ejército venezolano previo a las sanciones del Departamento del Tesoro.
Sobre los movimientos militares en las fronteras con
Colombia y Brasil, parece cuestión de sentar un precedente y enviar un mensaje
geopolítico, al menos en las primeras de cambio, toda vez que la gira de Rex
Tillerson estuvo marcada por las "preocupaciones" sobre la creciente
presencia de China y Rusia en la región, a lo que el secretario respondió con
el retorno de la Doctrina Monroe. Colombia como extensión política y geográfica
de EEUU es el escenario ideal para esto, y la visita del Almirante Kurt Tidd,
jefe del Comando Sur, solo viene a atornillar esa noción de presencia que ven
peligrar.
Hecho que tampoco deja por fuera que las maniobras en
sí tengan atributos de provocación, pues si el marco semántico y narrativo
global intenta amoldar a Venezuela como una "amenaza regional", que
por descarte simple requiere una respuesta del mismo calado, el curso de acciones
podría indicar que aguardan por una reacción desproporcionada de Venezuela,
allí entra la franja peligrosa de las operaciones de bandera falsa y los falsos
positivos para fabricar un hecho desencadenante, que justifique un
enfrentamiento de tipo "defensivo", y por ende, el involucramiento
del Comando Sur en respaldo de sus socios.
Exacerbar el cuadro migratorio venezolano con las
medidas tomadas por el gobierno de Santos y las que posiblemente tomaría el de
Temer, intenta potenciar la propaganda humanitaria contra Venezuela a modo de
compensar el trágico vacío político que han dejado los actores del
antichavismo.
Pero también significa la creación de un entorno
rentable si se le ve por lo político y por lo económico. Bajo un contexto en el
que el país es víctima de un poderoso bloqueo financiero que extrema sus
condiciones alimentarias y sanitarias, ahora se suma la amenaza de embargo para
llevar la situación al límite, calentar la frontera prevé un punto de
inflamación por el cual intentarían desestabilizar la acción del Gobierno sobre
el foco económico, a medida que se intensifica el caos interno y las
instituciones multilaterales movilizan el tema a los estadios más altos y
resolutivos. No es coincidencia que el Grupo de Lima y Luis Almagro desde la
OEA intenten elevar su vocería como reacción a estos movimientos en el terreno.
El
Comando Sur plantea el caos, donde grupos irregulares modelen el comercio y la
economía regional
El ciclo de violencia en 2017 también nos trae una
lección para este 2018 que comienza con grandes turbulencias para la
estabilidad del país: cuando asoman la cabeza los operadores internacionales de
EEUU es porque a lo interno se preparan salidas violentas, aunque no sólo de
esa condición depende su total o parcial efectividad.
El otro frente (el económico) no es menos perverso:
restringir y reordenar el paso fronterizo es el subterfugio que transforma la
canalización de la "ayuda humanitaria" (made in USA) en un atractivo
negocio para gobiernos de naturaleza corrupta y voraz; así lo hace ver el
ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas, cuando habló de un
"plan de rescate financiero" para Venezuela de 60 mil millones de
dólares (https://lta.reuters.com/ article/domesticNews/ idLTAKBN1FU02E-OUSLD)
cuando el chavismo caiga.
Un pago por adelantado parece haberse fraguado durante
la gira de Rex Tillerson, a los servicios de no reconocer los resultados de las
elecciones presidenciales en Venezuela y respaldar un mayor cerco político,
financiero, diplomático (y ahora militar) contra el país.
Las "amenazas" del Comando Sur, enfoque
estratégico y Venezuela
El nuevo teatro de conflictos diseñado por el Comando
Sur representa un agresivo cambio de enfoque bajo el cual intentan justificar
una mayor militarización de América Latina, acorde a los dictámenes de la
Estrategia de Seguridad Nacional y de Defensa Nacional lanzadas por la
Administración Trump en 2018.
En términos geoestratégicos, el Comando Sur coloca su
foco sobre un conjunto de "amenazas" que van desde "redes
transnacionales" dedicadas al narcotráfico y al contrabando, la
penetración del "terrorismo de origen islámico" (haciendo referencia
a Daesh y Hezbolá), la creciente presencia de Rusia, China e Irán y los
desastres naturales y crisis humanitarias que potencian los flujos migratorios ilegales
hacia EEUU. Según el documento "Estrategias del Teatro 2017-2027” (http://www.southcom.mil/ Portals/7/Documents/ USSOUTHCOM_Theater_Strategy_ Spanish_(FINAL).pdf?ver=2017- 10-26-124307-193×tamp= 1509036213302,
estandarte de la gestión de Kurt Tidd, estas "amenazas" representan
un peligro para la seguridad nacional de EEUU y de sus socios en el Hemisferio
Occidental.
En términos geopolíticos, el enfoque del Comando Sur
consiste en dibujar a trazos generales un Medio Oriente latinoamericano: una
zona de caos, inestable, donde grupos irregulares modelan el comercio y la
economía regional y son latentes las "amenazas terroristas" y las
disputas internacionales por los recursos energéticos. Forma parte de un
corolario que otorga razón de ser a un ciclo de mayor militarización
estadounidense.
Cada una de estas "amenazas", dependiendo de
su nivel de "peligrosidad" y "urgencia", posibilitan que el
Comando Sur, bajo el disfraz de acciones multilaterales, actúen a lo interno de
los países de la región con determinados niveles de fuerza y marcos
operacionales. En lo absoluto destacan el papel de liderazgo en el narcotráfico
global de Colombia, a quienes entronizan como socios esenciales e infantería de
primer nivel.
Desde que el conflicto venezolano ha adquirido grados
más elevados de internacionalización, las narrativas y las operaciones
simbólicas y discursivas empleadas van desde la consumación propagandista del
país como un "narcoestado", con amplias relaciones con Rusia, China e
Irán (otorgándole una connotación negativa), el cual tiene nexos con Hezbolá y
vive actualmente bajo una "crisis humanitaria". Razones también utilizadas
para justificar las rondas de sanciones de la Casa Blanca.
Las sanciones del Departamento del Tesoro en febrero
del año pasado contra el vicepresidente Tareck El Aissami por tener supuestas
conexiones con Hezbolá y participar en el envío de drogas hacia EEUU mediante
el Cartel de los Zetas de México, medida que fue tomada posterior a un
"fake news" lanzado por CNN que intentó vincularlo -sin mostrar
pruebas- con la entrega de pasaportes a personas afiliadas a este grupo que ha
combatido contra el Estado Islámico y otros frentes terroristas financiados por
EEUU, son muestra suficiente de que en lo propagandístico el Comando Sur busca
un resquicio para acelerar los tiempos de una intervención.
Venezuela encaja con exactitud en cada una de las
amenazas autorreferenciales descritas por el Comando Sur como peligrosas para
el Hemisferio Occidental y la seguridad nacional de EEUU. El Almirante Kurt
Tidd, ante una audiencia en el Comité de Servicios Armados del Senado el año
pasado, afirmó que "Venezuela se enfrenta a una inestabilidad importante
en el próximo año debido a una falta de alimentación generalizada, y la escasez
de medicamentos; la incertidumbre política continuada; y un empeoramiento de la
situación económica. La creciente crisis humanitaria en Venezuela podría eventualmente
obligar a una respuesta regional".
La
militarización del conflicto comenzó con el Decreto Obama en 2015
Como parte de su enfoque operacional, según reseña el
documento bandera "Estrategia del Teatro 2017-2027", el Comando Sur
admite que trabaja junto a instituciones de la sociedad civil (Organizaciones
No Gubernamentales, academias, etc.), agencias estadounidenses como la USAID,
agencias multinacionales y el sector privado para llevar a cabo sus objetivos.
Estos recursos asimétricos de la guerra no convencional contra Venezuela han
preparado, en los últimos años, el escenario de la intervención militar, así
que no parece descabellado asumir que quien los hizo entrar en operaciones es
el mismo que hoy en su documento central de geoestrategia coloca a Venezuela
como la principal amenaza hemisférica.
Julio Borges nunca estuvo tan cerca de Kurt Tidd como
hasta hoy.
Sincronías, banderas falsas y disuasión
Con los últimos movimientos militares en la frontera,
las reuniones de Kurt Tidd con la plana mayor del Ministerio de Defensa
colombiano y el presidente Juan Manuel Santos, sumado al posicionamiento en
instancias diplomáticas de la "crisis humanitaria" en Venezuela, se
anuncia una sincronía peligrosa de actores y agendas que no deben ser subestimadas.
Detrás de la asistencia técnica que ofrece el Comando
Sur a Colombia y Brasil en cuanto a la "crisis humanitaria" de
Venezuela, podría estar la preparación de determinados aspectos logísticos para
armar una contingencia preventiva (sinónimo de intervención humanitaria) una
vez que las consecuencias de una etapa más aguda del bloqueo financiero se
hagan sentir. El año pasado el Congreso de EEUU instó al Pentágono a estar
listos para una intervención humanitaria, tiempo después aprobó un proyecto de
ley en su cámara baja para destinar los recursos y configurar el camino
diplomático que debe tomar la Casa Blanca para llevar a cabo el plan.
El documento del Comando Sur no sólo adapta para
Latinoamérica el enfoque geoestratégico de la Estrategia de Seguridad Nacional
de 2018, enfocada en la pugna existencial contra Rusia y China y la
preservación del acceso de los recursos naturales de la región para mantener la
competitividad de su economía. También podría verse como el anuncio de próximas
acciones con cierto carácter de exclusividad hacia Venezuela.
Detrás de su estrategia de una mayor militarización del
continente, se encuentra el reconocimiento de Venezuela como centro de gravedad
político del continente, necesario de ser derribado -y con rapidez- pues
representa el puente geopolítico para la inserción del bloque emergente y
multipolar en una región que consideran su retaguardia geopolítica exclusiva.
Y ese es el principal activo de disuasión con el que
cuenta Venezuela hoy día.
El caso de la invasión a Irak en 2003, en un contexto
geopolítico distinto al actual pero que no por eso ha perdido peligrosidad,
demostró que la confrontación bélica está a un paso de un falso positivo bien
orquestado. Con estrategias multiformes de propaganda, a Venezuela la han
venido acosando como el caso emblema que concentra todas las
"amenazas" a la seguridad nacional de EEUU. Un camino que comenzó con
el Decreto Obama en 2015.
La velocidad en el curso de los acontecimientos podría
indicar que un hecho aislado o preparado (un "atentado terrorista" en
alguna urbe regional, el derribo de una "narcoavioneta" en Colombia o
un hecho trágico en la frontera) sea utilizado para responsabilizar a
Venezuela. El hecho desencadenante que les permitiría avanzar un paso más en la
guerra frontal contra el país.
Durante las últimas cinco décadas, SOUTHCOM (siglas en
inglés del Comando Sur) trabajó con diligencia para obtener –y mantener– la
confianza de la región. Ahora nos proponemos a desarrollar esta confianza para
profundizar la cooperación bilateral y ampliar la cooperación a dimensiones trilaterales,
multilaterales o transregionales.
Por ejemplo,
estamos animando a los países del Pacífico como Chile, Colombia y Perú a
mejorar la integración y exportación de las prácticas idóneas de seguridad a
los socios de Asia y el Pacífico.