Posted: 24 Apr 2019 06:55 AM PDT
“Si
he podido ver más allá es porque me encaramé a hombros de gigantes”,
aforismo atribuido a Isaac Newton, pero el lingüista, escritor y
filósofo italiano Umberto Eco (1932-2016), en su compilación de ensayos A hombros de gigantes
(2009), rastrea hasta Prisciliano en el siglo IV, porque habla de
“enanos y gigantes”, lo que no descubre (¡claro que no!) es si se trata
de los descritos en la Biblia (Reina Valera: Génesis 6-4).
¿Qué
es lo que está cambiando la distribución del poder imperial a escala
mundial? ¿Será tanto el desprecio como la debacle funcional de la
globalización, y el neoliberalismo tras ella? ¿Es el resurgimiento de
Rusia como potencia al estilo de la guerra fría de la URSS, a lo que le
temen los países de Occidente? ¿Acaso la pretendida neoGuerra Fría que
ha estado promoviendo en todos los foros su titular Jens Stoltenberg,
tratando de relanzar a la OTAN desde la vieja Europa?
¿Acaso
es la llegada de Donald Trump al poder en los Estados Unidos de América
(EUA), y su reiterado desprecio por la relativa estabilidad
internacional que funcionó para mantener ciertos “equilibrios” durante
la guerra fría, y otro tanto hasta la llegada al poder en Rusia de
Vladimir Putin? ¿Resultará que es culpa del resurgimiento de China en el
contexto globalizador, que ha estado arrasando con el resto de las
economías del mundo, al grado de amenazar incluso el poderío de los
propios EUA?
¿O son los conflictos a flor de piel, regionales
como en Siria, Ucrania, Corea del Norte, Turquía, Irán, Arabia Saudí,
Israel, Taiwán, Paquistán, la India? ¿Algún africano o Latinoamericano
como Venezuela, Cuba, Colombia o Brasil? ¿Por ninguno o por todos a la
vez?
No obstante, la complejidad que representa la situación
mundial descrita, hay quien sugiere que se trata de algo más que eso. El
tema no es fácil. Porque no fue sino hasta la llegada de Trump que se
puso disruptivo, como cabeza de playa y contra el mundo, que su
verdadera intencionalidad salió a flote, y que comenzaran a delinearse
todos los frentes contra los cuales se compite por el poder a nivel
mundial.
Amenaza la crisis, no el “loco”
Es
el riesgo en el que se encuentra la cabeza imperial mundial de una
crisis económica tan inevitable como cierta, un estallido que sería
superior a la de 1929 del siglo anterior y cuyas reminiscencias serían
de mayor alcance a las del 2008, que no acaban de extirparse y no se ve
por dónde.
Ello es lo que ha obligado a Trump a replantearse
las cosas, tanto al interior como hacia afuera. Intentarlo siquiera
demanda liderazgo. Y sea lo que sea el presidente estadounidense, ni
está loco (hay quienes aseguran que opera a nivel internacional por la
“teoría del loco” de Kissinger) y, valga reconocer que se ha atrevido a
retar la presión de los promotores del grupo financista especulador, los
culpables de la mega burbuja de la cual el mundo no se recupera.
Es
la línea de Bernanke y la Reserva Federal: el rescate de los grandes
bancos (Lehman Brothers en 2008 al igual que la debacle), el mantener
tasas de interés bajas (el crecimiento 0), que solo alientan la
especulación.
Todavía más, que como empresario el propio Trump
intenta desarrollar la economía real de los EUA. Alentar la dinámica
interna desde la propia industria con creación de empleos, hasta
retrotraerse como país —de su pretendida estrategia de seguridad
nacional contra el vecino del sur, México— al grado de tirar todo por la
borda, como la arquitectura internacional de la posguerra fría con el
fin de mantenerse como hegemón global.
Pero eso no es todo,
porque ya decimos que los temas son complejos, o mejor dicho que la
realidad es complicada. EUA apenas representa uno de los polos entre los
que se desarrolla la disputa por el control mundial, porque los otros
son precisamente China y Rusia, o viceversa. Ambos países le disputan a
los EUA tanto la supremacía internacional como el mismísimo reinado
neoliberal, del cual reniega ya Trump.
Por dos simples
motivos: Rusia se está proyectando como actor geopolítico principal en
el escenario mundial, ya no como país socialista desde la caída de la
URSS; China, por su parte, ni es abiertamente socialista, ni un país
capitalista estilo occidental. Pero esa suerte de capitalismo de Estado o
de la dictadura del partido chino (de control férreo del PCCH y su
líder Xi Jinping), sí que está avanzando rápidamente y alcanzará pronto
en crecimiento y desarrollo a los propios EUA.
Búsqueda de opciones
Hasta
aquí seguimos, baste decirlo, en una suerte de análisis al viejo estilo
de la guerra fría, digamos, del tablero de ajedrez de Brzezinski; que
no es otro que el de la guerra fría. Pero dicho esquema se acabó, no
solo por Brzezinski, sino por la realidad actual. Valga decir que se
requieren nuevas herramientas, o revisar la complejidad mediante la
geopolítica. También, se requiere armar otra visión con el método
geopolítico: pasar de la teoría del ajedrez de Brzezinski a otra, y no
hay muchas opciones.
Es decir, que necesitamos pasar del viejo
enfoque geopolítico a otro en construcción, como es el mismísimo mundo
que está mudando de piel. Revisemos por ahora las tesis del ruso Daniel
Estulin —el autor del clásico libro El Club Bilderberg—. Él sostiene que vivimos el fin del modelo neoliberal, que se basó en el crecimiento ilimitado del planeta. Y eso se acabó.
Que
el principal problema a escala global es que no hay ningún modelo
financiero que pueda sustituir al actual liberal banquero y financista;
un reto para la élite que requiere encontrar para sustituir lo viejo e
inservible con lo nuevo. Estulin sostiene que tanto EUA como Rusia y
China están en el mismo costal, y que los tres países tienen los mismos
retos.
Nosotros decimos que no. No es la misma problemática de
los gringos que la de los rusos o los chinos. Ni económicamente, porque
quien tiene una economía desbordada son los estadounidenses, no así
Rusia y menos China. Los tres países con dinámicas económicas distintas.
En otra ocasión abordaremos la situación económica de los tres.
Los “proyectos globales”
En
lo que coincidimos con Estulin es en la tesis —novedosa para el
análisis, pero que sienta bases nuevas para la geopolítica— de los seis
“proyectos globales” que están en pugna por la supremacía mundial.
- La llamada “Nueva Babilonia”: Wall Street, los banquero-financistas y clan Rockefeller.
- “Nuevo Jerusalem”: Londres, imperio británico, Casa Windsor, Casa Rothschild.
- “Gran Europa”: La Europa de las órdenes, con el Vaticano y la aristocracia europea.
- “Gran Eurasia”: Moscú como epicentro.
- “Nuevo Califato Rojo”: Sufí desde Turquía.
- “Datung”: Con China en alianza con los Rothschild y Windsor,
Como
puede verse, no son países sino proyectos globales, ciertamente, que
estarían luchando entre sí por la supremacía o hegemonía mundial, para
aplicarla al resto del mundo. Es claro que, a la cabeza, porque son o
serían los países más activos, resultan los tres últimos proyectos, con
Eurasia que no pierde terreno como corazón del Heartland en la teoría
clásica de Mackinder. Con Datung por el dinamismo chino en prospectiva
por la nueva ruta de la seda. Ambos países con predominio, el uno
energético y el otro en inversiones a nivel global.
Los otros
tres, Babilonia, Jerusalem y Gran Europa, si bien activos resultan las
principales víctimas de sus propias políticas o dinámicas tanto
geoeconómicas como geoestratégicas, y también geopolíticas. Por lo
tanto, sin contradecir a Daniel sino colocando nuestra propia postura,
es claro que la dinámica de Trump y sus aliados —acaso Londres desde
luego—, ni están en condiciones de imponerse ni lo lograrán, salvo que
decidan por la alternativa de la guerra, que desde luego a nadie
conviene.
Nuevos equilibrios
Lo
otro es perder terreno cada vez, me refiero a Trump ante Putin por una
parte y Xi por el otro. Salvo que nos sorprendan con algún tipo de
alianzas geoestratégicas, para una recomposición geopolítica del mundo,
pero bajo otras reglas ya. Esto significaría el fin pacífico del imperio
estadunidense, así como el surgimiento de un nuevo terreno de
equilibrios en el mundo, pero bajo otras reglas. Esto es lo ideal, pues
lo otro es el Apocalipsis.
En síntesis, la disputa por el
poder hegemónico mundial en nuestro tiempo pasa por distintos
escenarios, todos en confrontación tal que están forzando el rompimiento
de las reglas internacionales heredadas tras la guerra fría. Ello
precisamente porque el mundo está cambiando de piel, son los viejos
poderes globales. El caso es que todos corremos con la misma suerte y, o
nos sumamos o nos arrastran. Lo mejor será subirse al carro, pero no de
la guerra sino del cambio pacífico. ¿Lo permitirá la bestia herida?
Habrá que domarla. Al parecer Trump es un aliado de eso. Y la otra
geopolítica, como mejor herramienta.
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Miguel Angel Reyes.
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