Parte o quizás algo de esa casi inescrutable y portentosa esencia, a veces deliberantemente incomprendida de la historia profunda de las revoluciones que nace, vive y florece y en el hombre; esa que a veces se muestra como un objeto del libre mercado, de bajo presupuesto y pálida plusvalía por el valor que imponen elitescos determinismos ideológicos o meramente mercantiles y se instalan como alcabalas del racionalismo fiscalizador para cerrar el paso al ejercicio intelectual, múltiple, poético, especulativo, libre de dogmas, de las relaciones humanas que son, finalmente, las que hacen las revoluciones alcanzan un rango combativo en el lenguaje del arte, cómo es el caso de Pedro Reyes Millán.
Muchos son los casos y abundan en las revoluciones clásicas y en las de muchos siglos atrás, y, más aún, en tiempos posteriores al modelo bolchevique e incluso, aunque con aires alentadores, a la Cuba del presente. Hace algunos años Manuel Vázquez Montalbán se alzó contra ese y otros prejuicios mezquinos y no causó más escándalo porque la intelectualidad de Europa ya había sentido el sacudón de la muerte de Dios y Nietzsche era tan popular como Joan Manuel Serrat o José Luis Perales.
En la trastienda de este párrafo medio estrafalario está Pedro Reyes Millán: un excombatiente guerrillero con larga y dura experiencia en las FALN y otras agrupaciones revolucionarias de la Venezuela del 60. Desde muy joven luchó por el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez, siendo cadete en la Escuela Militar en 1958.
Purgó largas condenas por insurrección en el Cuartel San Carlos y en la Isla El Burro. Fue uno de los artífices, desde fuera, de la espectacular segunda fuga de guerrilleros presos en el San Carlos, a principios de los años 70, gesta que fue documentada y testimoniada ampliamente en un film documental de Edmundo Aray, recuerda Leonardo, mi hermano.
Pedro es, desde muy joven, como hijo de artesanos margariteños y margariteño él mismo, un artista artesano en distintas áreas como el estampado, la orfebrería, la ebanistería y la carpintería, oficios que como autodidacta perfeccionó en la década que permaneció en las prisiones de Betancourt, Leoni y Caldera. Se hizo virtuoso, en su estadía de casi 30 años en Barinas, en la artesanía del totumo o tapara, que realizó siempre en las plantaciones mismas de 'crescencia cujete', como se llama en ciencia botánica al popular taparon en sus distintas variedades.
Por este virtuosismo y magisterio, le fue conferido hace 10 años el Premio Nacional de Cultura Popular, por parte del Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
Sus investigaciones botánicas sobre el totumo y sus obras escultóricas que desarrolla en los árboles vivos con herramientas de su propia creación, lo han llevado a exponer esa obra y esas enseñanzas en Alemania, Francia, Uruguay, Cuba, Brasil, Argentina, Colombia y otros países.
Sus obras en taparo combinan lo utilitario y lo artístico. Me refieren Leonardo Ruiz Tirado y Jackson Niño que lo han visto trabajar cuerpo a cuerpo con los árboles y con materiales diversos para crear múltiples formas.
Dice Niño, Director del Museo de los Llanos de Barinas, donde actualmente expone, "que es un alquimista, un hombre que dejó el plomo para convertirlo en oro".
Pedro Reyes Millán ha dedicado toda su vida al proyecto de transformar la sociedad, lo ha intentado de todas las maneras, ha hecho todos los esfuerzos posibles para lograr un mejor mundo, así fue como el arte se convirtió en su mejor aliado, dice Jackson.
A sus casi 82 años de edad sigue creando, después de siete décadas dedicado al arte y a la artesanía, pues creció con padres y abuelos artesanos.
Los últimos 30 años los ha consagrado a su proyecto de investigación sobre la tapara, "lo que considero un acto de trasmutación, pues toma un elemento sencillo, tal vez tosco o rudimentario como es la tapara en el imaginario colectivo, para transformarlo en otra cosa, en algo ligero, en una pieza delicada y única, lo cual me recuerda al Art Nouveau, así que podría decir que Pedro Reyes Millán es nuestro Alfons Much.
Hablar de Pedro -me dice el poeta y profesor Luis Montilla, conocedor de la obra vital de Pedro Reyes Millán- es cifrar en él la moral y el compromiso expresados en la Venezuela de la Constitución de Hugo Chávez, de su prodigioso Preámbulo. "Es un hombre de férrea moralidad ideológica y militante. Un ser único porque nos representa como pueblo, y diverso por su capacidad de transitar diversas facetas de nuestra venezolanidad".
Ojalá vengan detrás de nosotros muchos Pedros.
Actualmente, en el Museo de Los Llanos de Barinas, en una sala que lleva su nombre, se expone "La transmutación de Pedro Reyes Millán".