
Resumen Latinoamericano, 11 de septiembre de 2022.
Ocurrió en la Basílica de Lujan este pasado sábado, cuando todos los sectores del oficialismo, con el presidente Alberto Fernández a la cabeza, se mostraron con rostro compungido en la «Misa por la paz».
Junto a Fernández, con cara de tristeza para la foto, está uno de los principales responsables de la Masacre del Puente Pueyrredón, ocurrida el 26 de junio de 2002, cuando la policía bonaerense asesinaba a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Se llama Eduardo Duhalde y en tiempos en que las cosas se decían por su nombre y él era gobernador provincial, las Madres de Plaza de Mayo lo acusaban una y otra vez de «regentear el juego, la droga y la prostitución». Hoy la oportunista defensa de «la paz y la democracia» hace que Duhalde pueda pararse en primera fila sin ningún tipo de complejos ni rubores, impune como tantos otros. A su lado, aparte de Fernández (el hombre que junto con Sergio Massa malgobiernan sin ningún tipo de excusas, está el «joven» Wado de Pedro, hijo de militantes montoneros asesinados, pero como gran reivindicador del síndrome de Estocolmo, abjura del legado heroico de sus padres y prefiere convertirse en soldado de la causa comercial sionista después de su reciente visita a Tel Aviv, enviado por Alberto.
El resto de la primera fila es de la misma catadura, ya que asi como durante un par de años reinó el Covid, ahora le toca el turno a convertir las palabras «paz» y «democracia» en un amuleto de la suerte, a sabiendas que ni uno y otro término tienen algo que ver con lo que ocurre en este país.
La obscenidad mayor es incluir en la misma foto a algunas Madres de Plaza de Mayo ya que siendo una institución histórica de resistencia a la dictadura, mal ejemplo se da cuando se junta el agua con el aceite.
La realidad no está ni en Recoleta ni en esa Basilica repleta de dirigentes sociales deseosos de que los anoten en la «agenda de la democracia». La realidad sí sobrevuela los miles de barrios de todo el país donde se come una vez al día y muy mal, donde se utiliza el método del gatillo fácil para intentar disciplinar a los pibes que aún no pudieron matar. La realidad es la soja que destruye la tierra, o la megaminería que se lleva toda el agua.
Realidad obscena y electoralera como la foto de marras, buscando mostrar una unidad que durará un tiempito más, porque en ese conglomerado de fieles de la catedral lujanera, son pocos los que hablan bien del otro. Pero eso es otra cantar, lo importante, por lo grave, es comprobar que en este país casi nadie paga por graves hechos ocurridos ayer nomás. Hasta que un viento fuerte se los lleve a todos y asi como quien quiere la cosa, se anuncie que llegó el tiempo del pueblo.

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