Recordaba Rosa, desde su pequeño costurero, los días duros de la "cuarta". Aquella época en la que, con aguja e hilo en mano, tejía sueños de un futuro mejor para sus cinco hijos. Tiempos difíciles, donde cada centavo valía más que el oro y la lucha por la locha era por la supervivencia, una batalla diaria.
Sin embargo, Rosa es parte de una generación de héroes y heroínas, de luchadores que a su vez vienen de una saga que vivió apegada a los ideales emancipadores y lucharon y soñaron. Sus padres son los abuelos ejemplares de sus hijos: hombres y mujeres que, a pesar de las adversidades, nunca perdieron la esperanza.
Una generación que forjó su carácter en la lucha y que, con el tiempo, se convertiría en la columna vertebral de la Revolución.
De aquellos días difíciles nació una generación de oro, como la bautizó Hugo Chávez: joven, genial, decidida y capacitada para defender la paz, la tranquilidad, la independencia y la soberanía nacional.
Son la fibra, seres que con su ímpetu y talento, continúan construyendo las bases materiales y espirituales de la sociedad socialista.
Hoy, en tiempos de guerra mediática y bloqueo comunicacional, esa generación se ha convertido en protagonista de las redes sociales. Libres de odio, alzan sus voces para defender la verdad y romper con las cadenas de la manipulación.
Son la generación de las calles, las redes, los medios, las paredes y la radio bemba. Rosa, desde su humilde costurero, observa con orgullo a sus hijos y nietos. Ella es la prueba viviente de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una luz de esperanza. Su historia es un recordatorio de que la fuerza del pueblo es invencible y que, juntos, podemos construir un futuro mejor para todos.