“Debemos cerrar filas frente a las agresiones del imperialismo”, es la frase que se ha repetido en todo el continente a partir de la agresión gringa contra Venezuela. Sin embargo, esa frase, tan contundente y certera, no es tan fácil de llevar a cabo, y se ponen muchas piedras en el camino de la unidad. El imperialismo trabaja activamente en la división de nuestras fuerzas y en muchos casos logra insertar sus discursos entre las fuerzas que quieren combatirlo. La discusión política es sana y absolutamente necesaria para crear espacios de unidad reales. Hay que poder construir los espacios de debate sin dinamitar la posibilidad de unir fuerzas para vigorizar la conciencia antimperialista de los pueblos. |
En el caso concreto de Venezuela, se han manifestado por lo menos tres pocisiones que contribuyen a la confusión y la erosión del frente antiimperialista tan necesario de consolidar ante la amenaza que se yergue sobre nuestros pueblos:
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1. Una posición susceptible a la campaña de demonización que tiene años caracterizando a la revolución bolivariana como una dictadura violenta que viola los derechos humanos de la población y que no tiene legitimidad democrática. Esta posición ha repetido que Maduro es un dictador, creyendo que eso la coloca del lado correcto. Sin embargo, ante la agresión gringa ahora tiene la necesidad de jugar al equilibrista y caer en fraseos como “se puede repudiar a Maduro y a Trump al mismo tiempo” o “estar contra la agresión no es apoyar al gobierno chavista”. Esas contorsiones ideológicas hacen evidente que cedieron al discurso imperialista construido con la explícita intención de agredir al pueblo de Venezuela. |
Con una visión parcial, se ha juzgado al proceso bolivariano desde la óptica del sistema político que los medios de comunicación han estandarizado como “democracia” y del cual Estados Unidos se presenta como baluarte. Se ignora, por ejemplo, que la constitución bolivariana contempla una república que no sólo tiene tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), sino cinco, incluyendo el poder ciudadano y el poder electoral. En los últimos 27 años, desde la llegada de Chávez al poder, en Venezuela ha habido 24 procesos electorales (más que en ningún otro país del mundo) y el chavismo ha ganado la mayoría, pero no todos. El sistema de votación es uno de los más avanzados del mundo, con identificación biométrica, y su confiabilidad está certificada por varias instituciones internacionales (algunas estadounidenses). |
Se hace más trascendente el juicio sobre la democracia venezolana cuando se analiza cómo se ejerce el poder ciudadano, con la puesta en práctica de formas de gobierno ejecutadas a través de la organización comunal, que permite a la población tomar decisiones y resolver problemas a nivel local, ensayando formas de democracia directa, construyendo el poder desde abajo, con cimiento en las asambleas barriales. Estos elementos son ignorados por los sectores “democratistas” que redujeron toda la legitimidad del chavismo a la presentación de resultados electorales, que fue el punto donde Estados Unidos centró su discurso.
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En la elección de 2024 quien presentó documentos apócrifos fue la oposición, mientras el Consejo Nacional Electoral denunció una cascada de ataques cibernéticos. Tampoco se contempló que el chavismo hizo valer su mayoría en las urnas y también en las calles, en cada barrio y espacio público. |
El discurso hegemónico sólo señala como dictadores a los enemigos de los grandes centros del capitalismo, pero nunca a sus aliados. Hoy esa realidad hace agua para quienes se subieron al barco de señalar a Maduro como dictador. La contradicción les impide sumarse con decisión y firmeza a la defensa que hoy necesita el pueblo de Venezuela.
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2. Otra posición es la que Fidel Castro caracterizó como “los superrevolucionarios”, que juzgan desde las gradas a quien tiene al toro enfrente y pretenden que siga los manuales de cómo torear. No cabe duda que el proceso venezolano (como cualquier otro) ha cometido errores y tiene limitaciones tanto coyunturales, ligadas a las decisiones de su dirigencia, como estructurales, que responden a las condiciones reales en las que se desarrolla el proceso. No es difícil hacer el listado de limitaciones que han surgido al interior del proceso bolivariano, por ejemplo, la persistencia de la corrupción, la creación de una nueva clase con privilegios políticos y económicos al amparo de las políticas del chavismo, el estancamiento en la construcción de una alternativa económica y política al capitalismo, la incapacidad de superar la economía rentista y dependiente del petróleo, entre otras. Todas ellas, asumidas por el pueblo y el gobierno bolivariano como grandes retos a superar en la construcción del socialismo. |
Pero en el camino de la crítica, siempre necesaria, hay quienes pierden la visión dialéctica y, con soberbia, han llegado a caracterizar al proceso venezolano como “neoliberal”, “protofascista”, “traidor al pueblo” y adjetivos similares que llevan a la conclusión de que en Venezuela hay un experimento contrarrevolucionario. Instalados ahí, niegan los evidentes logros que ha tenido Venezuela en su difícil camino, por ejemplo, la autosuficiencia alimentaria, la disputa del discurso mediático, la politización antiimperialista y anticapitalista popular, la eliminación de la miseria, la recuperación económica, el impulso a las misiones sociales, la expropiación de algunos medios de producción, poner las ganancias del petróleo al servicio de las mayorías, entre otras. |
La falta de piso de muchas de esas críticas se evidencian al momento de proponer soluciones o alternativas, porque frente a problemas concretos levantan consignas abstractas o fantasiosas: “que un frente clasista rebase a la dirigencia, que los proletarios organizados derroquen al capital, que la clase trabajadora rompa los amarres del chavismo y el imperialismo al mismo tiempo”, y otras similares. |
Se han distanciado tanto de las complicaciones del proceso y se han llenado la boca de tantos improperios contra el chavismo y su dirección, que ahora no pueden cerrar filas en defensa de un proyecto que es adversario del capitalistmo hegemónico, porque los haría caer en contradicción. En ese camino, llegan a menospreciar al chavismo como una fuerza antagónica al poder de Estados Unidos y que da luz a una alternativa al capitalismo subdesarrollado. |
¿Por qué Estados Unidos no ocupa militarmente a Venezuela? ¿por qué no se instala en los campos petroleros y se lleva el recurso en sus buques sin rendir cuentas, sin pagar un centavo, sin negociar con nadie? ¿por qué no impone un gobierno títere y entreguista cuando ya tiene a Corina Machado bañada con el prestigio del nobel de la paz y el favor de los medios de comunicación en todo el mundo? A pesar del gran golpe recibido, se mantiene la estructura de poder del chavismo, no porque Trump así lo prefiera, sino como consecuencia de la fortaleza de la revolución bolivariana. |
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Otro escenario encontraría una férrea resistencia de un pueblo que lleva años trabajando en su conciencia antiimperialista, impulsada por iniciativas de organización popular, y que en los últimos meses se preparó para una guerra desigual. Para los “superrevolucionarios” reconocer las fortalezas del proceso venezolano está prohibido, y por eso prefieren sumarse a narrativas fabricadas desde la propaganda gringa, como la de la traición en la cúpula del chavismo o de la total sumisión de quienes quedaron al frente del gobierno. Delcy Rodríguez debe dirigir al país y negociar con el imperio en condiciones desventajosas, pero que el chavismo no haya sido barrido por la fuerza de las armas es una buena noticia para la resistencia latinoamericana al imperialismo. |
3. Hay una tercera posición a la que le disgustan las contrariedades y complicaciones que presenta la lucha de clases, que imagina transformaciones puras y sin contradicciones y exige a los procesos políticos realmente existentes que se ajusten a premisas que no corresponden con los retos concretos que enfrentan. Los puristas buscan alguna acción incorrecta o cuestionable para distanciarse y mantener un aire de superioridad moral que les permita congraciarse con modelos abstractos de cambio social. Para mantener su prestigio reclaman airadamente cuando el Estado bolivariano ha tenido que usar la fuerza (como hacen todos los Estados por definición). |
No se le puede exigir pureza a la revolución bolivariana, que ha enfrentado todo tipo de agresiones orquestadas desde Estados Unidos y ejecutadas por la oligarquía local. Por ejemplo, una de las estrategias para derrocar a la revolución fueron las “guarimbas”, cuando los opositores al gobierno salían armados a generar caos en las calles y, literalmente, asesinar chavistas y gente humilde (a veces incluso quemando viva a la gente) para imponer el terror y provocar una situación de desconcierto que justificara una intromisión extranjera. A pesar de la prudencia y la convicción de no caer en provocaciones, obviamente en esa situación hubo momentos de tensión y violencia, que implicaron sacar a la calle a las fuerzas represivas, y eso siempre crea escenarios complicados donde se pueden cometer abusos e injusticias, que deben ser denunciados y atendidos, pero que son provocados por las estrategias imperialistas para derrocar a sus enemigos.
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Estamos viviendo momentos aciagos para cualquiera que no tenga la intención de alinearse cien por ciento a las políticas de Estados Unidos. La amenaza es extensiva a la más mínima disidencia al imperio y la decisión de hacer a un lado cualquier tipo de legalidad, local o internacional, hace que el peligro sea más real. Si bien la diplomacia y la negociación siguen siendo instancias que no se deben deshechar, no son una garantía de evitar la agresión. |
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Es momento de reivindicar el derecho que tienen los pueblos de decidir la forma en que se organiza su gobierno y cómo usar sus recursos naturales y humanos, en función de sus intereses y no bajo amenazas extranjeras. La libertad de Nicolás Maduro y de Cilia Flores es una exigencia que debe resonar en todo el mundo, como un primer paso para detener la intención de Trump de erigirse en gran tirano mundial. Rodear de apoyo al pueblo de Venezuela y a la revolución bolivariana es una tarea necesaria frente a la embestida del tigre herido que hoy es el imperialismo yanqui. |
*Gabriel Ramos Carrasco: Profesor de la UNAM, Colectivo Nuestra América. México. |
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