José Sant Roz
- Pueden buscar en las redes quién es este señor cura, Reinaldo Múñoz Contreras, observar con cuidado su aspecto, su voz y su mirada. Véase su vestimenta. Apréciese su congestión en todo el rostro. Debe analizarse con cuidado, el aspecto de su odio retinto y solapado contra el pueblo. Idéntico a los curas requetés de la milicia voluntaria carlista de ideología demente, católica y monárquica que en un principió se embanderó en la Guerra Civil Española (1936-1939) con Francisco Franco, organizados en los llamados «tercios» y que irónicamente entonces se identificaban por llevar una boina roja. Estos requetés se conocían por su enfermizo fanatismo religioso, por su sed de sangre, por sus abominables deseos de venganza y sobre todo por una brutal y persistente ceguera tanto política como humana.
- Hoy este cura Reinaldo Muñoz Contreras es el septuagésimo séptimo párroco de Santiago Apóstol de la Punta (LA PARROQUIA). Sucede al cura Eduard Molina, aquel personajillo, que en plenas guarimbas, oficiando misa, subió al altar mayor, como parte de la Liturgia de la Palabra, a una escultural joven, en minifalda y vestida de MUJER MARAVILLA, en representación de los alzados contra el gobierno.
- El pasado 4 de febrero, este demente cura Reinaldo Muñoz Contreras, congregó a parte de su feligresía para una misa frente a McDonald’s, el emblemático punto de los guarimberos en los días aciagos de los años que van de 2014 a 2019, y en los que Mérida sufrió toda clase de estragos y desmanes, con “barricadas”, asesinatos y quemas de jóvenes por el “crimen” de ser chavistas o de parecerlos. Una época en que también murieron una docena de policías y guardias nacionales abaleados por sicarios y francotiradores, algunos de ellos traídos de Colombia. Sicarios y francotiradores que por cierto, pernoctaban en casas de familias de urbanizaciones como Las Tapias y Residencias Cardenal Quintero, entre muchos otros de la ciudad. Los reunió para una misa en el santo espacio de McDonald’s, como para enaltecer la figura de Trump, quien asesinó a más de cien compatriotas con sus criminales bombardeos el pasado 3 de enero en Caracas.
- Este cura, y ex Rector del Seminario de San Buenaventura, don Reinaldo Muñoz Contreras, como se ve, nada le duele ese espantoso crimen del 3 de enero contra nuestra patria en el que con un misil volaron los centros de investigación del IVIC, en el estado Miranda. Como se ve, lo celebra. Como puede apreciarse, lo exalta, y lo considera como una continuación de la lucha que desde el mismísimo 1998 ha emprendido la CEV contra el chavismo.
- Al cura Reinaldo Muñoz Contreras, para nada le importan, insistimos, esas muertes y esas monstruosas destrucciones a nuestra tierra. No. El aprovecha el momento para que se produzcan más asesinatos, para animar y encender la locura de los opositores que han venido pidiendo asedios, bloqueos e invasiones a nuestra patria. Ellos son los curas que han visto a María Corina Machado como a una nueva Juana de Arco (al revés, se entiende), y a quien han llegado a pasear bajo palio en algunos pueblos, sobre todo en Guaraque.
- El pasado 4 de febrero, Mérida volvió a vivir ese espanto que todavía escuece el alma y que a estos curas tanto les emociona y enternece. El cura Reinaldo Muñoz Contreras, ex Rector de Seminario de San Buenaventura de Mérida, agitaba una bandera y gritaba como poseído por el demonio, hablando contra el gobierno y pidiendo por la libertad de los “ángeles y vírgenes presos y torturados por la dictadura cubano-comunista”.
- Lo seguimos advirtiendo, estos curas, bajo la dirección de la Conferencia Episcopal Venezolana, CEV, siguen soñando, anhelando y rogándole a Dios que nuestra ciudad, que toda Venezuela vuelva a arder. Que se vuelvan a quemar negros y chavistas, que corra la sangre de Cristo Redentor por calles y plazas de nuestros pueblos, el mismo espíritu demente e incendiario de los requetés españoles, que provocaron aquella espantosa mortandad en la conocida Guerra Civil Española.
Nombre que dán los Boticários a algunas medicinas, que regularmente se administran en polvos o píldoras, por ser eficaces para varias enfermedades. Es voz Griega, que significa Medicina universal, o sánalo todo.
La panacea es un mítico medicamento que cura todas las enfermedades o, incluso, prolonga indefinidamente la vida. Fue buscada por los alquimistas durante siglos, especialmente en la Edad Media, usualmente vinculada con la piedra filosofal y el elixir de la vida.
La palabra panacea proviene de la voz griega panakos y significa ‘remedio para todo’ (pan: todo y akos: remedio) que es también el nombre de la diosa griega del remedio: Panacea (en griego antiguo: Πανάκεια, Panákeia, ‘que todo lo cura’).