José Sant Roz
- Yo era casi un niño cuando junto con mi padre y un grupo de amigos de mi padre salimos eufóricos a la calle a celebrar el alzamiento de la Aviación en Maracay, contra el general Marcos Pérez Jiménez. Tenía yo 13 años, y me creía inmerso en una gran gesta por la libertad, creíamos que estábamos alcanzando la máxima gloria a la que se puede aspirar en este mundo. Todo era alegría y felicidad, nos llenábamos de gozo recibiendo tantas sublimes noticias, y devorándonos cuanto entonces traían las notas nacionales e internacionales sobre nuestros políticos y sobre nuestro país, porque en cayendo el general Marcos Pérez Jiménez pensábamos, estaríamos entonces rescatando nuestra soberanía, seríamos más libres, más fuertes y más respetados en este mundo …
- Todo era diferente, hasta el sabor del sueño, como diría Jorge Luis Borges. Parecíamos todos unos carajitos enamorados de los sublimes himnos de la humanidad, y oyendo aquellos discursos que estallaban en cada esquina y con ellos ratificando los más excelsos ideales de la patria. Cómo nos embebíamos, alelados, escuchando a Rafael Caldera, a Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Gustavo Machado. Aquello era músicas celestiales. Aquellos eran ángeles puros del firmamento que se sacrificaban por nosotros, que sufrían y se desgarraban por nosotros. Entonces a nadie le pasaba ni someramente por la cabeza, que 66 años más tardes se habría de descubrir que en ese 23 de enero de 1958, estábamos cometiendo la más grande estupidez en quinientos años.
- Que no había sido el pueblo quien derrocaba a Pérez Jiménez sino el presidente gringo Dwight Eisenhower. Se había descubierto entre muchas otras acciones del gobierno de Pérez Jiménez, que éste tenía planes de recuperar nuestro territorio Esequibo mediante una invasión. Eso ya estaba en conocimiento de nuestras Fuerzas Armadas. EE UU ya para 1956 no confiaba para nada en el general Pérez Jiménez, pues, el presidente Dwight Eisenhower había propuesto en 1956, la celebración de una cumbre presidencial interamericana en Panamá. Los fines eran los de siempre: reiterar los compromisos de la unidad continental, mantener la paz, la libertad y la cooperación económica y militar. El gobierno de Pérez Jiménez se enteró con antelación que los fines eran otros: plantear la necesidad de una base estratégica gringa con misiles de cabezas atómicas, en la península de Paraguaná. Este proyecto estaba dentro de los planes de seguridad continental emprendidos por la Casa Blanca y Einsenhower contaba con que los mandatarios presentes no les presentarían ninguna clase de objeciones. Lo insólito fue que Pérez Jiménez lo rechazó de plano por considerarlo lesivo a la soberanía nacional y, por tanto, inaceptable para las Fuerzas Armadas Nacionales.
- Esta decisión de Pérez Jiménez, causó una gran irritación en Washington, y puso en alerta a la oligarquía criolla, la cual se estaba beneficiando de onerosos contratos con el gobierno. El general Pérez Jiménez había advertido que si Einsenhower planteaba el tema de los misiles, él airadamente se retiraría de la cumbre. Este mensaje se le hizo llegar al presidente anfitrión de la cumbre don Arnulfo Arias, quien seguidamente lo comunicó al presidente de Estados Unidos, para que éste no fuera a sufrir un desaire en plenas actividades de la cumbre, y para que sobre la marcha se fuera retirando a tiempo la referida propuesta.
- En un principio, por las notas que desde la Cumbre se le enviaban a Venezuela, el general Pérez Jiménez, consideró que había hecho respetar a Venezuela, y que podía llegar un poco más lejos en ese enfrentamiento con el monstruo del imperio, por lo que entonces se arriesgó a proponer a dicha cumbre, un fondo económico para el desarrollo de los países de la región, cuyo capital provendría de los aportes de las naciones participantes, representados en un diez por ciento del presupuesto de cada una de ellas. Einsenhower consideró que esto constituía no sólo una imprudencia temeraria sino una bofetada a la majestad de su mando, y llamó a varios de sus asesores para que le hicieran saber a Pérez Jiménez que él no estaba siendo apoyado por Norteamérica para que cometiese tales desquicios y perturbaciones en la región. Que esa no era su función, que las cuestiones de tipo económico en el hemisferio eran de su total y exclusiva incumbencia, así como los tratados bilaterales entre las naciones.
- Ante este llamado, la asesora judía de Rómulo Betancourt y además agente de la CIA, la señora Frances Grant, sintió un gran alivio y una estupenda alegría, se frotó las manos, considerando que esta molestia de Einsenhower podría significar el fin del gobierno de Pérez Jiménez y el comienzo de un Estado «democrático» en Venezuela, bajo la certera y decidida orientación de un estadista ejemplar como Rómulo Betancourt, como en efecto ocurrió.
- Pues bien, resulta que en esa referida Cumbre en Panamá, Pérez Jiménez habló sólo cinco minutos, y entre otras cosas dijo: «Ya no es época de liberaciones políticas. Los pueblos son dueños de sus destinos. Pero sí tenemos que hacer mucho en el campo económico, para lograr nuestra soberanía…», y fue cuando, sin ajustarse a las amenazas de Einsenhower, propuso crear un fondo común para la realización de importantes obras en Latinoamérica, y que Venezuela comenzaría aportando cien millones de dólares, «que para los norteamericanos hubieran repercutido en unos 3.000 millones de dólares, y el fondo se habría situado en 4.000 millones». La delegación de EE UU, por supuesto que lo rechazó de plano, pues como se sabe, lo más cercano a una ayuda económica que Estados Unidos ha hecho para Latinoamérica en toda la historia del Siglo XX fue lo que aportó en la Alianza para el Progreso, que apenas si alcanzó la miserable cifra de 200 millones de dólares; y en este caso su fin era recuperar ese dinero con creces, mediante la incorporación de grandes empresas estadounidenses en nuestros países que monopolizaran casi todas nuestras industrias básicas y así recuperar con creces lo que invertía. Además, el país que solicitara un préstamo dentro del proyecto de esta Alianza, tenía que prescindir de su soberanía, lo que realmente aquello era miserable y vulgar una dádiva, humillante.
- Debe saberse que Betancourt, junto el agente de la CIA el costarricense Pepe Figueres serían de los principales ideólogos de la Alianza para el Progreso. Ambos se estremecieron de indignación al conocer la propuesta de Pérez Jiménez en la mencionada cumbre de Panamá, e inmediatamente se dirigieron a todos los presidentes asistentes a ella con una contrapropuesta, en la que hablaban de mejorar la calidad de vida de los pueblos latinoamericanos “para impedir motines y sacudimientos de masas, hambreadas… Pero cabe observar que esta situación no se resolverá con gestos demagógicos y exhibicionistas, como el del dictador de mi país, al ofrecer 33 millones de dólares para una especie de caja de beneficencia colectiva…”.
- Dice Leonardo Altuve Carrillo que con esta propuesta de Pérez Jiménez él signó su desgracia, y provocó su caída: Los Estados Unidos acostumbrados a que las grandes iniciativas de carácter económico y social para América Latina, partieran de ellos, llegaron a sorprenderse desagradablemente por esa iniciativa del general Pérez Jiménez para solucionar los problemas económicos de los pueblos menos favorecidos, proponiendo “colaboración igualitaria y fraternal, de iguales a iguales, no dádiva generosa a pueblos subdesarrollados”. Pérez Jiménez trataba de zafarse del tiránico monstruo del norte y claro, sirviéndole como un peón se sentía miserable y traidor a su patria. ¡Cómo reconocería ahora que por no haberse puesto Medina Angarita de rodillas ante ese imperio fue por lo que lo echaron del poder! Y ahora él se las iba a ver feas por pretender ser un poco soberano e independiente en sus decisiones. En un principio, su posición obstinada, era no asistir a Panamá, alegando que se estaba abusando del nombre del Libertador para negar el mensaje y la misión de éste y ponerlo al servicio de los Estados Unidos.
- En un principio, cuando Eisenhower supo que Pérez Jiménez no aseguraba su asistencia se irritó, porque la presencia del jefe de Estado venezolano (de la cuna del Libertador) era esencial para reunir a sus vasallos y dictarles su política en nombre del manido Panamericanismo. Por eso tuvo que enviar a Venezuela, en misión urgente, a su subsecretario de Estado, Henry Holland, para convencerle de que era imprescindible que se presentara en Panamá. Viendo entonces la importancia que le daban, ante tantos ruegos y elogios que le hicieron, finalmente accedió, pero entonces se negó a hospedarse en el Hotel Panamá, donde Eisenhower ocupaba la suite presidencial y a los demás presidentes, como en enjambre, los alojaron en habitaciones menores. Pérez Jiménez se alojó en una casa a la que tuvo que ir Eisenhower a visitarle, pequeño «desaire» que habría de pagar muy caro, y fue cuando el Departamento de Estado decidió tomar medidas para sacarlo de circulación. Era lo malo según la asesora de Betancourt, doña Frances Grant quien consideraba: “luego que Estados Unidos les da su apoyo para que lleguen a la Presidencia, estos «hombrecitos» pierden todo sentido de responsabilidad y se creen que cuanto tienen lo han ganado por sí mismos; se creen con el derecho de imponer políticas del todo desviadas de los principios y de los valores democráticos que sustenta Norteamérica. Es una verdadera desgracia tener que lidiar todos los días con esta gentuza, que no sabe agradecer ni ajustarse a las reglas que se les dictan”.
