Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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20 de mayo de 2026

 


La Faja Minera del Orinoco, una historia con capítulos: Gold Reserve y la factura del pasado

Para entender la complejidad del negocio de la minería, no hay mejor ejemplo que el de Gold Reserve. Esta empresa canadiense es como ese socio que tuvo una pelea monumental con la familia hace años y ahora quiere volver a la cena de Navidad, pero sin que le reclamen la herencia. Su historia en Venezuela es un sube y baja de demandas y arbitrajes. La Revolución Bolivariana nacionalizó sus minas de oro (Brisas y Las Cristinas) en 2008, lo que llevó a un fallo del CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, la institución líder a nivel mundial dedicada a resolver disputas entre gobiernos y empresas o inversores extranjeros, dependiente del Grupo del Banco Mundial y con sede en Washington D.C., que actúa en procesos de arbitraje, conciliación y mediación; es como el tribunal del Banco Mundial) que obligaba al país a pagar más de $1.000 millones por la expropiación. Luego, en 2016, se llegó a un acuerdo para explotar las minas juntos en una empresa mixta, pero el proyecto nunca despegó. Para 2025, la paciencia se agotó y Gold Reserve inició otro arbitraje, esta vez reclamando más de $7.000 millones. Tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro, la empresa no perdió el tiempo. Vio la oportunidad de reconciliarse con la nueva administración y en febrero de 2026 anunció una jugada audaz: contrató a un banco de inversión para levantar $50 millones en fondos privados. ¿El objetivo? Volver a operar en Venezuela, pero ahora bajo las reglas del nuevo juego.

Lo más revelador no es que quiera volver, sino que haya respaldado públicamente la nueva Ley de Minas de 2026, calificándola como un "avance significativo" y un paso hacia la "seguridad jurídica". O sea, una empresa que le reclama billones al Estado venezolano dice en voz alta que el nuevo marco legal le da garantías. Eso, en el mundo de los negocios, es un espaldarazo enorme, pero también una apuesta de alto riesgo.

Aquí es donde la cosa se pone muy geopolítica. Todo este giro en la minería no es casualidad. Es el resultado de una presión directa y explícita de Estados Unidos, que ve en Venezuela una oportunidad para romper la dependencia de China en minerales críticos.

La visita a Caracas del Secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, en marzo de 2026 fue un parteaguas. No vino solo: llegó con una comitiva de más de dos docenas de empresas mineras y comerciales estadounidenses. Su mensaje fue contundente: "Las oportunidades son ilimitadas".

Delcy Rodríguez, presidente encargada, respondió con una promesa que lo dice todo: dijo que trabajarían a "velocidad Trump" para acelerar el acceso de Estados Unidos a los minerales venezolanos. Días después, se anunció la reanudación de relaciones diplomáticas bilaterales y se destapó un acuerdo, negociado por la Casa Blanca, entre la minera estatal venezolana y la gigante Trafigura para la venta de más de $100 millones en oro.

Para Washington, el coltán venezolano no es el próximo gran proveedor mundial, sino una alternativa estratégica. Actualmente, EE.UU. depende casi al 100% de las importaciones de tántalo (de donde se extrae el coltán), y más del 40% de ese mercado global lo controla la inestable República Democrática del Congo. Tener a Venezuela como una opción, por más modesta que sea, es una cuestión de seguridad nacional. Es el nuevo "Dorado" de Trump, pero en clave de defensa y tecnología.

Pero ojo, que no nos olvidemos de los otros pesos pesados en la sala. Si Washington cree que va a tener vía libre, está muy equivocado. Tanto Rusia como China tienen acuerdos de larga data y miles de millones de dólares invertidos en el Arco Minero del Orinoco. China, por ejemplo, ya ha aprobado un nuevo tramo de 5.000 millones de dólares para el fondo conjunto con Venezuela, y Rusia una línea similar de 1.000 millones para PDVSA, mostrando que también están dispuestos a poner dinero sobre la mesa.

La nueva ley minera, impulsada por EE.UU., tiene una cláusula explícita: las empresas occidentales tienen prohibido hacer negocios con entidades de China, Rusia, Irán, Cuba o Corea del Norte. Es una declaración de guerra comercial abierta. La pregunta es: ¿tendrá la nueva administración venezolana la fuerza y la voluntad para echar a los actores rusos y chinos que ya están instalados en el territorio? Parece poco probable. Más bien, veremos una coexistencia tensa, con yacimientos y concesiones divididos entre uno y otro bloque geopolítico. Y en medio de este baile de grandes potencias y corporaciones, está la cruda realidad del territorio. Aquí es donde el papel se topa con la selva, y la selva, por ahora, la controlan otros.

La minería ilegal es un negocio colosal. Organizaciones como el ELN y la disidencia de las FARC (Segunda Marquetalia) han establecido rutas clandestinas para sacar el coltán de Venezuela hacia Colombia, financiando sus operaciones con estos millones. Un informe de SOSOrinoco revela una brecha escandalosa: mientras Colombia ha incautado 381 toneladas de coltán entre 2012 y 2025, Venezuela apenas reporta una tonelada. El mineral se "blanquea" en centros logísticos colombianos y sale al mundo.

Para cerrar, déjenme ponerle los pies en la tierra a todo este potencial geológico. Al día de hoy, las exportaciones públicas verificables de coltán desde Venezuela son prácticamente inexistentes. El último cargamento documentado fue de unas cinco toneladas a Italia en 2018. Existe una planta de concentración, pero nunca se ha visto que opere a su capacidad declarada. El coltán es un mercado pequeño y muy volátil. Si se llega a una producción estable, el precio del mineral en bruto podría rondar los 10-40 USD por kilo en boca de mina. Pero su valor real está en el tántalo refinado, cuyo mercado se espera que pase de 3,4 kilotoneladas en 2026 a 5,61 kilotoneladas en 2034, creciendo a un ritmo del 6,45% anual. No es el petróleo, pero es un mercado en expansión, impulsado por la electrónica de consumo y los autos eléctricos.