José Sant Roz
- La cabeza de turco más apropiada en este momento para culparla de todo, para que ciertos “revolucionarios” sientan encontrarse en la mejor onda chavista y bolivariana, al parecer, es Delcy. Y de hecho se le está odiando más por lo de “mona” que por supuestamente “traidora” (porque así, en el fondo algunos, de izquierda y de derecha, creen estar mejorando su raza). De este modo, igualmente creen estar justificando sus aguerridas y fieras poses de combatientes al imperialismo, las de siempre. Así también se unen, ¿sin quererlo?, ¿o queriéndolo?, a la jauría de la que forman parte, por ejemplo, el “mono” Óscar Figuera, la “orangutana” María Alejandra Díaz y el “antropopiteco” Toby Valderrama, y el de la propia derecha con sus aullidos desde Miami o Madrid contra el comunismo, que se niega a rendirse.
- Particularmente, jamás le tiraría piedra a alguien a quien encarnizadamente están atacando estos personajes. Sépase que a Rafael Ramírez no le gusta para nada Delcy, duda de ella como estadista, y la detesta por mona, en lo que coincide con Baute en que es toda una verdadera antropoide de la peor especie. Como los de su clase, el exquisito europeo don Rafael sólo se expresa, además a través del propio Toby (éste es el mejor ventrílocuo del conde asimilado del reino de Nápoles).
- Qué golilla tan grande es atacar a Delcy, y señalarla de ser la culpable de todas las terribles circunstancias que han comenzado a vivirse a partir del 3 de enero pasado. ¿Y el Alto mando de las Fuerzas Armadas, “nuestros hermanos del alma” y nuestros grandiosos y sublimes héroes de la ZODI? ¿Y la invencible Policía Bolivariana, tan ducha en rastrear enemigos de la patria? ¿Y la Milicia, aunque hay que reconocer que siempre fue desdeñada por los propios militares? ¿Esa Milicia sometida a los dicterios de las Fuerzas Armadas, cuando realmente debieron sólo recibir órdenes del pueblo, de las comunas? ¿Y el poderoso poder popular organizado? ¿Y yo querría saber qué habrían hecho los señores criticones de esta hora, en el caso de encontrarse en el papel que sin duda tomó por sorpresa a Delcy y que nos aturdió a todos? ¿Hubieran ellos, cogido, en grandes pelotones para el monte? ¿Y para qué? Porque además aquí no hubo un combate cuerpo a cuerpo. Aquí llegaron los gringos, mataron a 120 compatriotas con sus poderosas armas de última degeneración, lanzaron sus misiles, y se llevaron al Presidente Maduro y a su esposa Cilia Flores. Listo. Aquí nadie se rindió, aquí en verdad que nadie tuvo el tiempo ni siquiera para combatir. ¿Y ahora, a quién le vamos a caer a plomo cerrado? ¿A los portaaviones que están miles de millas de nuestras costas? No señor, ahora se están dirigiendo nuestros ínclitos misiles contra Delcy… Qué fácil.
- Aquí lo que se pensó, como mínimo, el propio 3-E, es que se iba a desatar una guerra civil, que la ultra-derecha iba a salir a pelear. Que los mariacorinistas iban a salir a defender a su Gran Pedófilo, que iban a tomar las calles armados. Eso se pensó, y nada de eso pasó. Por otra parte, para atacar a los gringos, para vengarnos del artero ataque, cuando ya se habían ido bien lejos, lo que podíamos hacer era lanzar unos misilitos, unos droncitos al voleo. Pero ya para nada. Nos jodieron, es la verdad, y nada pudimos hacer y bien jodidos nos quedamos. Salir ahora a dárselas de arrechos atacando a Delcy es de cobardes, porque ella no es el enemigo, como decía Chávez cuando se atacaban unos chavistas con otros; ella sencillamente fue otra víctima más, y que nos hayan derrotado el 3-E no significa la muerte definitiva de nuestro proyecto. Aquí no hay fuerzas militares gringas en el terreno, como sí lo hicieron los imperios capitalistas de occidente en los casos de China, India y Vietnam (con estos países con millones de habitantes). Aquí la pelea está apenas por comenzar.
- Hay que tener claro lo siguiente: nosotros no tenemos una bomba nuclear, ni misiles que lleguen al Norte, algo que nunca nos permitirán. Tenemos armas sólo para combates cercanos, no más allá de 500 kilómetros. Nosotros estamos inmersos en el gran charco caribeño del que sin duda se han apoderado los gringos, y quieren ahogarnos a todos. Estamos en ese patio trasero, dando una pelea solos, con montones de canallas y cobardes como Lula y Petro, por ejemplo (los mejorcitos). Y viene el Pedófilo y le grita a Delcy: “Y tú tranquila porque te hacemos lo mismo que a Maduro y Cilia, y ha llegado la hora de hacer unos acuerdos”. En estos casos qué hubieran hecho los grandes arrechos de la ultra-izquierda, ¿pelear con quién y cómo? ¿Con quién nos íbamos a fajar a lo macho? Dígannos los grandes arrechos de este país, qué hubieran hecho ellos, ¡dígannos! ¿Mandar a los gringos a la mierda y fajarnos con ellos a plomo limpio, teniéndolos a más de mil millas de distancia? No hablen pendejadas.
- Aquí, sorpresivamente, de la noche a la mañana nos cambiaron muchas reglas; el pueblo en general no está para embarcarse en una guerra como la de Vietnam. Todo el mundo anda en plan de arreglarse sus tres papas, atender a sus hijos, a sus familiares. Aquí, es cierto, los sueldos se venían levantando, pero con más de mil sanciones, y vinieron y se llevaron al hombre que mantenía todos esos acuerdos para salvar al país de la debacle económica. China y Rusia no se iban a embarcar en una guerra en este terreno caribeño tan apartado de sus lares, cuando uno de ellos ni siquiera todavía se ha atrevido a plantearle una guerra a los gringos por lo de Taiwán, y cuando el otro está metido en una espantosa guerra contra todo Occidente en Ucrania. No se han metido China ni Rusia en el gran y pavoroso conflicto que en este momento tienen montado los sionistas y los gringos contra un aliado esencial de ellos como es Irán, ¿e iban entonces a venir a defendernos? Nosotros, queridos compatriotas, como muchas veces lo llegó a decir Maduro, sólo podemos contar con nosotros mismos, y en eso, a duras penas nos mantenemos en este momento con Delcy en el poder, el cual, por una estupidez de arrechos, de locura, no podemos venir a entregárselo también a los gringos, que es a la derecha. Esta es la realidad absoluta, señores. Y NO DIGO MÁS…
