Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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7 de junio de 2026

No lo digo yo…

 


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De prensabolivariana en junio 7, 2026

Los Bonos del Tesoro, máquina de fabricar billete…, ya no están garantizados si alguna vez lo estuvieron…

Luis Casado*

Desde tiempos inmemoriales –si quieres darle credibilidad a lo que dices– tienes que citar a quienes criticas. Puede que de ahí venga ese proverbio que reza «Por la boca muere el pejcao».

No pierdas tu tiempo, ni tu energía, en explicar las cosas con tus palabras visto que los peras cocidas que nos tocan el género con sus estrambóticas ideas quedan como la caca del pequén cada vez que abren el tarro. Simplemente repite lo que dicen: si el lector, o tu interlocutor, tiene dos dedos de frente, se dará cuenta de las enormidades proferidas.

La noción de imperialismo, por ejemplo, está ajada, vieja y deslucida a tal punto que no conmueve a nadie. Como ocurrió con la noción de colonialismo, o la esclavitud. Me di cuenta el día que supe que Francia, al proclamar el fin de la esclavitud en la metrópolis y en las colonias (1848) decidió indemnizar a las víctimas. Así como se lee.

Francia abolió la esclavitud dos veces. Menudos somos.

La primera durante la Revolución Francesa, el 4 de febrero de 1794: por primera vez en la Historia la Convención Nacional proclamó la abolición de la esclavitud… cuatro años después de la adopción de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Entretanto, los habitantes de las colonias eran considerados “bienes muebles”, transables en el mercado, y por ende carecían de derechos.

Napoleón Bonaparte, que en materia de negocios, pillaje, crímenes, robos, exacciones y el saqueo en general entendía un puñao, restableció la esclavitud en las colonias francesas con la ley del 20 de mayo de 1802. Puede que sea la razón por la que Louis Philippe le rindió honores sepultando sus restos en el Palacio de los Inválidos en París (1840).

Después de abolir la esclavitud por segunda vez –el 27 de abril de 1848– Francia le acordó en 1849 una indemnización a los ex propietarios de esclavos del imperio colonial en La Réunion, Martinica, Guadalupe, Guyana, Senegal y en Nosy Bé y Santa-María de Madagascar.

A los esclavos libertos les podían dar morcilla…

En materia de imperialismo conviene –esta vez– citar a John Mauldin, mi asesor financiero preferido, que se gana los fifiles aconsejándote dónde, cómo y cuando invertir tu billete para vivir sin trabajar. Asesorar incautos con plata… ¡he ahí un curro con futuro!

John se acaba de rajar con una “columna” titulada “Un mundo feliz”, que vale su peso en cacahuetes, mira ver:

«En el verano de 1944, cuando la guerra en Europa aún no se había ganado, Estados Unidos reunió a 44 naciones en un hotel de Bretton Woods, en New Hampshire, y redactó las reglas del mundo de la posguerra. El dólar sería la moneda de reserva mundial. El Fondo Monetario Internacional se encargaría de gestionar los desequilibrios. El Banco Mundial financiaría la reconstrucción. Y la Armada de los Estados Unidos garantizaría la seguridad del comercio mundial.»

Conviene leer dos o tres veces para no perderse una sílaba. EEUU convocó a sus vasallos en Bretton Woods, y redactó –solito– las reglas que impuso en la pos guerra. ¡¿Quién es el que manda aquí, Ah?!

Pero, como se suele decir, las mejores cosas se terminan alguna vez:

Durante ochenta años, funcionó… Hoy en día, las promesas de Bretton Woods se están resquebrajando en todos los frentes a la vez.»

Promesas… promesas, tú ya sabes, esas que se lleva el viento. Si promesas hubo, el único beneficiario fue el imperio que inventó las reglas, el FMI, el BM, y la fuerza militar destinada a convencerte de que vives en Un mundo feliz.

Johnny, ¿puedo llamarlo Johnny?, prosigue:

«La Armada de los Estados Unidos no puede garantizar el estrecho de Ormuz. Los bonos del Tesoro estadounidense, el activo seguro fundamental de toda la arquitectura financiera mundial, ahora vienen con un asterisco. Resulta que el que Washington cumpla esa garantía depende de si aprueba tu política exterior. Y el presidente de los Estados Unidos, refiriéndose al estrecho de Ormuz, describió recientemente a Estados Unidos como si actuara como piratas, sin preguntas, y lo dijo como un cumplido.»

Los Bonos del Tesoro, máquina de fabricar billete (creación monetaria) ya no están garantizados si alguna vez lo estuvieron, y los EEUU se comportan como Barba Negra, o como Jack Sparrow si prefieres la versión hollywoodense.

Respira profundo, exhala, controla tu presión arterial, evita cualquier hipotensión ortostática y sigue leyendo alma impía:

«Y China, que durante generaciones ha pasado prácticamente desapercibida para nosotros, francamente, lleva quince años construyendo una base industrial y energética diseñada específicamente para funcionar sin el permiso de Estados Unidos.»

¡Alabao! China quiere «funcionar sin el permiso de EEUU». ¡¿Dónde se ha visto?! Porque…

«Y, como veremos, su política del «90 %» pone en peligro no solo la base manufacturera estadounidense, sino la mundial.»

La base manufacturera yanqui se limita a la creación monetaria, a la puñeta de la IA que aún no genera lucro, y a la industria armamentística que demostró en Irán que las pistolitas de cowboy ya no funcionan.

Lo que hay que retener en esta volada de John Mauldin es que la Conferencia sobre Inversión Estratégica que vende para amenizar el Burger que le sirve de almuerzo anda más perdida que la chinita en el bosque:

«Nuestra Conferencia sobre Inversión Estratégica terminó hace tres semanas. Antes de que comenzara la conferencia, la denominé «Reestructuración Global», y todo lo que escuché lo confirmó. Pero este humilde analista se está replanteando el término. El carro tirado por caballos no se reestructuró para convertirse en un coche. El fabricante de velas no se reestructuró para convertirse en electricista. Crecí en una imprenta componiendo tipos a mano y todavía tengo tinta en la sangre. Hoy en día ni siquiera reconozco las imprentas.

Probablemente, «reestructuración» sea el marco adecuado. Pero, al igual que los bonos del Tesoro, viene con un asterisco. El viejo mundo terminó. Comenzó uno diferente. Eso es lo que describían nuestros ponentes. No una corrección. Algo más permanente que eso. Ahora nos encontramos en uno de esos momentos.»

Si aún dudabas del advenimiento de la caída del imperio…

ooo0ooo

Nota: la China que participó en Bretton Woods (del 01 al 22 julio 1944) fue la del Kuomintang, no la República Popular China. El Kuomintang se refugió en Formosa (hoy Taiwán) en 1949.

POLITIKA

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