El acuerdo anunciado entre la presidencia encargada y el gobierno de Estados Unidos, que entrega el control de 65 mil millones de barriles de nuestras reservas probadas por cien años, no es solo un mal negocio: es la mayor traición petrolera cometida contra la República desde que Venezuela existe como país. Estamos hablando del 22 % de nuestras reservas, comprometidas sin debate nacional, sin autorización constitucional y sin el más mínimo respeto por la soberanía energética que generaciones enteras defendieron con sangre, inteligencia y dignidad. La cifra que acompaña esta entrega es un insulto: apenas 3,22 dólares por barril en tributos. Con ese monto, Venezuela renuncia a una renta petrolera que supera los 3,9 billones de dólares en un horizonte de explotación conservador. Billones que deberían financiar escuelas, hospitales, infraestructura, ciencia, tecnología, seguridad y bienestar social. Billones que deberían sostener el futuro de nuestros hijos y nietos. Billones que, con este acuerdo, pasarán directamente a manos privadas estadounidenses. Por otra parte comprometer esa magnitud de las reservas , con el actual esquema de manejo imperial de nuestros hidrocarburos, donde EEUU vende nuestro petróleo y deposita los recursos en una cuenta del Departamento de Estado, es legalizar una colonia y renunciar definitivamente a nuestra Soberanía. Es la riqueza que nos ha hecho pobres, como escribió Galeano, pero ahora en su versión más descarada, cínica y contemporánea. Comprometer 65 mil millones de barriles por un siglo significa hipotecar el destino de al menos cinco generaciones de venezolanos. Ningún gobierno, ni legítimo ni encargado, tiene autoridad moral ni constitucional para decidir sobre el siglo XXI, el XXII y el XXIII. Ni Gómez, con toda su ignorancia petrolera, se atrevió a tanto. Lo que se está entregando no es un campo, no es un bloque, no es una empresa mixta: es el futuro de Venezuela. Alí Rodríguez Araque lo advirtió con claridad meridiana: “La pérdida del control sobre el petróleo es la pérdida del control sobre el destino nacional”. Y Hugo Chávez lo dijo sin rodeos: “El petróleo es nuestro, y con él recuperamos la patria”. Este acuerdo hace exactamente lo contrario: entrega la patria y renuncia al destino nacional. No hay forma de maquillarlo. Lo más grave es que todo esto se hace de espaldas al país, sin consulta, sin Parlamento, sin institucionalidad, sin transparencia. Y se hace en un contexto donde es imposible ignorar que este pacto beneficia políticamente a un solo actor: el presidente estadounidense Donald Trump, quien enfrenta una elección el 3 de noviembre. La presidencia encargada actúa como pieza funcional de una estrategia electoral ajena, sacrificando los intereses de Venezuela para fortalecer la campaña de su socio y aliado. Es un acto de subordinación política que ningún venezolano digno puede aceptar. A esto se suma la intención declarada de abandonar la OPEP. Venezuela, país fundador, país histórico, país que dio doctrina y liderazgo, quedaría fuera del único espacio donde nuestra voz energética tiene peso real, plegándose así a la política de EEUU que desde su nacimiento ha querido destruir esta organización. Salirse de la OPEP es renunciar a la defensa colectiva de precios, a la coordinación de cuotas y a la influencia geopolítica que durante décadas nos permitió equilibrar el poder de las grandes potencias. Es entregarle a Estados Unidos la llave de nuestra política petrolera y renunciar a nuestro rol como potencia energética soberana. Estados Unidos gana seguridad energética, acceso a crudo a costo, control sobre un nodo estratégico del mercado mundial y una renta gigantesca. Venezuela pierde soberanía, pierde renta, pierde poder geopolítico y pierde futuro. No hay forma de suavizarlo. Por su alcance, por su duración, por la magnitud de los recursos comprometidos y por la estructura de beneficios que otorga a una potencia extranjera, este acuerdo constituye desde la perspectiva de la seguridad de la Nación el peor acto de traición a la patria de Bolívar y Chávez. Una ruptura con la tradición de soberanía que defendieron, Pérez Alfonso, Rodríguez Araque, Chávez y toda la conciencia latinoamericana que Galeano retrató con dolor y lucidez.
Firmo estas líneas con plena responsabilidad técnica, histórica y ética.
Willian Rodríguez MSc en Seguridad de la Nación Ingeniero Mecánico Especialista en Geopolítica de la Energía