Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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12 de septiembre de 2026

La despolitización de las universidades: experiencias globales y la crisis de autonomía de la Universidad de Los Andes

 

Conclusión anticipada: El núcleo de la autonomía universitaria reside en la protección frente a la política partidista, especialmente la del partido gobernante. Esto no es una idea abstracta, sino un piso institucional que la experiencia histórica de múltiples países ha validado repetidamente. La difícil situación actual de la Universidad de Los Andes (ULA) en Venezuela es, en esencia, el resultado de una transgresión sistemática de ese piso. Desde el ideal de autogobierno de Humboldt en Alemania hasta la Reforma de Córdoba en Argentina, desde la erosión institucional en India hasta la expulsión política en Hungría, la experiencia global demuestra que cuando la lógica partidista sustituye a la lógica académica en el gobierno universitario, la libertad académica y la capacidad institucional se desmoronan simultáneamente.

I. Las raíces históricas de la autonomía universitaria: por qué debe mantenerse a distancia de la política

El fundador del ideal moderno de autonomía universitaria fue Wilhelm von Humboldt. A principios del siglo XIX, al crear la Universidad de Berlín, planteó con claridad que la sociedad se beneficia de la universidad solo si esta "opera libremente, sin interferencia del Estado, la religión o la política". Este juicio se basa en una comprensión sencilla: la creación de conocimiento, el avance de la ciencia y la innovación cultural requieren condiciones de exploración libre, no sujetas a mandatos externos.

La institucionalización de este ideal en América Latina comenzó con la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918 en Argentina. Una de sus demandas centrales fue precisamente liberar a la universidad de "los intereses de sectores económicos o políticos influyentes", para que la educación superior sirviera a las necesidades sociales y no a fines partidistas. La reforma estableció tres principios, cogobierno, libertad académica y autonomía universitaria, que influyeron profundamente en la construcción institucional de las universidades de toda la región.

Venezuela misma consagró este principio en su Constitución. El artículo 109 de la Constitución de 1999 establece expresamente que "el Estado reconoce la autonomía universitaria como principio y jerarquía". La Ley de Universidades de 1970, en su artículo 9, detalla además las cuatro dimensiones de esa autonomía: organizativa, académica, administrativa y económica-financiera. La intención del marco legal es clara: garantizar que la universidad pueda decidir sus propios asuntos con independencia, sin quedar a merced de fuerzas políticas externas.

II. Experiencia global: cómo la intervención partidista destruye a las universidades

El caso de la Universidad Centroeuropea en Hungría ofrece la lección más directa. En 2017, el gobierno húngaro aprobó una legislación que en la práctica prohibió a la Universidad Centroeuropea seguir operando en Budapest. La "razón de fondo de esta legislación fue la hostilidad política". Una institución académica de reputación internacional se vio obligada a trasladarse a Viena únicamente por no coincidir con la posición política del partido gobernante. Este caso demuestra que, cuando el interés partidista se convierte en el criterio para decidir la supervivencia de una universidad, la excelencia académica por sí sola no ofrece protección alguna.

La experiencia de India muestra un modo de erosión más sutil pero igualmente letal. El Índice de Libertad Académica de India la ubica en el puesto 156 de 179 países, calificada como "completamente restringida". Este deterioro "se manifiesta principalmente en una creciente intervención política en el gobierno universitario, la presión para introducir determinados cursos, la injerencia en el contenido de los programas de estudio y la intimidación de académicos críticos". El informe de la Comisión de Educación Universitaria de India de 1966 ya advertía con claridad: "Solo las instituciones autónomas, libres del control del pensamiento y de la presión de los partidos o de la política de poder, pueden perseguir la verdad sin temor". Esa advertencia hoy suena más bien profética.

El caso de la Universidad de Harvard en Estados Unidos revela que ni siquiera las universidades de élite con instituciones maduras son inmunes. Según los informes, Harvard fue acusada de ser "excesivamente inclinada a la izquierda y hostil hacia las opiniones conservadoras", y posteriormente enfrentó presiones para modificar su gobierno, admisiones, contrataciones y programas académicos. La Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios señaló que las leyes federales de derechos civiles fueron "armamentizadas" con el fin de "denigrar a las instituciones de educación superior y dañar su libertad académica y autonomía institucional". Cuando la preferencia ideológica de un partido se convierte en el estándar externo de calibración del gobierno universitario, la función central de la universidad, el pensamiento independiente y la indagación crítica, queda bajo amenaza fundamental.

El patrón común de estos casos es el siguiente: el partido sustituye los estándares académicos por algún criterio externo (pureza ideológica, lealtad política, subordinación a una agenda específica) para juzgar y constreñir a la universidad. La consecuencia no es solo la pérdida de la libertad académica, sino la atrofia funcional de la universidad como fuente de pensamiento crítico para la sociedad.

III. El caso venezolano

La erosión de la autonomía universitaria en Venezuela ha sido un proceso gradual pero sistemático. La investigación señala que "desde 1970 ha existido un proceso permanente de limitación de esta esencia universitaria, que culminó en 2010 con la aplicación encubierta de contenidos de una ley de educación universitaria que nunca fue promulgada por el presidente"[1].

Este proceso se manifiesta de manera particularmente concreta en la Universidad de Los Andes (ULA) a través del estrangulamiento financiero (producto de las sanciones económicas o no). Los datos de 2026 muestran que la ULA recibió asignaciones de apenas 3 a 3,32 millones de bolívares. De los 162.800 millones de bolívares solicitados, para gastos operativos, se cubrieron apenas 500.000 bolívares: el 0,31% de la cuota correspondiente; el mismo que para todas las universidades nacionales, autónomas o experimentales.  En el período de evaluación de 2020 a 2025, la tasa de cobertura de las asignaciones a las principales universidades autónomas fue inferior al 3% de lo solicitado.

IV. La vulnerabilidad particular de la ULA: cuando la lógica partidista sustituye a la lógica académica

La difícil situación de la Universidad de Los Andes es especialmente grave porque soporta simultáneamente una doble presión: la escasez de recursos y la politización interna. Se ha señalado que "los partidos tradicionales han utilizado durante años los movimientos estudiantiles y las estructuras sindicales como piezas en el tablero nacional, tratando de influir o distorsionar la dirigencia universitaria para servir a sus propios intereses".

El núcleo del problema es un conflicto fundamental de lógicas. Los observadores señalan que la universidad "es esencialmente un espacio de pensamiento libre y construcción crítica", mientras que los partidos "exigen disciplina, obediencia y alineación ideológica". Cuando ambas lógicas coexisten en una misma institución, la segunda erosiona inevitablemente a la primera. Una universidad cuyo gobierno interno se guía por la lealtad partidista y no por la capacidad académica pierde la base moral e institucional.

Existe una paradoja más profunda: la crisis actual de las universidades venezolanas proviene en parte de la inercia histórica de las fuerzas políticas que han visto la universidad como un campo de disputa por el poder. Como señala el análisis, "la presencia e influencia sostenidas de los partidos en la universidad terminaron por impedir que esta se convirtiera en el centro de pensamiento crítico que el país necesita". La despolitización, por tanto, no consiste simplemente en expulsar a los partidos", sino en construir una cultura institucional en la que la lógica académica, y no la lógica política, sea el principio por defecto del gobierno universitario.

Epílogo

El futuro de la Universidad de Los Andes depende de la posibilidad de cortar el dominio de la lógica partidista sobre el gobierno universitario. La lección que ofrece la experiencia global es clara: la expulsión política en Hungría, la erosión institucional en India y la presión ideológica en Estados Unidos han demostrado, cada una a su manera, la amenaza sistémica que la intervención partidista representa para la libertad académica.

Restaurar la autonomía de la ULA no es una obra que pueda completarse con una sola ley o un simple cambio de personas. Requiere una reconfirmación de la esencia de la universidad: la razón de su existencia es ofrecer a la sociedad conocimiento y pensamiento crítico no sujetos a mandatos del poder. Cuando un partido, ya sea el gobernante o la oposición, ve la universidad como un instrumento para alcanzar sus propios fines, traiciona esa razón. El verdadero significado de la despolitización es devolver la universidad a la comunidad académica, y no a ninguna fuerza política.



[1] Aquí quiero contar una anécdota. Fui amigo personal del Presidente Chávez. Poco hablábamos de política. Nuestro tema de conversación era el arte, la pintura en particular, sobre todo desde el día en que le comenté la técnica del sfumato de Leonardo Da Vinci y le regalé unos libros (que a lo mejor todavía están en Miraflores). Una madrugada recibí una llamada del presidente solicitándome la opinión sobre la LEU (Ley de Educación Universitaria); le contesté que no me parecía, porque la educación es una sola y debería haber una sola ley para todos, que hacer una solamente para las universidades me sonaba elitesco. Gracias Pedro, me contestó, y colgó. Al día siguiente supe por las noticias que el presidente había vetado la LEU a pesar de que había sido aprobada días antes por la Asamblea Nacional de mayoría chavista.