Conclusión
anticipada: El núcleo de la autonomía universitaria reside en la protección
frente a la política partidista, especialmente la del partido gobernante. Esto
no es una idea abstracta, sino un piso institucional que la experiencia
histórica de múltiples países ha validado repetidamente. La difícil situación
actual de la Universidad de Los Andes (ULA) en Venezuela es, en esencia, el
resultado de una transgresión sistemática de ese piso. Desde el ideal de
autogobierno de Humboldt en Alemania hasta la Reforma de Córdoba en Argentina,
desde la erosión institucional en India hasta la expulsión política en Hungría,
la experiencia global demuestra que cuando la lógica partidista sustituye a la
lógica académica en el gobierno universitario, la libertad académica y la
capacidad institucional se desmoronan simultáneamente.
I.
Las raíces históricas de la autonomía universitaria: por qué debe mantenerse a
distancia de la política
El
fundador del ideal moderno de autonomía universitaria fue Wilhelm von Humboldt.
A principios del siglo XIX, al crear la Universidad de Berlín, planteó con
claridad que la sociedad se beneficia de la universidad solo si esta
"opera libremente, sin interferencia del Estado, la religión o la
política". Este juicio se basa en una comprensión sencilla: la creación de
conocimiento, el avance de la ciencia y la innovación cultural requieren
condiciones de exploración libre, no sujetas a mandatos externos.
La
institucionalización de este ideal en América Latina comenzó con la Reforma Universitaria
de Córdoba de 1918 en Argentina. Una de sus demandas centrales fue precisamente
liberar a la universidad de "los intereses de sectores económicos o
políticos influyentes", para que la educación superior sirviera a las
necesidades sociales y no a fines partidistas. La reforma estableció tres
principios, cogobierno, libertad académica y autonomía universitaria, que
influyeron profundamente en la construcción institucional de las universidades
de toda la región.
Venezuela
misma consagró este principio en su Constitución. El artículo 109 de la
Constitución de 1999 establece expresamente que "el Estado reconoce la
autonomía universitaria como principio y jerarquía". La Ley de
Universidades de 1970, en su artículo 9, detalla además las cuatro dimensiones
de esa autonomía: organizativa, académica, administrativa y
económica-financiera. La intención del marco legal es clara: garantizar que la
universidad pueda decidir sus propios asuntos con independencia, sin quedar a
merced de fuerzas políticas externas.
II.
Experiencia global: cómo la intervención partidista destruye a las
universidades
El
caso de la Universidad Centroeuropea en Hungría ofrece la lección más directa.
En 2017, el gobierno húngaro aprobó una legislación que en la práctica prohibió
a la Universidad Centroeuropea seguir operando en Budapest. La "razón de
fondo de esta legislación fue la hostilidad política". Una institución
académica de reputación internacional se vio obligada a trasladarse a Viena
únicamente por no coincidir con la posición política del partido gobernante.
Este caso demuestra que, cuando el interés partidista se convierte en el
criterio para decidir la supervivencia de una universidad, la excelencia
académica por sí sola no ofrece protección alguna.
La
experiencia de India muestra un modo de erosión más sutil pero igualmente
letal. El Índice de Libertad Académica de India la ubica en el puesto 156 de
179 países, calificada como "completamente restringida". Este
deterioro "se manifiesta principalmente en una creciente intervención
política en el gobierno universitario, la presión para introducir determinados
cursos, la injerencia en el contenido de los programas de estudio y la
intimidación de académicos críticos". El informe de la Comisión de
Educación Universitaria de India de 1966 ya advertía con claridad: "Solo
las instituciones autónomas, libres del control del pensamiento y de la presión
de los partidos o de la política de poder, pueden perseguir la verdad sin
temor". Esa advertencia hoy suena más bien profética.
El
caso de la Universidad de Harvard en Estados Unidos revela que ni siquiera las
universidades de élite con instituciones maduras son inmunes. Según los
informes, Harvard fue acusada de ser "excesivamente inclinada a la
izquierda y hostil hacia las opiniones conservadoras", y posteriormente
enfrentó presiones para modificar su gobierno, admisiones, contrataciones y
programas académicos. La Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios
señaló que las leyes federales de derechos civiles fueron
"armamentizadas" con el fin de "denigrar a las instituciones de
educación superior y dañar su libertad académica y autonomía
institucional". Cuando la preferencia ideológica de un partido se
convierte en el estándar externo de calibración del gobierno universitario, la
función central de la universidad, el pensamiento independiente y la indagación
crítica, queda bajo amenaza fundamental.
El
patrón común de estos casos es el siguiente: el partido sustituye los
estándares académicos por algún criterio externo (pureza ideológica, lealtad
política, subordinación a una agenda específica) para juzgar y constreñir a la
universidad. La consecuencia no es solo la pérdida de la libertad académica,
sino la atrofia funcional de la universidad como fuente de pensamiento crítico
para la sociedad.
III.
El caso venezolano
La
erosión de la autonomía universitaria en Venezuela ha sido un proceso gradual
pero sistemático. La investigación señala que "desde 1970 ha existido un
proceso permanente de limitación de esta esencia universitaria, que culminó en
2010 con la aplicación encubierta de contenidos de una ley de educación
universitaria que nunca fue promulgada por el presidente"[1].
Este
proceso se manifiesta de manera particularmente concreta en la Universidad de
Los Andes (ULA) a través del estrangulamiento financiero (producto de las
sanciones económicas o no). Los datos de 2026 muestran que la ULA recibió
asignaciones de apenas 3 a 3,32 millones de bolívares. De los 162.800 millones
de bolívares solicitados, para gastos operativos, se cubrieron apenas 500.000
bolívares: el 0,31% de la cuota correspondiente; el mismo que para todas las universidades
nacionales, autónomas o experimentales. En el período de evaluación de 2020 a 2025, la
tasa de cobertura de las asignaciones a las principales universidades autónomas
fue inferior al 3% de lo solicitado.
IV.
La vulnerabilidad particular de la ULA: cuando la lógica partidista sustituye a
la lógica académica
La
difícil situación de la Universidad de Los Andes es especialmente grave porque
soporta simultáneamente una doble presión: la escasez de recursos y la
politización interna. Se ha señalado que "los partidos tradicionales han
utilizado durante años los movimientos estudiantiles y las estructuras
sindicales como piezas en el tablero nacional, tratando de influir o
distorsionar la dirigencia universitaria para servir a sus propios
intereses".
El
núcleo del problema es un conflicto fundamental de lógicas. Los observadores
señalan que la universidad "es esencialmente un espacio de pensamiento
libre y construcción crítica", mientras que los partidos "exigen
disciplina, obediencia y alineación ideológica". Cuando ambas lógicas
coexisten en una misma institución, la segunda erosiona inevitablemente a la
primera. Una universidad cuyo gobierno interno se guía por la lealtad
partidista y no por la capacidad académica pierde la base moral e institucional.
Existe
una paradoja más profunda: la crisis actual de las universidades venezolanas
proviene en parte de la inercia histórica de las fuerzas políticas que han
visto la universidad como un campo de disputa por el poder. Como señala el
análisis, "la presencia e influencia sostenidas de los partidos en la
universidad terminaron por impedir que esta se convirtiera en el centro de
pensamiento crítico que el país necesita". La despolitización, por tanto,
no consiste simplemente en expulsar a los partidos", sino en construir una
cultura institucional en la que la lógica académica, y no la lógica política, sea
el principio por defecto del gobierno universitario.
Epílogo
El
futuro de la Universidad de Los Andes depende de la posibilidad de cortar el
dominio de la lógica partidista sobre el gobierno universitario. La lección que
ofrece la experiencia global es clara: la expulsión política en Hungría, la
erosión institucional en India y la presión ideológica en Estados Unidos han
demostrado, cada una a su manera, la amenaza sistémica que la intervención
partidista representa para la libertad académica.
Restaurar
la autonomía de la ULA no es una obra que pueda completarse con una sola ley o
un simple cambio de personas. Requiere una reconfirmación de la esencia de la
universidad: la razón de su existencia es ofrecer a la sociedad conocimiento y
pensamiento crítico no sujetos a mandatos del poder. Cuando un partido, ya sea
el gobernante o la oposición, ve la universidad como un instrumento para
alcanzar sus propios fines, traiciona esa razón. El verdadero significado de la
despolitización es devolver la universidad a la comunidad académica, y no a
ninguna fuerza política.
[1] Aquí quiero
contar una anécdota. Fui amigo personal del Presidente Chávez. Poco hablábamos
de política. Nuestro tema de conversación era el arte, la pintura en particular,
sobre todo desde el día en que le comenté la técnica del sfumato de
Leonardo Da Vinci y le regalé unos libros (que a lo mejor todavía están en Miraflores).
Una madrugada recibí una llamada del presidente solicitándome la opinión sobre
la LEU (Ley de Educación Universitaria); le contesté que no me parecía, porque
la educación es una sola y debería haber una sola ley para todos, que hacer una
solamente para las universidades me sonaba elitesco. Gracias Pedro, me
contestó, y colgó. Al día siguiente supe por las noticias que el presidente
había vetado la LEU a pesar de que había sido aprobada días antes por la
Asamblea Nacional de mayoría chavista.