Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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13 de septiembre de 2026

Utopías en disputa: capitalismo, socialismo y comunismo



El planteamiento toca un punto que suele pasarse por alto en los debates políticos: la confusión entre utopía como horizonte y utopía como programa de gobierno. Si el comunismo es la utopía, el socialismo sería apenas su antesala; pero muchos partidos que se llaman socialistas han convertido al socialismo mismo en la meta final, desplazando al comunismo a un lugar retórico o directamente abandonándolo. Vale la pena desentrañar esa tensión.

1. ¿Qué es una utopía?

La palabra nace con Tomás Moro en 1516 (Utopía, "no-lugar"). Desde entonces designa dos cosas distintas que conviene separar:

a) La utopía como horizonte regulativo: una imagen de sociedad perfecta que orienta la crítica del presente, pero que nunca se realiza plenamente. Kant la llamó "idea regulativa"; no describe lo que hay, sino lo que debería guiar la acción.

b) La utopía como proyecto técnico: un plano que se cree realizable paso a paso, con ingeniería social incluida. Aquí la utopía se vuelve peligrosa, porque justifica cualquier medio en nombre del fin.

2. El capitalismo como utopía

Es curioso llamar utópico al capitalismo, porque se presenta como lo contrario: realismo puro, "no hay alternativa". Sin embargo, su núcleo es utópico en un sentido preciso. Supone que el mercado autorregulado produce el bien común sin necesidad de virtud ni de coerción. Adam Smith hablaba de la "mano invisible"; Hayek hablaba del orden espontáneo; Friedman, de la libertad de elegir. En todos hay una fe: que la suma de intereses privados converge en beneficio colectivo. Esa fe tiene un componente claramente utópico. La competencia perfecta, la información simétrica, la movilidad de factores, la ausencia de poder de mercado. Nada de eso existe empíricamente. Es un modelo límite, un "no-lugar" económico. El capitalismo real, con monopolios, crisis cíclicas, desigualdad estructural y externalidades ambientales, es la aproximación imperfecta a esa utopía.

3. El comunismo como utopía

El comunismo, en Marx, no es un plan de gobierno, es una fase histórica que sucede a la superación de la propiedad privada de los medios de producción, con las siguientes características: abolición de clases, del Estado (que se extingue), del trabajo alienado, distribución según necesidades. Es, en términos estrictos, una utopía en el sentido de Moro, un no-lugar que sirve para criticar el presente capitalista. Marx fue explícito, no escribió "recetas para el futuro". El comunismo es el movimiento real que niega el orden existente, no un modelo a implementar. Eso lo distingue de los "socialismos utópicos" de Owen, Fourier o Saint-Simon, a quienes Marx y Engels criticaron precisamente por diseñar sociedades ideales en lugar de analizar las contradicciones del capitalismo.

4. El socialismo: ¿transición o utopía?

Aquí está el nudo. En la teoría marxista clásica, el socialismo es la fase inferior del comunismo. Todavía hay Estado, todavía hay distribución según trabajo, todavía hay desigualdad residual. El comunismo es la fase superior. Es decir, el socialismo no es utopía, es un periodo histórico concreto, con instituciones concretas (planificación, propiedad estatal o colectiva, dictadura del proletariado en la versión leninista). Pero en la práctica política del siglo XX y XXI, muchos partidos socialistas, socialdemócratas, laboristas, socialistas del sur global, abandonaron el comunismo como horizonte y convirtieron al socialismo en la meta. Ya no hablan de extinguir el Estado ni de abolir las clases; hablan de justicia social, redistribución, servicios públicos, regulación del mercado. Eso no es utopía en sentido fuerte, es un programa reformista dentro del capitalismo.

La pregunta incómoda es: ¿ese socialismo reformista sigue siendo una utopía, o es solo una versión más humana del capitalismo? Para los marxistas ortodoxos, es lo segundo: una gestión del capitalismo con rostro humano. Para los socialdemócratas, es lo primero: la utopía posible, realizable, sin los costos del comunismo histórico.

5. El desplazamiento de la utopía

La utopía se ha desplazado. En el siglo XIX, la utopía era el comunismo. En el siglo XX, tras los fracasos del "socialismo real" (URSS y China maoísta), la utopía se volvió el socialismo democrático. En el siglo XXI, muchos partidos de izquierda ya ni siquiera hablan de socialismo: hablan de "justicia social", "derechos", "transición ecológica". La utopía se ha vuelto mínima, defensiva. Esto tiene una explicación, el capitalismo ganó la batalla de la imaginación. Thatcher lo dijo sin rodeos: "no hay alternativa". Si no hay alternativa, la utopía se vuelve peligrosa, porque parece irreal. Entonces la izquierda se refugia en lo posible: reformas, no revoluciones. Pero hay una contrapartida, el capitalismo también tiene su utopía, y también es irrealizable. La diferencia es que el capitalismo no necesita realizarla para funcionar: le basta con que la gente crea que es el único sistema posible.

6. ¿Son realmente dos utopías?

La premisa de que existen dos utopías, capitalismo y comunismo, es discutible. Yo diría que hay tres. La utopía liberal-capitalista: mercado autorregulado, libertad individual, prosperidad general; la utopía socialista-reformista: justicia social, igualdad, servicios públicos, democracia económica; y, la utopía comunista: abolición de clases, Estado extinguido, distribución según necesidades.

Las tres son no-lugares. Las tres orientan la acción. Las tres, si se toman como proyectos técnicos, producen monstruos: el capitalismo produjo colonialismo, crisis y desigualdad masiva; el socialismo real produjo autoritarismo y burocracia; el comunismo nunca se realizó, pero sus intentos derivan en lo mismo.

El socialismo ha dejado de ser transición para convertirse en utopía para muchos partidos. Pero eso no es necesariamente una traición: puede ser una maduración. Quizá la utopía no deba ser un destino final, sino una brújula que orienta sin pretender llegar. El capitalismo y el comunismo comparten un pecado original: ambos creen que la historia tiene un final. El capitalismo lo llama "fin de la historia"; el comunismo, "sociedad sin clases". Ambos son relatos. Quizá la única utopía defendible sea la que renuncia a realizarse: la que sirve para criticar el presente sin pretender clausurarlo.