Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
La Colmena no se hace responsable ni se solidariza con las opiniones o conceptos emitidos por los autores de los artículos.

3 de septiembre de 2026

VALOR PRESENTE CERO?, QUE MOLLEJA!!! por Willian Rodríguez



Negar el valor económico de nuestras reservas probadas y certificadas implica desconocer su peso real en el desarrollo petrolero y en la trayectoria histórica del país La afirmación de que nuestras reservas probadas y certificadas “valen cero” desconoce la economía del petróleo, niega nuestras potencialidades y contradice la historia de la industria venezolana. Las reservas no son un concepto abstracto ni un recurso inerte: son un activo estratégico cuya valoración ha sustentado decisiones de política pública, negociaciones internacionales y la arquitectura institucional que ha definido el rumbo energético del país durante más de un siglo. La economía petrolera establece que el valor presente de un barril en el subsuelo se determina por los flujos de caja futuros que generará cuando sea producido, descontados según riesgo país, condiciones de mercado y capacidad operativa. Ese valor puede variar, puede verse afectado por la incertidumbre o fortalecerse con mejoras institucionales, pero nunca es cero mientras exista mercado, probabilidad de extracción y capacidad de monetización.  En el caso venezolano, con un crudo que ronda los 60 a 65 dólares por barril según las referencias más recientes, el valor presente de un barril en el subsuelo se ubica típicamente entre 20 y 35 dólares, dependiendo de la tasa de descuento, los costos operativos y la capacidad de ejecución. Esa cifra, utilizada en la industria, desmonta cualquier afirmación que pretenda reducir el valor de nuestras reservas a cero. La historia reciente de nuestra industria lo confirma. Cuando se migró de los convenios operativos a las empresas mixtas, las transnacionales migraron Chevron, Repsol, Eni, Total, CNPC, entre otras, porque podían registrar reservas venezolanas en sus balances corporativos y reportes regulatorios, lo que incrementaba su valoración bursátil y justificaba inversiones de largo plazo.  Ese proceso fue ampliamente analizado por Alfredo Jalife, cuya obra recomiendo para comprender cómo la bursatilización de las reservas se convirtió en un mecanismo de valorización financiera que ninguna empresa global habría utilizado si nuestras reservas “no valieran nada”. Asimismo, Ali Rodríguez Araque advirtió con claridad que la privatización silenciosa de PDVSA comenzó precisamente cuando se permitió que actores externos capturaran valor sobre nuestras reservas sin que el Estado ejerciera plenamente su rectoría, subrayando que nuestras reservas han sido históricamente un activo codiciado y no un recurso sin valor. El debate actual sobre el acuerdo energético con Estados Unidos es otra evidencia contundente. Hoy se discuten públicamente cifras en torno a 65.000 millones de barriles en 17 yacimientos estratégicos y proyecciones de ingresos superiores a 200.000 millones de dólares en un horizonte de 25 años, con precios de referencia cercanos a 65 dólares por barril. Esas estimaciones implican un valor presente fiscal por barril que, según distintos escenarios, se ubica en el orden de varios dólares por barril para el Estado venezolano, y bastante más para el conjunto del proyecto.  Si nuestras reservas “no valieran nada”, no existiría base alguna para tales proyecciones ni para la negociación de regalías, impuestos, participación accionaria y compromisos de inversión. Por ello, sostener públicamente que las reservas probadas y certificadas carecen de valor económico no se corresponde con la responsabilidad de los cargos desde los cuales se emiten tales afirmaciones. Venezuela necesita un debate petrolero serio, informado y alineado con la realidad económica del sector.  Minimizar el valor de nuestras reservas no fortalece la discusión pública ni contribuye a la defensa del interés nacional. Por el contrario, debilita la comprensión de nuestras capacidades y de los activos estratégicos que han sostenido al país durante más de un siglo. Las reservas probadas y certificadas de Venezuela sí tienen valor económico. Ese valor depende de nuestra capacidad de convertirlas en producción, de transformar la producción en ingresos y de traducir esos ingresos en bienestar para la nación. Esa es la discusión que el país merece y la que debemos sostener con rigor, responsabilidad y sentido

Willian Rodríguez, MSc en Seguridad de la Nación. Especialista en Geopolítica de la Energía. Ingeniero Mecánico