Cervantes

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobretodo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia dondequiera que esté.

MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote de la Mancha.
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30 de octubre de 2026

EL REALITY SHOW FRENTE AL MAR DE MARÍA CORINA por Federico Ruíz Tirado

 


​Hay una metafísica perversa en el espectáculo actual, una suerte de geometría del absurdo donde las tragedias humanas no se miden por el peso de sus escombros, sino por el encuadre exacto del lente. 

Cortázar intuyó que el más crudo horror habita en la rutina intercalada con la fantasía. Sabato también lo sintió en esa soledad abrumadora donde la condición humana queda reducida a una farsa burocrática y estéril. 

Actriz de cartón 

​María Corina Machado, en ese interminable set de televisión al aire libre, asistió esta semana a otra de sus funciones estelares. ​La cronología del segmento presenta datos tan registrados que no necesitan adjetivos para otorgar a su espectáculo ni un milímetro de parafernalia: su sola existencia expone la grieta y para los pelos de punta a una masa un tanto inespecífica de esta Venezuela de hoy: un síntoma que no debería existir, pero sí, ahí está, como el dinosaurio de Monterroso. 

​La impuntualidad como método

Han transcurrido cuatro meses desde que la tierra se abrió. Cuatro meses de desamparo, de polvo asentado y de angustia acumulada. Lo califican como el "Doblete Sísmico". Es como esas pesadillas que no logran despertar a nadie.

Nada impedía su llegada, como se encargaron de precisar con fría precisión, portavoces del propio gobierno estadounidense. Pero la tragedia, como los buenos guiones, requiere que los actores principales elijan el momento de su entrada, y en su caso, que la Divina Providencia le moviera el corazón para colaborar en metálico con algunos habitantes de la Guaira que, sin ánimo para escuchar el cuento del gallo pelón del nobel de la paz, esperaban tal vez agua mineral o pintura multicolor.

Cuatro meses después, la escena finalmente consideró que el decorado estaba listo.

​El itinerario de las prioridades

Mientras algunas de las víctimas del terremoto aprendían a contar los días, su agenda pública demandaba compromisos de mayor envergadura internacional. Había que recoger un Premio Nobel y la platica que lo acompaña, alternar en las galerías del poder global, estrechar las manos de dignatarios y posar ante los reflectores del mundo.

La gestión de ayuda material para los damnificados, al parecer, resultaba un asunto demasiado vulgar para ser incluido en la maleta de viaje.

​El agua que no llegó: La visita a La Guaira completó la parábola. Se puede cruzar un territorio desolado e ignorar la sed de los sobrevivientes, lo que resulta insostenible es no llevar consigo ni una sola caja de agua mineral. Hay en esa omisión un rigor casi poético: la negativa a aportar lo indispensable para no arruinar la pureza del símbolo.

​Lo que ocurrió no fue una jornada de auxilio ni un acto de presencia "institucional".  Fue, en el sentido más técnico de la cinematografía contemporánea, una sesión fotográfica.

​El turismo de tragedia  que fascinaría a los teóricos del vacío— requiere de ruinas auténticas como fondo para resaltar la figura del visitante. El dolor ajeno deja de ser una realidad biológica para convertirse en la escenografía perfecta. La mirada no busca el rostro del que sufre, sino el ángulo donde la luz favorece la narrativa de la compasión abstracta.

​El teatro de lo absurdo

​No queremos habituarnos a vivir en una producción continua donde las necesidades humanas derivadas del sismo sean únicamente insumos de producción, ya basta María Machado. La tragedia no existe si no genera contenidos, las víctimas no importan hasta que sirven de extras en la toma final.

​Al final, queda el silencio de las ruinas y la certeza de que el espectáculo continuará mañana. Porque en esta tierra habituada a los milagros al revés, las promesas se evaporan tan rápido como el agua que nunca llegó, pero las fotografías, impecablemente editadas, permanecen para siempre en la galería de los simuladores.