Uno se levanta temprano en este lado del mapa, se come una arepita trasnochada, se sirve un café cargado y escucha el rumor de la coyuntura como si fuera la brisa de la madrugada en los llanos de Barinas, o el murmullo incesante de las redes. Pero este miércoles en la mañanera azteca no había espacio para la pereza: la presidenta Claudia Sheinbaum apareció con esa compostura sobria de quien ve caer la lluvia sobre el tejado sabiendo perfectamente a quién le toca mojarse.
Tropezó con su misma sombra
Al otro lado del Río Bravo, la aritmética de las urnas acababa de propinarle un bofetón monumental a Donald Trump, "El Emperador". La bancada republicana vio volar por los aires su control en la Cámara de Representantes y en el Senado, en una de esas jornadas donde la soberbia electoral termina tropezando con su propia sombra.
CLAUDIA
La presidenta Sheinbaum, sin estridencias panfletarias ni aspavientos de tribuna, pero con la ironía fina que deja entrever una sonrisa detrás del micrófono, dejó caer la frase con la precisión de un cirujano": esos resultados, dijo, no son más que el retrato vivo de lo que "muestra el sentimiento del pueblo estadounidense". Traducido del diplomático al cristiano de a pie, en criollo, cuando la marea de la prepotencia sube demasiado, al pueblo termina por cansarle el ruido.
El sabor mestizo
Pero el plato fuerte de la crónica matutina no fue solo el descalabro del magnate anaranjado, sino el sabor mestizo de la revancha democrática. Que Xavier Becerra se encaramara en la gobernación de California y Gina Hinojosa hiciera lo propio en Texas, esta última estampando su nombre como la primera gobernadora latina en la tierra del sombrero tejano, no es una coincidencia menor. Es el guion que la historia escribe cuando la realidad se cansa de los estereotipos y del estruendo de las guerras y las gracias del Emperador.
"Nos da gusto que mexicano-estadunidenses hayan triunfado", celebró Sheinbaum, recordando con puntería que tanto Becerra como Hinojosa llevan en la sangre la herencia directa de padres nacidos en suelo mexicano. Un dardo sutil y risueño contra quienes pasaron años prometiendo muros, para terminar viendo cómo la estirpe de la migración no solo cruzaba la frontera, sino que tomaba el mando de sus despachos más codiciados.
Cuando el pueblo se encabrona
Uno contempla estos giros del tablero político mundial y no puede evitar sonreír mientras termina de tomarse el último sorbo de café. La política norteamericana, tan dada a la soberbia del garrote y al melodrama tramposo de lo electoral, recibió una lección de humildad democrática con acento hispano.
Resulta que el pueblo, allá como aquí, cuando decide sacudirse la pesadez, habla claro y pega fuerte.