Escrito por Lucha de Clases
Lunes 01 de Septiembre de 2014
El fin de
semana del 18-19 de octubre se reunirá la Asamblea Ciudadana de PODEMOS
donde se debatirán y aprobarán los lineamientos programáticos y
organizativos de la organización. PODEMOS es, sin duda, uno de los
fenómenos políticos más relevantes habidos desde el inicio de la crisis.
En pocas semanas ha inscrito a más de 100.000 seguidores, y aglutina a
900 círculos con decenas de miles de participantes. Las últimas
encuestas de opinión le otorgan el tercer lugar, y junto a Izquierda
Unida, desbancarían al PSOE como segunda fuerza política.
Otro elemento positivo que queremos
destacar es que PODEMOS ha impulsado una clara politización en capas
anteriormente pasivas y ha entroncado con la demanda general de millones
de personas de participar y decidir sobre su futuro y destino, que es
la característica básica de todo proceso de cambio revolucionario.
Uno de los ejes de la agitación de
PODEMOS es que no quiere ser un grupo cerrado, sino estar abierto “a la
participación ciudadana”, y que no pide ningún carnet ni credencial a
quienes quieran participar en sus debates, reuniones de Círculos, y en
la definición de su política y programa. Desde la Corriente Lucha de Clases
aceptamos gustosos la invitación y queremos aprovechar la oportunidad
de dar nuestra opinión sobre los documentos que ha presentado el Equipo
Técnico de PODEMOS para su Asamblea Ciudadana de octubre.
Nunca hemos ocultado nuestras
diferencias con algunas caracterizaciones ideológicas y propuestas
programáticas planteadas por los impulsores de PODEMOS – como también
las mantenemos con la dirección de IU. Pero eso no debe ser un obstáculo
para el trabajo en común en la calle y en la lucha política, dentro y
fuera de los Círculos de PODEMOS, mientras que de manera amistosa y
fraternal planteamos y debatimos nuestros acuerdos y discrepancias. Sin
duda, estas últimas serán dilucidadas y resueltas con la experiencia de
la lucha política y social.
El Equipo Técnico de PODEMOS ha
presentado 3 documentos: un documento de Compromisos Éticos, un
Documento de Principios Organizativos, y un documento de Ponencia
Política.
Como marxistas revolucionarios, siempre
damos preeminencia a los aspectos políticos sobre los organizativos, que
deben estar subordinados a los primeros, de ahí que comencemos nuestro
análisis con el documento pre-borrador de Ponencia Política, y en un artículo posterior abordaremos los de Compromiso Ético y Principios Organizativos.
Comentarios al documento pre-borrador de Ponencia Política
Este documento se titula: La crisis del régimen de 1978, Podemos y la posibilidad del cambio político en España,
y se divide en dos partes: 1) “Contexto: crisis de régimen, ofensiva
oligárquica y ventana de oportunidad”; y 2) “Las elecciones del 25 de
mayo de 2014 y el nuevo escenario político”.
El primer apartado comienza describiendo
brevemente la actual crisis social y política que vive el Estado
español que es caracterizada, correctamente, como una “crisis del
régimen de 1978” y señala, como expresión de la descomposición política y
moral de las “élites dominantes”, su “desprestigio” y sus ataques al
Estado del Bienestar y a los derechos sociales.
Estando de acuerdo con esto, en general.
Lo que notamos en falta en el documento es una explicación coherente
del origen de esta “crisis de régimen”. Concretamente, echamos en falta
el vínculo que la ata con la crisis económica nacional e internacional.
Pareciera que la crisis económica – la más profunda y prolongada de
nuestra historia – no ha jugado papel alguno en explicar esta “crisis de
régimen”. Y podría sacarse la conclusión de que ésta ha sido provocada
por una especie de “agotamiento natural” del régimen o porque el “bloque
dominante” decidió repentinamente mostrarse desagradable ante la
población con los ajustes, los ataques a los derechos democráticos, etc.
El origen de la crisis del régimen
La actual crisis del régimen está
vinculada al estallido de la crisis económica, que ha expuesto la
debilidad de la economía española y el parasitismo del gran empresariado
nacional. A su vez, la crisis española es consecuencia de la crisis que
afecta a la economía mundial desde el 2008. Y no fue provocada por
impericia de los gobiernos, la corrupción o motivaciones ideológicas,
sino que hunde sus raíces en la propia esencia de la llamada economía de
mercado, o economía capitalista.
Es bien conocido que el estallido de la
burbuja inmobiliaria en EEUU y Europa, agravado con el endeudamiento
masivo de empresas y familias que fue estimulado por los bancos a fines
de los 90 y en la primera década del 2000, condujo a la quiebra de
grandes empresas y bancos que fueron rescatados con dinero público a
costa de incrementar las deudas estatales a niveles insoportables. Esto
fue lo que inauguró la política salvaje de recortes y austeridad que
vemos en todas partes.
Pero el verdadero origen de la crisis
económica no fue el estallido de la burbuja crediticia, que sólo fue su
expresión última. El verdadero motor de la economía capitalista es el
afán de lucro de los propietarios de las grandes compañías y
multinacionales, lo que conduce inevitablemente a la sobreproducción de
mercancías y a la sobrecapacidad productiva. Esto hizo caer la
rentabilidad del sector productivo de la economía. De ahí que, en su
afán insaciable por encontrar nuevas fuentes de beneficio, el capital
financiero orientara su actividad a los negocios especulativos
inmobiliarios y a la llamada “ingeniería financiera”. Todo esto condujo
finalmente a la creación de burbujas especulativas que se hicieron
insostenibles –como antes explicamos– y terminaron estallando,
provocando la crisis actual.
En última instancia, la crisis se da por
la contradicción que existe entre la enorme capacidad productiva de la
economía – que potencialmente podría solucionar todos los problemas
sociales que aquejan a la humanidad – y el afán de lucro insaciable de
los grandes propietarios de los monopolios, multinacionales, bancos y
latifundios, que supeditan la producción social a su interés privado
como oligarquía económica. Sólo la propiedad colectiva de los grandes
medios de producción – democráticamente gestionada y planificada – puede
terminar con todas las desigualdades y lacras sociales, y abrir un
horizonte de futuro y bienestar al conjunto de la sociedad, en el Estado
español y a nivel internacional.
De manera que la crisis del régimen que
vemos en el Estado español es el producto de la aguda crisis social y
política que vive la sociedad, causada por la crisis económica y la
brutal agresión de ataques y recortes sociales que sufren la clase
trabajadora y demás sectores populares. La oposición y el malestar
popular a estos ataques han tomado cuerpo en las incesantes y
extraordinarias movilizaciones populares y protestas de masas de los
últimos 4 años, que han sido el verdadero motor del terremoto político
que sacude el país.
El papel de la movilización social en el surgimiento de PODEMOS
Tampoco compartimos la posición que
subestima el sentimiento de clase de los trabajadores y su papel en la
lucha social, cuando se dice:
“Pero la desafección
se ha producido sobre un terreno social y cultural fragmentado por 30
años de neoliberalismo, con las identidades colectivas -la de clase en
primer lugar, pero también las narrativas ideológicas tradicionales- en
retroceso e incapaces de servir de superficie de inscripción para
articular todos los diferentes descontentos con el statu quo”.
La realidad es que el problema no ha
estado en la falta de disposición o de conciencia de la clase obrera –
que las ha demostrado y exhibido de manera elocuente – sino en el papel
jugado en estos años por los dirigentes sindicales y de la izquierda en
general. Baste citar las dos huelgas generales del 29 de marzo y del 14
de noviembre de 2012, las mayores protestas sociales en extensión y
profundidad de un solo día habidas en estos 4 años de crisis y
movilizaciones, siendo también las movilizaciones individuales que más
gente sacaron a la calle a protestar.
Sólo la clase obrera, a través de sus
organizaciones de masas, tiene la potestad de paralizar el país y hacer
sentir pequeña a la clase dominante ¿Qué otra capa, grupo o clase social
puede hacer lo mismo? La pregunta se responde sola. Cuando millones de
obreros deciden parar un día y perder un día de salario, y lo hacen de
manera organizada siguiendo el llamamiento de sus organizaciones
sindicales, actuando como un solo cerebro y un solo cuerpo ¿cómo podrían
actuar así sin una fuerte conciencia de clase? ¿Qué es, si no, la
conciencia de clase? Y aún la clase obrera española tiene mucho que
decir y hacer, y lo hará, en los tormentosos acontecimientos que nos
aguardan.
Teniendo esto en cuenta, no podemos compartir la posición que se plantea en el documento, cuando se dice:
“Las hipótesis
movimientistas y de gran parte de la extrema izquierda, instaladas en un
cierto mecanicismo por el que “lo social” ha de preceder siempre a “lo
político”, se han demostrado incorrectas para romper la impotencia de la
espera y proponer pasos concretos más allá de la movilización”.
Tal cual está formulada, esta afirmación
considera como compartimentos estancos y como opuestos lo “social” y lo
“político”. Es cierto que sólo la acción política puede transformar la
realidad, que es algo que no comprenden los anarquistas, y eso fue lo
que finalmente provocó el agotamiento del Movimiento del 15M y su
“apoliticismo”.
Pero toda la experiencia histórica
demuestra – y el caso español no ha sido la excepción – que toda acción
política de masas siempre viene precedida de enormes movilizaciones
sociales, que sirven precisamente para sacudir la conciencia de la clase
trabajadora y demás sectores populares explotados, sacarlos de la
rutina y del conservadurismo social, y encauzar la indignación y la
decisión de cambiar la realidad hacia la acción política práctica. Es
decir, hay una interrelación y una interdependencia entre lo “social” y
lo “político”, y lo último siempre se viene precedido de lo primero.
Según las estadísticas oficiales, el 25%
de la población ha participado en alguna manifestación, y en ambos años
2012 y 2013 (a falta de conocer los datos del 2014) hubo alrededor de
45.000 protestas de diverso tipo, una media de 123 ¡cada día!
Por tanto, el impacto y desarrollo de
PODEMOS es la expresión política del descontento social; y demuestra que
un sector creciente de la población – fundamentalmente trabajadores,
jóvenes, amas de casa, jubilados y sectores empobrecidos de las clases
medias – sienten la necesidad de movilizarse y organizarse políticamente
para cambiar la sociedad.
PODEMOS ha dado expresión organizada a
un sentimiento de indignación y de politización que existía entre
amplias capas de la población que no encontraba un canal donde
expresarse, al aparecer como una fuerza radical, enfrentada al
“establishment”, a los ricos, y a los políticos profesionales que
trabajan para aquéllos con sus políticas antisociales.
¿Qué pasó con IU?
En una parte del documento se mencionan las causas del estancamiento de IU:
“IU, vinculada
generacional y culturalmente al orden de 1978, ha tenido en general- y
salvo honrosas excepciones principalmente provenientes de las bases-
reacciones tímidas y conservadoras, que confiaban en estarse moviendo en
los mismos parámetros de antes de la crisis orgánica y en recoger en
forma paulatina y progresiva los apoyos que iba perdiendo el PSOE, desde
su autoubicación a su “izquierda”.”
Este párrafo, aunque describe
acertadamente el comportamiento de la dirección de IU en la lucha
política (“tímido y conservador”) no hace justicia a su militancia y a
una capa de su dirección a niveles locales y regionales, que han estado
en la primera línea de batalla en la lucha contra las injusticias
sociales desde hace décadas.
Lamentablemente, pese a estar a la
izquierda del PSOE y de oponerse a la política de ataques y ajustes, la
dirección de IU ha tenido una política demasiado institucionalista y no
rupturista con el régimen que la hace aparecer ante un sector de la
población como parte del “establishment”, lo que se ve agravado con el
pacto de gobierno con el PSOE en Andalucía, con el sostenimiento del
gobierno del PP en Extremadura (aunque con la oposición de la dirección
estatal), y con el burocratismo extremo de algunos aparatos regionales,
como el de IU en la Comunidad de Madrid.
Lo que es cierto es que IU, y
particularmente sus bases, representan el aliado natural y más valioso
que tienen PODEMOS y sus miembros; por lo que debería haber una política
consciente por parte de ambas direcciones de propiciar un diálogo y un
acercamientos político. También debe combatirse en el interior de ambas
organizaciones las posiciones de aquéllos que, entre bastidores, tratan
de fomentar la desunión, los celos y la competencia, en lugar de la
convergencia.
¿Quiénes son “los sectores dominantes”?
El documento, para referirse a nuestros
enemigos los denomina “los de arriba” o “los sectores o élites
dominantes”. Pero ¿quiénes son “los de arriba” y “los sectores
dominantes”? ¿Qué aspecto tienen? ¿Qué los hace estar “arriba” y ser
“dominantes”? Si no avanzamos en señalar concretamente al enemigo
difícilmente podrán visualizarlo “los de abajo”.
Nosotros, como marxistas, identificamos a
“los de arriba” como la clase social dominante, que son los
propietarios de las principales palancas y sectores estratégicos de la
economía que dominan al conjunto de la sociedad: la gran industria, la
banca, las grandes redes de transporte y de telecomunicaciones, los
grandes centros comerciales, y los latifundios. Son los grandes
empresarios o burgueses, en la terminología marxista. Los “políticos” de
la derecha y de la socialdemocracia (PSOE) no son más que agentes a
sueldo de aquéllos. La clase dominante también tiene en su bolsillo a
los principales medios de comunicación (El País, La Razón, El Mundo, La Sexta,
etc. y sus periodistas “estrella”). Y el aparato del Estado (fuerzas
policiales, judiciales, altos funcionarios y diplomáticos, Monarquía)
está destinado a salvaguardar los intereses de la clase dominante. No
por casualidad, los jueces y los altos jefes militares y policiales se
reclutan, casi sin excepción, de la clase dominante.
Si estamos de acuerdo con que éstos son
“los de arriba” y “los sectores o élites dominantes”, creemos que sería
más fácil para su identificación general llamarlos por su verdadero
nombre. Y, además, coincidiría con la experiencia práctica que tienen
millones de trabajadores y sectores amplios de las capas medias
empobrecidas, sobre quiénes son sus enemigos y adversarios de clase, los
responsables de quienes les hacen sufrir y padecer.
La “ruptura” del Pacto Constitucional de 1978
Hay un aspecto que no queremos dejar de
señalar. En un par de ocasiones se hace referencia a que el problema de
la crisis de régimen en el Estado español se debe a que “los sectores
dominantes” rompieron el pacto constitucional de 1978, dejando de
cumplir los “aspectos progresistas” de la Constitución de 1978. Así, se
dice:
“Todo esto ha
sucedido mientras los sectores dominantes desplegaban una amplia y
profunda ofensiva sobre el pacto social y político de 1978. Esta
ofensiva deconstituyente busca dejar sin sentido o sin vigencia las
partes más progresistas del acuerdo constitucional, marchar sobre los
contrapesos populares o democráticos en los equilibrios del Estado y
abrir una redistribución regresiva del poder y la renta, aún más en
favor de la minoría dominante. Seguramente la disyuntiva política
estratégica hoy está entre restauración oligárquica o apertura
democrático-plebeya, posiblemente en un sentido constituyente.”
Esto nos lleva a plantear la polémica -
en la que el documento no entra - de qué fue el Pacto Constitucional de
1978 y de si estuvo justificado o no firmarlo. En realidad, la
Constitución de 1978 fue la culminación de la transacción que acordaron
los dirigentes oficiales de la izquierda y del movimiento obrero en
aquel entonces (PCE y PSOE, CCOO y UGT) con los sucesores del
franquismo. De lo que se trataba era de conseguir algunas reformas
democráticas del viejo régimen franquista – que realmente ya habían sido
conquistadas en la práctica por la clase trabajadora y la juventud con
su lucha heroica en la calle, en las fábricas y en las cárceles – a
cambio de frenar y abortar la lucha revolucionaria de los trabajadores y
sectores populares explotados contra el franquismo, que llegó a su
punto culminante en los años 76-77. Por esa razón, el resultado de la
“Transición”, fue un reflujo político y una sensación de derrota y
traición en las capas más militantes de la clase obrera, de la juventud y
de la clase media, que duró años y años.
Por otro lado, cuando se habla de la
ofensiva de estos años de la clase dominante contra la clase trabajadora
y demás sectores populares explotados y desfavorecidos, hay que decir
que ésta se produce en el contexto de la mayor crisis de la economía
capitalista de la historia, en Europa y en el Estado español. El gran
capital español necesita desmantelar las viejas conquistas sociales que
considera imposibles de costear, a fin de competir en mejores
condiciones frente al capital extranjero, al mismo tiempo que amputa
algunos derechos democráticos de la población para tratar de frenar la
protesta social subsiguiente. La crisis del régimen de 1978 no se
produce, entonces, como consecuencia del supuesto incumplimiento de un
pacto social expresado en la Constitución de 1978, sino por la
imposibilidad material del sistema capitalista español de mantener las
conquistas sociales alcanzadas en el contexto actual de crisis
capitalista insoluble. Por esa razón, es imposible encontrar una salida
“democrático-plebeya en un sentido constituyente”, a la crisis social y
económica, sin superar el sistema económico capitalista, como explicamos
al principio.
No hay sitio para el pesimismo
Cualquier observador superficial, por no
hablar de cualquier militante de la izquierda y de PODEMOS en
particular, ve la perspectiva que se le abre a PODEMOS como muy
favorable. El pánico y miedo de la clase dominante a esta perspectiva es
patente, como lo demuestra la cantidad de insultos y calumnias que
deben soportar diariamente PODEMOS y sus principales referentes en los
medios de comunicación de la oligarquía.
Sin embargo, casi al final, los autores
del documento dejan deslizar un análisis teñido de cierto pesimismo o
conservadurismo que no compartimos. Aunque la cita es un poco larga,
merece la pena reproducirla:
“Por tanto, los
análisis excesivamente optimistas con respecto a la crisis orgánica del
régimen de 1978 deben ser compensados al menos con dos aseveraciones:
1) Esta crisis se
produce en el marco de un Estado del Norte, integrado en la Unión
Europea y la OTAN, que no ha visto mermada su capacidad de ordenar el
territorio y monopolizar la violencia; de ordenar los comportamientos y
producir certeza y hábitos; que no vive importantes fisuras en sus
aparatos y que no parece que vaya a sucumbir por acometidas de
movilización social más o menos disruptiva. Esto imposibilita tanto las
hipótesis insurreccionales como las de construcción de contrapoderes
“por fuera” de la estatalidad.
2) La crisis política
puede tener mucha menor duración que la económica: no tenemos todo el
tiempo del mundo. Una buena parte de la contestación social hoy
existente deriva de una “crisis de expectativas” que ya no se repetirá
para las siguientes generaciones, sobre las que hace mella el efecto
domesticador del miedo y el empobrecimiento, con una exclusión social
que ya amenaza a un tercio de la población y que podría estabilizarse en
esos umbrales. Al mismo tiempo, el exilio y la destrucción de los
nichos sociales y profesionales de los que se nutre la contestación
(tercer sector y ONGs, universidad, funcionariado, sindicalismo,etc.) es
un torpedo contra la línea de flotación material de la militancia de la
izquierda. Tras una serie de ajustes que sean además vividos como una
victoria política de alto contenido simbólico sobre las clases
subalternas, la oligarquía puede estabilizar un país ya disciplinado que
asuma como normal el empobrecimiento y exclusión de amplias capas
sociales y determinados estrechamientos en las posibilidades
democráticas. Los ejemplos estadounidense e inglés tras Margaret
Thatcher nos tienen que servir de alerta: el neoliberalismo destruye
pero, sobre la derrota de las clases populares, también construye nuevos
órdenes y acuerdos. Si la crisis económica parece que tendrá un largo
recorrido, la ventana de oportunidad abierta puede cerrarse mucho antes
si se consuma la ofensiva oligárquica con un cierto reposicionamiento
subordinado de un PSOE algo oxigenado y si las élites proceden a una
restauración por arriba que asuma la parte más inofensiva de las
demandas ciudadanas que hoy no tienen cabida en el orden de 1978 y el
rol semicolonial en la Unión Europea”.
Todo el protagonismo del cambio social
que hemos visto en el Estado español en estos años ha sido fruto
exclusivo de la movilización social en la calle y, ahora, en las urnas.
La perspectiva de cualquier proceso de cambio social tendría
perspectivas muy sombrías si, indefectiblemente, estuviera condenado a
ser aplastado o contenido por la represión del Estado.
La realidad es que, tanto en el Estado
español, como en los demás países de Europa y más allá, el principal
instrumento que tienen las clases dominantes para contener las ansias de
transformación social de “los de abajo” no son la policía ni el
ejército, sino los dirigentes de la socialdemocracia y de los
sindicatos. Si estos últimos mostraran la misma energía, dinamismo y
voluntad de lucha que han demostrado los trabajadores, los jóvenes, los
desempleados y jubilados, las clases medias empobrecidas, etc. – la
amplia mayoría de la sociedad – el sistema y quienes lo apoyan quedarían
completamente aislados y flotando en el aire.
Toda la experiencia histórica ha
demostrado suficientemente que ante una revolución social profunda, el
aparato del Estado es impotente y tiende a desmoronarse, arrastrando a
sus escalafones más bajos al lado del pueblo. Más aún en Europa, donde
la enorme solidaridad y simpatía que existe entre los pueblos y clases
trabajadoras de España, Portugal, Italia, Grecia, Francia, y sí,
Alemania también, no sólo haría imposible la intervención militar
extranjera en cualquiera de estos países, sino que bastaría un solo
proceso revolucionario exitoso en un país para que se extendiera
inmediatamente a los países vecinos, como un reguero de pólvora. Tal es
la poderosa correlación de fuerzas que existe para una verdadera
revolución social en nuestra época.
Por otro lado, debemos insistir en que
en estos años hemos visto las movilizaciones de masas más importantes de
la historia reciente del Estado español y de varios países de Europa,
como Grecia o Portugal. Si no ha sido posible revertir los ataques y
planes de austeridad hasta ahora, no ha sido por falta de conciencia ni
de luchas, sino por el obstáculo que han ejercido las viejas direcciones
del movimiento obrero y de la izquierda integrada al régimen, que han
aceptado como inevitables la preeminencia de los intereses de los
grandes empresarios y banqueros, y de los ricos, dejando a los
trabajadores y demás sectores populares sin dirección ni alternativas.
Y, pese a todo, un estallido social está presente en la situación en
todos los países del sur de Europa. Y la emergencia de PODEMOS, de
Syriza, etc. muestra que el pueblo está buscando una salida política al
viejo régimen.
Tampoco coincidimos con los autores del
documento en que haya una perspectiva, a corto o medio plazo, de
estabilización social o política. La crisis es demasiado profunda, en el
Estado español y a nivel internacional. Los trabajadores y sus familias
se verán obligados a luchar para mantener sus condiciones de vida. La
crisis de sobreproducción de mercancías sigue presente, las inversiones
siguen deprimidas, el mercado no crece, los ingresos de las familias
siguen reduciéndose o están estancados, las deudas públicas – y por
tanto los ajustes del gasto público – siguen creciendo. En este
contexto, es imposible esperar un crecimiento significativo de la
economía española e internacional, salvo períodos de crecimiento
raquíticos, como el actual, al que seguirán nuevas y profundas crisis.
En esta situación, puede haber períodos
de apatía temporal por falta de alternativas, pero serán seguidos de
estallidos y convulsiones. La única manera en que el bipartidismo podría
conseguir una recuperación sostenible sería con el desarrollo de un
auge económico de cierta importancia, pero eso está descartado a corto y
medio plazo por las razones que señalamos antes.
La perspectiva no es, por tanto, de un
reforzamiento del PSOE ni del PP, sino de un giro a la izquierda y una
mayor radicalización de la sociedad como estamos viendo. El mayor
desafío es ofrecer una perspectiva optimista y de gobierno a favor de la
mayoría que sufre y padece la crisis. Por eso, el eje de la acción
política de PODEMOS debería ser avanzar firmemente a políticas de frente
único con sectores políticos afines a su base social (como las
plataformas municipales Ganemos/Guanyem, Izquierda Unida, movimientos
sociales, etc.) y agitar por un programa de demandas que dé soluciones
efectivas, poniendo la economía al servicio y bajo el control del pueblo
trabajador.
Por un frente único PODEMOS-IU-GANEMOS-MOVIMIENTOS SOCIALES
“Con todo, los
resultados del 25M y su impacto en el escenario político español
demuestran la validez de la hipótesis de la unidad popular: pese a
nuestra fragilidad organizativa -comprensible para una fuerza recién
nacida-, hemos abierto una grieta que hoy ha acelerado el tiempo
político español, ha sacudido los viejos equilibrios, ha provocado
dimisiones y prisas en la recomposición y ha mostrado un posible camino
para construir una mayoría política de cambio en un sentido popular en
España. Nuestro reto ahora es estar a la altura de la inmensa ola de
expectativas y esperanzas que hemos generado …
“… Es ahora, en el
momento de la descomposición, cuando Podemos puede ser una palanca que
subvierta las posiciones dadas, hoy más bien flotantes y frágiles los
equilibrios e identificaciones, y llegue al Gobierno postulando un
discurso de excepción para una situación de excepción: todo se cae, lo
viejo ha perdido la confianza y la vergüenza, que se vayan todos, hace
falta un gobierno nuevo al servicio de la gente; Podemos es esa fuerza,
por capacidad, honestidad y voluntad. Esta maniobra puede no darse de
inmediato ni en solitario, pero es el tipo de orientación, estilo y
perspectiva que nos puede permitir ganar. A ella habría que adaptar el
tipo de organización, la política de alianzas y el marco estratégico en
el que inscribamos las diferentes iniciativas políticas”.
De lo que se trata entonces es de cómo
preparar la organización para una perspectiva a medio plazo donde se
darán las condiciones para la llegada al gobierno con una agenda de
transformación social.
Es probable que en las elecciones
legislativas de noviembre de 2015 ninguna fuerza consiga una mayoría
significativa que le permita gobernar en solitario. Lo más probable es
que en esas circunstancias la clase dominante ordene la formación de un
gobierno de “unidad nacional” entre el PP y el PSOE, que tendrá el
mandato de mantener las políticas de ajuste. Rajoy acaba de informarnos
que prepara una nueva ronda de recortes del gasto público por valor de
50.000 millones de euros hasta el año 2017. La formación de ese gobierno
no será el fin de la historia ni debe ser motivo de pesimismo. El
inevitable descrédito en el que terminará ese eventual gobierno de
coalición PP-PSOE lo que hará será preparar las condiciones para una
victoria electoral de las fuerzas transformadoras de la izquierda. Esa
es la perspectiva para la que debemos prepararnos, y los compañeros de
PODEMOS en primer lugar.
Por eso debería comenzarse a trabajar ya
en la formación de un frente único con todas las organizaciones y
movimientos políticos genuinos de izquierda, vecinales, y sociales, con
un programa que recoja desde las reivindicaciones más elementales sobre
democracia, salarios, empleo, vivienda, sanidad, y educación a las más
generales, como la nacionalización de los sectores estratégicos de la
economía (los monopolios, la banca y los latifundios) bajo el control
democrático de los trabajadores y de la sociedad.
La primera prueba seria en relación a
esto lo tenemos en las elecciones municipales de mayo de 2015. De manera
natural y semi espontánea, y respondiendo al impacto de la irrupción de
PODEMOS, están surgiendo multitud de candidaturas “ciudadanas” como
Guanyem Barcelona, Ganemos Madrid, Ganemos Vigo, Ganemos Córdoba,
Ganemos Valladolid, y otras; que son frentes genuinos de unidad popular y
de la izquierda. PODEMOS debe y tiene que participar en estas
iniciativas de manera entusiasta y convencida. Una victoria clara de las
candidaturas de “Ganemos” en toda una serie de ciudades clave,
comenzando por Barcelona, y la pérdida de alcaldías y autonomías
importantes del PP en toda la geografía estatal, crearían las mejores
condiciones para un desarrollo y un apoyo explosivo para un frente único
de “unidad popular” o de la izquierda política y los movimientos
sociales – según como cada uno prefiera llamarlo – como demandan los
autores de este documento.
Como muy bien plantea el documento en su parte final:
“Junto con esa
ruptura del movimiento de vasos comunicantes, se ha rasgado el mito de
la imposibilidad de una mayoría que no pase por el PP y el PSOE, y por
tanto de la necesidad de colocarse a uno de sus costados ideológicos.
Las elecciones del 25M han mostrado que hay posibilidades de una nueva
mayoría, y esa grieta en el imaginario del orden permite avanzar las
hipótesis más arriesgadas y audaces, que ya no parecen imposibles para
la sociedad. …”
“… Tenemos por
delante un año y medio que va a ser decisivo en la historia de nuestro
país … Tenemos ante nosotros la posibilidad y la responsabilidad de
contribuir decisivamente a la construcción de una voluntad popular nueva
para el cambio político en favor de las mayorías sociales.
Podemos, claro que Podemos”.
Adelante compañeros de PODEMOS, entonces, a poner manos a la obra para culminar esta tarea.